*(2) revisión: Mil disculpas tuve un problema con la primera actualización, la volví a subir para solucionar los problemas. Espero puedan avisarme cualquier tipo de inconveniente. Muchas gracias.
Pasado
Capítulo 10. Bajo Lupa
Octubre 1996.
—En serio… ¿Puedes dejar de ver a Malfoy? Por Merlín si no te conociera pensaría que tienes un trastorno obsesivo-compulsivo. — Hermione le dio un coscorrón en la cabeza. No estaba siendo el más discreto, pero por Merlín… la frente de Draco Malfoy tenía el rótulo de "Mortífago". Harry volvió a su plato, tenía que admitirlo su único tema de conversación era el puñetero Malfoy. Respiró hondo, sí Hermione tenía razón. El rubio estaba delante de él comiendo a solas, raro casi siempre lo hacía con sus guardaespaldas a los lados.
—Sabes… he estado pensando que todos los magos deben tener algún trastorno de personalidad más desarrollado que los muggle. — Dijo la castaña bebió un poco de café. Harry la observó con detenimiento —Sabes Hermione… Me intrigas… ¿Tus papás no son ingleses? — preguntó de pronto. Viendo como las mejillas de ella subían para verle a los ojos.
—Claro, Harry. — respondió ella. —Entonces ¿porque no tomas te como el resto de las personas en el Reino Unido? No sé… me parece muy francés de tu parte… — respondió en una risa burlona. Ella pareció relajar el rostro. —Mi abuela… ella siempre tomaba café. Me acostumbré…— Era imposible no poder sonreír con ella. Era bueno verla de mejor humor. Habían pasado semanas desde que Ronald hiciera público su romance con Lavender. Era un avance. No le gustaba verla consumida en la amargura de los celos. — ¿Alguna noticia de Dumbledore? — preguntó ella.
—No. No tengo muchas novedades si soy sincero… pero mejor, así tengo tiempo para mi.—
—¿No deberías planificar el siguiente partido? — Le preguntó ella. Sí, de hecho, tenía reunión con el equipo en media hora. Hermione tenía una veintena de libros a su lado. Su mejor amiga se acomodó el cabello a un lado dejando expuesto parte de su cuello. Quiso contestarle, pero se percató de un pequeño detalle. Malfoy no precisamente lo estaba observando a él. Con cuidado y yendo contra todo lo que podría creer tomó un cabello de Hermione y lo pasó por detrás de su oreja. Un movimiento intimó sí, pero Hermione no leería nada malo en el acto. Con el rabillo del ojo podía notar como la pálida piel del mago se tornaba roja.
—¿qué te pasa? — Preguntó Hermione entre cerrando la mirada en señal de desaprobación. —un experimento. Nada grave— respondió Harry. —Toma. — dijo mostrándole un paquete de color blanco.
—¿Qué es eso? — preguntó su mejor amiga perdiendo la sonrisa.
—lamento haber olvidado tu cumpleaños. — estaba tratando de armar una disculpa. Hermione quitó la envoltura al papel de regalo. Era para variar un libro.
—Encantamientos de Luz de Luna… Aproveche su ventaja cósmica. — leyó ella en voz alta.
—¿Sabes que naciste a las 11 de la noche? Justo en Luna llena. En el tercer ciclo de Titán… lo que te da ciertas ventajas sobre otros magos y brujas…— Harry le guiñó el ojo. —Hice mi tarea de cómo dejar de ser un amigo gilipollas y le escribí a tu mamá. Dijo que de niña te pasabas viendo las estrellas con tus abuelos. Me pareció un buen comienzo para armar una disculpa. — No esperó a que terminara de hablar para que Hermione saltara a abrazarlo.
—¡Te juro Harry que si vuelves a olvidar mi cumpleaños yo misma te daré un golpe ….!— decía mientras lo abrazaba con toda la energía que podía. Harry sonrió sobando suavemente la espalda de su amiga y cómo Draco Malfoy salía del comedor sin dejar de mirarlo. Olía a peligro a kilómetros de distancia.
Presente
Repasó la última oración por décimo quinta vez, no podía encontrarle sentido a lo que leía. Quizás el movimiento caprichoso de la lancha no estaba ayudándolo. Lo cierto era que aún seguía en el tercer párrafo del libro especializado en pociones revitalizadoras y Hermione Granger no parecía tener el mismo problema. Scorpius cerró con cuidado el libro y lo puso en su regazo, gracias a Merlín el viento ayudaba un poco a mitigar el calor. Aún estaban en el rio Amazonas y todavía faltaban otros días para llegar al puerto que daba a la aldea más cercana a CastiloBruxo. La lancha no era motorizada a la manera muggle, era una lancha mágica. Gracias a Merlín sólo los transportaba a ellos. El "capitán" del pequeño navío era un brujo comerciante de artículos que no podían ser transportados de manera mágica convencional, en buena cuenta porque había partes de la selva que estaban protegida por magia antigua. El joven capitán les había advertido de lo peligroso de la selva. Había muchas partes en donde todo tipo de magia se anulaba y el ser humano quedaba frente a frente a la naturaleza. —"Hay que tener respeto a la naturaleza. De lo contrario puede comerte vivo." — Había dicho mientras empezaban su recorrido. El transporte era angosto, rápido e invisible al ojo muggle.
Scorpius viró a su derecha para ver el paisaje paradisiaco. Albus estaba sentado detrás de él afilando flechas que él mismo había hecho. Desde que tenían quince años habían soñado con un viaje similar. Los dos en medio en una aventura de verdad. La selva era mágica en más de un sentido, el aire era distinto al de la ciudad, el sonido de los pájaros y los animales retumbaban entre el follaje tupido. Durante las primeras horas del viaje había tomado fotos a cada centímetro cuadrado de la selva. Su vieja cámara fotográfica lo ayudaba a capturar las mejores tomas para sus investigaciones, hasta había podido capturar bajo su lente como Granger pasaba una página más de su libro sin ser alertada.
—"Lo lamento señor Albus, pero no podemos ir más rápido, Este rio es la casa de seres mitológicos, peces más grandes que edificios y estadios enteros… y si corremos a más velocidad podremos despertarlos… y créame no le gustará." — había respondido el capitán a su mejor amigo mientras controlaba su varita. Faltaban dos días enteros para legar y él creía que no podría resistirlo. Es decir, podría viajar sentado por 48 horas, podría ir al "baño" en plena selva, lo que no podía soportar era a Granger. Merlín… ¿Cómo hacerlo? Estaba haciendo un esfuerzo sobre humano en contralar cuantas veces la iba observando. ¿Quién podría soportar eso? Albus no estaba demasiado impresionado con la mujer. ¿Entonces? ¿Era sólo él? Sacudió su cabeza, pero de nuevo viró a verla. El sol estaba por esconderse al oeste justo donde estaba sentada la castaña. La tonalidad de los dorados y naranjas del cielo se perdían en el color de las piernas de la mujer. — Por Merlín…— musitó involuntariamente. Granger se había encapsulado para que ningún mosquito se le acercara, sus piernas estaban apoyadas en el otro extremo del tablón dejando a la luz la curvatura de sus pantorrillas. Ella parecía hipnotizada con cada libro que leía, evidentemente no tenía el mismo problema que él. Porque en esas horas sentados la había visto terminar cuatro libros. Eventualmente miraba el follaje o se perdía en el reflejo del agua, pero no hablaba demasiado. La mujer estaba deprimida, lo comprendía. A veces podía ser un niñato insensible como su padre. Cuando la conoció estaba seguro que había encontrado la manera perfecta de presionar a Draco y su enorme ego, de descubrirlo ante el mundo, pero no se había puesto a pensar con detenimiento todo lo que Granger había perdido. Granger pasaba con delicadeza otra página en el libro, a pesar de los estragos de la guerra podía intuir la suavidad de sus largas y delicadas manos. Sintió que algo le pegó la espalda con violencia.
Albus le había pegado una patada, su cara lucía una sonrisa socarrona. —¡¿Qué diablos te pasa?! — le gritó sobándose con cuidado la espalda baja donde había recibido el golpe. —Lo siento… creí que algo te había picado. ¿o ya te picó?... — Su cara era un poema al mal gusto. Scorpius odiaba cuando su mejor amigo se ponía en ese rollo. Con cuidado se movió de la lancha hasta el último tablón de madera, lejos de Potter y Granger. Pero siendo Albus como era lo persiguió hasta atrás. El mago de cabellera castaña oscura sacó de su bolsillo una rana de chocolate. Le hizo un gesto con la mano para preguntar si quería un poco, Scorpius comió el chocolate, pero no dijo más.
—Ten cuidado…— Albus arrastró las palabras de manera viperina.
—¿con qué? — sinceramente Scorpius no entendía.
—déjalo ya… sabes de qué estoy hablando. — Albus entrecerró los ojos.
—No tengo ni idea…— rascó su nuca.
—Bueno… sólo intento ser un buen amigo. Pero si llega a suceder… ten por seguro que diré ¡te lo dije! — su sonrisa era mal intencionada. — ¿le has dicho algo de él que no debe ser nombrado? Dígase tu padre — Albus estaba rebasando los límites, pero por otro lado si es que no fuera así tampoco sería su amigo. Scorpius negó fuertemente. Minerva le había advertido la importancia de separar a Granger del ambiente nocivo del castillo, después de todo los arreglos de la boda Malfoy Parkinson le darían pistas que su padre estaba a punto de casarse. Eso si no se encontraba con el propio Draco Malfoy. Fue una suerte que los elfos domésticos hayan encontrado a su padre en los pasillos del castillo antes que la castaña.
—No sería la primera vez desde que llegó que estuvieran frente a frente. — Albus pegó otra mordida a la rana de chocolate. Scorpius no estaba entendiendo muy bien.
—Lo fue a ver cuando estaba en San Mungo. Tu papá le confesó sus crímenes. — dijo en el tono más tranquilo que jamás le escuchó. Él tenía los ojos abiertos de par en par. —¡Y RECIÉN ME LO DICES! — le pegó un coscorrón en la cabeza. —Hey... Hypie no me pegues— Odiaba que hiciera referencias a su segundo nombre, con el primero ya tenía suficiente. —…Lo importante es que estamos aquí… estoy seguro que podrás encontrar el momento ideal en que ella puede contarte todo… cuando quieras… si quieres los puedo dejar solos…— le pestañeo descaradamente. Albus Potter era hombre muerto.
Mayo 1998
La sangre en el pavimento daba muestras de que varios cadáveres habían sido movidos de sulugar. Harry sentía su respiración desbocada, pero nada tenía sentido si perdía esa batalla. Los tres estaban corriendo en dirección a la entrada principal donde aún se puede oír las explosiones de los duelos de magia. Tenían que encontrar la diadema y destruir la copa. Y hasta ahora habían fallado en su intento de hacerlo. Hermione estaba corriendo por delante de él mientras bloqueada unas cuantas partes de paredes que caían por sobre ellos. La noche anterior había sido una discusión totalmente innecesaria…. Estaban en una guerra y la muerte era inminente y no podían seguir como si nada de la noche anterior hubiera ocurrido, Hermione era su amiga, pero no era tan inteligente como ella misma creía, estaba aturdida y tenía que entenderlo, no le gustaba estar así… como si nada hubiera pasado. Harry calló las voces en su cabeza, debía terminar con todo. Ronald estaba a un paso detrás de ellos, tenía la copa aún sin destruir, mientras él corría en dirección a dónde podría estar la diadema. En un espacio de unos segundos que quieran la empanada. Se detuvieron esperando que el humo negro se disipara. Una luz se acercó a ellos. Ginebra cruzó delante de él rápidamente. —Voy a supervisar el escape del primer año. — Antes de que pueda huir de su visión la pelirroja se le acercó y le pegó un sonoro beso. Sus manos abrazaron su torso en un tono posesivo, como antes de que su relación acabara. Ella se alejó unos pocos centímetros y le sonrió. Sus ojos brillaban estaba a punto de llorar. —Más te vale salir de esta ... — le dio un pequeño beso en la mejilla —Cuídense— musitó esta vez mirando a su hermano. Ginny salió corriendo, de ella otras muchachas de su mismo año. Ronald estaba viendo con insistencia a Hermione, como si esperara que el momento se fuera a duplicar para ellos dos nuevamente. Harry intentó frenar cualquier arrebato de Hermione. —Venga ... vamos ... — alzó la voz. Pero fue interrumpido por su mejor amigo que aún observaba a la castaña con fascinación.
—Tengo una idea ... Podemos ir a la cámara de los secretos y tomar colmillos de basilisco. — Era una idea genial. Era una solución práctica y que no implicaba muchos riesgos.
—Brillante. Ronald. ¿Crees que puedes ir tu sólo? La diadema sigue perdida ... el tiempo se nos está acabando ... — Preguntó Hermione.
—Yo creía que… tú y — Ronald estaba por sugerir una idea cuando se escuchó el sonido desgarrador de un grito. Todos se volvieron hasta el sonido de la voz exasperada.
—¡Mi hijo! ¡MI HIJO! — Harry meneó su varita ayudando a disipar el polvo negro. — ¡El señor oscuro se ha llevado a la muerte ...! — En el extremo del pasillo estaba una Narcisa Malfoy casi irreconocible. Las lágrimas habían estropeado su maquillaje, su cabello estaba completamente desordenado y con rastros visibles de haber enfrentado una lucha mágica. — ¡Granger! ¡Granger! — gritó la mujer al ver la castaña junto a él. — Lo tienen, tienes que salvarlo ... — el llanto espeso era realmente sobrecogedor. Harry miro por un segundo a Hermione, su rostro era la definición completa de dolor. Quizás y hasta podría abandonar la misión. Hermione bien sería capaz.
Harry entendió lo que estaba ocurriendo… Seguramente Voldemort ya se había enterado de las lealtades de las varitas… Sabía que lo primero que tendría que hacer era el control de los daños, esto no se podía salir de las manos. No cuando le había costado tanto mantener la calma todo ese tiempo a espaldas de su mejor amigo. Su pelirrojo amigo gritó un —¡Cuidado! — En menos de un segundo una sombra negra impactó contra la mujer llevándosela. Hermione se crispó nuevamente a verlo con mirada suplicante. El no tuvo nada que decir, porque ella misma se repuso. Hermione siempre sería Hermione, si ella había puesto su palabra en el fin de la guerra, lo haría.
—Ron, anda a los baños. Sabes que hacer ... — murmuró preocupado, pero su mejor amigo no parecía querer moverse. Ron había escuchado como la mujer le gritaba a Hermione por ayuda. Ronald no era tonto, pronto podría enterarse de todo. Y realmente ese no era el mayor de sus problemas. Voldemort sí lo era.
—Vamos Ronald, puedes hacerlo — Hermione se acercó a él y le dio un abrazo. — Iré con Harry a la sala de menesteres. Sé quedes hacerlo. — Hermione dejó de abrazarlo, él estaba inclinado sobre ella esperando recibir algo más. Pero Hermione solo le dio un pequeño beso en la frente. Tomo la mano de Harry y salieron corriendo en dirección a las escaleras.
—¿Tenías que ser tan evidente? — gritó Harry mientras corría junto a ella.
—No sigas Harry. No ahora. — repuso ella media ahogada, quizás por el llanto, por el miedo o por la guerra. Pero Harry Potter estaba seguro de algo. Hermione no descansaría hasta rescatar al último Mortífago, porque quizás Hermione también había dado su palabra para protegerlo.
Presente.
El piso de madera estaba repleto de agua y sangre. Había rastros de sangre y hollín en las paredes. Sin duda el despacho de Theodore Nott había sido escenario de un enfrentamiento. Los pergaminos en el piso no le dejaban ver los rastros de pisadas. Harry subió los pergaminos con magia y se agachó para ver el tamaño de las huellas. —Por lo menos tres…— dijo mientras una pluma anotaba lo que decía en voz alta. — Entraron por la puerta norte y se encontraron con Nott en ese punto. — dijo señalando un punto a unos metros detrás de él. Alzó la vista hasta la ventana y por encima de las ventanas se podía leer: "ASÍ MUEREN LAS RATAS, MUERTE A LOS VEINTIOCHO." Eran pocas las veces que en su vida había visto algo similar, únicamente en la guerra había visto cosa parecida. —No sé qué digas padrino… pero Nott tuvo suerte. — Ted Lupin ponía las pruebas de sangre en pequeños frascos. No podían negarlo, Nott se salvó de una muerte segura. Su antiguo compañero de colegio vivía siempre bajo el temor de ser atacado por sus afiliaciones, es por ello que había diseñado un lugar en su despacho donde encerrarse en caso de que el pasado lo viniera a buscar. Su corazonada no le falló. La noche anterior había sido atacado, fue su asistente quien lo encontró al borde de la muerte. — Necesito que localices a James y me haga un reporte de su salud. Está demás decir que no quiero que la prensa se le acerque. — dijo parándose y mirando a su ahijado.
Teddy asintió, pero ladeó la cabeza encogiendo los hombros. —… creo que ya es tarde para eso. El mismo asistente dio aviso a El Profeta. — Lo que le faltaba la prensa metiendo de nuevo las narices en el caso de los veintiocho. Rascó su cabeza. La comunidad mágica ya había tenido suficiente con una guerra mágica como para iniciar otra. Esta vez, una ola revolucionaria quería eliminar a todos los Sangre pura de la faz de la tierra. — dejemos a los aurores recoger todo. — Harry salió de la habitación mirando perfectamente por donde caminar. El hijo de su profesor salió detrás de él. Harry resopló con frustración, ya no podía seguir manteniendo el caso de los veintiocho escondido. El mundo mágico sabría que una nueva amenaza había surgido. Ese ya era el quinto atentado y a diferencia de los anteriores este se proyectaba a ser mucho más sangriento, si es que claro Nott no hubiera estado preparado. El ministro seguramente no estaría nada complacido, especialmente con la tensión política que existía. Ted estaba detrás de Harry esperando indicaciones.
—Necesito que los informes de James sean lo más detallados posibles. Después necesito el informe de las pericias de investigación… A las seis tenemos reunión general de inteligencia. No lo olvides ¿está bien? — Ted asintió, acomodó su túnica, se meneó a los lados sin muy bien a donde ir. Conocía a su ahijado mejor que a sus propios hijos, después de todo los dos habían tenido un pasado similar. — ¿Y ahora qué pasa? — preguntó en tono cansado.
—Es Albus… Tomó un avión hace un par de días. Se fue con Scorpius Malfoy y una mujer que no hemos podido identificar. — Ted se acercó a él. Harry sabía muy bien que los viajes de su menor hijo solo podían significar problemas. Desde el incidente en Francia había puesto un hechizo de alarma al sistema si es que su hijo salía de territorio del Reino Unido. Aún recordaba la cara del ministro francés cuando lo fue a ver a su despacho. Teddy le acercó una foto muggle. En foto se podía ver claramente como su hijo conversaba con Scorpius Malfoy al lado de una mujer de cabello corto y menuda figura. No la reconocía. —¿Qué dijeron en migraciones muggle? — volvió a preguntar. — viajaron con visa de estudiantes muggle, con sus nombres reales. La mujer se registró como Jane Pickles, pero no encontramos su nombre ni en los registros mágicos ni en los muggle. El avión que tomaron hizo escala en Estados Unidos, Brasil y finalmente en Uruguay. Desde esos puntos pudieron haber tomado otros aviones. — Tendría que hablar con Ginny, podría apostar todos sus galeones a que la pelirroja sabía dónde estaba su hijo. — Ok, no te preocupes. Nos vemos a las seis. — dijo tras desaparecer en el viento.
Harry se transportó hacia el café muggle donde había quedado con Malfoy. No tenía demasiado tiempo para malgastarlo. Se sacó su cubre todo largo de paño, lo puso en el perchero mientras se sentaba en unos de los sillones. La misma mesera de siempre le acercó el café americano mientras le brindaba una tímida sonrisa. Curioso, había visto crecer a esa niña desde que tenía unos diez años. Miró su reloj muggle de su muñeca y dio un sorbo al café. El único lugar donde podía tomar café era en ese Cafetín, Hermione le había dicho que era ese mismo lugar donde sus padres se solían reunir y tomar un par tazas antes de volver a la universidad. Quizás si no hubieran vivido la guerra en sangre propia hubiera bebido junto ella el delicioso café etíope, o quizás las maravillas del café colombiano. Pero él era Harry Potter, la guerra nunca le dejaría.
Harry respiró hondo, estaba agotado. Realmente quería unas buenas vacaciones, olvidarse de todo y de todos. Incluido sus hijos y esposa. No es que no los amara, claro que no. Pero sinceramente estaba hasta la coronilla que el mundo lo viera como el botón de emergencia para solucionar todos los problemas. Tomó uno de los libros que estaban al lado de la mesa y sorteó un par de hojas. Eran las cuatro, no podría esperar a que Malfoy se dignara a venir cuando él quisiera. Si tenía tanta urgencia en verlo bien pudiera llegar a la hora. Resopló, subió la vista del libro y vio la cara de Draco Malfoy solo a unos centímetros delante de él. Por Merlín, Morgana y todos los fundadores, Malfoy parecía no haber dormido en varios días, ni siquiera en sus días más macabros lo había con esa pista.
—Mira esto— Ya estaba acostumbrado a los modales de Malfoy, no eran para nada distintos a los de Lucius. Harry vio unas fotografías. Las primeras eran las del resto de una tienda de campaña en el bosque, el bosque prohibido, otras las del inicio de una cueva con restos de hojas de libros por el suelo. Pero Harry se detuvo al ver las imágenes de seguridad de San Mungo. En medio de los pasillos estaba la figura inconfundible de Hermione Granger, su mejor amiga. HERMIONE tal y cómo la recordaba. Harry sintió que su corazón estaba por detenerse. El aire escapaba de sus pulmones. ¿Estaba temblando?
—Hermione. — arrastró las palabras hasta llegar a los ojos de Draco.
—No está muerta… — claramente no lo estaba, pero… no podía ser ella, nadie puede regresar de la muerte. Pero sin lugar a dudas era la misma Hermione que murió a los 18 años justo al final de la guerra.
—Vamos a ser un ejercicio de memoria… Potter… Porque esta vez sí tenemos que descubrir lo que pasó. — Draco estaba hablando en voz baja y escupiendo las palabras. Harry recordaba claramente el último instante que vio a Hermione con vida. Ella había huido de él diciéndole que tenía que ver a Draco… Claro que conocía de ese amorío enfermizo. Su gran error fue darle la noticia de la huida de Hermione a Ronald cuando él tenía la copa en sus manos. El Horrocruxes se apoderó de él en el momento más susceptible. Harry sacudió la cabeza, no quería recordar ese día. Las imágenes de los hechizos verdes chocando den varias direcciones, imágenes del bosque oscuro con los padres de Malfoy protegiéndolo. La imagen sin vida del cuerpo de Hermione sobre el piso, la repentina desaparición de su cadáver en un abrir y cerrar de ojos.
—No. — escupió él. — ella no puede ser… — volvió a aseverar con severidad.
—Claro que es ella. Yo hablé ese día con ella…— Draco Malfoy estaba loco, no podía ser cierto. ¿Por qué le diría algo así? Las fechas en la fotografía concordaban a un día antes de la gala en el ministerio. Malfoy se notaba totalmente convencido. — Yo estaba totalmente confundido por los medicamentos que…— Intentaba excusarse…
—Malfoy estabas drogado, si crees que no sé tus extraños pasatiempos estás equivocado. Lo sé todo. Drogado, ebrio… pudo haber sido una alucinación. ¿Ves que Zabini no siempre puede guardar todos los informes de San Mungo? Una alucinación es lo más probable… — Pero ciertamente la foto no lo era. El registro de la imagen se notaba libre de manipulaciones. — piensa lo que quieras… Lo que quiero saber es…— el rubio le puso otra imagen delante de él. Ahí se podía notar como James se acercaba a Hermione, en otra como los dos desaparecían juntos. —¿Qué hace tu puñetero hijo a su lado? —Harry parpadeó varias veces. —Tengo casos más serios que atender Malfoy… no puedo atender una alucinación— Harry se paró del lugar dejando 5 libras en la mesa. —Te vas Potter… y daré todo un especial en El Profeta cómo fue que tu querida comadreja mató a Hermione Granger, como pasaste su existencia desapercibida… me conoces sabes que es verdad. — Malfoy no estaba de broma. — Sabes que Weasley está a un paso de colgarse… él sabe muy en el fondo que le hizo algo… él lo sabe y yo podría darle los recuerdos que le faltan…— Harry lo miró detenidamente y se sentó. Ronald no soportaría la verdad. Para él … era él quien supuestamente había tenido una relación con Hermione… al menos así dejó sus recuerdos. Los celos podían trastornar a la persona más cuerda. Ciertamente nunca se pudo comprobar quien mató a Hermione Granger en el bosque prohibido, su cuerpo había desaparecido en segundos… Cabía toda posibilidad de la culpabilidad de Ronald.
—¿Quieres que le pregunte a mi hijo qué hacía con una chica que está muerta por más de 25 años? — preguntó en el tono más tranquilo que pudo. Era ridículo.
—Quiero saber dónde está. El fantasma de Gryffindor no ha querido hablar conmigo y créeme puedo hacer que hasta la misma muerte hable… pero — El jefe del escuadrón de aurores no estaba entendiendo. ¿Qué tenía que ver Sir Nicholas en todo esto?
— Nicholas estuvo al tanto de todo mientras estábamos en Hogwarts, hace unos días… cuando estaba en el castillo vi a Hermione por un instante conversando con él. ¡Era ella! ¡Yo sé que era ella! ¡La ví! ¡La escuché! ¡La olí! Donde quiera que esté, sé que la bola de ectoplasma lo sabe. — Sinceramente Harry no sabía por dónde comenzar, hasta que las neuronas en todo su cerebro empezaron a funcionar. — Un momento Malfoy…— dijo el héroe del mundo mágico mirando a ex enemigo a los ojos. —tu hijo…— terminó de decir.
—¿qué con él? —
—tú me dijiste que sabía que el cuerpo de Hermione estaba desaparecido, sabía que algo pasó con ella… desconfió de ti. ¿Cómo sacó esa información después de tanto tiempo? ¿justo ahora? — Todos los músculos en su cara se contrajeron. Quizás y Malfoy tuviera razón. Las noticias de Albus, Scorpius y la mujer sin identificar le retumbaban en la cabeza. Harry sabía que dar esa información a Malfoy era demasiado riesgosa. Prefirió no decir nada hasta que pudiera identificar a qué punto exactamente viajaron.
—¿Scorpius? No lo creo… no… sería imposible. — Draco tenía las ojeras aún más pronunciadas. —Potter, sólo trabaja con las certezas de las fotos. Pregúntale a tu hijo. Él es la pista más sólida que tenemos. —dijo por fin.
—Mira Malfoy, no creo que Hermione esté viva. No creo ni por un segundo en estas fotos. ¿Sabes por qué? — dijo el auror sin perder el tono duro en su voz. —Porque lo primero que hubiera hecho Hermione es ir por nosotros, sus amigos y familia. Ella no dudaría ni por un instante en mí. Ella comprendería todas las aristas de la guerra… Después de la muerte de Fred, los Weasley no podrían perder a otro hijo… ella lo comprendería. — Tanto Malfoy como él tenían todo el cuerpo crispado.
—¿estás realmente seguro de eso? ¿Granger realmente hubiera ido primero por ustedes? — ladeó una mueca. Negó con su dedo. —Lo primero que hizo fue buscarme a mí. — Su tono era quebrado y amargo al mismo tiempo. Pocas veces en su vida había sentido lástima por Malfoy, esa ocasión era una de ellas. No quiso creer en los sentimientos implicados por los dos; no quiso ver la desesperación en los ojos de Hermione cuando la noticia del ataque contra Draco los sorprendió; No quiso ver como sus nombres se juntaban en el pergamino de los merodeadores…. Pero ahora lo veía Draco Malfoy era un hombre roto. Malfoy no encubrió la verdad de la muerte de Hermione para proteger su familia e imagen, Draco Malfoy encubrió la muerte de Hermione porque necesitaba negarlo. Harry tragó su saliva, no dijo nada más y salió del lugar. El ministro tendría que esperar, primero debía ir a San Mungo a hablar con James.
Hola a todos,
Mis sinceras disculpas, subí el archivo sin revisarlo y me di con la sorpresa que había varias partes que estaban mal editadas por el programa. Muchas gracias a la persona que me aviso en los comentarios. Ya me había pasado antes con otros archivos, pero nunca de esa manera. He vuelto a subir el capítulo desde otra computadora. Será ocasión para volver a agradecerles todo el cariño y las muestras de apoyo. Saben que sus opiniones son muy importantes para mí.
Este capitulo ha tenido como eje en casi todas las escenas a Harry, al menos eso ha quedado claro. Sin duda mi escena favorita es el de Scorpius y Albus. ¿Y la de ustedes?
Muchas gracias nuevamente por todo,
Un abrazo hasta el fin del universo,
Nos leemos pronto,
Dlila.
(*)Aviso: Pronto cambiaré el raiting de la historia.
