Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, sólo los tomo prestados sin fines de lucro.
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The Butterfly and the Hurricane
Por: Hoshi no Negai
10. Aprender a olvidar y dejar atrás
Había permanecido tres días completos bajo la estricta mirada de su ahora formal compañero. Su cuerpo había tardado más de lo estimado en adaptarse a la ponzoña, por lo que aquellos días no fueron precisamente los más agradables de su vida. Estuvo en su ostentosa recámara, sin apenas salir o recibir ninguna visita más allá de la sirvienta discreta que traía sus alimentos y algunos materiales para que se aseara.
Quizás la mayor sorpresa se la había llevado al día siguiente de su… momento íntimo, al encontrar gran parte de sus objetos en la habitación del Lord. Le había dicho que compartirían el lecho de ahora en adelante y aunque sabía que era de lo más natural dadas las circunstancias, Rin no pudo evitar sonrojarse levemente.
Él, pese a su seriedad y extrema cautela, se mostró paciente durante todo el proceso, alejándose muy pocas veces de su vista para vigilar su progreso. Había ocasiones hasta en las que conversaba vagamente con ella cuando se encontraba mejor sólo para distraerla, aunque la mayoría de las veces estaba tan callado que parecía de piedra.
Podía seguir siendo el mismo hombre estoico e inmutable de siempre, pero era notable su preocupación. Y eso le hacía sentir un pequeño calor en el pecho. Siempre supo que, aunque lo ocultara perfectamente, era un ser bondadoso en el fondo.
Al cabo de un tiempo, Rin notó algo que no se esperaba. Al verse en un espejo, encontró que entre los círculos que representaban los colmillos comenzaba a formarse una silueta: una luna en cuarto menguante, justo como la que él tenía en su frente. De un suave color rojo llegó a tornarse al mismo azul que su propia marca, y ahora parecían ser una la copia de la otra. Esa era la prueba irrefutable de que le pertenecía.
Y pese a que debería sentirse en las nubes, en realidad se encontraba algo melancólica. Cada vez que pensaba que ahora estarían juntos por tanto tiempo, no podía evitar llevar una mano a su abdomen. Le dolía muchísimo el ser incapaz de gestar criaturas y de cargar con ese tormento por el resto de su ahora larga vida. Cómo quería ser madre, la madre de sus hijos, pero… era un sueño que nunca cumpliría. Esa era una parte de su turbulento pasado que lastimosamente no podría dejar atrás.
Sesshomaru lo sabía.
Una noche, poco después de ser marcada, Rin lloró lo más calladamente que pudo pero no tardó en ser descubierta. El youkai no necesitaba explicaciones; ver su cara desolada y sus manos ubicadas en su vientre le decía todo. No opuso resistencia cuando la muchacha lo abrazó, ahogando sus sollozos en su pecho sin decir palabra alguna. A él también le pesaba aunque nunca lo admitiría. Sabía lo mucho que significaba para Rin tener cachorros, y verla llorar por su incapacidad resultaba doloroso. Muy en su interior había aceptado la idea de tener vástagos sin reparar en la mezcla de sangre.
―Lo siento ―había dicho, hundiendo más el rostro en su haori―. Lo siento tanto…
El Daiyoukai dejó correr los dedos por su largo cabello negro en un intento de consolarla. No le estaba hablando a él, se disculpaba con los cachorros que nunca pudieron nacer. Y eso lograba hacerlo sentir muy extraño; apesadumbrado, quizás. La culpa de sus acciones pasadas nunca dejaría de perseguirlo.
Aquello había causado cierta tensión entre ambos, y toda la ilusión que la unión suponía para Rin se había opacado un poco. No hablaban del tema porque realmente no había nada qué decir ni nada qué discutir. Las cosas mejorarían, pero como era natural, tomaría tiempo. Al menos Sesshomaru estaría siempre ahí para reconfortarla ―a su manera, claro―, mientras él mismo trataba de aplacar su propia pena en el más puro silencio.
Actualmente estaban de camino al patio norte, y Rin se encontraba de mucho mejor ánimo. Sonreía más habitualmente y se permitía cada vez paseos más largos. No era que le doliera nada en particular, sino que a veces se sentía más cómoda estando a solas con él, pues pasaba por una especie de duelo en el que prefería sólo su compañía.
―Mis señores, disculpen la intromisión ―los alcanzó un guardia. Rin lo saludó incómoda, pues se le hacía raro que la llamaran señora, y Sesshomaru sólo lo miró altivo. Le molestaba bastante que lo interceptaran por los pasillos, y más cuando iba con ella―. Amo, el escuadrón ha regresado de la misión de reconocimiento, y me temo que no les fue bien. El enemigo los superaba en número, hubo muchas bajas de nuestra parte. Los generales lo esperan para discutir las medidas a tomar.
―¿Muchas bajas? ―se preocupó la mujer―. Oh, no… ―cuando estaba a punto de preguntar por Takanari, ya que a menudo formaba parte de esos grupos, el Daiyoukai dio un paso al frente.
―Insensatos ―siseó. Les había advertido que llevaran un equipo más grande y mejor preparado, no uno con sólo una veintena de hombres inútiles. Miró a Rin por el rabillo del ojo muy severamente, ordenándole en silencio quedarse en ese lugar. Ella asintió quedamente, y para cuando se encontraron solos, le preguntó al guardia antes de que se marchara:
―Disculpe… ¿Sabe si Takanari se encontraba en el grupo que acaba de regresar?
―Sí, está entre ellos, mi señora, y resultó malherido por el enfrentamiento ―Rin palideció de golpe.
―¿Está en el ala de enfermería, verdad?
―Así es, pero no creo que deba…
Pero ya era tarde, la humana había salido disparada en dirección contraria al Daiyoukai. Sin prestarle atención a los saludos que recibía, ni las miradas extrañas al verla atravesar los pasillos como si el mismo diablo la persiguiera, llegó al ala de enfermería en menos tiempo del que había pensado. Se trataba de una estancia al aire libre, rodeada de varias tiendas de color blanco alrededor de una carpa más grande. Estaba a las afueras del castillo y se podía acceder a ella a través del patio de entrenamiento. Sólo había estado por ahí una vez, cuando siguió a Deshi para poder hablar con él y hacer que la escuchara, por lo que no sabía muy bien por dónde buscar.
Una vez fuera del patio de entrenamiento ―ya que se encontraba entre éste y la aldea―, el resplandor del sol reflejado en la nieve le hizo cerrar los ojos. Poco a poco los abrió, y descubrió que la fresca capa blanca de la nevada de aquella mañana tenía grandes manchas de sangre entre las pisadas. Se obligó a alzar la cara para no mirarlas.
Sólo había algunos youkais por esos lados, entrando y saliendo de las tiendas. Un par llevaban sendos vendajes en determinadas partes del cuerpo, y caminaban con muletas improvisadas. Otros demonios, que asumió que eran los curanderos, vestían de blanco y verde y asistían a los heridos, ayudándolos a ingresar a las carpas. Su corazón se retorció al ver a un hombre siendo trasladado en camilla, con grandes hojas de metal clavadas en el abdomen. Siguió al grupo de personas que lo trasladaban y entró en la carpa más grande.
Se cubrió la boca ante el asombro de ver a los heridos y sus quejidos de dolor. En un lado, alejado de la entrada, distinguió varios bultos cubiertos con sábanas blancas. Eran cadáveres. Seguramente habían llegado vivos, pero murieron a causa de sus heridas. Deshi también estaba en ese lugar, pudo verlo atendiendo a un soldado bastante robusto sentado en un rincón. La miró sobre el hombro, y por primera vez en bastante tiempo, no tenía el ceño fruncido de enojo. Le hizo un gesto para que se fijara hacia cierta dirección.
―¿Rin? ―llamó una voz familiar. Nagi se acercaba a ella, su rostro reflejaba una profunda tristeza y el rastro de sus lágrimas era notable por sus mejillas. Rin temió lo peor.
―Nagi, Takanari… ¿Takanari está…?
―Está débil, pero estable. Fue uno de los pocos que lo logró, no resultó tan herido como los otros ―le dijo temblorosa, olvidándose de reprenderla por estar en aquel lugar―. De los trece que regresaron, sólo seis continúan con vida hasta ahora.
Se llevó una mano a la frente y se meció de atrás hacia adelante, angustiada como nunca la había visto antes. Rin no pudo hacer más que abrazarla, y Nagi se dejó fundir en el gesto de consuelo, empapando sus ropas con una nueva tanda de lágrimas.
―¿Y si no lo logra, Rin? ―gimoteó―. Han muerto tantos, y si Takanari no sobrevive… no sé qué haré.
―No digas eso. Takanari es fuerte, sabes que lo logrará y que dentro de poco estará como nuevo. D-Deshi no lo dejará morir.
La híbrida no contestó, pero siguió desahogándose mudamente en el hombro de su amiga.
―Dime, ¿quién los atacó? ¿Qué estaban haciendo? ―preguntó para distraerla. Casi no había hablado con Nagi en semanas, por lo que se sentía un poco culpable, parecía que la había abandonado. ¡Ni siquiera sabía que Takanari había salido de misión! Si tan sólo hubiera estado un poco más pendiente…
―Tengus. Fue una familia de tengus, o un ejército, no lo sé. No entiendo por qué lo hicieron, los tengus tienen buenas relaciones con el amo y no suelen atacar a los suyos. Pero se rebelaron y quieren tomar una parte del territorio, o tomarlo todo… no me enteré muy bien ―se separó de Rin, enjugándose las lágrimas―. Takanari era el líder de este escuadrón. Eran todos novatos menos él, y se trataba de la primera misión lejos del entrenamiento ―masajeó sus sienes mientras suspiraba tristemente―. Nunca pensaron que pudiera haber tantos enemigos, sólo tenían que hacer un conteo y averiguar hacia dónde se dirigían… no estaban preparados.
―Fue algo que nadie pudo prever, no creo que Takanari…
―¡Yo le dije que no fuera! ¡Le dije que sería peligroso, que podía suceder algo! Pero quería salir, quería demostrar lo que valía. Y ahora… ahora…
Antes de que Rin pusiera las manos en los hombros de su amiga para reconfortarla, la hanyou se volteó hacia el futón en el que estaba recostado el soldado y se arrodilló a su lado, tratando de aguantar en vano las lágrimas que se resbalaban por su rostro. Takanari estaba despierto, pero apenas. Tenía el brazo derecho cubierto con un grueso vendaje, y varios parches provisionales a lo largo del torso. Presentaba una seria magulladura en la mejilla izquierda que casi le llegaba hasta el ojo, y su pierna izquierda se encontraba entablillada hasta poco más de la rodilla. Por primera vez, Rin vio algo diferente además de su mueca jovial y despreocupada. Estaba serio y callado, con la mirada dirigida hacia el vacío.
―Takanari… ―musitó Nagi. Quería regañarlo y reclamarle, pero no podía decirle nada luego de ver su rostro tan afectado. La humana se sentó a su lado, tratando de no fijarse en las heridas tan notorias de su amigo.
―Todo fue mi culpa ―murmuró él de repente―. Soy un pésimo líder, los guié directo hacia el enemigo.
―No digas eso ―terció Rin―. No sabías lo que pasaría, no es tu culpa. Estoy segura de que hiciste todo lo que pudiste.
―No fue suficiente.
Antes de que alguna de las dos pudiera interceder, una alta figura les hizo sombra. Sesshomaru los miraba con los ojos entrecerrados, paseándolos por todos hasta detenerse en Rin. Tras él iban los mismos generales que los habían interceptado en la cámara de guerra semanas atrás, luciendo tan estoicos e inmutables como su Daimio.
―Soldado ―habló el más anciano de ellos―. Presente su reporte ante Lord Sesshomaru de inmediato.
―¿Que presente su reporte? ―se levantó indignada Rin―. ¿Acaso no puede verlo? ¡Está muy malherido! Debe descansar, no ser hostigado con preguntas que de todas formas puede responder cuando se recupere.
Varios de los presentes alzaron las cejas con asombro. No era común que alguien le levantara la voz a un general de alto rango. El viejo demonio frunció los labios con desagrado, pero tuvo que tragarse sus palabras. No podía reclamarle nada a la esposa del Señor del Oeste. Sólo bastó con que el Daiyoukai la mirara duramente para que bajara los ojos con resignación. No estaba nada complacido con verla en ese lugar, pero tampoco le sorprendía.
La mujer tomó asiento de nuevo y escuchó a Takanari relatar esforzadamente cómo los había atacado una centena de tengus bien armados y agresivos. Explicó cómo eran sus armas ―enormes abanicos con largos mangos, que en lugar de plumas llevaban afiladas hojas de metal― y el tipo de ataques que podían realizar con ellas. También dio explicaciones sobre la apariencia del líder del grupo, que según su opinión, desprendía una energía diferente a los otros. Aunque no pudo dar mucha más información, ya que su primera prioridad bajo ataque fue socorrer a sus compañeros. Pudieron escapar a duras penas gracias a otro soldado, que fue capaz de crear una ola de luz que cegó a sus contrincantes el tiempo suficiente como para tomar a los sobrevivientes y salir del terreno.
Durante todo el relato, la voz del youkai halcón tembló y el puño sano permaneció cerrado, mientras la mano de Nagi reposaba sobre él para brindarle apoyo. El mononoke de blanco había dejado la estancia poco antes de que acabara su relato, pero los demás generales permanecieron en la carpa para interrogar a los otros sobrevivientes. Rin no se dio cuenta de esto sino hasta dentro de un rato, pues su mirada estaba fija en su regazo. Se sentía horriblemente mal por todo lo que había tenido que pasar su amigo, pero sabía que lo que más le pesaría sería el sentimiento de culpa al saber que no pudo salvar a sus compañeros.
Nagi lo consolaba calladamente para cuando Rin se puso en pie. Sólo una persona se fijó en ella atravesando la estancia para salir en busca del Daiyoukai. Volvió a notar el rastro de sangre en el suelo, resaltando como llamativas luces en la blancura de la nieve. Cómo odiaba la sangre, cómo odiaba ver a alguien sufrir…
―Señor Sesshomaru ―lo alcanzó justo en la entrada al pasillo del castillo. No había nadie en los alrededores, y el silencio hacía que su suave voz retumbara en las paredes.
El mononoke se detuvo. Sabía que lo había seguido y por ende, que quería decirle algo.
―Quiero ir con usted ―declaró decidida. Él giró su cara para verla, quedando de perfil.
―No.
―¡Pero si tan sólo me dejara…!
―He dicho que no.
―¿Por qué no puedo ir?
―No seas imprudente. Nada puede herirme, a ti sí.
Ella bajó la cara, apretando los puños. Su mente seguía regalándole las horribles imágenes de los soldados heridos y la delicada situación de su buen amigo. Sólo imaginarse al Daiyoukai lastimado… lo había visto antes, y era algo que prefería no repetir.
―Eso no es cierto ―murmuró―. No quiero… no quiero que vaya, señor Sesshomaru, es peligroso. No quiero verlo regresar como Takanari y los demás. No quiero que lo lastimen o le hagan algo peor.
―No me compares ―le dijo indignado al quedar frente a ella. Nadie comparaba al Gran Sesshomaru con unos soldados inútiles―. Sabes que se necesita más que de unos demonios para hacerme el más mínimo rasguño. Te preocupas innecesariamente, como siempre.
―Usted es muy fuerte, pero… eso no quita que pueda pasarle algún inconveniente ¡Lo he visto herido muchas veces! Y no es algo que me agrade, la sola idea me aterra ¡Es por eso que necesito ir! Debe haber algo en lo que pueda ayudarlo, lo que sea.
―Seguiré tu juego por un momento ―se le acercó con una mirada peligrosa―, ¿qué harás cuando encontremos al enemigo? ¿Combatirlos, acaso? ¿Distraerlos para que luche contra su líder? ¿Tratar de dialogar con ellos para evitar un conflicto?
―Yo…
―No hay nada que puedas hacer, salvo poner en riesgo tu vida. Permanecerás aquí.
La muchacha guardó silencio otra vez. Ella no era una guerrera como la señora Sango, ni tenía habilidades especiales como la sacerdotisa Kagome. Podía defenderse de humanos y de algunos demonios, pero jamás podría contra contrincantes verdaderamente fuertes. Eso la hacía sentir horriblemente impotente e inútil.
Suspiró resignada. Sí, querer acompañarlo para esa misión era una mala idea, pero había querido intentarlo de todos modos. No soportaba la idea de imaginárselo tan lastimado como el youkai halcón. Seguramente Nagi también había querido acompañar a Takanari en su momento.
―¿No sabe… cuándo regresará, milord?
―Creí haberte dicho que eliminaras el honorífico, Rin.
Su cara se coloreó. El demonio se veía ligeramente molesto, sus fríos ojos lo denotaban a la perfección. ¿Cómo podía tutearlo si su sola presencia imponía tanto respeto?
―S-sabe que a-aún se me hace muy extraño… ¡Pero n-no pregunté sobre eso!
Sesshomaru endureció las facciones.
―Depende de la debilidad de mis contrincantes y lo pronto que los encuentre.
―¿Y tiene que irse ahora? ¿No puede ser mañana?
―Si lo aplazo tardaré más en acabar con ellos.
Rin se desinfló, deseando que pudiera ser algo más específico. Aunque no podía quejarse mucho, desde que la había marcado le había dedicado esas semanas casi exclusivamente para vigilar su mejora, por lo que no debía ignorar su deber por mucho más tiempo.
―Prométame que regresará pronto. Y que tendrá cuidado. Por favor, mi señor. Si no puedo acompañarlo al menos… quisiera saber que estará bien.
―Sigues preocupándote por tonterías.
―¡Tu bienestar no es ninguna tontería! ―le dijo exasperada.
El demonio tomó su muñeca, clavando los afilados ojos dorados en los suyos. Sin ningún cambio de expresión, dirigió la nariz hasta su cuello, retirando las telas para exponer la marca y la mordió débilmente. Rin se estremeció. Aquella era otra de sus peculiares manías, morderla cuando menos se lo esperaba.
―Es invierno. Usa más abrigo ―escuchó que le dijo.
Justo cuando estaba dándose la vuelta para retirarse, jaló de su manga blanca. Titubeó un poco cuando giró la cara hacia ella con una ligera interrogación, pero acortó la distancia y le depositó un beso en los labios, gesto que él no tardó en responder. Sus manos temblaron sobre la pechera negra y su respiración se aceleró. Podrían ser pareja oficial, pero jamás dejaría de sentir mariposas en el estómago hasta con el más ínfimo contacto. Él, en cambio, siempre tendría esa cara de indiferencia insuperable.
―Buen viaje…, Sesshomaru.
La miró por unos segundos más y emprendió el camino hacia la salida.
Rin se quedó sola en el pasillo con el amago de una sonrisa, contemplando distraída el lugar por el que había desaparecido. Cuando salía al patio de entrenamiento para regresar a la enfermería, se llevó una gran sorpresa.
Ahí estaba Deshi, apoyando la espalda en el arco de piedra. Su ceño fruncido y brazos cruzados sobre el pecho le daban a entender que no estaba precisamente contento. ¿Los había visto, acaso? Sabía que sus peculiares ojos podían ver a través de cualquier superficie, por lo que no necesitaba asomar la cabeza. ¿Pero por qué habría ido hasta ahí?
―¿Cómo se encuentra Takanari? ―preguntó para cortar el silencio. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que el anciano quería decirle algo.
―Duerme.
―¿Se recuperará, verdad?
―Con el cuidado y el reposo adecuado, sí.
La mujer suspiró con alivio y volvió a sonreír. Si lo que necesitaba era descansar y ser atendido, Nagi se encargaría de hacerlo cumplir estrictamente, así que no tenía de qué preocuparse.
―Será mejor que vaya con Nagi, ella también necesita descansar un poco ―comentó para sí.
―Me asombró mucho ―la detuvo él― que Sesshomaru no cortara tu cabeza cuando interrumpiste a su general. Ha matado por menos.
Rin no supo qué decir. Era la primera vez que le hablaba del Daiyoukai por voluntad propia, y después de tanto tiempo evadiéndola precisamente por eso, la atrapó con la guardia baja.
―Ha ganado mucha paciencia. Conmigo, al menos ―añadió. El demonio resopló con desdén―. Deshi… ¿me seguiste hasta aquí?
―Sentía curiosidad. Pensé que te haría pagar por tu intromisión.
―Pero no fue así.
―No ―se encogió de hombros.
―¿Esperabas que me hiciera algo, que me matara o golpeara por haber interrumpido a ese sujeto? ―le preguntó extrañada.
―No sería la primera vez ―contestó sin interés.
―¡No puedo creerlo! ¿Tanto quieres probar que estoy equivocada que deseas que me lastime? ¿Para luego decirme 'te lo dije'? ¡Eres increíble!
―Sólo vine para ayudarte en caso de que fuera necesario, Rin ―dijo muy seriamente sin alzar la voz. La chica se mordió los labios con remordimiento, pero aún de malhumor.
―Lo siento ―murmuró luego de un tenso silencio―. Y gracias por preocuparte por mí. Pero… ¿sabes una cosa? Cuando todo esto comenzó… hace años, nunca me golpeó. Ni siquiera me alzó la mano una vez.
Deshi volvió a resoplar como si aquello lo molestara, pero no dijo nada. Rin relajó sus hombros.
―Si ni siquiera en ese entonces me hirió conscientemente, ¿por qué crees que lo hará ahora? No lo entiendo, Deshi, no comprendo por qué te empeñas en decir que hacerme daño es su único objetivo.
―Lo que mejor sabe hacer ese hombre es destruir. Todo lo que toca lo vuelve añicos. Como tú ―finalmente la miró a la cara.
―Eso no significa que tenga que repetirse.
―¿Cómo puedes estar tan segura, niña? No lo conoces, no tanto como yo.
―Quizás no he vivido lo suficiente, pero puedo verlo ahora. No estaría aquí si no confiara en él, y si no lo quisiera jamás habría querido verlo de nuevo.
―Sesshomaru nunca podrá cambiar. Siempre será un monstruo ―musitó entre dientes el anciano, apretando los puños al fijar la vista en el suelo. Parecía una persona completamente diferente, como si ahora estuviera de alguna manera desarmado y fuera más vulnerable.
Rin torció la cabeza con confusión. ¿Cómo podía ser un monstruo aquel hombre que le servía de mayor consuelo cuando más lo necesitaba?
―Deshi… ¿Por qué lo odias tanto? ―le preguntó preocupada―. ¿Hay algo que no me estés diciendo?
Para cuando la miró nuevamente, la mujer sintió que alguien le apretaba fuertemente el corazón en un puño. ¡Se veía tan destrozado!
―Es un monstruo.
―Eso no es cierto, Deshi.
―¿Ah, no? Si supieras como es en realidad no dirías eso.
―Entonces creo que deberías decirme qué es lo que no sé ―pidió tratando de mantener la calma. El anciano apretó los labios y comprimió su mueca. No parecía querer hablar sobre eso―. Es… ¿es algo tan terrible?
―No te lo imaginas ―le dijo él abriendo lentamente los ojos. Parecía como si un enorme peso hubiera aparecido sobre sus hombros repentinamente, quitándole las fuerzas para mantenerse en pie. Rin sintió la necesidad de aproximarse a él por temor a que se desplomara, pero cuando hizo el ademán, su interlocutor se irguió con la espalda recta, recuperando su verdadera estatura. Aunque su rostro seguía orientando hacia abajo.
―Si no quieres decirlo no tienes que hacerlo ―murmuró incómoda. El anciano había buscado discutir en primer lugar, y ella quería seguir el curso de la acalorada conversación, pero no le gustaba seguir viendo a su querido amigo en ese estado.
―Él… él lastimó a mi Lixue ―titubeó con la voz afectada―. La utilizó y luego la desechó como si no valiera nada, como si fuera un insecto.
La chica se paralizó. Toda la calidez que había sentido hasta el momento se esfumó repentinamente de su cuerpo.
―¿Q-qué… qué quieres decir con que la… utilizó?
―Sabes a lo que me refiero.
El anciano cerró los puños con mucha fuerza mientras el corazón humano se agitaba. ¿Sesshomaru… y Lixue? Le parecía imposible de creer, y menos considerando cómo era ahora. No, ese es el antiguo señor Sesshomaru, no tiene nada que ver con lo que es hoy, pensó para tratar de calmar la angustia que crecía en su interior.
―Lixue… Lixue se enamoró de él cuando era pequeña. Sólo sabía hablar de Sesshomaru, de lo fuerte que era, de lo inteligente que le parecía, de lo apuesto que se veía… Le gustaba verlo entrenar, también hacía de todo para cruzarse con él y llamar su atención. A Ju-Ming le encantaba la idea, creo que esa fue la primera y única cosa en la que ambas estuvieron de acuerdo alguna vez ―dijo melancólico―. En cambio, yo siempre supe que había algo mal ahí. Pero me callé, me gustaba ver a mi hija tan feliz, no quería quitarle eso.
Rin sólo escuchaba en silencioso horror las tristes palabras del anciano. Una parte de ella sentía mucha curiosidad, pero la otra simplemente no quería escuchar nada más. No quería oír algo que sabía que no acababa bien, y menos cuando relacionaba a su compañero con alguien más.
―Fue cuando alcanzó la adultez que se le confesó ―suspiró, como si tampoco quisiera decirlo―. Después de la muerte de su padre, Sesshomaru desapareció por varias décadas y luego regresó. Lixue no desaprovechó la oportunidad de decirle lo que se había guardado por tantos años. Lo siguiente que supe fue que mi hija regresaba muy contenta a la aldea y nos contaba que la había aceptado ―resopló con una media sonrisa, seguramente imaginándose a la joven youkai radiante de felicidad―. No tengo idea de cómo sucedió eso, y siempre tuve miedo de preguntarle. Había algo en Sesshomaru que no me gustaba. Sólo le interesaba el poder, quería superar a su padre y ser reconocido. Jamás lo he visto sonreír, no sinceramente. Tan vacío, déspota y cruel… No tienes idea de las cosas horribles que hizo cuando era más joven, y no creí que eso fuera a cambiar. Nunca demostró interés en nada que no fuera él mismo. ¡Ni siquiera la miraba a la cara o le prestaba atención! No podía entender cómo mi querida hija pudo fijarse en alguien tan opuesto a ella.
La humana contuvo el aliento cuando los extraños ojos se posaron en los suyos. En lugar de referirse a su hija, parecía estarle hablando a ella directamente. Y se sentía tan incómoda y triste… Sabía que el Daiyoukai no había sido precisamente un ejemplo de gentileza en su juventud, pero tampoco se lo imaginaba tan cruel como todo el mundo decía que era. No sólo Deshi: Inuyasha, Kagome, Takanari, ¡hasta Jaken! Todos decían que la crueldad era su característica principal, y ella nunca lo creyó… hasta hace tres años atrás.
―De ser una jovencita radiante y alegre, pasó a estar días enteros encerrada por depresión ―continuó Deshi, sacándola de su trance―. Estaba tan ciega que no… no quiso ver que sólo la utilizaba, nunca le importó lo mucho que se esforzaba por hacerlo feliz. Y un día sólo le dijo que le cansaba y que se alejara de su vista. Es todo lo que Lixue nos dijo, y nunca quise preguntarle nada más, tenía miedo de enterarme de todo lo que mi pequeña tuvo que pasar. Aunque tampoco necesitaba aclararnos nada, era muy obvio. Olía a él, sus ojos habían cambiado, tenía marcas en sus brazos… Pero lo peor de todo fue oírla llorar.
―Yo… Lo siento mucho, no tenía idea…
―Una vez te dije que me recordabas mucho a ella ―la interrumpió, sonriendo con una tristeza terrible―. Son iguales en muchas cosas. Cada vez que te veía llorar no podía evitar pensar en mi hija. Aquellos a los que les rompen el corazón se quiebran de la misma manera, ¿sabes? Y Lixue se marchó porque no soportó más sentir lástima de sí misma.
Luego de un corto silencio, añadió:
―No te lo dije antes porque… ¿para qué? No tenías que saberlo, no es algo que me alegre. Sólo quería que supieras que se puede salir adelante sin importar las circunstancias. Lixue fue muy feliz con Sousuke, y yo deseaba que pudiera sucederte algo como eso. Pero en cambio…
―Regresé aquí ―completó ella, sintiéndose culpable.
―¿Cómo esperas que lo perdone después de lo que le hizo a mi hija? ¿Después de lo que te hizo a ti? ―hizo una pausa―. Si mi hija siendo una youkai fue rechazada, tú siendo humana no tendrías un mejor destino. Y lo que tuviste que soportar fue mucho peor.
Rin se sintió encoger al fijar la mirada en el suelo de piedra.
―Nagi… ¿Nagi lo sabe?
―No ―negó Deshi rápidamente―. No quiero darle una mala imagen de su madre, sería muy doloroso para ella. Takanari sí lo sabe ―admitió poco después―. Se lo dije en China, tampoco podía creer que sintiera tanto odio por Sesshomaru. Para Nagi es algo habitual, no creo que nunca lo pregunte. Espero que jamás lo haga ―suspiró.
―Pero… ¿por qué te quedaste aquí? ¿Por qué no te fuiste con Lixue?
―Mi hija necesitaba vivir por su cuenta. Por más que hubiera querido, era algo que tenía que aprender ella sola ―contestó con tristeza―. Si me quedé en este lugar fue solamente por la promesa que le hice a mi buen amigo. En otro tiempo era su consejero, y también velaba por todos los heridos y enfermos. Me necesitaban aquí. Además de que era más seguro para Nagi, nadie la lastimaría estando protegida entre estos muros, a pesar de la discriminación que pudiera sufrir. Era mejor que el mundo exterior. Nagi jamás salió de la aldea sino hasta que tú llegaste. No quería que corriera la misma suerte de su madre y se fijara en él.
Rin no pudo hacer otra cosa más que quedarse en total silencio.
No podía culpar al anciano de querer protegerla y de defender tanto su posición en contra del mononoke. Lixue y ella habían vivido situaciones muy similares, aunque la de Rin era peor. Sesshomaru nunca la desechó, en cambio, siguió apañado con ella hasta que…
Abrazó su estómago, cerrando con fuerza los ojos para bloquear esos pensamientos. Había sido una de las cosas más dolorosas que había tenido que afrontar, pero ahora… ahora no era ni la sombra de lo que había sido antes. No había odio en su mirada, ni desprecio en sus palabras. No la utilizaba para sus propios intereses, realmente se preocupaba por ella, estaba completamente segura. O quizás siempre lo había hecho, pero siempre luchó por ocultarlo.
―Deshi, lo siento. Lo siento mucho, de verdad ―susurró, descubriendo lentamente sus ojos luego de meditarlo. Se sentía ligeramente mareada―. Lo que has tenido que pasar, ver a tu hija en ese estado… ojalá nunca hubiera sido así, no fue nada justo. Pero… ¿y si era lo que tenía que suceder? De otro modo, Lixue no habría conocido a su esposo el samurái, ni Nagi ni sus hermanos habrían nacido. No defiendo lo que el señor Sesshomaru hizo ―aclaró al ver que Deshi se disponía a protestar―, pero… todo pasa por una razón, por cruel que parezca. Quizás… tu hija sólo necesitaba encontrar su propio camino, como yo lo hice.
―Tú sigues aquí, Rin ―refutó el demonio.
―Lo sé, pero de todas formas me marché. Estuve dos años lejos e intenté rehacer mi vida, aunque no de la misma forma que ella. Mi caso no fue igual. Aunque no lo creas, el señor Sesshomaru me trataba de manera diferente. Quizás no al principio, pero después de eso… sencillamente no era lo mismo. Es gentil ahora, y se preocupa mucho por mí. Tú lo dijiste: a cualquier otra persona le hubiera cortado la cabeza de haber interferido con su general, pero llegaste hasta aquí y viste que no hizo nada.
―No puedo perdonarlo, Rin, sencillamente no puedo.
―No te digo que lo hagas ―dijo suavemente, posando una mano en su hombro para captar su atención―. Jamás te pediría que lo perdonaras, porque no lo harás. Te pido que… sólo lo dejes atrás. No lo olvides, pero sobreponte. Para ser sincera, tampoco sé si podré perdonarlo alguna vez por lo que me hizo, no sé si pueda lograrlo algún día. Quizás no fue completamente su culpa, pero sí fue su responsabilidad ―su antebrazo llegó hasta su vientre inconscientemente―. Pudo haberse detenido y haberme explicado, pero no lo hizo.
―¿Entonces cómo puedes…?
―Porque le di la oportunidad de ser escuchado. Tardó, pero se explicó, eso marcó la diferencia. Me informé y me di cuenta de muchas cosas. No fue agradable pasar por todo eso, y aún me duele pensarlo, pero… ―resopló negando con la cabeza―. Lo amo Deshi, no tienes idea de cuánto. Y lo conozco lo suficiente como para diferenciar lo que hace de lo que siente. Antes estaba cegado por la rabia y se guiaba solamente por eso. Era frío, aunque tenía cuidado de no hacerme mucho daño. Ahora… ahora quiere hacer las cosas bien, se esfuerza por ello. No lo admitirá nunca, pero puedo verlo.
Deshi volvió a bajar la mirada con el ceño levemente fruncido, pero no dijo nada.
―Sé que estás muy decepcionado de mí y piensas que estoy cometiendo un error, pero te equivocas ―suspiró al imaginar reflejada en un espejo la marca de su cuello―. De verdad lamento mucho que haya lastimado a Lixue y te haya hecho todo eso a ti también. Nadie lo merece ―añadió melancólicamente―. Pero de lo que sí estoy segura es que todos merecemos otra oportunidad si probamos que somos dignos de ello. El señor Sesshomaru se la ha ganado conmigo, y no me arrepiento de habérsela dado. Mi futuro ahora está con él. Creo que siempre lo estuvo, desde que era pequeña, y… m-me gustaría que… quizás, algún día, pudieras disculparme por todo lo que te hice pasar. O no lo hagas, si no quieres o no puedes. Sólo quiero que estemos bien otra vez, aunque nunca me perdones. Pero por favor, no me pidas que me aleje de él. A estas alturas es algo que no puedo hacer.
El silencio volvió a hacerse presente. Deshi alternaba la vista entre el suelo y su rostro, como si le costara creer lo que escuchaba. No podía entenderlo, ¿por qué Rin estaba ahí en lugar de su hija? ¿Por qué Lixue no pudo llenar ese puesto? Quizás lo que Deshi realmente quería era que nadie lo ocupara. Quería que ese terrible demonio estuviera solo por el resto de su vida por haber destrozado a su pequeña, no había mejor castigo. En cambio, Rin… Rin estaba ahí, y era feliz con él. Lo odiaba por eso. Pero no podía odiarla a ella, era imposible.
―Si Lixue me lo hubiera pedido, no creo que pudiera hacerlo.
―Yo creo que sí ―asintió la mujer por lo bajo―. Hubieras hecho lo que sea por verla feliz, ¿verdad? Aunque tú no lo estuvieras.
El anciano sonrió muy levemente.
Una figura se acercó a ellos trotando, pero al estar a poca distancia se detuvo. Su agitada respiración se notaba gracias al intenso frío, y sus extrañados ojos los recorrían como si no le diera crédito a lo que veía.
―¿Nagi? ―preguntó Rin, pálida al creer que los había oído―. ¿Estás bien?
―Yo… sí, estoy bien. Es Takanari, no pudo dormir mucho, así que le haré algo de comer. ¿Está…? ¿Están ustedes bien?
Rin y Deshi intercambiaron una mirada entre cautelosa y aliviada. No había escuchado nada.
―Sí, estamos bien, no te preocupes. ¿Cierto?
―Seguro ―asintió él, incómodo. Nagi exhaló más calmada.
―Abuelo, te necesitan allá. Sahoto necesita que le ayudes a remover fragmentos de metal del… estómago de uno de los soldados ―dijo con dificultad―. Retiraron la mayoría, pero no quieren remover nada más buscando a tientas. Y también necesitan remedios para infecciones y envenenamientos.
El hombre hizo un gesto de fatiga antes de encaminarse nuevamente al ala de enfermería bajo la atenta mirada de su nieta.
―¡Espera! ―lo llamó Rin, dubitativa―. Puedo… ¿me dejarías ayudarte? Sé preparar remedios medicinales, y creo que necesitas un par de manos extras. También quiero ayudar a Takanari y los demás.
Deshi pareció meditarlo. Sabía que Sesshomaru estaría furioso si se enteraba, pero Rin siempre tenía esa necesidad de querer ayudar a todo el mundo, aunque eso la metiera en problemas constantemente. Y al ver la insistencia en su mirada, no le quedó otra más que aceptar. Él también deseaba que las cosas mejoraran entre ellos, y por mucha rabia que pudiera sentir entonces, creía que tarde o temprano tenía que dejarla ir, al menos con ella.
Tal vez sólo era cuestión de aceptar y dejarlo todo atrás como lo había dicho. Era lo que su adorada hija hubiera querido.
Sin poner demasiados reparos, aceptó a que lo acompañara. Le vendría bien tener una nueva ayudante. Y si Rin estaba contenta y Sesshomaru molesto, sería todo un placer para él.
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Capítulo corto pero picoso. Ahora ya sabemos exactamente por qué Deshi le tiene tanto rencor a Sesshomaru, y creo que nadie puede culparlo. Y como Rin guarda cierto parecido con Lixue, al menos para él, pues está más que justificada toda su rabia y tristeza. Lo siento, pero creo que en su lugar yo habría actuado igual. Al menos las cosas entre Deshi y Rin van a comenzar a mejorar a partir de ahora, así que algo bueno habrá salido de esta incómoda conversación.
Cuando ideaba el concepto de Deshi, siglos atrás, me inspiré en Iroh, de Avatar (sí, amo avatar xD) y en Dale de The Walking Dead. Generalmente en las historias siempre hay un anciano que es la voz de la razón y la experiencia, por lo que quise hacer algo parecido. Deshi es, como creo haberlo mencionado antes, como una parte de la conciencia de Rin, la que le hace mantener los pies en la tierra. Será cruel, pero también es necesario. Aunque como ha dicho Rin, también creo en las segundas oportunidades. Vamos, Rumiko habrá hecho a Sesshomaru como un tipo casi perfecto, muy bueno en peleas y todo eso, pero sus metidas de pata habrá tenido xD No todo el mundo puede cambiar para mejor, es verdad, pero hay quienes sí merecen una ayuda extra para lograrlo. Creo que esa era la idea que quise transmitir en ese capítulo.
Por cierto, ¿Alguien se esperó las declaraciones del ancianito? Espero haberlas tomado por sorpresa de nuevo xD
Y tranquilas, que Takanari estará bien. Si algo le llega a pasar creo que me matan ustedes, ¿no? xD
Muchísimas gracias a todas las que dejaron review en el capi pasado: Mora, Sexy Style, Nagisa-chan, Hanabi-ness, Fabi-sama, Akari Hana, Brenda, KeyTen, Serena tsukino chiba, Black urora, Susume22, Relenavivi, Soul of Wolf, Ginny, Mima, Ephemerah, SerenityFullmoon, Emihiromi, Ukkas, Blue, QuinzMoon, Miztu Akari, Yoko-zuki10, Neko-chan, Hi no Tamashi, Ana, Alexa Reynoza, Kat-chan, Helena, Cali, Ro Itako 27, Lady Adi, Wissh, Saori-san y Amafle. Me alegra muchísimo que les haya gustado el anterior y me encanta haberlas sorprendido xD Abrazos especiales a Wissh y a Amafle. Chicas, espero que se recuperen pronto y la entrega de hoy les haya animado un poco.
Y para terminar, vuelvo a aclarar algo: Sí, serán sólo y únicamente 12 capítulos para esta historia, ni más ni menos. Vamos por la recta final, ¡qué horror! xD
¡Ah, me olvidaba! El postre de hoy son donas (donuts o rosquillas, como se les haga más cómodo). Las hay con relleno de chocolate, dulce de leche, mermelada, con glaseado por arriba, sólo con azúcar, o chispas de chocolate… ustedes escojan que son gratis xD
Espero sus comentarios, ojalá les haya gustado el capítulo de hoy. ¡Besos a todo el mundo y hasta el próximo sábado!
