Capítulo 10. Tiempo de explicarse

Miró con sutileza y curiosidad de nuevo aquella habitación, recién salido del baño, cubierto tan solo con el albornoz. Apenas y se podía creer que Sesshômaru viviese en ese tipo de casa. Bueno… Quien dice casa dice mansión… Y lo de su hermano casi parecía un palacio griego recién salido de la nada.

Habían conducido durante una dos o tres horas, casi sin hablar, apenas el mayor le pidió que le explicase si había llegado demasiado tarde. Y suspiró claramente aliviado cuando supo que no, que llegó en el momento preciso y lo salvó de… Mejor ni pensar lo que le hubiera podido hacer. Pasado ese tiempo, llegaron a las afueras de una gran ciudad y allí se dirigió directo a su casa, considerablemente alejada del resto del mundo.

Los sirvientes les atendieron muy gustosamente, él hubiera querido hablar con Sesshômaru, aclarar las cosas, pero él tan solo había murmurado un "Mañana hablamos, descansa" y después dio un par de instrucciones a los criados, para perderse en los inmensos pasillos de mármol blanco, de camino a su habitación, seguramente.

Y ahí estaba ahora, en el lugar de residencia de su hermano, una mansión/palacio al estilo griego con todas las innovaciones tecnológicas de la actualidad camufladas, para que no perdiera su aire antiguo. Se aproximó a una de las impresionantes mesas ricamente talladas, curioso por una pequeña estatuilla de la Nereida, tratando de cogerla para examinarla, haciéndola girar y activar un mecanismo que provocó que el tapiz de los dioses grecos que había en una pared de la sala se hiciera a un lado y apareciera una pantalla plana de 300 pulgadas. Entonces la estatuilla se descolocó y en su reverso descubrió varios… botones.

"El televisor"pensó divertido "Pero que rebuscado que ha sido Sesshômaru, seguro que le costó un dineral esta mansión… Sobre todo por las obras de arte y los mecanismos tecnológicos"

Volvió a situar la estatuilla y, tal y como pensó, el tapiz volvió a cubrir el televisor de plasma. Sonriendo ligeramente, se quitó el suave albornoz y se colocó el pijama, que apenas era un fino pantalón negro y una camisa. Nunca le había gustado dormir con pijamas verdaderos, así que solía usar ropa normal, aunque bastante cómoda.

Se tiró a la cama, cansado como estaba tras la noche que había pasado. Debían ser las cuatro de la mañana o rondando por ahí. No había relojes a la vista y no tenía ganas de empezar a levantar adornos para ver donde estaba escondido.

Por extraño que pudiera parecer, no tenía sueño. Restaba agotado, pero no podía dormirse. ¿Por qué? Muy sencillo, porque no podía dejar de darle vueltas a muchísimos interrogantes que rondaban en su cabeza. Y se sentía inquieto, sabiendo que la respuesta no estaba a más de algunos pasos.

Tras un rato, en el cual quedo demostrado que no iba a cerrar los ojos por mucho que se quedara quietito en la cama, se cansó de descansar y, poniéndose en pie, emprendió la misión "ir en busca de Sesshômaru"

Salió en silencio de la estancia, descalzo, para no despertar a algún sirviente si dormía cerca y se encamino al recibidor, decidido a adentrarse en el pasillo por el cual había desaparecido su hermano. Caminaba despacio, sin prisas pero sin pausas, admirando la lúgubre apariencia del mundo griego a la luz de la luna que se filtraba por los grandes y abiertos ventanales.

"Casi siento como si hubiera regresado al pasado"caviló "Y el aire fantasmagórico le da un toque… ¿mágico? Parece la morada de un poderoso príncipe o… de un místico demonio. Bueno, en el carácter Sesshômaru a salido igualito a cualquiera de los dos."

Sonrío por sus propios pensamientos, alcanzando al fin el deseado pasillo y avanzó, seguro de que aquella desmesurada majestuosidad que lo decoraba era la señal inequívoca de que llevaba a las habitaciones de su hermano mayor. Apenas unos metros más adelante, sus sospechas se confirmaron, al llegar hasta una puerta en al cual estaba esculpido el nombre de Sesshômaru en griego.

Entro sin llamar y se arrepentiría toda su vida. Allí, frente a él, recién salido de la ducha, con el albornoz en el suelo, unos calzoncillos en las manos y el cabello mojado, se encontraba Sesshômaru, que no se percató de su presencia.

InuYasha trago saliva nada más verlo y se planteó si debía salir de allí corriendo o se quedaba. No podía irse, porque si lo hacía y Sesshômaru escuchaba la puerta, de todas maneras lo iba a pillar. Así que reunió toda su fuerza de voluntad y se quedó a la espera, mirando al suelo.

"No tengo que mirar, no tengo que mirar, no tengo que mirar…"alzó la vista involuntariamente, para ver si se había vestido, pero su hermano seguía igual, al parecer se había quedado pensando "¡Mierda! ¡Estoy mirando, estoy mirando! ¿Pero qué más da? ¡Somos hermanos!"

Y observo sin reparo, excusado en sus lazos de sangre. Vale, su hermano era perfecto. En todos los sentidos. No solo era atractivo físicamente y tenía un rostro atrayente, sino que su cuerpo era impresionante, bien musculado, pero sin resaltar demasiado y su… Bueno estaba bien dotado, sin duda. Además, tenía la piel blanquecina y lisa, de tal forma que deban ganas de acariciarla hasta averiguar cuan suave podía ser y uno glúteos bien redondeados y fuertes.

"¿Cómo sería acariciarlos?"pensó sin darse ni cuenta de por dónde iban sus pensamientos "Dios, es tan… perfecto… No me extraña que medio mundo este loco por el… Ya sé que le veían todas esas novias que ha tenido… Si tan solo yo pudiera darle algo semejante a eso… ¡UAAAAAAAAHHHHHHHHHH! ¡No pienses eso!"Pero era demasiado tarde, a su mente acudían sin parar las imágenes de la única vez que lo había visto así, cuando hacía tres años lo hizo suyo….

—¿InuYasha? —preguntó una voz inusualmente destemplada y con horror comprobó que Sesshômaru había bajado del limbo y lo miraba casi sin entender que hacía ahí. Pero lo peor de todo era que… ¡Seguía desnudo!

—Ehhh…Esto… ¡Buenas noches, Sesshômaru! —le gritó agarrando el pomo dispuesto a salir, pero, para su desgracia, Sesshômaru lo abrazó por detrás, impidiéndole moverse y poniéndolo verdaderamente nervioso, porque podía sentir la totalidad del cuerpo de su hermano pegado al suyo, separados tan solo por su fina ropa… ¡Demasiado fina!—. ¿Qu-Que haces?

—¿Qué haces tú aquí? —le susurró sensualmente al oído, ya que su boca alcanzaba perfectamente esa altura sin necesidad de agacharse siquiera.

"Dios, mantén la calma… Calma… No puedo… Es mi hermano… Esto es…"intentaba encontrar una explicación desesperadamente, pero definitivamente la cosa se complicó cuando él comenzó a lamer con delicadeza su lóbulo "Sesshômaru…va a… ¡Dios! ¡Kami! ¡Buda! ¡Alá! ¡Ayudaaaaa! Vale… ¡Tengo que decirle algo…!"

—Yo… Venía… No podía dormir… —trató de hacerse entender, rezando para que se pusiera ropa o iba a perder el poco juicio que le quedaba—. Solo eso…

El mayor pareció entender y se apartó de él, dejándolo con frío y arrepentido de haberlo alejado. Miró disimuladamente a su hermano ponerse con rapidez unos calzoncillos, los pantalones del pijama y una camisa negra. Se parecían incluso más de lo que hubiera creído.

—Lo siento —dijo Sesshômaru, sin mirarlo siquiera, para quedársele mirando poco después—. ¿Vas a venir o no?

—¿Eh? ¡Ah! —comprendió al fin, le estaba ofreciendo dormir con él—. ¡Si, voy!

Dicho lo cual se lanzó sobre su hermano, que lo abrazó con presteza, pero calculó mal, ya que InuYasha iba con tanta fuerza que ambos cayeron cobre la cama, el pequeño sobre él.

—Perdón —susurró sonrojado InuYasha, al verse sobre Sesshômaru, a pocos centímetros de su boca, tratando de pensar en cualquier cosa menos en lo que había visto momentos atrás, porque corría el riesgo de ponerse a besarlo como un loco y a saber a dónde podía llevar eso. Se estremeció, solo de pensar en donde llevaría. Suspiró y se apartó un poco, abrazándose a uno de los lados, reposando la cabeza en su hombro—. Sesshômaru —llamó en voz baja y solo continúo cuando este le respondió con un seco "¿Qué?"—. En realidad, no dejo de darle vueltas a algo —confesó—. ¿Cómo supiste que yo había vuelto a casa?

—Llamé a la Sede de la Taisho Corporación en Japón y tu malhumorada secretaria me lo dijo.

—¿Y por qué llamaste? —cuestionó sin comprender, al fin y al cabo, en los tres años anteriores no lo había hecho ni una sola vez.

—Porque si no recibo las firmas de los tres dirigentes de la Taisho Corporation no puedo emprender una negociación a escala mundial y tú no te tomaste la molestia de firmar los impresos de los ingresos en Infratech.

—Ah —exclamó, complacido de que su hermano le contara algo por fin—. Sesshômaru…

—¿Qué?

—¿Tuviste algo que ver con el hecho de que mi ex novia Kikyô se mudara de Estados Unidos a Japón hace unos siete años?

—Si —InuYasha lo miro con rabia, pero este no tardó en explicarse—. Las empresas de la familia de esa chica estaban metidas hasta el cuello en narcotráfico. La Taisho Corporation tenía grandes ingresos en ellas y cuando confirmé mis sospechas, no me quedo otra que denunciarles para evitar que eso nos afectara. Le ofrecí una beca a tu novia, pero esta optó marcharse con su familia.

—Vaya —pensó "Pues anda con el amor eterno tan sincero que me juraba una y otra vez…"—.Sesshômaru…

—¿Qué?

—¿Por qué me hiciste eso hace tres años?

—… —su hermano se recostó en la cama e InuYasha se sentó de rodillas, dispuesto a escuchar lo que fuera a decirle. Adoptó un semblante serio y comenzó su verdad—. Pensé que así te sería todo más fácil, si no debías dirigir tu odio a tu propio padre, aunque fuera tu hermano, no importaba.

—Sesshômaru….

—¿Qué? —preguntó, ya bastante fastidiado por la incesante repetición de su nombre y la gran cantidad de preguntas.

—¿Por qué lo hiciste así?

—No quería hacerte demasiado daño —dijo, mintiendo descaradamente, porque InuYasha estaba seguro de que lo había disfrutado, como estaba seguro que su hermano seguía escondiéndole la verdad de sus actos. Y se moría por descubrirla.

—¿Sesshômaru?

—¡¿QUÉ?! —gritó, ya al borde de la histeria, porque nunca había sido persona de muchas palabras y aquella conversación le estaba alterando los nervios.

—¿Me das un beso?

—¿Cómo? —repuso totalmente confuso, mirando fijamente a InuYasha, que lucía sonrojado—. ¿Un beso?

—Una vez me dijeron que besas a las personas que quieres —explicó, completamente serio, con ese tono tan suyo que parecía el de un niño caprichoso, solo que ya no era ningún niño, era un hombre adulto, que necesitaba descubrir de una vez por todas la verdad—. ¿Me quieres? —pregunto por último, sabiendo bien a que se atenía con la respuesta de su hermano y que, de alguna forma, le estaba dando la oportunidad de decirle todo lo que sentía por él, sin necesidad de palabras. Si es que sentía algo, claro.

Sesshômaru lo miró taladrándolo con sus ojos dorados iguales a los suyos durante unos segundos, para después tomarlo del cuello con una mano y acariciarle los labios con la otra. Un leve temblor recorrió de los pies a la cabeza a InuYasha con ese gesto.

Poco a poco, lo acercó a su cuerpo, hasta que el espacio entre ambos fue inexistente y el resto del mundo se desvaneció.

—¿Quererte? —susurró con sensualidad Sesshômaru, aproximando sus labios, sintiendo como propios los escalofríos de InuYasha—. No, no te quiero —confesó, haciendo que su hermano abriera los ojos de par en par, casi con miedo—. Te amo —declaró, acabando al fin con todos los misterios y pegando sus labios el uno contera el otro, rozándose—. Dios, como te amo.

Y, atrapando su boca con una sutil delicadeza mezclada con algo de fuerza, pasión y deseo, unió sus bocas con desespero, lamiendo cada rincón de aquella pequeña cavidad, disfrutando de tenerla solo para él, sintiendo como InuYasha se aferraba a su cuello en un vano intento de acercarlos más, de unirse más en un beso cargado de sentimientos.

Continuará...