Capítulo 10
Cuando Edward se acercó a la cama estaba durmiendo tan profundamente que se encontró a sí mismo sonriendo tristemente mientras se deslizaba a su lado. Con cuidado para no despertarla acercó su cuerpo desnudo a la curva de su propio cuerpo, susurrando palabras tranquilizadoras cuando ella murmuró algo, después apretó el interruptor para sumergir la habitación en la oscuridad. Entonces acomodando su cabeza en la almohada, cerró los ojos y por fin se permitió a sí mismo relajarse.
Dos horas más tarde la luz grisácea del amanecer se filtraba lentamente en el dormitorio. Dos horas después ninguno de los dos se había movido. Dos horas más tarde Bella despertó sintiendo de nuevo la sensación de la suave caricia de su mano entre sus muslos y el calor húmedo de su boca tirando suavemente de sus pechos.
Abrió los ojos para encontrarse con la dura luz del día suavizada por las cortinas que permanecían echadas en las ventanas. Se mantuvo quieta por unos segundos, absorbiendo el sensual silencio que la envolvía. Después sus ojos azules se desplazaron hacia abajo donde la cabeza de Edward cubría su pecho. Cabello oscuro revuelto como seda ligera, y hombros bronceados y brillantes a causa de la hidratación natural que su piel había generado durante las horas de sueño.
Levantó una mano y sus dedos trazaron suavemente un sendero sobre su cabello, haciendo que levantara la cabeza, labios abiertos y todavía húmedos, ojos oscurecidos por el deseo que competían con el que se reflejaba en su propia mirada.
—Ciao —la saludó suavemente.
—Ciao —Bella sonrío.
La sonrisa tuvo consecuencias.
—Todavía me amas —declaró él.
¿Por qué negarlo?, pensó Bella .
—Sí —suspiró y entonces como respuesta sintió la cálida presión de su boca en la suya.
Hacer el amor con Edward por las mañanas siempre había resultado especial. Bella pensaba que a esa hora todavía no había tenido la oportunidad de vestirse con su traje de sofisticación y podía disfrutar del hombre real, con todas sus pasiones al desnudo.
Le gustaba ver como ella se derretía, le gustaba hacer que se aferrara a él y le suplicara y mendigara con sensuales gemidos de su voz. Y cuando la poseía le gustaba asegurarse de que cada centímetro de su cuerpo disfrutaba de la experiencia. Con sus brazos alrededor de su cuerpo y sus largas piernas enredadas con las suyas, sus cuerpos tocándose desde el pecho hasta las caderas y sus bocas tan estrechamente ligadas que parecía que nunca serían capaces de separarse.
Él era todo lo que su corazón deseaba cuando se comportaba así… entregándose aunque exigiendo, oscuramente apasionado aunque increíblemente dispuesto a hacerle saber lo profundamente que ella era capaz de afectarlo.
En algún momento mientras sus caricias los estaban llevando hacia una turbulenta culminación sonó un timbre. Si lo oyeron, decidieron ignorarlo porque lo que estaba sucediendo entre ellos era en ese momento lo más importante en el mundo.
Las primeras olas de liberación agitaban su cuerpo y la boca de Edward atrapaba sus jadeos de placer a medida que incrementaba el ritmo de su penetración. Lenta y profundamente, más duro con cada empuje. Se aferró con sus manos a su nuca y a la espalda de suaves músculos con las plantas de sus pies. Entonces se vieron arrastrados por el deslumbrante empuje del orgasmo, tirantes, estremecidos con las descargas eléctricas de puro placer, que fluían entre ellos y eran capaz de convertirlos en un solo ser.
Después se quedaron quietos. Incapaces de mover una sola parte de su cuerpo. Su cuerpo pesado seguía sobre ella pero se sentía como si estuviera flotando y no quería regresar de nuevo a la tierra.
Un ligero toque a la puerta de la habitación anunció la inminente entrada de Pearsons. Con una maldición Edward se movió como un rayo y alargó el brazo para cubrirlos con el edredón. Lo siguiente que Bella supo fue que estaban tapados bajo la ropa de la cama y Edward seguía maldiciendo mientras cubría su sorprendido rostro con besos.
La puerta se abrió. Por un momento prevaleció el silencio. Bella sentía la necesidad de dejar escapar una risita nerviosa pero esa necesidad rápidamente murió cuando escuchó el anuncio de Pearsons.
—La señora Swan y la señorita tanya han llegado y desean verlo, señor…, señora.
La puerta se cerró de nuevo. Se hizo un nuevo silencio. Entonces Edward apartó el edredón que los cubría y saltó de la cama. Bella tembló pero no por la pérdida del edredón sino del hombre.
—Espera aquí —dijo airadamente—. Voy a tratar esto.
—No esta vez —Bella ya estaba fuera de la cama y se había agachado para recoger su albornoz del suelo—. Si tanya está aquí para causar problemas entonces lo hará en mi cara.
Él se detuvo en su camino hacia el armario, se dio la vuelta, iba a iniciar una protesta y se encontró con la obstinación en su mirada.
—¿Piensas salir así? —preguntó mientras la veía anudarse el cinturón de la bata entorno a su cintura.
—¿Por qué no? —su mentón elevado, su cara reflejando todavía los efectos de su pasión pero sus ojos azules de nuevo parecían de vidrio—. ¿Te molesta que adivine lo que hemos estado haciendo?
—¡Dio! —dijo con tono áspero—. ¡Todavía no me crees con respecto a ella!
—No debiste traerla a este apartamento —dijo, dándose la vuelta para escapar de la magnifica belleza de ese hombre desnudo todavía excitada pero enfadada con él.
—Si quieres jugar de esta manera que así sea —dijo y se alejó del armario para entrar en el baño. Un segundo después salió cubierto con un albornoz y con un par de zancadas se acercó a la puerta del dormitorio para abrirla.
Con un gesto burlón la invitó a precederlo. Bella pasó delante de él con la barbilla erguida sólo para encontrarse enseguida atrapada por dos fuertes brazos que la acercaron a la curva de su cuerpo.
—Un día —murmuró— vas a tener que reconocer que estás equivocada respecto a mí y entonces voy a exigirte una disculpa plena…, con mis propias y particulares condiciones. —Entonces llevándola junto a él a través del pasillo llegaron al salón.
Lo primera impresión que Bella recibió fue el aroma de café recién hecho que llegó hasta ella, lo siguiente fueron los ojos de su madre que permanecía de pie junto a la ventana con una taza y un platillo en sus manos. Hoy Renne vestía por completo de negro. Traje de lana negra y camisa negra de seda lo que le daba un aspecto dramático en contraste con la tensa palidez de su rostro cuando se giró para mirarlos.
Tanya permanecía sentada en uno de los sillones de suave piel. También vestía de negro y también lucía pálida. Les dirigió una mirada breve, enseguida desvió la vista y volvió a mirar hacia abajo.
—Esta es una inesperada sorpresa —dijo Edward con tono ligero—. Las dos debéis haber madrugado como los pájaros para llegar aquí tan pronto.
—Sentimos haberos molestado —contestó Renne lanzando una mirada a la forma como iban vestidos—. Pero es la una y media de la tarde.
—¿Tan tarde? —dijo él irónico—. No nos habíamos dado cuenta. ¿Os ha cacheado Gino por si lleváis algún arma peligrosa?
La burla en su propia casa sonó como un arma peligrosa. Renne se mostró incómoda y tanya se puso en pie bruscamente, entonces reparó en su aspecto, vestidos con albornoces, el cabello desaliñado y los pies descalzos. Ella palideció, parecía dolida, pálida e implorante mientras miraba a Edward.
—Lamentamos la intromisión. Me disculpo —dijo con tono ansioso—. No deberíamos haber venido…
—Habla por ti, tanya —dijo Renne fríamente—, y siéntate antes de que te caigas.
Fue una sorpresa ver que tanya hacía exactamente eso y también darse cuenta del temblor de sus manos y sus labios, afectó de tal forma a Bella que se puso de rodillas delante de su prima.
—¿Te estás sintiendo mal, verdad? —preguntó reconociendo los signos de malestar que también había sufrido.
—Ha sido el movimiento brusco —dijo tanya con una mano sobre la boca. Intentó tragar—. Me encontraré mejor en un momento. Sólo necesito…
—Esperar a que remitan las nauseas. Lo sé —le explicó ella—. ¿Podemos darte algo? ¿Un vaso de agua? ¿O te gustaría acostarte…?
—¡Oh, por favor no seas amable conmigo Bella ! —protestó tanya con dolor—. Me porté de forma horrible contigo la noche pasada. Me olvidé del bebé que perdiste hablando como lo hice. Edward me advirtió que no lo hiciera pero yo pensé…
—Pensó que podía salvarse de la ira de mi padre con todos nosotros allí —concluyó Renne por ella—. Y terminó causando más problemas de los que vale. ¿No es así, cara?
—¡Eres una mujer muy difícil, zia Renne! —exclamó Tanya.
—¡Si tu made estuviera viva te habría encerrado en tu habitación y ahora no estarías sin poder salir durante los próximos siete meses!
—¿Qué sabes tú de ser madre? —la atacó Bella dejando a todos sorprendidos por ponerse del lado de su prima—. Nunca supiste serlo para mí.
—Bien, ahora estoy aquí —dijo Renne totalmente molesta con su crítica—. Dile a Bella el nombre del padre de tu hijo y vamos a terminar de una vez con esto.
Inmediatamente Edward se puso tenso. El corazón de Bella parecía haber quedado atrapado como una piedra en su garganta.
Tanya tragó con dificultad.
—Ss...u nombre no es importante —dijo—. Pero puedo asegurarte que no es Edward.
Bella se apoyó en sus muslos.
—Pero dijiste…
—No di ningún nombre —insistió Tanya.
—No —Renne suspiró de repente—. Me temo, cara, que fui yo.
Desconcertada, Bella miró de una a otra.
—Me temo que no estoy siguiendo…
—Déjame explicártelo —dijo su madre a continuación y dejando la taza y el platillo, después de suspirar de nuevo, se volvió a sentar—. Ya sabes que los había visto compartiendo una cena íntima —le recordó a Bella —. También sabes que los seguí hasta aquí y lo que vi después.
Edward permanecía con los brazos cómodamente apoyados en un sillón, siguiendo con interés como se iba desarrollando la acción.
—Cuando tanya hizo su anuncio la noche pasada, yo sume dos más dos y el resultado fue… Edward. Tú huiste de la habitación y yo deseaba matar a alguien. Edward salió detrás de ti y yo les dije a todos que él era el padre del niño de Tanya.
—Debería haberlo negado —puntualizó Tanya—. Pero todo el mundo parecía estar tan ocupado gritándose unos a otros que parecían haberse olvidado de mí y preferí dejar las cosas así.
—Bonita niña —la ridiculizó Renne—. Prefirió tomar el camino más cobarde y dejar que Edward hiciera frente a todo el problema.
—¡Yo no sabía que el nonno iba querer matar a Edward! —dijo tanya a la defensiva—. ¡Se supone que vivimos en el siglo veintiuno, por el amor de Dios!
—Estaba defendiendo tu honor.
—¡Estaba defendiendo el honor de Bella ! —Tanya miró hacia atrás—. Ella siempre ha sido su preferida.
—No es así —negó Bella —. Te adora. Eres su hermosa princesa morena mientras que yo…
—Su ángel rubio enviado del cielo para que…
Las dos primas se miraron y se rieron porque era propio de él comparar a la una con la otra.
—Me alegro que os parezca todo tan divertido pero todavía sigo en su lista de hombres a eliminar —puntualizó Edward.
Las tres mujeres lo volvieron a mirarlo y en sus rostros podía leerse que incluso se habían olvidado de su presencia.
—Mis disculpas —se burlo él—, por interrumpirlas con mis problemas.
Entonces miró a Bella y le envió el tipo de sonrisa que le decía cuanto iba a disfrutar más tarde con sus disculpas.
Ella desvió la mirada rápidamente con sus mejillas cada vez más calientes.
—Espero que no os hayáis venido a Londres sin contarle al nonno la verdad —dijo bruscamente.
—Por supuesto que no —respondió su madre—. Para ser justa con Tanya, les dijo la verdad en cuanto volvieron del pretendido linchamiento de Edward sin su cabeza colgando de un palo.
—Más vale tarde que demasiado tarde. Supongo —murmuró Edward secamente.
—Si hubiera pensado que no podías hacer frente a un hombre de setenta años y a sus dos hijos de mediana edad entonces no hubiera valido la pena el esfuerzo —dijo su suegra—. Y no creas que porque estaba equivocada sobre este asunto voy a olvidar la forma como has descuidado a mi hija cuando ella necesitaba…
—De acuerdo. No vamos a iniciar otra discusión —cortó Bella rápidamente—. Y ya te dije ayer, madre, que mi matrimonio no es de tu incumbencia.
—Grazie, cara —dijo él.
—¡No he querido decir que lo que ha dicho no fuera cierto! —le indicó a él.
—¡Has vuelto de nuevo a la vida! —observó Renne.
—No estaba muerta, tan solo de duelo —miró hacia el suelo—. ¿Cómo está nonno ahora que sabe la verdad? —llevó la conversación por el buen camino.
—Destrozado —dijo Renne—. Está convencido de que ha perdido tu amor.
—Pero eso es ridículo —Bella frunció el ceño.
—Díselo a él, no a mí. Has dejado Sicilia y ha deducido que también lo has dejado a él.
—Edward… —Bella lo miró ansiosamente—. No quiero que sienta que…
Él se había incorporado y la tenía en sus brazos antes de que pudiera terminar la frase.
—Hablaremos con él más tarde —le aseguró mientras sus labios calidos acariciaban los suyos y por unos segundos Bella se olvidó de donde estaban.
—Creo que es hora de que nos marchemos —dijo Renne secamente con la mirada clavada en el suelo después se volvió para mirar cautelosamente a su hija—. Espero que no te importe, Bella , pero tanya se va a venir a Londres a vivir conmigo mientras decide qué es lo que quiere hacer.
—¿Con el bebé? —Bella se volvió para dirigir una mirada ansiosa a su prima.
—No —dijo tanya y la forma como sus manos cubrieron protectoramente su abdomen fue la mejor aclaración—. Tenías razón, Edward —se dirigió a él—. He aprendido a querer a este niño, solamente necesitaba algo de tiempo para comprenderlo. Voy a tenerlo sola, sin importar lo que piense la familia o los sacrificios que tenga que hacer.
—Mi oferta sigue en pie —le dijo tranquilamente.
—¿Qué oferta? —Bella lo interrogó.
Él ignoró su pregunta con gesto ceñudo.
—Gracias —murmuró Tanya—. Lo voy a pensar.
—¿Qué oferta le has hecho? —exigió saber Bella en el momento en que se encontraron de nuevo a solas.
—Tanya ha descubierto su habilidad para descubrir los rostros fotogénicos y le he ofrecido ayudarla a montar su propia agencia —explicó.
—¿Precisamente aquí en Londres?
—O París… Milán —se encogió de hombros.
—Entonces que sea en Milán —decidió Bella —. No es una ciudad a la que tú viajes con frecuencia.
—Realmente eres una bruja celosa —se burló perezosamente.
—Todavía está enamorada de ti… y no me digas que no sabes de lo que estoy hablando —lo interrumpió cuando vio que iba a empezar a hablar—. Incluso sentada en esa silla, agobiada por el malestar y la preocupación no podía dejar de lanzarte miradas.
Se rió. Era exasperante.
Lo siguiente que supo fue que él la cogía en brazos. Un minuto después estaba desnuda y tumbada en la cama con Edward, igualmente desnudo, encima de ella. Lo que siguió a continuación fue la puesta en práctica de lo que consideraba que debía ser una disculpa por no creer en él.
Más tarde, mucho más tarde… tumbado perezosamente a su lado, jugueteaba con ella y dejaba un reguero de suaves besos alrededor de su abdomen.
—¿Crees que habremos conseguido hacer ya un bebé? —dijo—. ¿O será necesario volver a intentarlo?
—No entiendo por qué has cambiado de opinión acerca de lo de tener hijos —dijo frunciendo el ceño—. No me importa, tú lo sabes, si la idea realmente te altera. Sólo necesito que me lo aclares todo antes de quedarme embarazada. No…
—¿Después cruel y brutalmente?
—Me castigaste porque creías que el niño no era tuyo.
—Eres muy benévola, cara, pero no necesito excusas. Fui un… bastardo contigo. Era la primera vez que usaba esa palabra y se sorprendió tanto al decirlo como Bella al oírlo salir de sus labios. Él se deslizó en la cama para llegar a su lado—. Tengo que compensarte.
Se estaba refiriendo a la pérdida del niño. Bella lo sabía, pero…
—¿Me amas, Edward? —movió la cabeza en la almohada para mirarlo.
—Más de lo que a veces creo que soy capaz de controlar —admitió mientras le acariciaba tan suavemente la mejilla que se sintió próxima a las lágrimas.
—Te amo de la misma manera y no necesitamos…
—No —movió sus dedos desde la mejilla hasta cubrir su boca—. No lo entiendes, amore, yo quería que el bebé fuera mío y cada una de mis insignificantes objeciones palidecieron ante la fuerza de esa necesidad. He madurado, Bella . He dejado atrás mi pasado. Sé que nunca sabré quienes fueron mis padres y lo acepto. Nuestros hijos conocerán a sus padres. Serán amados, cuidados y protegidos y se convertirán en personas buenas y fuertes porque eso será lo que les enseñaremos a ser. Y —añadió con tono ligero para contrarrestar la seriedad de su confesión anterior— averiguar que mis espermatozoides son muy saludables ha traído una nueva faceta a hacer el amor contigo. Tipo… macho y vigoroso —dijo con un sensual gemido mientras la giraba sobre su espalda para poder colocarse sobre ella.
—¡Oh!, no, no lo hagas —dijo empujándolo para apartarlo—. Tengo hambre y sed. ¿Tienes idea de cuándo fue la última vez que comimos algo? Porque yo no. Además tengo que llamar a mi nonno —le recordó.
—¿Quieres regresar? —preguntó.
—¿A Sicilia? No —dijo refugiándose cómodamente en sus brazos—. Estoy feliz justo donde estoy.
—Entonces ve y llámalo… invítalo para Navidad. ¡Qué diablos, invita a todos si eso es lo que quieres! —dijo—. Y si eso va a hacer que te sientas mejor estoy dispuesto a ir en contra de mis mejores instintos y financiarle su más reciente desastre.
Se oyó un golpe en la puerta de la habitación.
Pearsons esperó el tiempo suficiente hasta que Bella recogió su albornoz, se lo puso y se acercó a abrir la puerta.
—Su abuelo ha llegado —informó—. Gino lo ha revisado y parece… seguro. ¿Qué debemos hacer con él?
Bella se dio la vuelta para mirar a Edward.
—Oh, querido —dijo solemne.
Eso fue justamente lo que Edward pensó mientras dejaba reacio la cama. Escuchar a un anciano con la dignidad por los suelos iba a necesitar una buena dosis de efecto tranquilizador.
—Esto me va a salir caro —murmuró tristemente.
—Puedes permitírtelo —dijo su esposa—. Tan solo piensa en el retorno de tu inversión cuando te muestre mi agradecimiento y te sentirás bien…
Fin
