¡Aquí está! ¡Mis queridas y queridos! Ha llegado el capítulo 10, tal y como se prometió. La espera no se les hizo tan larga, ¿verdad? ;)
Realmente deseo que les haya gustado este capítulo y que las alborote tal y como lo veo en mi imaginación. Por cierto, tomaré este pequeño espacio para agradecerles a todas o todos los que se toman el tiempo de seguir mis ideas y contestar mis preguntas. También aprecio muchísimo el detalle con el que leen y analizan la historia, el leer sus reviews con todos sus comentarios es simplemente alentador.
Ahora, los dejo con lo importante. O/
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Capítulo 10 ¿Seremos?
Aunque fuera una persona horrible y mala, lo aceptaría. Había disfrutado esta semana sin su presencia. Nunca pensó que se sentiría así, pero es que realmente ya estaba sufriendo la pronta llegada del oh gran señor. Después de todas las catástrofes pasadas que ella había ocasionado, estaba segura que se había buscado un regaño más o probablemente peor…
"No estoy seguro de querer continuar contigo a mi lado, no estoy seguro de si quiero que sigas en esta empresa."
Al principio se había sentido triste por la indiferencia de Sesshomaru, después se convirtió en alegría pues no estaba segura de querer enfrentarlo aún, ahí fue cuando disfrutó su ausencia. Finalmente, hoy, el pánico la inundaba y el pavor la hacía temblar, porque sabía que pronto tendría su juicio ante él. Entendió que después de su confesión salió sin un rasguño, solo con una amenaza sobre ella, con palabras malas acompañadas de verdad pura que la hicieron llorar, con el enojo de Sesshomaru siendo tan simplemente expresado, sin acción alguna.
Y ahora entendía él porqué. Esta semana, aparte de ahogarse en trabajo para tener todo perfecto e impecable para su regreso, había hecho su tarea de leer el contrato. El cual en realidad era bastante normal y simple, hasta la cláusula que llamó su atención, comprendiendo la razón de que ella aun siguiera ahí, gozando descaradamente de todos los beneficios que Sesshomaru le había dado a cambio de… cuatro simples cosas que no pudo lograr.
"Mentirosa, cobarde, estúpida, que le gusta vivir con una venda en los ojos…"
¿Con qué cara podía decir que no era cierto? ¿Con qué resultados y acciones podía defenderse a ella misma? Lealtad, confianza, inocencia y la promesa de no tocar. Eran cosas tan simples, básicas y aun así le falló de una manera miserable. A sí misma y a él.
Miró por la ventana, hoy era un bello día. El sol brillaba en todo su esplendor, el verde de los arboles pintaba la escena bellamente y las flores habían brotado en hermosos colores, las lluvias habían cumplido con su bendición en este bello verano. Un día tan bello debía ser aprovechado, así que la gente revoloteaba por aquí y por allá, incluso en este café, se encontraba lleno de gente murmullando y esperando por una delicia helada que refrescara un poco el calor que venía con esta temporada.
Casi olvidaba que se encontraba aquí con estos dos pequeños latosos, queridos y apreciados amigos. Su esfuerzo en el trabajo había valido la pena y pudo tomarse este fin de semana libre, así que en vez de pasarlo sola y atemorizada en su bello pent-house, decidió llamarlos en busca de un buen consejo que le ayudara a calmar esos nervios que no desaparecían.
— Vamos, Kagome. Ya hablamos de esto. No vas a ser la pequeña secretaria patética que dice sí a todo lo que su jefe le ordena mientras agacha la cabeza como una pequeña sirvienta — Sango le propinó una reverenda palmada en la espalda que le sacó el aire –. Tú no eres así, tu eres fuerte, peleas y vives la batalla. Sin importar quién es tu contrincante y especialmente sin saber si ganarás. Sabemos que tu trabajo anterior tampoco fue fácil, al principio ella te odiaba y te trataba peor que un insecto. ¡Oh! Espera… no hay mucha diferencia entre eso y ahorita.
La carcajada sarcástica de su amiga resonó en sus tímpanos, aumentando la ola de miseria que había intentado alejar. Sabía bien a lo que su amiga se refería, después de la confesión la actitud de Sesshomaru era… horrible, la trataba como si fuera una simple secretaria. Había relegado a otros ciertos proyectos que había puesto en su cargo, le daba tareas inútiles, la mandaba por café con el tono despectivo que odiaba y aun cuando sus chispas se prendían con la intención de hacer un fuego por el mundo, la sola mirada que le recriminaba sus pecados era suficiente para hacerla arrastrar los pies sobre el azulejo gris a través de la habitación hacia la máquina de café personal del jefe. Regresar, colocarlo en su escritorio y preguntar si necesitaba algo más era simplemente desalentador.
Y ahí es cuando recordaba que incluso el Jefe tenía que sufrir el siquiera lidiar con ella, porque no tenía otra, porque no podía escapar de ella… ni ella de él. Su corazón se agitaba violentamente al pensar que Sesshomaru regresaría y tendría que cargar con ella, porque gracias al contrato mágico, los dos realmente estaban atados, pero claro, eso no lo decía en voz alta. Lo que menos quería escuchar era que podía quedarse en su trabajo, en su puesto, en su hogar porque no tenía de otra. Su mayor deseo era poder ser una ayuda esencial para Prelude, para Sesshomaru…. No una carga que debía arrastrar, como un grillete que con una enorme piedra que no te deja avanzar.
— Señorita Kag… — rápidamente le soltó una mirada asesina. Su humor no era el mejor del mundo y Gardian no ayudaba, detestaba cuando la trataba con su sentido de servidumbre. Era su amigo, no su lacayo. Ante su reproche, pudo escuchar como aclaraba su garganta y le sonreía —. Ejem…. Kagome, deberías escuchar lo que dice… eh, ¿Sango?
Ese gesto la hizo sonreír, como el pequeño gran demonio tímido que era, lanzó la pelota en esperanza de que Sango la cachara y se la mandara de regreso, pero para su mala suerte, su mejor amiga era una abusiva en estas cuestiones, hoy era la primera vez que convivían juntos después de la tragedia alcohólica. Lo miró pretendiendo estar ligeramente ofendida por haber sido llamada directamente por su nombre. Gardian pasó saliva y abrió la boca ligeramente, sin poder decir ni una palabra. Cuando sango quería podía fingir ser la persona más dramática del mundo. Le dio un pequeño codazo para que quitara esa cara exagerada que impedía el proceso mental de Gardian.
— Claro que sí, guapo. Sango está bien, los amigos de Kagome son mis amigos — después de soltar esa bandera verde en todo su esplendor, el foco de la conversación regreso a ella –. Ahora, mi dulce tontita. Amárrate bien los pantalones y habla con él, ha mostrado ser más razonable de lo que parece, no pierdes nada con intentarlo. Hablar y escuchar siempre es la solución… casi siempre. Ahora, Jefa temporal, tengo que irme a cumplir con el trabajo que me dejaste. Chao.
Se despidió de beso de ella, pero para Gardian, el adiós fue más efusivo. Lo tomó de los hombros y lo levantó de la silla con un movimiento para darle un gran abrazo de oso que duró un par de segundos. Acto seguido, tomó su cara con ambas manos y lo miró por otro muy largo momento. A este punto la gente empezaba a mirar la escena con curiosidad y ella, solo podía ruborizarse ante sus acciones. Estaba segura que todo esto había sido para…
— ¡Dios! Este hombre es… perfecto — sonrió su amiga, regresándole la mirada por fin. Se mordió los labios y puso los ojos en blanco obviamente saboreándose al hombre mentalmente. Entonces pudo leer sus labios –. Está buenísimo.
Gracias, Sango, por toda tu elegancia y porque, a pesar de que Gardian no vio esto, las personas que se sentaba detrás de ella muy probablemente sí lo hicieron. Y estaba segura que una que otra asintió ligeramente, concordando con las palabras no dichas de esta mujer. Negó suavemente mientras veía como su loca amiga corría por el pasillo y bajaba las escaleras alegremente.
— Sango realmente te quiere, ¿verdad? — preguntó Gardian mientras le daba un pequeño sorbo a su vaso, aceptando tranquilamente el abrazo inusual y la locura presentada. Más que una pregunta, para ella sonó como una declaración, porque así era. Así que, estúpidamente avergonzada, solo pudo asentir.
Debía admitir que por más conflicto emocional y físico que le causara el trabajo y Sesshomaru, era genial poder preocuparse por algo más que Inuyasha y Kikyo. Inuyasha mandó una pequeña excusa a su superior y prometió presentarse a trabajar mañana… al igual que ella. En esta semana se había concretado otro proyecto que por alguna razón lideraría Inuyasha y obviamente la modelo principal sería Kikyo, este aún no estaba completo en un 100 por ciento, pero se necesitaban hacer preparativos y mañana se haría la primera reunión oficial, por suerte, Sesshomaru estaría aquí para ello y ella no tendría que tomar su lugar. No tenía miedo de que doliera, ya no, pero era inevitable tener ciertos sentimientos residuales que estaba segura que afectarían su desempeño en el trabajo y eso era lo que menos quería hacer ahorita.
Miró a Gardian quién le sonrió grandemente quitándole por un segundo esos pensamientos estresantes, llenado su pecho con un sentimiento cálido y entendió cuan agradecida estaba de tenerlos. Sango con sus acciones locas y divertidas, Gardian con su amabilidad y ternura la tranquilizaron y la hicieron reír.
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Miró a esta mujer, la primera vez que la vio perdida en la villa fue mera curiosidad lo que lo detuvo de acercarse a echarla al momento. Por unos segundos, verla maravillada por algo tan simple como unos jardines y edificios bonitos le hizo pensar que la inocencia y el amor sincero por los pequeños detalles aún existía. Sonrió un momento antes de que la realización le pegara una gran bofetada. Había entrado y él apenas, al verla, había notado que estaba en donde no debía. Había ido más allá de su barrera sin siquiera pestañear dos veces o sentirse perdida. Lo más importante, su tristeza empezó a inundar todos sus sentidos al punto de querer llorar, conectó con ella en un nivel tan profundo que las lágrimas se acumularon y las tuvo que tragar antes de poder hablarle. La curiosidad le picó, queriendo saber quién era ella y porque podía generar ese efecto en él, para su suerte las cosas se desarrollaron de una manera que jamás se imaginó. Y realmente lo estaba disfrutando.
Soltó una pequeña risa ante las acciones de esta mujer. Habían ordenado un set de pastelillos, verla morder el cheesecake con tanta concentración, soltar un pequeño gemido mientras cerraba sus ojos, disfrutando por completo su sabor y sonreír de oreja a oreja mientras en sus labios se quedaba un pequeño bigote de chantillí, le hizo sonreír una vez más.
— Esto está buenísimo — Tanto quería compartir ese hecho que intentó hablar mientras cubría su boca con una mano, con el bocado a medio masticar –. Prueba ese, están deliciosos. Podría engordar feliz si comiera esto todos los días.
Llevó su mano a la bandeja plateada que contenía otros pedazos, uno de chocolate, otro de zarzamora, uno anaranjado con más chantillí y otro de té verde, entendía porque Sango trajo a Kagome a esta tienda, los pastelillos estaban delicada y adorablemente adornados con pequeñas perlas y diamantina comestible, convirtiéndolos en unas pequeñas obras de artes a los ojos de cualquiera que amara lo bonito. Observó los pastelillos con atención y finalmente se decidió por el chocolate, ignorando a propósito el de zarzamora que le señaló segundos atrás.
— Mejor tu comételo, sé que es tu favorito — la pequeña dejó de masticar y abrió los ojos como platos. Oh, no. Era un idiota, a veces se sentía tan cómodo con ella que olvidaba que no podía decir ciertas cosas, este gusto no era tan obvio como su color favorito, así que no era algo que él debiera saber.
— ¿Cómo lo supiste? — le había mordido a su pedazo justo cuando soltó la pregunta y muy torpemente solo la pudo mirar congelado antes de ahogarse con la pequeña risa que ella le provocó, pues esta pequeña levantó las manos por encima de su cabeza, como queriendo proteger algo. Le intrigaba qué concepción tenía acerca de cómo funcionaban sus habilidades –. ¿Acaso leíste mis pensamientos de nuevo?
Odiaba que tan casual podía ser en estas situaciones y no es que quisiera mentirle, pero esto tenía un propósito más grande. Ella era la única que había podido sacar a Sesshomaru de ese trance que lo tenía atado, odiando al mundo, detestándose a sí mismo, dejando pudrir los pocos sentimientos hacia la vida que tenía. Así que, no podía ser el caballeroso ser que sus padres le habían dicho que debía ser… ni el que él quería ser con ella.
— ¡Jajaja! Buen chiste. No quiero que me mires asesinamente otra vez. Eso y que no soy una persona sin educación, sé mantener mis habilidades para mí mismo y sé cómo pedir permiso cuando la situación lo requiere. Aparte, creo que todo mundo podría notar que te encanta la zarzamora por como miras el pastelito. No pensaba arriesgar mi mano al tomarlo, gracias.
Kagome empezó a reírse suavemente y él sonrió satisfecho, estaba seguro que le iba a dar mucha gracia el pequeño chiste y había logrado divertir la conversación a otro lugar, especialmente porque se acercaba a la realidad, quien tocara la comida de esta mujer perdería un miembro. Había sido testigo de ello. Lo bueno es que parecía que ella no sabía que él sabía, todo lo que en realidad había descubierto. Un gran peligro evitado. No podía dejar afuera sus intenciones, no aún. Después de la primera vez, cuando logró conectar sus sentimientos a él y después le pidió el favor para hablar con Sesshomaru, nunca pudo colarse en sus pensamientos de nuevo, por más que lo intentó con todas sus fuerzas. Es como si hubiera levantado una barrera impenetrable, que no se movía ni con su mayor esfuerzo, no podía escuchar ni un susurro. Y muy probablemente lo hizo, levantó ese escudo, aunque de manera inconsciente. El cual desapareció mágicamente cuando su consciencia estaba fuera de sí, el día en que llegó muy, muy borracha.
Y ahí fue cuando pudo entrar, en realidad fue succionado dentro de ese caos que no pudo descifrar completamente, solo pudo captar y traducir aquellos pensamientos que eran habituales, como las cosas que les gustan y las que no, sus pequeños rituales diarios, parte de sus deseos simples y los últimos recuerdos que resonaban una y otra vez en su flujo mental. Podía escucharla clamando que lamentaba ser una idiota que cedió por última vez ante Inuyasha, qué lo último que quería era que afectara su trabajo. No poder ser una asistente perfecta le dolería más que cualquier engaño. Y fue cuando entendió que el poder realizar sus actividades laborales significaba más para ella que cualquier otra cosa. Esto colocaba a Sesshomaru en una posición especial donde, a pesar de sus maltratos, su admiración a la manera en que cuidaba su empresa y a sus empleados, crecía día a día. Y sabía que eso podía ser utilizado para sus propósitos.
— ¿Quieres conversar acerca de tus pensamientos? — le preguntó suavemente, era claro que estaba distraída. Se quedaba en blanco cada vez que su mirada se asomaba por la ventana y un inevitable suspiro salía por sus labios. Sus ojos se posaron en él volviendo a la realidad con su voz, para después mostrarle un intento de sonrisa sin ánimo y un tanto triste.
— Sesshomaru solía decirme que era una patética por dejarme desanimar por algo tan estúpido como mi amor hacia Inuyasha. Y no me dolían sus palabras, al contrario, me hacían levantarme de mi pequeño charco de lágrimas y querer demostrarle que estaba equivocado. No era una débil ser humana a la que podía humillar solo por ser la novia… ex novia de su hermano — le dio otro sorbo a su vaso y volvió a mirar por la ventana. El día se había tornado un poco oscuro y llovería pronto, por alguna razón sentía que el tiempo concordaba con el corazón de Kagome —. Y se lo agradecí infinitamente, porque fue solo por eso que no me derrumbé igual o peor como la primera vez…
Hizo una pausa larga, ahora meneando suavemente el popote en el cristal y con la mirada baja. Mordía su labio inferior en un obvio intento de callar lo que quería decir. — ¿Y ahora? — le preguntó en un susurro, no quería que dejara de vocear, por fin, todo eso que la carcomía por dentro.
— Ahora, me siento patética de verdad. Sabía que este no sería un trabajo normal, por Dios, ¿cómo podría serlo si mi Jefe es su hermano? Desde el día uno esto nunca fue normal, pero no por eso hui. Estaba determinada a demostrar que era una profesional que jamás dejaría de nuevo mis obligaciones por mis debilidades emocionales. De todo lo bueno y malo en mi vida, mis habilidades en el trabajo fueron la única constante y eso me hacía sentir orgullosa. Fue por eso que me confié, tomé por sentando la amabilidad del Jefe y lo decepcioné. Y eso me valió convertirme en una simple humana a sus ojos, ser tratada como trata a los demás. Seres inútiles que no pueden alcanzar ni siquiera un cabello de su gran majestad.
Y más de acuerdo no podía estar con su definición de como Sesshomaru veía al resto del mundo. Aunque algo más le llamó la atención. — ¿Tanto te molesta que el Jefe ya no te trate especialmente? Ser una mera humana más en su vida no es agradable para ti, ¿eso es lo que dices?
Lo miró un poco sorprendida, el parafraseo logró desorientarla en medio de su ola de tristeza y auto recriminación, pero es que fue inusual. ¿Cuál sería la razón de querer ser especial para alguien como Sesshomaru? — Ser una mera secretaria es lo que me molesta — logró decir después de un par de segundos donde visiblemente su cerebro trabajo mucho para encontrar las palabras adecuadas. Estaba esperando por algún sentimiento en especial hacia el amo bonito, pero no estaba seguro de que en realidad desarrollara algo así por él, aun –. Me han contado como han pasado los cientos de secretarias, sobreviviendo a un día si no es que a un par de horas bajo su comando. Tratándolas como inútiles e ignorantes, no me puedes decir que eso es agradable.
— ¿Así es como te trata actualmente el Señor? — le lanzó una mirada irritada, claramente no pasando por alto su viejo llamado al Jefe, pero dejándolo ir sin regaño alguno.
— Ahora no me asigna trabajos complicados, cuando desde el primer día se atrevió a aventarme un bonche gigante de documentos diciendo "debes saberlo hacer". Me manda por café todo el tiempo como una pequeña mesera de restaurante familiar. Me ignora y pasa horas sin decirme una sola palabra en la oficina… Y toda esta semana no contestó mis mensajes, antes al menos mantenía la línea de trabajo, ahora solo se comunica por medio de Jaken — se llevó ambas manos a la cara, restregando su frustración en ellas —. Tengo miedo de que haya fallado por completo en mi trabajo. Es lo único que me queda, Gardian. No quiero perderlo también.
Por un segundo no pudo decir nada. Sintió un poco de lastima por ella, considerar que en esta vida solo tenía su trabajo era demasiado triste. Aunque la entendía, probablemente era lo único que le daba un propósito y un sentido de pasión a su vida, después del fiasco que Inuyasha le hizo favor de dejarle en su vida amorosa, su familia lejos y con solo un puñado de amigos aquí ¿cómo no tener esas ideas? Y aun peor, no era como si Sesshomaru pudiera ser el tipo de hombre que la tomaba en brazos y la consolaba, limpiando sus lágrimas y dándole un pequeño beso en su mejilla. Al menos no aun, porque si quería ganársela, muy seguramente a un punto tendría que hacerlo… todos terminaban haciendo cosas tontas y vergonzosas cuando querían enamorar a una mujer. Incluyéndolo.
Él pagó la cuenta, a pesar de la insistencia de la pequeña. "Mitad y mitad es lo justo", la escuchó repetir esa frase mil veces. Consideraba que era una mujer fuerte e independiente, a pesar de verla desanimada y con el corazón por el suelo segundos atrás. Y eso picaba su curiosidad, no podía imaginársela, al menos sobria, haciendo pucheros y actuando consentida. ¿Así fue su relación con Inuyasha? Fue frustrante no poder navegar por esas memorias en su momento, pero se había decidido a conseguir es información a como dé lugar, sería muy útil para Sesshomaru. Bajaron las escaleras y salieron de la tienda para empezar su camino hacia la villa. Decidieron caminar, pues ella no quiso tomar un taxi y decía que el camión estaría lleno a esta hora. Caminaron y caminaron, intentado hacerla reír para mejorar su humor. Hoy regresaría el señor, así que esperaba que los dos pudieran tener un reencuentro más decente de lo que se podía esperar. La última vez había empujado sus botones de una manera muy… ruda, sabía que había tenido un efecto en él, pero no tenía claro cuál exactamente. Si sería bueno o malo, pero con todo su corazón deseaba que fuera lo primero.
Estaban cerca de la entrada a la villa, no faltaba mucho para llegar. Para su suerte Kagome venía alegre ahora. Camina mientras jugueteaba con él. Aunque había empezado como una pequeña prueba de sus reflejos. La empujó suavemente con la cadera, haciéndola reír y ahí empezó la guerra. Ella le picó las costillas y el la jaloneó por la orilla de su suéter. Ambos estuvieron molestándose por todo el camino, aumentando el nivel con cada movimiento. Le regresó el ataque, le picó las costillas, él intento regresar el mismo gesto, pero la pequeña mujer había desaparecido, en un segundo la localizó, agachada con un complicado y flexible movimiento de kung fu, con su pierna extendida le puso el pie y le hizo perder el equilibrio. Giró su cuerpo rápidamente para atraparla antes de que hiciera algo más, pero la pequeña mujer ya estaba saltando en la otra dirección, evitando sus brazos y finalmente empujándolo hacia atrás. Trastabilló con algo y cayó de sentón, para su sorpresa, en una banca de madera quedando de frente a la entrada.
— ¡Gané! — le sonrió triunfal. Tomó asiento a su lado y miró el gran portón con una expresión en blanco —. Más como, me dejaste ganar.
— Créeme, no te dejé ganar. ¿Siempre has sido así de buena en este tipo de artes marciales? –intentó sonar casual, aunque en realidad buscaba una respuesta. — Debiste verte cuando me derribaste y especialmente cuando golpeaste al Jefe, fue épico.
— Siempre he sido buena con los deportes, pero esta última… vez… ¿Qué hice… qué? —Rápidamente le lanzó una mirada sorprendida, saliéndose de esos pensamientos depresivos con los que muy probablemente estaba batallando, y él simplemente le sonrió lo más casual que pudo. Esperaba estar tomando los pasos correctos para llegar al camino que quería, uno donde Kagome y Sesshomaru llegaran al mismo punto. Su pregunta salió en un hilo de voz, poniéndose pálida y bajando la mirada al piso, seguramente intentando recordar en su mente lo que él le acababa de decir —. Realmente hice algo peor que desnudarme y pedirle que me besara… realmente lo hice. ¿Qué… qué fue lo que…? ¿Exactamente qué fue lo que hice?
— ¿Quieres que te muestre? Solo tienes que dejarme pasar por un segundo — con su dedo índice señaló su propia sien, dándole a entender que tenía que entrar a sus pensamientos. Vio como asentía fervientemente, se sobresaltó cuando sintió como posaba su mano en su cuello, lo miró por un segundo antes de cerrar sus ojos, sus mejillas se tornaron rosas y apretó sus labios nerviosamente. Se acercó lentamente hasta que sus frentes se tocaron y el también cerró sus ojos en el instante en que fluyeron sus memorias hacia ella, concentrándose en tomar lo que pudiera en el camino y en elegir estratégicamente lo que quería que ella viera. Kagome posó sus manos en su pecho y apretó su camisa en dos puños, al sentir como el flujo se cerraba en unos segundos. No era una sensación dolorosa, pero tampoco placentera, era solamente extraña. Abrieron los ojos al mismo tiempo y se quedaron mirando uno al otro por largos segundos, hasta que la cara de Kagome se transformó en un foco rojo. Se llevó las manos a la cara con un gran estruendo y soltó un gritito. Mientras se hacía un pequeño ovillo en su lugar.
— ¡Te besé! Y te ataqué. Rompí tu uniforme y… te besé — exclamó con la vergüenza inundado su mundo. Estaba seguro que su primer pensamiento sería preocuparse por el ojo morado del señor, pero se sintió bien ser su primera reacción —. Dios, ver eso desde tu perspectiva fue horriblemente extraño y terrorífico.
— Son mis memorias obviamente. Y hey, no me quejo. He de admitir que lo disfruté por un segundo, después de pasarme el susto por tu tacleo, claro — dijo mientras ponía sus manos detrás de él en la banca y miraba al cielo. Estaba anocheciendo, la luna se estaba asomando a pesar del que el sol no acababa de esconderse, aunque muy probablemente no mostraría su brillo por completo, las nubes grises se acercaban con gran velocidad, pesadas y sumamente oscuras, en cualquier momento llovería. Ojalá así fuera, tal vez serviría para lavar y purificar esa pizca de culpa que él también sentía, pero no por la misma razón. Le agradaba tenerla a su lado, era una sensación cálida, refrescante y llenadora, pero también sabía que el destino no la había puesto en su camino para amarla, no. Ella estaba destinada al hombre que era su Jefe, lo tenía muy en claro. Nadie había logrado una respuesta así en esta piedra de mármol que era Sesshomaru. Así que debía controlar que su cariño por la pequeña humana no creciera más lejos de lo que debía —. Tal vez no me molestaría ir a beber contigo, siempre y cuando sea solo para cuidarte que no ataques a nadie más.
— ¡Gardian! — lo reprochó mientras lo miraba, el regresó su atención hacia ella y la vio ponerse aún más roja –. Perdón, Gardian. Soy un monstruo cada vez que tomo alcohol. Especialmente como llevaba muchos años sin tomar así, me cayó más de peso y perdí todo sentido de dignidad, probablemente tenga que ir a buscarla bajo la alfombra vomitada de Sesshomaru. Yo que ya estaba lo suficientemente apenada que limpiaste todo mi desastre mientras dormía y ahora esto.
— Tranquila, insisto. Dejando de lado todo eso, fue una situación disfrutable, lengua y todo–le sonrió pícaramente acompañando el gesto con un guiño y ella le hizo un puchero mitad vergüenza, mitad diversión –. Vamos, está anocheciendo y presiento que va a llover muy pronto.
— Gracias, Gardian. Y enserio, perdón por todos los problemas que te di — le dio la mano para ayudarla a levantarse. Y caminaron en silencio hasta llegar a la colina. Sintiendo como la humedad se estaba aproximando, junto con los sentimientos de culpa de este pequeño "unicornio" que se mostraban evidentemente en su expresión, probablemente ya había olvidado su ataque hacia él y sus pensamientos se estaban enfocando en el gran ojo morado de Sesshomaru, junto con su preocupación y consternación hacia su trabajo.
— En serio que no tengo problemas mientras tu no tengas problemas. Solo que si la situación se repite que sea cuando tu sangre no sea mitad alcohol, probablemente sería más disfrutable — ella le dio un pequeño golpe al hombro con su puño, comprendiendo y llegando al pacto de que solo ellos tendrían este secreto —. Probablemente el único que tuvo problemas fue el señor, a él solo le tocaron besos en las mejillas y un ojo morado. Yo digo que tenía envidia.
Una gran carcajada salió de la pelinegra, duró largos segundos hasta que se llevó las manos a la panza y pequeñas lagrimas empezaron a brotar. — ¡Ese fue el mejor chiste del día! ¡Me acordaré de él toda la semana! ¡Te lo juro! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Cómo pudiste…!
Verla sonreír le dio el valor suficiente para poder continuar con su propósito. El cual probablemente tendría el efecto contrario en ella, pero era necesario. Tenía que poner en marcha este pequeño tren que haría grandes cosas por los dos, que traería buenos resultados y los haría sonreír… o al menos eso deseaba. Miró hacia el pent-house, comprobando que el Señor ya se encontraba ahí, las luces de su lado se encontraban encendidas. Kagome siguió su mirada y su sonrisa desapareció lentamente, para dar paso a un suspiro, sus piernas se empezaron a arrastrar con pesar hacia el pequeño camino entre el bosque, pero él la detuvo de la mano. — Kagome, antes de que te vayas quiero decirte algo… probablemente no es mi lugar, ni mi derecho, pero quiero hacerlo porque creo que necesitas oírlo. Con respecto a cómo el Jefe te trata… tu misma lo has dicho él siempre ha sido así, desde un principio lo fue, la única diferencia al inicio y ahora, es como tu reaccionas a él. Levántate y pelea contra el Amo Bonito, en eso eres buena. ¿No?
— Lo haría si pudiera, ¿crees que quiero estar en esta situación? Pero al haber cometido estos errores siento que he perdido mi derecho… mi derecho de ser así… de causar problemas, de defender mi lado y hacer lo que mi corazón me dice. Es difícil hacerlo cuando en sus ojos solo veo el reflejo de mis pecados junto con su recriminación — le dijo suavemente mientras la primera gota caía en su mejilla, deslizándose por su piel como si una pequeña lagrima fuera. Se acercó y la limpio con su pulgar, aunque más y más gotas continuaron cayeron.
— ¿Y cuándo crees que vas a recuperar ese derecho? ¿Cuándo él te lo diga? ¿Cuándo él te lo permita? Nada de aquí depende de él, Kagome — su mirada bajó, viendo un poco más allá de su nariz y mordiendo su labio inferior. Tomó su mejilla con toda su mano y levantó su cara un poco para que lo mirara a los ojos —. Todo esto gira entorno a ti. Cuando decidas acabar con tu martirio auto proclamado es cuando las cosas dejaran de ser así. Cuando tu acto de víctima se termine es cuando las cosas empezarán a ser normales y como antes otra vez, porque creo que el Jefe nunca te ha dicho algo… literalmente. O, ¿sí?
Sus ojos se abrieron llenos de sorpresa ante la dureza de sus palabras, a pesar de que intentó mantener un tono de voz suave, deseando amortiguar sus palabras. Abrió la boca, sin poder pronunciar un solo sonido. Soltó su mejilla para juntar sus manos en la palma de ella, sintiendo la cicatriz de la pequeña e irónica fresa, la presionó ligeramente, haciéndola respingar y retraer su mano en un instinto. – ¿Sabes por qué esta marca duele? Este tipo de contratos están hechos para que ambas partes enfrenten sus obligaciones… las cuales usualmente son sus propios demonios, Kagome. Y creo que los dos sabemos bien porqué ha sido postergado tanto tiempo, conociéndote hubieras hecho todo un circo para pasar este obstáculo cuanto antes, pero hete aquí. Sufriendo en silencio con tal de no salir a la batalla, ¿qué es lo que hizo temblar tu determinación y valentía? ¿Qué fue lo que cambió dentro de ti?
Tomó la mano de ella y la colocó sobre su propio corazón. Sintiendo la leve vibración de sus latidos, a este punto la lluvia empezaba a caer cada vez más tupida. El sol se había escondido por completo, la noche era gris, pesada y llena de intranquilidad. Se sintió ligeramente mal por haber llevado arriba y abajo el ánimo y los sentimientos de esta mujer, un mal por un bien mayor. La jaló hacía él y la abrazó fuertemente, intentando darle un poco de energía que la ayudara a sobrellevar lo dicho o tal vez, cediendo un poco ante la tentación de tocarla. Lo que no contaba es que Sesshomaru saldría de las sombras, observando la escena a detalle y su único reflejo, al recordar su reclamo de la última vez, fue alejar a la pequeña mujer de sí con un gesto brusco y torpe. Algo salió mal al intentar controlar su fuerza, pues Kagome caminó hacia atrás sin poder mantener su equilibrio y cayó en una jardinera, donde un gran charco se había formado. Quedando ahogada en lodo de la cadera para arriba. Dio un paso hacia ella para ayudarla a enderezarse, pero su camino se vio cortado por su Jefe, quién simplemente camino elegantemente para levantarla como trapo con una sola mano.
— ¡Gardian! ¡¿Por qué me aventaste?! — exclamó a medio toser y escupir. Sesshomaru la colocó en el piso, sin cambiar de expresión. Kagome se llevó las manos a la cara, intentando recuperar su visión al quitarse el líquido negruzco que le escurría a chorros —. ¡Blah! A la próxima vez seré yo quién te empuje al barranco, Gardian. Tenlo por seguro. Demonios, no veo nada…
Fue inevitable dejar caer su mandíbula al momento en que Kagome tomó la mano de Sesshomaru como si nada. Peor aún, entrelazando sus dedos, él entendía que era para que ella se sintiera más segura, pero él sabía que Sesshomaru no podría con esa simple línea de pensamiento. En estos momentos era cuando deseaba ser más poderoso que él y saber qué es lo que pasaba por su cerebro. La pelinegra jaló suavemente a Sesshomaru. — Vamos, Gardian. ¿Puedes llevarme a mi casa? Quisiera cambiarme antes de que llegue el Jefe… si tienes suerte, tal vez tengas que ayudarme a quitarme esto.
Oh, no. No acababa de bromear con un toque de doble sentido, ¿verdad? Agitó su falda y soltó una risita traviesa. Kagome, no, por favor, no. No caves más hondo la tumba en la que Sesshomaru los iba a meter. Sacudió su cabello como un pequeño perro y se quejó una vez más mientras frotaba sus ojos, embarrando su rímel y delineador junto con el lodo. Digamos que las grandes gotas de agua que caían del cielo no eran de mucha ayuda. Dio un paso hacia adelante mientras intentaba abrir los ojos, pero los cerró nuevamente junto con un gruñido. Caminó nuevamente, pero pisó una piedra e iba a caerse nuevamente, salvo que Sesshomaru la tomó de la cintura y le ayudó a mantener el equilibrio. Iba a acercarse a tomar el lugar del Jefe cuando este le lanzó una mirada fuerte y fría haciéndolo quedarse en su lugar.
— Oh, no. Realmente no veo nada…
Fue el último quejido que pudo pronunciar Kagome antes de que el demonio inmovible que conocía la tomara en sus brazos, como princesa, ensuciándose ese hermoso traje sastre que no había visto antes y el cual, estaba seguro, era un producto nuevo adquirido en este viaje. Un pequeño quejido salió de la boca de ella antes de que Sesshomaru diera un salto, dejándolo ahí, solo y abandonado en medio de la lluvia. Sin haber pronunciado una sola palabra y… Kagome con el claro malentendido de que era él, Gardian, quien la llevaba en brazos. Oh, no.
Esto no pintaba nada bueno. Solo rogaba que esa pequeña mujer pudiera callar sus labios por cinco minutos, o que abriera los ojos para ver con quién estaba lidiando. Por favor, cualquier cosa sería buena a este punto.
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Casi golpeaba a este hombre por hacer lo mismo que su bendito Jefe solía hacerle. Llevarla por los aires sin antes advertírselo y tener que aferrarse por su vida por el subidón de adrenalina y la sensación de que el suelo estaba alejándose demasiado en un solo segundo. Caminó con ella, a lo que pudo deducir fue hacia el baño, escuchó la puerta abrirse y cerrarse, los pasos resonaron en la habitación con su típico eco. Sus ojos ardían por el lodo y veía horriblemente borroso, sentía que incluso tenía un tapón de lodo en la nariz que amenazaba con salir en cualquier momento o se iría directo a su garganta. Una de las dos y ninguna era bella. La sentó suavemente en la orilla de lo que pudo sentir, debía ser el jacuzzi, el azulejo se sintió totalmente frio en sus muslos y fue cuando deseó a ver usado esos pantalones de vestir que venían incluidos en su gran y renovado guardarropa. A mitad de semana se resignó a usar la ropa que Sesshomaru le dejó, con la intención de acostumbrarse y ganarse puntos de perdón. Admitía que, para el cuarto día, se había rendido ante la fineza de las ropas y su comodidad, aparte de que lucían extremadamente bien. Todos en la empresa la habían llenado de piropos y halagos ante su cambio de estilo. Lo que sí no usaría jamás, era la ropa no formal que había en ese closet, era simplemente… demasiado interesante para ella.
Escuchó como caminaba y abría el grifo, el agua corrió a través de la regadera, los pasos regresaron hacia ella con un ritmo tranquilo para después posar una mano en su brazo y ayudarla a levantarse con cuidado. La guio amablemente hasta colocarla abajo del chorro, el agua tibia cayó por su cara y alivió el frio de la lluvia. Talló sus ojos suavemente, hasta que sintió como su rímel hacia que sus pestañas se pegaran una con otra. Oh, no. Muy probablemente se debía de ver nefasta, su maquillaje se estaba corriendo. Aunque fuera poco el que solía usar, debía ser suficiente para hacerla ver como un mapache y bueno, con el lodo debía lucir espectacular.
— Gardian, ¿puedes pasarme una pequeña botella azul con letras blancas? No quiero verme como una bruja cuando llegue el Jefe — escuchó como empezaba sus pasos, después sintió como sujetaba su mano y posaba la pequeña botella. Intentó desenroscar la tapa, pero se resbalaba con el lodo y el agua, tirándolo torpemente y escuchándolo caer sobre el azulejo y el agua. Una pequeña maldición salió de sus labios, sin querer —. Demonios, no tengo tiempo de estar haciendo esto… te juro, Gardian. Me la debes y muy grandemente.
Dejó descansar su frente en el azulejo, enfriando sus pensamientos porque sentía que las palabras de Gardian ardían en su mente. — Ahora veo que tienes razón, Gardian. Él siempre fue él, a pesar de mis errores su actitud no cambió radicalmente, era yo quién se comportaba de tal manera que hacia todo esto más complicado de lo que en realidad es… — no obtuvo respuesta alguna y sintió como el aire se volvía pesado. Intentó cambiar el tema, bromeando suavemente. Usando su humor que tanto le hacía reír —. ¿El ratón te comió la lengua o estás disfrutando de la vista? Para tu mala suerte la oferta de ayudarme a quitarme esto ha expirado.
Escuchó un bufido que le hizo sonreír, parece ser que su chiste fue bien recibido. Pasó sus manos por su cara, lavando el resto del lodo. Y por fin, recuperando su visión, pestañeó varias veces intentando aliviar el ligero ardor que quedó, después se concentró en localizar la botella que perdió en su ineptitud y la encontró justo en la esquina. Iba a agacharse, pero perdió el equilibrio, aún estaba usando sus tacones en la regadera. Cerró sus ojos y soltó un gritito, en su instinto se sujetó a lo que tuvo enfrente de ella, un musculoso brazo y un amplio pecho, claramente mojado y ahora escurriendo, pero era diferente. No se sentía como lo que Gardian vestía. Si no mal recordaba, usaba una playera negra y un pequeño collar plateado, con mezclilla y tenis, lo tenía muy presente porque era la segunda vez que lo veía usando algo más que su uniforme y se veía extremadamente bien, aunque ahora entendía que su guapura era su estado natural. En cambio, palpó suavemente, sintiendo una corbata floja, camisa desabotonada y un saco. Abrió los ojos, pestañeando un parte de veces antes de no sufrir la dificultad de entender lo que veía, era ese demonio de cabellos plateados que la había hecho temblar estando lejos, era peor tenerlo tan cerca y especialmente luciendo así. El hecho de comprender que acababa de manosearse a su Jefe cerró su garganta y multiplico las ansias que sentía. Oh no, qué iba a pensar de ella, espera… le había dicho que si le ayudaba a quitarse la ropa también. Empezó a golpearse mentalmente antes de que su voz la sacara de sus pensamientos.
— Veo que en estos días has trabajado en la cláusula de la inocencia, ahora no temes tocar mi cuerpo de esta manera. Y decir que tiempo atrás solías ruborizarte con solo verme sin camisa — Se quedó sin palabras ante su reclamo y solo pudo quedarse como idiota, observándolo a detalle, tenía un aspecto demasiado atractivo, su cabello un poco desaliñado y peinado hacia atrás le daban un estilo menos formal y un poco más sensual, varias manchas de lodo escurrían de sus mejillas y cuello, sus ojos brillaban inusualmente con la luz que pasaba a través del agua y lucía inusualmente salvaje. Y fue cuando su corazón empezó a latir como loco, al instante recordó todos los momentos íntimos por los que habían pasado, sintió su cara prenderse en un segundo. Recordar que lucía como un mapache mugroso no mejoró su situación, estaba segura que ahora era un sol quemando por la atmosfera a cinco mil grados centígrados —. ¿O es que estás decepcionada que seré yo quien ayude a quitarte eso?
— No, yo no… Eh, perdone — Bajó la mirada, apretó los ojos y cejas en un ceño al intentar alejarse de él y no lograrlo, pero esta vez no iba a cometer el mismo error dos veces. Se quedó quieta en sus brazos, a pesar de no poder lograr calmar el aturdidor sonido de su corazón. Odiaba esto, este hombre lograba ponerla así de estúpidamente nerviosa, hacía que sus pensamientos se vieran opacados por su simple presencia. Había veces en que ella misma se preguntaba cómo es que podía lidiar y trabajar con él cuando era así.
— Interesante, hace mucho que no veía esa expresión. Es… aagradable, de una manera u otra — Abrió los ojos por la sorpresa y levantó la cara para mirarlo directamente, ¡esa frase salió de su boca! No lo podía creer, era la primera vez que le decía algo lindo de manera explícita, clara y entendible. Aunque estaba más confundida acerca de lo que era "agradable", ella sonrojada como un tomate y con el rímel corrido, llena de lodo, cabellos desmarañados, luciendo peor que un perro callejero nuevamente… no, ¿verdad? –. Viendo que por fin usas ropa decente, incluso en ese estado, bruja no sería el adjetivo adecuado. Un unicornio silvestre sería más correcto, uno que gusta de ensuciarse en el lodo. ¿Se volverá un hábito tuyo? Al parecer deberé llevar cuenta de cuantas veces he terminado en este estado por tu culpa.
¿Quién era este hombre y qué habían hecho con su Jefe? No sólo le había dicho algo lindo, le había dado un segundo cumplido en todo el tiempo que llevaba ahí, el primero lo recordaba como un tesoro, este segundo lo amaría por su vida, pues no solo le había dicho que lucía bien, lo había dicho a pesar de que las probabilidades de que fuera cierto eran… nulas. La pena derretiría su cerebro y se saldría por sus orejas. Solo pudo quedarse callada, las palabras no salían por más que sus labios se abrían en un intento de pronunciar algo. La dejó ir suavemente, asegurándose de que mantuviera su equilibrio antes de soltar su cintura, dejándola fuera del agua y saliendo él también. Se quitó su camisa y su saco sin advertencia alguna, ella simplemente miró a otro lado mientras terminaba, no quería que su cerebro se saliera por su nariz también ante la visión de todo el esplendor que el gran cuerpo de su Jefe siempre emanaba. De reojo lo vio tomar una toalla y se la colocó sobre el hombro.
— Termina de asearte y ven a mi habitación. Tenemos cosas pendientes que arreglar ¿no es así? — su voz sonó más profunda que usual, como si estuviera acompañada de un pequeño bajo gruñido. Eso, junto con el agua y el frío de la brisa enviaron una ronda de escalofríos a través de su cuerpo que la hicieron sacudirse en su lugar. Le regresó una mirada tan penetrante que detuvo sus pulmones, este hombre con su porte y altanería, aun en ese estado lucía como el magnánimo presidente y dueño que era. Se dio la media vuelta y salió cerrando la puerta detrás de él.
— Diosdiosdiosdios — repitió en un susurro soltando el aire contenido y dejando ir parte de su tensión. Qué bueno que no había dicho nada demasiado estúpido, porque pudo haber arruinado la situación grandemente con esa bocota suya, como siempre. Respiró profundamente y se lamentó el haber pensado tontamente en esta situación. Oh, Dios, nuevamente recitó en su mente, él fue quien la había rescatado de la alberca de lodo en donde cayó, él fue quién la cargó como princesa y la llevó amablemente por el baño hasta la regadera. No entendía como sucedió esto, ni en qué momento decidió tratarla bien, diferente a su usual carácter. ¿Tal vez él estaba dando el primer paso? No, no, este demonio no podía hacer algo como eso, tal vez… simplemente estaba de buen humor. ¡No! Aún más imposible. Lo único que le quedaba hacer era preguntar acerca de sus errores directamente, enfrentarse a su penitencia y pecado, esperando volver a empezar nuevamente hacerlo bien y mejor de lo que alguna vez lo hizo. Se deshizo de sus ropas rápidamente y regresó al chorro de agua, recogiendo el limpiador facial que había tirado anteriormente. Lo miró recordando el aspecto que traía, vertió una pequeña cantidad de producto en su mano y lavo su cara fervientemente. Regresó la mirada a la espuma residual que quedó en sus dedos y notó lo negra que era. No pensaba verse al espejo para comprobar su estado, lo peor del caso, es que muy probablemente, a pesar del tono, el gran amo bonito estaba jugando con ella. No había manera en que le dijera que se veía decentemente. Continuó lavando el resto de su cuerpo, mientras intentaba recolectar sus pensamientos de una manera ordenada, tenía unos momentos para poder tranquilizarse y centrarse en lo importante.
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Había aceptado su inusual interés ante de esta mujer, aunque no entendía del todo la razón. Su propia razón. Y es que desconocía el porqué. ¿Qué es lo que hacía a esta mujer diferente de las demás a sus ojos? Incluso, ¿qué es lo que la convierte en algo más especial que una mujer demonio? Antes suponía que debía analizar a esta humana a fondo, pero ahora no solo debía seguir haciendo eso, también debía pensar en sí mismo y en el significado de sus acciones… la mayoría realizadas inconscientemente.
Y ahora, las acciones que su mente y cuerpo realizaban no tan inconscientemente.
Había regresado a su pent-house hace un par de horas, llegó a acostarse en su cama y cayó en un sueño profundo. Uno que no había logrado tener en toda la semana, no que lo necesitara, pero sería refrescante después de todo esto. Durmió plácidamente hasta que escuchó una risa retumbar en sus oídos. Sus ojos se abrieron lentamente y mientras respiraba profundo, se sentó en la orilla de la cama. Había sido ella, su cuerpo se movió directo hacia el balcón, buscándola con la mirada y encontrándola, nefastamente, en compañía de Gardian. ¿Cuándo su humor hacia este demonio se vio tan degradado? Y su mente le contestó con una escena que no quería recordar, ignoró el pedazo de pensamiento y continuó observando el momento. Estaban de pie en la zona comunal, tomándose tu tiempo y charlando, demasiado bajo para poder oír desde esa distancia. Su paciencia no duró lo suficiente así que decidió bajar, muy mala idea.
Dio un salto, cayendo a varios metros lejos de ellos. Miró al cielo y observó como este monzón de verano caía estrepitosamente, el aire soplaba haciendo bailar a las gotas de agua y trayendo a él esa esencia de fresas que inundó sus sentidos, un extraño sentimiento corrió por su nuca y bajó a su pecho, aun no estaba acostumbrado a digerir la pequeña complacencia que le dio sentirla cerca de él. Levantó la mirada justo a tiempo para presenciar como Gardian colocaba su mano y la de ella sobre su pecho. Ambos mirándose intensamente a los ojos y al segundo, el gran hombre la tomó en sus brazos, apretándola fuertemente. El unicornio se quedó muy quieta, sus mejillas tornándose ligeramente rosas y sus ojos muy abiertos, el momento de sorpresa y confusión le duró poco, pues le regresó el gesto, rodeando sus brazos y deslizando sus manos por la espalda gigante de ese demonio. Sonrió justo un segundo antes de cerrar los ojos y posar su mejilla en el pecho de él.
Estiró su cuello a la derecha, escuchando como tronaba ligeramente. Cerró los ojos por un segundo y aun podía ver la pequeña escena dramática que erizó su molestia a niveles peligrosos, solo que esta vez no tenía que contenerse, ese mismo demonio le había incitado a extender su mano y tocarla, ¿cierto? Así que no iba a quedarse viendo como era él quién ponía sus manos sobre ella. La satisfacción que sintió fue sumamente grande al ver la sorpresa y el pánico de Gardian y ver cómo le entregaba el unicornio con el mejor gesto que pudo existir. El sentimiento no le duró mucho pues el escucharla hablar de que el hombre al que dejaron tirado en la lluvia iba a ayudarla a quitarle la ropa mientras sonreía de esquina a esquina le hizo querer tomar acción a su manera al tenerla en sus brazos, pero mantuvo su temperamento bajo control al ver que la reacción del unicornio fue diferente al estar en sus brazos que en los de Gardian. Se sentó en el sillón y dejó caer su cabeza sobre el respaldo de este. Por alguna razón sentía que parte de su orgullo se veía pisoteado al hacer esa estúpida comparación que aun más patéticamente le traía un poco de satisfacción.
Escuchó como la lluvia caía al igual que el agua en el baño. Probablemente se bañaría a velocidad luz para poder tener esa conversación que él le había ordenado. Era interesante verla ir de una simple humana a una asistente ideal. Probablemente por eso resonaba esa memoria en él, el pequeño unicornio rogando ser besado mientras llevaba sus labios a un inusual puchero. Las probabilidades de ver ese gesto en ella en la oficina eran cero, incluso aquí no sucedería al menos que no estuviera sobria, de nuevo. Eso generaba un querer saber acerca de sus diferentes lados y la relación que tuvo con el perro estúpido. Su lado serio era un total opuesto de su lado desastroso, conocía el lado dolido que conllevaba su amor, pero no sabía cómo era cuando el amor que ella sentía era correspondido, cuando la felicidad inundaba sus emociones y cuando le sonreía a quién amaba. Debía ser diferente de aquella vez que le sonrió, cuando le había dicho que había hecho un buen trabajo, también de aquellas pequeñas sonrisas burlonas, sarcásticas y retadoras que solía mostrarle. Y dudaba que realmente fuera así de directa como aquella vez que lo besó, se aclaró ligeramente la garganta. Recordar las sensaciones de aquella vez no fue tan placentero como quisiera por cuestiones de orgullo y poder. Era él quien debía hacer perder a esta mujer, ella debía hundirse, ahogarse en él para jamás respirar aire limpio de nuevo. Y así es como recordó la primera vez que la besó, cuando la sintió derretirse en sus brazos con tan solo ese beso. "Si el gran Sesshomaru conquista a cualquier mujer sin siquiera proponérselo, imagine si es su propósito y deseo", esas palabras llegaron a él nuevamente, aunque no le dieron la satisfacción que quería. Era verdad, usualmente las mujeres corrían hacia él, rogaban por él y, las débiles, lloraban por él. El simplemente aparecía y todas, incluso algunos "ellos", volaban hacían él como abejas peleando por miel.
Este fue y seguía siendo el mismo problema del principio, estaba seguro que su cuerpo podía ser conquistado fácilmente, pero entrar a su corazón y sacar a Inuyasha por completo tal vez sería el mayor reto. Inadvertidamente un suspiro salió pesadamente de sus labios, ¿eso es lo que quería? ¿Tomar el lugar de Inuyasha? Hace un tiempo se había prometido a sí mismo que no tomaría nada que el perro estúpido hubiera mordido antes y, aun así, se encontraba aquí, en su pent-house, esperando por aquella humana que volvió su vida un caos. Su orgullo y su ego estaban tomando varios golpes que dolían, pero no por eso desistiría, seguiría haciendo las cosas a su manera y lo lograría perfectamente como todo lo que él se proponía. Hoy haría su primera prueba, aparte de arreglar ese asunto pendiente que se cobraría muy bien. Aprovecharía la situación para descubrir lo que su interés le incitaba a querer saber.
— Esto, Jefe… ¿está dormido? — preguntó en un susurro con su suave voz, asomándose por la puerta y entrando de puntitas. Había llegado. Abrió los ojos y escuchó al demonio gruñir ruidosamente. Desde esa primera vez hubo algo que llamaba la atención en esa apariencia, su piel rosada, cabello suelto y mojado. Su ropa de dormir de siempre, un short, una playera suelta y floja. Un inocente pijama que quedaba con su personalidad, pero un estilo demasiado tentador, pues esa vista estaba jugando con su pequeño monstruo, invitándolo a querer tomar su pedazo. Tomó un respiro mental y lo calló por un segundo.
— Pasa y toma asiento — como un pequeño unicornio con la cola entre las patas, pasó arrastrando sus pequeños pies descalzos sobre la alfombra. Se sentó con gran pesar en el sillón a través de él. Levantó la mirada, pasó saliva y juntó ambas manos, apretándolas con fuerza.
— Antes de que comencemos con el punto importante de esta conversación, tráeme un café –empujó sus estribos de nuevo. Quería corroborar si por fin esta humana había regresado a su sentido común y dejado de comportarse como un ser patético y terrenal —. Esta vez lo quiero con media taza de crema y con dos cucharadas de azúcar.
Se tragó un gruñido de irritación y enojo. Llevaba empujando sus botones desde ese día, intentado sacar algo más que una respuesta dócil y obediente, incluso usaba los tonos y ordenes con los que siempre le reclamaba, "Soy su asistente persona, no una sirviente de hogar, así que le recomiendo que mejore su tono, si no, a la próxima vez tendrá que pedírselo a Jaken". Y para su decepción, la pelinegra simplemente se puso de pie y se dirigió a la cocina, sin decir una sola palabra. No le agradaba este lado apacible del unicornio, ¿quién iba a decir que por primera vez no le agradaba una mujer obediente? Miró por la ventana en lo que escuchaba como vertía agua de la cafetera y la cuchara repiqueteaba contra la cerámica de la taza. ¿Qué debía hacer para que esta humana despertara de ese estúpido trance?
La vio regresar con una pequeña bandeja con dos tazas y un par de vasitos de cristal, uno con… leche y otro con azúcar, finalmente un plato con galletas y una pequeña cuchara. Intentó controlar una mueca de satisfacción que amenazaba con salirse, procuró mantener su expresión estoica de siempre. Todavía no había nada asegurado. — Aquí está su café, Jefe.
Le sonrió burlonamente como solía hacerlo cuando estaba a punto de portarse como el unicornio salvaje que era. — Te dije que lo quería con leche y azúcar, no que me trajeras la leche y el azúcar aparte. ¿Acaso no me expliqué? — intentó sonar lo más severo posible. La vio temblar un poco mientras se sentaba en el sillón nuevamente, pero aun así lo miró firmemente e hizo un pequeño gesto despreocupado con los hombros.
— Creo que yo también le he pedido muy cordialmente que no me trate como mesera de restaurante familiar, cuando decida que un por favor y un gracias no sean mucho pedir, podré cumplir con sus órdenes tal y como usted lo pide — puso una sonrisita amable y falsa en su cara mientras ella tomaba su taza y la preparaba con toda tranquilidad. Él solo la miró con detenimiento mientras se recargaba por completo en el sillón y se llevaba una mano a la barbilla, sintiendo satisfacción ante esta pequeña y sutil rebeldía. Hasta sintió un poco de orgullo al verla imitar su mismo movimiento, no solo eso, cruzó una pierna sobre la otra con una expresión altanera mientras le daba un sorbo a su café –. Incluso un tono diferente sería suficiente para mí, creo que estoy siendo muy razonable y tal vez un poco conformista con usted.
— ¿Un tono diferente? — cuestionó mientras se acercaba a la mesa y se preparaba su café, sintiendo la mirada llena de satisfacción del pequeño unicornio ante su pequeña victoria –. ¿Cuál tono es el que te gustaría? ¿Uno lleno de afecto y sentimentalismo? ¿Uno amable y delicado? ¿Qué tono sería apropiado para ti… unicornio?
— El que sea menos ese. Suena a un "eres mi sirvienta, haz lo que te digo. YA". Soy su asistente y tengo mi orgullo en poder ayudarlo y a esta empresa, así que quisiera que… volviéramos a nuestra relación de antes. Antes de que lo decepcionara y que cayera de su gracia — dejó su taza en la mesita y jugueteó con sus manos nerviosamente antes de tomar un gran respiro y proseguir –. Me gustaría disculparme sinceramente por mi falta de determinación con respecto a Inuyasha y sobretodo, lamento muchísimo lo sucedido esta última vez. Sé que mi comportamiento fue inaceptable y nada profesional. Tuvo que lidiar con una parte de mí que deseo que jamás vuelva a ver.
Se puso de pie e hizo una reverencia de 90 grados, la cual mantuvo varios segundos. Esta humana y su formalidad con la vida. — Creo que por fin he recuperado a la asistente que contraté. Me estaba hartando de tu pequeño acto de secretaria humana sumisa y tonta que tenías desde tu propia decepción. La persona que tuvo problemas con tu pequeña escena con Inuyasha, más que nadie, fuiste tú — tomó un sorbo profundo a su café y por alguna razón, le supo mejor que algún otro que haya bebido antes. Saboreó otro sorbo más antes de continuar —. Tu falta de compromiso te dolió más a ti que a mí, Unicornio. Y lo sabes, así que espero que puedas concentrarte en lo que viene, pues tenemos muchos pendientes que hacer.
— ¿Por fin? — preguntó en un susurro mientras tomaba asiento y lo miraba sorprendida, con la boca ligeramente abierta —. ¿Usted no estaba enojado conmigo? Pensé que su trato se debía a que estaba enojado y molesto conmigo a tal punto que ya no me quería a su lado.
— Estaba furioso contigo por no saber cómo ponerte de pie por ti misma, porque te gusta sufrir en tu propia miseria. Al principio era entretenido verte actuar fuera de tu zona, dócil, amable, cordial –levantó el tono intentando sonar sarcástico al usar las mismas palabras que ella –. Después fue simplemente frustrante verte ahogarte en tus pensamientos oscuros y afectar tu trabajo una vez más. Eso fue lo que colmó mi paciencia, Unicornio. Sea la razón que fuera, era solo una excusa para sentirte patética contigo misma.
Estas palabras tuvieron el efecto que se imaginó, lo miró con comprensión y le dio una sonrisa apenada. De pronto llevó sus manos a la cara y vio como sus orejas se pintaron de un rojo intenso y soltaba un pequeño gritito ahogado. Esta era una nueva escena, la cual despertó su interés. Se puso de pie y caminó un par de pasos hasta sentarse en la mesita de café. Justo enfrente de ella, dándole un pequeño susto al bajar un poco sus manos y mirarlo a través de sus dedos índice y corazón. —Se puede saber ¿qué te sucede? ¿Acaso tus nervios de unicornio se alteraron por el café o qué?
— Eh, perdone. Solo estoy muy feliz de que no me odie y no me despida. Realmente me alegro de haber estado equivocada — bajó sus manos por completo, le mostró una sonrisa gigante y brillante, una sonrisa aún más grande que la que recordaba y algo dentro de él se movió. Sintió una especie de hormigueo en el pecho y una necesidad de poner su mano sobre esos labios que adornaban esa sonrisa –. Gardian tenía razón, era yo quién estaba sufriendo por mi propio gusto, no puedo creer que lo que me dijo fuera acertado.
Sintió como el estrés y sus músculos se tensaban en un segundo al escuchar ese nombre salir de esa boca. ¿Estaba feliz, así de feliz porque Gardian tenía razón? ¿Esa sonrisa era por él? De pronto tenía la necesidad de aliviar la tensión de alguna manera. Y decir que momentos antes había pensado que no necesitaría tomar estas acciones, pero ahora, era justo lo que necesitaba. El unicornio debía aprender la lección, su lección y se aseguraría de que así fuera. Le enseñaría que solo debía pensar en él cuando estuviera con él, no solo eso, probablemente no podría pensar en otra cosa después de esta noche. Incluso le perdonaría que esto fuera a afectar su trabajo en el futuro, porque el inundaría su sistema con lo que más le consternaba a esta humana.
— Ahora que hemos arreglado este problema, debemos discutir otro asunto más importante. ¿No crees? — le extendió la mano y ella le sonrió tímidamente mientras le daba la suya. Se puso de pie en un movimiento y con un ligero tirón también la levantó de su asiento. Quedaron a centímetros de distancia y ella, como un acto reflejo, empezó a colorearse de un color carmín.
— ¿Q-q-qué asunto? — preguntó nerviosa mientras miraba a otro lado y daba un paso hacia atrás. Muy probablemente su instinto de conservación le decía que debía huir por su vida. Intentó separar su mano, pero él no la dejó. La mantuvo quieta y cerca, debía estarlo para lo que planeaba hacer.
— Este. Un asunto que hemos dejado colgando por mucho tiempo. ¿No crees? — giró su mano, mostrándole la marca que era clara señal de la deuda que tenía hacia él. Y la cual pensaba cobrarse con intereses. Iba a ser una noche muy interesante, ni se diga de los días próximos, serían totalmente… divertidos. Deslizó su mano lejos de la suya y una risa nerviosa salió de ella.
— Yo… estoy dispuesta a hacer lo que el contrato diga — pronunció sin siquiera mirarlo a la cara. Ajá. Justo la respuesta que esperaba. Aunque básicamente sería "hacer lo que ÉL diga".
— Pienso usar tu castigo como parte del plan que por fin pusiste en marcha correctamente. Matamos dos pájaros de un tiro, ¿te parece? — asintió lentamente, con clara precaución. Probablemente su satisfacción empezaba a escabullirse por sus facciones, debía controlarse –. Es un plan que he formulado detalladamente y es especial para ti. ¿Estás lista?
La vio tragar saliva antes de mirarlo y asentir de nuevo.
–
Sabía que Sesshomaru era un playboy natural, alguien que tenía un poder de atracción, puro, crudo, nato y que lo exudaba como un tipo de testosterona, ahogando las mentes de todos fuera donde se parara y poniéndolos bajo su encanto. Ella siempre lo supo, desde que lo vio, especialmente cuando le robó ese beso con el afán de querer perturbar su relación, entonces ya rota, con Inuyasha. Y después, cuando la hizo callar varias veces con otro pequeño gesto de igual naturaleza. Se había pasado muchas noches intentado olvidar por completo lo que él provocó en ella, no cedería ante el instinto que le decía que su cuerpo encajaba perfectamente en los brazos de este hombre.
Ella no era toda inocencia, había dejado que Sesshomaru tuviera esa mala concepción de ella por su beneficio. Era simplemente que, a su ideal, se consideraba simplemente tímida, dejaba su vida sexual solo para ella y para su pareja, pero aun así tenía un muy claro entendimiento de ese tema, aunque fuera un poco lenta con los chistes de doble sentido que Sango siempre le contaba para molestarla. Era obvio que ya había tenido varias experiencias, incluso antes de Inuyasha, pero nunca quiso ir más allá de una placentera pero simple relación. Se estaba animando a aceptar los pequeños y eróticos consejos que Sango siempre le daba cuando estaba con Inuyasha, pues había llegado a la conclusión de que ella también debía poner de su parte y atraerlo, fue cuando consideró que su apariencia, incluso bajo su ropa era importante. También admitía que le había quedado el pequeño trauma por ese estúpido error, era absurdo, pero cambió gran parte de su ropa interior solo por ello. Patético, ¿no? Después, superado y digerido el disgusto, decidió seguir usándolo por comodidad y frescura. Agradeció profundamente haber continuado con ese cambio inusual en ella cuando se presentó el momento de hacerle creer que dormía con Sesshomaru, aunque también generó un conflicto en ella. Uno interno y peligroso que decidió ignorar, hasta ahora. Especialmente porque no quería admitir que su relación de trabajo era todo, menos de trabajo, pero nunca pensó que volvería a estos límites peligrosos, estando en la palma de su mano y lista para hacer de ella lo que él quisiera.
— Me impresiona tu nivel de memoria en ese estado, bueno es suficiente que al menos lo recuerdes — tenía una ligera mueca en sus labios, que sabía que era el orgullo y satisfacción escurriéndose a chorros de su boca todo por tenerla bajo su rienda de nuevo, podría a bofetear a su Jefe, pero intentaría calmarse justo ahora que acababan de hacer "las paces", si es que así se le podía llamar –. Justamente eso es lo que tendrás que hacer. Tenemos que arreglar ese pequeño error que me acabas de decir que cometiste. Un muy grave error que tiró todo a la basura y que alteró lo que tenía preparado para ti, lo cual era obviamente menos molesto e irritante para mí. Aunque será tu problema y a tu pequeña consciencia de unicornio tendrás que hacer un sacrifico mayor.
— Lo sé, es por eso que decidí contarle con detalle cómo fue que sucedió mi último error con Inuyasha y también sé que fue algo muy estúpido de mi parte, fue como darle esperanza de que volvería con él y que perdonaría lo que me hizo, así como así — claro que sabía que fue súper estúpido. Y se había arrepentido en el momento que las consecuencias la cachetearon en la cara con toda fuerza, pero no estaba segura que ameritara hacer lo que él planeaba… o eso quería decir. No era tan estúpida como para negar la lógica en las palabras de este hombre –. Entonces tengo que hacer realmente eso… ¿Así? ¿No puede ser algo menos… intenso?
— Te recuerdo que también tu castigo viene incluido en esto. Obviamente no tengo ninguna intención de ser amable o de perdonar tu falta, aunque pareciera que es recompensa. Es necesario que aprendas la lección y arregles esto por tu propia mano. Yo también estoy poniendo de mi parte, ¿entiendes? Mi reputación también está en juego con esto, solo para que el unicornio entienda que hacer y qué no hacer — su tono de madre regañona le hizo bajar la mirada al suelo. Argh, a veces odiaba como este hombre solo podía hablar razones que la dejaban sin queja alguna –. Aparte, deberías estar lista. ¿No crees? No tuviste ningún reparo en hacerlo anteriormente, no debe ser difícil demostrar el amor que tienes por tu novio actual. ¿O sí?
Oficialmente quería abofetearlo, el tono de soberbia y orgullo por ser solo él era abrumador, pero en otra manera tenía razón y no tenía razón. Este demonio, su Jefe, con quién estaba pretendiendo salir, cosa que solo Sango e Inuyasha sabían, le propuso un plan para hacerle notar a Inuyasha que la había perdido por completo y que su corazón ahora pertenecía a él. Tenía que hacerlo sufrir por la perdida y así provocarlo a hacer las cosas mal o renunciar por su propia cuenta. Claro que no sería difícil pretender gustar de un hombre y demonio como este, sería algo sencillo incluso para ella si tan solo no fuera su Jefe y tuviera que ejecutar su plan en la oficina de trabajo. Eso era su problema con este plan, su gran problema. Había logrado manejar esta situación inusual entre ellos porque habían tratado solo cosas del trabajo y movimientos simples del plan, pero esto…
— Si esto sale bien, Unicornio. Tendrás tu premio de buen comportamiento, aunque no estoy seguro que te lo merezcas — aspiró, hondo y profundo, intentando calmar esas ganas de ahorcarlo. Odiaba su confianza, su altanería, arrogancia y especialmente con esa sonrisa que bien conocía, junto con aquella mirada directa, dura y profunda. Eran la señal clara de que había vuelto. Hacía mucho que no lo veía, "El Rey Demonio" estaba aquí, jugando con ella. Lista para volverla loca y para hacerla sufrir –. Ahora, ¿quieres practicar un poco o planeas hacerlo directo?
Le extendió la mano, invitándola a acercarse nuevamente a él. Pidiéndole que fuera ella quien se metiera a la boca del león por su propia voluntad.
Oh-oh. Alguien que la salve de las garras de este demonio…
Si es que realmente quería ser salvada.
–
He vuelto a hacerlo, ¿cierto? Dejarlas justo en lo mero bueno. Ñaca ñaca. –Inserte sonrisa malvada aquí–, pero ahora saben que lo que tanto esperaban ¡será cierto y seguro para el próximo capítulo! Y les advierto que muy probablemente tenga que tener su abanico a la mano para calmar el calor de verano que viene después de la lluvia, mis queridas y queridos. ¡Ujú!
Ya saben que siempre me encantan sus reviews y que amo leerlos, releerlos por siempre. Ayudan a mi inspiración son bellos, hermosos y preciosos. Como pueden notar, este fue un capi, extra largo. Ojalá les guste. Así que les debo la respuesta a los reviews para el próximo capi, el cuál será publicado pronto porque, al igual que ustedes, me queman los dedos por publicarlo. :B
¡Muchas gracias!
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
Con amor, Zhikizzme.
