Mark es mujer
Los pasillos estaban despejados y Filch se encontraba en su dormitorio en el primer piso. Si se daba prisa, lo más probable es que pudiera salir sin ningún problema por el pasadizo de la estatua de la bruja jorobada. Se puso la capa de invisibilidad que le había sacado a Harry, y sin soltar el mapa del merodeador ni la varita, caminó hasta la mitad del pasillo que unía el hall de entrada y la torre de Gryffindor.
Todo estaba oscuro, sólo se oía el ronquido de algunos de los hombres en los centenares de cuadros que habían colgados en las paredes. Al llegar al lugar, luego de esquivar milagrosamente a la Sra. Norris, movió la chapa de la estatua y se sumergió por el tobogán hasta llegar al camino que la llevaría hasta el sótano de Honeydukes.
Sabía que tenía que ser rápida, silenciosa, y además, tendría que robar. Caminó rápidamente por el pasillo hasta que encontró el final, y en el techo, una escotilla que la llevaría a la tienda de dulces. Escaló por ahí y vio todo despejado, luego se paró, todavía con la capa encima, y empezó a caminar hacía las escaleras que la llevarían al primer piso, lugar donde se encontraba la puerta de salida. Tuvo cuidado de no cometer ningún movimiento en falso, cosa muy difícil dentro del lugar, debido a que éste se encontraba abarrotado de canastos con dulces, paletas de helado flotantes, estantes con fritangas y bebidas, y además, había globos por todas partes. Pero al llegar a la puerta, casi eufórica por no haber hecho nada que la delatara, tocó la perilla de bronce que le daba la salida y un fuerte sonido, parecido al de una caja metálica que se agita, se apodero del lugar.
-¡¡¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?!!-
La castaña emitió un gritito agudo, abrió la puerta y salió rápidamente del lugar. Sintió que la seguían y que una voz furiosa desde la puerta le gritaba cosas como: "DELICUENTE" y "COBARDE" entre lo más suave. Corrió y corrió aún más, el frío le congelaba las manos y la cara, pero era tanto el miedo que sentía que no se detuvo hasta que, sin darse cuenta, ya había llegado prácticamente hasta el otro extremo del pueblo. Maldijo con una o dos de las palabrotas favoritas de Ron y luego se apoyó en una pared para descansar. No podía perder tiempo, los chicos se podrían dar cuenta de que ella no estaba en la sala común. Por otro lado, no comprendía como el dueño de la tienda se había dado cuenta de su presencia. Ron, Harry y los demás chicos del colegio, habían pasado muchas veces por su negocio cuando salían de juerga (y la última vez Ron y Harry habían pasado completamente borrachos) ¡Y jamás los habían descubierto! ¡Las injusticias la seguían hasta para los trámites!
Prefirió no pensar en eso y comenzó a caminar hasta la botica que había en el pueblo. Por suerte era un lugar manejado por una anciana Squib, lo sabía por que antes ya había sacado clandestinamente compresas higiénicas a través de un hechizo convocador (todas las veces se había asegurado de dejar el dinero correspondiente cerca de la caja). Las medidas de seguridad eran mínimas, así que no haría falta entrar para agarrar lo que ella necesitaba, sólo con un hechizo convocador bastaría.
Cada vez caminaba más encorvada, le dolía mucho el bajo vientre pero no sabía que tomar para ello y la reciente corrida no le había sentado nada bien. Nunca había sufrido de dolores premenstruales, pero sabía que el estrés que estaba viviendo en estos momentos podía ser el causante de esto.
Caminó lentamente y reflexionó acerca de lo difícil que le estaba resultando esto. Había sufrido más que lo que había ganado. Extrañaba a su familia, poder hablar con ellos, extrañaba a Ginny y Luna, sus únicas amigas de la academia, pero lo que más extrañaba, era saber lo que era no sufrir por amor. Sabía que el haber conocido a Ron se había convertido en una gran carga, no quería seguir llorando por él, no quería ni siquiera pensar en cuanto tuviera que verlo junto a su nueva novia, ¡Si tan sólo pudiera volver a hablar con él!. Pero eso no era posible, recién ayer había arreglado las cosas con Harry así que tenía que pasar mucha agua bajo el puente para que las cosas con el pelirrojo se arreglaran. La vida no era justa y por algo ella se encontraba ahí, con su cabello corto y con apariencia de hombre, para hacer evidente esta realidad. Ella tenía que sufrir y lo tenia que hacer por todas aquellos seres humanos reprimidos sin voz, ella era su voz.
De pronto llegó hasta la botica de la anciana Squib, iba debajo de la capa así que se fijo bien que no hubiera nadie en las calles y realizó el encantamiento convocador. Un paquete de compresas salió volando por la abertura de la chimenea y llegó hasta sus manos. La castaña se fijó que era lo que ella necesitaba y con cuidado se agachó y tiró un poco de dinero por debajo de la puerta. Por fin lo había conseguido, ahora sólo tenía que volver al colegio. Pero ya no podía hacerlo por Honeydukes, lo más seguro es que el dueño haya reforzado la puerta pensando en el ladrón que podría volver. Miró el mapa del merodeador y se dio cuenta que había otro pasadizo no muy lejos de allí que la llevaría directo al colegio: la casa de los gritos.
Intento caminar un poco más rápido pero ahora no sólo le dolía el bajo vientre si no que un fuerte dolor de cabeza había venido a entorpecer su vida. ¡A veces odiaba ser mujer! Caminó lo más rápido que pudo y subió por la colina que la llevaría hasta la casa abandonada. Era un lugar más seguro que Honeydukes, quedaba a las afueras del pueblo y no vivía nadie cerca. ¿Cómo es que los chicos preferían salir por la tienda de dulces en vez que por aquí? Prefirió no pensar en ello y llegar rápidamente al colegio, total, a los hombres no hay que entenderlos.
Saltó con cuidado la reja que la separaba de la cabaña y caminó hacia dentro. Se notaba que no vivía nadie ahí, había mucho polvo acumulado en la entrada y alguna maderas estaba a punto de caer. Miró nuevamente el mapa del merodeador y vio que tenía que entrar en uno de los dormitorios, que de ahí salía el túnel que la llevaría hasta el patio de la escuela, no obstante, algo llamó su atención, no estaba sola, el mapa indicaba que había otra persona justo en el dormitorio al cual ella tenía que ir: El profesor Remus Lupin.
¿Acaso se habían dado cuenta de que se había escapado? ¡Como podía tener tan mala suerte!
Luego se acordó de que estaba caminando bajo la capa, así que se armó de valor y se decidió a caminar con cautela y silencio, rogando que el profesor no se diera cuenta de su presencia. Abrió la puerta con cuidado y vio al hombre de espaldas a ella, caminó despacio en dirección contraria y se dispuso a bajar por el túnel cuando sintió que alguien le quitaba la capa de encima y gritaba : ¡Te pille Harry!
La castaña se dio media vuelta y miró con culpabilidad a su profesor esperando que éste la retara.
-¿Mark? ¿Qué haces con la capa de Harry? ¿Pensé que eras él? ¿Qué estás haciendo?-
Hermione se quedó en silencio si saber que decir. Sentía el paquete de compresas entre sus ropas, si el profesor se daba cuenta, su plan se iría abajo.
-Yo.. Profesor, cómo pudo…? usted..?
-Conozco bien esa capa que llevas puesta jovencito, yo mismo la utilice varias veces. Ahora dime, tendrás que explicar muy bien que haces aquí, y porqué te escapaste del colegio- le advirtió el profesor.
-Tenía una cita profesor- dijo evitando mirar al hombre a los ojos- me iba a juntar con alguien y no quería que nadie supiera- agregó.
-Creo que tendrás que acompañarme a mi oficina Mark, esto es una falta grave-
Remus hizo una seña a Hermione para que avanzara y la chica sabiendo que no se podría librar de ésta se movió. No obstante, cuando iba a entrar en el túnel que la llevaría hasta el colegio, sintió que algo resbalaba de sus ropas y un pequeño paquetito que fue a dar justo a los pies del profesor.
Éste lo levantó y observó muy bien. Hermione se alarmó e intento excusarse- ¡Profesor yo puedo explicarlo todo! ¡no es lo que usted piensa! Yo…
-Cálmate Mark- respondió tranquilamente Lupin y le devolvió el paquete a la chica. Hermione lo miró extrañada y el hombre agregó- Digamos que soy un buen amigo de Miss Tonks.
Tonks se lo dijo- pensó la castaña. Ella no sentía ninguna desconfianza con Lupin, pero no sabía que tan prudente era que él supiera toda la verdad. Sin embargo, si su profesora había confiado en él, era por algo, además, si él ya lo sabía no valía la pena seguir mintiendo.
-Yo lo sé, Hermione- dijo Lupin- lo sé y no se lo diré a nadie. Igualmente, entiendo que no quiera conversar conmigo, así que vámonos, por que no creas que por esto te salvarás del castigo.
La chica ahora lo entendía toda. Tomó el paquete y lo guardó bien entre sus ropas- ¿Pero usted porqué no me lo dijo antes? ¿Porqué no me dijo que estaba al tanto de esto?
-Quería ver como te desarrollabas. Tonks me dijo que eras una chica especial, y la verdad es que lo eres.
Hermione se sonrojó y por un momento olvidó los dolores que estaba sintiendo - Gracias.-
-No tienes nada que agradecer, eres una niña especial, no cualquiera hace lo que tú en estos momentos estás haciendo. Tonks no lo hizo, y créeme la conozco y sé que muy bien pudo hacerlo en su momento, por otro lado, yo tampoco lo hice, yo tampoco tuve el valor de rebelarme como tú lo estás haciendo en estos momentos.
Hermione lo miró extrañada, él era hombre ¿Por qué tendría que rebelarse? Remus capto la mirada de la niña, y le hizo un gesto para que se sentará y le explicó.
-Tú sabes muy bien que la vida no es justa, haz vivido por mucho tiempo una realidad que odias y como nadie te haz atrevido a enfrentarla. Yo soy igual que tú, yo soy un paria que vivió el sufrimiento igual que tú. Al principio mis amigos me infundieron valor para salir y decir que yo igual valgo, pero a medida que fui creciendo, la vida se hizo más dura y sólo el director de la escuela, Albus Dumbledore me dio una oportunidad-
Hermione escuchaba con atención pero aún no entendía que era lo que quería decir el profesor
-Ya sé que no me entiendes, ya sé que en estos momentos te estás preguntando de que es lo que te estoy hablando. Te diré la verdad y si luego de escucharla quieres salir corriendo o algo, no te preocupes, lo entenderé- La chica guardó silencio y Remus le sonrió- Yo soy un hombre lobo, Mark, yo soy un paria igual o peor que tú, yo ni siquiera en estos momentos soy considerado un ser humano.
La castaña quedó aturdida con la información ¿Remus,un hombre lobo?. Realmente no lo podía creer. Miró al hombre y se dio cuenta que el peso de la vida se manifestaba claramente en su aspecto. Ella pensaba que su profesor era enfermizo o algo, que por eso siempre tenía ese aspecto desaliñado y débil. Más que miedo o repulsión, Remus Lupin le causó un sentimiento aún más doloroso : Lástima
-¿Harry sabe de esto? Quiero decir, ¿Él está al tanto de su condición?-
Remus sonrió
-Claro, él es mi familia, obvio que lo sabe. Pero en el colegio sólo él, Ron y el profesor Dumbledore están al tanto de esto. Si lo supieran todos, créeme, yo ni siquiera hubiera durado un año en el cargo.
-¿Por qué me lo contó a mi?- preguntó la castaña si poderlo evitar.
-Ya te lo dije, nosotros somos iguales. Nos han discriminado, nos han desvalorado, pero sólo tú haz tenido la fuerza de alzarte y hacer algo. No sabes cuanto te lo agradezco, por que en estos momentos no sólo estás luchando por los derechos de las mujeres, si no también por los derechos que a mi me arrebataron al momento de ser mordido-
Una pequeña lágrima corría por la cara de la castaña, todo lo que había reflexionado en el camino se había ido con el viento, no sabía como había dudado de su misión, de lo que sabía tenía que hacer. En sus manos estaba la conciencia de mucha gente, y si no lograba cumplirla no le importaba, pero no por ello iba a dejar de luchar.
-Yo no sé como resulte esto profesor, yo no sé si voy a ganar o perder- dijo con la voz entrecortada. Se sentía tan bien decirle a alguien que tenía miedo- Incluso, siento que el camino se me está haciendo cuesta arriba y yo no lo puedo atravesar, pero le prometo, y esto lo hago desde lo más profundo de mi corazón, que nunca voy a dejar de luchar, nunca voy a renunciar, y si esto me cuesta la vida, yo...
Remus miró sonriente a la niña que tenía en frente y sonrió. Él sentía que ya no tenía fuerzas para luchar, sabía que Tonks las había perdido hace mucho. Pero verla a ella, escucharla, sentir su fuerza, lo hacía creer que las cosas no estaban perdidas.
-Lo sé Mark, o mejor dicho Hermione (Tonks me dijo tu nombre). Y quiero que sepas que te apoyo, que cualquier cosa que necesites, como eso- dijo apuntando al paquete que llevaba la castaña- yo te puedo ayudar.
-Gracias, pero ¿Qué estaba haciendo aquí? ¿Por qué está aquí a estas horas de la noche?
-Pronto va a ser luna llena, y cada vez que eso sucede yo me transformo. Con el paso de los años he aprendido a controlarme, pero por seguridad prefiero aislarme hasta que todo vuelve a la normalidad. Cuando eso sucede, vengo acá. Creo que esta casa ha ganado su apodo de mis noches como lobo aquí.
-Ya veo- comprendió la Castaña- ¿Y Harry y Ron saben de esto y han guardado el secreto?
-Ellos son mi familia Hermione. Harry es el hijo de mis mejores amigos y los Weasley, no sólo son la familia más numerosa del mundo mágico, si no también la más bondadosa. Yo te he observado, sé que cuando llegaste te llevaste muy bien con ellos y ahora ni siquiera se hablan. Créeme, si hay personas que valen la pena en este colegio, son Harry y Ron. No los pierdas. Lo que tienes que hacer no es fácil, y si necesitas apoyo, unos buenos amigos son la mejor opción.-
Hermione guardó silencio por un momento y pensó acerca de lo que le había dicho su profesor. Él era un hombre lobo, había vivido en el anonimato toda su vida por miedo a que lo descubrieran, por miedo a la soledad. Ella había leído mucho sobre los licántropos en sus libros y sabía muy bien que eran inofensivos mientras no estuviera transformados, pero la mayoría de la comunidad mágica ignoraba esto, prefería marginarlos y considerarlos monstruos, cosa que el Profesor Lupin estaba muy lejos de ser. Entendía que Harry lo apoyase y no lo discriminara, más que mal, el profesor había sido como un padre para él, pero Ron, era algo sorprendente pensar que el pelirrojo hubiera seguido siendo amigo de Harry después de conocer la condición de Lupin, y más que eso, que hubiera guardado silencio por algo que estaba segura otro chico habría gritado a los cuatro vientos. A veces le costaba entender al pelirrojo, dejaba que discriminaran a las mujeres, que eran inofensivas (si se les comparaba con un licántropo), pero le guardaba un serio respeto al profesor Lupin sabiendo que este era medio bestia, si se podía decir de alguna manera.
-Creo que es mejor que volvamos al colegio- le dijo el profesor. Hermione asintió y se levantó de la cama- ¿me dejas darte un consejo?-
-eh... claro-
-Confía en tus amigos, no los apartes. Si no quieres confiar en Harry o Ron, lo entiendo, más que mal recién los vienes conociendo. Pero estoy segura que hay gente afuera que es capaz de escucharte y apoyarte, no te aísles, por que eso es lo que quiere el poder. Confía en la gente, trátala como a un igual. Al fin y al cabo somos muchos los que estamos en la misma situación ¿O no?
Hermione se quedó mirando al profesor y asintió nuevamente con la cabeza sin tener nada que decir. Inexplicablemente entendió porque Harry le tenia tanto respeto a Remis Lupin, y no era sólo por que este fue uno de los mejores amigos de su padre, si no que era una persona que por naturaleza inspiraba respeto y admiración.
Ambos salieron por el túnel que conectaba al colegio con la casa de los gritos, al llegar a la salida entendió porque los chicos no les gustaba usar este pasadizo, por que conectaba justo con el sauce boxeador. Por suerte, Lupin era un experto con el árbol, y con un simple conjuro consiguió que este se quedara dormido. La chica se despidió rápidamente de su profesor y subió a los dormitorios. Tanto Harry como Ron se encontraban profundamente dormidos, dejó las cosas de su amigo en su baúl y luego se dispuso a dormir. Antes de caer en sueño pensó que el desahogo no siempre se trata de hablar y echar para afuera todo lo que nos angustia, si no que también es escuchar y dejar que las palabras calmen la tormenta que llevamos dentro.
Al día siguiente, Hermione sintió que unos brazos agitaban su cuerpo.
-¡Despierta Mark! ¡Estamos atrasados!-
-¿Qué?- dijo entre sueños- ¿qué?
-Dejalo Harry- dijo una voz con rencor- él ya nos lo hizo una vez a nosotros, que aprenda lo que se siente-
-¡Cállate Ron! ¡Vamos Mark, despierta!
-¿Qué hora es?- preguntó la castaña
-Van a ser las ocho, ¡despierta, vamos tarde a clases!-
-¡¿QUÉ?! ¡ME QUEDE DORMIDO!- Se había acostado tan tarde la noche anterior que se olvido de dejar el despertador para el día siguiente, no lo podía creer, jamás en su vida se había quedado dormida.
-¿Dónde está mi ropa?- Harry apuntó hacia el final de la cama. Mark tomó todo y se encerró en el baño mientras sus amigos la esperaban en el dormitorio.
-No sé por que lo despertaste- apuntó Ron resentido- hace años que no nos habla, y después de lo que nos hizo la última vez no se merecía esa consideración tuya.
-Para tu información, yo ya hablé con Mark, ayer hicimos las paces- Ron abrió los ojos sorprendido- y la verdad, es que cada vez que lo pienso, creo que lo que hizo Mark no estuvo tan mal.
-¡¿Qué dices?!- preguntó el pelirrojo enojado- sabes, estás loco, y si vas a bajar con él a desayunar prefiero adelantarme.
Ron salió del dormitorio mientras Harry se quedó a esperar a Mark. No entendía que era lo que había sucedido, pero si Harry y Mark se habían puesto de buenas, él no se iba a juntar con ellos. Cuando llegó al comedor, sacó de su puesto a un niño de primero, y empezó a comer con fuerza, sentía una repentina irritación que no estaba dispuesto a reconocer.
Cuando Harry y Mark bajaron, unos cuantos minutos después de él, se dio vuelta e inició una estupida conversación con Dean Thomas acerca de lo que era mejor, el fútbol o el quiditch.
-Ron aún sigue enojado- comentó Harry al ver la actitud de su amigo- no le hagas caso, pronto se le pasará- Hermione sólo asintió y se sentó en el puesto más lejano al del pelirrojo. Harry, por mientras, miraba a Mark quien estaba un poco amarillo, no tanto como los días anteriores, pero igual no se veía muy bien.
-¿Mark?-
-¿mmm?-
-¿Estás bien? digo ¿No estás enfermo?- La castaña lo miró extrañada e intento ver su reflejo en una de las cucharas que tenía en frente. Tenía grandes ojeras y estaba muy pálida.
-Estoy bien- dijo rápidamente- no te preocupes, es que no estoy acostumbrado al clima ni la comida.
Harry no le creyó mucho así que le dijo que era mejor ir a la enfermeria. El aspecto que tenía su amigo no era normal
-No te preocupes Harry, estoy bien, ya ves, en unos días se me pasa- Siete días, pensó la castaña, los días en que estaría con el período- ¡Vamos! Deja de mirarme con esa cara, verás que en unos cuantos días me sentiré mejor, ahora come, no queda casi nadie en el comedor.
Ron por el otro lado no pudo evitar poner atención al diálogo que mantenían sus amigos. Él igual sentía que Mark no tenía para nada un buen aspecto, estaba demacrado, pálido y ojeroso. Además, él nunca antes se había quedado dormido, y hoy poco menos Harry había tenido que gritarle al oído para que éste se levantara. Sin darse cuenta se quedó mirando fijo al castaño, y Hermione se dio cuenta. Ambos se miraron por unos segundos y dieron vuelta la cabeza.
Hermione mientras desayunaba pensó en lo que Remus le había dicho la noche anterior. "Confía en tus amigos" Mientras miraba al pelirrojo más se daba cuenta de lo absurdo que era pelear con él, había pasado tanto tiempo y más que mal las cosas se había arreglado con Harry ¿de qué servía mantener la discusión con Ron?. Él no era una mala persona, era su amigo, era una persona que valía la pena, era alguien que había hecho algo que poco magos harían: proteger a alguien que otros consideraban un monstruo. Se había decido, no valía a pena mantener seguir peleada con Ron, no valía la pena proteger el orgullo con una persona que era su amigo, y si el chico no se quería acercar a ella, ella lo haría, total, la virtud se evidenciaba también en saber reconocer los errores y valorar a quienes valían la pena. Y con lo que le había dicho Lupin la noche anterior, Ron era una de aquellas personas.
-¿Ron?- el pelirrojo se dio vuelta sorprendido y la miró- Puedo hablar contigo-
Ron no sabía que era lo que sentía, su corazón latía fuertemente y las manos empezaron a temblarle levemente bajo la mesa
- Claro, dime- respondió tratando mantener la compostura
-Bueno, yo…- pero la castaña no pudo seguir hablando porque justo en ese momento bajó por el comedor una serie de lechuzas que traían la correspondencia del día. Una hermosa lechuza blanca se posó al frente de Harry con un gran paquete entre sus patas. Ron por otro lado recibió una pequeña lechuza gris que traía entre sus patas una carta de papel rosado. La castaña identifico inmediatamente a aquel pichón: era la lechuza de Lavender. El pelirrojo al parecer también se dio cuenta de quien era la carta y la guardó inmediatamente en su bolsillo.
-Bueno, dime ¿Qué me querías decir?- preguntó nervioso. Pero Hermione ya no quería decir nada. Todo aquello que había pensado de su amigo se esfumó con la llegada de aquella lechuza.
-No te preocupes, no era nada importante- Dijo de forma altiva- abre tu correspondencia, de seguro es más importante de lo que yo te quería decir.
-¿Quién te mando esa carta eh?- preguntó Harry mientras sacaba una de las galletas que le había mandado la señora Weasley- ¿Es de Lavender? ¡Vamos ábrela!
-No, lo haré después- contestó el pelirrojo mientras se paraba de la mesa.
-Oh no! Ábrela ahora, de seguro te dice que quiere ser tu novia y que va a ir al baile contigo...
Hermione no quería escuchar más, tomó todas sus cosas y salió. No entendía como entre hombres las cosas eran tan difíciles, un día quería que fueran sus amigos, y al rato después sentía que los odiaba con todo su ser. No aguantaba a Lavender, no aguantaba a Ron, e incluso no aguantaba a Harry por ser tan estúpido y creer que Lavender era lo mejor para su amigo. Los hombres eran unos idiotas, y si tenía que confiar en sus amigos lo haría en sus amigos de verdad, o sea, Ginny. Ella era la única que la entendería, era la única cuerda y estaba segura de que la apoyaría, es más, ahora que lo pensaba bien, no entendía por que no lo había hecho antes. Después de clases le escribiría a su amiga y le contaría que era lo que estaba haciendo, le diría que la extrañaba y así podría calmar un poco sus sentimientos.
Pasó todo el día sola entre cuadernos y clases. Los dolores que la noche anterior le había afectado tanto que casi habían desaparecido, no obstante cuando se miraba al espejo, seguía manteniendo el mismo aspecto de cadáver de la mañana. Harry se le había acercado entre comidas, pero la castaña no había podido evitar tratarlo mal e ignorarlo hasta que el pelinegro se cansó y la había dejado sola. Ron, por otro lado, ni siquiera se había atrevido a mirarlo, y la verdad es que Hermione creía que era mejor así. En el transcurso de la tarde, la castaña aprovecho que ya había terminado sus deberes para escribirle la carta a Ginny, le contó todo, desde lo que había hecho con sus padres, la ayuda de miss Tonks y lo que le había tocado vivir en el colegio. Luego, dudó un momento y pensó si era conveniente contarle lo que le estaba pasando con su hermano, no obstante después pensó que no era buena idea, más que mal, ella era su hermana. Cuando terminó la carta, se levantó y se dirigió la lechucería. Pese a que no había puesto en la carta lo que más la acongojaba, sentía un gran alivio al saber que tenía alguien a quien recurrir cuando se sintiera sola. Iba saliendo de la sala común cuando de pronto se aparecieron Harry y Ron que al parecer venían de los patios.
-¿Para donde vas?- le preguntó Harry- ¿te acompañó?
- No es necesario, voy a dejar esta carta y vuelvo- contestó Hermione, mientras hacía el intento de ignorar a Ron, quien se dedicaba a mirar con detención una fea pintura colgada al lado de la señora gorda.
-Te acompaño entonces, tengo que enviarle una carta a Sirius ¡espérame un momento!- el pelinegro entró corriendo hacia los dormitorios y sin poder detenerlo Ron y Hermione se quedaron solos. Ambos intentaban no cruzar sus miradas, y mientras Ron intentaba mirar con concentración aquel lienzo, Hermione se miraba las uñas como quien no tiene nada que hacer.
- ¿Por qué no me voy?- pensaba el pelirrojo- ¿Por qué no me voy de aquí? ¡No tengo nada que hacer aquí, tengo que irme- se decía así mismo pero mientras más lo pensaba, más quieto se quedaba.
-¿Así que te pusiste de novio?- preguntó Hermione sin poder evitarlo
-¿Cómo?- se asombró el pelirrojo, y luego se acordó de la carta de Lavender- eh.. Si, Lavender me respondió hoy y dijo que sí… eh, ¡estoy muy feliz!- Ni el pelirrojo se creía lo que estaba diciendo, es más, ahora que se daba cuenta, ni siquiera le había importado la carta de Lavender, es más, se había olvidado por completo que le había pedido que fuera su novia, y ahora la idea de que tendría que ir al baile con ella se le hacía bastante horrenda.
-Bueno, felicitaciones- Dijo fríamente Hermione. En ese instante llegó Harry con la carta para Sirius y ambos se fueron, dejando al pelirrojo, quien se sintió, de una forma casi inexplicable, dolorosamente solo.
Muchisimo tiempo, tanto, que casi me da vergüenza, pero casi, porque en verdad no había podido escribir. Los estudios me mantienen todo el día en la U y el fin de semana lo trabajo, así que ahora, como en mi país son las fiestas patrias, me dieron unos días libres (que no lo son tanto por que tengo que leer el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha que son 1300 pág!!) así que me di el tiempito de escribir este capítulo, no esá tan cargado de emoción, pero es que tenía que ser livianito, por que el que viene, uy! ni se imaginan lo que va a pasar. Es casi una tragedia lo que le espera a Mark y a su amigos!
Nos vemos
Coni.
pd: deje su review, un depto en el cielo si me haces feliz!
