-Nunca duermas en la cama de un extraño-
Disclaimer: Los personajes y todos los elementos de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es propiedad exclusiva de WndrngY, yo sólo me adjudico la traducción. Queda prohibido publicarla o postearla, en ninguno de los dos idiomas, sin el expreso consentimiento de la autora.
Sowelu es mi beta y tiene preparado un tanque de oxígeno para cuando me pongo a hiperventilar mientras estoy traduciendo. Gracias Brown Eyes!
Capítulo Diez
Panting & Painting
B POV
He estado soñando con esto prácticamente día y noche, desde que llegué de Hilton Head hace un mes. Estaba en los brazos de Edward, acunada en su regazo, sobre su pecho ancho y musculoso, y él me besaba hambrientamente, sin refrenar sus deseos.
Esta era una de las cosas que más me gustaba de Edward. Él se mostraba abierto conmigo. Lo que sea que estuviera sintiendo en el momento, él lo decía o hacía, aunque sin intentar forzarme a responder de ninguna manera. Parecía contentarse con dejarme reaccionar a mi manera e interpretar mis señales sobre la marcha.
El problema era que mis señales parecían zigzaguear como un mono borracho en patines, y yo estaba bastante consciente de eso. Pero no sabía cómo controlarlo. Un momento estaba al borde de desnudarlo y tomarlo donde sea que estuviera, y al instante siguiente… bueno, seguía estando al borde de eso, pero mi mente parecía refrenar los impulsos de mi cuerpo.
"¿Bella?" Edward interrumpió mi monólogo interior sin sentido. Deslizó su boca por mi cuello y mi hombro mientras hablaba. "Cariño, hazme un favor y sal de tu mente. Sólo dime a dónde vamos desde aquí. Si quieres que me detenga, lo haré, pero tendrás que ayudarme con esto."
"Ayudarte," repetí sin pensar, con los ojos cerrados por las sensaciones que él estaba creando en mí.
"Sí, ayudarme, quiero decir dejar de responder de la manera en que lo estás haciendo." Me sostuvo con un brazo y deslizó el otro sobre mi hombro y hacia abajo por mi brazo hasta descansar la mano en mi cadera con un pequeño apretón. Un escalofrío me recorrió el cuerpo haciéndome temblar. "Sólo soy humano, Bella."
"Lo siento," suspiré, pero no me levanté de su regazo. Me moví de manera tal que acabé montando sobre sus muslos y descansé la cabeza en su hombro, apoyando una mano sobre su corazón. Decidí decirle la verdad. "No sé qué hacer contigo. No puedo pensar bien."
Sentí la risa resonando en su pecho y sus brazos enredándose a mí alrededor para confortarme. "Tomaré eso como un halago. Tú me haces lo mismo. Ni siquiera debería estar aquí. Debería estar trabajando o decidiendo dónde trabajaré. ¿Ya te dije que conseguí una oferta de empleo de esa empresa en Columbia de la que te hablé?"
"¡No! Felicitaciones, Edward, de verdad." Me erguí para mirarlo. Intenté con todas mis fuerzas sonar feliz por él, pero la distancia que había entre Seattle y Columbia no era más corta que la distancia con Hilton Head.
"Gracias. Aún no estoy seguro si voy a aceptar. Tengo una semana para decidir," se encogió de hombros, dando a entender que no tenía ganas de hablar de eso.
"Así que… ¿por qué estás aquí?" Pregunté tímidamente.
"¿Estás buscando que te halague?" Sonrió y sacudió la cabeza. "Te daré dos conjeturas, y la primera no cuenta."
Sabía que había venido a verme. No es como si él hubiera ocultado su atracción por mí. Antes de que yo me fuera, él me había prometido que volveríamos a vernos; y luego estaba esta conversación que habíamos tenido sobre no arrepentirnos… Así que, ¿por qué era tan difícil de creer? Supongo que nunca creí que la atracción que había entre nosotros fuera suficiente para que él me recordara una vez que estuviera fuera de su vista. Pero aparentemente sí lo era.
Respiré profundamente y tomé una decisión. Tenía cinco días más para pasar con Edward, y ya no importaba qué podría suceder o no después, porque los aprovecharía al máximo. Puede que sea temporal, pero no hay nada casual o desagradable en esto.
"No más señales confusas," prometí, sonriendo tan confidentemente como pude. "Sea lo que sea esto que estamos teniendo, es bueno ¿verdad?" Bueno, creo que eso sonó muy meloso, pero a Edward no pareció importarle.
"Es mejor que bueno. Ven aquí." Apretó sus brazos más fuerte a mi alrededor, acercándome, pero luego me soltó y sacudió ligeramente la cabeza. "Voy a dejar que tú me guíes, Sugar."
Mierda. No había forma de que yo pudiera resistirme a este hombre, pero yo tampoco quería estar a cargo de… llevar esto adelante. ¿Por qué me sentía como una neófita con Edward? Admito que nunca fui una de esas chicas con las que podías acostarte sólo una noche, pero tampoco era virgen. Había dormido con algunos hombres, bueno, cinco incluyendo a Sam, y el sexo con Sam era mejor que bueno, aunque no tan seguido como me hubiera gustado. Aunque viéndolo ahora, aquello tenía sentido; entre mis horarios de trabajo y su otra novia… Mierda. ¿Por qué estaba pensando en eso ahora?
De cualquier manera, ninguna de mis experiencias sexuales se comparaba con mi noche con Edward en la bahía. O incluso la noche anterior a esa, en su cama, sólo tonteando. Y aquella primera noche… ¿despertar sintiendo todo su cuerpo sobre el mío? Eso tenía su propia categoría.
"Edward, yo… gracias por venir a verme," dije sin convicción. Antes de que él sintiera la necesidad de responder algo igualmente fútil, me incliné y reclamé su boca.
Fue como respirar profundamente para relajar todo mi cuerpo. Esto era lo que había extrañado y lo que estaba destinado a suceder. Sin pensarlo, tomé su rostro entre mis manos y profundicé el beso. Cuando sentí la necesidad de respirar, me moví hacia atrás y nuestros ojos se encontraron. La mirada en sus ojos hizo que mi corazón se acelerara. Lo que sea que haya hecho para merecer que alguien como Edward me mirara de la forma en que lo estaba haciendo… tenía que adivinar qué era y hacerlo una y otra vez.
"Bella," murmuró, estirándose para morder gentilmente mi lóbulo. Se movió para deslizar su lengua por mi cuello y hacia abajo, al espacio donde el cuello se unía con el hombro. Cuando cerró sus labios sobre ese punto y chupó suavemente, suspiré. Cuando mordió, chillé. Sí, de verdad hice un sonido que podría describirse como un chillido. Lo que me hizo reír. Lo que provocó que Edward riera silenciosamente. Entonces recordé que lo que estábamos haciendo era divertirnos, y se sentía correcto.
Busqué el borde de su camisa para levantarla hasta que él alzó ambos brazos y permitió que se la quitara. Su cuerpo era incluso más increíble de lo que yo recordaba; me tomé mi tiempo deslizando mis manos sobre sus torneados y bien definidos músculos. Cuando mis dedos acariciaron sus pezones él se puso rígido y dejó escapar todo el aliento.
Cuando necesité sentir más de él, me quité la camisa de suave algodón que acababa de ponerme y la arrojé al suelo. Edward decidió entrar al juego cuando no pude quitarme el sostén lo suficientemente rápido para su gusto.
"Ah, oh Dios, ¡tú sí que eres bueno con eso!" Murmuré cuando su boca se cerró sobre mi sensitivo pezón.
Edward se rió de nuevo, las profundas vibraciones de su voz añadieron otra capa de dulce tortura a lo que estaba haciéndome con su boca. Se movió hacia mi otro pecho y yo cometí el error de mirarlo sólo para verlo sonriendo maliciosamente mientras pasaba la lengua una y otra vez sobre la apretada e inflamada punta.
Me empujó para que me pusiera de pie y sus manos fueron automáticamente al botón de mis jeans. Mis manos traidoras se cerraron sobre sus muñecas, deteniéndolo, aunque eso era realmente lo último que deseaba hacer. Sus manos se movieron a mis caderas y él me miró, esperando que le diera alguna pista sobre su siguiente movimiento.
"Lo siento. Yo…" hice un gesto sin sentido. Me rendí al intentar sin éxito explicar mi reacción y le mostré lo que quería deshaciéndome yo misma del botón y el cierre de mis jeans. Deslicé los dedos bajo la tela de mis bragas también y los pateé a un lado hasta quedar completamente desnuda frente a Edward, temblando ligeramente.
Este era seguramente el momento perfecto para sentirme insegura: desnuda en pleno día frente a un hermoso y auténtico sureño sentado con los ojos al nivel de mi entrepierna. Pero en serio, intenta sentirte insegura con Edward mirándote como si todas sus fantasías acabaran de volverse realidad. Puedes sentirte presionada, quizá, pero no insegura.
Él me empujó un paso más cerca con sus manos apoyadas en mis caderas y besó mi estómago casi con reverencia. Resultó algo extraño pero increíblemente erótico. Deslicé mis manos en su cabello y le escuché soltar un suave jadeo.
"¿Puedes confiar en mí, Sugar?" Preguntó. Antes de que pudiera responder, deslizó una mano detrás de mi rodilla y apoyó mi pierna sobre su hombro.
Uno pensaría que, siendo la campeona regional de Norteamérica en ruborizarse, ya estaría acostumbrada a la sensación. Pero la fuerza de toda esa sangre corriendo hasta la superficie de mi piel me hizo sentir débil y ligeramente mareada por un momento. Sabía que estaba roja desde la cabeza hasta los pies y maldije a mi cuerpo por sus respuestas infantiles a una situación tan adulta hasta que Edward habló de nuevo.
"Amo la forma en que te ruborizas cuando te toco," murmuró, pasando una mano por mis caderas, sobre mi estómago y hasta mi pecho arrebolado. Su otra mano me sostenía firmemente desde la espalda. Me empujó más cerca sin advertencia y hundió la cabeza entre mis piernas para trazar su lengua una y otra vez sobre mi palpitante sexo.
¿Cómo describirlo? Se sentía como estar en el infierno, teniendo lo que más deseas, pero no teniéndolo realmente. Como si alguien te ofreciera una lamida de la mejor paleta del mundo; pero sólo te permitiera tocarla con la punta de la lengua, de modo que el sabor no llegaba a tu paladar.
Intenté moverme un poco más cerca, pero Edward se movió hacia atrás. Todavía tenía una mano hundida en su cabello, para sostenerme y sólo porque quería tenerla ahí, pero la urgente necesidad de empujarlo más fuerte contra mi cuerpo se estaba volviendo insoportable.
Esperé demasiado tiempo sin decir nada, y cuando finalmente abrí la boca, en vez de una suave solicitud suspirada me salió una orden demoníaca. "¡Maldita sea, Edward! ¡Más fuerte! ¡Por favor, más!"
Él se detuvo completamente y yo me mortifiqué, pero noté que no me había soltado. En mi mente ya se estaban formando una disculpa y una estrategia de retirada cuando lo escuché reír en voz baja y seductora.
"Todo lo que tenías que hacer era pedirlo, Sugar. ¿Por qué te tomó tanto tiempo?" Que me parta un rayo si el mismo diablo no estaba sentado frente a mí, escondido en el rostro hermoso e impío de Edward.
Lo empujé hacia atrás y me alejé, furiosa de que se riera de mí en un momento como este. Pero Edward no me permitió ir muy lejos. En un instante saltó del sofá y me tacleó al suelo, girando para amortiguar mi caída de modo que cayera sobre su propio cuerpo.
"¡Suéltame, idiota!" Grité, tratando de zafarme de su agarre.
"¡Lo siento, Bella! Anda Sugar, no seas así," replicó, aunque pude oír la risa en su voz. "Sólo quería que me hablaras. Me encanta que hables cuando tenemos sexo, pero no lo haces a menudo, así que…"
"Así que decidiste jugar conmigo," acusé, aunque el fuego se estaba apagando.
"Preferiría decir que estaba motivándote," dijo, y continuó rápidamente antes de que pudiera decir nada. "Y si te tranquilizas, terminaré lo que empecé. Si después de eso sigues enojada, puedes arrojarme a la fría y cruel intemperie de la ciudad."
Ya estaba girándome sobre mi espalda y moviéndose entre mis piernas mientras hablaba, así que simplemente lo dejé ir. Además, de pronto ya no recordaba las palabras.
Tan pronto como su lengua encontró su objetivo otra vez, me di cuenta de cuánto se había estado refrenando conmigo. Exploró cada centímetro de mí con caricias firmes y seguras antes de detenerse para empujar su lengua en mi interior una y otra vez. Esa era una sensación nueva y no pude detener los bajos y profundos sonidos que parecían venir desde lo más profundo de mi pecho. Para mi pesar, me di cuenta de que estaba arqueándome más y más hacia su rostro. Intenté relajar mi cuerpo y volver a mi posición original, pero él me tomó de las caderas y me volvió a situar donde estaba.
Cuando se movió hacia mi clítoris, usando dos dedos para reemplazar el lugar donde había estado su lengua, sólo me tomó un minuto o dos empezar a temblar y estremecerme con la fuerza de mi primer orgasmo decente y no auto-inducido en un mes. Me desplomé en el suelo como una masa temblorosa e inútil mientras intentaba recuperar el aliento.
Después de un momento Edward se movió para recostarse junto a mí, y fue entonces cuando me di cuenta de que él había acabado de desnudarse y que su erección me rozaba la pierna. Él deslizó sus largos y peligrosos dedos cuidadosamente sobre mi piel súper sensitiva.
"¿Quieres arrojarme a la calle?" Preguntó en una voz profunda y más áspera de lo habitual.
"Tal vez luego," suspiré, cerrando los ojos. "En este momento estoy muy cansada. Tomaré una pequeña siesta."
Escuché un profundo gruñido justo antes de que sus manos se enredaran en mi cintura, levantándome y guiándome hasta quedar a horcajadas sobre él.
"Tendremos que trabajar en tu resistencia, Sugar, porque apenas acabo de empezar." Sus intensas palabras sonaron como un ronroneo que escondía una amenaza y una promesa.
"Parece que estás buscando algo," reflexioné juguetonamente. "Pero ¿qué será? Oh, si solo me lo dijeras…"
"Quiero estar dentro de ti," dijo en voz alta, mirándome directamente a los ojos. Sus manos se apretaron en mis caderas y me vi a mí misma más excitada por la evidencia de su deseo y necesidad de mi cuerpo. "Por favor, necesito estar dentro de ti ahora."
"¿Cuál es la palabra mágica?" Pregunté sin aliento mientras me posicionaba sobre su tirante erección.
"Ya dije por favor, bebé," suplicó Edward, cerrando los ojos fuertemente con frustración.
"No es por favor," jadeé mientras me deslizaba sobre él. "Llámame Sugar otra vez."
Sus ojos se abrieron de golpe con sorpresa, y luego sonrió de oreja a oreja antes de soltar un jadeo y apretar sus dedos con más fuerza en mis caderas. Me había deslizado hacia abajo hasta que él estuvo completamente dentro de mí y ambos nos quedamos quietos por un momento, ajustándonos a la sensación de estar unidos de esta forma otra vez.
"Oh, Shhhh…ugar, ¡se siente increíble!" Gruñó Edward, comenzando a moverse suavemente debajo de mí mientras yo intentaba respirar.
Un montón de pensamientos muy sucios corrían por mi mente, pero entre la sensación de Edward moviéndose dentro de mí y mi inhibición natural, no me pude forzar a mí misma a ponerlos en palabras. Y aún así estaba siendo… vocal, más de lo que alguna vez había sido.
Por primera una vez en mi vida, dejé de pensar en todo lo demás y me concentré en el momento. Lo único que importaba ahora era tomar lo que necesitaba de Edward y darle a él lo que necesitara de mí.
"Eres hermosa, Bella," murmuró, mirándome intensamente mientras me movía sobre él. No supe qué responder a eso, pero me obligué a no apartar la mirada de sus hermosos ojos verdes oscurecidos por la pasión.
Por mucho que me gustara estar arriba, sabía por experiencia que dejar a Edward tomar el control era mi mejor opción. Me moví y él rodó conmigo. Cuando estuve tumbada en mi espalda y él estuvo sobre mí, levantó una mano y alejó el cabello de mis ojos, deslizando los dedos por mi mejilla y mi cuello. Presionó la palma sobre mi corazón justo como yo había hecho antes con él.
"Tu corazón está latiendo como loco, Sugar."
Rodé los ojos y le sonreí, mordiéndome el labio inferior por pura costumbre. Y porque sabía que él amaba eso. "Sí, Edward, tú haces que mi corazón se acelere. Tú me haces…"
"¿Qué? ¿Yo te hago qué?"
"Me excitas. Me vuelvas loca, Edward ¿está bien?" Le siseé, frustrada y al mismo tiempo excitada por su insistencia en hacerme decir lo que sentía.
Su respuesta fue esa maliciosa sonrisa torcida capaz de derretir mi cerebro, pero no me preocupé, no necesitaba mis neuronas para lo que estaba haciendo. Enredé una pierna alrededor de su cadera y lo empujé más cerca. Él lo tomó como un reto. Dios, ¡lo que puede hacer este hombre cuando está bien motivado!
Un rato después estaba recostada en sus brazos, tan sudada y necesitada de una ducha como lo había estado al llegar del trabajo. Cuando disminuyeron los pequeños y agradables restos de mi tercer orgasmo, también se evaporó mi habilidad y voluntad de vivir el momento.
Edward parecía estar quedándose dormido, así que aproveché mi oportunidad y me alejé de su abrazo. Necesitaba volver a la ducha y tomarme un momento para pensar en lo que estaba haciendo y en lo que iba a suceder de ahora en adelante.
"¿Todo el tiempo va a ser así?" La repentina pregunta de Edward me tomó por sorpresa.
Ya me había puesto de pie y estaba a pocos pasos de la puerta de mi habitación. "¡Oh! Pensé que estabas dormido."
"Esperabas que estuviera dormido," corrigió. "Por favor Sugar, ven aquí."
Me acerqué de nuevo hacia él, ahora dolorosamente consciente de mi desnudez. Por qué estaba tan cohibida en ese momento, no podría haberlo explicado, pero lo cierto es que lo estaba. Me senté junto a él lo más modestamente posible, aunque cada célula de mi cuerpo parecía gritar que lo mejor era escapar hacia el baño y echar la llave.
"Es la segunda vez que intentas escapar inmediatamente después del sexo. ¿Todo el tiempo va a ser así?"
"¿Estás asumiendo que habrá otra vez?" Pregunté juguetonamente, tratando de desviar el rumbo de la conversación.
"Oh cariño, te garantizo que sí. Pero me rompe el corazón cada vez que desapareces después del orgasmo."
Oh Dios. ¿Dije que me gustaba que fuera tan directo?
"Yo… Dios, Edward; sólo iba a tomar una ducha. No quise despertarte."
"No juegues conmigo, Bella. Hiciste lo mismo aquella noche en la bahía. Tus ojos perdieron vida y fue como si ya te hubieras alejado espiritualmente de mí. Me estás confundiendo," me acusó sin maldad.
No sabía qué decir sin sonar ridículamente infantil. Quería ser la mujer inhibida y sexualmente aventurera en la que me convertía cuando él me tocaba, me incitaba o estimulaba. Pero esa no era la verdadera yo. Yo nunca había sido así. Yo era práctica y lista y responsable.
Y tener sexo con Edward Cullen cada vez que se me presentara la oportunidad no era ni práctico, ni sabio ni responsable. Sólo me traería más dolor después.
"Bueno Sugar, no voy a presionarte. Pero quiero que sepas que sigo firme en lo que te dije antes: yo no me estoy tomando esto a la ligera. Te entiendo y la verdad es que yo tampoco sé qué hacer con esto, pero ten en cuenta que rara vez vuelo 2,000 millas sólo por un revolcón."
En ese momento rodé los ojos, pero debo admitir que sus palabras calmaron un poco el pánico que estaba comenzando a oprimirme el pecho.
"Vamos a buscar algo para comer," sugerí. "Necesitamos hacer algo que pueda contarle a Alice cuando pregunte, porque créeme, preguntará."
Mi plan era llevarlo a un restaurante tailandés, uno de mis favoritos, y luego llevarlo a caminar un poco por la feria Pike's Market. Pero estuvimos hablando por tanto tiempo mientras almorzábamos que al final tuvimos que volver a mi apartamento con el tiempo justo para que yo me cambiara y volviera al trabajo.
Antes de irme al Beck's, llamé a Alice sólo para asegurarme de que no se olvidaran de Edward. Alice contestó el teléfono riéndose ligeramente sin aliento.
"¿Qué estás haciendo?" Pregunté de manera automática, pero luego lo pensé mejor. "¡No! ¡No me contestes!"
"No seas tonta Bella, sólo estamos pintando."
Oí la risa de Jasper cerca del teléfono.
"¿Pintando? ¿Qué…? ¿Sabes qué? No importa. ¿Van a recoger a Edward para cenar o algo? Tengo que ir a trabajar y no quiero dejarlo aquí solo."
"Seguro, sólo tenemos que ducharnos," dijo antes de empezar a reírse de nuevo. "Tú sabes, por la pintura. Pero estaremos por ahí en más o menos una hora."
Le pasé el mensaje a Edward y él accedió sin dudarlo.
"No te preocupes, estaré bien aquí. Es probable que duerma un poco hasta que ellos lleguen. ¿Cenaremos en tu restaurante?" Preguntó.
"Um, no. Probablemente no. La verdad es que prefiero mantener separado el trabajo de mi vida real," murmuré.
"¿Y eso por qué?" Edward frunció el ceño. "Tus compañeros parecían bastante familiarizados con Alice."
"Oh, bueno, sí… Alice. Pero esto es distinto… bueno, las cocinas de los restaurantes tienden a ser dominio de hombres, algunos de los chicos tuvieron problemas para acostumbrarse a tener una mujer como superior. Me tomó un tiempo ganarme mi posición de autoridad, y creo que cuanto menos sepan ellos de mi vida personal será más fácil para mí, prefiero que sigan viéndome como la tirana que les arrancará las tripas si cometen un error." Por supuesto, estaba bromeando… hasta cierto punto. La verdad es que no lo pensé dos veces cuando tuve que amenazar a alguien para que no se metiera conmigo; de hecho, hice despedir a un par de tipos que simplemente no aceptaron mi autoridad.
Edward lazó una carcajada. "He visto cómo interactúan contigo. Odio tener que decirte esto, pero aunque ellos te respeten, tú pareces mandar ahí por la gracia de la libido masculina."
"¿Qué quieres decir?" Ahora sí que estaba ofendida, aunque Edward no pareció darse cuenta.
"Es obvio que al menos algunos de ellos tienen algo contigo. Ese mocoso de pelo grasiento atado en una coleta y ese pobre chico al que amenazaste hoy, por ejemplo." Contestó, encogiéndose de hombros y aún sonriendo, como si no fuera gran cosa.
Con un rápido vistazo a mi reloj decidí que no tenía tiempo para decir todo lo que me hubiera gustado decirle, pero no podía dejarlo así.
"Edward, tengo que irme, pero deberías saber que me enoja muchísimo cuando la gente asume que uso mis 'encantos femeninos' para imponer autoridad en el restaurante. Trabajo incansablemente y espero lo mismo de quienes trabajan conmigo. Ven al restaurante y pregunta cómo son las cosas si no me crees. Te garantizo que todos te dirán que trabajan duro para mí porque saben que soy jodidamente buena en lo que hago y gracias a mis esfuerzos ellos son capaces de mejorar también." El calor que sentía en el rostro parecía coincidir con el fuego que sentía por dentro, pero me mantuve firme en mis palabras.
"No era mi intención ofenderte, cariño," Edward pareció genuinamente arrepentido. "Hablé sin pensar. Supongo que simplemente no me gustó la forma en que te tocaba ese chico esta tarde."
"¿James? James es inofensivo. No hay nada de qué preocuparse."
Edward no dijo nada, pero la mirada en su rostro era de terquedad y escepticismo.
"Tengo que irme," repetí. "Dile a Alice que llamaré cuando termine para encontrarme con ustedes."
"¡Hey! Lo siento, de verdad. Que tengas una buena noche," dijo Edward con dulzura. Se puso de pie y se acercó a la puerta para darme un beso de despedida. Su beso casi me hizo olvidar que estaba enojada con él.
***
Ya estaba nerviosa cuando llegué al trabajo, y los nervios nunca son buenos para empezar con el servicio de cena. No podía dejar de pensar en Edward, desde todos los ángulos. Quiero decir, el sexo, la relajada conversación que tuvimos mientras almorzábamos, el momento… desagradable que tuvimos justo antes de que me fuera. Me temía que acababa de descubrir el primer defecto de Edward. O tal vez los primeros dos defectos. Era un poco machista y definitivamente era un tipo celoso.
"¿Cómo estuvo la tarde, Chef?" James apareció de pronto detrás de mí. Su boca estaba demasiado cerca de mi oído y su voz me resultó inapropiadamente sugestiva.
Estaba confundida y sorprendida. Había creído que Edward estaba siendo un poco ridículo con todo el asunto de James. Habría jurado que estaba siendo ridículo… hasta ese momento. Pero ahora podía notar un cambio notable en la actitud de James y la verdad es que no tenía ni idea de dónde había venido.
James era uno de los mejores cocineros de Beck's, pero últimamente había estado ofreciéndose voluntariamente para trabajar en la preparación, lo que nos obligaba a pasar un montón de tiempo juntos. Parecía ser un galán por naturaleza, pero nunca me había dado razones para creer que sus flirteos significaran algo de verdad.
"Estuvo bien, James, gracias," repliqué brevemente. "¿Cómo estuvo la tuya?"
"Oh… sin incidentes," replicó sugestivamente con una risita burlona. Se alejó para chequear una última vez su puesto, pero cuando me miró por encima de su hombro pude ver que detrás de la sonrisa furtiva había algo de enojo.
Sacudí ese pensamiento de mi cabeza, y de paso también a Edward. Realmente me gustaban las noches en que el Chef Tyler estaba fuera del pueblo y yo quedaba a cargo de la cocina. Era como tener una probadita de lo que se sentiría tener mi propio restaurante.
Era hora de trabajar, de poner manos a la obra. Todo lo demás tendría que esperar hasta que los clientes estuvieran con la panza llena y el corazón contento.
***
Fue una jornada larga, pero afortunadamente, una de las ventajas de mi posición es la posibilidad de salir en cuanto acabara el servicio de cena y dejar que el mánager general supervisara que el resto del equipo limpiara la cocina y dejara todo listo para el día siguiente. Aunque, por otro lado, la mayoría de ellos estarían profundamente dormidos a las cinco de la mañana, la hora en que yo me levantaba para ir al mercado de productos frescos y recibir a los camiones de reparto.
Fui a casa a ducharme y cambiarme por tercera vez en el día y llamé al celular de Alice a las once, esperando oír música alta y ruido de gente a su alrededor.
"Hola Al. ¿Dónde están?" Pregunté. Podía oír la estruendosa voz de Emmett y la suave pero profunda risa de Jasper; y en seguida supe que no estaban en un club como pensé.
"Decidimos quedarnos aquí en el apartamento," explicó Alice. "Hemos estado jugando a las cartas y ordenamos pizza, pero ya no queda ni una porción." Estaba usando esa voz triste y apenada a propósito, supe en seguida que lo que intentaba hacer era engañarme para que les llevara comida del restaurante.
"Ya tengo algunas cosas embolsadas, así que deja el teatro. Estaré por ahí en más o menos quince minutos."
Cuando entré al apartamento de Alice y Rosalie, inmediatamente fui acosada por Emmett y Edward. Emmett me arrebató la bolsa de las manos y Edward me tomó entre sus brazos, levantándome y balanceándome alrededor como un tonto.
"¡Te extrañé, Sugar!" Exclamó en voz muy alta.
"Estás borracho," señalé con los ojos entrecerrados.
"Nah. Yo estoy perfecto. Ellos están borrachos," replicó gesticulando hacia la mesa, donde Jasper estaba tirado en una silla con Alice encima. Si hubieran estado desnudos, hubiéramos visto una película porno en vivo.
Rosalie estaba sentada junto a ellos, con los brazos cruzados en el pecho y una sonrisa maliciosa en los labios. Ese era el indicador de borrachez de Rose. Eso y el hecho de que no estaba intentando alejar a Jasper y Alice lejos de su territorio a codazos. Rose era generalmente una borracha feliz e inofensiva.
En la cocina, Emmett estaba rompiendo las bolsas y cajas de los restos que había traído del restaurante como un tejón rabioso. Tuve un flashback a la vida universitaria.
"Chicos, es bueno que hayan hecho todo este viaje a Seattle. No pueden sentarse a emborracharse en cualquier otra parte," comenté.
Alice me enseñó el dedo medio sin siquiera romper el contacto de labios con Jasper.
"Tu chico es gracioso cuando se toma unos tragos de más," me dijo Rosalie.
"Y tu chica es una tramposa," informó Edward. Me había bajado, pero estaba caminando detrás de mí con sus brazos enroscados en mi cintura y la cabeza hundida en mi hombro. "Hueles increíble."
"Amigo, eso es la comida," nos interrumpió Emmett con la boca llena. "Trae tu trasero aquí y prueba esta mierda."
"¿Qué te dije acerca de decirle mierda a mi comida?" Demandé.
"Sabes que amo tu comida," contestó. Y era cierto. Emmett era el que me pedía constantemente que cocinara para él cuando éramos adolescentes, incluso ofreciéndose a lavar los platos si yo cocinaba. Tuvimos períodos de peleas entre hermanos en los que la comida era el único tema del que podíamos hablar como dos personas civilizadas. Fue él quien me animó a asistir a la escuela de cocina y era él quien a menudo hablaba de convertirse en mi inversor cuando yo estuviera lista para tener mi propio restaurante.
Edward y Rosalie se unieron a Emmett en la cocina y los tres se pusieron a hurgar entre las bolsas como si hubieran estado tres días en ayuno. Eventualmente Alice y Jasper se separaron para respirar y se acercaron también, temiendo quedarse sin nada si no reclamaban lo que les correspondía.
Yo no tenía hambre. Había probado todo a lo largo de la noche mientras trabajaba, así que me senté y miré mientras ellos se llenaban de comida.
Hice un gesto a la nueva pintura abstracta, enorme y vibrante, que habían colgado en la pared detrás del sofá y que había notado apenas entrar.
"¡Wow! Ese cuadro está genial. ¿Dónde lo compraron?" Pregunté a Alice y Rosalie.
Rose resopló fuertemente y rodó los ojos mientras Alice se reía entre dientes.
"No lo compramos. Jasper y yo lo hicimos esta tarde."
"¡Oh, esa es la pintura de la que estabas hablando!" Dije, acercándome para verla mejor. Era una pintura realmente rara, con salpicaduras de color que empezaban en varios lugares y se mezclaban entre ellas, hasta terminar en un mismo punto donde se veía un… oh. Dios. Mío.
"¿Es eso la impresión de un trasero?" Pregunté, señalando un punto en el lienzo.
Alice comenzó a reírse más fuerte. "Quizá," replicó, acercándose para inspeccionarlo mejor. "Sip. Creo que es el mío."
"¡Mary Alice Brandon! ¿Qué hiciste?" Exclamé. Esto era raro, incluso para ella.
"Um, ¿me cubrí en pintura e hice el amor con mi novio sobre un lienzo?" Preguntó a modo de broma. Ni siquiera estaba un poquito avergonzada de decirlo.
No por primera vez, envidié a Alice por su seguridad con respecto a su sexualidad y particularmente por su relación con Jasper. Pero aún así… ¿sexo pintando?
"No creo que pueda estar mucho tiempo en este apartamento con esa cosa mirándome a la cara," le dije, mirando el cuadro con los ojos entrecerrados.
"No te preocupes, yo ya le avisé que tendrá que quitarlo de ahí y moverlo a su habitación para mañana," me aseguró Rose. "Si miras bien de cerca, podrás ver otras… impresiones en la pintura que son de muy mal gusto para poner en un comedor."
Involuntariamente dirigí mi mirada a Jasper, que estaba sentado en la mesa del comedor hablando con Edward. Aunque aparentemente supo de qué estábamos hablando, porque me devolvió la mirada con una amplia sonrisa. Me juré a mí misma que nunca volvería a mirar de cerca esa pintura.
Emmett arrojó su brazo sobre mis hombros y me alejó del lienzo.
"Es mejor que no la mires por mucho tiempo," me aseguró. "Así que… tu novio es bastante simpático, creo."
"No es mi…" empecé, pero luego sentí la mirada de Edward a través de la habitación. Sus ojos estaban fijos en mí y su rostro se iluminó cuando le devolví la mirada. "Sí. Supongo que lo es."
Por favor, POR FAVOR pasen por mi perfil. Es muy importante para mí que lo hagan.
A todas mis lectoras y amigas chilenas, les doy un abrazo muy, muy fuerte. Lamento muchísimo la situación por la que están pasando, y espero que todas estén a salvo, al igual que sus familiares y seres queridos.
