Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de la autora Rumiko Takahashi, yo solo los cojos prestados sin ánimo de lucro.

Advertencia: Fic con vocabulario y escenas no aptas para menores de 18 años. Contiene escenas de dos rombos. Si eres sensible a esos temas o menor de edad, no recomiendo que leas su contenido.


Simplemente una palabra

A ella se le aflojaron las rodillas y el corazón al reconocer las señales que le había manifestado claramente Odiseo. Corrió llorando hacia él y hecho las manos al cuello de Odiseo […] y a él se le levantaron las ganas de llorar y lloraba abrazando a su deseada, a su fiel esposa.

Homero. La Odisea. Libro XXIV

-En definitiva, eso fue lo que pasó

-Es tan extraordinario como terrorífico – dijo la voz al auricular

-¿Eso es lo único que se te ocurre? –preguntó la morena completamente estupefacta al auricular - ¿en serio?

-¿Qué quieres que te diga? Ese hombre estaba loco

-Lo hizo por ti, Kikyou. Mató a mujeres por ti, Sara, Hellen… las torturó y las asesinó profesando tu amor. ¿No tienes ni una pizca de empatía?

-Kagome no me voy a disculpar de algo que haya hecho un demente alegando que lo hacía por mí. Estaba loco, era bueno en la cama pero nada más

-Eres fría como un tímpano, Kikyou – Kagome negaba con la cabeza, la llamada de su hermana había llegado en un momento crítico. Sólo hacía quince días del suceso con Naraku y las consecuencias de sus actos aún estaban presentes en todos – Y ¿Por qué me has llamado?

-He decidido volver a casa, para visitaros –la detective supo que su hermana no venía realmente para eso, ya que había visto que le habían concedido un premio por la investigación con unos manuscritos helénicos. Obviamente, venía a presumir de su premio – Hakudoshi y Onigumo estarán encantados de conocerte y yo impaciente de conocer a tu pareja

-Ya la conoces – Kagome sintió que alguien le besaba el cuello. Vio como Inuyasha dejaba las llaves sobre la mesa y se dirigía a la nevera. Desde el suceso con Naraku, Inuyasha se había tomado la libertad de hacer la mudanza de sus cosas al piso del médico, a las afueras de la ciudad, donde ahora vivían juntos – bastante bien la verdad

-¿Es del pueblo? Yo creo que te mereces algo mejor

-Te aseguro que es lo mejor, simplemente había que buscar bien

-¿Cómo están los Taisho? Sara estaba prometida con Sesshomaru ¿no?

-Sí Kikyou – la menor de las Higurashi se quedó en silencio por un momento, recordando la tortura por la que había pasado su compañero gracias al loco de Naraku, no podía ser explicada con palabras – él, está.

-Muy elocuente, como siempre

-¿Es verdad que te parecías a Atenea, Kikyou? En la universidad te llamaban así, ¿es verdad que eres así?

-Es la pregunta más rara que me han hecho nunca hermanita –se escuchó un silencio – pero no, yo no era como Atenea. La diosa de la guerra tenía un carácter duro, pero siempre ayudaba a todo aquel que tuviera la virtud. Por muy idiota o estúpido que fuera. Yo considero que la inteligencia es una virtud y no algo que pueda pasarse por alto

-Es verdad – aseguró Kagome – no tienes nada que ver con esa diosa. Bueno tengo que dejarte, me están preparando la cena. Os iremos a recoger al aeropuerto, te quiero – y colgó antes de escuchar la respuesta de su hermana.

-¿A quién tenemos que ir a buscar? – Inuyasha estaba poniendo la mesa cuando ella entró en la cocina y se sentó en la mesa

-Mi hermana y su familia vienen a finales de semana – ella lo miró, esperando algún tipo de reacción de su pareja

-Pues muy bien – el albino seguía con la ensalada

-¿Está bien? Es decir… ¿te parece bien? – él levantó la cabeza y la miró. Kagome tenía una mirada preocupada y expectante. Ella se miró las manos cuando sintió la mirada de él

-Kagome – dejó la ensalada y se acercó a ella colocando su mano en su mentón para levantarle la mirada – yo ya no amaba a Kikyou mucho antes de que ella se fuera. Había descubierto que me había enamorado de una ilusión con su cara, hasta que hablé contigo aquella tarde en el parque – la mujer lo recordó sonriendo. Había sido el día en el que ella supo que había entrado en criminología. Una tarde triste para sus padres y su hermana, pero feliz para ella – me hablaste de lo que sentiste, de lo que viviste. Me hablaste como una adulta y solo tenías dieciocho años.

-Aquella noche me escapé de casa

-Sí, y yo te encontré. Estaba sentada en un banco bajo la lluvia, no pillaste una pulmonía gracias a mi gran generosidad – Kagome le tiro una servilleta – lo que es cierto, es que ese día en la lluvia, me enamoré de ti – le cogió la mano y se la besó – pero eras mi cuñada, eras una cría

-Solo tengo tres años menos que tú, vejestorio

-Muy graciosa – le tocó la nariz con el índice – me enamoraste en ese momento y no he podido dejar de pensar en ti.

-Eso es lo más romántico que me han dicho nunca

-Es que, yo soy muy romántico – le besó la nariz y se fue nuevamente a poner su atención en la cena

-No tendrá nada que ver esto – Inuyasha levantó la cabeza y se petrificó al ver el papel que alzaba su pareja "diez novelas románticas para enamorar a una mujer" – me encanta este estudio que Max Keane hace sobre las diez novelas más románticas de la historia y que saque un libro que podría compararse con el mismísimo Casanova.

-¿Has rebuscado en mis cosas? – dijo él sin querer, viéndose descubierto

-Si quieres que no rebusque en tus bolsillos haz tú la colada – le sacó la lengua y guardó el papel – me lo guardaré, por si algún día tengo que abogar en él.

-Seguro que lo harás – por un momento Inuyasha se quedó serio y miró a Kagome – He visto las flores ¿quieres ir a visitarla hoy también?

-Está sola allí – él la miró, exasperado – sí ya lo sé, pero para mí, ella está allí, sola ¿vale?

-Sesshomaru irá con Rin esta tarde también. Me han preguntado si iríamos hoy

-¿No crees que no es sitio para la niña?

-Rin es especial. Desde que está con Sesshomaru ha aprendido a valorar la vida pero también a entenderla. Sabe que estas cosas pasan

-No deberían haber pasado así. Yo debería haber entrado por la puerta, debería haber matado a ese malnacido cuando tuve la oportunidad – apretó las manos aguantándose las ganas de llorar –no llegué a tiempo y todo por una estúpida ventana

-La puerta se me cerró en las narices y no pude abrirla – se sentó a su lado y le cogió la cara con las manos – si yo hubiera sido más rápido podría haber entrado y acabar con aquel imbécil de un balazo – le besó en la frente – pero debo confesar que suspiré de alivio al verte correr hacia la parte trasera. Queda muy mal decirlo pero me alegro de no haber entrado

-Ella podría haber…- él le puso el dedo índice en los labios

-Lo sé – dijo simplemente – pero el habría no sirve de nada – ella simplemente asintió – sabes, hay algo que me sorprende de ti

-¿A sí? – ella se limpió las lágrimas con la manga de su chaqueta y lo miró

-No entiendo cómo puedes ser tan dulce, vergonzosa y tan inocente y luego matar a alguien sin ningún miramiento. ¿Eres bipolar?

-Kikyou tenía toda la frialdad que yo necesitaba para este trabajo y yo tenía toda la empatía que ella necesitaba para sobrevivir en una sociedad actual – Inuyasha sonrió ante el chiste malo – pero las dos aprendimos a sobrevivir con los defectos. Yo sé, que cuando la vida de alguien está en peligro por un criminal, debo disparar, me pese luego o no.

-Eso es muy maduro – dijo impresionado

-Ya, soy muy madura – le sonrió enseñando los dientes – bueno, déjate de cháchara y cocina. Me muero de hambre – y entre bromas, comieron solos en aquella tarde de Septiembre.

Estaba sentado en aquella sala lúgubre, esperando al hombre que debía informarle donde se encontraba ella. Había decidido ir con Rin pero acordó ir a buscarla más tarde, pues él necesitaba ir a verla primero.

Recodó cuando vio a Sara allí, en aquel frío lugar, lleno de dolor, muerte y almas en pena. En aquel momento lo que le mantenía con vida era el matar al asesino, pero ahora, ya nada lo mantenía a salvo. Al fin, un hombre salió, informándole dónde se encontraba ella, reposando en un sueño profundo del que no parecía despertar jamás.

Caminó como un alma en pena, la tragedia había atormentado su alma todos los días y todas las noches, por lo que estaba de baja temporal, obligada por su jefa, al saberse la relación que mantenía con Kagura.

¿Relación? La verdad es que a aquello que había pasado en una semana no se le podía llamar relación. Kagura había entrado en su vida de una forma avasalladora removiendo todo su mundo, el cual estaba perfectamente ordenado sin ella. Pero la periodista fue como un huracán, cuando pasan dejan sus huellas en cada una de las casas, en cada uno de los lugares y corazones de los supervivientes.

Por desgracia, él era un superviviente. Habría deseado que el sufrimiento acabara junto con Naraku pero no fue así; con lo sucedido a Kagura su dolor se intensificó eliminando por completo toda esperanza de vida. Lloró como un niño pequeño todas las noches que podía venir a visitarla, llevándole amapolas, sabiendo que eran sus favoritas. No se consideraba un hombre débil, pero no sabía por qué se sentía así con ella.

No, sí que lo sabía. Se había intentado engañar a si mismo muchas veces, pero sabía que ella estaba hecha para él, sabía que con su partida él no volvería a conocer a nadie que se amoldara perfectamente a su persona. Nadie que pudiera leer tan bien sus pensamientos y entender sus acciones. Nadie que lo cambiara de tal forma sin ni siquiera mencionarlo.

Sí, se había enamorado en una semana de la mujer que ahora iba a visitar. Simplemente Amor. Dicen, que por desgracia, no sabes lo bueno que tienes hasta que lo pierdes.

Se sentó delante de ella, a pocos centímetros de donde ella reposaba. Dejó las flores a un lado y cerró los ojos intentando controlar los sentimientos que se revelaban si sobresalían a flor de piel.

Como cada noche, le cogió la mano y rogó a cualquier espíritu o energía que Miroku llamase que se la devolviera, que la trajera de vuelta a él. Sin quererlo, recordó el motivo por el que todo esto había comenzado, pues a la cabeza le vino la imagen de la diosa de la guerra recordándola como en el cuadro de Velázquez la pintaba.

-No sé si estás ahí o si me he vuelto loco del todo – empezó a hablar Sesshomaru en voz baja – gracias a ti, me lo han robado todo. Mi prometida, mi credibilidad, tres años de mi vida… todo por acabar a alguien que quería vengarse de ti – apretó más la mano de Kagura, inerte en la camilla del hospital – pero cuando me estaba reponiendo, cuando la vida nuevamente me daba una segunda oportunidad, tu enemigo me la arrebató.

Levantó la cabeza mirando al techo como si supiera que ella se encontraba allí, mirando invasivamente el lugar en el que él había venido cada día, para rogar porque ella despertara del coma.

-No quiero nada, no quiero que me des la felicidad, ni la dicha. Solo quiero una cosa que tú me puedes conceder – suspiró – tráela de vuelta. Ella ha sufrido por ti, ha estado a punto de morir por ti, lo menos que le debes es una segunda oportunidad. Si no tiene que estar a mi lado que así sea, pero dale la oportunidad de vivir – se acercó al oído de Kagura – lucha, cobarde. Lucha por mí – le susurró

Acabó el soliloquio como cada día, para mirar el rostro sereno de Kagura quien había sido inducida al coma para que se recuperase de sus heridas, pero tras una semana de descanso, la mujer no había mostrado ningún signo de vitalidad más que la del corazón bombear.

Se recostó en la silla aún con la mano agarrada entre las suyas temiendo que si la soltaba la perdería para siempre y cerró los ojos, necesitaba estar a solas con ella solo un momento, imaginarse por un segundo que Atenea había escuchado su petición y Kagura volvía a su lado.

Como otras veces, su imaginación le jugó una mala pasada creyendo escuchar algún ruido procedente de la periodista, muchas veces había salido de la habitación llamando a veinte enfermeras para que la reconocieran, pues había escuchado un murmullo imaginario o su nombre susurrado en sus labios.

Abrió los ojos cuando sintió una presión en su mano, precedente de la de Kagura. Sin poder creérselo se acercó a ella, quedando a milímetros de distancia, queriendo cerciorarse completamente de que no se estaba volviendo loco.

-No – los labios de Kagura se movían forzosamente, susurrando – no soy una cobarde – consiguió decir – idiota – le insultó abriendo los ojos cobre.

Sesshomaru se quedó paralizado, no sabía cómo reaccionar o que hacer, pues el deseo más profundo de su ser se había hecho realidad. Acortó la distancia y la besó, sintiendo como ella sí correspondía, aunque fuera de una forma torpe y débil.

-No te muevas – ella lo miró irónica – tú ya me entiendes. Voy a llamar al médico – salió disparado por la puerta, con una alegría creciente dentro.

Kagura miraba desde la cama la habitación en la que se encontraba. Las paredes blancas, cortinas del mismo color, una televisión y un gran ventanal que permitía a la luz natural entrar al habitáculo.

Sonrió, comprendiendo donde se encontraba, recordando aquello que había sucedido antes de caer en la oscuridad. Ella sabía que podía haber muerto pues, había contemplado la posibilidad no como una hipótesis sino como una realidad y no se esperaba que la vida le diera una segunda oportunidad.

"Tú héroe no me ha dejado opción. Disfrútalo" escuchó una voz en su mente, alguien que le decía esas suaves palabras y seguidamente recordó unos ojos azules que la miraban con dulzura. No pudo hondar mucho en ese pensamiento pues Sesshomaru había llegado raudo y veloz con el escuadrón de médicos, amenazados seguramente por él, para reconocerla. Aun así, dio las gracias en silencio por haber vuelto a la vida.

Duarte las semanas que siguieron Kagura fue visitada por todos y cada uno de los chicos del departamento de policía. La habían considerado una heroína digna de ser parte de la pequeña familia que se había formado en aquel departamento y por ello mismo, su habitación estaba coronada de flores y globos por todas partes.

Sesshomaru venía cada día con Rin para que la niña la volviera a ver y volviera a disfrutar con ella de la nueva vida que se le presentaba. Kagura disfrutaba de la compañía de la niña, pero esperaba que el detective quisiera hablar con ella, al menos para saber en qué había quedado lo suyo.

Pero los días fueron pasando y cada vez, veía más distanciado al joven albino por lo que recibió el mensaje de que aquello que él había vivido con ella, solo había sido una noche divertida. Ella no era de esas; en realidad, no había tenido tiempo de clasificarse para saber qué tipo de mujer era, pero estaba segura de que no le gustaban las aventuras de una noche pues aun no tenía la suficiente confianza en sí misma como para hacerlo.

Una tarde, en la que el detective dejó a Rin en el hospital porque tenía que trabajar, Kagura había tenido la idea de que la niña durmiera con ella en la cama, cayendo rendida a los pocos minutos de tumbarse en ella.

Inuyasha entró por la puerta para hacer la valoración de su paciente, pero esta vez con cara mucho más seria y rígida de lo habitual.

-¿Ocurre algo malo? – la periodista preocupada, le preguntó al ver su cara

-No, tus constantes están bien – dijo mirando la carpeta – en unos días podrás tener el alta – la cerró y se sentó en una silla cercana a la camilla

-Y ¿entonces? ¿a qué viene la cara de antes?

-Yo – Inuyasha levantó la vista y la miró a los ojos - ¿puedo hacerte una pregunta un tanto personal? – ella asintió extrañada – antes del ataque a Naraku… no sé cómo decirlo

-Dilo de una vez y deja de tenerme en vilo – le exigió en voz baja algo exasperada

-¿Tuviste relaciones sexuales antes de la agresión de Naraku? – Kagura abrió los ojos, sorprendida – eso me dice que sí – se levantó enfadado

-¿Por qué me preguntas algo así y sin que te conteste te enfadas?

-Estás embarazada de tres semanas – ella abrió los ojos sorprendida – si contamos, te quedaste en estado mientras estabas con mi hermano, pero es imposible que sea de él – remarcó – por lo tanto tengo en mi mano la prueba viviente de que lo has engañado

-¿Qué? – embarazada, engaño… ¿qué estaba pasando?

-Mira, sé que has tenido una vida difícil y sé que mi hermano fue un soplo de aire fresco – dijo respirando profundamente – pero él también es una persona que ha sufrido y mucho todos estos años y no se merece que nadie le haga daño como se lo has hecho tú – le tendió unos papeles – esto es el alta médica. Estás en perfectas condiciones para irte a casa o si lo prefieres irte a otro hospital, pero yo, no te quiero aquí

-¿Cómo estás tan seguro de que he engañado a tu hermano? – ella miraba los papeles abrumada, sintiéndose sola nuevamente

-Porque no puede tener hijos, en el acuerdo prematrimonial de Sara lo dejó bien claro – ella levantó la mirada sorprendida – si pensabas colársela, lo siento, no te ha funcionado. Por favor, vístete y vete

-No me puedes obligar

-No, pero te puedo persuadir – sacó un bolígrafo y se lo dio – los Taisho somos una familia unida que nos protegemos los unos a los otros. Pensaba que podía pertenecer a ella, pero no ha sido así.

-Me iré de vuestras vidas – aseguró firmando el alta – pero por favor, no le digas nada a Sesshomaru

-Por mucho que lo supiera, no iba a reconocer un hijo que no es suyo – le espetó con ira el pequeño de la familia

-Es lógico – le entregó los papeles temblando

-¿Estás bien? – posiblemente la ira no le había dejado ver el daño que le estaban causando sus palabras, por lo que decidió calmarse un poco al ver que la muchacha no dejaba de temblar

-Perfectamente. Despertaré a Rin y nos iremos y ya no tendrás que vernos – le aseguró atropelladamente poniéndose en pie lentamente – gracias por todo – cogió la ropa que había traído Rin la noche anterior de su armario y se cambió en el lavabo – los mareos y las náuseas posiblemente sean del feto ¿verdad?

-Sí, son síntomas. No hagas esfuerzos y come de todo. Si estas cansada ves a algún herbolario a que te den algún tipo de vitaminas natural, así podrás capear mejor el temporal.

-Gracias por ser un médico tan atento y amable – se dirigió a Rin y la despertó – cariño, nos vamos. Por fin puedo irme a casa – ella asintió no muy convencida. Aun así, se dirigieron a la puerta para no mirar atrás mientras Inuyasha se sentía el ser más ruin del planeta.

Horas más tarde, Sesshomaru se dirigió a la habitación de Kagura, había tardado más de lo normal porque se había pasado toda la tarde dando vueltas por el centro comercial, en una joyería.

El detective al fin se había decidido, pues estaba claro que el tiempo que había pasado con la inquietud de saber si volvería a ver los ojos cobre de Kagura, le había hecho pensar que la vida era muy corta como para dejar pasar las oportunidades, las cuales normalmente no se repetían.

Entró en la habitación con un ramo de amapolas rojas en su mano derecha y tocando la caja de terciopelo que se guardaba en su bolsillo izquierdo. Pero al fijar la vista pudo comprobar que la mujer que debía de ser su esposa no estaba, por lo que fue a buscar a su hermano hecho una furia.

-Hola Sesshomaru – le saludó el pequeño alegre - ¿vienes a verme?

-¿Dónde está? – fueron las únicas palabras de Sesshomaru

-¿Perdona?

-¡No te hagas el estúpido conmigo Inuyasha! – le amenazó el hermano mayor – he ido a la habitación de Kagura y ni ella ni la niña están. ¿Dónde han ido?

-Le he dado el alta – dijo mientras seguía mirando unos documentos

-Que has hecho ¿qué? – se fue a su hermano, algo más bajo que él y lo cogió por las solapas de la bata banca - ¿cómo se te ocurre? ¿No le quedaban unos días para recuperarse?

-Yo… no podía tenerla cerca después de saber lo que sé – su hermano lo soltó dejando que cayera al suelo – prometí no decir nada así que no puedo ayudarte. Si me disculpas, tengo pacientes que atender – Inuyasha se dirigió a la sala de urgencias dejando a su hermano completamente en shock

-Señor Taisho, que alegría de verle – Karen, la recepcionista de sesenta años apareció en el mostrador por arte de magia, como siempre - ¿qué le trae por aquí?

-He venido a ver a Kagura, pero se ha ido – le contestó ido, mirado el pasillo por donde se había dio su hermano

-¡Ah! Sí. Algo muy raro – la mujer se giró para buscar unos papeles - ¿usted va a verla? – el detective la miró, intrigado – bueno… es que se dejó su historial aquí y posiblemente lo necesite si tiene que ir a alguna revisión – le entregó una carpeta con el expediente de la mujer – como usted es de la familia y policía puedo confiar en que se lo entregue ¿verdad? espero que se cuide y más ahora – antes de poder preguntar nada, la mujer se marchó tal y como había venido.

Sesshomaru abrió la carpeta en busca de alguna respuesta que contestar a las preguntas que se estaba formulando. Abrió los ojos en cuanto descubrió aquello que podía haberle hecho huir tan rápido.

-Voy a matarlo – fue a buscar a su hermano a su despacho, cerrando la puerta tras de él – levántate Inuyasha

-Sesshomaru, estoy ocupado – se levantó viendo la cara de su hermano avanzando amenazante - ¿se puede saber que…? – no acabó la frase gracias al tremendo puñetazo brindado por su hermano mayor, siendo impulsado hacia atrás – pero ¿qué haces idiota?

-¡Esto! – plantó el expediente abierto de Kagura en su escritorio señalando la parte adecuada - ¡Eres idiota! ¿verdad? – le gritó completamente fuera de si

-Lo he hecho por ti, imbécil – arremetió el otro apoyando las manos en el escritorio y enfrentándolo - ¿qué hubiera pasado cuando supieras que ella está embarazada de otro? Sé lo que es que engañen Sesshomaru y no es nada agradable

-¿Cómo se te ocurre pensar algo así? ¿en qué cabeza cabe que ella haya podido engañarme en una semana que hemos estado saliendo? ¿Qué tiene? ¿una doble vida?

-No lo sé – Inuyasha pegó un puñetazo en el escritorio – pero tú mismo me dijiste que no podías tener críos ¿qué quieres que piense cuando veo estos resultados en las pruebas? – por primera vez Sesshomaru decidió escuchar a su hermano – me he odiado a mí mismo en cuanto he visto su reacción, como si se sintiera sola. Pero no podía permitir que te hiciera eso, no podía permitir que por un error suyo te lo hiciera pagar a ti por toda la eternidad.

-Sara se lo inventó – Inuyasha levantó la mirada sorprendido – ella no quería tener hijos, pero no quería declarar eso en público, su nuevo puesto de trabajo era respaldado por familias con descendencia, por lo que decidió inventarse esa cláusula

-¿Qué…? – el médico se sentó, sorprendido

-Me lo explicó cuando leí el acuerdo. Yo en aquella época pensé que estaba bien, pues yo tampoco quería a un bebé y accedí a que todo el mundo pensara que era estéril – vio cómo su hermano se tapaba la cara con una mano – sé que lo has hecho con buena fe, pero la próxima vez que intervengas en mi vida sin consultármelo te arrancaré el corazón – él asintió – voy a hablar con ella, pero ves pensando como compensárselo a ella y a tu futuro sobrino – salió del despacho con el historial de la mujer en la mano. Tenía que pensar una manera para convencerla de que la familia Taisho no era tan loca como aparentaba.

Se dirigió al coche sentándose en el asiento del piloto. Mientras lo ponía en marcha escuchó un ligero bip del móvil, por lo que apagó el motor y sacó el aparato esperando que fuera Kagura quien le hubiera enviado un mensaje. Pero volvía a ser su hermano pequeño.

-Ya sé que no quieres que me meta en tu vida pero es importante. Ha llamado Miyouga, Kagura ha presentado su renuncia y se ha marchado. Ves a su casa.

Maldijo al acabar de leer el mensaje. Dejó el teléfono en el asiento del copiloto y arrancó el coche, saliendo del aparcamiento del hospital a toda velocidad para dirigirse al apartamento de la periodista. Si pensaba irse sin dejar rastro, tendría que pasar primero por encima de su cadáver, de eso estaba seguro.

Kagura recogía sus cosas llorando en silencio. Había dejado a Rin en la cocina comiendo un bocadillo mientras ella sacaba las maletas y empezaba a guardar sus cosas. A la vida le encantaba jugar con ella, darle la felicidad y cuando se empezaba a acostumbrar se la arrebataba de un plumazo, haciendo que empezara desde el principio una vez más.

-En mi otra vida seguramente fui la hermana gemela mala de Hitler – se secó las lágrimas con la manga de su camisa de cuadros roja – es la única respuesta de que seáis tan cabrones conmigo – decía al aire mientras metía sus cosas en la maleta

Aun así, debía de reconocer, que la oportunidad que le había brindado la vida una vez más era un regalo más que una maldición. Puede que estuviera sola, que la persona que amaba no le correspondiera, pero ahora tenía una familia por la que luchar y eso le daba algo de fuerzas, no por ella, sino por Rin y la nueva criatura que venía de camino.

Paró un momento para tocarse el vientre y sonrió. El padre del bebé era todo un semental, a la primera había conseguido que ella creyera en él y que creciera en su interior algo que era parte de los dos. Puede que fuera una descripción muy romántica pero la sensación de tener alguien en su vientre aunque no fuera más que un garbanzo en esos momentos, le daba la sensación de paz y serenidad.

Suspiró, había leído en internet que si la madre estaba depresiva el niño podía salir afectado al estar conectado con ella. Era imposible que aun recibiera algún tipo de estímulo, pero por si acaso se obligó a sonreír y a mirar el lado positivo a su vida, aunque le costara un poco encontrarlo.

Tan metida estaba en sus pensamientos que no escuchó la puerta de entrada abrirse, el saludo de Rin o la presencia a su espalda que la miraba intensamente. Kagura se giró con un poco de ropa, para poder clasificarla, que cayó al suelo cuando vio el par de ojos que vigilaban su espalda. Se agachó a recogerlos rápidamente mareándose un poco y tambaleándose levemente

-No hagas movimientos bruscos – Sesshomaru se acercó, riñéndola como si fuera una niña pequeña- no es bueno para el bebé – la levantó en volandas y la sentó en la cama

-¿Es que tu hermano no puede tener la puta boca cerrada? – espetó enfadada

-Soy detective, nada se me escapa

-Pues si has venido a decirme que soy una furcia, no hace falta que te molestes – Kagura se separó de él – tu hermano me lo ha dejado claro. Así que por favor, vete

-¿Y ya está? – ella lo miró interrogante – ¿no hay discusiones acaloradas como antaño? ¿No vas a intentar convencerme de que el bebé es mío?

-¿Para qué? ¿para agrandar más tu ego? ¿o para que me martirices diciendo lo listo que eres y lo estúpida que he sido yo? ¿o…? – él le tapó la boca

-Crees que ese hijo es mío ¿no?

-Sesshomaru – empezó ella quejándose

-Contesta – exigió – sí o no

-Desde los veinticio años hasta ahora, has sido la única persona con la que he tenido relaciones sexuales – contestó ella mirando al suelo – pero desde que era un bebé hasta ahora has sido la única persona con la que he hecho el amor ¿te contesta eso?

-Es decir… o hace tres años que tienes ese feto en el vientre o es mío ¿no? – ella lo miró seria, enfadada. No quería hacer bromas sobre ello. Se había sentido utilizada despreciada y asqueada consigo misma. Lo último que ahora necesitaba era tener a alguien riéndose de ella

-Te acabo de contestar – dijo de forma elocuente. A diferencia de la reacción que esperaba, Sesshomaru sonrió de una forma destensada y tranquila, de una forma que aún no había visto - ¿de qué te ríes?

-De que gracias a mi descuido tengo un gran argumento para que me digas que sí – sacó la caja de terciopelo, pasándosela – ya sabes lo que hay dentro

-¿Qué significa esto? ¿crees que sea hijo tuyo?

-No es que lo crea, es que lo sé – Kagura lo miró interrogante – sé que parece una locura, pero tiene sentido. Mi familia cree que soy estéril, porque acepté una clausula junto con Sara en la que no íbamos a tener hijos. Pero era ella quien no los quería y por eso lo inventó

-¿Y por qué no se lo inventó con ella?

-Porque a mí no me molestaba, a ella la hubiera degradado socialmente. Y más en un bufete de abogados

-Entonces lo que dijo Inuyasha es mentira ¿no?

-Estoy seguro que dentro de nueve meses tendemos a un niño o niña de ojos miel y cabello albino. En nuestra familia es la mejor muestra de paternidad que tenemos

-Es raro ver a un albino con los ojos de color miel

-Dicen que nuestra familia fue maldecida por una bruja del séquito de Morgana – le levantó el rostro por el mentón y le hizo mirarle – he estado noche tras noche en ese hospital sufriendo por cada palabra que te dije, por cada mirada de desprecio que te lancé. Las acusaciones que te hice, como me desquité contigo, sentí que todo aquello pesaría sobre mí y que nunca podría decirte que te quiero – ella abrió los ojos sorprendida – me has llegado al corazón de una manera indescriptible y cuando vi que tu vida se iba, me quería ir contigo

-Es muy romántico, Romeo – dijo ella con una sonrisa

-Me has vuelto un sentimentalista. ¡Mira lo que he hecho por ti! – hizo una señal a la puerta para luego aparecer Rin con el ramo de amapolas mientras ella iba vestida con una sábana blanca liada al hombro y con una peluca rubia

-Soy Afrodita, diosa del amor – dijo de forma teatral la niña – y yo consa… congarso… consargo…

-Consagro – le ayudó el detective

-Eso, consagro vuestro matrimonio. Porque te vas a casar ¿no? – Kagura sintió los ojos expectantes de la niña por lo que miró a Sesshomaru, encontrado los mismos ojos expectantes e ilusionados que los de Rin. Puede que no fueran familia pero se parecían mucho.

-¿Quién soy yo para contradecir a la gran diosa del amor? – se encogió de hombros esperando la reacción de los otros dos que se abalanzaron sobre ella alegres.

Puede que la vida al fin y al cabo sí le haya dado un milagro.

FIN.


C'est finni le broculí xD.

Bueno aquí está el nuevo capítulo. Ya podéis respirar tranquilas parece que todo se ha solucionado. Pero también, lo que todo se soluciona bien, acaba pronto ¿no? Esa es la pena, que dentro de una semana veréis el final de esta historia.

La verdad que es una de las obras a las que más cariño le tengo y el que tanta gente la haya aceptado tan bien, me enorgullece enormemente. De igual forma, gracias a todos por haberle dado la oportunidad a este pequeño escrito, ha sido fantástico teneros semana tras semana conmigo dándome ánimos y siguiéndome.

Bueno, pero dejémonos de despedidas que aún falta un capítulo el cual, será el Epílogo. Espero que la espera haya valido la pena y lo disfrutéis tanto como yo al escribirlo.

Aclaraciones: Bien, el fragmento de este capítulo hace referencia al reencuentro de Odiseo y de su esposa Penélope después de unos 20 años de espera. Aunque la historia de Odiseo es muy larga (da para un libro nada menos) la escena final donde la pareja se reencuentra es la más emocionante. Después de pasar 10 años en la guerra de Troya, Odiseo pasa otros 10 años para poder volver a su hogar, donde se encuentra que ha sido arrasada por los huéspedes que han vivido allí durante esos últimos 10 años (estos eran los pretendientes de Penélope, que esperaban que ella se casara con uno de ellos, pensando y deseando que Odiseo había muerto). No entraré en detalles por si queréis leerlos la Odisea (la cual recomiendo mucho) pero en esta escena Penélope le pone una prueba a Odiseo para saber si realmente es él la cual él pasa. Por ello, como la misma historia se reencuentra dos amores, es por lo que he utilizado este fragmento.

Agradecimientos

Broken Glitz: Holaaaaaaa! ¡Tranquila! No soy tan malvada como para matar a mi personaje principal (aunque realmente he estado a punto…), pero no, no podía matarla, me he encariñado tanto con ella… además me enrabió muchísimo que Kagura muriera en el Manga así que no… me niego a su muerte xD. Me ha encantado que hayas referenciado a Boudica (como buena historiadora) me ha parecido fascinante que conozcas sus hazañas. Sí, yo también lo hubiera abofeteado, pero se ve (y me informé xD) que si un policía no anuncia que es policía y dispara lo pueden considerar asesinato… es muy chungo… pero pasa. Yo me imagino a InunoTaisho como un cachondo, y por eso me ha parecido que este personaje le queda bien, es todo lo contrario a sus hijos xD. En fin, espero que te haya gustado este cap. Y nos vemos en el siguiente.

PrincessVirgo: Muy buenas! Muchas gracias por el comentario! Sinceramente no me ha sido nada complicado acabar con Naraku, hasta lo estaba deseando y me he tenido que controlar para que no fuera de masaido Gore. En fin espero que este capitulo te haya gustado y que la espera haya valido la pena. Sí, en algunos lugares lo ponen también como hijo de Dionisio, pero según los cántos órficos, creo recordad que se le hacía hijo de Apolo. Pero la mitología es tan extensa que existen muchas variantes xD. Espero que disfrutes, nos vemos pronto!

anime love: Holaaaaa! Muchas gracias por el mensaje, de verdad que me hace muy feliz todos estos comentarios que me aparecen, me reviven xD. Bueno, pues, aquí esta, ya sabemos como está Kagura, Sesshomaru y la Araña. Espero que te haya gustado como se han desarrollado los acontecimientos y que te haya valido la pena la espera. A mi me encanta el personaje de Rin, me la comería a besos, me encantaría tener una hija como ella xD En fin, espero vernos a la semana siguiente!

Agradecer también a: Hanna Stardust, Inariama-chan, Inu'Karuta, Mafe-mon, PrincessVirgo, SOPHI-106, alheli.g.r, chuckylandia, dana masen cullen, Michelle-Taisho14, caritomoxa, linithamonre77, Lucy3215, tentenxneji4ever, Frozen-Winter-Heart, ainize, y marcela arce por agregar a mis favoritos o seguir desde la distancia. Muchas gracias por estar ahí.

Y como siempre, agradecer al lector silencioso, que aunque no esté presente mantiene viva mi "obra" por llamarlo de alguna forma. Muchas Gracias.

En fin, nos vemos, como siempre, en los bares :p