Escapes de la cárcel, el legado de un padrino
-Remus, tendrías que haberlo mencionado antes, -dijo Harry mientras bajaba del autobús noctámbulo sintiéndose bastante mareado, (sin importar cuantas veces viajara en él, sus rodillas y estómago siempre se revelaban.)
En realidad no había considerado antes cuanto hubiera querido Remus ver a su hijo. Era tonto, pero Harry había estado lidiando con tantas cosas, que no se le había cruzado por la cabeza.
Remus había estado estado zumbando emocionado y nervioso desde que habían planeado la visita. A Harry le había dado la impresión de que una abeja se había metido a su oreja y entrado a su cráneo, pera después golpearse con el hueso tratando de salir.
Aunque los merodeadores habían vivido en su cabeza por un año completo después de la guerra sin que lo supiera, habían estado encerrados en un lugar distante de su mente. Ahora que habían sido liberados, Remus sería capaz de realmente sostener a su hijo a través de Harry, en vez de solamente verlo por el vidrio borroso que los separaba del mundo.
-No quería molestar, -contestó Remus, y Harry tuvo que hacer un esfuerzo para calmarse mientras caminaba hasta la puerta de la casa.- Ya es mucho que no tengas privacidad y nos permitas ocupar tu cabeza. No estaría bien pedirte más.
-¡Claro que sí! -Protestó Harry.- Sólo soy una persona. Tengo mucho en qué pensar y a veces me olvido de cosas importantes. No solamente debería haberme asegurado de que vieras a Teddy, sino que soy su padrino y tendría que haberlo visto más a menudo.
-No es culpa tuya, Harry, -habló Sirius.- Es difícil ser padrino. Especialmente bajo circunstancias especiales. Créeme, lo sé. Y no te preocupes por Lunático. Ese es Remus siendo Remus, ¿No, cariño? Le dices, "bueno, si no querías que atáramos a Quejicus a ese poste usando ropa interior de mujer con un cartel que diga "siéntase libre de reírse de mí, soy exactamente lo que Dios considera una broma" deberías haber dicho algo." Y te contesta, "No quería molestar. Preferí quedarme por aquí malhumorado y esperar que lo notaran.
-Considérate suertudo de no tener testículos, Canuto. -Contestó Remus- Siento el irresistible impulso de castrar un a un cierto perro.
-No lo harías, saldrías perdiendo tanto como yo.
-Ew, -la familia Potter contestó al mismo tiempo.-
-Demasiada información sobre los adultos en mi vida, gracias, -Agregó Harry.-
-¡Harry! -La puerta a la casa de los Tonks fue abierta antes de que siquiera pudiera tocar y Andromeda estiró los brazos para abrazarlo, dándole la bienvenida. Seguía siendo confuso ver esa expresión en la cara aristocrática, de pesados párpados que había llegado a asociar con Bellatrix por tantos años. Le tomó un segundo convencer a sus instintos de que no era alguien bajo la lista de "Maldice Primero y Haz Las Preguntas Después Si Queda Algún Pedacito".
-Hey, Andromeda. Qué bueno verte. ¿Cómo está Teddy?
-Pasa, ven, déjame tomar tu abrigo. Teddy está bien. Gateando y hablando sin parar. Aprendió muchas palabras desde la última vez que lo viste en el verano. Ha estado preguntando por tí.
Harry sintió una ola de culpa.- Debería haberme contactado más, -Le dijo arrepentido.- Es sólo que la situación está un poco complicada.
-Harry, -puso una mano en su brazo, deteniéndolo en la entrada de la cocina.- Ni siquiera tienes veinte. Has tenido una vida difícil, y estás acomodándote. Junto con el escape de Crouch... bueno, Teddy y yo estamos felíces de que tuvieras tiempo de vernos esta Navidad.
Él le dio una sonrisa, esperando que no se viera muy triste.
-Ahora, -le dijo, dirigiéndolo a la mesa de la cocina.- Teddy está tomando una siesta. ¿Por qué no te sientas un rato mientras nos preparo té?
Harry se acercó a una de las sillas, viendo como Andromeda llenaba la pava con agua. Se veía mucho más mayor y cansada desde las muertes de su hija y esposo.- ¿En serio estás bien? -Preguntó Harry- Debe ser difícil cuidar a Teddy sola. Debería venir más seguido, sin importar lo que digas. También es mi responsabilidad.
Andromeda lo miró por encima de su hombro.- De verdad que estamos perfectamente bien. Tengo amigos que me ayudan, y hasta algunos de los viejos compañeros de Ted vienen a ver como estoy de vez en cuando. Rodrey Ogburn pasó a vernos anoche. Fue el mentor de Ted cuando empezó a trabajar en el ministerio. Ahora está retirado, claro, pero le han pedido que viniera y trabajara por un tiempo de todas formas. -Sacudió la cabeza.- Necesitan toda la ayuda que puedan tener. Esos ataques se están volviendo serios. El ministerio está desesperado por evitar que las cosas lleguen tan lejos como con Voldemort. ¿Escuchaste de las familias de Muggles que fueron atacadas en Yorkshire anoche? Un hechizo hervidor de sangre. Una horrible forma de morir. Las dos familias estaban emperentadas con magos que trabajan en ese departamento, los que se ocuparon de los casos de Mortífagos.
Harry frunció, con preocupación apretando su estómago, y Andromeda estiró el brazo para darle un apretón.
-Escucha, esta ya no es tu pelea, Harry. No pienses en eso ahora. ¿Qué tal si me haces esa importante pregunta? -Sonrió, y Harry pudo ver una parte de la hermosa mujer que había sido antes de que la tristeza y el tiempo hubieran acabado con ella. Era algo raro desde la muerte de su familia.- Tengo que decir, que me muero por oír de qué se trata todo esto.
Harry negó con la cabeza y se pasó la mano por el pelo mientras pensaba en cómo expresar lo que tenía para decir.
-Tu padre solía hacer eso, -comentó Andromeda, sirviendo agua hervida en una tetera negra. Se preguntó si era una herencia de los Black. ¿Quizás la había heredado de Bellatrix?- Volvía loca a tu madre. Solía decir que su pelo era lo suficientemente malo sin que lo estuviera despeinando a propósito.
-Sí. Es un hábito tonto. Un idiota me lo pegó.
-¡Hey!
Andromeda se rió y acomodó las cosas de té encima de la mesa antes de moverse para sentarse en frente de él.- ¿Entonces?
-Em... quisiera no tener que preguntarte esto, pero es bastante importante. -Miró cómo Andromeda servía té de la gótica tetera en una taza. Esperaba que no tuviera ninguna de las preciosas tendencias homicidas que las antiguedades en Grimmauld Place habían tenido.- Es sobre... Bellatrix.
La tetera saltó y el té se volcó sobre el borde de la taza. Andromeda, con la cara hecha una máscara sin expresión que seguramente venía en la genética de las familias de sangre pura, cuidadosamente puso la tetera de vuelta en la bandeja y juntó sus manos mientras lo miraba.-
-¿Qué tiene que ver ella? -Preguntó, su voz no mostraba emoción alguna.- Creo que sabes que en realidad no tuve contacto con mis hermanas después de que me desheredaran por casarme con Ted.
Odiaba el tonó de voz que acababa de tomar.- Me preguntaba quién heredó sus cosas una vez que... bueno... se fue.
Andromeda se quedó quiera por un momento, antes de agarrar otra vez la tetera y terminar de servir el té.- En realidad no sé. No a mí, ella hubiera odiado que eso pasara. Tampoco a su marido. -Hizo una pausa mientras pensaba en las opciones.- A menos que haya dejado un testamento que dijera eso, lo que no creo dado que pasó la mayor parte de su vida adulta como Mortífaga o prófuga, estoy segura de que sus cosas quedaron con Narcissa. O más técnicamente, con Draco Malfoy.
-¡Malfoy! -Harry la miró.- ¿Por qué?
-Las familias de sangre pura son muy anticuadas. A menos que se especifique lo contrario, la herencia sólo va a las mujeres si no hay herederos varones cercanos. Draco es el único hombre que queda en la línea de loa Black. Habría heredado las cosas de Bellatrix por su madre. Aunque ella tiene algún poder, sería el deber de Malfoy manejarlas. Cualquier plata o cosas de valor estarían en su baúl.
Harry se apoyó en el respaldo de la silla, tapándose la cara con las manos.- Mierda.
-¿Harry? ¿Puedo preguntar de qué se trata? -Andromeda sonaba preocupada.
-Creo que Bellatrix puede haber tenido algo que de verdad necesito.
Lo miró incrédulamente.- ¿Qué demonios podía tener mi hermana que te interesara?
-No era suyo, -le explicó- era de Voldemort. Pero tengo razones para creer que se lo dio para que lo cuidara.
-¿Voldemort? Harry, ¿en qué te estás metiendo?
-¡En nada! Nada de lo que estás pensando, por lo menos. No tiene que ver con Crouch o los asesinatos a nacidos de Muggle ni nada de eso.
-¿Entonces qué es? ¿La cosa importante?
-No sé cuanto debería contarle, -Les dijo a su familia.-
-Puedes confiar en Andromeda, -Habló Sirius- Dile lo que necesites.
Harry dudó, revolviendo su té lentamente.- Es un libro. Voldemort tenía un libro que necesito y lo he estado buscando.
Andrómeda levantó una elejante ceja negra.- ¿Un libro? ¿Puedo preguntar el título?
Apretó los labios, midiendo las opciones, y llegando a la conclusión de que mientras más ayuda tuviera, mejor.- Se llama Sacrum Obitus.
Esta vez las dos cejas de Andromeda desaparecieron en su pelo.- ¿Ese viejo libro de magia de cuentos de hadas? Creí que todas las copias estaban perdidas.
-¿Lo conoces?
-Sí. -Tomó un sorbó de té delicadamente.- Mi madre era fanática de las tradiciones y leyendas de los sangre pura. La familia Black tiene muchísimas, claro, pero también nos hizo aprender las tradiciones de otras familias. Estaba muy interesada en la leyenda de las Reliquias de la Muerte, y en las familias que creían descender de los hermanos Peverell. Sin embargo, le hubiera gustado mucho poner sus manos en un libro tan valioso como el Sacrum Obitus. ¡Hubiera sido una gran adición a la biblioteca Black! Pero todos los libros fueron perdidos, el último fue el de la familia Gaunt. Ahora ya están muertos. Algo bueno, todos ellos estaban más locos que los Black. Nosotros por lo menos teníamos un par de personas buenas en cada generación.
Harry sacudió la cabeza.- No estaban todos muertos, sabes. Voldemort era el hijo mestizo de... la hija de Marvolo Gaunt.
-¡Por Merlín! ¿Marvolo Gaunt se reprodució? Qué horrible. Y Voldemort... -Negó con la cabeza, sus ojos estaban empañados.- Con razón fue así. Los Gaunt tenían magia oscura en su sangre. Los hacía poderosos, pero les infectaba las mentes.
Harry recogió un scone del plato que andromeda había traído con el té y lo mirdió.- Sabes, -dijo con la boca llena.- Si hubiera venido a verte antes, me habría ahorrado mucho tiempo de investigación.
-Traga antes de hablar, Harry. En serio, a veces eres peor que tu padrino. Entonces, ¿me dirás por qué necesitas el Sacrum Obitus?
-Para volverme amo de la muerte. Por supuesto.
-Claro, -murmuró Andromeda.- Qué tonta fui.
Harry sonrió.- Te diré más cuando sepa. Lo prometo. Supongo que voy a tener que encontrar una forma para chuparle las medias a Draco Malfoy lo suficiente como para que me preste el libro.
-Buena suerte, -le contestó- ¿Has perticipado en muchas fugas de la cárcel antes? ¿Acaso se pasa de padrino a ahijado? Quizás es bueno que no veas a Teddy tan a menudo.
-¿Fugas de la cárcel?
-Recuerdas que todos esos Mortífagos que fueron liberados luego de la muerte de Voldemort ahora están en custodia, ¿verdad? Es parte del plan del Ministerio para mantenernos seguros de nuevas amenazas.-
-Tienes que estas bromeando. ¿Tengo que sacar a Malfoy de la cárcel?
-Si te sirve de consuelo, creo que los Mortífagos que como él no fueron enviados a Azkabán están en el Ministerio. No tendrás que lidiar con los dementores.
Harry se quejó y se acercó a la mesa.- Qué bueno. Gran consuelo. Sólo tendré que engañar a todo el departamento de Aurores y al Ministro de Magia.
-Hacemos lo que debemos, querido. -Andromeda se sirvió otra taza de té.- ¿En serio es tan importante?
Abrió la boca para contestar, pero fue interrumpido por un grito desde arriba.- ¡Abuuuuu!
Ella suspiró y bajó la taza, pero Harry la detuvo antes de que se parara.- Iré a verlo.
La habitación de Teddy estaba pintada de un alegre amarillo, y peludos animales de granja estaban congelados alrededor de las paredes. El niño miraba por encima de la baranda de la cuna, con pelo azul brillante, y cara regordeta con la expresión de todos los niños de dos años después de sus siestas. Su cara cambió instantáneamente cuando vio a Harry cerca de la puerta.
-¡Harry! ¡Arriba! ¡Arriba! -Sus brazos se estiraron hacia su padrino.-
-¿Remus? ¿Quieres estar a cargo por un rato? -Le preguntó en voz baja.-
-¿Puedo?
Harry se forzó al fondo de su mente y su cuerpo tembló ligeramente mientras Remus tomaba el control. Desde ese lugar tan desconcertante, observó a su propio cuerpo moviéndose a la cuna y levantando a Teddy. El niño era cálido y sueve, además de oler somnoliento. La respiración de Remus paró en la garganta de Harry cuando los pequeños brazos se agarraron de su cuello.
-Oh, Lunático -murmuró Sirius- ¡Es precioso!
Su respiración se aceleró un poco más después de eso. Se sentó en la silla al lado de la cuna con el niño en brazos.- Mi Teddy, mi hermoso niño. ¡Mírate! ¡Míralo, Sirius!
-Lo hiciste bien. Es precioso. A pesar de ser medio Tonks.
-También es parte Black, -dijo Lily, acercándose a su presencia.- También están emparentados.
-Harry juguemos, -ordenó Teddy, retorciéndose en el abrazo.
-Sólo déjame abrazarte un poco más, Teddy, -pidió Remus.- Sólo un par de minutos más.
Teddy frunció pero se recostó en sus brazos, y Remus se inclinó para darle un beso en la frente, tarareando una suave y ligeramente familiar canción en voz baja.
Teddy esperó lo más que su paciencia de dos años se lo permitió antes de empezar a retorcerse otra vez.- ¿Jugamos ahora?
Remus se rió, una cálida risa que sonaba muy rara viniendo de la boca de Harry.- Muy bien, pequeño monstruo. ¿A qué jugamos? ¿Qué tal...?
Dejó de hablar después de escuchar un ruido en la puerta y se dio vuelta para encontrarse con Andromeda, con los ojos grandes y tapádose la boca con una mano. Si su corazón no estuviera siendo prestado a Remus en ese momento, hubiera saltado por la preocupación.-
-¡Andromeda!
-¿Qué está pasando? -Susurró, todavía con la meno en la boca.- Ese no es tu acento, Harry. No es tu voz.
-Por favor escucha un segundo, -Dijo Remus, parándose todavía con Teddy contra su pecho.-
-¿Quién eres? ¿Qué quieres? -Su varita estaba apuntándolos en apenas unos segundos.- ¡Te disfrazaste como Harry para encontrar ese libro!
-¡No, Andromeda! ¡Por favor escucha!
-¡Déjalo, maldita sea!
Teddy empezó a llorar, retorciéndose infelizmente en sus brazos mientras la tensión aumentaba rápidamente.
-¡Bájalo!
Remus retrocedió y con cuidado lo puso de vuelta en su cuna. Entonces levantó las menos y se alejó de su hijo.
-¡Déjame volver! -Dijo Harry, tratando de sacar a Remus por la fuerza de su mente.- ¡Está yendo mal!
James, Lily y Sirius se movieron para alejarlo, manteniéndolo preso en su propia cabeza.
-Quédate aquí, Harry -le dijo Lily mientras trataba de liberarse.- Deja que él lo haga. Fue entrenado para lidiar con estas situaciones en la guerra. Sabe qué decir.
Para entonces, Remus había llevado al cuerpo de Harry contra la pared más lejana a la cuna. Se paró con las manos detrás de la cabeza mientras Teddy lloraba por el miedo y angustia que sentía.
-¡Haaaaarrry!
Andrómeda hizo una mueca, pero no alejó sus ojos de Remus.- Silencio, Teddy. Este no es Harry.
-No, no lo soy. -Concordó Remus en voz baja, asegurándose de no hacer movimientos bruscos.- No en este momento. Pero no voy a lastimarte, ni a Teddy, Andromeda.
Teddy se calmó un poco, mientras sus grandes ojos grises miraban entre los dos adultos.
-¿Adónde está tu varita? -Apuntó la suya a su pecho y se acercó un paso más.-
-En mi bolsillo trasero, -Contestó Remus, moviendo un poco la cadera para que pudiera verla. Harry sintió su boca formar una sonrisa irónica bajo su control.- Debería aprender a dejarla en esa funda que me dio Hermione. Será culpa mía cuando accidentalmente me quede sin trasero.
-¿Qué demonios haces? -Exigió saber Harry.- ¡No es hora de bromear!
-Confía en mí.
Andromeda aparentemente también estaba perturbada por el cambio de tono. Dudó un poco, antes de que Teddy se volviera a quejar y su cara se endureciera de nuevo. Manteniendo su varita en el pecho de Harry, se acercó y le sacó la varita del bolsillo. Entonces volvió a irse hasta la cuna para tapar a Teddy.
Harry experimentó una repentina visión de una mujer jóven con largo pelo rojo también en frente de una cuna; aunque esta contenía un pequeño bebé de ojos verdes y pelo desordenado. La visión parecía en frente de lo que pasaba en el momento, dos mujeres, casi vibrando con furia maternal, dispuestas a hacer lo que fuera para proteger a sus niños. Se preguntó si la imágen era tan clara porque más de uno de ellos la había estado pensando.
-Dime quién eres y qué quieres o vas a terminar con las pelotas como sanguijuelas, y te van a morder. -Lo que daba más miedo, (además del hecho de que la única cosa que se imponía entre Harry y castración por transfiguración en sanguijuelas era un calmado hombre lobo), era el heco de que no era una amenaza, si no una afirmación. El tono de voz era frío y sin dudas, era obvio que no estaba bromeando.
-Preferiría que no lo hicieras, -contestó Remus.- No creo que Canuto alguna vez se recuperara del trauma de esa experiencia, y odiaría que a Harry le pasara lo mismo.
Su cara quedó blanca, y le punta de su varita tembló.- ¿Quién eres? ¿Cómo sabes ese apodo?
-Creo que comienzas a sospechar, ¿no, Andromeda? -Le dijo suavemente.- Dime: ¿Qué sabes del Sacrum Obitus?
-E-es un libro de magia de cuentos de hadas. Tiene que ver con las Re-Reliquias de la Muerte. Sólo dime quién eres. ¡Por favor!
Teddy trató de salir de atrás de Andromeda, y ella lo volvió a tapar.
-¿Sabes qué se supone que se logra con el libro si se tiene acceso a las Reliquias?
Hubo una larga pausa y Remus se quedó duro como piedra contra la pared. Hasta de su perspectiva desde el fondo de su mente Harry podía sentir que sus brazos se empezaban a acalambrar.
-Volverse Amo de la Muerte. -murmuró Andromeda eventualmente.- Lo recuerdo bien. A Bellatrix siempre le encantó la codicia y tragedia de esa leyenda.
-Y por qué Harry, de toda la gente, Héroe del Mundo Mágico, guía de los buenos, destructor del señor oscuro, querría acceso a un libro que lo haría Amo de la Muerte?
Los labios de Andromeda se movieron para formar la palabra "familia", aunque nunca lo dijo en voz alta.
-Conoces a Harry, -habló Remus en voz tranquila.- Un héroe y celebridad, sí, pero en el fondo un huérfano que creció en una casa abusiva y desesperado por tener una familia verdadera. Y también me conoces, ¿no? Reconoces mi voz, sin importar lo alterada que esté en este cuerpo.
Esta vez sus labios formaron la palabra "Remus", con la cara desolada y un desesperado deseo por no ver esa esperanza morir.
-Sí, lo soy.
Hubo otro largo silencio mientras su mano libre se levantó para taparse la boca, como si tratara de no llorar.
-¿Puedo bajar los brazos? -Preguntó con voz suave.
Ella alejó su varita apenas lo escuchó, poniendo cara seria.- ¿Qué le hiciste a Harry? ¿Lo poseíste?
Harry se alejó de su familia y sacó a Remus. Su cuerpo tembló ligeramente mientras se acostumbraba a la falta de control.- Estoy justo aquí, Andromeda. Todos lo estamos, mi familia y yo. Mi cabeza es como una comuna para almas perdidas en este momento.
Andromeda tembló y su varíta se sacudió violentamente. Harry saltó, evitando el hechizo que salió instintivamente ante el movimiento brusco, y la atrapó antes de que cayera al piso.
-Aquí, siéntate. -La llevó hasta la silla en la que Remus había estado sentado antes.- Sé que es una sorpresa. Me tomó un tiempo para acostumbrarme. No quería molestarte con ello, pero Remus de verdad quería abrazar a Teddy.
Ella levantó una mano temblorosa hasta la frente de Harry.- Por eso tu aura mágica se siente tan rara. Creí que era el estrés o la exposición a toda esa magia en Hogwarts. Está.. -tragó saliva.- ¿Está mi Nymphadora?
Su cara estaba tan llena de esperanza desesperado que estuvo seguro de que su corazón se rompió un poco.- De verdad que lo siento, -susurró- Sólo son mi mamá, papá, Remus y Sirius.
-Sirius. -Andrómeda agachó la cabeza, resignada.- Claro que es Sirius. Siempre lo fue. Mi querida niña nunca pudo alcanzarlo, ¿verdad? Traté de decirle, pero lo quería mucho. Lo sabes, ¿verdad, Remus?
-Lo hace, -le dijo Harry.- Y también la quiso. Es un buen hombre. Nunca se hubiera casado con ella de no ser así.
-Remus era un hombre solitario, roto y herido -le contestó- la quiso tanto como pudo. No lo culpo. A Nymphadora no le podían negar nada cuando estaba decidida. Hizo lo mejor que pudo.
Remus se adelantó y Harry le hizo espacio.
-No fue lo suficiente, ¿verdad?
Andromeda levantó la cabeza para mirar a Teddy que observaba a través de las barras de su cuna, con la cara hinchada y el pelo negro por el mal humor. Junto con los ojos grises, se veía perturbadoramente como si fuera de Sirius más que suyo.
Volvió a verlo y tomó una de las manos de Harry entre las suyas.- Fue lo suficiente.
Bueno, como estuve mucho tiempo sin actualizar, (no me culpen, esta vez los culpables fueron los de telefónica..) les dejo este así como está. Pronto, (como pago) voy a estar subiendo el que sigue.
Muchas gracias a los que dejaron Reviews, Alertas, Favoritos y todo eso. Nos vemos!
