Lazos de Odio 2: El Reencuentro


Personajes Katekyo Hitman Reborn © Akira Amano


¡Ciao a todos!

Oh, Dio te benedica!

¡Calmaos, chicos y chicas! Puedo decirles que mejor lean el capítulo jejeje bueno es hora del teatro. Y, bueno gracias por sus locos comentarios en los reviews

JA! Y eso que no me esperaba esas cosas de locura por cierto aún estoy terminando los otros capítulos de las otras historias y bueno esto es cuestión de tiempo solo faltan tres capítulos XD

Capítulo 10: una decision, Remanso de dolor.


Una mano cayó sobre su hombro y la agito hasta despertarla. Haru fijo como pudo la vista borrosa en la foto del álbum que mantenía a pocos centímetros de su rostro.

– ¿Quién es este? –inquirió Tsuna señalando con el dedo a un hombre que estaba de pie entre ella y un Giotto de tres años. Haru hizo esfuerzos por con centrarse.

–Ese era Ryohei…

– ¿Cómo? ¿Y este tipo? –dijo Tsuna pasando la página. Haru poso la mirada vacilante en otro rostro masculino.

–Long champ naito…creo.

Volvió otra página. Haru dio un enorme bostezo mientras echaba una ojeada del atractivo hombre de cabello despeinado y extravagante de color verdoso.

–No me acuerdo...

– ¿No te acuerdas? ¡NO Me sorprende! –La censuro Tsunayoshi haciéndole dar un brinco–. Giotto me dio seis álbumes y todos están llenos de desconocidos y amigos. Podrías montar una agencia de contactos internacional con el contingente masculino de tus fotografías. Hasta Yamamoto aparece en ellas.

Haru lo miro con enormes ojos soñolientos llenos de incomprensión.

–Giotto me dijo que no salías con hombres, que apenas salías de casa...en tu tiempo libre–prosiguió Tsuna. Haru abrió más los ojos. Se sorprendió de que su hijo hubiera dicho aquella patraña. Siempre había disfrutado de una buena vida social, después de todo era su trabajo.

–.Sospeché que exageraba un poco, pero no tenía ni idea de lo que estaba encubriendo. Dio… ¡Has estado acostándote con hombres desde que nos divorciamos!

La puerta se cerró de golpe y Tsuna desapareció tras ella dejando a Haru boquiabierta. ¿Acostándose con otros? ¿De verdad estaba loco? La intimidad ocasional no era para ella, y aunque la compañía masculina nunca le falto durante años, pero nunca se había vuelto a enamorar. Ni lo había deseado. Rosabella siempre decía que tenía pánico a comprometerse que rozaba casi en paranoia, pero nadie la había lastimado en quince años, sus barreras y sus amigos eran su muralla ante las saetas de vil maldad contra ella y Haru estaba orgullosa de ese récord.

Haru cambio de postura relajadamente.

La cama era muy confortable. Separo sus suaves pestañas y se quedó helada. Desapareció toda su languidez y se incorporó como un resorte contemplando horrorizada aquel lugar tan espeluznantemente familiar que era aquella espaciosa habitación. Salto de la cama y abrió las cortinas con manos impacientes para quedarse absorta viendo los jardines que se extendía ante ella. Parterres de forma cuadrada y adornados con tallas y fuentes y enormes vasijas de piedra con flores se perdían hasta los límites de un magnifico bosque de encinas. Más allá del bosque, se extendía el verdor de las colinas sicilianas.

El castillo Vongola, la imponente muestra de poder de la familia más antigua del pequeño poblado. Incomoda y con indignación se sintió mareada, temblando de ira… ¿Cómo se atrevía Tsuna a traerla a este lugar? ¿Cómo podía ser tan insensible como para no darse cuenta de que aquel era el último lugar que querría volver a visitar?

Estaba bajo la ducha del cuarto de baño de la habitación cuando se dio cuenta de que hacia quince años había sido su habitación. No deseaba volver a caer bajo el atractivo de Tsuna, pero, ya lo había hecho antes ¿No? ¿Por qué no dar un esfuerzo a este matrimonio?

Haru cerró el grifo de la ducha y se secó con una toalla. Luego, dejando la toalla a un lado, volvió a entrar en el dormitorio. Iba de camino al vestidor, donde esperaba ver algo de ropa, cuando un suave golpe en la puerta freno en seco.

¡Estaba completamente desnuda! Cuando la perilla de la puerta empezó a girar, con un gemido ahogado se escondió debajo de la cama. El ruido de vajilla rompió el silencio y Haru espero ver los pies con zapatos negros de alguna doncella, pero en su lugar vio los pies masculinos e inconfundibles de Tsuna.

Desnudos, bronceados y bien formados.

– ¿Haru?

Contuvo la respiración y se ruborizo. A otras personas no les ocurrían aquellas cosas, ¿por qué siempre le pasaban a ella? Tsuna miró en el cuarto de baño, en el vestidor y murmuró algo en italiano. Pero Haru no pudo aguantar la tensión por más tiempo y se aclaró la garganta.

—Estoy debajo de la cama. Por lo que más quieras, vete —silbó Haru con furia.

—De modo que... te has escondido debajo de la cama —dijo Tsuna lentamente después de una pausa.

—Pensé que eras la doncella.

—Ya sé que solías sentirte incómoda cuando el personal estaba presente, piccola mia... ¿Pero no crees que esto sea excesivo?

—Para tu conocimiento, no llevo nada puesto —le espetó Haru.

—Lo sé perfectamente —le aseguró Tsuna con brusquedad—. Estaba entre los árboles hace un rato cuando abriste las cortinas y permaneciste delante de la ventana en tu gloriosa desnudez durante diez minutos exactos.

— ¿Me has cronometrado? —inquirió Haru escandalizada.

—Puede que no me entusiasmen las puestas de sol y que no pronuncie discursos románticos bajo los balcones, pero aprecié profundamente esa vista en particular. También me felicité por haber dado instrucciones de que el personal sólo viniese a ciertas horas del día. No soy de miras estrechas, pero sí bastante egoísta. Si inconscientemente hubieras expuesto tus atractivos a algún otro, te habría retorcido el cuello.

—Vete de aquí, Tsuna —explotó Haru—. No voy a salir hasta que no te vayas.

Tsuna puso una bandeja encima de la alfombra.

—Mira —dijo en tono seductor—. Tu chocolate caliente favorito adornado con nata montada. Muy dulce y cremoso. Tiene que estar haciéndosete la boca agua...

— ¡No lo quiero! —aulló Haru salvajemente. Luego vio una prenda de algodón en el suelo al otro lado de la cama y rodó hasta poder alargar el brazo para alcanzarla.

—Incluso cuando te concentras lo bastante como para saber lo que pasa a tu alrededor... que, a decir verdad, no es muy a menudo... sigues fascinándome —bromeó Tsuna dejándose caer en un sillón y estirando unas piernas largas enfundadas en unos vaqueros—. Cualquier otra mujer se habría metido dentro de la cama, pero tú te metiste debajo.

Haru estaba concentrada febrilmente en atárselos botones de la camisa, pero sus dedos se ralentizaron al fijarse en aquellas piernas. Salió de debajo dela cama con el cabello negro salvajemente despeinado y cayendo a cascadas sobre su espalda. Obsequiándola con una sonrisa de brillo cegador, Tsuna se puso ágilmente de pie y la perturbó vestido como estaba con vaqueros ajustados y desgastados y un polo de color blanco.

Se quedó transfigurada ante aquella visión y se le secaron los labios. La tela vaquera revelaba fielmente cada una de las líneas viriles de sus caderas y de sus largos y fuertes muslos. Su atención se desvió hacia la protuberancia claramente masculina de su entre pierna y sintió una punzada de dolor en la parte baja de su vientre.

—Me pregunto si debería de haberme tirado encima de ti. Podría fingir que era un lobo. —sugirió Tsuna aprovechándose de su confusión para alargar un brazo y hacerla prisionera de tal modo que no pudiera retirarse a una esquina—.Si lo hubiera hecho tu habrías tenido una excusa para atarme a la cama.

Se ruborizo. Aquella palabra era una bomba, una carga de profundidad arrojada al banco de su memoria para crear en él el máximo caos y lo peor de todo era que Tsuna estaba exagerando. Aquella noche solo había atado una de sus muñecas junto a carcajadas sin poder evitarlo.

— Yo, que nunca antes había renunciado en la cama a mi autocontrol, me sentí maravillosamente sorprendido por tu creatividad... —continuó Tsuna. —Sí, y apasionadamente decidida a hacer realidad todos tus sueños, y los míos—le recordó inclinándose hacia ella y desabrochándole el primer botón sin que Haru se diera cuenta—.También me dijiste que era tu amante ideal... y tú, innegablemente, fuiste la mía. Yo no tenía sueños ni fantasías, pero aquella noche disfruté de algo que ni siquiera sabía que me estaba perdiendo. Ninguna mujer ha logrado satisfacerme en la cama desde entonces.

—No estás hablando en serio — musitó Haru hipnotizada por el brillo de sus ojos castaños con líneas doradas.

—Siempre estás tan tentadoramente seductora, aunque no te importa mucho y aunque siempre has sido una luchadora, siempre tan descuidad. Pero, por extraño que parezca, tengo que confesar que ninguno de esos hábitos logra enfriar mi libido—admitió Tsuna inclinando su cabeza y apartando la camisa para besar la delicada piel de su cuello.

— ¿Qué estás haciendo? —Inmovilizado de pronto por un ardiente calor, Haru miró a Tsuna mientras este levantaba la cabeza —. No vuelvas a hacer eso—musitó débilmente, sin el tono de orden que requería la ocasión—.Me hace sentirme rara, y tenemos que hablar sobre cosas serias...

— ¿Qué clase de cosas? —inquirió Tsuna con voz espesa. —Lo mires como lo mires, estamos casados. Y sin la pasión este matrimonio no tiene la mínima esperanza. De hecho, ahora mismo es lo único que tenemos a nuestro favor—replico y continuo— ¿Por qué tratas de negarnos lo único positivo? Que todo es mi culpa, que simplemente te deje sufrir…

—Por favor…no digas eso—gimió Haru, susurro con dolor, acariciando su brazo con los dedos para consolarlo—. Simplemente ocurrió. No ha sido tu culpa, la verdad tenía esperanzas, al hacerte perder el control, era tan glorioso como perderlo yo—confeso Haru todavía conmocionada. Por increíble que pareciera, Tsuna aun la deseaba a pesar de su orgullo y la idea la había dejado desarmada.

Sus manos suave y fuertes la levanto y la presiono contra su cuerpo, tenso y musculoso. Haru averiguó por sí misma por qué estaba temblando al entrar en contacto con la dureza de su encendida masculinidad y sus musculosos bíceps en su bronceado torso.

Tsuna tomó sus labios con voracidad salvaje y ardiente. La excitación la asaltó y provocó una violenta oleada de respuesta. En un instante, lo rodeó con los brazos y le acarició el pelo murmurando un gemido que lo incitó a seguir. Con aquel único beso, la pasión que Haru había contenido durante tanto tiempo explotó en una lluvia de fuegos multicolores y le hizo perder la cabeza. Con un ahogado gruñido de satisfacción, Tsuna exploró vorazmente su boca con traviesa precisión semejante a una posesión primitiva.

La bajó al suelo y la hizo girar, buscando con los labios la suave piel de su nuca y descubriendo puntos de placer que Haru pensó que no poseía. Haru estiró el cuello dejándose llevar por aquel éxtasis y deslizó sus caderas hacia atrás, contra su virilidad encendida, sintiendo que se estremecía como reacción a su provocación.

Sus manos ascendieron lentamente sobre sus senos henchidos que presionaban la camisa de algodón. Cuando acarició las puntas de sus pezones con los pulgares, Haru se quedó sin respiración y sintió un húmedo calor en la entrepierna. Tsuna la giró de nuevo y la levantó para llevarla con él hasta la cama sellando sus labios con los suyos.

—Decías que era increíble en la cama —susurró Tsuna entrecortadamente, clavándole sus ardientes ojos con una luz dorada en ellos mientras se hincó y se despojaba de su camisa—. No era cierto. Éramos increíbles juntos...

Un tórax musculoso y bronceado apareció ante su vista, y Haru empezó a derretirse y a sentir debilidad en todos sus miembros. Tsuna se inclinó sobre ella y desató los botones de su camisa. Luego la abrió y contempló sus senos henchidos y pálidos con clara apreciación.

Cuando sus miradas se volvieron a cruzar, Haru se estremeció de sensualidad y Tsuna bajó su castaña cabeza para atrapar un suave pezón rosado y hacer que Haru se agitara y gimiera con aquel placer torturador. En algún lugar próximo se oyó el estridente sonido del teléfono y Haru frunció el ceño. Tsuna maldijo con el poco aliento que le quedaba. Con la brusquedad de una frustración violenta, se apartó de Haru y buscó con la mano el teléfono móvil. Luego, inesperadamente, Tsuna se quedó helado mientras Daisy lo contemplaba con creciente fascinación.

—Hola—murmuro con mucho afecto—Si…si…maravilloso…estupendo… ¿Te gustaría hablar con tu madre?

— ¿Giotto? —dijo Haru instintivamente avergonzada, como si su hija acabara de entrar en la habitación y los hubiera sorprendido en la cama. Tsuna le paso el teléfono sin decir palabra.

— ¿Cómo les va? —pregunto burlonamente—. Sabía que estarías preocupada por mí, ya que no estaré contigo hasta las vacaciones.

—Si…

— ¿No crees que es muy romántico llevarte al lugar donde estuvieron por primera vez como esposos? Apuesto a que te sorprendiste ¿no?

—Si…

—Bueno, estoy bien y es genial al encontrar a un par de amigos, así que espero que no les importe que los vuelva a llamar…—dijo el en voz tranquila—. Lo siento, pero es un poco molesto para ustedes y mis profesores llamar a casa.

Segundos después, Haru le devolvió el móvil a Tsuna y él lo dejo a un lado. Se hizo el silencio y Haru frunció el ceño cuando Tsuna no volvió a abrazarla. Se puso en tensión y se ruborizo al reconocer su intensa excitación.

—Pensé que mi fantasía personal había coloreado los recuerdos, pero no ha sido así—dijo con voz profunda e inexpresiva mirándola fríamente. Se levantó de un respingo de la cama y tomo su camisa—. Realmente aun eres una tigresa en la cama, pero creo que voy a tomar aire afuera.

La cara de Haru se sonrojo por el shock y la humillación. Aquel rechazo cayo como el viento frio del helado invierno siberiano sobre su piel desnuda. Se cubrió con la sabana y cerró los puños por debajo, sintiéndose vulnerable.

— ¿Qué te pasa? —le pregunto confusa.

Tsuna se volvió hacia ella y torció sus labios.

—Todavía estoy muy enfadado contigo. Cada vez que recuerdo que apartaste a mi hija de

Mi lado tengo ganas de aplastar algo. Pero lo superaré. Es irracional esperar de ti más de lo

Que eres capaz de dar, y es imposible dar marcha atrás al reloj.

—No eres justo —dijo Haru con desmayo. Había ocultado aquella ira tan bien, que la

Había engañado.

—Al contrario, estoy siendo muy justo. Eres una madre considerablemente buena. Eres hermosa y sexy, y estupenda en la cama —le dijo haciéndole inclinar la cabeza y ruborizarse—. Que seas tan codiciosa…eres…—añadió interrumpiéndose mientras se alejaba con un suspiro largo. Haru alzo la cabeza confundida.

—Yo…no soy codiciosa…

—Haru, tienes la constancia de una mariposa.

—Eso…no es cierto—murmuro, tragando en seco. ¿Qué era lo que había hecho mal?

—No importa—dijo Tsuna encogiéndose de hombros—. Si no fuera por Giotto, no estaríamos aquí.

—No hace falta que me lo repitas. —replico ella con ojos llorosos.

Sólo estaba confirmando lo que ya sabía, lo que inexplicablemente había olvidado en la última media hora. Pero se sintió increíblemente vacía y degradada. La intimidad que, como una tonta, había creído recuperar Con Tsuna, sólo había sido una ilusión nacida de su estúpido sentimentalismo y de su voracidad sexual. Se odiaba por su debilidad. Quería morir, pero no delante de él.

Debía recuperar su propia barrera, aquella que había forjado tantos años como la fría y segura reina de la moda primavera, como la dueña del emporio de la moda, como una empresaria fría en el mundo de los negocios y por la protección de su hijo, de su familia… alzo la barbilla y lo miro dirigirse hasta la puerta y abrir impaciente de un golpe.

—Tendremos visitas, así que vístete para la ocasión.

Asintió, mientras el cerraba la puerta tras él. Se llevó las manos a la cara y el dolor en su pecho la hizo recordar, cuantos años había pasado con un vacío en el corazón. Se había fortalecido tanto tiempo pensando en su hijo, que no se dio cuenta de que sus barreras aún no se habían perdido sino que temió perderlas al verlo.

Suspiro.

Se levantó con una gracia que usaba en el mundo de la moda, y acercándose al hermoso escaparate de roble tallado incrustado en la pared. Abre con ambos brazos de par en par las puertas de roble corrediza, para ver hermosos vestidos de seda y de satén colgados de las perchas que al parecer este obseso del control se había tomado la molestia de volver a controlarla incluso en su forma de vestir hizo una mueca tomando uno de los hermoso vestidos negros.

En sí, este era el mejor color que expresaba su estado de ánimo. Era el funeral de su amor propio y sintió un dolor en su pecho, ¡No! Eso no era cierto y si lo amaba, por eso es que estaba aquí. Recordó entonces la pasión arrebatadora de él antes de la llamada de su hijo y sabía que sin darse cuenta había ganado la partía, reflexiono comenzando a esbozar una sonrisa.

Él había deseado hacerle el amor y esta vez no para vengarse. No, había querido hacerle sentir su propia pasión, no había nada de falso en su deseo, y todas aquellas palabras en esa noche de pasión junto a un extraño encuentro de Damon Spade.

Pero, ¿sería cierto de que ninguna mujer había conseguido satisfacerlo? Algo especial… ¿Por qué era tan generosa cuando se trataba de perdonar? ¿Porque su mente permanecía como en un mar de niebla? Aún faltaba mucho tiempo y entrelazar contacto con los socios íntimos, e invitados de la fiesta hecha por Tsuna.

No, por el Signore Vongola. Y, necesitaba una esposa perfecta para esa ocasión eso era lo que el necesitaba, eso era lo que ella daría.

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Era una fiesta de bienvenida para los futuros esposos, Tsunayoshi molesto por ello se volvió para ver a todos los invitados. Debía permanecer impasible, eran sus amigos y socios de negocios de las distintas concesiones del imperio.

Después de saludar a la mayoría de los invitados con traje y esmoquin, entre ellos pude divisar a un grupo muy familiar. Un hombre alto de cabellos negros, un hombre con cabello gris, junto a otro par de hombres alrededor y en el centro uno de traje negro; Se acercó a ellos, con un nudo en el estómago y esbozo una sonrisa.

–Ciao, chicos. –comento el mientras extendía sus manos a Yamamoto, luego deslizo su mirada por los rostros de Ryohei, Enma, Hibari, Mukuro y Reborn. En el que se fijó aún más, fue en este último–Reborn, tiempo sin saber de ti. Es extraño que aceptaras mi invitación, es un gusto volver a verte.

El asiente sin más, inclinando su sombrero con aquellos ojos negros brillantes que mostraban una gélida indiferencia. Se despidió de ellos con la promesa de verles nuevamente con su esposa a su lado, mostrando su propio odio por lo que ellos le habían ocultado, pero, no les odiaba porque ellos la habían cuidado en su estado más vulnerable cuando no estuvo el.

Se alejó del grupo, en dirección al piso superior. Recordó a su esposa hablando con algunos invitados, entre el extenso salón con lámparas de arañas colgando de cabeza con una luz suave. Solo le daba un aire etéreo en su comportamiento tan elegante y sensual coqueteo que pareció al hablar con los invitados, pero, con él, siempre lanzaba una sonrisa para dejar claro que entendía lo que él deseaba de ella.

Subió las escaleras hacia el piso superior y entrando en su despacho, se deja caer en el enorme butacón tras la mesa de roble. No regresaría por un rato a esa fiesta, se hallaba mareado por la ira y el deseo que recorría su cabeza. Cerró los ojos tratando de tranquilizarse para volver al salón para ver nuevamente el esbelto cuerpo de su ardiente esposa y eso le hace apretar sus labios.

– ¡Tsu-kun!–un chillido de felicidad sale de una voz femenina de una mujer que agarraba su cuello plasmando un beso en los labios, y apartándose–Te he echado de menos, caro.

Tsuna entonces ve caer el extenso cabello rubio agarrando entre un par de palillo, con sus labios pintados en un brillante rojo. Su vestido de un pronunciado escote en v ceñido al cuerpo con un par de aberturas a los lados de sus muslos, parecía no tener sujetador entre sus pechos sugerentes a hojarcadas sobre él.

–Kyoko…–musito entre labios el castaño al interceptar su mano que acariciaba su pecho revolviendo su traje– ¿Cómo demonios has entrado?

–Así me tratas después de tres años de aventuras, Tsu-kun–Tsuna se irguió en su silla en seco y dejo ver su rostro endurecido por la ira con una mezcla de incredulidad. –. porque haiga regresado tu esposa, no significa que…

–No podamos seguir jugando ¿no?–comento mordaz, mientras ella soltaba una sonrisita entrelazando sus dedos con los suyos y sintiendo la lejanía de Tsunayoshi.–Bájate–espeto mordaz mientras sus esbeltas piernas se afirmaban sobre sus tacones de puntas, en un color crema sugerente.

– ¿Qué te sucede ahora?–comento ella arqueando una ceja y colocando sus brazos en jarra, molesta–. Acaso esto, ¿tiene que ver tu esposa?

Los ojos impasibles de Tsuna aún estaban fijos en ella, gélida frialdad estaban en esos oscuros ojos castaños endurecidos con los años. Y, ella era una mujer hermosa después de todo hasta hace poco tiempo andaba con él.

–Hasta hace un par de semanas, andabas conmigo y apareció ella en algún lugar que desconozco, terminando conmigo y haciéndola tu esposa por el simple hecho de vengarte ¿no?

–Tal vez…–respondió, pues era la hermana de Ryohei Sasagawa un buen amigo en todos estos años. Y, no deseaba lastimarla sinceramente no así y no después de haber pasado mal en el engaño de Enma.

–Entonces, déjame ayudarte. ¿No crees que será mejor, caro?–comento acercándose a su pecho y girando su uña desabotonando uno de los pequeños botones claros de la camiseta blanca bajo el traje.

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Alegre de haber recibido a sus amigos, continúo buscando a su esposo en el salón y se había dado cuenta de que Kyoko andaba por el salón, tras él. Entonces lo vio subir por las escaleras y tras él, su antigua amante observando para todos lados para ver quien le seguía o simplemente que nadie supiera a donde iba entre el tumulto de gente.

Haru continúo tras ella disimuladamente, saludando pero fija su mirada entre las personas con las que hablaba y ella. Se despidió de los invitados disculpándose con su necesidad primaria, encontrar a su esposo y con sutil elegancia, silenciosa se acerca a la puerta de su estudio.

Al llegar a la rendija de las puertas en el vestíbulo que daban al estudio, se quedó helada. Tsuna estaba con Kyoko a hojarcadas sobre él. Haru pestañeo y volvió a mirar, incapaz de dar crédito a sus ojos. Ella sonreía mostrando la perfección de su perfil y una melena rubia cayendo en su espalda dejando sobre la mesa un par de palillos para el cabello.

¿Qué hacia allí? ¿Y porque Tsuna le dejaba estar sobre él?

De pronto vio que el la apartaba escuchando su quejido, y la inflexible voz de Tsunayoshi. Luego llegaron las mordaces palabras de aquella mujer, se volvió para cerrar su boca con una de sus manos, y traga en seco para parpadear apartando su mirada vidriosa. Y, escucho la respuesta dudosa de Tsuna y la cercanía de aquella mujer traicionera.

Recordó entonces que al día siguiente, de haberlos visto besarse cuando tenía dieciséis la había encontrado y ella le sonreía era tan hipócrita, deseaba a Tsuna cuando ella se acercó a él. Le había dado una bofetada y llorando de furia la fulminaba con sus negros ojos.

–Ah…Haru-chan ¿Qué sucede?–pregunto ella atónita, parecía tan sincera pero, esa no era la chica que realmente estaba tras esa mascara de sinceridad, una chica despreciable que aprovechaba su inocencia, una que se perdió mucho tiempo al parecer antes.

–Te consideraba mi amiga, y tratas de quitarme a Tsuna-san–espeto ella, mientras apretaba los puños– ¿Cómo puedes parecer mi amiga y quitarme a mi novio?

Ella oculta sus ojos dorados bajo el flequillo de su cabello y sonríe, me mira con rabia lo que me asombra pues Tsuna había estado con ella en el instituto y nunca lo miraba, ¿Por qué ahora? Levanto el rostro alzando la barbilla.

– ¿Crees que te ama?–pregunto con ironía, mientras me agarraba la mano con fuerza–. Tsu-kun ha estado enamorado de mi desde primer año, e incluso antes. Además, puede que ahora este contigo. Pero, no duraras mucho porque te dejara por mí, ¿Acaso te ha dicho que te ama? Sé que no, porque él me necesita a mí–me señala con una de sus uñas. –Y tú, solo eres la consoladora para que termine conmigo, solo una más de las que tendrá en toda su vida.

Deseo golpearla otra vez, y huyo. No había entablado conversación con nadie, desde entonces se había ido a Londres evitando saber nada hasta el accidente y al perder su memoria su corazón se había sentido aliviado durante ese tiempo de ignorancia, pero, luego él había vuelto a su vida como un hombre diferente al que nunca conoció lo suficiente para recuperar dolorosamente sus recuerdos.

Pero, habían pasado quince largos años en los que su feminidad se había desarrollado al grado de diseñadora de modas. Buscando promesas del modelaje, la sensualidad en su anonimato creando ropas sensuales, casuales, para aquellas chicas que no se sentían seguras con su cuerpo ni con su propia sensualidad. Muchas veces recibió solicitudes de ella para trabajar en rosa di Macchia, que rechazó rotundamente por su reputación en el mundo de la moda.

Haru lo llamaba a él a través de su mundo, en sus modelos y realidades del negocio. Era ella, llamándolo a él a través de su cuerpo, de su creatividad, de sus señales para que la mirara como en aquel entonces…la amaba y ella le daría lo que pedía, aunque él no diera el primer paso.

No había ilusión, ahora lo sabía. Sufriría, pero superaría su dolor y su vida seguiría sin regresar atrás ya lo había decidido.

Abrió las puertas de par en par, los ojos de ambos estaban abiertos como platos con la sorpresa impregnados en sus ojos. Una sonrisa de satisfacción, acercándose a Tsunayoshi con una mirada de aprecio a la que Tsuna pareció atónito y volviéndose para ver a la rubia esbozo una sonrisa coqueta.

–Hola, creo que eres Kyoko ¿No?–pregunto ella, con una sonrisa entre sus labios. Extendió su mano, apretando con elegancia las manos manicuradas y le saludo–. Gracias por encontrarlo, estaba buscándolo por todas partes, por cierto, Kozarto es un chico simpático y amable.

Ella se mordió los labios, y Haru saboreo esa victoria.

–Sí, supongo–comento la rubia, mientras arqueaba una de sus cejas. Confusa, Kyoko miro a Haru ¿Cómo conocía a su hijo?– ¿De qué lo conoces?

–Es un buen amigo de Giotto, mi hijo–respondo sonriente es mi orgullo del que ella no puede darse al estar tan lejos de ellos.

Ella queda atónita ante sus palabras y Haru sintió compasión por ella al verla salir del salón con fuertes pasos. Tsuna cerro las puertas asegurándose de haberlas cerrado con el pasador, y se volvió para verla a ella aun sorprendido porque no le haya golpeado en el rostro, o siquiera gritado en la cara.

–No debí haberte dejado solo…–comento ella acercándolo al entrelazar sus brazos en su cuello y besándolo con fuerza encajando su cuerpo con el suyo.

Tsuna había estado molesto todo el día, mientras fruncía el ceño en su oficina con todos sus subalternos y había vuelto rápido a casa. Excitado y frustrado durante el día, no podía ocultar con facilidad su erección en la estrechez de los pantalones. Ahora ella estaba entre sus brazos, abrió sus labios para saborearla con fiereza, con impaciencia. Aquella admisión abierta y sincera de su deseo acabo con todas sus defensas.

Sacudiéndose violentamente, Haru se sintió poderosa y femenina…dominada y dominándolo, pero, sobre todo débil y necesitada.

–Haru…yo…–susurro Tsuna con un gemido. A lo que Haru sello con uno de sus dedos en los labios, sintiendo su corazón latía con más velocidad y comenzó a temblar de excitación.

–No importa, Tsuna…–respondió besándolo con más fuerza y sintió sus brazos levantarla sobre su mesa, mientras ella envolvía sus piernas alrededor de sus caderas. Sus gemidos se hicieron más constantes al sentir los besos y su mano acercándola más a él, beso sus sienes, recorrió con los dedos su cabello y volvió a unir sus bocas.

–Están abajo…los invitados…y…–comento el, mientras ella lo acercaba más a él jadeante. Tsuna deslizo una mano por sus muslos, haciéndola echarse hacia atrás y besando la línea suave de su cuello. Quedan sus frentes juntas, tratando de calmarse entre sus estrepitosas respiraciones, suspiró. – ¡Dio!...Terminaremos esto luego.

La baja de la mesa, y la vuelve a besar. Mirándola con ojos suaves con una calidez, sonrojada lo mira y el envuelve sus brazos en su cadera tan cerca de él y sonriente al verla a así, nuevamente como aquella chica que había conocido.

–Vamos a cenar, cara–comento Tsuna y entonces sintió que ella se colocaba tensa y se apartaba de él, se deshizo de sus brazos para irse hacia la puerta. Se sentía vacía, extraña un dolor comenzó a reanudar en su cuerpo y sintió una arcada que controlo rápidamente, pálida fijo su mirada al vacío.

–Sabes…necesito aire fresco más de lo que necesito comer.

Pero Tsuna la intercepto antes de que alcanzara las puertas dobles del estudio y la presiono contra su cuerpo contemplándola con evidente frustración.

–No me excluyas de tu vida…y no huyas de mi lado.

La dura protuberancia masculina de su virilidad presiono su estómago y la hizo vibrar como un automóvil de fórmula uno a punto de perder la carrera. Pero Haru combatió su fragilidad con frenética determinación.

–Estamos haciendo un hogar para Giotto, eso es todo–le dijo con voz trémula–. Ahora…por favor, suéltame.

Su mirada ardiente le dijo que no estaba dispuesto a escucharla, pero se oyó el batir de una puerta y el ruido de voces irrumpiendo en el vestíbulo.

Tsuna la libero maldiciendo y Haru huyó corriendo escaleras abajo y salió al exterior. Pero sintió como si la mitad de su alma se hubiera quedado en el círculo roto de su abrazo. Ahogó un sollozo en su garganta e inspiró el aire caliente y pesado con lágrimas en los ojos.

La arcada fue muy fuerte haciéndola inclinarse hacia abajo, La sangre brotaba entre sus labios. para saber que estaba la marca de Damon Spade en su cuerpo. Se sintió mareada y sollozo por que amarlo significaba que debía protegerlo incluso de él mismo, era inmune en cierto sentido a esos golpes peligrosos de ese asesino y ella no creía que no tuviese un jefe por contrato, alguien odiaba a Tsuna.

Recordó que estaba entre los brazos de él, cuando estaban en el salón mientras saludaban a los invitados y cuando la hizo girar alguien no lo pudo golpear, pero, ella recibió de alguna forma ese dolor en su cuerpo…Si, tal vez, le hubieran tocado lo habrían matado.

Aturdida por aquella oleada de emociones, Haru vio a Tsuna entre el umbral de las sombras tras ella. Era un hombre irresistible y cada uno de sus ágiles movimientos la hacía ser consciente no sólo de él sino de su extrema vulnerabilidad. Enseguida, desvió la mirada y sólo entonces prestó atención a la escena que estaba teniendo lugar ante sus ojos.

–Haru, tenemos que hablar…–se acercó a ella agarrando su muñeca haciendo que dejara libre la sangre que estaba en su mano, y un hilo de sangre dejándose caer por los labios. Los ojos castaños se abrieron de par en par, al ver el líquido carmesí entre sus dedos– ¿Qué rayos…?

Ella forzó una media sonrisa, y se soltó limpiándose la sangre. Se apoyó sobre el barandal inclinando su rostro, tenía que apartarse de sus ojos, de su cuerpo, ¿Por qué había decidido dejar atrás todo? Si, lo amaba se lo recordaba a si misma haciéndole un nudo en el estómago.

–Déjame sola, por favor…–susurre sollozante, mientras él se acercaba más. ¿Por qué nunca podía hacerse caso? Envolvió sus brazos alrededor de sus caderas y se sintió temblar.

– ¿Qué sucede, cara?–pregunto en un tono preocupante, mientras la volvía hacia él, para encontrarse con sus ojos castaños.

–Nuestro matrimonio no es normal…

–¡Pero va a serlo!–exclamo mientras la besaba y el sabor acre de la boca de ella se mezclaba con el olor a almizcle de la suya. Sus brazos fuertes y cálidos, expresaban ternura, amor…

–Tsuna…

–Cara…¿Por qué te alejas de mí?–pregunto en un gemido y ella aspiro profundo mientras su aroma se envolvía en sus pulmones.

–Tengo…miedo…miedo de amarte–respondió y el la abrazo aún más fuerte, sollozo entre sus brazos. Mientras se apagaba el calor que había comenzado a recorrer su estómago desde el golpe.–y…

–Está bien…cara–comento reconfortándola entre sus brazos, algo se había roto en ella al sentir su corazón más cerca del suyo. Lo deseaba al igual que el a ella y aun así, no le había dicho que la amaba a excepción de aquel sueño, un sueño que tal vez podría ser real ¿No?