Disclaimer: Los personajes de MARVEL no me pertenecen.

+18 Contenido Explícito: Si eres menor de edad, lee bajo tu propia responsabilidad.

Nota de la autora: Letra cursiva es Flashback.


Madness


Era una noche más donde tenían una misión en conjunto y donde nuevamente no podían ocultar esas enormes ganas de querer estar el uno con el otro. Se había vuelto una rutina, algo placentera para ambos, pero que estaban de acuerdo a las consecuencias: No había que enamorarse. Sin embargo, la regla la rompió uno de los dos y no quería que esto terminara tan repentinamente.

Se encontraban en un hotel Bremen, ciudad que se encuentra en el noroeste de Alemania. Era una misión de encubierto. Steve odiaba por completo estas misiones, pero Natasha aceptaba sin dudar, ya que ella siempre se sentía cómoda con cualquier cosa.

Amaba eso de ella.

Si, Steve Rogers había roto la promesa de "Diversión, pero sin amor" o algo así fue lo que su compañera le había dicho.

Todo había empezado con un simple desliz del Capitán. Algo que él quería evitar a toda costa. Él era un hombre de antiguas tradiciones. De aquellos que te invita a una cita a comer, dar un paseo o una cena romántica a la luz de las velas. Steve Rogers era así… pero su compañera de batallas iba siempre directo al grano. Y a pesar de las grandes diferencias entre ambos, le encantaba que fuera tan osada. Era algo que él quería imitar, pero por su personalidad un poco retrospectiva en cuanto a temas así, daba un paso al costado.

(…)

Entonces… ¿Nunca lo has hecho Rogers?

Steve no sabía si sorprenderse con aquella pregunta o dejar que pasara. Después de la monumental fiesta que dio Stark en su mansión, no era para menos que ella hiciera un comentario así, estaba pasada de copas y lo que pasaba por su mente eran cosas algo subidas de tono. Eran las cuatro de la mañana y estaban ambos en una de las mil habitaciones de la torre, bebiendo algo de tequila que Natasha había tomado prestada de la barra. Estaba recostada de espaldas en la enorme cama y Steve se encontraba mirando a través del ventanal con ambas manos en los bolsillos, donde sólo los iluminaba la luz de la luna.

Ya sabes la respuesta a eso Nat, no sé por qué insistes… ─Le respondió finalmente─

Que sensible estás. ─Dijo incorporándose y tomando otra postura─ Sólo era una pregunta que quería corroborar. ─Dio un sorbo a la botella, dejándola a un costado de la cama─

Siempre la corroboras cuando tenemos juntas así con los demás… ¿Por qué? ─Él se dio vueltas, contemplando su hermosa figura ahí en aquella cama blanca, resaltaba mucho porque su vestido era rojo al igual que su sedoso cabello tomado─

Por nada en especial, es sólo…

Sólo que…

No puedo imaginar que no hayas estado con nadie es decir… eres apuesto, caballero, el hombre que toda mujer sueña tener algún día, de verdad no puedo asimilarlo…

El capitán américa se ruborizó de inmediato con esos comentarios por parte de la espía, pero sabía de antemano que eran efectos del alcohol. Sacudió su cabeza como no creyendo decir lo que había escuchado por parte de ella. Se acercó lentamente y se sentó al borde de la cama. Dio un largo suspiro y se mantuvo en silencio.

Steve… No quise incomodarte ─De pronto, por parte de ella escuchó una disculpa─ Me imagino que debes estar harto de escuchar lo mismo, sobre todo por parte de Stark-

Simplemente ─Comenzó el rubio─ no he tenido la oportunidad de estar con una mujer. No se da la oportunidad o sólo es que estoy algo ocupado ─Le dedico una sonrisa tímida, a lo cual Natasha le devolvió de la misma manera─

La espía se acercó a él, acariciando su espalda lentamente, como señal de apoyo. Ella sintió como el enorme cuerpo de Steve se empezaba a relajar poco a poco, hasta que Natasha puso una de sus manos sobre la pierna de Rogers y sintió como aquellos músculos que se estaban relajando, estaban siendo tensos nuevamente.

Relájate Rogers… no estoy haciendo nada malo… ─El muchacho rio y ella seguía mirándolo─

Depende de lo que quieras hacer... igual puede ser algo malo.

Vamos Capitán… no puedes decirme que no sientes nada… ─Natasha lo abrazó por la espalda, acariciando su pecho y desabotonando su camisa lentamente─ Todos los hombres tienen ganas, es su naturaleza…

Natasha… ─Su nombre fue dicho casi como un 'detente', pero ella seguía y tampoco quería que se detuviera, era bastante placentero, y eso que no estaban haciendo nada─

Que te parece el término "Diversión" por una noche… después de todo, no puedes decirme que somos los únicos encerrados en un cuarto intentando tener sexo, es una fiesta, todos lo hacen para divertirse…

Nunca, ni en sus sueños mas húmedos había visto a Natasha ser tan sensual. Aquello se lo había susurrado en su oído y no pudo evitar sentir que su entrepierna estaba despertando. Steve volteó su rostro, topándose con aquellos ojos verdes de la pelirroja, que brillaban más que otras veces que la había visto. No era un tonto para no darse cuenta. Ella quería estar con él ahí y ahora. Él lo comprendió y sin preámbulos, tomó su rostro con su mano y la besó.

Natasha sonrió para sus adentros. Por fin Steve había reaccionado como ella quería. Le devolvió aquel beso, sintiendo aquellos suaves labios sobre los suyos, como un caramelo recién abierto, que estaba impaciente por saborear. De pronto, el rubio intensificó aquel beso, entrando con su lengua y pidiéndole a ella que hiciera lo mismo.

Estuvieron besándose mucho tiempo, y en ese lapso de tiempo ya se habían despojado de sus ropas. Ella sólo con su ropa interior y a Steve solo hacía falta que se quitara los pantalones. Él estaba encima, con una mano la tomaba por la espalda y con la otra acariciaba sus piernas. A Natasha no le cabía en su cabeza que esta sea su primera vez, porque para ser así, lo estaba haciendo bien. Endemoniadamente bien. Ella lo disfrutaba tanto como él y le fascinaba de cierto modo. Sabía perfectamente donde tocar, donde besarla, era como si la conociera desde siempre.

Steve… ─Se separó de él un momento. El rubio abrió los ojos lentamente, encontrándose con aquella mirada seductora que tanto le apasionaba ver─

¿Pasa algo malo?

Tus pantalones… me molestan ─Se mordió el labio inferior pero no quitaba su vista de él. Steve rápidamente se incorporó, soltando el cinturón tirándolo lejos. Natasha se levantó un poco ayudando a desabotonar el pantalón. Ella lo bajó lentamente y podía ver claramente su erección. El rubio se dio cuenta de eso. Intentó no mostrarse incómodo con la mirada de la pelirroja. Si quería hacerlo no debía sentirse avergonzado, pero la espía se había percatado igualmente de ese detalle.

No te sientas mal Rogers ─Habló la pelirroja─ para ser la primera vez en setenta años, pareces un profesional.

No te burles ─Dijo esto mientras se despojaba de sus pantalones y volvía a aprisionarla contra la cama, escuchando un gemido por parte de ella─

Es un cumplido soldado ─Le respondió Natasha, notando como Steve acariciaba sus piernas, dejando rastros de besos en su blanco cuello─

Los cumplidos son para después, no me desconcentres…

El rubio la tomó por la espalda levantándola un poco para poder quitarle el sujetador. Y lo hizo de manera satisfactoria. Aquella escena de la desnudez de Natasha, donde sus cabellos rojizos llegaban hasta casi a sus senos, era como sacada de un sueño, de uno que no quería despertar jamás.

La espía se acercó a él para besarlo, donde él le correspondió de igual manera, rodeando con sus brazos la diminuta cintura de ella. Pudo sentir como Natasha se sobresaltó con ese tacto, a lo cual Steve habló.

No te sientas mal Natasha… ─La pelirroja se dio cuenta del sarcasmo de su compañero─

Estás hablando demasiado…

Molesta por aquel comentario, la rusa empujó a Steve, quedando ahora ella arriba tomando el control. Steve por su parte, con ambas manos acariciaba de arriba abajo el abdomen de la espía hasta llegar a sus senos. Natasha suspiraba con aquellos toques que Rogers le estaba proporcionando. Se supone que era ella la que tenía el control y lo estaba perdiendo.

Maldición…

Lenguaje, Romanoff…

Le había salido todo al revés a Natasha. Ahora era ella la que estaba siendo controlada por él ¿por qué? Steve Rogers la hacía débil de alguna manera. Sólo quería pasar un momento agradable con el soldado, pero estaba sintiendo cosas que hace años había perdido. Y eso era señal de debilidad.

Con tantos pensamientos en su cabeza, no se había percatado que ella ya no poseía ropa interior en la parte inferior y él tampoco. En qué momento sucedió… Steve notó que la pelirroja estaba en otro lado y no aquí.

Natasha… ¿estás bien?

Si, estoy bien Steve… ─Mintió. Ella sabía que Steve no podía saber si mentía o no. El rubio la miró a los ojos y sintió como si leyera su mente─

Si no quieres seguir…

Quiero ─Afirmó Natasha─ Quiero hacerlo contigo Steve.

La espía sintió algo de nerviosismo por parte de él. Se sintió culpable de algún modo y se acercó a él, atrayéndolo en un beso. Eso hizo que se tranquilizara un poco y el rubio continuase con lo que ella le había pedido.

Acomodó lentamente a la mujer que tenía en sus brazos en la almohada y lentamente se hizo paso entre sus piernas. Natasha tomó un poco de aire. También se sentía nerviosa y eso que, a diferencia de Steve, es una mujer con más experiencia con respecto a esto.

Sintió entonces, que él ya estaba dentro de ella y había comenzado un lento vaivén. Steve se acomodó tomándola por la espalda con uno de sus brazos. A pesar de lo que estuvieran haciendo, Rogers seguía siendo un caballero hasta en los momentos más íntimos. Esta acción por parte de él hizo que Natasha sintiera un pequeño hormigueo en su bajo vientre. Maldición, ¿acaso este hombre no podía dejar la caballerosidad en algún momento de su vida?

Se concentró entonces en aquel movimiento que el rubio estaba haciendo. Steve sentía que con cada entrada y salida el diminuto cuerpo de Natasha se estremecía más y más. Decidió entonces aumentar un poco más la velocidad, ya que ella se lo estaba pidiendo entre gemidos.

Natasha estaba sorprendida por como él podía entender su lenguaje corporal siendo que era la primera vez que tenía sexo. De igual forma, fuera o no fuera la primera vez, un hombre siempre sabe que hacer, era totalmente instintivo.

La espía arqueaba su espalda. Quería más. Steve la tenía totalmente extasiada de placer. Natasha tenía su corazón a mil por ciento de estallar. Por otra parte, el rubio también se sentía en las nubes. Tenía muchas ganas de llegar, pero viendo el rostro de la espía, que le pedía más en cada entrada que él le hacía, se aguardaba un poco más sólo para complacerla. De pronto, en una de sus entradas, Natasha gimió más fuerte que hace unos momentos, incorporándose un poco hacia Steve rodeándolo con sus delgados brazos. Steve se sorprendió un poco con el actuar de la muchacha. La tomó un poco más por la espalda acercándola más a su pecho y entrando cada vez más fuerte.

No pares Rogers… se siente demasiado bien, maldición…

Dicho esto, Steve no pudo seguir conteniéndose. Quería llegar y vaciarse totalmente en ella como se lo estaba pidiendo. La pelirroja movía sus caderas a la misma velocidad que él y en un segundo ya habían llegado a ese clímax tan esperado por ambos. Sus respiraciones eran rápidas y entre cortadas. Natasha se separó un poco de él para mirarlo a los ojos, juntando su frente con la de él. Steve aún no abría los ojos. Estaba asimilando lo que acababa de hacer con Natasha.

¿Estás… bien? ─Poco a poco la espía recuperaba el aliento─

Mejor que nunca… ─Por fin había abierto aquellos ojos que le encantaba ver y perderse en ellos─

(…)

Mientras terminaba con Natasha en ese instante, se le vino a la mente la primera vez que había intimado con ella y no podía sacarse aquellas sensaciones. Quería dejarlas ir de alguna forma. Sabía que no podía enamorarse ni sentir nada que no sea solo deseos de entrar en ella cada vez que ella se lo pedía o viceversa. Pero no podía, era una locura.

─ ¿En qué piensas?

Romanoff lo sacó de su universo de pensamientos sobre que sentir y que no ¿Qué pensaba? Desearía en estos momentos no pensar en nada. Llevaban más de seis meses con estos encuentros y ya no podía seguir ocultándolo más.

─ En nada importante…

¿En serio? Claro que no, su corazón estaba a mil por hora. Quería decirle lo mucho que deseaba estar con ella como algo más que una compañera de batallas y ahora compañera de deseos sexuales. Porque Steve Rogers no pensaba como los demás, porque él se había enamorado locamente por esa pelirroja que estaba desnuda a su lado. Pero tenía miedo. Ese tonto miedo al rechazo. Pero algo le decía que Natasha no sólo lo quería para sentir placer, estaba seguro que ella ocultaba algo más. Lo mas difícil era poder sacarle aquella verdad y sería algo imposible.

─ No te creo. No sabes mentir.

» Por supuesto que no sé mentir.

Natasha era experta en descubrir ese tipo de cosas. Y era bastante obvio que en cada encuentro que tenían, ella lo analizaba de pies a cabeza. Steve no era como ella. No podía ocultar sus emociones ni sus sentimientos.

─ Steve… en todo este tiempo que llevamos haciendo esto, tu actitud ha sido diferente…

─ Nat

─ Era un acuerdo ¿lo recuerdas?

Jaque mate, ella había descubierto que sentía realmente por ella. Ahora supuestamente vendría el discurso de "No hay que sentir nada el uno por el otro".

─ No puedo Nat. No puedo encamarme contigo pensando que no siento nada por ti.

─ Puedes hacerlo, yo puedo.

─ No te creo.

Natasha no sabía que responder. Generalmente ella siempre tenía la última palabra, pero esta vez Steve no quería desistir. Tragó saliva, se tapó con la sábana dándole la espalda.

─ Steve, el amor hace débiles a los demás… es sólo una distracción.

─ Yo no lo veo así. Creo que, si tienes a alguien o algo por quien pelear, te da más fuerzas para seguir adelante. Sólo mira a Barton… tiene una hermosa familia por quien luchar. Piensa en Laura. Cada vez que Clint se va por semanas o meses en una misión, puede regresar sin vida…

─ ¿No te estás contradiciendo?

─ Claro que no. Laura confía en él con su vida. Además, sabe que es su trabajo salvar al mundo con nosotros y lo hace ¿has visto que diga que no alguna vez?

La mujer que estaba a su lado cerró los ojos. Pensando en qué decirle contra eso. No podía seguir con esto. Nuevamente Natasha Romanoff había destruido otro corazón noble y este era el de Steve Rogers.

─ Lo único que veo en ti Nat, es miedo.

─ Basta, no quiero seguir hablando. No deberíamos seguir con esto. Se acabó Steve.

─ No Natasha, vamos a terminar de hablarlo aquí y ahora.

La espía tomó su ropa interior y empezó a colocársela mientras el rubio recogía del suelo sus pantalones también vestirse y poder conversar.

Quería huir. Como siempre lo ha hecho durante toda su vida. Natasha Romanoff quería huir de ahí, de él y de lo que realmente sentía. Porque ella jamás se sinceraría, nunca. Mostrar debilidad era lo que le habían inculcado desde que tiene uso de razón.

Steve la tomó del brazo y la sentó en el borde de la cama. Era como si un padre estuviera regañando a su hija. La espía no podía mirarlo a los ojos, no esta vez.

─ Nat… dime algo. ─Estaba esperando alguna respuesta por parte de ella, pero nada ocurría─ Me voy a volver loco…

─ No puedo Steve. Simplemente mi mente incide más en lo que pueda sentir.

─ Tú te limitas a eso. Tú te pones esa barrera en tu corazón Nat. ─El rubio se pone a su altura de rodillas mientras le toma las manos. Estaban frías─ Déjame amarte.

─ No…

─ No lo hagas más difícil… Por favor Nat.

Ella mantenía su mirada en sus manos siendo tomadas por las de él. De pronto, una lágrima cayó sobre ambas manos de Steve y ella inmediatamente soltó aquel contacto. El rubio no sabía que hacer para que ella abriera su corazón. Se puso a pensar cuánto sería el daño para que ella no pudiera hacer algo tan simple como decir lo que siente.

─ Si quieres terminar con esto está bien Nat. ─Dijo Steve─ Pero no quiero que volvamos a hacer "esto" sin alguna razón, porque yo te di las mías para seguir.

Dicho esto, se dirigió al baño para darse una ducha antes de salir. Después de todo estaban en una misión.

.


.

Cerró la puerta tras de si y se miraba en el espejo. Que demonios le había hecho Natasha a él para quedar tan afectado. No podía quitársela de la cabeza, simplemente esa opción no estaba.

Suspiró y decidió prender la ducha. Tal vez el agua tibia haría que despejara su mente de una vez por todas.

Apenas el agua tocó sus músculos, éstos empezaron a relajarse poco a poco. Tomó un poco de shampoo para echarse en el cabello y comenzó a masajearlo cerrando sus ojos.

Al terminar de enjuagarse, abrió los ojos y no se había percatado que la puerta del baño la había dejado sin seguro, porque Natasha se encontraba con él ahí. Desnuda como la había visto un millón de veces, pero que no se cansaba de admirar su esvelto cuerpo.

Por su mente pasaban un motón de cosas, pero quería que ella se sincerara con él de una vez por todas.

─ Decidí que quiero sentirme loca contigo Steve…tienes razón. ─Natasha se acerca besándolo con fervor mientras él acerca su cuerpo, presionando su entrepierna con ella─

─ Entonces las condiciones cambian Natasha. Si quieres hacer el amor conmigo, tienes que amar como yo lo hago contigo ¿Aceptas?

Natasha sonrió de medio lado y asintió en modo de afirmación. Al fin la había convencido y al fin había hecho algo que quizás ningún hombre había podido hacer: Abrir el corazón de Natasha Romanoff.

.


.

¿Review? :)

Atte. Kuchi-San