A Rodrigo, amigo de la secundaria.
Por no saber antes de tu partida, por el juego del destino que nos impidió reencontrarnos.
Por darles a los gemelos Bluepool su cumpleaños y a los Salais su primer apellido.
Préstame algo de tu talento para seguir adelante.
De parte de la infanta, para el noble caballero, con un beso en la mejilla.
Diez: Incoherencias.
12 de septiembre de 2020.
Norte de Escocia.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
La semana había pasado prácticamente a saltos. Al primer momento era la hora de la cena del lunes, luego en un parpadeo se caía en la cuenta que era la hora del almuerzo del miércoles y finalmente, se estaba en el campo de quidditch el sábado, celebrando que ese deporte mágico fuera lo único que suspendía las clases ese día.
Por parte de Ravenclaw, la elegida para dirigir al equipo había sido Carolyn Young, lo que ella consideraba un estupendo recuerdo de su último curso. En Hufflepuff, obtuvo el cargo de capitán Eleazar Thompson, de quinto curso, pese a que algunos lo consideraban demasiado callado para imponer autoridad. La sorpresa vino en las casas rivales de Hogwarts por excelencia, donde las especulaciones salieron disparadas en relación al primer partido de la temporada.
—¿Tan raro es este asunto? —se oyó esa queja cuando apenas iban a iniciar las pruebas de Gryffindor, luego que las casas de Hufflepuff y Ravenclaw concluyeran las suyas.
—No sé, algunos ven que se llevan bien, o creen que le darás ventaja a Slytherin, o…
—Rose, por una vez, guárdate tus comentarios.
Ante la reprimenda de Henry, que por cierto decía la pura verdad, la pelirroja hizo un mohín.
Ambos miraron a Hally, quien tras oír las acotaciones de su amiga, compuso una mueca de disgusto antes de alejarse unos pasos, hacia donde unas cuantas filas de alumnos con los colores de la casa de los leones esperaban indicaciones. Procyon, a la derecha de Henry, la miró alejarse con cierta pena, para acto seguido musitar.
—Y pensar que yo quería ese puesto…
Hally se había alegrado muchísimo cuando en su carta de Hogwarts, le habían anunciado que se le concedía la capitanía del equipo de quidditch. Les escribió a sus amigos dándoles la noticia con mayor entusiasmo que cuando le entregaban los trabajos calificados con un Extraordinario. Las felicitaciones no tardaron en llegarle, así como la noticia de quién sería su homóloga en Slytherin.
—Te habrían fastidiado con el tema, pero no tanto —aseguró Rose, que había alcanzado a oír a Procyon —Esto de las rivalidades tradicionales es un asco.
Henry y Procyon no podían haberlo expresado mejor.
—¡Eh, Potter! —llamó un chico de sexto, alto y de cabello crespo, con quien Hally jamás había cruzado palabra —¿Vas a dejar que esos se queden?
Señaló a las gradas, donde unos cuantos alumnos con verde y plateado en las capas no dejaban de cuchichear y reír.
—¿Qué tiene de malo? —indagó Hally, arqueando una ceja.
—¿Y todavía lo preguntas? ¡Son la competencia!
La chica rodó los ojos con hartazgo, revisando la fila donde estaba parado el muchacho y luego, un pergamino que traía, donde estaban escritos los nombres de los postulantes.
—Eres… ¿Cyrano McLaggen, cierto? —el muchacho asintió con aire altanero —Pues bien, te informo que yo les di permiso de estar aquí —señaló a los de Slytherin en las gradas, cuatro en total, quienes apenas se habían dado cuenta de que llamaban la atención.
—¿Y cómo se te ocurrió hacer eso?
—Es asunto mío, y si no te gusta, puedes retirarte.
McLaggen hizo una mueca desagradable, pero no se movió de la fila de aspirantes a guardián.
—¿Deberíamos irnos? —inquirió uno de los jóvenes de la casa de la serpiente, de cabello rojo anaranjado y ojos color verde claro —No quisiera que Hally tuviera problemas…
—Ya la oíste, nos dio permiso de estar aquí —replicó una castaña de ojos negros, haciendo un despreocupado gesto de mano.
—Lo que todavía no me explico —aclaró un castaño de ojos grises, frunciendo el ceño.
—Hally y yo llegamos a un acuerdo. Nada del otro mundo, la verdad.
—¡Así se habla, capitana!
La exclamación del chico de cabello rojo anaranjado, dirigida a la joven a su derecha, causó un par de risas a sus espaldas y una que otra ceja en alto. La destinataria de la frase, de largo cabello rubio y opacos ojos azules, se encogió de hombros.
—No sé qué es peor de tener el puesto: que me digan que lo haré bien o que seré un desastre.
—Vamos, Danielle, el premio se lo lleva eso de que Hally y tú no se lo tomarán en serio porque son amigas. O que deberían tomárselo tan en serio como para batirse en duelo en el aire.
—Sí, creo que es cierto —Danielle Malfoy asintió un par de veces a esas palabras —Gracias por semejante perspectiva, Thomas, no la había notado.
Thomas Elliott hizo el amago de una reverencia, antes de pasarle un brazo por los hombros.
—A tus órdenes, ya sabes —aseguró.
—No comiencen con cursilerías o me largo —espetó la castaña, haciendo un mohín.
—Tranquila, Sunny, no te conviene irte —aseguró Danielle, sonriendo.
Sunny Wilson se permitió otro ademán, pero este de incredulidad ante las palabras de su amiga.
—Eso esperamos, porque yo debería estar haciendo la redacción para Mathison, ¿recuerdas?
—Si de eso se trata, luego te ayudaré, Walter. Terminé la redacción antes de venir.
Ante el ofrecimiento de Danielle, Walter Poe asintió y se relajó un poco.
Las pruebas del equipo de Gryffindor no duraron tanto como esperaban los curiosos que habían ido a verlas. Hally había realizado pruebas básicas en primer lugar (grupos de unas cinco personas volando en formación y algunas fintas), con lo que pudo eliminar a varios que, según ella, no sabían trabajar en equipo. Luego, a los que quedaron les impuso un juego de práctica, con el que quería medir la resistencia de los participantes y creyendo que así se le facilitarían las cosas.
No se equivocó del todo, aún con la actitud irritante de personas como Cyrano McLaggen.
Hally tuvo que volar por todo el campo, observando el juego de cabo a rabo y haciendo que se retiraran aquellos que no le parecían adecuados para el equipo. Los rechazados oponían resistencia por un rato, sobre todo los del puesto de cazador (ya que contaban con ventaja numérica), pero la jovencita demostró que no se dejaría intimidar al sacar la varita y blandirla ante los quejumbrosos, dando a entender que si era necesario hechizarlos para que obedecieran, lo haría.
—La anda pasando mal, ¿eh? —comentó de pronto Amy Macmillan, que por una vez llevaba el cabello suelto, quizá por estar húmedo. Había llegado a contemplar las pruebas de Gryffindor en cuanto se duchó y se cambió de ropa, tras las pruebas de quidditch de su casa.
—No tienes idea —Thomas, que miró el momento en el que Hally sacaba a McLaggen, dejó escapar un silbido muy bajo, casi inexistente —Espero que ese tipo no quiera vengarse, ¡incluso para ser de sexto, es muy alto!
—¿Crees que podrá contra Hally? —soltó Sunny, sarcástica.
Thomas se echó a reír, dándole con eso la razón a su amiga.
—Por cierto, ¿qué puestos ya están ocupados? —inquirió Ryo Mao con curiosidad, recién llegado junto con Paula Hagen. Igual que Amy, ambos tenían el cabello húmedo.
—Los cazadores —respondió Bryan Radcliffe, que entre una tarea y otra, había acudido a ver todas las pruebas de sus amigos —Ya imaginaba que quedarían Copperfield y Wood, pero ahora también está un chico de segundo, Alighieri…
—¿Y de golpeadores, cómo van? —se interesó Paula, acomodándose el flequillo con una mano.
—Procyon y Henry lo hacen excelente, como siempre —aseguró Danielle con una leve sonrisa —El problema es que Scamander es casi igual de bueno —señaló a un chiquillo de tercero con el cabello rojizo y rizado —Lo mismo que Duke —todos siguieron el fino índice de la rubia, que indicaba a un joven de cabello castaño y hombros anchos, que parecía de quinto año.
—Nuestros amigos son los mejores —afirmó Thomas con rotundidad.
—¿Y los guardianes? —quiso saber Amy.
—Finnigan quería recuperar el puesto, pero Hally lo sacó hace diez minutos por distraerse con esas tontas —Sunny, con desdén, movió la cabeza a la izquierda, donde un montón de muchachas no dejaban de soltar grititos y chillidos de emoción —McLaggen era bueno, pero también un idiota que no dejaba de decirles a los demás lo que tenían qué hacer, ¡qué fastidio! —la castaña fingió asquearse antes de seguir —Rose es la que más ha durado, aunque también está esa otra chica, ¿cómo se llama…? ¡Ah, ya! Tremlett.
—Pues estaba —anunció Walter distraídamente, con los ojos fijos en el cielo.
Sus amigos vieron entonces cómo una chica de largo cabello oscuro descendía en su escoba, entre resignada y triste, siendo recibida en tierra por Lawrence Finnigan. El joven Duke, en lo alto, les dedicaba gestos de ánimo a ambos, con lo que casi suelta el bate.
—Y todavía faltan los suplentes… —musitó Danielle por lo bajo.
Las especulaciones del grupo de amigos fueron casi vaticinios, ya que Procyon y Henry se quedaron con las vacantes de golpeadores, así como Rose fue nombrada guardiana. Lawrence Finnigan no dejaba de mascullar algo sobre favoritismos, pero pocos lo tomaban en serio: las pruebas no dejaban lugar a dudas sobre quiénes eran las mejores opciones.
Con su equipo armado, Hally se sentía agotada, pero satisfecha. Esperando haberlo hecho bien, les pidió a los de primer año que formaran una fila y a continuación, los dividió por grupos para la primera prueba básica de vuelo en formación, con la que afortunadamente, eliminó a la mitad de los aspirantes, dejando solamente a los que, de una forma u otra, al menos ya sabían volar.
Faltaba hora y media para cenar cuando finalmente Hally declaró que habían acabado, tras anunciar con una cansada sonrisa a los suplentes y avisarles cuándo sería el primer entrenamiento. La mayoría de los presentes en el campo aplaudieron un poco antes de ir al castillo, pero unos cuantos, movidos por la curiosidad, prefirieron quedarse, ya que seguían las pruebas de Slytherin.
—Buena suerte —le deseó Hally a Danielle, cuando la primera iba rumbo al sitio en las gradas que la segunda ocupara minutos antes.
—Sí, claro —la rubia dejó escapar las palabras con indecible sarcasmo.
Para probar a los de su casa, pensó Danielle, necesitaría más que buena suerte. Una prenda del Guardarropa Escudo, por ejemplo.
Se aclaró la garganta y comenzó a hablar. Les dio la bienvenida a los aspirantes, intentando no hacer muecas ante la presencia de Mackenzie en la fila de candidatos a cazadores y reprimiendo el sobresalto que le dio al ver a Sullivan y a Calloway, quienes hasta la fecha, jamás se habían presentado a las pruebas de quidditch. Viendo la hilera que ocupaban, a Danielle no le cupo la menor duda de que querrían aprovecharse de eso para repartir golpes a su antojo.
Las pruebas de Slytherin fueron similares a las de Gryffindor, con lo que algunos creyeron que Hally había querido echarle una mano a Danielle y los rumores no hicieron más que aumentar. Sin embargo, los postulantes no se veían especialmente disgustados si con eso, únicamente quedaban los que no eran mediocres, o al menos eso esperaban.
—¿Vas a dejar a Goldenfield de guardiana? —espetó Mackenzie.
Una chica alta, delgada y de corto cabello castaño oscuro, que usaba una curiosa diadema verde fluorescente, alcanzó a oír al castaño y le dedicó una dura mirada.
—Si no te gusta, no es mi problema —contestó Danielle con impaciencia, adoptando su mejor semblante Malfoy, orgulloso y frío —Ella consiguió parar más lanzamientos que los demás. Así que concéntrate en lo que tienes qué hacer, ¿quieres?
Mackenzie le dedicó una dura mirada antes de volver a lo suyo.
A su pesar, Danielle tuvo que dejar al castaño en el equipo, ya que su experiencia y velocidad no podían desperdiciarse. Sunny también se quedó, lo cual la alegró bastante porque de alguna forma, lograba que los demás se acoplaran a sus improvisadas jugadas. Para completar a los cazadores, la sorpresa fue Alpad Duna, un jovencito de segundo año que conocía por ser suplente el curso anterior y que resultó condenadamente bueno a la hora de atrapar pelotas caídas.
Los golpeadores supusieron problema, aunque solamente había unos cuantos que valían para el puesto, entre ellos Walter. Aunque las bludgers mandadas por Calloway eran potentes, su puntería era pésima y más de una vez estuvo a punto de dejar fuera de combate a uno de su mismo equipo en el juego de práctica. Montgomery Montage, un enorme chico de séptimo, poseía destreza con el bate, pero le pareció demasiado lento. Y Sullivan… No, Danielle no quería ni pensar en lo que serían los entrenamientos con él y Mackenzie juntos. Por fortuna, era como si los extranjeros de segundo hubieran guardado su talento para ese momento, porque una chica de tez clara y espesa melena negra demostró una fuerza inusitada cuando devolvió una bludger hacia un atónito Sullivan, que apenas pudo esquivarla antes que le rompiera la nariz.
—Bien hecho, Pamuk —felicitó Danielle, ganándose una radiante y tímida sonrisa de la aludida.
Consultando su reloj, Danielle consideró que había sido suficiente y detuvo el juego de práctica, anunciando al segundo siguiente sus elecciones. Claro, hubo reclamos, e incluso estuvo tentada a sacar la varita cuando Calloway y Sullivan se le acercaron con aire amenazador y los bates en alto. Debieron contenerse al ver que Montgomery Montage y Todd Nott decidían que no tenía caso discutir y se marcharon claramente ofendidos.
Después de eso, la elección de suplentes pareció rápida, sin sobresaltos y bastante gratificante.
Así las cosas, casi todos los que quedaban en el campo se fueron a cenar con una sensación de triunfo mal disimulada, destacando aquellos que habían conseguido un puesto. Sunny no dejaba de quejarse por tener que soportar a Mackenzie en el equipo, pero en ningún momento dio muestras de dudar de la decisión de Danielle. Hally, por su parte, intentaba contener la risa al ver a Rose dando saltitos, tarareando una canción y festejando ser guardiana titular otra vez.
—A ustedes tampoco les fue mal, ¿verdad? —indagó entonces Thomas, mirando a Ryo, Paula y Amy —Se quedaron en sus equipos, ¿no?
—Siguen sin querer hacerme cazadora —se lamentó Amy antes de encogerse de hombros —Al menos conseguí ser guardiana otra vez. Y me sorprendió que Thompson pudiera gritar tan alto. Normalmente apenas se le escucha en la sala común.
—Y aquí tienen al mejor buscador de Ravenclaw en una década —Ryo se rió con ganas tras decir eso, para luego aclarar —O eso dijo Young cuando atrapé la snitch en menos de dos minutos.
—Aunque hay que reconocer que una prueba de quidditch no es lo mismo que un partido.
—Paula, ¿tú de parte de quién estás? —se quejó Ryo medio en broma.
—De la tuya, obviamente. Los otros que se presentaron para ser buscadores eran pésimos.
—¿Y tú qué? Tus tiros fueron excelentes, ¡Ninguno de los guardianes los pudo parar!
Paula meneó la cabeza, intentando ocultar lo sonrojada que estaba.
—Tengo hambre —comentó Rose de pronto, dejando de dar saltos —¡A cenar!
Al entrar corriendo al Gran Comedor, apenas si esquivó a tiempo a un montón de alumnos de sexto, lo que causó risas entre sus amigos antes de separarse para ir a sus respectivas mesas.
—Malfoy, ¿tienes tiempo?
Después de la cena, Walter le recordó a Danielle la redacción para la profesora Mathison que debían entregar el martes siguiente, por lo que dejaron que Thomas y Sunny terminaran sus postres para adelantarse a la sala común. Sin embargo, apenas llevaban diez minutos trabajando en una de las mesas más alejadas del barullo cuando repentinamente, Yves Zabini se acercó.
—¿Qué quieres, Zabini? —increpó la rubia, tratando de no sonar demasiado hosca.
—Hablar, ¿no se nota? —soltó el otro a su vez, incómodo.
—Sí, claro, como si tus charlas fueran agradables alguna vez…
A Zabini no le sentó bien que Danielle dejara de mirarlo para regresar su atención al pergamino de su redacción de Runas Antiguas, por lo que se aclaró la garganta ruidosamente.
—¿Es en serio? —se quejó la chica, dejando la pluma sobre la mesa con un golpe seco.
—Sí. Y en privado, además.
Walter lo miró con mala cara, para acto seguido voltear hacia Danielle. Zabini contuvo un bufido, sabiendo que el castaño no se marcharía si la rubia no se lo pedía.
—Si así dejas de molestar… —se resignó ella.
Le hizo un gesto a Walter para que se retirara unos metros, cosa que él hizo a regañadientes. Así lo encontraron Sunny y Thomas cuando entraron a la sala común, sentado en una butaca y con los ojos fijos en donde Danielle escuchaba a Zabini con una expresión indescifrable.
—Eh, ¿qué pasa? —quiso saber Thomas, frunciendo el ceño.
—Zabini quería hablar a solas con Danielle y se puso tan necio que ella aceptó.
—Idiota —masculló Sunny por lo bajo.
Poco después, para asombro de los tres amigos, Zabini llamó con un ademán a Todd Nott y ambos no dejaban de hablar con Danielle. O al menos era Zabini quien hablaba, porque Nott apenas abría la boca. Al final, los dos muchachos tendieron las diestras y Danielle, luego de cierta renuencia, las estrechó lo más rápido posible antes que ellos se fueran, dejándola sola.
—¿Qué querían? —Walter fue el primero en hablar en cuanto regresó con Danielle. Thomas y Sunny lo seguían de cerca —No es bueno confiar en esos dos.
—Y no confío —aclaró la rubia con calma, tomando de nuevo su pluma —Pero Zabini me salió con algo muy raro. Dijo que sus padres le ordenaron disculparse conmigo.
—¿Sus padres? —se extrañó Sunny.
—Sí. Resulta que Snape les escribió para comentarles lo mal que le va últimamente y mencionó de pasada lo que me dijo hace unos días. Y ahí está lo raro. Los padres de Zabini eran amigos de mis padres, así que no debo agradarles mucho. Menos al padre de Nott, que también era muy amigo de papá. Aunque a la madre de Nott no la conozco y no recuerdo que papá la mencionara…
—Seguro la pobre mujer no está a la altura de los sangre limpia —aventuró Thomas, bromista.
—Eso no tendría sentido, Thomas. Los Nott siempre se han casado con brujas sangre limpia.
—¡Ah, sí…!
—La señora Nott podría ser mestiza —Sunny se unió inesperadamente a la plática, curiosa.
—¿Eso importa? —espetó Walter, que sin que sus amigos se dieran cuenta, había regresado a su silla y a su redacción de Runas Antiguas.
—Quizá, Sunny, porque un Nott casándose con una hija de muggles… ¡Antes se duerme junto a un lethifold sin una varita a la mano! O peor aún: ¡primero correría delante de un erumpent en celo antes de pensar siquiera en casarse con una muggle!
Las chicas se rieron de la suposición de Thomas, en tanto Walter farfullaba por lo bajo al tiempo que tachaba un par de traducciones incorrectas.
—Has estado repasando Cuidado de Criaturas Mágicas con Ryo, ¿verdad? —hizo notar el castaño, tras corregir sus errores con una tenue sonrisa de triunfo.
—Algo, pero ese no es el punto. Intento imaginarme por qué los estimadísimos padres puritanos de Nott y Zabini los obligarían a disculparse con una chica que nuestra casa entera ya considera traidora a la sangre. ¿No es algo interesante en sí?
Walter apartó su pluma del pergamino, mirando a Thomas con detenimiento y cierta sorpresa. No era el único: Sunny literalmente boqueaba, pasmada.
—¿Y eso te interesa por…? —quiso saber Danielle, perspicaz.
—Simple: si están tramando algo, hay que tener con qué defenderse. ¡Vamos, somos parias aquí! Debo ser el primer hijo de muggles que cae en Slytherin en siglos. ¡Hasta Sunny y Walter están mejor parados que yo! Con eso de haber tenido madres brujas, aunque sus padres sean muggles. Pero Danielle, ¡tú los ofendes más! No me sorprendería que quisieran… No sé, hacértelo pagar de alguna forma. Por eso hay que ir un paso adelante, para que no nos tomen por sorpresa.
—¡Demonios, Thomas! Creo que apenas entiendo por qué estás en Slytherin —logró soltar Sunny tras unos segundos de silencio.
Eso, lejos de ofender al pelirrojo anaranjado, lo hizo sentir halagado.
13 de septiembre de 2020.
Londres, Inglaterra.
Número 22 de Hyde Cross, distrito de Knightsbridge.
El Salón General de la Orden del Fénix bullía. Por todas partes la gente se saludaba, se sonreía y algunos (por no decir la mayoría) intercambiaban noticias tras mucho tiempo sin verse. Era cierto que después de la segunda guerra, varios de los miembros de la organización optaron por una vida tranquila e incluso habían fallecido con una sonrisa en los labios, pero otros simplemente se reincorporaron a la rutina y la disfrutaron a lo grande.
—… Y van diciendo que es pérdida de tiempo, ¡al demonio!
Hestia Jones era una mezcla curiosa de las dos partes. Tras la segunda guerra, decidió que podía hacer lo que le diera la gana sin temor a ser asesinada al segundo siguiente y mostró su desmesurado talento para la investigación combinándolo con el estudio de una cultura que los magos podían admirar y desdeñar por igual: la cultura muggle. Su actual casa estaba en territorio muggle, incluso gran parte de sus actividades diarias no implicaban magia, pero resultó que cuando quiso que sus observaciones fueran consideradas por la comunidad mágica, le dieron con la puerta en la cara. Literalmente, porque había intentando publicar un tratado sobre el tema.
—Bueno, no esperarás que de la noche a la mañana, los magos se interesen en los muggles —apuntó con voz cauta el abuelo Weasley, que a pesar de los años, seguía siendo una persona sensata a la hora de conversar con él, aunque fuera de algo que lo apasionaba.
—Lo sé, pero piénselo: en caso de necesidad, sería conveniente saber de muggles para poder confundirse con ellos.
—Quizá, pero no lograrás convencer a la mayoría, no teniendo una varita a la mano —acotó de pronto la aurora Tonks, dejando escapar una risita —Mi padre era todo un hijo de muggles, pero en cuanto aprendió a hacer ciertas cosas con magia, ¡olvídalo! No había nada que lo hiciera soltar la varita. ¡Ah, echo de menos cuando quería hacerle bromas a mi madre…!
—Te estoy escuchando, Nymphadora —advirtió la voz mesurada de Andrómeda Tonks, que para alegría de muchos, había dejado su encierro voluntario para acudir a la reunión.
—¡Mamá, soy Tonks!
—Yo también, por si lo olvidaste. Así que modera tu lengua.
Era increíble como siendo implacable en el trabajo, Nymphadora Tonks pudiera amedrentarse tan fácilmente con las palabras de Andrómeda.
—Me alegra verlos de tan buen humor —dijo entonces el señor Potter, sonriendo al pequeño conjunto —Hestia, ¿tienes un momento?
La morena asintió, se despidió del abuelo Weasley y las Tonks por un momento y siguió al señor Potter hacia otro punto de la habitación, donde lo esperaban su mujer y su mejor amigo.
—¿Qué noticias me tienes? —inquirió el señor Potter sin rodeos.
—Ay, Harry, ni siquiera comprendo por qué te interesa esto…
El señor Potter se encogió de hombros, sin darle demasiada importancia.
—Bien, bien… Cuando Dedalus les informó que la guerra acabó, volvieron a casa. La hallaron revuelta e incluso quemada en algunas partes, pero nada que no se pudiera arreglar. Dedalus les ayudó con las reparaciones, ya sabes cómo es…
Hestia suspiró. Apreciaba a Dedalus Diggle, aunque no lo comprendiera del todo.
—¿Dedalus cómo está, por cierto? —inquirió la señora Potter, cordial.
—Bien, aunque debe ser porque casi no sale. Después de reconstruir su casa, dijo que ya no quería complicaciones y se consiguió un montón de cosas muggles para estudiarlas. No me extrañaría que Arthur le hubiera ayudado —Hestia le dirigió una fugaz mirada al abuelo Weasley —Me di una vuelta por allí antes de la primera reunión, para convencerlo de venir, pero se negó. Dijo que seguía siendo parte de la Orden, pero en lo posible, no pensaba abandonar Kent.
—¿Él te dio algún dato más?
—Pues sí. Dijo que ha tenido contacto con tu primo después de la guerra.
El señor Potter frunció el ceño. El pequeño informe de Hestia venía a corroborarle que algo no encajaba en la historia de Violet Ronamov sobre su breve relación con Dudley Dursley. Pero aún no acertaba a descifrar qué.
Los Dursley no eran tema de conversación entre los Potter. Hermione sabía vagamente cómo la había pasado su marido con ellos, por eso se abstenía de indagar. En cuanto a Ron Weasley, quizá conocía igual o menos detalles sobre la vida muggle de su mejor amigo que la esposa de éste y no quería ser quien trajera eso a su memoria.
Así pues, les quedaba la duda de por qué el señor Potter averiguaba al respecto.
—Tratándose de Dedalus, yo lo creería —aventuró el señor Ron con una sonrisa.
—Sí, yo igual, pero todo el asunto se me hizo muy raro, ¡y hablamos de Dedalus! Eso en él ya es decir mucho. Quizá McGonagall está en lo cierto y Dedalus nunca ha tenido sentido común.
—Quizá, pero…
El señor Potter no alcanzó a decir lo que pensaba, porque un pequeño alboroto centró la atención en un grupo recién llegado: el joven matrimonio Malfoy, seguidos de cerca por un grupo de individuos de túnicas largas y cerradas, que ocultaban las caras con sus capuchas pero aún así, sus ademanes demostraban que se sentían cómodos en aquel ambiente. Además, no dejaban de murmurar entre sí, señalando algunos detalles de la sala que por lo visto, les parecían interesantes.
—Acto uno en marcha —bromeó el señor Ron, riendo por lo bajo.
Se ganó un puntapié de la señora Potter, así como una mirada penetrante de la señora Luna, por lo que el pelirrojo hombre suspiró con resignación.
—Buenas tardes —saludó el señor Potter, acercándose en primer lugar a Frida Malfoy —¿Tuvieron buen viaje? ¿Algún inconveniente?
—Para nada, ¡no creerá la de chistes que se saben estos dos! —Frida indicó con un gesto de mano a dos de los encapuchados, uno de túnica verde botella y otro de túnica violeta oscuro, que eran los que más cuchicheaban y miraban por todos lados —Fue muy divertido.
—Sí, bastante agradable —concordó Patrick Malfoy con una ligera mueca. Era evidente que él y su esposa no siempre coincidían en el sentido del humor —¿Somos los últimos, señor Potter?
—No, esperamos a un par de personas más. Acomódense y presenten a sus invitados.
Por lo que los Potter y Ron Weasley pudieron enterarse, los acompañantes de los Malfoy no daban sus nombres, sino unos seudónimos bastante hilarantes, según palabras del pelirrojo. Aunque a Magnolia Black, quien charlaba seriamente de un estándar internacional de escobas con William Bluepool y Penny Weasley, le causaron una mueca de asombro.
—¿La ofendimos en algo, señora? —inquirió una de las encapuchadas, de túnica gris plata.
—No, no te preocupes… ¿Cómo me dijiste que…?
—A mis amigos les pareció gracioso llamarme Caperucita. Ya sabe, la niña de ese cuento muggle que va al bosque y…
—Sé de qué se trata, mi nuera se lo contaba a mi nieto cuando era pequeño.
La encapuchada sacudió levemente la cabeza, mostrando así que estaba atónita.
—¡Esto tiene que saberlo Dríade! —exclamó inesperadamente, haciendo una inclinación de cabeza para disculparse y luego correr hacia otra encapuchada, de túnica negra de terciopelo.
—No entiendo qué se traen —alegó Penny Weasley, frunciendo la nariz —No me dan buena espina, pero si Frida los trajo…
Sus acompañantes estuvieron de acuerdo con ella con una cabezada.
—¡Por las barbas de Merlín! —exclamó con aire divertido el encapuchado de túnica verde botella —¡Dumbledore! ¡Parece que fue hace un par de meses que lo vimos la última vez!
—Volador, en realidad…
—¡Cállate, Arcángel! —lo que intentaba decir un encapuchado de túnica azul celeste se vio cortado en seco por el de túnica violeta oscuro —¡Por las barbas de Merlín! —repitió, anonadado.
—¿Y ustedes son…? —quiso saber el Dumbledore del retrato mágico del Salón General.
—Ah… Amigos. ¡Eso es! Amigos, señor Dumbledore.
El apodado como Volador gesticulaba mucho, parecía que se elevaría por el movimiento constante de sus brazos arriba y abajo, complementado con las amplias mangas de su túnica. Su amigo de túnica violeta oscuro no hacía más que contener la risa.
—Tenías que ser tú el ridículo por aquí —masculló con molestia otra encapuchada, de túnica marrón, seguida por una camarada de túnica verde esmeralda —¿Quieres dejarlo ya, Volador?
—¡A la orden, mi bella Cisne!
La de túnica marrón bufó de indignación.
—Eh, ¿quieren prestar atención? Oí algo interesante —indicó la de túnica verde esmeralda.
—Suéltalo, Policía, nos morimos de impaciencia.
—Silencio, Sátiro de pacotilla, que de verdad es importante.
—¿De qué se trata?
—¿Recuerdan que buscábamos la causa de nuestro viajecito? —la de túnica marrón asintió con la cabeza vigorosamente, lo mismo que el de túnica verde botella —Es la pista de América.
—¡Bromeas! —soltó por lo bajo el de túnica violeta oscuro.
—Por supuesto que no. Y tengo la sensación de que hablarán de eso hoy.
—¿Por qué?
—Cisne, dime otra razón para llamar a uno de eso franceses raros que dan mejores golpes que Bruce Lee y no dejan de hablar en más de tres idiomas identificables.
—Quizá les guste estar preparados —sugirió el de túnica azul celeste, poco convencido.
—¿Quién es Bruce Lee? —quiso saber el de túnica violeta oscuro.
—Es una cosa de muggles, Sátiro, no creo que te interese…
—Mi estimada Policía, si no me interesaran los muggles, sería como mi querida y encantadora madre, así que no me salgas con eso.
—¿Cómo dijo?
El grupo de amigos se volvió, dando pequeños brincos. Se hallaron con Magnolia Black y una mujer de corto cabello acomodado en rizos castaños, cuyos ojos azules eran de un tinte grisáceo similar al de un cielo nublado por la mañana.
—Ustedes sí que son raros —comentó la mujer de rizos castaños, con voz amable y tímida, antes de tender la mano —Heather Lupin, mucho gusto.
Los encapuchados en pleno correspondieron al ademán, aunque el de túnica azul celeste y la de túnica gris plata sentían las manos temblarles. Incluso la alta mujer de túnica negra de terciopelo se unió entonces, saludando y haciendo un comentario sobre el quidditch estadounidense que animó un poco a Magnolia, haciéndole olvidar lo demás.
—No es bueno para ella pensar tanto en Sirius Galán–del–año Black —rió Heather.
—¿Conoció a Sirius Black? —inquirió Volador.
—Oh, sí, fuimos juntos al colegio. Es una lástima que muriera…
—¿Y eso cómo ocurrió? —se interesó Arcángel —Nosotros… Cuando terminó la primera guerra, todos nos mudamos al extranjero y bueno… No nos enteramos de mucho.
Heather suspiró y relató inocentemente lo que ella sabía. No podía verlo en los rostros de esas personas, pero las dejaba petrificadas a cada palabra y cuando tuvo que interrumpir su historia porque una joven de ojos verdes la llamó, los encapuchados se dedicaron miradas que nadie más pudo distinguir. Poco les importó que alguien o algo pudiera oírlos.
—Esto es peor de lo que pensábamos —masculló Sátiro extrañamente serio —Dríade, guapa, ¿cómo vamos a arreglarlo?
—¿Debemos arreglarlo? —indagó a su vez la de túnica negra de terciopelo, en tono huraño —Tomemos en cuenta todos los factores, por favor. Hay cosas que vale la pena dejar en paz.
—Sé de lo que hablas. Pero es que…
—Dríade tiene razón, Sátiro —por sus hombros caídos y su voz baja, los demás supieron que a Volador le costaba horrores decir aquello, le dolía demasiado —Veremos, si se puede ayudaremos y al final trataremos de regresar a casa. Sin tocar nada.
—¿Seguro? —le preguntó la mujer de túnica marrón, preocupada.
—Seguro, Cisne, Si por nuestra culpa algo de esto empeorara, no me lo perdonaría jamás.
Los demás, muy a su pesar, asintieron. Después de todo, aunque no lo hubieran dicho en voz alta, Volador era quien mandaba.
La mesa larga y rectangular pronto tuvo tres cuartas partes de sus sitios ocupados. La reunión inició presentando a las caras nuevas, aunque eso no aplicara estrictamente en el caso de los encapuchados, quienes se limitaron a dar señas de reconocimiento cuando se decían sus apodos. Una de las personas que más veía en todas direcciones era una mujer a todas luces muggle. Quizá la única presente en el Salón General en ese momento.
Era de largo cabello negro, recogido en dos trenzas; cara ovalada, tez pálida, ojos marrones y aspecto general de una persona amable y delicada. Su ropa consistía en una falda verde con mucho vuelo, larga hasta debajo de las rodillas. Su blusa, color gris claro, tenía mangas largas y amplias, que se agitaban graciosamente cada vez que daba la mano a quienes era presentada. Sus zapatos eran bajos, de gamuza gris, adornados con una flor naranja que únicamente hacía juego con el chal bordado que llevaba puesto al llegar y que ahora se veía reposar en el respaldo de su silla.
Resultaba increíble que esa mujer fuera presentada como la señora Fonteyn.
—¿Qué le vería esa mujer a Fonteyn? —se intrigó el señor Ron poco después que la nombrada y su esposa llegaran a la reunión, causando cierto revuelo.
—O qué le vio ella a él —apuntó el señor Potter, conteniendo una mueca.
La señora Potter escuchaba aquello con indiferencia aparente.
—Tabatha es fascinante —afirmó la señora Luna en un susurro.
Su marido la miró como si hubiera dicho un disparate, pues sabía que se refería a la señora Fonteyn. La señora Luna sonrió débilmente, acordándose de que así solía verla años atrás.
—Me ha contado acerca de sus viejas teorías sobre cosas mágicas y algunas coincidían mucho con nuestra realidad. Aunque esa parte de nuestra plática no le agradó mucho a Hermione.
—Te creo, después de cómo dejó Adivinación cuando estábamos en el colegio…
—Ah, sí, he oído algo de eso. Debió ser entretenido.
La señora Luna no dijo más. En ese momento el señor Potter presentaba a una de las nuevas caras de la Orden, dos hombres de ondulado cabello rubio rojizo y ojos de un tono verde muy claro. El más joven usaba una túnica verde musgo y el mayor, una azul marino.
—Él es Pierre Lumière, auror francés a cargo de la seguridad del Jefe Supremo europeo de la Confederación Internacional de Magos —el mayor de los rubios rojizos hizo una inclinación de cabeza, sonriendo ligeramente —Tiene una recomendación de Frank Weasley, lo mismo que su hermano Julien, quien es asistente del Jefe Supremo europeo.
Cuando Julien Lumière alzó la diestra a modo de saludo, detectaron dos anillos dorados en ella. El de su anular era grueso, con una flor de lis azul con el centro dorado en forma de varita, en tanto que el de su dedo medio recordaba a una argolla matrimonial, pero era más delgado y su superficie estaba decorada con una fina filigrana, creando inconfundibles espirales. De hecho, Pierre llevaba los mismos dos anillos, solo que el de la filigrana lo portaba en su índice derecho y además, portaba una argolla de oro blanco en su anular izquierdo.
—¿No fueron los Lumière atacados recientemente? —inquirió de manera cordial Caperucita.
—Así es, nuestra residencia oficial en París fue allanada —informó Pierre en un inglés sin defectos, lo que delataba su maestría en los idiomas —Tuvimos que dividirnos entre las otras propiedades de la familia, porque vivíamos allí cuatro matrimonios, dos de ellos con sus respectivos hijos. De esa manera, será más difícil hallarnos.
Muchos coincidían con ese plan, pero unos cuantos hallaban lagunas en esa explicación.
—¿Por qué los atacaron, en primer lugar?
Severus Snape recibió miradas fulminantes al pronunciar esa pregunta.
—Tenemos la sospecha de que alguien nos delató, a Julien y a mí, como personas cercanas al actual Jefe Supremo europeo —respondió Pierre con fría cortesía —El problema será averiguar quién haría tal cosa y por qué.
—¿Alguien que tuviera algo contra ustedes, por ejemplo?
—¿Aparte de envidias, que nunca faltan? No que sepamos, profesor.
Snape arqueó una ceja, intrigado porque Pierre supiera a qué se dedicaba. Luego observó a Julien y lo recordó fugazmente del Baile de Navidad del Torneo de las Tres Partes. ¿Cómo no hacerlo, si el muchacho había sido pareja de una campeona?
—Monsieur Lorris es una persona razonable, si le explicamos que necesita más seguridad con buenos argumentos, no se opondrá —comentó entonces Pierre, digiriéndose a sus colegas ingleses.
—Los demás líderes llegaron con su propia comitiva, pero no les desagradó la idea de tener guardias extras —apuntó Jim Black con cierto aire divertido.
—Eh, ¿podemos participar? —intervino Sátiro con entusiasmo, alzando una mano al mismo tiempo que Volador y Arcángel —Somos buenos en duelos. Y muy listos.
Volador rió por lo bajo, en tanto Arcángel negaba con la cabeza, resignado.
—También yo lo soy —indicó Policía con cierta molestia, girando la cabeza hacia Sátiro, como recriminándole que no la incluyera en primer lugar.
—Será difícil que monsieur Lorris acepte como escoltas a personas a las que no puede verles la cara —señaló educadamente Julien Lumière —En ese tema, es muy desconfiado.
—Bien por él —decretó Volador cuando se le pasó la risa —¿Y si lo siguiéramos a distancia? Él no tendría por qué enterarse y si algo se presenta, tendremos el factor sorpresa de nuestro lado.
Varios asistentes asintieron ante esa idea, antes que el señor Potter la autorizara con un gesto.
—Por otro lado, ¿qué pasa con usted, profesora? —quiso saber el hombre de anteojos, mirando a la directora de Hogwarts, sentada inmediatamente a la izquierda de la cabecera.
—El Ministerio creyó conveniente asignarme aurores desde la semana pasada, aunque he estado en el colegio la mayor parte del tiempo. Pero como será la última vez, que no me quejé.
Era bien sabido que la profesora McGonagall rara vez estaba de acuerdo con la política del Ministerio de Magia en tiempos difíciles, por lo que sus palabras no causaron sorpresa.
—¿Piensa retirarse ya, profesora? —indagó amablemente el señor Longbottom.
—Sí, ya es tiempo. Y al término del presente curso, designaré a mis candidatos a sucesor.
—¿Va a dejar Hogwarts, profesora? —se entristeció Janice Edmond, sentada a mitad de la mesa, entre Dean Longbottom y Nigel Thomas.
—Sí, señorita Edmond, eso estoy planeando. Y creo haber mencionado que usted y sus compañeros ya no están en el colegio.
Janice asintió con una tímida sonrisa.
—Eso me recuerda… ¿Qué ha pasado con la investigación del incidente de La Isla?
El señor Potter miró directamente a Dean Thomas, quien hizo una mueca. Para sorpresa de la mayoría, Byron Fonteyn alzó una mano.
—¿Sí? —el señor Potter, recuperándose de la impresión, le concedió la palabra.
—La varita usada en el incidente de La Isla ha sido identificada —reportó el auror.
—¿Es de Reino Unido? —quiso saber Dean Longbottom, acordándose que Fonteyn había mencionado una forma de rastrear a los dueños de las varitas.
—No, pero no somos el único país con un Registro de Magos y Varitas. Uno de los que lleva más tiempo existiendo es… —carraspeó, echando un vistazo a cierto punto de la mesa, antes de continuar —El Registro de Magos y Varitas de los Estados Unidos Mexicanos fue instaurado en mil ochocientos uno debido al clima hostil que la Conquista había generado.
—No sabía que conocía la Historia de mi país —soltó Anom Nicté con sarcasmo.
—Cultura general, Nicté. Más cuando la varita del incidente de La Isla resultó ser mexicana. Treinta centímetros exactos, madera de espino y nervios de corazón de dragón. ¿Le suena?
Aún cuando Fonteyn no había impreso en su voz algún tono en particular, era evidente que quería causar alguna reacción en Anom, cosa que consiguió. El Inefable dio un involuntario respingo y de forma inconsciente, se llevó la mano al bolsillo donde guardaba su propia varita.
—¿Está seguro que esa es la varita? —inquirió Anom lentamente, cauteloso.
Fonteyn dio una seca cabezada en señal de asentimiento.
—¿Sabe cómo funciona el Registro de Magos y Varitas de mi país?
Eso el auror de ojos verdes inusualmente tristes no lo esperaba. Arqueó una ceja, interrogante.
—Como bien dijo, se creó en mil ochocientos uno, con dos motivos esenciales: primero, hacer distinción entre los magos mexicanos y los extranjeros; segundo, detectar el uso de una varita nacional hecho por un extranjero, y viceversa. Con los tiempos que corrían, la entonces Asamblea de Magos no quería causar más discordias. Así pues, se desarrolló un hechizo muy parecido al Detector que tienen aquí para los menores de edad: se imponía sobre el mago y su varita al momento de hacerse el registro y cuando la varita era usada por alguien más o el mago usaba otra varita, enseguida se enviaba una notificación y se indagaba sobre el asunto. Hoy en día, si no mal recuerdo, el hechizo se ha desarrollado para reaccionar únicamente ante el uso prolongado de la varita en manos ajenas y la ejecución de los hechizos más dañinos que existen, incluyendo maldiciones de tortura, dominación y claro, las asesinas.
—¿Hay más de una maldición asesina? —dejó escapar una mujer de cabello castaño sentada entre Dean Thomas y un hombre de cabello color arena.
—La más conocida, Avada Kedavra, se considera Imperdonable en la mayoría de los países desde principios del siglo dieciocho —recitó Anom con cierto fastidio; evidentemente, el tema no era de sus favoritos —Sin embargo, en algunas culturas han sobrevivido hechizos antiguos que apenas si se practican fuera de su territorio. En esa categoría entran ciertas maldiciones que, con perdón suyo, no voy a nombrar siquiera.
Para muchos, quedó patente en ese momento por qué Anom era un Inefable, con la facilidad que estaba demostrando para recabar información que, de forma irritante, no compartía plenamente.
—¿Qué, teme que lleguemos a usarlas? —espetó de mala gana Snape, cruzado de brazos.
—No exactamente. Algunos países prohibieron de forma legal enseñar algunos de esos hechizos a los extranjeros. México está entre ellos. No podemos enseñar nuestra maldición asesina a extranjeros, excepto en casos muy específicos.
—Regresando al asunto de la varita del incidente de La Isla… —comentó Fonteyn con voz grave, frunciendo el ceño —Nicté, ¿le suena la descripción que le di?
El aludido se vio claramente incómodo con esa pregunta; sin embargo, respondió.
—La descripción encaja con la varita de Dinorah Puch Terruño.
—¿Qué tu segundo apellido no es Puch, Anom? —indagó el señor Ron, confundido.
La señora Potter lamentó no estar sentada cerca de su pelirrojo amigo, porque debió darle un puntapié por debajo de la mesa en cuanto él dio muestras de abrir la boca. Así le habría evitado a su colega la desagradable respuesta que tuvo que dar.
—Sí, lo es. Dinorah Puch Terruño es mi madre.
13 de septiembre de 2020.
Norte de Escocia
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Luego de una apacible mañana sentados a orillas del lago, haciendo las últimas tareas que les quedaban pendientes, la Orden del Rayo se dedicó a disfrutar del paisaje y a pronosticar qué les enseñarían sus profesores. La mayor parte de ellos se habían echado en el pasto, sobre sus capas, contemplando el despejado cielo y pensando que el otoño no tardaría en alcanzarlos.
—Me aburro —soltó Rose con desgano.
—Qué novedad —masculló Henry por lo bajo, arrugando la frente con disgusto.
—Es en serio, me aburro —la pelirroja se incorporó lentamente, quedando sentada y mirando a su alrededor —¿Alguien quiere jugar una partida de ajedrez? Traigo mis piezas.
—¡Yo! —Sunny, que había estado dibujando, dejó a un lado sus cosas y se acercó a su amiga —Pero no tengo piezas.
—No importa, te presto las mías. ¿Cuáles quieres, blancas o negras?
—Negras —respondieron a la vez Hally, Danielle y Walter, antes que Sunny abriera la boca.
—¿Ustedes cómo saben? —se sorprendió Rose.
—Siempre elige esas piezas, si le das a escoger —afirmó Hally, encogiéndose de hombros.
Era curioso que la chica de anteojos hubiera podido responder, si se tomaba en cuenta que se hallaba enfrascada en un libro de pastas de cuero gris oscuro, cuyo título en runas revelaba por qué le llevaba al menos cinco minutos leer cada página.
—Hablando de juegos, traigo una baraja de naipes explosivos —Thomas hurgó en su mochila.
—¿Para qué traes eso entre tus cosas? —quiso saber Ryo.
—A veces juego solitario entre clase y clase.
Al improvisado juego de cartas se unieron Procyon, Danielle y Ryo, pasándose un rato bastante divertido al ver a quién le estallaban las cartas en los momentos menos esperadas. Fue digno de mención que Ryo alegara que aquel no era su día (por aquello de que el trece le daba mala suerte) y que Danielle les ganara casi todas las partidas.
Por su parte, Rose y Sunny pronto se desconectaron del resto. Cuando se ponían a jugar ajedrez, procuraban no distraerse con nada y siendo ambas considerablemente buenas, no daban su brazo a torcer. La partida acabó con un jaque mate que Sunny a duras penas logró con ayuda de un simple peón y el caballo que le quedaba, lo que dejó a Rose entre estupefacta y quejumbrosa.
—¡Casi te tenía! ¿Cómo no lo vi venir? —alegaba la pelirroja.
Sunny le dedicaba gestos de fingido desdén antes de echarse a reír.
—¡Otra vez no! —se quejó Ryo en ese instante, cuando al querer mostrar su mano, una carta dio un pequeño estallido, chamuscándole la cara —¡Gusarajos! ¿No voy a ganar hoy o qué?
—Depende, ¿qué tienes? —quiso saber Thomas.
Los demás soltaron la carcajada cuando vieron que, por una vez, Ryo tenía una mano ganadora.
—¡Te lo mereces! —Procyon sacó de un bolsillo un chocolate de Honeydukes y se lo lanzó a su amigo —Ya te tocaba ganar, ¿no?
—Sí, ya. ¿Gustas un pedazo, Paula?
—Claro —la rubia cerró el libro que leía y tendió la mano —Lánzalo.
Contrario a lo que los demás creían, Ryo acató la petición tras partir el chocolate en dos. Paula atrapó su trozo de forma impecable, ganándose aplausos de sus amigas y vítores de los chicos.
—¡Se nota que eres cazadora! —alabó Walter, que había pasado el rato escribiendo unas cartas.
—Eso no es nada, debieron verla cuando le lanzaba una pelota de béisbol —apuntó Bryan, quien se había dedicado a contemplar la partida de ajedrez de Sunny y Rose.
—¿Qué es el béisbol? —inquirió Amy, despegando los ojos del pañuelo que bordaba.
—Es un deporte muggle —contestó Danielle, para sorpresa de varios —¿Qué? —soltó, para luego bufar por lo bajo —En Estados Unidos es muy popular entre los magos, porque hay muchos hijos de muggles que lo juegan. Incluso hay una cancha de béisbol en Little Central Park.
—Malfoy, Malfoy, Malfoy, ¿quién diría que te codeas con esa chusma? —bromeó Thomas.
—¡Oh, cállate! —Danielle le dedicó a Thomas un mohín tan hilarante que todos rieron.
—Malfoy…
La rubia, luego de unirse a las risas, descubrió a todos sus amigos callados y sorprendidos, así que miró detrás de ella, por encima de su cabeza, para averiguar quién la llamaba. Se topó con la figura de Zabini y el muchacho no parecía nada contento de estar allí.
—Necesito hablarte —fue todo lo que indicó el joven de sexto, haciendo ademán de apartarse unos pasos del grupo de amigos.
Danielle arqueó una ceja, volviéndose enseguida hacia Thomas, sentado a su derecha. Él, con gesto serio, se encogió de hombros, dándole a entender que era su decisión ir con Zabini o no. La rubia le dedicó una tenue sonrisa antes de dejar en el césped lo que la tenía ocupada y pararse.
—Ahora vuelvo —indicó, para poco después seguir a Zabini.
No fueron lejos, porque el resto de los amigos de la chica pudo verlos desde su posición. Zabini era quien hablaba más, haciendo algunos ademanes que pretendían dar énfasis a ciertas frases. Danielle tenía aspecto de escuchar con atención, aunque claramente no entendía gran cosa. Al final, Zabini se retiró a paso firme, con una mueca, y Danielle regresó con sus amigos.
—¿Qué quería? —inquirió Rose instantáneamente.
La rubia, frunciendo el ceño, tardó un par de segundos en contestar.
—Su padre le escribió. Lo está fastidiando mucho al decirle que debe llevarse bien conmigo y me pidió de favor que le escriba de vez en cuando, para aplacarlo y que a él lo deje en paz. A cambio, prometió dejarnos en paz a nosotros.
Danielle hizo un ademán para abarcar a sus amigos y a sí misma.
—Eso es muy raro —dejó escapar Amy finalmente, con suavidad.
En ese momento, un búho de plumas oscuras descendió sorpresivamente hasta posarse entre Danielle y Walter, sentado a su izquierda. Los dos se le quedaron viendo al ave con desconcierto, hasta que estiró la pata en dirección a la chica.
—Me pregunto quién… —murmuró, retirando un apretado rollo de pergamino de la pata del ave, que en cuanto se vio libre de carga, echó a volar hacia la lechucería. Danielle desplegó la carta y comenzó a leerla en silencio, arqueando una ceja con lentitud conforme avanzaba —¡Ah, esta sí que es buena! —dejó escapar, sonriendo con ironía.
—¿Qué dice? —se interesó Sunny.
Por toda respuesta, Danielle le pasó el pergamino a Thomas, indicando que la podía leer en voz alta. El pelirrojo anaranjado asintió y se aclaró la garganta.
Estimada Danielle Malfoy:
No hemos tenido el gusto de ser presentados de manera oficial, por lo que me tomo el atrevimiento de enviarte la presente.
Como seguramente sabrás, tus padres y yo coincidimos en Hogwarts y aunque no siempre coincidíamos en opiniones, puedo decir que tu padre y yo llegamos a considerarnos amigos…
—No sé por qué me sorprende —ironizó Rose por lo bajo.
… Así pues, al graduarnos seguimos en contacto, aunque a Draco nunca le agradó completamente mi matrimonio, pese a que mi esposa es sangre limpia…
—¡Vaya! No acertamos —se le escapó a Sunny en tono levemente desilusionado.
Walter se llevó un dedo a los labios, pidiéndole silencio.
…Pero eso es asunto aparte y no es de tu interés. Eso lo deduzco por lo que nos ha escrito Todd, respecto a tus compañías y el carácter que demuestras. Lo cual me animó a redactar la presente.
Aunque desconozco las circunstancias exactas de la actitud de Draco hacia ti, nunca las discutí y ahora veo que tenía el derecho y la obligación de hacerlo. Tras meditarlo con cuidado y conversarlo con mi esposa, llegué a la conclusión que tienes derecho a saber que cuentas con la familia Nott al completo, ya que siendo mi esposa y yo tus padrinos…
—¿Que son qué? —espetó Procyon, atónito.
No era el único. El resto de los jóvenes se miraban unos a otros con la incredulidad plasmada en sus caras. Thomas, además, parecía incómodo, observando el pergamino con cierto desagrado, como si fuera el remitente en persona.
… nos consideramos con el deber moral de velar por ti, sobre todo ahora, con los tiempos que corren y que tanto nos hacen recordar las dos guerras. Sé que Todd no se ha portado del todo bien contigo, por lo que le pedí que reconsiderara su actitud dado el lazo que creamos cuando naciste. Prometió hacerlo, pero no cree que deba tener las mismas consideraciones con tus "amistades", si es que entiendes a qué me refiero. Eso es decisión de él y no puedo hacer nada al respecto, por lo que me disculpo en su nombre.
Por lo tanto, cuando consideres que necesitas algo que quizá esté fuera del alcance de tu hermano (quien, según tengo entendido, es tu tutor legal), puedes acudir a mi esposa o a mí. De antemano agradezco tu atención y si no es mucha molestia, solicito que respondas a la presente en cuanto tengas la ocasión, para saber lo que opinas al respecto.
Un cordial saludo:
Theodore Nott.
El grupo de amigos intercambió miradas de extrañeza, sin saber qué decir. Creían que eso era asunto de Danielle y que lo que ella dijera debía darles una pauta de cómo actuar.
—¿Quién será la señora Nott? —inquirió la rubia finalmente, en voz baja.
—¿Perdón? —Walter, que la alcanzó a oír, no comprendía la razón de su pregunta.
—Nada, es que me quedé pensando… Papá no aprobaba el matrimonio del señor Nott aunque ella fuera una sangre limpia y… No sé, quizá sea una traidora a la sangre o algo así…
—Como si se casara con un miembro de mi familia —aventuró Rose, intentando bromear.
No era una idea descabellada. Sobre todo considerando que el hermano de Danielle había hecho precisamente eso, casarse con una Weasley.
—El punto aquí es por qué el señor Nott no había dicho antes que era tu padrino —enfatizó Hally, con el entrecejo fruncido —Y qué quiso decir con eso de las circunstancias exactas.
—¿De qué hablas? —se interesó Ryo, suspicaz.
—Vamos, el señor Nott dio a entender que no supo bien por qué el padre de Danielle la trataba como la trataba, pero a mí eso me sonó a que sabe algo. No todo, pero algo. Y de ser así, no me parece justo que nunca haya dicho nada.
La deducción de Hally les dio a los demás en qué pensar, en tanto Danielle se mantenía al margen de la conversación, con los ojos fijos en la carta del señor Nott, pero sin verla en realidad.
Resultaba extraño darse cuenta que existían otras personas interesadas en ella, fuera de su hermano, su cuñada y sus amigos. Distraídamente, alzó un poco la vista y se fijó que Thomas no había cambiado su expresión en lo más mínimo. Y la comenzó a preocupar que no comentara nada, cuando por lo general hubiera sido de los primeros en despotricar contra el señor Nott.
—¿Thomas?
—¿Sí?
El chico la miró con una débil sonrisa, pretendiendo que nada pasaba, pero a Danielle hacía tiempo que no la engañaba con eso. Se puso de pie lentamente.
—Vamos a dar una vuelta —ofreció, tendiéndole la diestra.
El pelirrojo anaranjado se quedó desconcertado, pero no tardó en tomar la mano ofrecida y levantarse también. Le entregó a Danielle la carta del señor Nott, la cual ella se metió, sin mucho cuidado, al bolsillo de su falda verde de lana.
—Ya me parecía a mí que Thomas tenía algo —indicó Procyon con indiferencia, echándose de nuevo sobre su capa en el césped.
—¿Y por qué no habías dicho nada? —quiso saber Paula.
—No sé. Pensé que era mejor que su novia lo apaciguara.
Y aunque Procyon dijo eso con evidente humor, los demás sabían que hablaba en serio.
17 de septiembre de 2011. 2:30 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).
Muy buenas tardes, damas y caballeros. Sí, otro capítulo de LAV para ustedes, que seguramente lo andaban esperando. Y creo que ahora sí acerté con el título, jajajaja.
Primero, pruebas de quidditch. Para que no me vengan con reclamos, lo aclaro de una vez: no sé si sea correcto que Hally y Danielle sean capitanas en cuarto curso, pero colocarlas en esa situación era demasiado tentador. Algunos jugadores sienten que no inspiran respeto, los rumores se disparan, las pobres se sienten presionadas… En fin, ya se lo imaginarán. Sé que de Slytherin siguen en el colegio Montague y Nott, pero quizá Snape no los considera adecuados para el cargo por alguna razón.
Luego, la reunión de la Orden del Fénix. No creo que imaginaran que Harry le pediría a Hestia un informe sobre lo que hicieron los Dursley tras la segunda guerra, pero como él dice, hay algo que no encaja en lo que le contó Violet (la madre de Drusie) y quiere averiguar qué es. Esperaban la aparición de los estimadísimos desconocidos y allí los tuvieron, animados y todo. Creo que aquí he dado más pistas de quiénes pueden ser, pero eso ya me lo dirán ustedes cuando comenten. Por otro lado, Tabatha Fonteyn (hace mucho que Bell quería nombrar así a un personaje, Tabatha… y ni está segura de que se escriba así, jajajaja) ha resultado ser agradable, con aires de hippie y en serio, nada qué ver con su marido. No sé si explicar en algún capítulo cómo se conocieron y todo eso, porque en sí los Fonteyn son personajes secundarios (según Bell, eran muy secundarios), pero ya que se hicieron notar un poco, quizá salga a colación la anécdota. Y también hemos visto la reaparición de Julien Lumière junto a su hermano auror, Pierre, quien había sido nombrado e incluso apareció una vez, de pasada, en PGMM.
Y volviendo con nuestra querida Orden del Rayo, ¿se esperaban lo de Theodore Nott? Eso pueden echarle parte de la culpa a cierta persona que conozco a través del foro de HL y de Potterfics, porque por alguna razón que ni ella sabe, adora a Theodore, pese a que Rowling únicamente le dedicó una mención en toda la saga (si no le creen a Bell, revísense los libros). Me llevó medio día (entre la conversación en Twitter con la mencionada persona y mi acostumbrada labor de documentación) decidirme por el personaje que sería la señora Nott (que igual que él, solamente fue mencionada una vez en los libros) y claro, eso me llevaba a introducirlo un poco más en la trama. Que los padres de Todd resultaran ser los padrinos de Danielle seguro les dejó una cara digna de fotografía (Bell se ríe ante el pensamiento).
Ya para despedirme, anuncio el personaje elegido para La Justicia. Damas y caballeros, saluden a… ¡Bryan Radcliffe! Según una lectora, en el capi pasado se notó mucho más que él encaja con ese Arcano, y me pareció correcta su observación. Además, yo tenía en mis apuntes a Bryan como candidato a representar a La Justicia, así que debe ser cosa del destino, jajaja. Ahora, pasemos a elegir por primera vez dos personajes al mismo tiempo: los que representarán a El Loco y a El Colgado. ¿Recuerdan que lo mencioné en el capi pasado? Para cuando salga este capi en línea, ya estará la correspondiente entrada en mi blog para que voten, pero saben que también pueden hacerlo en mi Face, en mi Twitter y en mi hi5 (este último hace un montón que no lo actualizo, debo darme pronto una vuelta, jajaja).
Es todo de momento. Cuídense mucho, nada con exceso y todo con medida (en México acaban de pasar las Fiestas Patrias, yo sé por qué se los digo) y nos leemos pronto.
