Capítulo 10

El matrimonio

¡Terry! – Dijeron al unísono.

¡Archie! ¡Albert! – Dijo Terry.

¿Qué haces aquí, Terry? – Archie preguntó.

¿Yo? Yo trabajo en este teatro. ¿Tú?

Vengo a…

¿No te habrás equivocado de camerino? – Quería jugarle una broma.

Ehh…

¿A quién puedes buscar aquí? Que yo sepa, no conoces a muchos en este gremio.

Ehh… - Nervioso, muy nervioso.

¿Entonces? ¿No me vas a responder?

Déjalo ya, Terry. No lo molestes más. – Eleanor le reclamó.

Mamá, no me dejaste jugar un ratito con él. – Dijo con una risa burlona. - Y tú, Albert ¿qué haces aquí?

Estoy acompañando a Archie. Vine a unos negocios. Cuando me dijo que vendría a ver a tu madre, decidí acompañarlo.

Mmmm… Será mejor que nos vayamos. No quiero hacer mal tercio o cuarto. Jajajajajaja…

¡Terry! – Exclamó Archie.

No te preocupes. Nadie es un niño y todos sabemos lo que está pasando. Deja esa cara. – Le dio la mano a Archie. – Vamos, Albert. Dejemos solos a estos tortolitos.

Se fueron los dos caballeros dejando a la pareja en paz.

¿Terry sabe?

Sí. Él nos vio.

¿Qué te dijo?

Me dijo que si yo estaba feliz, él estaría feliz.

¿De verdad?

Sí, me lo dijo. Le creo. – Se acercaron y se besaron.

En la sala del teatro, se sentaron los dos viejos amigos. Recordaron el pasado. Sus aventuras y peleas. Rieron. Archie los alcanzó. El ensayo empezó. Al terminar, se fueron a cenar todos juntos. Regresaron a sus respectivos hogares.

Stear. ¿Cómo amaneciste?

Muy bien, Albert. Pasa a mi oficina.

Se sentaron.

¿Qué quieres hablar conmigo?

Quiero que me digas dónde está Victoria.

Ella no ha vuelto a América.

Dime dónde está. Estoy perdiendo la paciencia.

Te dije que te lo diría.

Me estás mintiendo.

No te miento. No ha vuelto a poner un pie en América.

Ya te escuché eso. Entonces dime ¿dónde está? No puede ser que no sepas.

No lo sé. Está tomando unas vacaciones.

¿Cuatro años?

Yo no soy su niñero para saber qué hace y dónde lo hace. Yo recibo instrucciones de ella. Las manda aquí.

¿Cómo las recibes?

Me manda cartas desde diferentes partes del mundo.

No te creo. - Gritó Albert.

No me grites. – Respondió rápidamente Stear.

¡No puede ser que no aparezca! Tienes que decírmelo.

Hemos tenido esta conversación antes. ¿Qué tienes con Victoria?

Nada que te importe.

Albert, no sé qué te pasa. Pero esto se ha convertido en tu obsesión. Deja a Victoria en paz. Tú tienes a Candy y a Megan. Piensa en ellas. Enfócate en ellas.

No, no tienes idea. Necesito hablar con ella. ¿Porqué se esconde?

Ella no se esconde. No tiene porqué.

¡No la defiendas!

No la defiendo. Ella ha sufrido mucho y ha trabajado igual para mantener esta empresa en buen camino. Se merece buscar algo de felicidad para ella sola.

¿Estás de su lado?

No lo estoy. Solo te explico qué…

Si estás de su lado, no estás del mío.

¿De qué hablas? Tendrás que tranquilizarte.

Perdón. Perdón. Tengo que encontrarla. Tengo que hablar con ella. Es urgente. Quedemos en lo mismo. Esperaré tus noticias.

Se levantó y se fue. Caminó por las diferentes calles de la ciudad, sin rumbo. Esperaba noticias de Victoria y sus hijos. Quería una explicación. Quería disculparse. Quería una relación con ellos. Perdió de vista la situación en la que estaba. Por un momento, se vio en un jardín precioso. Sentados en una banca, tomados de la mano, la cabeza de una dama recostada en su hombro. Los dos sonreían y carcajeaban viendo a sus hijos jugar. La volteó a ver. Le levanta su rostro y le da un beso tierno, delicado. Se abrazaron. Los niños llegaron corriendo para que los abrazaran también. Al siguiente segundo, se vio acostado en una gran cama. Era blanda cubierta de sábanas blancas. Él estaba desnudo acostado a la par de una mujer desnuda respirando fuertemente. La abraza, acerca su rostro al de ella, la empieza a besar. Siente cómo ella se acepta su propuesta y se relaja en sus fuertes brazos. La destapa para verla en todo su esplendor. Le acaricia su cuello, sus senos, abdomen y piernas. Se empiezan a estremecer. Ella lo destapa provocando su excitación visible. Se posa sobre ella. Los labios recorrían el cuerpo de la dama con gran habilidad, calor y ansia. El deseo de estar juntos aumentaba conforme aumentaban los latidos del corazón. Ella le dio vuelta. Tomó a su hombre con caricias rápidas y lentas. Él disfrutaba que su mujer lo tocara en un lugar tan eróticamente excitante. Ya estaba listo para estar con ella. Era hora de prepararla a ella. La recuesta en la cama. Comienza con masajear sus senos con una mano mientras los besaba. Dejando la boca en su lugar, bajó la caricia hasta abrir sus suaves piernas. La feminidad era friccionada con los dedos del caballero que esperaba la humedad para dar el siguiente paso. Los dos gemían de placer. Entre murmullos compartían su intimidad.

Eres fabulosa. ¿Lo sabes? Te amo.

Te amo. – Se escuchaba un susurro en una voz dulce.

Tócame… bésame… tomaré tu…

Ahhh… ahhh…

Así… así…

Dime cuando…

¡Ahora! ¡Ahora!

Huh… - Se colocó encima de ella y se empujó hacia adentro. – Huh… huh… huh…

Tomó posesión de su presa debajo de él. Ella le daba la pauta del ritmo a seguir. Si le acariciaba la espalda, lo hacía despacio; tomándose su tiempo. Disfrutaba verla cerrar sus ojos, gemir de placer. Si lo aruñaba, la velocidad aumentaba. Si detenía sus caricias, era para que se detuviera donde estuviera. Él siempre se asombraba de la forma en que ella le dirigía sabiamente hasta el punto exacto…

Llego… llego

Ahhh….

Adentro de ti…

Él dejó su cadera pegada al cuerpo de ella. Se detuvo estremeciéndose, dejando su sustancia caliente en ella. Los dos juntos se mostraban el placer de su compañía.

Entonces, surgió otra imagen. Sentados a una gran mesa estaban otra vez los cuatro. Desayunaban. Platicaban. Parecían una verdadera familia. Ella embarazada. Los niños llegaron a abrazarlo. Sentía sus pequeños brazos alrededor de su cuello y las risas alegres. La dama lo miraba con felicidad. Fueron unos cuadros imaginarios que lo hicieron sonreír.

Albert

¿Qué? – El que lo llamaran, lo trajo de nuevo a la realidad. - ¡Terry!

Estabas distraído. De haberlo sabido, no te hubiera llamado.

No hay problema. Siéntate. Platiquemos.

¿Qué ha pasado contigo últimamente? Tenemos tiempo de no hablar. – Le vio las manos a Albert. Se sorprendió. - ¿Te casaste?

Sí. Lo hice.

¿Con…?

Con… - No sabía si decirle. – Con Candy.

¡Candy!

Sí. Tenemos una hija que se llama Megan.

¡Wow! Me has dejado con los ojos cuadrados con la noticia. Felicidades.

¿No sabías? Creí que de algún modo lo sabrías.

No. ¿Por qué lo crees?

Por Archie. Le pudo haber contado a tu madre.

No o, por lo menos, ella no me comentó nada. Posiblemente, porque se veía con Archie a escondidas. Si me contaba, se delataría.

Jajajajaja… Bien escondido lo tenían.

Jajajajaja… …de acuerdo... – Se puso serio. - ¿Cómo están ellas?

Están bien. Candy es una mamá maravillosa. Siempre está pendiente de Megan y de mí. En este instante, está un poco enojada conmigo.

Enojada… ¿por qué?

Porque vine a Nueva York. Ella no quería que viajara. Es el primer viaje desde hace más de año y medio.

Ya veo.

Sí… pero para serte sincero… estoy disfrutando mi tiempo solo. Pero suficiente de mí. ¿Tú?

Estoy a punto de estrenar una nueva obra. Dentro de poco, me iré de gira.

Supe lo de Susana. Nunca te di mis condolencias.

Eso fue hace mucho. Ya no pienso en eso. Ahora hay otra persona. Las cosas avanzan lento, pero avanzan.

¿Paciencia? ¿Tú? ¡Vaya que te agarró duro!

Ufff… Me ha costado, no lo negaré. Ha valido la pena. Ella ha sufrido dos pérdidas. Es normal que tenga miedo y dudas de entablar una nueva relación.

¿Dónde la conociste?

La conozco desde hace años. Es simplemente maravillosa.

¡Hasta palabras dulces!

Te ríes de mí…

No lo hago. Te entiendo.

Cambiando de tema. ¿Qué te parece la relación entre mi mamá y Archie?

Estoy boquiabierto. Si él está contento con ella, es lo importante. Y ¿tú?

Fue fácil aceptarlo después de analizar las cosas. Mi mamá no la ha pasado muy bien. Se merece un chico bueno y que la respete. Archie es ese chico.

Albert, ya estoy aquí. ¿Estás listo para el almuerzo? – Vio a la persona que tenía a la par. - ¡Terry!

Sí. Estamos listos, Archie. – Dijo Terry. – Mi madre ha preparado ya todo. Está esperándonos.

¡Qué bien! Vamos. Ya no aguanto… - Dijo Archie sin pensarlo.

Jajajajaja… - Se carcajearon los otros caballeros en son de burla.

Déjenme. Vamos.

Llegaron a la casa de Eleanor. Disfrutaron de un deliciosos almuerzo preparado por ella. Durante el café, sentados en la sala, Archie se puso de pie. Caminó hacia donde estaba Eleanor. Se hincó en una rodilla. Sacó una cajita. La abrió. Adentro se encontraba un anillo precioso. Ella estaba más que sorprendida.

Eleanor, ¿quieres ser mi esposa?

Sí… sí… - Dijo impulsivamente. – Pero…

Pero nada… - Se levantó y le dio un beso frente a los otros dos quienes estaban pasmados.

Tenemos que hablar… Archie… no podemos… tú quieres una familia… eso es algo que no te puedo dar.

Albert, creo que estamos haciendo un mal tercio y un mal cuarto otra vez.

Cierto, Terry. Vámonos. Dejemos que hablen a solas.

La tensión en ese cuarto se sentía hasta en el último rincón.

Tú eres mi familia. ¿De qué hablas?

Hablo de que quieres una esposa que esté contigo…

Tú estás conmigo.

…una mujer que te pueda dar hijos… una familia…

La tendremos. Si empezamos ahora…

Ya no tengo veinte años. Es…

¿No puedes tener hijos ya?

Claro que puedo, pero…

Pero… ¿no quieres más hijos?

Nunca me lo he planteado. Esa no fue una posibilidad durante muchos años.

Pero ahora, lo es. ¿No los quieres?

No sé…

Hablemos… - La abraza.

Pasaron veinte y cuatro horas. Estaban Albert, Stear y Archie en la casa de Eleanor. Terry llegó un poco tarde. Recibieron la noticia del matrimonio entre Eleanor y Archie con gran alegría. Archie se quedaría en Nueva York atendiendo las oficinas de los Andley. Ya no regresaría a Chicago. Acordaron la fecha para dos meses después para que Terry pudiera entregar a la novia.

Para el evento, llegaron algunos invitados más. En el salón, estaban los novios felices por haber dado el gran paso del compromiso. Dieron una pequeña recepción. En una sola mesa cupieron los asistentes. Sentados a una mesa redonda de derecha a izquierda, la novia, Terry, Victoria, Stear. Albert, Candy y Archie. La pequeña Megan se quedó en el apartamento de Archie a cargo de su niñera. Pasaron una tarde muy agradable. Victoria felicitó a Candy por su matrimonio e hija. Platicaron de sus experiencias de ser mamás. Eleanor también participaba. Los caballeros seguían la conversación sin decir nada.

Archie se sentía dichoso de tener a su esposa a la par. Eleanor pendiente de su esposo. Stear preocupado por lo que podía suceder entre Albert y Victoria. Aunque le advirtió a su jefa sobre el sin número de veces que la buscaron con ahínco. Candy pensaba que Victoria ya no era una rival. Tenía a su esposo y a su hija. Del amor de ellos, estaba segura. Victoria, un poco intranquila, pero Terry no se apartó de su lado.

Lo primero que sucedió al bajarse del barco, Victoria le contó a Terry la verdad sobre su familia.

¿Lo sabías?

No estaba seguro.

¿Cómo?

Arthur me contó algunas cosas, pero no todo. Me dijo que se enamoró de ti, que el padre de tus hijos te dejó y que él fue feliz contigo y tus hijos como familia. Arthur dijo que el tipo fue compañero de ustedes en el colegio. En aquel almuerzo en tu casa, me di cuenta de muchas cosas. Sospeché que Albert era el padre de tus hijos. Tus hijos crecieron, cada vez se parecían más a Albert.

Arthur te lo contó. No lo puedo creer. ¿Sabiéndolo me cortejaste?

Sí. No me importa quien haya sido.

¿De verdad?

Bueno… al darme cuenta quien era el tipo que te dejó, quise hacerle daño. Pensé que como tú no le has hecho nada y eres la más perjudicada, no lo haría yo.

Me encanta cómo piensas. – Se acerca a besarlo.

Me lo pudiste haber dicho.

Lo sé. Estaba esperando al momento adecuado. Pero cada vez que te he visto últimamente… eso se me borra de la mente y quiero otra cosa de ti.

¿Qué quieres? – Hábilmente preguntó.

Mmmm… - Lo vuelve a besar. Se separa. - ¿Te molesta esto?

No me molesta. – Detiene sus palabras unos segundos. – Te amo.

¿Me amas?

Sí. Te amo. – Besos adicionales se daban.

Te amo.

Tengo una última pregunta sobre este tema.

- Respira profundamente.

¿Por qué no le dijiste a Albert sobre tu embarazo?

Esa es la parte de la historia que no te contó Arthur.

No.

Yo le escribí a la única dirección que tenía. Cuatro cartas le mandé, nunca recibí una respuesta. Albert nos visitó en Londres. Era obvio que no sabía nada sobre el embarazo. Me di cuenta que no leyó mis cartas.

Conoció a tus hijos.

Los vio en esa ocasión. No se dio cuenta de nada. Lo vimos otra vez cuando Arthur vino a América a manejar la oficina. El negocio con su familia no podíamos desaprovecharlo. Para esto, habían pasado años. Ya era tarde. Mis hijos saben que Arthur no era su papá de verdad. Si me preguntan, y lo han hecho, he sido sincera. El nombre de su verdadero padre no me lo han preguntado. Eso me da miedo. – Se recuesta en el pecho de Terry. – Tienes que prometerme algo.

Lo que quieras.

No me dejes sola. No quiero enfrentarme a Albert. Tengo entendido por Stear que me ha buscado y tengo la sensación que quiere hablar de esto.

Así lo haré.

Se besaron. Eran una pareja en una relación estable y seria. Algo que no creerían sucedería en sus vidas.

Albert estuvo toda la tarde tratando de hablar con Victoria a solas. Maldecía a Terry por no dejarla en paz. Si no era Terry, era Stear. Stear sabía que ella no quería hablarle a Albert, aunque no sabía porqué. Pasó la tarde. Llegó el momento en que Victoria se despidió de la pareja de recién casados. Lo hizo discretamente. Terry salió con ella. Se montaron en un automóvil. Treinta minutos después, Albert la buscó. No aparecía. Perdió la oportunidad de hablar con ella. Pensó buscarla en su casa en la noche; seguramente estaría ahí. Se quedaron dos horas más con la pareja. Dejó a Candy en el apartamento de Archie. Le dijo que tenía que ir a hacer una diligencia. Ella subió a ver a Megan.

En el muelle, se despidieron Victoria y Terry.

Falta poco. Llegaré en un par de meses a Londres.

Estrenarás tu obra.

Sí.

¿Tendrás tiempo para vernos?

Siempre tengo días libres para ustedes. – La estrecha en sus brazos.

Me harás falta. Vente conmigo. – Lo miraba pidiéndoselo con los ojos.

Cuando llegues, tendrás trabajo. No tendrás tiempo para extrañarme. – La besa. La suelta y la deja ir. – Te amo. – Le gritó.

Te amo. – Sonrió.

Albert llegó a la casa de Victoria, tocó el timbre. El Señor Wilson le abrió.

Busque a Victoria. Necesito hablar con ella.

La Señora James no está. Se fue esta mañana y no volverá.

¿A dónde fue?

No lo sé.

Dígame, hombre. ¿Dónde está? – Lo tomó por las solapas.

Suélteme. Ella no me informa lo que hace.

Perdón. Me voy.

Si el barco no ha salido, puede que la encuentre en el muelle.

Gracias.

Salió con rumbo el muelle. En el automóvil, encendió una mecha de esperanza. Las imágenes de la familia feliz resurgieron. Llegó a ver que el barco ya no estaba. Zarpó hacía dos horas. Desesperado y sin otra opción, decidió buscar a Terry.

Terry. Abre la puerta. – La somataba.

¿Qué te pasa? Tranquilízate. – Terry le abrió.

¿Dónde está Victoria? – Entró violentamente.

No lo sé. - Sorprendido

No me mientas. Lo sabes. ¿Quién mejor que tú para saber dónde está ella?

¿Qué quieres decir con eso?

Tú y ella son muy amigos. La actitud en la recepción los delató. Se nota que hay algo más que una amistad. La solapas, la proteges. ¿Por qué?

No tengo que responderte. Eso no te importa. Regresa con Candy y con tu hija. Deja a Victoria en paz.

Me urge hablar con ella. Esto es entre ella y yo.

Déjala en paz. Desiste.

No lo haré. ¿Dónde está?

Aunque estuviera enterado de lo que hace, no te lo diría.

Te vas a arrepentir de encubrirla.

¡No me amenaces! Ten cuidado con lo que dices. Esta conversación puede convertirse en algo muy feo.

¿De qué hablas?

De nada… Vete.

¿Cómo puedes decirme que estás enamorado si…?

Cuidado.

¿Te acuestas con ella?

No te responderé.

Te acuestas con ella. ¿No que estás enamorado?

Detente.

¿Es Victoria? ¿De ella estás enamorado?

De quien estoy enamorado no te importa.

Si es de ella, sí.

Sé prudente, Albert. Detente. – Intentaba ser paciente. Eran amigos.

Ten cuidado con ella. Ella no es como otras mujeres. Ni se te ocurra seducirla y dejarla.

Albert, no sabes lo que dices. – Prefirió no insinuar que sabía lo que había ocurrido hace años con Victoria. Eso no evitó querer darle un par de golpes por lo que le hizo a la mujer que ahora amaba.

Que no le pase nada… ¿me oyes?

O qué…

O te las verás conmigo.

Hablas de ella con tanta propiedad. Ella no es ni tu novia, ni amante y mucho menos tu esposa. Tienes a Candy y una hija esperándote. Olvida a Victoria y regresa con ellas. No te lo repetiré. – Abre la puerta e invita a Albert a irse.

Albert se fue. Seguramente, Terry estaba al tanto de la situación y el por qué buscaba a Victoria. Eso, por un lado. Por el otro, sintió celos de Terry. Se dio cuenta de la forma en que la defendía. La reacción mostraba sus verdaderos sentimientos. Terry la ama. Él no la traicionará. Tampoco logrará nada con Stear. Derrotado, regresó con Candy. Regresaron a Chicago.