Hola, hola. Aqui estoy de regreso como siempre :). ¿Adivinen que? Ya casi estamos a la par con los capitulos de la version RobSten, entonces las actualizaciones van a ser un poco mas tardadadas, ya tengo unos cuantos capitulos en proceso asi que no me tardare tanto, lo prometo, si no me dan una regañiza buena en mis redes (que estan en mi perfil) jajaja. Bueno, no las entretengo mas, espero les guste este capitulo.

Nos vemos en los reviews.

Soundtrack del Capitulo.

''Dejame Gritar'' Kudai www . youtube watch?v=4-XMxYIiFxU

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Capitulo beteado por Monserrat Guerra, Betas FFAD

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Bella's POV

Después del concierto nos fuimos a la fiesta que preparó la escuela donde oficialmente nos iban a entregar unos reconocimientos por habernos graduado y haber entrado a la Universidad.

La fiesta iba a ser en un jardín precioso de Studio City.

¡Aún no me creía que haya entrado a la Universidad!

—Pues créetelo —me dijo Edward después de decirle que era increíble que me hubiera pasado eso—. Ya estás en la Universidad, mi vida —me dio un beso en la mejilla.

—No me lo puedo creer, en serio, siento que estoy soñando.

— ¡Ah! —gritó Irina detrás de mí sobresaltándonos a todos, la miramos—. Para que despiertes, cuñadita.

—Más que despertar, casi me das un infarto.

— ¿Es aquí? —me preguntó Edward deteniéndose frente al jardín.

—Sip, aquí es —me quité el cinturón, Edward se estácionó a lado de la entrada y nos bajamos, me tomó de la mano y entramos al jardín.

Las mesas eran grandes, pues las familias de los dos grupos vinieron, la de nosotros era rosa y morada (por Alice y por mí) y tenía nuestros nombres en grande. Ya estaba mi familia ahí.

—Las dos lo hicieron muy bien —nos felicitó mi mama.

—Ósea ¡obvio! —exclamamos las dos.

—Ya les salió lo cat a este par —se quejó mi hermano.

—Hace mucho que no se les salía —dijo mi primo.

Todos le dimos la razón.

Leah y Angela llegaron corriendo a nuestra mesa.

—Nos las vamos a robar un momento ¿no hay problema?

—Róbenselas todo lo que quieran, no se preocupen por nosotros —les dijo mi hermano, Edward y él chocaron cinco.

—Yo también te amo —le dije dándole un golpe en el brazo.

—Y mucho —me dio un beso en la mejilla. Angela me jaló y Leah a Alice, nos fuimos carcajeándonos. Cayo y los chicos estaban en una parte alejada de todos los invitados.

—Sesión de fotos, chicas —anunció Cayo, todas festejamos.

—Diles sesión de fotos o liquidación en el mall y no las paras —se burló Garrett.

—Idiota —murmuré.

— ¿Sí o no, Bella? Y no me digas que no porque tu novio no te va a dejar mentir.

—Ósea pero para nada, bueno creo que dentro de un mes me voy a balconear solita —me mordí el pulgar.

—Bueno ya, luego se echan de cabeza, aquí los quiero a los ocho —señaló el lugar en donde estaba. Era una manta con el nombre del grupo, de las que usaba la prepa para los conciertos.

—Primero quisiera unas fotos como las que les solían tomar en la escuela.

—Las más difíciles —dijo Angela, todos la miramos—. ¿Que? Las de las poses son las Angels.

—Y nosotras somos las Cat Girls.

—Las que deberíamos de estar en la pose.

— ¡Ay aja! —exclamamos todas.

—Bueno, den su mejor esfuerzo —nos dijo Cayo.

Hicimos la tradicional, solo que con algunas variantes, en lugar de que Alice y Garrett estén en el centro, ahora éramos Liam y yo. Era así: Liam y yo en el centro de todos, yo apoyaba mi brazo en su hombro y él envolvía mi cintura; Alice y Garrett a lado de mí; Leah y Ben a lado de Liam; y Angela y Sam debajo de nosotros. Como antes éramos cinco parejas, era una en el centro y dos a los lados, pero ahora ya somos cuatro, según parece...

— ¡Lauren no entro! —reaccioné.

— ¿¡Y apenas te das cuenta!? —me preguntaron todos.

—Sorry, estaba pensando en otra cosa.

— ¿Cómo...?

— ¡Cómo voy a festejar que no está Lauren!

—Concéntrate, Bella.

—Ok.

Otras dos fotos más de pose y pasamos a las naturales. Esas me encantaban, siempre salíamos riéndonos o haciendo estupideces, no supe cómo nos captaron está vez, pero éramos unos malditos desastrosos, nos lanzaron globos blancos, rosas, morados y negros y todos los pateábamos, lanzábamos, botábamos, bueno hicimos mil cosas con ellos. En un momento en el que estábamos jugando con los globos, apreté uno que traía en las manos y me estrelló en la cara.

—Increíble, esa foto está muy bien —dijo el fotógrafo.

—Bueno, quedé traumada de por vida, ni siquiera cuando era bebé me tronaron globos en la cara —me reí.

—Ustedes sigan jugando —ordenó Cayo—. ¡Bella!

— ¿¡Qué!?

— ¡Lauren se fue!

— ¡El mejor día de mi vida! —salté.

— ¡Todos saltemos! —gritó Sam.

Empezamos a saltar como locos sin ningún motivo aparente. Cayo y el fotógrafo se estaban riendo de nosotros haciéndonos reír a nosotros también.

— ¿Ya les dije que los quiero, desastrosos? —nos preguntó Cayo.

— ¡Gracias por desastrosos!

— ¡Bella, cuidado! —gritó Liam, y Ben me tiró llevándonos a todos de corbata, nos reímos.

—Ok ya, basta de fotos espontaneas, se van a lastimar.

—Creo que me torcí el tobillo —dijo Alice quitándose los zapatos, movió su pie izquierdo...—. ¡No! Sigamos.

—Ya se acabó, chicos, regresen a sus mesas —todos nos quejamos y nos giramos para irnos, entonces sentimos un flash en la espalda, volteamos—. Era la foto espontanea que nos faltaba.

— ¿Nuestros traseros?

—Yéndose.

—Por eso, nuestros traseros.

— ¡Oh que la...! Regresen a sus mesas antes de que cometa caticidio.

— ¡Ok! —nos fuimos corriendo.

Caticidio, amé eso —dije entre risas.

— ¡Fue épico!

— ¡Obvio!

Me quité los zapatos al llegar a la mesa y los dejé a lado de mi silla. Todos ya estaban comiendo y riéndose.

— ¿Por qué no nos esperaron? —preguntó Alice.

—Es mesa libre, vayan.

— ¿Otra vez me tengo que poner los zapatos? ¡Me los acabo de quitar!

—Vete sin zapatos —me dijo Edward.

—No, alguien me puede pisar.

— ¿Quién te entiende?

Me puse los zapatos y junto a Alice fuimos a la mesa de bocadillos, a medio camino nos encontramos con Angela y Leah que también iban para allá.

Iba bien distraída platicando con Leah así que no me fije en el camino, cuando llegamos a la mesa choqué con Lauren que traía dos vasos de ponche, se le cayeron encima. Me reí.

— ¡Oh! Perdón, no te vi.

—Eres una idiota, Isabella —sirvió otros dos vasos y me los echó encima.

— ¡Oye! ¿¡Qué demonios sucede contigo!? —Mi hermoso vestido azul estaba manchado de ponche rojo—. Es un Donatella ¿lo sabías?

— ¡Oh! Lo siento, princesa, ¿tu novio británico no te compró diez de esos?

Serví un vaso de ponche.

— ¿Y tú no conoces de buenos diseñadores? —Le eché el ponche—. Te estoy haciendo un favor, ese vestido es horrible.

—Idiota —me dio una bofetada.

—Perra —le di una bofetada.

—Mimada.

— ¡Ja! Te gané. No me ofende ser mimada —me tomó del cabello con todo y oreja haciéndome inclinar la cabeza—. ¡Aaaaaaa! —la tomé del cabello igual.

—Suéltame, princesita de cuarta.

—Suéltame tú, perrita de esquina.

—Esto está mejor que ayer —dijo Leah.

— ¿Tan poca fuerza tienes, niñita? —se burló Lauren, apreté mi agarre en su cabello.

— ¿Así o más fuerte, Lauren? —lo volví a apretar, ella aulló de dolor.

— ¡Isabella, ya basta! —gritó Robert separándome de Lauren, de tan fuerte que la tenía agarrada, me lleve varios de sus cabellos, se los tire encima—. ¿Y ahora qué?

—Chocamos y le tire ponche encima, no fue nada, ella fue la que lo hizo a propósito.

— ¿Y tú que, princesita? ¡Mira como me dejaste!

—Te dije que te estaba haciendo un favor —ya se venía contra mí cuando Cayo la aparto.

—Ya estuvo bueno, ustedes dos —dijo Cayo poniéndose en medio de nosotras—, que bueno que se separan porque otro pleitecito como este en la Universidad y las sacaba a las dos del grupo.

—Por eso no quería entrar a esa Universidad, para no tener que soportar más a está imitación de Paris Hilton ''ay sí, soy heredera, ay sí, ay sí''.

Ya me iba otra vez contra ella pero Edward me jaló.

— ¡Ya basta te dije!

— ¡Deja de gritarme! —Me zaée de su agarre—. Púdrete, Lauren, ojala encuentres una Universidad para perras, arrastradas y zorras. Eres demasiado golfa para una escuela de este nivel, vete a ver a quien te almuerzas para sacarle dinero. Y remarcó quien y dinero.

—Ojala que él te deje para ver si así se te bajan los humos.

— ¡Uuhh! —exclamaron todos.

— ¿Que dijiste?

—Lo que escuchaste. No eres suficiente para él, date cuenta de eso, no cuando sigues tan traumada por lo que te pasó en tu otra escuela. ¡Madura, Isabella, por favor!

— ¿Bells? ¿Que... que te pasó? —me preguntó Angela conmovida.

—No tenías por qué haber hablado de eso, Lauren —le dijo Alice—, si ella no dice nada es porque no quiere.

— ¿Por qué no quiere? ¡Porque no madura! Cuéntales a todos lo que tanto te tiene tan traumada, Belly, ándale. ¿No lo vas a hacer? —no respondí—. Está bien, yo lo haré. Resulta que cuando Bella tenía quince años se enamoró de un chico cinco años más grande que ella, obviamente el chico no iba a tener tiempo para una niñita como Bella así que se buscó a otra y la engañó. ¿Y saben qué es lo peor? Que todos sus amigos sabían y no le quisieron decir nada —miré a Emmett y a Rosalie, ella articuló un ''lo siento, Tinky''—. Con esos amigos, ¿para qué quieres enemigos? ¿Verdad, Belly? Ya no estés triste, ya tienes novio... bueno, eso si no te vuelve a engañar con alguien que si sea una mujer. Tú aun eres una niña, Bells, ¡eres virgen! Ojalá que tu Edward no se termine aburriendo por estar con alguien como tú.

Miré a ambos lados sin decir una sola palabra, todos los que estaban cerca me observaban compasivos, como si fuera un animalito abandonado debajo de la lluvia, y lo único que pude hacer fue... huir de ahí llorando...

Edward's POV:

Bella se fue corriendo empujando a todos los que se interponían en su camino. Alice me miró preocupada y con lágrimas en los ojos. Con toda la furia del mundo me encare a Lauren y le dije:

—No tenías derecho de tocar eso, si lo sabes es porque ella confió en ti. Ahora de verdad justifico su odio, no puede ser que existan ''amigas'' que divulguen sus secretos en este tipo de lugares —corrí hacia la entrada para buscar a Bella, estaba casi seguro que se había salido. Leah y Angela me siguieron.

— ¡Edward! —gritó una de ellas, me giré a verlas—. ¿Es... es cierto?

Asentí lentamente al tiempo que ellas jadeaban.

—Definitivamente no era el momento ni el lugar para que se enteraran.

—Pero somos sus amigas, debería habernos contado.

—Hay cosas que ni con toda la confianza del mundo se pueden contar. Demuestren lo buenas amigas que son y no le digan nada, eso la hará sentir aun peor —salí del jardín. Bella estaba sentada en una banca con la cara en sus manos y temblando, llegué y me senté a lado de ella envolviendo sus hombros con mis brazos, se pegó a mi pecho y siguió llorando. Ninguno de los dos hablo hasta que ella rompió el silencio gimoteando.

—Me siento tan humillada. Nunca, ni siquiera hace cuatro años me humillaron así —sorbió.

—Ay, mi amor, ¿qué puedo hacer para que te sientas mejor, mi princesa?

—Solo no me dejes nunca, Edward, por favor.

—Nunca te dejaré, mi vida, mi nenita preciosa —la pegué más a mi pecho—. ¿Quién quiere a está hermosura, eh? ¿Quién la quiere? —pregunte haciéndole cosquillas, ella empezó a sacar risitas tímidas y después sacó carcajaditas.

— ¡Ya, ya, para, para! —pedía, pero yo no le hacía caso, lo único que quería era verla sonreír y escuchar su risa.

—Está bien, te libero.

— ¡Gracias!

— ¿Quieres ir a casa?

—No puedo, todavía falta que entreguen los reconocimientos. ¡Puf! Está fiesta inició de lo mejor y ya se arruinó.

—Amor, le puedes decir a tu coreógrafo que te lo de después.

—Pero eso sería demostrarle a Lauren que me rendí, y no puedo demostrar eso, no cuando cree una barrera que protegía mis sentimientos.

—Amor, no siempre puedes hacerte la fuerte.

—Pero tengo que.

— ¿Entonces volvemos a la fiesta?

—Sip.

—Muy bien, vamos pues —la tomé de la mano y regresamos al jardín. Parece que ya estaban entregando los reconocimientos.

—Llegaron justo a tiempo —dijo Kate cuando nos sentamos. Me di cuenta de que algunas personas seguían mirando a Bella con ojos de lástima, algunas otras con ojos de comprensión, pero la que más llamó mi atención fue la mirada de Lauren, era medio arrepentida, medio culpable pero también burlona. Abracé a Isabella. Hubiera deseado poder llevármela de aquí, irnos cuanto antes a Londres y si las cosas continuaban igual quedarnos allá, donde nadie sabía su secreto mejor guardado.

El coreógrafo del grupo hablaba de muchas cosas que yo honestámente por estar al pendiente de Bella no presté atención, hasta ahora:

—Ya hablé mucho así que es hora de entregar los reconocimientos. Con el permiso de los directivos y de la líder del grupo y rompiendo todas las reglas de está entrega. Hace un año, todos tuvimos el placer de conocer a está personita que aunque llego tímida al colegio, se fue convirtiendo en lo que vemos ahora, una chica alegre, enérgica y con un corazón tan fuerte que ya todos quisiéramos tener. Demás y caballeros, les pido un fuerte aplauso por Isabella Swan.

De lo primero que me percaté en cuanto al anuncio fue que nadie se quedó sentado, todos aplaudían de pie, ella se levantó y fue por su reconocimiento, lo recibió de manos de su coreógrafo. No me di cuenta de cuando se puso su suéter blanco para tapar la mancha roja de ponche pero ya con él se veía adorable. No dijo nada, aunque todos pensamos que lo haría, solo miré hacia el frente y sonrió con lágrimas en sus ojos, creo que ya se sentía terriblemente mal como para decir algo sin tener ganas. Los reconocimientos se entregaron uno por uno, nadie dijo nada todos se iban con Isabella y la abrazaban sacándonos a todos una sonrisa. Se veía de lejos que sus amigos la querían mucho, esperaba que no le preguntaran más sobre lo que pasó la incomodarían más, aunque fuera bueno para ella que sus amigos la entendieran en ese aspecto, no quería que se sintiera más incómoda aquí, está fiesta era para pasarla bien y no como ella la estaba pasando por culpa de una mala amiga...

Bella POV:

¡Ya quería irme de aquí! Conforme más tiempo pasaba en este lugar más incómoda me sentía. Juro que todo no dejaba de verme no tenía que verificarlo, sentía sus ojos perforándome ¡quería salir de aquí!

Edward se dio cuenta de cómo estaba. No había comido nada, no había salido a bailar con mis amigos.

¡Más incómoda imposible!

— ¿Ya te quieres ir, mi amor? —me preguntó al oído, lo miré con ojos brillosos y asentí eufóricamente—. Vámonos, pues.

Nos levantamos. Más tarde había otra fiesta en casa de mi hermano así que no nos despedimos de nadie, lo único que quiera era estar con mi novio a solas, eso era lo único que me podía animar después del trago amargo de hace rato. Edward me pasó un brazo por los hombros y me aferro a su costado como si quisiera esconderme de todos.

— ¡Bella! —gritó Angela.

— ¡Déjenla, Angela! Por algo se va ¿no creen? —las regaño Ben.

—Cállate, Ben.

Me giré hacia ellas.

—Ahora no ¿quieren?

—Por favor, Bella, al menos explícanos porque...

—No se les dijo nada porque sabíamos que iban a empezar a ponerse así, Leah —me defendió Alice.

—Pero...

Suspiré.

—Está bien, los veo donde nos tomaron las fotos.

— ¿Estás segura? —me preguntaron Alice y Edward al mismo tiempo.

—No las voy a tener tranquilas hasta contarles todo ¡son igual de metiches que Lauren!

—Párale, Isabella, nosotras nada más queremos saber bien lo que te pasó.

— ¿Nada más eso? No les dije nada porque no quería que me vieran con ojos de lástima como sé que ahora me ven.

—Eso no es cierto.

— ¿Ah no? Perdí dos años de mi vida pero no de intuición. Sé que son mis amigas pero no pueden evitar sentir lástima por lo que me pasó. Sí, me ilusioné como tonta con un tipo que me bajó la luna y las estrellas, que me dio popularidad, que es lo que más quería al llegar a esa escuela del infierno. Me dejé engañar como estúpida y ciega y me dejé caer como si no tuviera ningún propósito en la vida ¿felices o necesitan que me humille más?

— ¡Les dije que se quedaran calladas! —les gritó Alice.

—Vámonos, princesa —me dijo Edward tomándome de los hombros otra vez y llevándome a la salida del jardín. Dejé a Angela y Leah con ojos llorosos y a los chicos enojados con ellas, más tardamos nosotros en llegar al coche cuando ellas ya estaban a lado de él.

—Bella, no te vayas.

Pero no les hice caso, me subí al coche y miré a Edward. Empecé a sollozar mientras el arrancaba y acelerando practicó la graciosa huida. Mientras miraba a mi novio, vi su rostro tranquilo, aunque algo tenso y yo sabía que detrás de esa máscara de tensa tranquilidad, había un monstruo controlándose para no salir.

—Ya, mi amor, ya pasó —me decía.

—No, Edward, nunca va a pasar porque a ojos de toda esa gente soy la estúpida que se dejó engañar a los quince años. Nunca va a pasar.

—Pues si te siguen viendo así es porque no te conocen en verdad. Los que sabemos quién eres tú, te vemos como alguien fuerte y capaz de luchar por lo que quiere. Si los demás no te quieren ver así es muy su problema.

— ¡Edward! —sollocé inclinándome para poner mi cabeza en su hombro.

—No sabes cuánto te amo, preciosa, verte pasar por algo como esto alguna otra vez sería como si me hubiera pasado a mí.

—Eres increíble ¿lo sabías? Te amo mucho, príncipe.

—Y yo a ti, mi pequeña princesa.

Con nuevas ganas de salir adelante y demostrar que ni el veneno de una niñita envidiosa me iba a detener, sonreí todo el camino de vuelta a Malibu. Edward y yo íbamos hablando de temas triviales que no incluían a la fiesta, es cierto que hasta el momento que fui a servirme bocadillos la fiesta fue increíble, pero como ninguna reunión Cat está completa sin el veneno de Lauren, la fiesta pasó a ser una de las más horribles que había vivido en toda mi vida, y sin contar al resto del grupo que me intercepto cuando ya me iba para preguntarme sobre el mismo asunto... creo que no los quiero volver a ver en un largo rato... no, no creo...

NO LOS QUIERO VOLVER A VER EN UN LARGO RATO.

Para la fiesta en casa de mi hermano todavía faltaban unas horas, así que en cuanto llegamos a casa nos cambiamos por algo más cómodo, digo, no íbamos a estar todo el día el en traje y yo en un vestido que por cierto era demasiado incómodo, lindo, pero incómodo… la historia de mis vestidos.

— ¿Sabes algo? —dije cuando me senté a lado de Edward en el sofá frente al televisor.

— ¿Qué, mi vida?

—Mientras menos vestidos use, mucho mejor. Me encantan, me siento así súper princesa con ellos pero son ¡más incómodos que nada!

—El precio de la belleza, hermosa —me dio un beso en la sien mientras cambiaba de canal en la televisión. Alcé las piernas y las subí al sillón, estaba más contenta con mi atuendo normal de casa: unos shorts de mezclilla, una ombliguera de algodón triples y mis pantunflitas, aunque según mi Edward, revelaba mucho con este atuendo... él se beneficia más así que lo mando a callarse... ¡soy mala con mi príncipe!

Edward dejó de zapear cuando llegó a un canal con una película romántica, nos acurrucamos en el sofá. El timbre de la puerta de servicio sonó, cosa que nos pareció rara porque si el portero quería decirnos algo hablaba por el intercomunicador y nadie entraba por la puerta de servicio. Me levanté para ir y aprovechar a llevar unos bocadillos para ver la peli. Abrí la puerta llevándome una gran sorpresa al ver a Angela y Leah aun con sus vestidos de fiesta y el maquillaje corrido, me crucé de brazos mirándolas enojada.

— ¿Que hacen aquí?

— ¿Podemos hablar contigo? —me preguntó Leah.

— ¿De qué demonios quieren hablar? Y a todo esto... ¿porque diablos no entraron por el elevador? Así me ahorraban la molestia de cerrarles la puerta en las narices —ya estaba haciéndolo cuando la empujaron haciendo que se abriera otra vez.

— ¿Podrías dejar de comportarte como una maldita princesita huele pedos? ¡Necesitamos hablar contigo!

—Princesita si, huele pedos sus abuelitas y no quiero hablar con ustedes. Adiós.

—Isabella, tengo oídos y no estoy tan lejos, princesa —canto Edward desde la sala.

—Eso tampoco ayuda —dijo Angela señalando hacia la sala. Según mi lógica se estaba refiriendo a como Edward me llamaba. Sip, en momentos como este no ayudaba que Edward me tratara todo el tiempo como la princesita que soy.

—Dije que adiós.

— ¡Isabella! —gritó Edward.

—No quiero hablar con ustedes ¿contentas?

—Pero necesitamos hablar, nos ocultaste eso por un año y medio, merecemos saber lo que pasó en realidad ¿no crees?

— ¿Disculpa? ¿Merecen saber lo que me pasó cuando ni siquiera nos conocíamos?

—Bueno... ¡si!

—Es mi vida, Angela, si nos les dije nada fue mi decisión, si me dejé chantajear por esa perrita callejera... bueno eso fue por estúpida pero ¡fue mi decisión! Si Alice no les dijo nada aunque le gana lo bocona a veces fue por lealtad y porque yo se lo pedí.

— ¿Y porque a Alice sí y no a nosotras? ¡También somos tus amigas!

—Si fuera por mí ni Alice se hubiera enterado, pero no le puedo ocultar una cosa así a mi cuñada, a mi mejor amiga, tenía que entender por qué mi hermano y yo somos muy apegados, algo que jamás entenderían ustedes por ser hijas únicas.

—En eso tiene razón.

—Leah, cierra la boca. Isabella, ¿cómo esos amiguitos tuyos de tu otra escuela si saben lo que pasó?

—No tengo idea, pero me alegra que lo sepan —respire hondo cerrando los ojos—. ¡Ya vuelvo! —grite en dirección a la sala.

— ¡No te tardes que tenemos que ir a casa de tus papás!

— ¡No! —salí de la cocina cerrando la puerta, Angela y Leah me miraban curiosas—. Ellos y mi hermano saben mejor que nadie lo que pase en esa escuela, nunca supe y estoy tan segura de que nunca sabré como se enteraron, aunque ellos nunca me han dicho que saben, lo puedo ver, lo vi en la fiesta cuando con una mirada me dijeron cuanto sentían que todo hubiese pasado así. La historia oficial es que me fui de Los Angeles a Boston para olvidarme de lo que pasó, pero en realidad siempre estuve en Los Angeles muriéndome de tristeza. A los dieciséis me tuvieron que internar porque literalmente me estaba muriendo, ese fue mi peor año; pero al año siguiente se podría decir que desperté y ese mismo día conocí a Edward, el gracias a mi hermano sabía toda la historia, yo solo tuve que confirmarla y detenerlo para que no fuera a matar al imbécil ese que me arruinó la vida... —respiré hondo al darme cuenta que iba muy rápido—. La historia ya la conocen, Lauren la gritó hace unas horas así que no necesitan saber más.

—Tinky Winky —me llamó Leah con el apodo que se les habia pegado por escucharlo de Emmett y Rosalie—, ¿por qué te dolió tanto?

—Eso es algo que ni yo entenderé, aunque tenga algo que ver con que fue mi primer novio y me ilusionó como a una tonta...

—Pero no lo querías como quieres a Edward ¿o sí?

Me reí.

—No, para nada. A Edward lo amo, a él solo... solo lo quería para tener una buena posición social en la escuela.

— ¿Perdón?

—Es gracioso ver cómo me molesta lo perra que es Lauren cuando yo fui igual, siempre intentando subir a una posición que pensaba que me merecía. Ni siquiera tenía dos meses ahí cuando logré ligarlo, cuando de un de repente ya era su capitana de la escuadra de porristas —ellas me miraron confundidas y recordé que no sabían que yo había sido porrista. Sip, todo el perfil completo: perra, porrista y presumida—. De nuevo, decidí no decir que fui porrista porque eso forma parte de mi oscuro pasado que quisiera olvidar.

— ¡Con razón haces tan buenos saltos y no le temes cuando Liam te levanta! Debiste ser buena porrista.

—Supongo que lo fui, me encantaba serlo, sobre todo por el nivel en el que nos encontrábamos. Había dos clases de personas en esa escuela, los que estaban en los equipos de futbol, y las porristas y los que no lo eran. Los jugadores y las porristas estábamos en el nivel más alto socialmente hablando porque habíamos unos que nuestras calificaciones eran... bueno, estuvieron a punto de expulsarme más de dos veces pero yo era intocable por así decirlo. Mi ego estaba por los cielos, pasó mucho tiempo para que bajara y solo así pude volver a entrar a la escuela, mientras tanto estudiaba en mi casa, mi hermano no me dejaba salir, ni ver a nadie, solo podía estar en casa sin hacer nada...

— ¿Por qué no nos habías contado nada de esto?

—Porque me avergüenza lo que hice, yo no era quien soy ahora, si bien sigo teniendo un ego enorme, ya no tanto como lo tenía en la escuela.

—Es malo que hubiera tenido que pasar eso para que tú te sinceraras con nosotras, pero nos alegra que lo hicieras.

—A mí también me alegra haberlo hecho, aunque es algo que ya había sacado desde hace mucho, creo que me hacía falta hacerlo con ustedes. Pero eso sí, por favor no le digan nada a los chicos, ellos se enteraran a su debido tiempo.

—Prometido. ¿Quién va a ir a la fiesta en casa de tu hermano?

—Será muy familiar, aunque se colaron Rose, Emmett, Mike y Eric, después de todo son buenos amigos de los dos así que no podíamos decirles que no.

—Pues diviértanse y ojala olvides todo lo que pasó, Belly, no te puedes ir a Londres pensando en eso.

—Precisamente por eso me quiero ir a Londres, para olvidar todo lo que pasó, necesito un nuevo aire.

— ¿Por cuánto te vas?

—Un mes, tiempo suficiente para que conozca a toda la familia de mi novio.

—Aguas que ahí son muy apretados.

—Ya lo sé, parece que me van a dar unas clases de modales británicos... ¡raros!

—Demasiado. ¿Que no es igual aquí que allá?

—Obviamente no. Lo que aquí podemos considerar como educado allá es grosería, y más yo que digo lo primero que me pasa por la cabeza.

—Tus comentarios espontáneos son divertidos.

— ¿Verdad que si? —nos reímos.

—Bueno, nos vemos después. Suerte en Londres.

—Gracias, prometo escribir.

—Hazlo.

Por un momento sentí como si no las iba a volver a ver, esa despedida tuvo ese sabor amargo del ''para siempre'', esperaba que no fuera así, ellas dos aunque me sacan de quicio son de esas amigas que nunca me gustaría perder.

— ¿Que pasó, amor? —me preguntó Edward cuando regrese a la sala.

—Nada. ¿Qué hora es? Mi mamá exige puntualidad.

—Siete treinta, ¿ya nos vamos?

—Sip, pero primero déjame cambiarme, no me puedo ir así.

—De acuerdo con eso.

Le avente un cojín del sillón.

— ¿Podrías, por un momento, dejar de ser tan mojigato?

—No es eso...

—Ya sé lo que es. Advierto, voy a estrenar la falda que me compré el fin de semana ¿eh?

— ¿Esa que conseguiste en una maldita tienda de niñas?

Me reí—. No fue en una tienda de niñas, fue en Juniors de Sears y es de ese tamaño para chiquitas como yo.

—Deberías decir para niñas como Cynthia. ¿Sabes qué? Ya vete a cambiar antes de que cambie de opinión.

—Te amo, guapo —le di un beso en la mejilla y fui a nuestra habitación.

Mientras me cambiaba pensaba en todo lo que había pasado hoy, cosas buenas, cosas malas, pero así es la vida. No siempre tendré cosas buenas, necesito también de esas cosas malas para saber que no hacer y también para madurar, por lo que sea de cada quien, Lauren tenía razón; no dije nada de mi pasado porque no tenía la madurez necesaria para afrontarlo...

Ahora sería diferente, tengo que madurar para que mi pasado no me siga atormentando más, aun así tenga que enfrentarme a él, aun así tenga que verlo, lo superare. Sé que lo superare.