Después de un breve lapso de tiempo en el que su mente quedó en blanco por la impresión y la sorpresa, Kyoko retomó la línea de sus pensamientos. No se había detenido ni por un momento a pensar en lo que haría con Yohei. Ella sabía que, al igual que con Haruko, le tenía mucho cariño y hasta podría decir que le atraía el moreno de ojos castaños. Pero no lo suficiente como para establecer una relación. En esas circunstancias, los pensamientos se agolpaban en su cabeza, uno tras otro. ¿Qué hacer? Piensa, Kyoko, piensa. Ábrele, Kyoko, no seas maleducada, debe estar preocupado por ti. Entonces decidió abrirle.

- ¡Hola Yohei! – Hizo su mejor esfuerzo por esbozar una sonrisa.

- ¡Kyoko! – Yohei se veía muy guapo esta vez, Kyoko reconoció. Se había esmerado para ella seguramente. – Yo… me preguntaba si estás bien…- Kyoko notó la tristeza que le llegaba de los ojos de Yohei. Sin duda eso también era su culpa.

- Pasa Yohei – dijo Kyoko.

Él ingresó con cierta timidez; jamás había estado en la casa de una chica que vivía sola, y menos en la de Kyoko.

- ¿Quieres algo de beber? – Kyoko no podía evitar ser amable con él. Le inspiraba mucho cariño. – Tengo leche, té, café y un par de sodas…

- Una soda está bien, gracias.- Estaba muy tímido el pobre. Parecía que en cualquier momento se hundiría en el sillón donde estaba sentado.

De vuelta al living, ella se sentó al lado de Yohei. Muy cerca como para que Yohei no se pusiera nervioso. Se produjo entonces un incómodo silencio en entre los dos.

- Gracias por venir Yohei… - Le sonrió. Esta vez fue sinceramente.

- ¿Estás enferma? – Él acababa de notar el lamentable espectáculo que le ofrecía el rostro de Kyoko. Su belleza natural se veía opacada por unas pronunciadas ojeras violáceas y sus ojos no tenían el brillo alegre con el que la conoció.

- No Yohei, sólo que no me he sentido muy bien estoy días; pero no te preocupes, seguro ya se pasará.

- ¿Qué tienes, Kyoko? – Su tristeza era evidente.- Hace días que no te veo, no respondes mis llamadas, me evitas en la escuela… ¿qué pasa? ¿No quieres seguir conmigo?

- Yohei… yo… he estado muy confundida estos días y no he querido preocuparte… lo siento…

- Kyoko, ¿cómo no me voy a preocupar por ti?- Tomó sus manos entre las suyas.- Yo te quiero Kyoko, y tú lo sabes…

Entonces la besó. Tiernamente, con esa tristeza que genera el amor cuando no se halla completamente correspondido. Kyoko no pudo rechazarlo; el le atraía mucho, no podía negarlo, pero en el fondo de su corazón sabía que Kaede Rukawa se había metido muy dentro de su ser. Por mucho que se esforzara en decirse a sí misma que no era así. Por eso le respondió. Porque estaba empecinada en negar lo que Rukawa provocaba en ella. Mucho coraje en verdad, pero también él le desataba toda la pasión que tenía adentro. Le respondió porque había decidido – unos 10 segundos atrás – que se daría una oportunidad con Yohei Mito.

- Yo también te quiero mucho Yohei. – Él la miró con un brillo diferente en sus ojos, el mismo que tenía cuando la besó por primera vez.

- ¿En serio?- Sus ojos parecían dos luciérnagas en medio de la noche.

Por toda respuesta, sólo recibió otro beso. Ese beso fue seguido de unos cuantos más, hasta que ambos se olvidaron de las sodas que tenían en la mano y distendieron sus expresiones todo lo que el sillón se los permitió.

Cuando Kyoko volvió a abrir los ojos, estaba durmiendo sobre el pecho de Yohei. Después de una tierna, extensa y a veces apasionada sesión de besos, cortesía de Yohei, se quedaron abrazados en esa posición, mirándose, Yohei jugando con su pelo. Kyoko pensaba que no se había equivocado al empezar una relación con Yohei.

Se movió sobre su regazo, lo que despertó a Yohei. Entonces ella se acomodó y lo besó largamente. Él se dejaba querer, hundido en esa nube de algodón rosa en la que parecía flotar. Poco a poco, los besos cambiaban su entonación, como las sinfonías más apasionadas de Beethoven; tiernos, suaves, lentos, sensuales, profundos, apasionados. Sus lenguas sólo se dejaban llevar al ritmo de sus corazones. Kyoko se detuvo. No quería que las cosas se salieran de control. Él, como siempre, se mostraba comprensivo y cedía a todo lo que Kyoko le pedía.

Se pusieron a conversar de forma casual; como les había dado hambre, ella se puso a preparar algo de cenar. Él le ayudaba.

- Sé mi novia.- Yohei sabía que se estaba jugando la vida con esa pregunta. Por eso la soltó sin preámbulos, de la manera más directa que encontró. Cómo todas las cosas que le costaba hacer, lo hizo casi sin pensar.

Kyoko, a pesar de lo repentino de la petición – en plena preparación de unos sándwiches de queso – sonrió al ver cuánto parecía quererla ese chiquillo. Él debía quererla mucho como para atreverse a hacer o decir una cosa así. Dejó de lado un momento los utensilios que estaba usando en la cocina, se volvió hacia Yohei, quedando de frente. Lo miró directamente a los ojos.

- Yohei Mito… - una mirada juguetona se empezaba a adivinar en sus ojos ahora- Quiero ser tu novia.

Se abrazaron. Se besaron una vez más. Yohei parecía estar al borde de las lágrimas, pero no de tristeza sino de pura felicidad. Esa noche celebraron con películas, sándwiches y la algarabía de los jóvenes que comienzan a descubrir las alegrías del amor, que se extenderían hasta muy entrada la noche, cuando Yohei se fue por ser muy tarde.

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Esa noche Kyoko se durmió con la tranquilidad que le generaba la presencia de Yohei Mito en su vida. Antes de dormir, repasó cada uno de los momentos vividos esa noche con Yohei: sus besos, sus caricias, su ternura, esa que se acercaba a la pasión de vez en cuando, sus ojos, sus labios, su olor. Le gustaba. Y mucho. Además, había aceptado ser su novia. De seguro mañana toda la escuela sabría que ella era la nueva novia de Yohei. De seguro eso pondría muy feliz a Haruko, sobretodo ahora que ella creía ciegamente que Rukawa estaba enamorándose de ella. "No pienses en eso, Kyoko" se decía.

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A pesar de que se había dormido muy tarde, Yohei llegó puntual a recoger a Kyoko para irse a la escuela. Apenas si tocó el timbre de su apartamento, cuando fue recibido por una sonriente Kyoko, quien entre besos, le dijo que estaba lista. Se fueron de la mano caminando juntos hacia la preparatoria.

Al llegar, el resto del ejército casi se desmayó al verlos, pero luego se acercaron a darle la bienvenida oficial a Kyoko como integrante del grupo.

- La verdad hay sólo una cosa que me preocupa, Noma,- sentenció el gordo Takamiya – Si Yohei tiene novia, ¿seguirá pagando nuestros almuerzos?

- ¡Cállate gordo, eres un interesado! – Había intervenido Hanamichi, lanzándole un certero golpe en la cabeza al obeso.- Discúlpalo, Kyoko, este gordo no tiene educación.

Las risas no se hicieron esperar. El día comenzaba como Yohei y Kyoko se lo habían planeado. Cerca del mediodía, todas las chismosas de la preparatoria comentaban la nueva unión entre Yohei y Kyoko, la recién llegada que en menos de lo que canta un gallo había conseguido novio, aunque fuera el buscapleitos de Yohei. Las chicas del salón 10 tampoco se quedaban atrás, para el infortunio de Rukawa, quien, al enterarse de las nuevas noticias que mantenían ocupadas las lenguas del Shohoku, ni siquiera pegó un ojo el resto de las clases. Cabe decir que sus compañeros – por no decir los profesores- no cabían en sí de su asombro.