Aaaaah. Estoy feliz. Soy apta. Estoy feliz. ¡Temblad actuales conductores! ¡Las vías ya son mías! (después de que apruebe el práctico… ) ¡Pero ya son mías! Casi.

Bueno sin más preámbulos aquí vamos con el nuevo capitulo.

¡Espero que os guste!

Desde su última visita al gremio, hacía ya tres días, habían pasado cinco desde aquel "suceso" en casa de Natsu.

Lucy se sentía extraña, en esos tres días había estado debatiéndose entre dos extraños sentimientos. Obviamente el culpable de ambos era aquel mago de pelo rosa que la tenía tan distraída. Lucy se había enclaustrado en casa aquellos días con la excusa de que los aprovecharía para escribir su historia, y eso no era del todo falso pero por Dios lo que había escrito no tenía ni pies ni cabeza, es decir era algo con sentido, claro, la cosa es que se había desviado bastante de la trama principal de su novela.

- ¿Desde cuando soy tan explicita? - decía para si misma mientras releía lo escrito hasta el momento.- El dragón volvió a por la princesa, no se rendiría tan fácilmente. Y ahí estaba colándose, en su atractiva forma humana, en la alcoba de la susodicha, la cual dormía profundamente en una enorme cama victoriana de mantas de seda. El aroma de aquella mujer se disipo por el ambiente invadiendo las fosas nasales de cierto "intruso" que acababa de hacer su aparición en escena, embriagandolo. Casi por inercia se acerco a paso ligero a la cama en donde descansaba su "presa"…- Lucy pasó más hacia delante su lectura. - Lentamente el dragón se despojó del delicado vestido que se interponía entre el y su princesa. "Lista para ser devorada" proclamó socarrón mientras mordía uno de los ya excitados pezones de la dama que descansaba entre su fuerte agarre. La muchacha a penas pudo contener un suspiro de excitación… Aquello estaba mal… muy mal… pero que bien se sentía. - ¡¿ Pero qué pasa conmigo, diablos?! - exclamó llevándose las manos a la cabeza para tirar de su larga cabellera rubia con impotencia. - Será mejor que pare por hoy o acabaré escribiendo cincuenta sombras de un dragón.

Nada más dejarse caer exhausta y exasperada en su mullida cama, Natsu invadió su mente otra vez. Esta vez recordaba aquellas últimas palabras… "No te acerques a mi" y se sentía estúpida. ¿En serio ella le había dicho eso a él? Normal que aún no volviese de donde fuera que hubiese ido. Ella en su lugar estaría muy enfadada. Es decir, violan tus labios ¿y encima te gritan que no te acerques?

¿pero qué diablos estaba pasando con ella? Suspiró. Agh. Maldita Mirajane y ese comentario suyo sobre los suspiros.

La verdad es que si no fuese por aquellos sueños tan… raros que había estado teniendo con su amigo de poderes de fuego, habría pensado que si, que realmente estaba enamorada de él, pero había investigado, y tras dos días de facetas de horror, incomprensión y finalmente aceptación, había llegado a la conclusión de que quizá Lucy, en plena época de pubertad estaba experimentando el flujo de lo llamado hormonas, y a ello atribuía aquellos sueños tan… raros, si, con Natsu. Ella estaba atraída a su compañero, pero no de forma romántica exactamente, según sus libros ella había tenido fantasías eróticas, algo que por cierto, muy normal a su edad, y tenía la necesidad de satisfacer sus "deseos carnales". Había encontrado libros muy completos, vaya.

Era raro, sentir tales cosas por su compañero… La verdad es que era atractivo, bastante atractivo. Su pelo, de su color favorito; rosa, podía imaginarse a si misma tirando de el con fuerza, como aquel día en su casa mientras él marcaba uno de sus pechos. Si, había dejado una especie de cardenal en su pecho derecho, lejos de molestarle aquello la había excitado… Aquella marca lila le recordaba la lengua de su amigo deslizándose por aquella zona tan prohibida sin absoluto pudor, como si fuese algo completamente normal entre ellos. Luego recordaba como sus labios habían depositado ligeros besos para acabar succionando, subiendo la potencia más y más para llevarla al cielo con un hambriento mordisco. Aquellos labios… parecían tan inocentes cuando sonreían, más aún cuando se le unían aquellos orbes de color jade.

Lucy ya había visto aquella combinación fuera de su lugar, cuando Natsu la miró con cierto deseo reflejado en su rostro el día que se habían besado. Pese a aquello ella no podía evitar querer más, quería ver más, en todo el significado del termino. Se estremecía solo de pensar que si con aquel "simple" beso su "amigo" había conseguido tenerla en aquellas condiciones durante cinco días, como sería recibir aquel "más" que tan secretamente ansiaba.

De pronto notó su zona intima húmeda. Muy húmeda. Ya no le sorprendía, con todo lo que había investigado sabía muy bien el por qué de aquello. Igualmente se ruborizo de pies a cabeza. Bajó tímidamente su mano para acariciar con el indice la superficie de sus bragas, haciendo un leve contacto con su zona intima. Un rubor más intenso aún tiñó su rostro cuando atravesó la fina tela blanca que separaba su dedo de su carne más sensible y soltó un ligero suspiro.

- Natsu…- no era la primera vez que la maga estelar iba a tocarse pensando en su "amigo" esta sería la tercera vez. - Natsu...- gimió de nuevo, con más fuerza, a la vez que intensificaba sus movimientos. Sus labios, sus ojos, su suave pelo, aquellos fuertes brazos, su siempre descubierto y bien formado pecho… aquella ya incontrolable curiosidad que sentía al querer saber como debía de ser en la cama. - ¡Natsu!- terminó la rubia gritando su nombre. ¿Cómo podía haber aguantado esos 18 años sin sentir todo aquello? ¿Cómo podría aguantar tan solo un día más sin sentir más? Pronto vino aquella sensación de sueño que la invadía siempre que acababa de "pensar en su amigo" y se relajó en su cama, cerrando los ojos, dispuesta a dejarse dormir ya, cuando un ruido desde su ventana la sobresaltó.

- ¿Qué quieres? - una cabellera rosa asomaba, subido en el marco de su ventana, en cuclillas, Natsu la miraba aparentemente molesto.

Le tardo un par de segundos uno o dos minutos quizá, honestamente que te pillen haciéndote "eso" y peor aún que la persona por la que te haces eso sea tu mejor amigo y te pille… No es algo fácil de asimilar. Impensable. Horrible. Una terrible pesadilla, vaya.

- ¡NOOOO!

Ahí estaba Lucy, escondida debajo de sus mantas, haciéndole la competencia al cabello de Erza. "Mavis, ven y llevame contigo ¿habrá sitio en esa cosa de hielo en la que estas para mi?" se replanteó seriamente la rubia. Bueno hacía un rato ya que estaba escondida y Natsu no había intentado hacerla salir, es más no había articulado palabra alguna, quizá con suerte se había ido, quizá con suerte no la había visto hacer…

- ¿Por qué decías mi nombre en ese t-tono L-ucy…?

Mierda. ¿Es qué era tonto de remate? A veces su mejor amigo era tan pero taaaaan lento que no creía que fuese cierto. La sangre le hervía de la rabia, Lucy se levantó hecha una furia.

- ¡¿Eres tonto o qué?! ¡¿A caso estas ciego?! ¡¿Viste bien en que posición me encontraba?! ¡Y aún así preguntas por que gemía tu nombre idiota!

- No. - parecía confuso.- No estoy ciego, vi que estabas haciendo algo debajo de tu falda. ¿G-gemías mi nombre? ¿eso es lo que hacías? Sonaba bien…-

Le gustaba el sonido de sus gemidos. Jo. Eso no era justo ella también quería saber como eran los suyos…

¡¿Pero qué… ?!

Lucy volvió en si. Volvió a parecer el pelo de Erza. Volvió al refugio seguro de entre sus mantas, y enterró la cara en su cama suplicando que la situación no se pusiese más vergonzosa.

Oh vaya si se va a poner vergonzosa. Estoy inspirada. La cosa es que aquí ya es tarde. Muy tarde. Y mis padres se empeñan en que duerma de vez en cuando así que culpenlos a ellos de que deje este capítulo en la mejor parte ;-;

Bueno dejadme vuestras review para saber si os ha gustado, como de costumbre soy repetitiva; Me hacéis muy feliz con vuestros comentarios,opiniones y etcetc.

¡Mañana subo el resto!