Decisiones Apresuradas

Capitulo 9

Nuevamente las estrellas… Quiero que las cosas sean distintas.

Por ti daría todo, pero... ¿Qué podría darte, si todo lo que poseo, es tuyo? –Anónimo


Tenía que ser fuerte, no podía responder a los mensajes de Ranma, ni tampoco a sus llamadas. Habían pasado dos días desde aquella pequeña discusión. ¡Tenía que ser fuerte! Moría por responderle aquellos mensajes, pero sabía que no debía. Mi orgullo era mucho más grande y fuerte para caer tan rápido. Los mensajes me presionaban para hablarle. Para solucionar aquel mal entendido, decía que tenía que explicarme la verdadera razón pero no quería escucharle.

Sonó de nuevo el celular y Nabiki gritó desesperada, golpeando la mesa mientras hacía saltar unas cuantas cosas que estaban ahí. —¡Me tiene harta! Contesta el maldito mensaje de Ranma o apaga el celular.

—No puedo apagarlo, si lo hago no me aguataré a Kuno diciendo que donde estaba.

—Entonces has algo Akane, pero que se calle —me ordenó, al borde de un colapso, tomé el celular y busqué la opción de vibrador, pero antes de hacerlo Nabiki habló de nuevo. —Ni se te ocurra ponerlo en vibrador, porque me estresa más.

—¿Entonces que quieres que haga? —pregunté enfadada también, ¿Por qué simplemente no lo ignoraba como yo? —No puedo ponerlo en silencio porque si Kuno me habla no me daré cuenta y tendré problemas.

—¡Contéstale!

—¡No!

Mis ojos se abrieron al ver el mensaje que me acababa de llegar, mis mejillas se sonrojaron vivamente y Nabiki se rió de mi.

—¿Qué te puso ahora?

—Es un estúpido —dije entre dientes, odiando la forma en que Nabiki disfrutaba de aquello. Sabiendo que por dentro gozaba de mi desespero e impaciencia. No porque disfrutara verme mal, sino más bien porque le gustaba ver que no estaba pesimista ni ida como algunas veces, sino que ponía pasión en algo más que no eran las artes marciales.

—Akane, si lo borras este es que me quieres, si me contestas es que me deseas y si no me dices nada es que quieres hacer el amor conmigo... ¿Cómo vas a salir de esta? —leí escuchando la risa de Nabiki. Definitivamente estaba disfrutando la confusión y abatimiento que se posaba en mi rostro.

—No entiendo donde esta el chiste —repliqué enfadada.

—¿No te das cuenta? —me preguntó intentando recobrar la compostura mientras tosía para tragarse una carcajada que tenía atravesada, —Debes de aceptar que tiene astucia el chico. Mira que ponerte en una situación como esa… ¿Qué harás?

—Lo ignoraré, tal y como he hecho con los demás.

—Entonces estás diciendo que quieres hacer el amor con él.

—¡No! —grité apretando los puños, pero Nabiki rió encogiéndose de hombros.

—Eso es lo que dice el mensaje, no yo.

—Ranma es un idiota. Piensa que me va a intimidar con sus estupideces…

—Lo hizo —replicó Nabiki. Se levantó de la mesa y me miró con una mueca picara.

—Por primera vez no seas tan torpe Akane, contesta o bueno, si quieres hacer el amor con él déjalo así —me dijo y desapareció por las escaleras que conducían a nuestras habitaciones. Me lamente por aquello, ¿Porqué no podía ser tan fresca como Nabiki? De verdad no quería contestarle y no porque quisiera hacer el amor con él, sino más bien por mi orgullo. ¿A quién podía mentirle? Deseaba hablar con él más que cualquier cosa, incluso moría por verlo, aunque fuera cautivamente, sin que él se diera cuenta, deseaba verlo.

Tomé mi celular y teclee apresuradamente, pensando cual sería la mejor forma para que no malentendiera nada.

"¿Qué quieres Ranma?"

"¿Porqué no me has contestado?"

"Sabes perfectamente porque no lo he hecho, mejor deja de molestar que ya no tenemos nada de que hablar"

Lo siento, estaba enojado y no me iba a callar todo lo que quería decirle. Estaba cansada de sus cambio de humor, mareada con tantas palabras ocultas con las que me hablaba. Siempre quería decirme algo pero se lo callaba.

"¿Nada? Más bien creo que tenemos demasiadas cosas que decirnos, veamos esta noche"

—Está loco —dije de forma incrédula, leyendo aquellas palabras en el panel. ¿Qué diablos estaba pensando? Tal vez él tenía demasiada practica en escaparse de su casa, pero no tenía ninguna excusa para salir de la mía y Kuno no tenía planes de irse como lo había estado haciendo constantemente.

"Imposible"

"Quiero verte Akane, salgamos"

"Dije que no es posible"

Me llamó, pero no tomé la llamada, no quería escuchar su voz, sino caería en ese mismo instante.

"¿Por qué no me contestas?"

"Estoy ocupada, no siempre estaré disponible para ti"

"Akane, necesito verte"

Okay, eso fue todo lo que necesite para caer rendida. Aquellas palabras calaron hondamente. Me causaron una sacudida que jamás había sentido y sentí como mi sangre hervía por aquella nueva sensación. ¿Necesitaba verme? Había usado esas palabras que eran casi eléctricas. Me costó creer que eran ciertas, me negaba a hacerlo. ¿Cuándo despertaría? Mi celular sonó de nuevo, me estaba llamando espero cinco timbres y contesté.

—¿Esta noche?

Su voz sonaba tan grave como siempre, con aquel delicioso timbre masculino que me hacía vibrar como nada —No puedo Ranma, Kuno está en casa.

—Eres buena tomándole el pelo, algo se te ocurrirá.

—¿Sabes? Estoy perdiendo ese don.

—Vamos, quiero explicarte las cosas.

—¿Qué me vas a decir? Que no me puedes enseñar porque eres tan machista que no toleras que te de el Dojo y que tengas que pagarme con clases…

—Acepto ser tu maestro —me dijo con una pesada exhalación. Como si le estuviera causando trabajo decir aquello. Mis ojos se abrieron de una forma tan exagerada que tuve una perspectiva de la habitación que nunca había tenido. No lo podía creer y tuve que preguntar con la garganta seca si era cierto.

—Pero será bajo mis términos.

—¿Cuáles? —pregunté impaciente, queriendo comenzar en ese mismo instante con las clases.

—Por eso quiero verte, discutiremos el asunto. Quiero poner las reglas sobre la mesa.

—Bien, nos vemos a las ocho entonces.

—A las ocho —aseguró y terminé con la llamada.

Me odiaba por no haber sido fuerte, pero no podía con alguien como Ranma, era tan bueno en artes marciales como para echar abajo mi orgullo.


—¿A dónde vas? —me preguntó Kuno al no escucharme bien.

Estaba más nerviosa que nunca. Parecía que de verdad estaba perdiendo mi don con las mentiras. Pues Kuno no me estaba creyendo, o al menos parecía demasiado extrañado.

—Nabiki me invito a cenar. Es la fiesta de despedida de una amiga…

—¿Desde cuando te ves con sus amigas?

—Es Sauyuka, siempre hemos tenido una buena relación, recuerda que fue a la boda.

Lo medito unos segundos y después sonrió, asintiendo —Bien, espero que te la pases muy bien amor, te he visto un poco tensa estos días será bueno que te despejes.

—Gracias —dije con una enorme sonrisa en el rostro.

Fui hasta la habitación y me puse el conjunto más sencillo que encontré, me cambiaría en casa, no quería que Kuno sospechara más de la cuenta. Me estudió tal y como lo había previsto y todo fue perfecto, al verme tan poco arreglada se quedo tranquilo. Subí a mi auto y manejé un poco más aprisa de lo normal. Me sorprendí. Estaba subiendo por lo menos un 10% de velocidad más que de costumbre. Llegue al Dojo y saludé a mis hermanas, naturalmente. Nabiki me prestó un poco de ropa, demasiado escotada para mi gusto, pero era eso o llevar el atuendo que había traído y definitivamente no lo haría. La camisa era de un azul vivo y llevaba el mismo pantalón negro que había traído de mi casa. Me maquille más de lo normal y noté que mis labios se veían estupendos, les había dado una forma perfecta que hasta me tentaron a mí.


Media hora después el motor de Ranma se escuchó y luego el timbre del Dojo. Sentía mil cosquilleos en mi interior y me despedí de Nabiki, prometiendo que no llegaría tan tarde, aunque realmente no lo sabía. Agradecía que Kasumi se dormía temprano, así no tendría que explicarle nada.

—Buenas noches —me dijo con una leve sonrisa que me hizo vibrar de nuevo, mientras me miraba minuciosamente, comiéndose cada parte de mi cuerpo sin ser tan obvio, pero lo sentía.

—Buenas noches —respondí con un tono seco.

Se recostó en la carrocería del coche y me miró de forma interesada.

—¿Quieres ir a Niigata u otro lugar?

—No lo sé, ¿por qué me preguntas?

Se encogió de hombros —Yo escogí la vez pasada, es tu turno.

Eso fue lindo, como otros detalles que había tenido antes. Me pedía mi opinión, cosa que realmente no se acostumbraba aquí.

—Niigata —dije, queriendo que solos fuéramos él y yo sin que nadie nos pudiera reconocer.

Dio la vuelta y se percató de su desfachatez, regresó y me abrió la puerta.

—Lo siento, no acostumbro ser… Atento.

—No te preocupes —le dije y tomé asiento. Cerró la puerta y regresó a su lugar. Encendió el motor y aceleró a fondo.

Llegamos a Niigata cuarenta y cinco minutos después, como la primera vez y noté que había magia en la ciudad. Se veía completamente diferente y antes de poder preguntar o comentar Ranma respondió a mis incógnitas

—Hay una fiesta de un dios, generalmente hacen una feria. No sé si quieres conocerla…

—¡Por supuesto que si! Me encantan estas cosas —dije de forma emocionada. No mentía, me gustaban mucho esas celebraciones, tenía un vago recuerdo de mi madre que siempre me embargaba en esos lugares. —Me hubieras avisado y me traía un kimono —repliqué algo enfadada, al ver las mujeres que caminaban por las calles con hermosos kimonos.

—¿Te gustan? —me preguntó algo incrédulo.

—Obviamente, soy japonesa, ¿qué esperabas?

—Bueno, actualmente las mujeres usan pocos kimonos a no ser que sea una fiesta muy importante.

—Claro que no, actualmente las mujeres nos emocionamos al saber que usaremos un kimono. Mira todas esas personas que van a la feria —apunté mientras señalaba un grupo de personas que caminaban con sus trajes de ceremonia.

—El hecho de que Kodashi y seguramente tus demás amantes no disfruten de estas fiestas no quiere decir que se hayan perdido las tradiciones.

Ranma se desvió en una calle que estaba algo desolada, pero aún se veían personas. Parecía más bien que estaban saliendo de trabajar. Nos detuvimos fuera de una tienda y sentí que el estomago me daba un vuelco.

—Tampoco es para tanto Ranma, no tenemos que…

—Anda, veamos los trajes para no salir del contexto —me dijo y salió del auto, obligándome a hacer lo mismo.

—Dijiste que querías pautar conmigo el contrato. Esto no tiene nada que ver.

—Relájate, es para no salir del contexto en la feria. Después de esto te prometo que hablamos sobre el contrato.

Estaba pasmada, nunca había estado en aquel establecimiento pero conocía la firma del diseñador y era uno de los más renombrados del lugar. Y me volví loca midiéndome diferentes kimonos. No había ninguno que no fuera de mi gusto, eran preciosos, estupendos y precisos. Las telas eran tan suaves que costaba creer que fueran reales. Los diseños eran únicos y demasiado creativos. Me gusto uno que dejaba sin palabras. Se parecía mucho al de la leyenda de la muñeca encantada. Era de un color azul marino, tenía unas flores hermosas y un lazo rojo que me enamoró desde el primer momento que lo vi.

—¿Quieres ese?

—Ni siquiera lo pienses Ranma, yo lo pagaré —apunté al saber que me lo querría comprar. No podía aceptar aquello. Ya un regalo así jamás lo aceptaría, sería comprometerme y no estaba segura de que podía pasar entre nosotros.

Cuando me facturan abrí mi bolso y quise matarme, no llevaba suficiente efectivo y recordé que la tarjeta que tenía a mi nombre no tenía fondos, las demás eran de Kuno, quien siempre revisaba minuciosamente el saldo. No porque me tuviera corta de dinero, sino para ver que nada se saliera del contexto, como una colonia Hugo Boss que no fuera para el o detalles así que tenía que explicarle con pruebas y hechos.

—¿Problemas? —me preguntó con una sonrisa burlona, lo miré con rabia y este se acercó un poco a mí para hablarme al oído. Seguramente se había dado cuenta que era mi punto débil porque lo hacía con más frecuencia, últimamente.

—¿Cómo le vas a explicar a Kuno el gasto de un kimono?

—No lo compraré —dije al fin y fue demasiado tarde, porque Ranma dio su tarjeta de crédito y la dependiente se apresuró a facturar, pues era una ganancia jugosa para el establecimiento.

—Ranma no.

—Tómalo como una parte del pago por el alquiler del Dojo.

—Después nos arreglamos Ranma, esto no se puede quedar así —le dije, estaba molesta conmigo por ser tan torpe y no cerciorarme antes de lo que llevaba en mi bolsa y con Ranma porque no quería que lo que teníamos se echara a perder por estas estupideces. Ni siquiera me quería poner el kimono, pero Ranma me dijo que no perdiera más el tiempo ni el dinero así que me vestí y volvimos al auto.

Cuando llegamos a la feria bajamos y nos unimos a las demás personas que caminaban entre los puestos y atracciones de la feria. No era nada del otro mundo, era una celebridad como las que se hacían en Nerima cuando había alguna ocasión especial. Las luces tenues que se mezclaban con la de la luna daban una hermosa vista de aquel parque abarrotado de personas.

—¿Quieres algo de comer?

—Dijiste que querías pautar conmigo el contrato. Tengo mi kimono, estamos en la feria y quiero hablar acerca de eso y mis clases.

Ranma sonrió y desvió su mirada hacía algunos niños que pasaban emocionados jugando con faroles redondos de miles de colores. —Eres muy terca. Comamos algo y hablamos.

—¿Intentas confundirme? —pregunté molesta, porque ciertamente lo estaba. Me sonrió de nuevo, ¿qué carajo me hacía? Casi no podía resistirme.

—Quiero disfrutar un poco de esto, pero bien empecemos entonces. ¿Tienes pluma y papel?

¡Era una bestia! Me estaba tomando el pelo —No te enfades —me dijo al verme el rostro de pocos amigos, sonrió y sacudió sus manos en el aire.

—Mis reglas son simples. Tendremos una sesión de dos horas. Trabajaremos cardio, brazos, piernas y técnicas marciales.

—¿Cuándo lucharemos?

—No lucharemos, entrenaras pero solo esquivaré.

Toda la ilusión se fue de mí. Me estaba tratando como una inútil.

—No puedes hacerme esto. Quiero luchar contigo.

—No lucharemos Akane.

—¡Porque no! Los maestros luchan contra sus alumnos.

—No lo haré contigo y si no aceptas mis condiciones entonces no tenemos nada.

—¡Eres un machista! —grité, y antes de poder abofetearlo como hubiera querido, detuvo mi mano. Quedé pasmada por su velocidad pero sus ojos estaban completamente serios, aunque no había rastro de molestia en él.

—Entiende Akane, no puedo golpearte porque jamás le he pegado a una mujer y cuando lo he echo es porque no tenía idea que eran mujeres.

—Usa poca fuerza.

—¿Cuál es tu necesidad de que te pegue, eres sadomasoquista? —preguntó desconcertado, lo miré molesta y solté el agarre poniendo distancia entre ambos y notando las miradas curiosas de las personas que pasaban a nuestro lado.

—Por supuesto que no. Pero quiero sentirme como una verdadera artista marcial. Recuerda que lo soy y porque te este pidiendo unas clases no dejaré mi orgullo y honor de lado…

—Akane, no puedo golpearte. Así que no te prometo hacerlo, puedo aplicarte llaves…

—No soy una inútil Ranma.

—Entiende Akane, no puedo hacerte daño. Si te lastimo no me perdonaría —me miró con impotencia, pero lo que él no entendía era que no concebía que me catalogará como una inútil. Tomó mi mano y la puso encima de su brazo, mirándome fijamente —Destruye mi piel, corta una vena.

—¡¿Qué te pasa? —exclamé escandalizada apartando mi mano y Ranma sorpresivamente me tomó de mis mejillas, haciendo que lo mirara fijamente. Mientras temblaba por tanta cercanía.

—Es exactamente lo que me estas pidiendo. No puedo lastimarte Akane, no quiero hacerlo y si te entreno es porque eres demasiado terca y no puedo negarme a alguna suplica tuya. Si lo hago siento un peso de conciencia que no me de en paz —dijo con dificultad, mientras sus palabras aceleraban mis palpitaciones —. Ya tengo demasiado con no poderte sacar de mi mente para sentirme culpable por negarme a algo que quieres.

Eso fue una completa sorpresa para mí. Me emocioné al solo pensar que me tenía tan presente como yo a él. Lo miré profundamente, queriendo abrazarlo y quedarme así por siempre y pude sentir como mis mejillas se sonrojaban vivamente a consecuencia de aquella pequeña declaración que me dejó a punto de tener un colapso nervioso.

—Entonces aplica golpes sin fuerza, solo quiero sentirme en peligro para poder defenderme —esta vez fui yo quien tomo sus manos y pude sentir como una corriente eléctrica me invadía y noté lo mismo en los ojos de él —Solo eso, y no te sigo molestando.

—Bien, pero no me atreveré a golpearte de verdad. De una vez velo sabiendo.

Sonreí, estaba emocionada y enternecida. ¿Cómo podía ser el esposo de Kodashi? Sino hubiera tenido los ojos tan cerrados cuando estaba con Shinnosuke seguramente hubiera reparado en él y las cosas serían completamente diferentes.

—¿Te sientes bien? —me preguntó al ver el cambio radical en mi semblante. Sacudí la cabeza y sentí como su mano tomaba la mía.

—Vamos a disfrutar de la feria, Ranma. Saquemos provecho del traje.


NTA: Bueno chica(o)s otro capitulo! Muchas gracias por sus diferentes comentarios! Se los agradezco enormemente, que bueno que les este gustando la historia, seguimos a un buen ritmo no! Jajaja nos vemos en el próximo capi! Y de nuevooo! Gracias por seguir está historia amiga (o) s !

Un beso!

AnaIz16

*If u can dream it u can do it. Walt Disney*