Imagen 205. Gato en ventana y chica mirándolo. SkuAg.

Personajes: Yamato, Hikari & Taichi (Yamakari)


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Parte II

«Miradas que hablan por sí solas»

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—¿Miko?

Miró debajo de su cama por quinta vez, pero nada. Era de mañana, antes del desayuno y de marcharse al instituto, y como bien hacía siempre, le daba de comer a su gato. Pero no lo veía.

—Tal vez esté durmiendo en la azotea —dijo su madre—. Desayuna tú primero o llegarás tarde.

Resignada, le hizo caso. Ya su madre se encargaría de darle de comer cuando apareciera.

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De camino al instituto, en el metro, tuvo la suerte de poder sentarse junto a dos amigas de clase con las que se topó. El lugar, en cuestión de pocos minutos, acabó abarrotado de gente, en su mayoría estudiantes y trabajadores.

El metro hizo su penúltima parada, en la cual entraron más jóvenes, y entre ellos, una mujer embarazada. La pobre mujer miró dónde podía sentarse, y Hikari estaba dispuesta a cederle su asiento sino fuera porque un chico se le adelantó. Era alto y rubio y tenía unos hermosos ojos azules, algo poco común en Japón. Debía de ser mestizo.

El chico se acercó como pudo a la puerta, porque tal vez se iría a bajar en la siguiente. Y ante ello, Hikari y sus dos compañeras hicieron lo mismo (haciendo que otros pasajeros se dieran prisa en ocupar esos asientos rápidamente).

Al abrirse las puertas, todo el mundo quiso salir como si hubiera algún simulacro de incendio. Con desesperación. Hikari fue empujada, y en una de ellas, casi pudo haber caído al suelo y de paso, pisoteada por todos ellos. Sin embargo, alguien la sujetó de los hombros con un brazo, tal vez por inercia al verla en ese aprieto.

Pero ese par de ojos azules la estaban mirando. El chico pareció mirarla con un parpadeo, con una ligera sorpresa al verse haciendo tal cosa (no por salvarla, sino por mirarla descaradamente), pero acto seguido desvió sus ojos y tiró con ella hacia fuera del metro. Una vez fuera, la soltó.

—Gracias —dijo Hikari a la vez que le hacía una reverencia.

—No es nada. La gente está loca.

Algunos compañeros del chico le dieron un codazo y le sonreían burlonamente. A uno le llegó a asestar una colleja. Seguidamente, se despidió de ella y se marchó, con una gran paciencia, con sus amigos que no paraban de meterse con él.

Sin embargo, Hikari tampoco se libró de las burlas de sus amigas. Pero ella simplemente se volvió a colocar los auriculares que se le habían caído debido a los empujes.

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Al volver a casa se encontró que Miko estaba entrando por la ventana. Hikari parpadeó. ¿Cuánto hace que estaba fuera?

—Pues no lo he visto en toda la mañana —respondió su madre.

Hikari miró a su hermano que comía rápidamente su comida.

—¡Hermano…! —insistió al estar muy concentrado en comer.

—¿Qué? —espetó, se dio unos golpecitos en el pecho para tragar bien la comida—. No, no lo he visto tampoco. ¿Pero está en casa ya, no?

Seguidamente Taichi se levantó con mucha prisa para recoger su parte, y al rato, anunciar que saldría.

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Las escapadas de Miko seguían. Volvía a casa siempre, pero el dónde iba era muy misterioso para ella. Porque luego empezó a desaparecer por las tardes, y algunos fines de semana por las mañanas. El gato estaba capado, así que era mucho más extraño.

Un sábado lo vio. Había salido con sus amigas pero por el camino, al salir de comer, lo vio caminando tan campante. No iba dirección a su casa, así que se despidió de sus amigas y lo siguió.

Hubo un momento en que lo perdió y se desesperó. Pero el aparente sonido de una guitarra llamó su atención, guiándola hacia donde más fuerte se escuchaba. Pero de repente, el sonido cesó. Aunque no hubo problema porque lo vio. O al menos un gato idéntico al suyo, en una ventana, mirando hacia ella pero luego miraba hacia dentro de la casa. ¿Viviría algún anciano allí, tal vez, donde le atiborraban de comida?

Hikari se acercó con lentitud y afirmó, por el collar del gato, que se trataba de Miko. Y de repente notó la figura de una persona detrás del gato. La chica temió que se pensara que estaría espiando, así que sin pensarlo se escondió detrás de una columna.

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Al poco rato escuchó una voz familiar. Y cuando se asomó un poco, reconoció a Taichi.

—¿Qué haces aquí fuera, Yamato? ¿Salías?

—Ahm… no, nada.

—¿Se han ido todos ya? ¿Sora también?

—Ella no ha venido hoy —dijo.

Luego escuchó a su hermano decir que había estado ocupado hasta ahora para poder ir a los ensayos. Seguidamente los escuchó caminar, seguramente, hacia dentro de la casa. Taichi exclamó de repente y eso alertó a Hikari. Miko había salido disparado por entre sus piernas. La chica salió en ese momento y cogió al gato a tiempo.

—¡Miko!

—¡Hikari!

La chica lo miró, y entonces se pudo fijar en el otro. Se sorprendió porque era el chico del metro.

—¿Por qué no me habías dicho que Miko venía aquí?

—¿Y yo qué iba a saber? ¡Es la primera vez que lo veo aquí!

Yamato los miró de hito en hito.

—Yo sí —Hikari sintió de nuevo que la miraba muy fijamente—. ¿Entonces es tu gato?

Miko maulló como respuesta, saltó de los brazos de Hikari para ir a los de Yamato. Taichi torció el labio, quejándose porque el gato no era tan cariñoso con él. Hikari rió.

—Parece que le gustas —se acercó al chico y acarició al gato—. Pero me tenía muy preocupada.

—Y a mí me estaba volviendo loco.

Ambas miradas se encontraron, se sonrieron un poco, y Taichi los miró con retintín. No porque se sintiera excluido (que también), pero esa mirada hacia su hermana no le gustaba nada de nada.


Me salió algo larguito, pero ahí queda :'D no me gusta muchio 8( lo siento oTL