Capítulo 9

Magnus estaba recargado en la encimera de la cocina, mientras sostenía en sus manos un periódico que Maia muy amablemente le había traído cuando la chica había salido a comprar un bote de helado de vainilla para hacerle un desayuno especial.

Mientras Maia caminaba de un lado al otro, y Jordan entraba de vez en cuando para aconsejarla en su receta o solo molestarla, Magnus leía una y otra vez la primera plana, donde había una enorme foto de él caminando medio torcido fuera de la bodega y de Alec junto a él, con su fuerte brazo sosteniéndolo de los hombros como si se trataran de un par de amigos borrachos. Al parecer algún periodista había escrito una crónica sobre lo ocurrido en la empresa, y releer eso era como estar presente en la parte de la historia que se había perdido por haber pasado horas encerrado.

"Cada uno de los ejecutivos abandonó su trabajo en cuanto sonó la alarma de incendios, la cual sirvió para sacarlos a todos de sus puestos y unirlos en la búsqueda"

"Alec Lightwood entró en medio de jadeos a la empresa"

"Ejecutivos y obreros se unieron para buscar al prometido desaparecido"

"La empresa dejó de funcionar en su totalidad desde el momento en el que Magnus Bane desapareció, y no volvió a funcionar hasta la medianoche"

Aún estaba sorprendido por todo el caos que se había armado, y estaba regresando al primer renglón para leer la crónica una vez más cuando la puerta de la cocina se abrió y Alec entró estirando sus manos frente a él como si acabara de despertar, solo que no lo había hecho. Magnus bajó el periódico lentamente mientras miraba al ojiazul de pies a cabeza. No tenía puesto su aburrido traje gris, al contrario, llevaba unos jeans claros, una sudadera marrón y unos tenis.

—¿No vas a ir a la empresa? —le preguntó, llamando su atención. Sabía que no tenía sentido preguntarle "¿No vamos a ir?" porque obviamente Alec ya no le permitiría ir con él, no después de que por su culpa hubieran ocurrido tantos problemas.

Alec primero miró al periódico en sus manos antes de subir la mirada para conectarla con los ojos dorado verdosos.

—No, hoy vienen mis hermanos ¿Recuerdas?

—Ah, cierto. ¿Algo en especial que deba saber?

—Son un poco recelosos y les cuesta confiar en desconocidos. Si no les agradas, cada uno es muy capaz de hacerte polvo—Magnus abrió los ojos ante la información, y Alec sonrió— Es broma. Son buenas personas—Magnus asintió no muy convencido y le dio una mirada a Jordan y a Maia, quienes ignoraban la conversación concentrándose en la comida. Magnus sospechó que era apropósito.

Alec observaba a Magnus con culpabilidad. Parecía que el moreno había superado lo de anoche, o incluso olvidado, pero él no. Sabía que si Magnus le volvía a pedir que durmiera con él, volvería a negarse. Y así lo haría una y otra vez mientras las palabras de Jonathan siguieran retumbando en su cabeza. La cosa era que, independientemente de lo que Magnus guardaba en su conciencia, era un ser humano, y todo ser humano tiene debilidades. Anoche el moreno se había dejado llevar por su debilidad, había olvidado su orgullo, y le había pedido que se quedara con él, pero Alec sabía que eso solo era momentáneo. Una vez que ya no tuviera miedo ¿Qué iba a pasar?

Aún así se sintió culpable. Tal vez no se hubiera quedado a dormir, pero pudo regresar y con palabras asegurarle que la oscuridad no era mala, o incluso ofrecer dejar la luz encendida toda la noche.

Dio un paso hacia Magnus con intenciones de llegar hasta él y disculparse, pero el timbre de la casa sonó.

—Ya están aquí— murmuró Jordan y salió de la cocina a paso apresurado para abrir la puerta.

—Vamos—le dijo Magnus mientras pasaba junto a él y también salía de la cocina. Alec suspiró y se pasó una mano por el cabello, preparándose para lo que sea que tuviera que decir o hacer para convencer a sus hermanos de la relación con el moreno. Y salió de la cocina.

Magnus estaba de pie junto a la escalera, observando la puerta de entrada, la cual estaba siendo abierta por Jordan justo en ese instante. A través de ésta entró Isabelle usando unos lentes oscuros y con su cabello negro colgando sobre su hombro en forma de trenza.

—Hola Jordan— saludó la chica entusiasmada. Después caminó un poco más para darle espacio a Jace, quien le dio un asentimiento con la cabeza al castaño en forma de saludo.

—Alec— saludó Jace a penas lo vio— Me alegra tanto…

—Oh, no puede ser— interrumpió Isabelle junto a él, y se quitó los lentes como si quisiera ver mejor— ¡Magnus!

—¡Isabelle! — Alec y Jace observaron mudos como la pelinegra y el moreno, quienes supuestamente acababan de conocerse, se acercaron y se dieron un caluroso abrazo, como si fueran amigos de toda la vida— Es increíble que tú fueras la tal "Izzy"

—Tengo que reconocer que pensé en ti. Pero me dije ¿Cuántas posibilidades hay de que, de todos los Magnus en el mundo, sea el mismo? —la chica cortó el abrazo y lo observó con una radiante sonrisa.

—No hay muchos Magnus en el mundo— respondió el moreno con una sonrisa orgullosa. Jace frunció el ceño.

—Magnus Bane, supongo— Magnus se giró hacia él— Soy Jace Lightwood o Herondale, como prefieras— y le extendió una mano. Magnus la recibió formalmente.

—Todo esto del encuentro de los futuros cuñados es adorable— comentó Jordan llegando a ellos— Pero pueden terminar con lo que falta en el comedor. El desayuno ya está listo.

Unos momentos después los tres hermanos y Magnus se encontraban instalados en el comedor, con Magnus y Alec sentados uno junto al otro como se esperaría. Todos ponían atención a Isabelle, quien relataba con lujo de detalle todas las experiencias vividas en el viaje, incluyendo aquella en el bar donde había conocido a Magnus.

—¡¿Un bar?! — exclamó Jace indignado— Nunca te dejé en un bar. Recuerdo claramente que te dejé sentada en una cómoda e inocente silla en el parque.

—Tu cómoda e inocente silla resultó ser el lugar predilecto para que un perro salchicha marcara su territorio— la chica hizo una mueca— Aún lo recuerdo… y el bar estaba cruzando la calle, así que me dije ¿Por qué no?

—Te puedo enumerar una lista de razones de por qué no— intervino Alec mirando seriamente a su hermana. Isabelle abrió la boca para rechistar cuando Jordan salió de la cocina cargando una bandeja para dejar en frente de cada uno el desayuno.

—Disfrútenlo— exclamó y se detuvo junto a Magnus. Éste último no necesitaba comprobar los platos de los demás para saber que el suyo era diferente. Se trataba de una copa de vidrio con helado, nata, bizcocho, fresas, cerezas, arándanos, gelatina y crema; todo ordenado perfectamente de tal manera que parecía más una obra de arte que comida.

—¡Trifle! —exclamó entusiasmado, y usó la cuchara para tomar un poco, destruyendo la obra de arte.

—Parece más un postre que un desayuno— comentó Alec a su lado, mirando la comida con desconfianza— ¿No le hará daño? — agregó dirigiéndose a Jordan.

—Esperemos que no….— respondió el castaño con nerviosismo, como si hasta ahora se pusiera a pensar en eso.

—Alec, eres demasiado sobreprotector— comentó Isabelle mientras partía sus pancakes— Es inglés, de seguro comía esa cosa mañana, tarde y noche.

—De hecho, no— Magnus sacó la cuchara de su boca— Normalmente sólo se prepara en navidad— todos los presentes analizaron ésa información, y luego se giraron a ver a Jordan, quien mantenía una forzada sonrisa en el rostro.

—¿Enserio? —preguntó el castaño.

—Pero aun así está delicioso— se apresuró a añadir Magnus, tomando una nueva cucharada para remarcarlo. Jordan gruñó.

—¡Maia! ¡La tercera es la vencida! — y con eso el chico se fue de regreso a la cocina. Magnus lo observó irse, y continuó comiendo.

—Magnus…— el moreno se giró hacia Alec, quien lo miraba con el ceño fruncido, y por un instante se preguntó si ese era Alec fingiendo ser su prometido frente a sus hermanos o simplemente Alec siendo protector por naturaleza— No puedes desayunar eso, te va a hacer daño.

—¡Pero tiene fruta! —replicó— Eso debe contar como desayuno.

—No lo hace— Alec tomó la copa dispuesto a alejarla de ahí, pero Magnus fue más rápido, se apresuró a tomar una cucharada más, y la metió en la boca de Alec, quien al sentir la intrusión se quedó quieto y no le quedó de otra más que tragar el bocado. Poco a poco una pequeña sonrisa se fue formando en su pálido rostro— Delicioso ¿Eh? — se jactó Magnus. La sonrisa de Alec se ensanchó, pero después volvió a recuperar la compostura con una pequeña sacudida de su cabeza.

—De todos modos no vas a comer eso— y alejó definitivamente la copa— ¡Jor…!

—Ya estoy aquí— el castaño llegó, prediciendo que Alec lo llamaría tarde o temprano, y se agachó para dejar un plato de pancakes frente a Magnus, llevándose con él la copa. Magnus miró su postre siendo llevado de regreso a la cocina, y frunció el ceño mientras partía su nuevo y aburrido desayuno. De pronto sintió una mirada sobre él, y al levantar la cabeza Jace la bajó hacia su plato. Pero no era tonto, Jace lo había estado espiando y sospechaba que lo había estado haciendo desde que le había dado de comer a Alec en la boca. De algún modo ya se había ganado a Isabelle, pero no sabía si estaba logrando convencer a Jace.

—Ustedes son adorables— comentó ella bebiendo un poco de su vaso de leche— Y hablando de adorable… Alec ¿Quién es ese adorable chico que ahora es tu portero? No lo recuerdo de la última vez que vine de visita.

—Sansón es un amigo de Jordan— contó Magnus moviendo su mano hacia la chica— Llegó hace como… ¿Dos semanas? ¿Tres? Es divertido, pero no puedes mantener una conversación con él antes de que te nombre a la guerra de las galaxias o algún videojuego— pese a que Magnus veía aquello como algo negativo, vio un pequeño brillo de ternura aparecer en los ojos negros de la chica. Era claro que Isabelle era una diosa nacida en la tierra, y a pesar de que Simón no era feo, Magnus no entendía la razón de aquél brillo.

—Es Simón— corrigió Alec.

—Oh, si— concordó Magnus, y luego se quedó pensativo— Sansón…

—El hombre que perdió su fuerza porque le cortaron el cabello— le recordó Alec. Magnus le sonrió.

—Que haría sin ti, mi Alec—el ojiazul sonrió y volvió su atención a su comida, pero Magnus no había sentido esa sonrisa. Supo que fue falsa. Miró hacia los hermanos de Alec, Isabelle parecía encantada de la pareja, pero Jace entrecerraba los ojos hacia Magnus cada vez que éste no lo miraba.

Después del desayuno, Isabelle se quedó observando el anillo de Alec, maravillada por lo bien que el moreno conocía a su hermano ya que a éste último le gustaban más las cosas sencillas que lo ostentoso. Magnus levantó la barbilla y se jactó de sí mismo, mientras Alec soltaba una carcajada limpia y sincera. Magnus esperaba que los hermanos de su prometido hubieran entendido eso como una reacción por los nervios del ojiazul.

La pelinegra preguntó por los detalles de la boda, y casi se escandalizó cuando ni Magnus ni Alec le respondieron. Estando en un punto entre enojada y feliz, hizo de las suyas para lograr sacar a los prometidos y a Jace de casa, y ahora estaban los cuatro caminando por la calle en medio de la atestada ciudad, tratando de arreglar los detalles para el gran día.

Ya que Isabelle sospechaba que Magnus tendría mejor gusto que su hermano para esas cosas, tomó al moreno de gancho y no se separó de él mientras entraban y salían de las tiendas. Alec y Jace iban detrás de ellos, uno junto al otro, preguntándose cuál era la diferencia entre elegir gerberas o rosas blancas para decorar una mesa.

—Un parque— dijo Isabelle los suficientemente alto como para que sus hermanos atrás la escucharan— Me gusta la idea de que se casen en un parque.

—No quiero que cualquiera que pase pueda vernos— se quejó Alec.

—¡Una playa!

—Me gustaría casarme en una playa— murmuró Magnus con ensoñación.

—Las playas son demasiado grandes— se quejó Alec— muchas personas irían. Prefiero que nos casemos en la mansión— Isabelle se detuvo de golpe y se giró a verlo.

—¿Qué? Estás bromeando.

—Hablo enserio, entre menos gente vaya, mejor. Podríamos hacer la recepción también dentro de la casa. La verdad no tiene que ser el evento del año— Isabelle lo miró tal vez esperando que todo fuera una broma, pero cuando no fue así pareció estar decidida en golpear a su hermano. Aunque respiró hondo y, tomando la decisión más razonable, se giró hacia el moreno.

—Magnus, también es tu boda ¡Haz algo! — Magnus miró a Alec un momento antes de dirigirse a Isabelle.

—Alec ya tomó su decisión— le informó. Isabelle negó con la cabeza bufando y se alejó de ahí a pasos rápidos, claramente molesta—¡Isabelle! — gritó Magnus antes de correr a alcanzarla.

—Vaya…—murmuró Jace con una sonrisa irónica en el rostro—Así que quieres algo pequeño. Lo esperaría de ti en cualquier momento de tu vida, pero no creí que fuera a ocurrir en tu boda.

—¿Por qué no? —le preguntó Alec, y le dio una mirada a Magnus e Isabelle. La chica no había llegado muy lejos, ya que se había detenido abruptamente frente a la vitrina de una pastelería. Ahora Magnus estaba junto a ella, también observando los pasteles.

—Siempre creí que soñabas con este momento— respondió Jace simplemente— Supuse que querrías que fuera especial, y no algo que parece más un compromiso de trabajo.

—Será especial— dijo, y antes de tener que añadir más, tomó a Jace del brazo— Vamos con ellos, creo que Izzy está realmente molesta y no puedo dejar a Magnus solo en esa situación.

Una vez que llegaron se enteraron de que el moreno había logrado convencer a la chica de ayudarle a organizar la boda en la mansión, y la única condición que ella puso fue que Jordan y Maia tuvieran que preparar un pastel de más de seis pisos. Alec hubiera creído que aquello sería imposible para cualquier persona en el mundo, pero a juzgar por un pastel de ocho pisos que Isabelle observaba embobada tras la vitrina, no lo era. Así que él y Magnus se encogieron de hombros y terminaron aceptando el trato.

Los tres pasaron el resto de la mañana recorriendo tiendas. El entusiasmo de Isabelle poco a poco le fue contagiado a Magnus, y después de dos almacenes más, éste ya estaba mirando emocionado, criticando, y eligiendo lo que más le gustaba para hacer de su boda algo que valiera la pena según su fino criterio. Alec no rechistó en ningún otro momento, y no solo porque lo que Magnus estaba eligiendo le gustaba, o porque el entusiasmo de su hermana y prometido logró instalar una pequeña sonrisa en su rostro, sino también porque ver a Magnus feliz de que todo lo que quisiera lo estaba consiguiendo, movía algo en él. Había un brillo en los ojos dorado verdosos, algo así como si el moreno nunca hubiera podido elegir, como si fuera la primera vez, y eso hacía a Alec sentirse satisfecho. No había una mejor manera de disculparse por lo ocurrido la noche anterior.

Una vez que llegó la hora del almuerzo, en lugar de volver a casa, decidieron entrar a un centro comercial y almorzar ahí. Magnus de vez en cuando le daba miradas a Jace, quien había estado serio toda la mañana. Por las líneas de expresión en las mejillas del rubio, era claro que su normalidad era sonreír. Algo pasaba con él ¿Celos de hermano? ¿No creía la historia de los prometidos? ¿No le gustaban las compras? ¿Cansado por el viaje? Magnus se planteó infinidad de razones de aquella actitud, pero éstas solo se quedaron en posibilidades ya que no estaba seguro de que acercarse y preguntar fuera una buena idea.

—Comamos hamburguesas— sugirió Isabelle, y miró a Magnus— Es parecido a un emparedado, se trata de una rebanada de carne en medio de…

—Isabelle, si sabes que en Inglaterra pasa el tiempo ¿No? — cuestionó Alec rodando los ojos— Estoy seguro de que Mcdonalds llegó allá. No es como si se hubieran estancado en los 40'.

—Y tenemos televisión— añadió Magnus—Desde hace bastante tiempo, de hecho—Jace soltó una pequeña risa, y Magnus de pronto creyó que quizás las cosas con el rubio sí podrían resultar bien.

Después del almuerzo, Isabelle guió a los chicos por almacenes de recordatorios y luego a mandar tallar una estatua en hielo de una "M" entrelazada a una "A". Finalmente entraron a un almacén con una rústica fachada donde iban a mandar a hacer las invitaciones.

—¿Hola? —preguntó la pelinegra abriendo la puerta, haciendo que sonara la pequeña campanita sobre ésta. Adentro una anciana se puso de pie y la observó con una amable sonrisa.

—Bienvenidos, ¿En qué puedo ayudarles? —Alec se dirigió hacia el lado izquierdo del almacen, donde había un tablero de madera con cientos de tarjetas colgadas. Todas eran de muchos colores, con diferentes diseños, y con un tipo de letra diferente.

—Yo creo que son manuales— Magnus se acercó a Alec para ver las tarjetas junto a él—Esa letra es hecha con tinta de pluma—Alec asintió.

—Izzy lo hizo por ti. Me da la sensación de que quiere algo victoriano para la recepción— Magnus sonrió conmovido, y después se giró hacia la vendedora y la pelinegra, quien ya le había explicado a la mujer lo que quería.

—Brillante pero tradicional…—murmuró la anciana y le dio una mirada a un pedazo de papel pegado en la pared, donde tenía su inventario—Mañana me llega una clase de papel suave y delgado, de color dorado. Podríamos dividir la tarjeta en dos, y decorarlo con una cinta blanca y una pequeña imitación de rosa roja.

—Eso suena perfecto—respondió Izzy. Magnus miró alrededor, pero como había temido, Jace se había quedado esperándolos fuera del almacén. Últimamente el rubio había hecho eso como por tres almacenes.

La mujer sacó de debajo de la vitrina un enorme portafolio, y lo abrió para ellos. Adentro habían cientos de tipografías, todas ellas muy hermosas.

—Alec—llamó la chica, y su hermano se acercó. Los tres pasaron las hojas, analizando cada uno de los hermosos abecedarios allí exhibidos, y finalmente Alec señaló uno con el dedo.

—Me gusta este— se trataba de un tipo de letra ligeramente inclinado, con los trazos fluyendo entre las letras, y algunas curvas saliendo de varias terminaciones.

—También me gusta—opinó Magnus.

—Se queda—Isabelle le devolvió el portafolio a la mujer, y ella anotó un número en una pequeña hoja, misma donde estaba anotando todas las características de las tarjetas.

—Es un estilo muy elegante—opinó ella— Así que todo lo haremos a la antigua. Necesito una lista con los nombres de todos los invitados, y los nombres de los prometidos.

Magnus y Alec anotaron su nombre en la pequeña hoja de la mujer, y quedaron en volver en la mañana del día siguiente con la lista de los invitados.

Una vez que salieron de la tienda, Jace se volvió a acercar a ellos y Alec le dio una mirada a su reloj.

—Tenemos que volver. Casi son las cinco, y Magnus aún maneja el horario británico.

—Está bien— lo tranquilizó el moreno— Tengo que empezar a acostumbrarme.

—Recuerden que tienen que hacer la lista de invitados— mencionó Isabelle. Alec pensó un momento.

—Si hacemos la lista ahora, es posible que te quedes dormido a los dos minutos. ¿Qué tal si volvemos y la hacemos mañana en la mañana?

—Me parece perfecto—Alec y Magnus se sonrieron, y mientras Jace se interesó en un perro callejero que pasó junto a ellos, Isabelle se enterneció ante la forma que tenían los prometidos para estar conectados; pero en realidad lo que pasaba era que los chicos estaban aprendiendo a decidir pensando en ambos, en las exigencias del cuerpo de Magnus, y en calmar la sobreprotección de Alec.

Los cuatro volvieron a la mansión. Magnus se fue inmediatamente a dormir, pero los hermanos Lightwood se colocaron sus pijamas y bajaron a cenar, tal como habían hecho años atrás cuando aún eran niños.

Cada uno se sentó en su respectiva silla, y Jordan salió y dejó un plato de sopa de pollo frente a cada uno.

—Gracias, Jordan— dijo Alec antes de que el chico asintiera hacia él y entrara a la cocina. Jace levantó una cucharada y la llevó a su boca.

—Maia no cocina mal— opinó.

—Está delicioso—secundó Isabelle—Es grandioso estar en casa.

—¿Cuánto tiempo piensan quedarse? —les preguntó Alec.

—Lo primero que se me ocurre, es hasta tu boda— contestó la chica— Pero no lo sé. ¿No nos necesitas en Inglaterra para la nueva sucursal?

—No de momento—respondió Alec—Clary ya se está encargando de eso.

—Ya veremos, entonces—dijo Jace— Si mamá y papá se enteran de tu boda, y deciden venir, cosa que pasará, no nos dejarán ir tan fácilmente. Desde hace un buen tiempo están con la idea de que es hora que Izzy y yo nos encarguemos de la empresa aquí, para dejarte a ti libre— Alec frunció el ceño.

—Me gusta encargarme de la empresa, no hay otra cosa que prefiera hacer.

—Alec—llamó Isabelle seriamente—Te vas a casar. Es totalmente entendible si decides irte a recorrer el mundo con Magnus, y nadie te culparía por ello—Izzy miró a Jace— Es más, nos gustaría que lo hicieras. Has estado trabajando todo el tiempo, mereces un descanso—Alec suspiró y tomó una cucharada de su cena.

—Vamos muy rápido. Ni siquiera me he casado.

—Debes empezar a pensar en el futuro—replicó su hermana— Ya no eres solo tú. Ahora tu vida estará unida a alguien más, y no puedes suponer que todas tus decisiones tendrán el apoyo absoluto de Magnus. Por lo que he visto, él te consiente demasiado al dejarte tomar las decisiones importantes, como la fecha de la boda, dónde vivirán después, cuantos invitados, en donde será… y es normal, está enamorado y ambos son jóvenes. Pero no siempre va a hacer así, y mi consejo para que tengan un feliz matrimonio es, aunque él no te lo pida, que lo escuches y tomes en cuenta su opinión— Alec se quedó mirando a su hermana, tratando de digerir la información.

—Lo dice la que no puede mantener un año de relación con la misma persona—replicó Jace.

—Quizás no soy buena novia— aceptó la pelinegra— Pero sería una fantástica esposa.

—Yo en Magnus veo más respeto que amor hacia Alec— intervino Jace, y Alec abrió los ojos hacia él.

—Donde hay amor, hay respeto— intervino la chica—A mí me parecen adorables.

—¿Y sabes de donde vino? —preguntó Jace ignorado a Izzy, y mirando intensamente a su hermano— Magnus. ¿Sabes cuál es su pasado? ¿Qué hacía antes de conocerte?

—Eso no importa—le respondió Alec— Lo que importa es lo que vivimos, y lo que nos falta por vivir.

—Eso suena muy romántico, incluso para ti—repuso el rubio— Y sería fantástico si fuera cierto, pero hay pasados demasiado oscuros como para simplemente ignorarlos.

—¿Cuál es tu problema, Jace? —le preguntó la chica.

—¿Sinceramente? —Jace alternó la mirada entre sus hermanos— Me preocupa que Alec vaya a casarse con alguien a quien no conoce. —Alec frunció los labios. Durante la tarde había tenido la duda de si estaban convenciendo a Jace o no, y al parecer su hermano adoptivo era más difícil de lo que creía.

—Yo conozco a Magnus—replicó— Sé todo lo que necesito saber sobre él, y eso es suficiente para mí. Tengo toda una vida para terminar de conocerlo por completo—Izzy le sonrió, y luego le dio una palmada al brazo de Jace.

—¿No es hermoso? Es justamente lo que siempre quisimos, que nuestro Alec se arriesgara de vez en cuando. ¿Por qué no puedes ver lo bueno que Magnus es para Alec? —la chica soltó una risita—Para mí que tienes celos de hermano.

Una vez que terminaron de cenar, Alec e Isabelle se fueron a sus respectivas habitaciones, pero Jace no lo hizo.

El rubio fue sigilosamente por el pasillo hasta llegar a la habitación de Magnus, entró y después de distinguir una pequeña linterna gracias a la luz del corredor, cerró la puerta a su espalda. Tomó la linterna de la mesa de noche del moreno, e iluminó a su alrededor hasta dar con lo que temía: recargados contra la pared, habían tres bastones de madera, con el mismo estilo del que había encontrado en la casa de su abuela.

Se giró hacia Magnus, quien dormía plácidamente sin notar el ruido o el movimiento a su alrededor. Ahora el rubio no tenía dudas. Magnus Bane era el acompañante sexual de su abuela, aquel que también había sido el acompañante de muchas más. Era alguien que vendía su cuerpo a cambio de dinero, y por ello era claro que solo se casaría con Alec por interés.

Jace supuso que Alec desconocía la verdadera identidad de Magnus, y por eso él debía ponerlo en evidencia. Afortunadamente era tan millonario como el ojiazul, y eso lo volvía la perfecta oportunidad para Magnus de ganar dinero extra con alguien diferente antes de tener que pertenecer solo a una persona por el resto de su vida. Dejó la linterna de nuevo sobre la mesa de noche, se desvistió hasta quedar solo en ropa interior, y con sumo cuidado se metió en la cama del prometido de su hermano. Si Alec realmente amaba a ese hombre, nunca le creería si le decía la verdad, la verdadera prueba debía ser más definitiva.

"Iré a llamarte en la mañana" fueron las palabras que Alec le había dicho a Magnus justo antes de que éste último se fuera a dormir, y fueron las palabras que Jace tenía en mente mientras se quedaba dormido.