-Enervate.
Los ojos de la joven se abren lentamente, esos ojos que son el centro de la vida de ella, ante la cara aliviada de varias personas. Comienza a respirar entrecortadamente producto de las heridas, de los huesos rotos y de su boca emana un hilillo de sangre. Su expresión es confusa, la inconsciencia le ha dejado algunos vacíos en su mente y observa, dentro de lo que puede, lo que ha quedado de la tienda, calcinada y devorada por la serpiente quimera que casi los mata a todos.
-Duele...
-¿Dónde?-pregunta el profesor Mortimer, tratando de mantener su rostro impertérrito ante el rostro angustiado de la joven.
Aquellos mismos ojos se llenan de lágrimas mientras se lleva una mano al pecho y murmura un leve "aquí", en el lugar del corazón.
-¿Porqué?
-Me lanzaron un cruciatus.-trata de que su rostro sea inexpresivo pero no puede.-Me duele todo, pero donde más me duele, es aquí...
Se señala débilmente un lado del pecho. Donde debería haber una costilla sana, el profesor comprueba que está rota. Luego de muchos "Braquiam Emendo", varios "Episkeyo" y litros de agua oxigenada, puede anunciar que la joven slytherin se encuentra "estable" aunque sabe que lo que acaba de pasar no va a ser fácil de olvidar.
-¿Quienes fueron? ¿Vistes su caras?
Rose negó.
-Estaban vestidos de negro de pies a cabeza y... llevaban máscaras... Había... había una mujer con ellos... ella fue la que convocó al fuego demoníaco, y comenzó a reírse de forma desquiciante...-jadeó otra vez, con expresión adolorida en su rostro- cuando las llamas comenzaron a perseguir a la gente que corría buscando una salida. Luego... luego desaparecieron...
Minerva McGonagall, que había estado escuchando todo lo que su alumna había dicho, dio un respingo al oír aquello.
-Mortífagos... susurró lentamente, comenzando a temblar de pies a cabeza.-Pensé que todos habían sido encarcelados o habían muerto en la Segunda Guerra y después de ella... Esto... esto es serio, Mortimer.-el profesor asintió, preocupado por lo que aquella situación significaba, mientras hacía levitar suavemente el cuerpo malherido de su alumna.
-Me llevaré a la señorita Weasley y al señor Malfoy. Pronto llegarán los del Ministerio y no quiero que estén aquí a vista de la prensa sensacionalista y los interrogatorios de los aurores siendo que ambos están lo suficientemente conmosionados como para siquiera abrir la boca.-Hizo una seña para que Scorpius se acercara, quién tuvo que salir del grupo de estudiantes que lo rodeaban preguntándole mil cosas sobre lo sucedido.-Quédate acargo de la situación e infórmales a los aurores de que tienen que desmemorizar a todos los muggles que fueron testigos de este incidente, que nadie se vaya hasta que lleguen las autoridades. Nos vemos.
El rubio tomó la mano que el profesor le ofrecía, y éste, a su vez tomó la mano inconsciente de la chica. Se oyó un click y en menos de diez segundos aterrizaron en los terrenos del colegio. La profesora Morgan se encontraba apostada en la entrada con los demás profesores detrás de ella, a la espera de la llegada de los dos chicos. Cuando divisó a lo lejos la sombría figura del profesor de pociones y a Scorpius y Rose, ordenó que fuera llevada una camilla y la enfermera con ella. Diez minutos después, la ojiazul se encontraba reposando en una mullida cama de la enfermería, y el ojigris a pocos metros de ella, mirando fijamente al techo.
-¿Mortífagos?-preguntó la profesora Morgan, quienes se encontraban a fuera de la enfermería, después de haber comprobado que ambos alumnos estaban estables físicamente.
-Así es. Al parecer quedaron algunos sin atrapar y ahora, después de más de veinte años, han vuelto a aparecer para terminar el trabajo que su lord inició en aquellos tiempos de la Segunda Guerra. Aterrorizaron a la gente en aquella tienda, y sospecho que ellos sabían que Malfoy y Weasley se encontraban allí en ese momento. Hay dos muggles muertos-su compañera ahogó un grito de horror-, un vendedor y una joven que estaba comprando. Se reportará a la familia sobre sus decesos a causa de un tiroteo, no será difícil una vez que modifiquemos la mente de los demás muggles que estaban allí.
-¡Es horroroso! ¿Cómo pueden seguir creyendo en semejantes barbaridades al punto de crear el caos en una tienda comercial muggle? ¡Mataron por matar, esos muggles no tenían nada que ver con ellos, ni con nosotros!-exclamó la joven mujer, frunciendo el ceño, indignada.
-Así eran ellos en el pasado. Creían a los muggles como seres inferiores a ellos, así como a los magos y brujas hijos de muggles. Sangre sucias les decían.-comentó con un tono indiferente casi, que siempre usaba cuando no quería dejar entrever la preocupación o la alteración de sentimientos en su rostro-. No dudo en que, si son mortífagos como creemos, comenzarán otra vez una oleada de terror y una nueva cacería humana. ¿El objetivo? llegar al poder e imponer su reino de sangres limpias y pureza de la sangre, así como las artes oscuras. A la señorita Weasley le lanzaron un cruciatus, no dudo en que en otra ocasión seguirán usando aquella maldición.
La profesora Morgan lanzó un bufido, enrabiada, no podía creer cuánta maldad podía haber en las personas, ni la crueldad de la que al parecer alardeaban como para torturar a alguien. Era repugnante, indignante, cruel e inhumano.
-¿Y qué vamos a hacer? Abeforth aún no vuelve de la diligencia en Francia y sin la presencia del director, no podemos hacer absolutamente nada. El Ministerio no nos dejaría y, si en realidad estos tipos son antiguos mortífagos, no nos creerían en todo caso.-terminó de decir amargamente, consciente de que ésa sería seguramente la actitud de ellos.
-Simplemente tendremos que advertir a los demás y reforzar la vigilancia por parte de los prefectos y los profesores.
Morgan asintió, mientras echaba a andar hacia su dormitorio. Por ahora, dejarían que las cosas se enfriaran y que los dos protagonistas de aquella horrible experiencia olvidaran momentáneamente qué había ocurrido. Sobre todo la slytherin que era la que había salido más lastimada.
-Ojalá que esto haya servido para que esos dos se unan más.-murmuró el profesor Mortimer, mientras emprendía el camino hacia su dormitorio.-Ojalá...
-¿Rose?-preguntó una varonil voz, en tanto que observaba el rostro inconsciente de la pelirroja.
Había despertado casi cuando oscurecía, al principio un poco confundido hasta que los recuerdos volvieron a su mente y la imagen del cuerpo ensangrentado de la joven le hizo recordar el motivo por el que lo habían llevado a la enfermería, al igual que a ella. Volvió a susurrar su nombre, mientras que, impulsivamente, sin saber el motivo exacto del porqué, pasaba suavemente la palma de la mano sobre su mejilla, estremeciéndose ante el contacto que su piel hacía con la de la chica. Tal vez ese era el único momento en el que Rose volvía a ser para él la misma de antes, la misma chica dulce, tierna, alegre y sociable que desencajaba con las serpientes y que le daba consejos y lo ayudaba en sus deberes. Volvía a ser la que lo besaba en la mejilla cuando se despedían en la noche, la que se escapaba de su sala común para ir con él y Albus a las cocinas, la que hacía planes divertidos con Faith y Lily para gastarle bromas, la que lo quería y amaba como ninguna lo había hecho, la que lo mimaba y acariciaba delicadamente su cabello cuando él descansaba la cabeza en su regazo después de un día de mierda para él, la que lo retaba cuando se portaba mal y lo consolaba hasta en las peores situaciones, aún cuando ella estuviera peor, siempre con una sonrisa para él, unas palabras de aliento, un hechizo gracioso para que le devolviera la alegría. En realidad, era la Rose que él tanto quería, que tanto ansiaba por proteger, que disfrutaba de su compañía y gustaba de hacerle bromas o hacerle rabiar para después abrazarla riendo como loco, era la Rose que tanto lo entendía y que hablaba con él de música y escritores y quidditch y fiestas y sueños. Cuánto ansiaba que esa Rose Weasley volviera, aunque fuera un pedacito, un resquicio de la que fue... ¡Cuánto lo deseaba! No es que todo en la nueva Rose le desagradara, había cosas que lo volvían loco y que le encantaban pero...
-Ahora me doy cuenta...-susurró de repente, como si recién cayera en cuenta de las cosas.-Qué idiota he sido todo este tiempo.-sentenció, frunciendo el ceño.
-¿De qué te das cuenta, Malfoy?-susurró una voz que ciertamente le sobresaltó.
Rose Weasley lo observaba entre curiosa y seria, con esa mirada tan característica suya, aún a pesar de que no estaba en las mejores condiciones físicas y respiraba con algo de dificultad. Sin embargo lograba surtir el efecto de superioridad y peligro inocente que al ojigris tanto le molestaba como cautivaba.
-¿Qué no estabas dormida?-respondió evadiendo la pregunta que la slytherin le había formulado.
-Lo estaba hasta que comenzaste a hacer ruido y no me cambies el tema Malfoy. Respóndeme ahora o te saco volando de aquí, no estoy de ánimo para jugar al "adivina buen adivinador".-espetó ácidamente, haciendo gala de su ponzoña slytherin.
-Grosera.-replicó el joven, molesto por la actitud de la ojiazul.
-Idiota.-dijo a su vez la slytherin, divertida por el desespero en que siempre dejaba al gryffindor.
-Sabelotodo.
-Fanfarrón.
-Creída.
-Estúpido.
-Loca de patio.
-Mediocre.
-Arrogante serpiente ponzoñosa.
-Arrogante mujeriego cobarde.-siseó divertida, viendo el efecto que sus palabras habían ocasionado.
Scorpius se puso rojo de ira.
-¡Te odio!
Rose alzó una ceja, tan altiva como siempre.
-El sentimiento es mutuo. Ahora largo, no me apetece verte más por un largo tiempo.-ordenó, mientras el castaño la miraba como si estuviera loca.
-¡Tu no me mandas! ¡Y si no quiero, no me voy de aquí!-exclamó, pateando el somier de la camilla.
Mala idea.
-¡LARGO!-rugió la slytherin al tiempo que Scorpius salía disparado contra la pared.
Sintió un dolor creciente en la espalda al chocar contra la pared, aunque eso no impidió que la mirara incrédulo y desconcertado.
-¿Puedes...?-no alcanzó a decir nada más puesto que la silla que estaba contigua a la camilla salió volando en dirección adonde el gryffindor se encontraba, quien tuvo que salir corriendo de la enfermería antes de que fuera víctima de las locuras de la slytherin.
No lo podía creer, era algo casi imposible, solo unos pocos lograban tal grado de complementación y dominación de la magia para hacer lo que la chica había hecho... Trató de recordar si había tenido la varita a su alcance pero no, ahorque que lo recordaba, la varita de la chica la tenía su jefe de casa. ¡Eso significaba que ella podía hacer magia mentalmente y sin varita! ¿De qué más se había perdido? Con esto, no le sorprendía si además la muchacha fuera animaga, metamorfomaga o mitad veela, al parecer todo era posible para la slytherin.
¿Cuánto más... se había perdido de su vida?
Hi all xDé! Les doy en serio muchas gracias a todos por sus reviews que apoyan esta historia, en verdad, nunca pensé que tendría tan buena recepción :D & bueno, solo prometo hacerlo lo mejor posible y ponerle color a la historia, que se viene muy buena :B
Como siempre, se aceptan sugerencias, opiniones y críticas constructivas :D
& Eso pueees, en caso de que no actualize tan pronto es porque estoy media enferma y si sigo así capaz me manden a estar en cama D:
LaddyMalfoy!
