El Fandom de InuYasha y sus personajes no me pertenecen.

Dedicatoria: a Alicia Medina por sus consejos, regaños y amenazas.


Opuestos

X

"Y ahí estaban ellos felices, disfrutando de su romance, aunque no fueran la pareja perfecta, y tuvieran un sinnúmero de diferencias. Pero entendieron que cuando el amor toca a tu puerta no nos queda más alternativas que entregarnos por completo, porque él ya te escogió y nada tú puedes hacer."

Señorita Occidental (*)


Megumi siempre había sido una niña muy sociable y le gustaba conocer a nuevas personas, por lo tanto, cuándo se enteró que su tía preferida Izayoi se había caso y había tenido un hijo, ella se mostró muy emocionada. Más cuándo se le informó que su tía y su nueva familia se mudarían a vivir a la misma ciudad que ella. Casi brincó de felicidad y estuvo contando los días para conocer finalmente a los nuevos integrantes de la familia y darles la bienvenida.

Había escuchado mucho de InuYasha, su primo; sabía que se parecía mucho a su padre y que de Izayoi había heredado pocos rasgos, pero que a pesar de eso su tía lo quería muchísimo. Y no lo dudaba, pero eso solamente hacía que su curiosidad aumentará cada vez más.

Finalmente el día llegó.

El camión de mudanza se estacionó enfrente de la casa que, de ahora en adelante, pertenecería a la familia Taishō; ella y su madre habían estado esperando en la casa, con el fin de recibirlos de una manera muy amena. También porque no podían contener las ganas de ver de nuevo a Izayoi, a quién no habían visto desde hace más de dos años.

Megumi saludó a su tía con un abrazo y un beso en la mejilla, a su nuevo tío con un apretón de manos y un abrazo. A su primo InuYasha le dirigió un leve saludó con la mano y se presentó ante él diciéndole cuál era su nombre y le mencionó también que ella era su prima. Pudo observar como el peliplata no decía absolutamente nada, se notaba que era tímido, así que esperó que él hiciera algo. Hasta que finalmente su primo le sonrió.

—Vamos, Sesshōmaru, no puedes quedarte aquí. —Escuchó a su tío dirigirse a alguien que todavía aguardaba en el camión de mudanza.

Ella dedujo que esa persona estaba buscando algo en especial. Pero al escuchar un nombre que nunca antes su madre había mencionado, la hizo sentirse curiosa por saber qué persona era a la que se dirigía su tío. ¿Quién era ese tal Sesshōmaru? Y, ¿qué tenía en especial? ¿Por qué su existencia nunca había sido mencionada por los labios de sus familiares?

—No lo trajiste —escuchó que mencionó con rencor, una voz infantil. Posiblemente más grande que ella y notablemente enfadado.

Observó a su tío esbozar una pequeña sonrisa.

—Todo eso se quedó allá —dijo—, pensé que no te importaría.

El niño bajo del carro con el ceño fruncido y mirando de una mala manera a su progenitor. No dijo nada, ni siquiera volteó de nuevo a ver a su padre o se disculpó por su insolencia. Cuándo pasó al lado de Megumi, no le dijo nada, ni siquiera se presentó y tampoco dejó que ella lo hiciera. Megumi se enteró tiempo después que él también era su primo, pero que no era hijo de su tía Izayoi. Fue algo difícil de entender al principio, pero finalmente lo entendió.

Quiso hablar con su primo semanas después, pero nada de eso fue posible. Él la evitaba a como diera lugar.

Pero Megumi no se daría por vendida.


Fue una tarde cuándo llegó a la casa de su tía que se topó con un ambiente raro. Su primo InuYasha se encontraba jugando con una niña que al parecer llevaba el nombre de Kagome. Megumi no dijo nada, de hecho mantuvo su presencia oculta para poder observar mejor a todos; le encantaba observar a las personas. No notó nada raro en ellos, de hecho se notaba que eran muy buenos amigos y eso le alegró. Ellos apenas se habían mudado y nuevos amigos les vendría bien.

Cuándo su primo ingresó a la casa por unos vasos de agua, observó cómo Kagome se dirigía hacia el lugar dónde se encontraba Sesshōmaru leyendo un libro. La niña le habló muchas veces, pero él pareció no hacer le caso.

Megumi se dio cuenta de que su primo era así con todas las personas y que no era nada personal. Se sintió un poco mejor de saber que no era la única con ese trato. Pero había algo que hacía que su primo le prestará una mínima atención a la chica.

Sí, Megumi notó que Sesshōmaru la veía de reojo cuándo ella volteaba para buscar en el lugar algo qué preguntarle. También notó que el peliplata solía esquivar todo contacto con los ojos zafiros de la niña, como éstos provocarán algo en él que no quería decir.

Sonrió de manera más amplia y se dijo que esos dos iban a terminar tarde o temprano juntos.

Y estaba cien por ciento segura, de que no se equivocaba.


Cuándo los vio entrar al restaurante juntos, supo en ese mismo instante que su predicción había sido acertada. Y que esos dos tarde o temprano terminarían juntos, pero necesitaban un pequeño gran empujón. Y ella se encargaría de eso.

Por eso hizo que Kagome se sintiera celosa de ella, por eso bromeó con su primo como nunca antes lo había hecho. Quería que la chica se sintiera tan celosa que poco a poco se diera cuenta de sus verdaderos sentimientos y que éstos la orillarán a tratar de ocultar y a la vez a hacerlos tan obvios.

Ese día ellos dos terminarían juntos, por eso le dio un último consejo a su primo: Dejar de huir.

Además, a pesar de conocer perfectamente el carácter de Sesshōmaru, confiaba en que Kagome sería la persona perfecta para él. Porque a pesar de que ella también sabía que eran opuestos, confiaba en que su amor tendría buenos frutos y que les iría bien. Porque tal vez no necesitaban a alguien que estuviera de acuerdo con ellos, tal vez necesitaban a alguien que les debatiera por la mayoría de las cosas para hacerlo todo más interesante y a la vez que se preocupará por ellos.

Ellos, no solamente serían una buena pareja, sino también unos buenos amigos, confidentes, compañeros. La calidez de Kagome contrastaba perfectamente con la frialdad de Sesshōmaru.

Cuándo los vio tomados de las manos en un parque caminando tranquilamente, Megumi no se sorprendió, ni siquiera se acercó a saludarlos. Se mantuvo a la lejanía, observándolos. Ambos estaban felices, se les notaba. Sesshōmaru no podía despegar su mirada de su novia y se dio cuenta de que finalmente podía mirarla a los ojos sin sentir nada negativo, al contrario, cuándo zafiro y ámbar se encontraban, ambos mostraban un brillo sin igual en sus ojos.

Era amor, ella lo sabía y cualquiera que los viera podría darse cuenta. Porque el amor era lo único que ambos no podían ocultar y bien que se veía que no deseaban ocultarlo.

Porque Sesshōmaru, aunque no lo dijera, le gustaba poder tomar la mano de Kagome y besarla cuándo él quisiera. Sin el temor de que la chica lo alejará o le reclamará algo, porque ella también correspondía gustosa y aceptaba estar con él. Tal vez las circunstancias en las que se conocieron y empezaron su noviazgo no hubieran sido las mejores, pero habían sido necesarias para ambos darse cuenta de lo que sentían mutuamente.

El amor había tocado la puerta de los corazones de ambos y a ellos no les había quedado de otra que abrir y aceptarlo con gusto. Un amor no planeado, ni siquiera imaginado, pero que funcionaba de una manera tan enigmática que muy pocas personas eran capaces de entender.


—Megumi está allá escondida —mencionó Kagome con una risa nerviosa que no pasó desapercibida por Sesshōmaru, que levantó una ceja—. Todavía me siento apenada —confesó y se encogió de hombros.

—Ella no lo recuerda —aseguró

—¡Pero yo sí! —Aclaró—. Además eran celos... celos…

En un rápido movimiento, Taishō junto su frente con el de la chica y dijo simplemente:

—Tontos —terminando así la palabra de la chica.

Kagome se sonrojó como si fuera un tomate y asintió. Sí, habían sido celos completamente tontos e injustificados. ¡Megumi solamente era la prima de Sesshōmaru! Debió de haber preguntado y no haber sacado conclusiones tontas como una niña pequeña.

¿Debería ir y disculparse con Megumi?

Pero cuándo volteó para ir a disculparse, se dio cuenta de que Megumi ya no estaba en el lugar que creyó haberla visto. Se dijo después que seguramente tendría muchas más cosas que hacer que verlos a ellos dos juntos. Aunque en el fondo, deseó volverse a encontrar con ella y hablar de una mejor manera. Se veía que la pelinegra era agradable.


Sango se encontraba limpiando su casa, como era sábado y sus amigas estaban ocupadas con sus parejas, decidió que sería mejor dedicarle algunos minutos a su pequeño hogar. Estuvo acomodando, limpiando y cambiando de lugar muchas cosas para darle un cambio a su hogar.

Cuándo finalmente se iba a sentar en su sillón para descansar, unos pequeños golpeas a su puerta la hicieron cambiar su dirección. Cuándo abrió la puerta se llevó una gran sorpresa; del otro lado estaba Miroku, con un ramo de flores.

—Sanguito —saludó.

Sango miró a Miroku, luego a las flores y se preguntó cuál era el motivo de que el pelinegro se mostrará en su puerta. Ella seguía todavía molesta con él.

—¿Puedo pasar?

Ella asintió.

Ambos se sentaron en el sillón frente a frente esperando que el otro hablará. Pero el silencio parecía más fuerte de lo que era.

Miroku, aunque no pareciera, sí se sentía culpable. Sabía que había sido un grandísimo tonto por no dejar sus malas mañas ahora que tenía de novia a Sango.

—¿Y bien? —Inquirió ella.

El silencio de nuevo los rodeó, Miroku sabía que debía pedir perdón, y lo quería hacer, pero sería un perdón completamente salido desde el fondo de su corazón. No un perdón sin sentimientos.

—Lo siento —susurró de verdad apenado y arrepentido—, no debí…

—¿Qué? —Interrumpió Sango—. ¿No debiste haberte ido detrás de esa?

Él asintió. —Sí, no debía haberme ido detrás de esa. En verdad lo siento, Sango. —El silencio volvió a rodearlos—. Sabes que tú eres la única a la que yo quiero.

La castaña suspiró y observó un poco el ramo de flores que descansaba en la mesa de centro. Las tomó y empezó a recorrerlas con la yema del dedo, las miraba con curiosidad y fue hasta llegar al final de una que sintió que algo estaba enredado entre todas las rosas.

Se aproximó a ver que era y se llevó una gran sorpresa.

Era un anillo de compromiso.

—Miroku…

—Eres la única a la que quiero, Sango. —Confesó y le quito el anillo recién descubierto y lo sostuvo entre sus manos y las de ella—. Dime, ¿te casarías conmigo?

La castaña se quedó mirando atentamente aquel anillo y analizando atentamente las palabras de Miroku, ella lo quería y llegaban mucho tiempo de noviazgo, no tenía absolutamente nada qué pensar; confiaba en Miroku a pesar de que la hacía sentir celosa más veces de las que debería.

Pero pronto, eso cambiaría.

—Sí, acepto

El pelinegro deslizo el anillo de matrimonio en el dedo de Sango, dando así a entender que ella le pertenecía a él, cómo él le pertenecía a ella. Sacó otro anillo y lo puso sobre la palma de la mano de la castaña.

—¿Me harías el honor?

Ella rió levemente y deslizó el anillo en el dedo de Miroku. Después de eso él se acercó poco a poco a ella y sus labios terminaron sobre los femeninos en una suave caricia que fue correspondida poco a poco. Ambos se querían, de eso no había duda alguna.

—Esto no te salvará de la apuesta —aclaró Sango cuándo se separaron.

Miroku rió y la volvió a besar; estaba dispuesto a aceptar pagar la apuesta.


—Tenías razón —aceptó Kōga cuándo estaba sentado en una banca del parque junto a su novia que veía atentamente a los niños jugando en el parque con una pelota.

—Siempre la he tenido —aclaró sin dejar de ver a esos pequeños, le recordaban tanto cuándo era pequeña y jugaba con su abuelo siempre que podía. Eran buenos tiempos—. Ahora deberás pagar la apuesta —le recordó.

El moreno se tensó. —No pienso obedecer a InuYasha.

La pelirroja sonrió. —Pero a mí —recalcó—. No hay escapatoria, cariño.

Kōga suspiró. —Yo no quiero escapar de ti —confesó mientras apartaba la mirada hacia otro lado, apenado. Podrían llevar casi un año de noviazgo pero no se acostumbraba del todo a ser romántico con Ayame, le era muy difícil.

Ayame volvió a sonreír y se recostó sobre el hombro masculino, en ningún momento sus manos dejaron de estar entrelazadas. —Yo tampoco quiero huir de ti —aclaró—, te quiero, Kōga.

—Yo también te quiero, Ayame —besó su frente con cariño.


—Hacen bonita pareja —comentó Megumi a la pareja cuándo se los encontró después de hacer unas compras.

—Gracias —Kagome se sonrojó.

—Me alegro que hayas escuchado mi consejo —prosiguió la chica dirigiéndose a Sesshōmaru—, ya era hora

Él frunció el ceño.

—¿He? —dijo Kagome

—No te atrevas —advirtió el peliplata, en vano. Su prima no le tenía ni una pizca de miedo.

Ella rió. —Estoy cien por ciento segura que Sesshōmaru ha estado enamorado de ti desde pequeño —rió más al ver la cara de enfado de su primo—, ya, ya, primo. Si es mentira, ¿por qué te enojas?

Kagome rió también. ¿Por qué Megumi le había causado celos? Esa chica en verdad era agradable, además de que sería una persona perfecta para ayudarla a molestar a su novio.

Megumi miró su reloj y se dio cuenta de que se le hacía tarde.

—Bueno, me voy. ¡Nos vemos! Primo —sonrió a Sesshōmaru—, prima —abrazó a Kagome con fuerza—, cuídalo, en verdad te quiere —susurró en su oído y luego se fue corriendo.

Se formó un silencio tensó entre ambos, ninguno de los dos parecía querer decir algo, hasta que la risa de Kagome rompió ese tensó ambiente.

Era definitivo, Megumi se las pagaría.

—¿Desde pequeño?

Sesshōmaru gruñó, obviamente era una mentira, pero lo ponía de malas.

Kagome le hecho los brazos al cuello y se paró de puntas para poder verlo a los ojos —él era más alto que ella— le dio un pequeño beso en los labios lo suficiente poderoso para hacer que su sueño fruncido se relajará un poco.

—Serías correspondido —aclaró con las mejillas teñidas de color carmín.

Sesshōmaru lo sabía, pero había preferido escucharlo de los labios de ella. Formuló una media sonrisa y la besó de nuevo.

Ninguno de los espectadores de aquel lugar hubiera imaginado que ambos eran tan terriblemente opuestos. Sin duda alguna los polos opuestos se atraían.

Fin.


(*) Una página de Facebook dónde suben muy buen contenido literario. Súper recomendable, a mí me encanta (:


Gracias por llegar hasta aquí, debo confesar que originalmente el fic nació de críticas destructivas. La primera vez que lo publique recibí un review que decía que esto era una mierda xD Sigo esperando que la misma personita comente para demostrarle que no era así. Pero bueno, sin rencores.
Me alegro que hayan seguido las actualizaciones. Lamento también haber tardado, no fue intencional. Oficialmente esté es el final pero dije que tal vez traería un extra por lo de la apuesta pero nunca me dijeron nada. Así que el fic se mantendrá como completo (:
Gracias por todos sus reviews. Se les aprecia.