Capitulo beteado por Pulpi Mortensen, Beta EFF.

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Los personajes de esta historia pertenecen a S.M. la trama es mía. Por favor NO copiar historia bajo ningún medio.


A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

Oscar Wilde

AeS

¿CAMBIOS?

POV EDWARD

Después de un fin de semana fuera de mi rutinaria vida, al fin he regresado.

Fui a mi casa a vestirme para una jornada más de trabajo en la empresa.
Los niños ya se habían ido con Tanya a la escuela. No sabía si alegrarme del hecho de que Tanya cumpliera con mis hijos o asustarme. Dejé eso para luego.

Este día me sentía un poco diferente... No como antes; estrenado de saber que vuelvo a mi patética vida. No. Ahora me siento ansioso, nervioso y hasta impaciente. Y todas estas emociones tienen un solo detonante con nombre y apellido: Isabella Swan.

Toda la semana me la pasé pensando en ella. He sido bastante egoísta, ya que casi no pensaba en mis mosqueteros como lo hacía en Bella. Pero simplemente no podía evitarlo.

—Al fin. Nuevamente a la rutina. —Suspiró mi padre entrando detrás de mí a mi oficina.

Se me hizo bastante extraño no ver a mi razón de ansiedad en donde se suponía debía estar. Seguro andaba en el baño. Además es algo temprano aún. ¿Se le habrá hecho tarde? ¿Le habrá pasado algo?
Basta, Cullen... Seguro no le pasó nada. Pero entonces. ¿En dónde está?

—¿Edward? ¡Edward! —Miré a mi padre, quien pasaba su mano agitándola frente a mi rostro.

—¿Decías? —pregunté despejando mi mente.

—¿Se puede saber en qué o más bien en quién estás pensando? —me preguntó con una sonrisa divertida en su rostro.

—En... nada —mentí. ¿Tanto se me notaba?

—Ajá. Como digas... —dijo sonriendo divertido—. No he visto a Isabella por ningún lado. Es extraño... —comentó frunciendo el ceño.

—Sí. Muy extraño —concordé aún sabiendo que me estaba molestando.

Revisé unos documentos pendientes junto con mi padre mientras esperaba a Isabella. Se me hacía muy extraño que no estuviese en la oficina. Mi padre fue por unos documentos a su oficina pero allí tampoco se encontraba ella. Sentía que algo estaba pasando o que estaba por pasar, pero no entendía el qué. Seguro estoy quedando paranoico.

Después de casi media hora, mi padre y yo nos detuvimos de nuestra tarea para ver quién entraba sin tocar a la oficina. Al ver la puerta abrirse, poco a poco divisé la espalda de una mujer. Fruncí el ceño. Tenía un buen trasero. Un pantalón de tela negro remarcaba muy bien su figura. Unos zapatos bastante altos de tacón. Y una camisa azul marino casi transparente y de manga larga donde la parte de abajo iba dentro del ajustado pantalón. Poco a poco la mujer fue girándose y ahora entendía por qué daba la espalda.

Con dificultad trataba de abrir la puerta ya que cargaba una caja, al parecer pesada, que le dificultaba utilizar sus manos.
Miré su rostro para identificar a la mujer tan hermosa y atareada.
Traía puesto unos lentes de cristal muy finos y pequeños, su ceño fruncido y su rostro pálido con leve maquillaje demostraba concentración y un poco de frustración. Fruncí el ceño tratando de ubicar su rostro en mi mente.
Esperen un segundo...

—¿¡Bella!? —Creí que lo había pensado pero las palabras salieron de mis labios al verla más detenidamente.

La mujer levantó la mirada al frente soltando un leve gemido y la caja en sus manos por el susto, lo que provocó un fuerte ruido al chocar con el suelo. Sus ojos viajaron de mi padre a mí con mucho asombro.
Sus mejillas estaban adornadas con ese hermoso color con el que soñaba ver cada noche, cada día.

La escaneé de cuerpo entero; su pantalón de tela ajustado de la cadera a los muslos y de abajo sólo un poco desahogado dejando al descubierto su escultural figura. Su camisa manga larga casi transparente de botones y con cuello donde se mostraba la línea de sus pechos y su sostén enmarcando sus perfectos y redondos pechos.

—Buenos días, señores —saludó sacándome de mi escrutinio sobre ella.

—Buenos días, Isabella. ¿Qué tal el fin de semana? —preguntó mi padre regalándole una gentil sonrisa y acercándose a ella para ayudarle con la caja que intentaba levantar.

—Yo. Amm. Sí, más o menos —tartamudeaba intentando sonreír.

—¿Intentando aún adaptarte? —cuestionó juguetón.

—No exactamente —le contestó cambiando su expresión a una muy sería.

Algo estaba ocurriendo. Estaba seguro de ello por su expresión.

—¿Pasa algo? —pregunté y ella me miró rápidamente. Estaba por responder cuando mi padre volvió a hablar.

—¿Te has hecho algo, Isabella? Te noto algo diferente. ¿Será tu rostro? Tienes cómo otro semblante.

Ella se sonrojó al darse cuenta de lo que mi padre le decía realmente.

—Sólo un cambio de look —contestó encogiendo los hombros como restándole importancia. Mi padre río suavemente y ella le devolvió la sonrisa.

—¿Isabella? —le hablé impaciente para que me prestara atención.

—Edward, acabamos de llegar. Dale un poco de respiro, hijo —me reprendió mi padre.

—No, señor —habló Isabella dirigiéndose a mi padre—. Cuanto antes mejor.

Mi padre me dio una mirada de total confusión y yo lo miré un segundo frunciendo el ceño para volver mi mirada a Bella.

—Explícate.

—Señores. Me alegra que hayan vuelto. ¿Cómo les ha resultado el fin de semana? —dijo desviando el tema.

—Un poco agobiante. Todas las reuniones, conferencias y festejos de reconocimiento terminan siempre con nuestras pocas fuerzas. Aún así, estamos dispuestos a otra ronda —bromeó mi padre y yo estaba impaciente y preocupado. ¿Cómo puede bromear ahora? Resoplé y ambos me miraron.

—Me alegro de escuchar eso, señor. Porque ahora comienza la otra ronda. —Ahora sí estaba convencido de que algo pasaba—. En este fin de semana han habido una serie de acontecimientos nada gratos para la empresa. Me adelantaré y me gustaría muchísimo que mis suposiciones sean las correctas.

—¿Te explicas? En verdad que no comprendo. ¿Se trata del balance? ¿Dónde está? Lo has perdido o...

—Señor… —Hice una mueca, se suponía que ella debía dejar de decirme así. En fin.

Ella suspiró, se quitó sus, ahora, pequeños lentes y nos observó a mi padre y a mi preparándose para hablar.

—Señores. El día en que se fueron me enteré de ciertas obligaciones a las que EDICIONES CV no ha prestado la atención requerida. Por cierto... aquí está el balance.

Abrió la caja que ahora estaba en el escritorio y me tendió un folder que sacó de allí.

—Me atreví a rehacer el balance. En el anterior había muchos errores. Nada concordaba con lo que realmente tiene que esperarse en el mismo.

—¿Hiciste otro balance? ¿Y el anterior?

Me extendió otro folder que sacó de la misma caja.

—Éste es el que usted me dejó. Señor, no quiero que me mal interprete pero le aconsejaría que revisara el que yo hice. Y será mejor que presenten ese en la junta y no el que me dejó.

—Pero Bella, aunque presentemos el que hiciste no tenemos idea de lo que has hecho y no podremos...

—Edward, —cerré mi boca al escucharla hablar tan dulcemente— tu balance y el de tu padre son los originales y allí está más detallada cada cuenta, tanto las financieras como las que se hacen aquí. Hay muchas bajas no sólo en los bancos.

—¿En los bancos? —Bella miró a mi padre con pena y asintió levemente con la cabeza dando un ligero suspiro.

—Mejor vemos todo esto luego y les explicó lo que haga falta.

—Bella sólo en unas cuantas horas tenemos que presentar esto —dije levantando el informe de mis manos—. No podemos posponerlo.

—Tendrán que hacerlo... al menos en unas horas más tarde de lo que se debe.

—Pero, ¿por qué?

—Porque ahora hay algo más serio que deben solucionar.

—¿Más serio que revisar el balance?

Nada se me ocurría que pudiese ser más serio que revisar lo que sólo a unas horas debemos presentar en la junta frente a todo el personal administrativo de la empresa.
Bella asintió con la cabeza y nos miró a mi padre y a mí con determinación.

—¿Qué es más serio, hija? —le preguntó dulcemente mi padre.

—Como les estaba comentando anteriormente... Me enteré de que a los empleados, tanto del personal administrativo como los de aseo, no se les ha pagado lo correspondiente, de hecho no se les ha pagado nada en meses.

—¿Qué? —preguntamos mi padre y yo a la vez. Nos miramos confundidos y volvimos la mirada a Bella—. Eso es imposible.

—Nada lo es. Esto mucho menos. El siguiente día luego de haberse ido ustedes, todos los empleados organizaron una protesta fuera de las instalaciones de EDICIONES CV. Logré tranquilizarlos antes de que la prensa se apareciera. Ahora que han vuelto, ellos se dieron cuenta y volvieron a unirse. Les pedí que no hicieran escándalo pero ellos trabajan para que se les pague y sólo reclaman lo que les pertenece. Están reunidos en un salón donde los envié para que no llamaran la atención a la prensa y la empresa pasara de ese problema, ya que si esto llega a los medios los bancos se apresuraran a embargar EDICIONES CV.

—¿Embargar? Esto es muy serio, Isabella. ¿Por qué dices eso?

—Les explicaré todo luego. Ahora, por favor, ¿podrían acompañarme? Necesitan hablar con sus empleados y de alguna manera hacerles entender que se les dará lo que quieren, pero tengan en cuenta que las cosas no están nada bien para la empresa. Pídanles tiempo para organizarse. Díganles que ustedes no estaban al tanto de lo que ha ocurrido con respecto a sus necesidades.

Me quedé como estatua, de pie junto a mi padre sin dar crédito a toda la información que Isabella nos brindaba. Todo parece indicar que Isabella poco o nada durmió por ocuparse de todo referente a la empresa. Pobre.

Esta era mi vida, ella no tiene por qué pasar por nada de esto. Pero en vez de molestarle o estar, al menos, frustrada pareciera que le gustaba lo que era trabajar bajo presión y que todo lo tenía controlado. Sin duda era una gran mujer. Extraordinaria. La mujer perfecta. ¿Y por qué no decirlo? La mujer que tanto necesité, hablando laboralmente aunque podría ser en todas formas.

—Hijo —miré a mi padre que estaba con el ceño fruncido. Parecía desconcertado y a la vez afligido—, hay que darnos prisa.

Asentí y ambos miramos a Isabella que esperaba pacientemente a que asimiláramos todo. Con una media sonrisa asintió hacia nosotros y giró sobre sus pies dándonos la espalda. Llegó a la puerta y la abrió y con un gesto de mano nos invitó a salir de la oficina.

—Por favor —pedí al llegar a su lado. Ella me sonrió y asintió saliendo primero que nosotros.

Caminamos detrás de Isabella. No podía evitar ver su cuerpo que se movía con gracia, sensualidad y sin ningún indicio de miedo. Era sin duda una mujer elegante, sexy y provocativa aunque parece que ella no se diera cuenta y lo único que la impulsaba era una sola cosa: deber.

Entramos al elevador y luego de que apretara uno de los botones descendimos a nuestro destino.

Al salir no pase desapercibida las miradas de lujuria que le daban a Isabella y como se les quedaban viendo su bien marcado trasero y sus pechos. Me molestó muchísimo pero sonreí al ver que Isabella estaba ajena a esas miradas estúpidas y caminaba con elegancia mirando al frente hasta que se detuvo en una gran puerta.
Se giró hacia nosotros y nos brindó una sonrisa apenada. Fruncí el ceño sin comprender.

—¿Les parece sí hablo con ellos primero? Sólo para aligerar un poco el ambiente y darles un poco de tiempo para que vean y se preparen para cuándo sean ustedes los que se dirijan a ellos.

Ya veía. Ella quería que viésemos el ambiente para que no se nos dificulten más las cosas. Simplemente perfecta. Siempre pensando en todo.
Miré a mi padre y él se encogió de hombros, le imité y al ver a Isabella le sonreí en comprensión y asentí. Ella nos sonrió y luego de un suspiro se giró y abrió la puerta, nosotros la seguimos y al entrar me quedé petrificado.

¿Tenemos tantos empleados? Miré a mi padre quien escaneaba el salón tan sorprendido como yo. Todos se giraron y nos dedicaron una mirada molesta.

—Buenos días. —Giré mi rostro para enfocar esa suave voz que intentaba calmar el ambiente.

Todo el salón se llenó de murmullos y palabras un poco groseras. Se notaba que nos querían asesinar. Me acerqué a Isabella que estaba de pie frente a los presentes.

—¡SILENCIO! —Abrí mis ojos de par en par al escuchar el grito de frustración de mi secretaria que intentaba aplacar a todos—. Por favor, escuchen. ¿No es a eso a lo que han venido? A hablar y escuchar, nuestros jefes ya están aquí. Ésta es su oportunidad. No hay ninguna necesidad de su falta de educación en este momento. Hagan un esfuerzo por mostrar lo que desean sin dejar de ser "personas civilizadas".

Miré a mi padre quien sonreía por escuchar a Isabella hablar de esa manera y sin titubeos.

—Bien. Ya que se han calmado comenzaré por decir que mientras ustedes esperaban haciendo escándalo aquí abajo, los señores Cullen apenas y lograron sentarse en su oficina para ponerse al tanto de la empresa. En fin. Ya les he comunicado a nuestros jefes parte de los acontecimientos y han bajado conmigo para hacerles frente a ustedes y dejarles en claro lo que yo ya les había dicho. Antes de cederles la palabra quiero que tengan clara una cosa, ellos apenas se han dado cuenta de sus problemas cuando yo llegué para ponerlos al tanto. Por favor, escuchen antes de decir o pensar cosas que no son. Ellos les ayudarán y estoy segura solucionarán este asunto. Pero por lo que más quieran... escúchenlos.

Todo el salón quedó en un silencio fúnebre. Realmente me sentía un poco nervioso y sabía que mi padre estaba igual. Isabella nos dedicó una sonrisa tímida y con una inclinación de cabeza y en gesto silencioso nos indicó que era nuestro turno de hablar. Me llené de valor y me giré a los presentes, mi padre me imitó y con esto comenzó el caos.

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Suspiré por no sé cuántas veces ya. Llevábamos casi dos horas discutiendo las soluciones para que tanto nuestros empleados como nosotros obtengamos los beneficios convenientes.

Ellos tenían toda la razón en reclamar, ya que era su patrimonio y el de su familia lo que estaba de por medio, pero ahora nosotros no podíamos con tanto.

¿Cómo es posible que no se les haya pagado en días hasta meses? Esto es completamente inconcebible. Ni mi padre ni mucho menos yo estábamos al tanto de esto.

En ocasiones, Isabella intervenía diciendo cosas de las cuales tampoco estábamos enterados, pero no podíamos demostrar eso ya que haríamos quedar a Isabella como mentirosa y nosotros como malos jefes o mucho peor, unos incompetentes.

Si a ellos se les debe... ¿Cómo es que no se les puede pagar? El dinero tiene que estar sí no se les ha dado. Realmente estoy muy confundido.

Casi tres horas... ¡Tres horas! Pero al fin logramos llegar a un buen acuerdo. Sólo que no veo posible que en menos de un mes logremos lo acordado. En fin. Lo importante ahora es ponernos al día con todo lo que se nos ha estado yendo de las manos.

Mi padre estaba asustado al llegar a la oficina. Ambos nos sentamos a esperar a Isabella que se quedó para asegurarse de que lo empleados cumpliesen con lo acordado. Tienen que seguir trabajando y además se les dará una indemnización a cada uno como una disculpa por los inconvenientes que EDICIONES CV les ha ocasionado.

—No puedo creerlo.

Después de casi veinte minutos Isabella apareció y comenzó a ponernos al tanto de todo.

La empresa puede ser embargada por los bancos que la han estado avalando. ¿Quién demonios ha estado poniendo a la empresa en este agujero?

Si no se les paga a los empleados corremos el riesgo de que la prensa se entere y de paso los bancos, llevándonos a una situación nada favorecedora para el prestigio de la empresa. Y si no se les paga a los bancos, igual el prestigio de la empresa estará por el suelo y peor... nos embargaran. En todo su derecho, pero es nuestra empresa, nuestro trabajo, nuestra vida.

Al empleado que más se le debe es a uno al menos ocho meses. Y a los bancos una suma muy elevada de dinero. Si esto llega a los inversionistas estamos perdidos. Al parecer en vez de tener dinero en los bancos estamos nadando en deudas.

—¿Qué haremos? —preguntó mi padre a la nada. Se veía más afligido que antes. Yo estaba furioso.

—¿Cómo es posible todo esto? —fue mi turno de preguntar a la nada.

—Cálmense, por favor —nos pidió Isabella.

Bufé. Qué fácil decirlo, pero esta situación es demasiado. Ella no tenía la culpa, pero estaba molesto por estar envueltos en una situación que de ser por mi padre y por mí no estaríamos. Esto tiene que ser obra de ellos, los Vulturis. ¿Quiénes más si no ellos?

—Lamento mucho no haber cumplido con lo que les aseguré antes de que se fueran de viaje; les dije que me aseguraría de que todo estuviese en orden. Sé que esto es difícil pero deben conservar la calma. No todo está perdido. —La miré queriendo una explicación.

—Me he tomado la libertad de ir a cada banco que ayuda al financiamiento de EDICIONES CV para hablar con ellos y ponerlos al tanto de la situación de la empresa. Logré llegar a un buen acuerdo con ellos. Nos dieron un plazo fijo y logré que éste se alargará para así tener como primera prioridad el salario de los empleados y sacar un problema a la vez.
»Igual iremos solucionando cuánto podamos, pero el plazo alargado nos ayudará a estabilizar lo que se pueda en la empresa. También he hablado con algunos accionistas, proveedores y con algunos inversionistas. No les informé sobre la situación real de la empresa, pero sí logré que se tranquilizaran ya que escucharon sobre los empleados y se asustaron. Pero eso ya está bajo control.
»Nuestra prioridad por ahora es resolver la situación de los empleados sin dejar de lado la de los bancos. Seguirán las exportaciones, pero deben ser moderadas y bien administradas, en especial las importaciones o todo ira de mal en peor. Lo que se haga debe de ser lo más pronto que se pueda. Aligerar las cosas y estar al pendiente de las personas que tienen un cargo específico para saber quién es bueno o quién está fallando en sus respectivas labores y desplazarlos.
»Hagan lo que hagan no despidan a nadie, ya que no podrán liquidarlos como se debería. Mejor busquen otro puesto que ellos puedan ejercer, pero sin mostrarles que dudan de ellos y así evitar sumarle problemas a la empresa. Es mi sugerencia, pero si gustan hacer algo más... ustedes son los jefes.

Mi padre y yo estábamos literalmente con la quijada en el suelo.

Ahora estoy más que convencido de que Isabella estuvo más que ocupada este fin de semana. Jamás en la vida me hubiese podido imaginar que una mujer aparentemente frágil fuese tan... ¿fuerte? No sé si esa sea la palabra correcta. Tal vez sería perfecta. Probablemente esa será la correcta y por muy loco que parezca escucharla hablar de esa manera fue tan, tan malditamente excitante.

¿Será normal eso? No lo sé, pero creo que Isabella es una mujer superdotada. Lo tiene todo y yo lo quiero todo. Todo de ella.

—Hija —la voz de mi padre me sacó de mis pensamientos atrayéndome a la cruda realidad del momento. Isabella y yo lo miramos a la vez—, llama a todos los que deben estar en la junta e infórmales que se aplazará hasta nuevo aviso. Tenemos mucho que resolver ahora antes de mostrar la situación de la empresa.

Isabella se levantó asintiendo en dirección a mi padre y se encaminó a la salida a cumplir con lo solicitado. La oficina quedó en completo silencio. Mi padre metido en sus pensamientos y yo igual. Todo estaba mal. Muy mal.

—¿Qué haremos? —pregunté a mi padre luego de un momento.

—Buscar una solución y hacerle frente a todo esto —contestó pensativo agarrando uno de los folders del escritorio—. Veamos el balance y ya que Isabella hizo esto más fácil sólo nos queda lo que ella tiene y aferrarnos a eso o caeremos en este precipicio.
Por cierto... ella está...

—Diferente —terminé por él. Asintió sonriendo. Isabella volvió después de unos minutos.

—¿Papá? —le hablé tomando uno de los balances que trajo Isabella.

—¿Sí?

—Creo que cambiaron a mi secretaria —dije frunciendo el ceño.

Mi padre rió viendo a Isabella quién se estaba sonrojando. ¡Cómo extrañaba ver eso en ella!

—Lo he notado, hijo —dijo mi padre fingiendo pensar.

Isabella nos brindó una tímida sonrisa y luego nos dijo que había hablado con algunos de los accionistas, otros no contestaban pero sus secretarías les informarían.
Nos dispusimos a ver el balance con Isabella explicando cada detalle. Si antes pensaba que esta mujer era inteligente ahora pensaba que en vez de mujer era un robot. Eso explicaría todo de ella.

Un perfecto robot sexy.

Ya eran pasadas las 9:00 p.m. Íbamos en el elevador. Quise preguntarle por qué había cambiado su vestimenta, pero mejor me quedé callado. Ella podía vestirse como quiera.

—Vamos. Te llevaré —le dije a Isabella una vez llegamos y abriendo para ella la puerta de copiloto de mi auto.

Pasamos todo el día revisando el balance. Maldito balance, ya me tiene con un hueco en la cabeza. Pero al fin logramos terminarlo. Isabella se esmeró muchísimo y mostraba detalladamente las bajas y algunas posibles soluciones. Todo estaba más o menos bien. No teníamos idea de cómo íbamos a pagarle a los empleados ni a los bancos en tan poco tiempo sin que se haga un escándalo.
Isabella nos dio buenos consejos que obviamente los tomaremos en cuenta porque eso era lo mejor.

—Gracias Edward, pero no es necesario. En un rato vienen por mí —dijo sonriendo en agradecimiento y disculpa.

—¿Quién? —no pude evitar preguntar.

Ella se removió incómoda juntando sus manos hacia atrás. Fruncí el ceño.

—Mi... —Se quedó callada por unos momentos y luego suspiró cerrando los ojos para luego abrirlos y mirarme fijamente— Mi novio.

¿QUÉ? ¿Su qué? ¿Estaré escuchando bien?

—Tu... ¿Qué? —Las palabras no me salieron tan bien. Estaba molesto. Sé que no tendría porque, pero ella... No. Ella... Eso no puede ser cierto.

—Mi novio —volvió a decir. La vi tragar saliva fuertemente.

Escuché como un auto se detenía cerca de nosotros, pero no le presté atención. Lo que ella me decía era imposible. No. ¡Que esto sea una broma por favor!
Isabella me veía con nerviosismo. No sé qué mostraba mi rostro, pero seguro nada bueno, ya que el color en su rostro iba desapareciendo.

—Buenas noches —saludó alguien a mi espalda. No le presté atención. Estaba como estatua y las manos comenzaban a dolerme por tenerlas fuertemente cerradas en puño—. Hola, Edward. —Me giré respirando profundamente para calmarme y ver quién me hablaba.

—¿Emmett? ¿Qué haces aquí? —le pregunté frunciendo el ceño. ¿Qué hacía él aquí y a estas horas?

—Vine por mi chica —contestó sonriendo y caminando alejándose de mí. Me giré despacio sin comprender. ¿Mi chica?

—¡Hola, linda! —saludó y juro que reventaría.

Mi quijada se fue al suelo y creo que estaba enterrando mis uñas en mis manos de tan fuerte que las apretaba. La escena ante mí me hizo hervir la sangre. Emmett se acercó a Isabella y la besó. ¡LA BESÓ!

Jodido estúpido.

—Edward, ¿estás bien?

¿Que sí estoy bien? ¿Qué clase de pregunta estúpida es esa? ¿Cómo carajos voy a estar bien ante tan escena? ¿Cómo demonios pasó esto?

¿Isabella y Emmett? ¿En qué jodido momento?


HOLA.

Otro nuevo capítulo por aquí. Espero les guste y poder avanzar con la historia. Ya tengo varios capítulos pero aún no están veteados. Trataré de subir tan pronto como me sea posible. Gracias por seguir la historia. Saludo,

Atte:

Eliza´C