*Se asoma tímidamente *
-Am, solo vine a dejar esto por aquí. Lamento haber demorado tanto…
*su cara esta roja de vergüenza y culpa*
- ah, y… prometo actualizar más seguido. Agradecimientos y excusas al final.
*Sale con cara de perrito regañado*
10.- El Arte de la Guerra
"En la guerra, como en el amor,
para llegar al objetivo es necesario aproximarse."
Napoleón Bonaparte
10.1.- Cartas de Hisana
Carta # 1
Rukia… sé que debes estar sorprendida con esta carta y te preguntaras muchas cosas, sé que te debo muchas respuestas… pero por ahora esas respuestas deben esperar.
Tampoco voy a pedirte el perdón que sé que no me darás y que sé, no merezco. Lo que hice fue horrible, te abandone a tu suerte siendo tu una bebe indefensa y salí huyendo.
No te mentiré; no volví la vista atrás y no te busque, ni pensé en ti en muchos años.
"No sé qué castigo crees que merezco por lo que te hice, pero te aseguro que ya lo he pagado."
No tengo forma de convencerte de que estas cartas no son una mentira. Pero por favor te pido que prestes atención a ellas.
Sé que estas en la mansión Kuchiki: Byakuya te ha adoptado como su hermana, así como también sé que no pudo resistirse a ti.
Lo sé, porque conozco a Byakuya como a la palma de mi mano.
Sé que es un shinigami honorable que cumple lo que promete y también sé de su debilidad por lo prohibido.
Y tú, mi querida Rukia, te convertiste en lo prohibido para él al ingresar a la familia Kuchiki.
Rukia si estás leyendo esto han pasado dos cosas.
Una: morí y no pude encontrarte.
Y dos: la princesa Asami está en la mansión Kuchiki.
Antes de continuar debo advertirte dos cosas sobre la princesa Asami: ¡Nunca la subestimes! pero sobre todo… ¡NO LA SUBESTIMES!
Esa siempre ha sido su mayor ventaja, por eso sigue con vida a pesar de que el Rey espiritual se arriesgó al crear, hace cientos de años, un arma que puede matarla a ella y a él. Así de peligrosa es.
Pero eso no es un riesgo para ti, ella será tu mejor aliado en contra de tus verdaderos enemigos…
El guardia real dejo de leer la carta sin concluir su lectura. A estas alturas la expresión en el rostro de Rukia, tras los barrotes de su celda, era de absoluta incredulidad y asombro. Tan impactada estaba que no se sentía capaz de articular palabra o siquiera moverse.
Su mente se revolvía en un turbulento mar de confusión ¿Cómo procesar toda esa información que ahora le caía de golpe? Se sentía como si un balde de agua helada le hubiera caído en el rostro.
Solo pudo fijar los ojos en Genryusai que permanecía de pie junto al guardia real con un terco silencio, quizás para ver su reacción o para buscar apoyo de su comandante.
Pero la expresión que mostraba del líder del Gotei 13 le aterro aún más: Estaba tranquilo, como si ya hubiese leído el contenido de la carta muchas veces.
—¿Qué tuvo que ver Hisana con la princesa Asami?—empezó a decir con la voz entrecortada — ¡¿Qué tiene que ver el Rey Espíritu en todo esto?! Si ustedes mismos han dicho que no es hija del rey espiritu—finalizo elevando un poco el tono de su voz que aún era temblorosa.
Genryusai se mantuvo en silencio.
—Eran amigas— respondió el guardia real a la primera pregunta.
— ¡¿Amigas?! —Rukia se llevó las manos a la boca y se removió, consternada.
"¡¿La princesa Asami y Hisana eran amigas?!" pensó con horror.
—Las mejores amigas— reafirmo el hombre— ¿Cómo crees que Hisana fue a parar con los Kuchiki?
—¿Qué quiere decir? ¡No pretenderá que...!
Rukia arrugó el entrecejo, la confusión y la incredulidad la embargaban.
—Exactamente eso. Hisana era espía de Asami en la mansión Kuchiki— contesto Genryusai y Rukia casi se va de espaldas de no ser porque sus manos se aferraban con fuerza a los barrotes de la celda, eso era lo único que la mantenía en pie.
—No…No puede ser. ¡Esa mujer es un monstro! — exclamo ella con furia.
El guardia real no estaba seguro si Rukia se refería a Hisana o a la princesa, quizás era a ambas.
—Los monstruos no son tan terribles como uno podría creer al principio, a veces, si te das la oportunidad de conocerlos, pueden sorprenderte: pueden ser increíblemente puros y dulces, llenos de bondad y capaces de amar con toda su alma. Y a veces, si te lo permites, un monstruo puede llegar a convertirse en tu mejor amigo.
Rukia le dirigió una mirada de desconfianza al anciano, se dio cuenta en ese instante que fueran cuales fueran sus planes o intenciones, lo que lo motivaba era una veneración irracional hacia la princesa. Tenía la sensación de que ese hombre le decía algo importante y a la vez no le decía todo.
—Exijo que me diga ¿Qué es lo que está pasando? ¿Cuáles son sus verdaderas intenciones? que ha envenenado a Byakuya ¿por qué?
—Se te olvida que también soy responsable del ataqué al seireitei.
Rukia no cabía de la indignación, ese hombre era un descarado. ¿Acaso estaba burlándose de ella? ¿Cómo podía estar segura de que el guardia real, e incluso en mismo Genryusai no están bajo el efecto del control metal de la princesa?
—¡¿Cómo han podido ser capaces de algo tan atroz?! ¡Cientos. No, miles de shinigami han muerto¡ —rugió ella.
—El porqué es muy simple—continuo el guardia real— el virus y el envenenamiento de Byakuya fueron planeados con el mismo objetivo. La sangre de la princesa es la cura del virus, la salvación de Byakuya y de toda la sociedad de almas. Al consumir la esencia de la princesa, haremos a todos inmunes a su control mental y ahora tú también lo serás si bebes esto.
De entre sus ropas el guardia saco un frasco que contenía una rara sustancia viscosa, azul y que despedía una tenue y extraña luz purpura.
Rukia dio un gesto de asco al darse cuenta que era la sangre de la princesa y a la vez presentía que estaba a punto de caer en una terrible trampa.
—Es un precio aceptable, dadas las circunstancias —dijo finalmente Yamamoto con una frialdad de la que Rukia nunca le había creído capaz ¿Cómo podía hablar así de sus propios subalternos? Ellos, todos confiaban en él.
Su desesperación debía ser demasiado grande. Rukia tenía la sensación de que aún no veía la gravedad real del problema con respecto a la princesa.
—¿Todo esto…solo por ella…?—expreso Rukia con incredulidad.
—Hay veces que las únicas opciones que tienes son malas— sentenció Genryusai —Pero tenemos un plan, es nuestra última esperanza, solo necesitamos que mantengas distraída a la princesa.
Tomo de las manos del hombre el elixir divino, entendió de inmediato que las respuestas que buscaba solo serían respondidas al ingerir la esencia de la princesa y de paso se volvería inmune a su control mental, al que ya se había visto sometida antes con catastróficas consecuencias.
Pudo ver la mirada ansiosa de los dos ancianos, por lo que podía percibir su papel en ese enredado plan era de suma importancia.
Destapo el frasco decidida, pero Genryusai la detuvo.
—Pero antes he de advertirte: Si bien, tu hermana Hisana sosegó la ira de la princesa en el pasado, no fue sin pagar un alto precio para lograrlo. En esta misión debes estar dispuesta a lo que sea, sobre todo que la princesa no se dé cuenta de que ya no puede controlarte y evitar que descubra la verdad.
—Bien— dijo ella y bebió la sangre como si de agua se tratase y estuviera muriendo de sed. — ¿A qué verdad se refiere? cuestiono con severidad, si iba a participar en ese plan debía saberlo todo. No los dejaría ir hasta que lo supiera todo respecto a esa princesa.
—Asamí cree que su padre le ama, lo que no sabe es que fue el Rey espiritual quien ordenó su muerte. Si lo descubre perderá la razón, ella es muy inestable. Ni siquiera recuerda su vida anterior en la dimensión del rey. Para que ella nunca lo descubriera, tuvimos que inventar un enemigo a quien ella pudiera culpar de vivir huyendo sin poder volver a donde pertenecía, alguien a quien dirigir su odio: Ginrei Kuchiki, por eso busca destruir a Byakuya. El Rey espiritual la cree muerta y ella piensa que él la esta esperando con los brazos abiertos, si ella llegara a saberlo...—
La razón de todo, la terrible verdad que tan celosamente ocultaban... ahora que la escuchaba de labios del guardia real sonaba más terrible pero ¿Quien es ella? si no es hija del rey de la sociedad de almas...¿porqué él mismo la quería muerta?
—y usted ¿Qué busca en verdad? — le cuestiono Rukia con rigor.
—Yo solo quiero recuperar a mi niña— afirmo él y Rukia supo que no mentía.
10.2.- Aproximaciones
Byakuya soñaba, sabía que soñaba y sospechaba que no era un sueño corriente.
Una densa y espesa neblina circundaba por el suelo cubierto de nieve, la luz del día era pálida.
Al principio no pudo ver gran cosa y menos con aquella neblina embrujada arrastrándose por todas partes. Todo lo que supo fue que parecía no haber color.
Gradualmente sus ojos pudieron distinguir en donde se hallaba: en el pulcro jardín de su mansión, para ser más precisos, en la pequeña colina donde yacía muerto sobre la nieve el centenario cerezo que había sido testigo de su amor con Hisana.
Ella siempre lo esperaba allí, pues estaba justo frente a la entrada principal de la mansión Kuchiki. Ella podía verlo cuando llegaba y él a ella.
Cuando Hisana enfermo, el árbol empezó a agonizar y murió con ella, como si hubiesen estado conectados.
Tiempo después los ancianos del clan decidieron retirarlo, Byakuya intento impedirlo desafortunadamente ya lo habían derribado pero aun así él no dejo que se lo llevaran.
Fue la nieve la que lo convenció que nada de eso era real, se dio cuenta de inmediato que estaba en su mundo interno. Tan frío y gris como él mismo.
Pronto noto algo diferente a las otras veces que había estado allí. Faltaba algo: Senbonzakura, no se encontraba allí, como debería estarlo. Empezó a pasear los ojos por el lugar, buscándolo en el paisaje nevado y blanquecino.
—¿A quién buscas Byakuya-sama?—.
La suave voz que escucho tras de sí lo paralizo de golpe.
Era… Hisana.
Volteo despacio. Confirmo lo evidente. Ahí, parada frente a él, estaba Hisana.
—¡¿Hisana… eres tú?! — le preguntó, pese a que sabía que era un sueño, aun así le remordía la conciencia, con lo que había hecho no se sentía digno ni de soñar con ella.
—Si soy yo…— respondió ella, se veía tan hermosa como la recordaba.
—¡Hisana…Hisana…! ¡La encontré… la encontré… a tu hermanita¡ ¡a Rukia!— empezó a decir apresuradamente, lo mismo que le decía cada que soñaba con ella. Pero normalmente ella desaparecía antes de escucharlo, esta vez ella se quedó.
—Lo se… Byakuya-sama—
—Te prometo que la protegeré. Hisana, te lo juro por mi honor—.
—Ese es un juramento que ya has roto más de una vez. No deberías prometer cosas que no vas a cumplir Byakuya…—.
¿Byakuya?… ella le llamo solo "Byakuya" jamás se había dirigido a él así. Sus duras palabras le desconcertaron y entonces lo noto: Hisana no tenía la mirada risueña de siempre, se veía molesta como saturada de una ira contenida.
—¿Por qué me hablas así? — pregunto aturdido.
—¿Qué protegerás a Rukia? —. Empezó a decir ella con rabia— ¿Cazarla como a un vil criminal y no hacer nada para evitar su muerte es tu forma de protegerla? ¿o tal vez lo fue revolcarte con ella y después botarla como a cualquier ramera…?
—Hisana… yo lo lamento…— se disculpó él acercándose a ella con cuidado.
—Byakuya-sama… ya es muy tarde…—.
Y entonces ella se llevó las manos al vientre y el rostro se le desfiguro.
Cuando Byakuya bajo la mirada, el terror le invadió.
Y vio su mano empuñando a su zanpakuto, que atravesaba el vientre de Hisana.
Senbonzakura atravesó por completo su cuerpo y la sangre brotó a chorros.
—¡No, No! ¡Hisana No¡ ¡No por favor! ¡Por favor No! — suplico Byakuya posando sus manos en la herida para detener la hemorragia y al mismo tiempo recostándola en la nieve que pronto se tiño de rojo.
—Mentiroso…— decía Hisana desde el suelo nevado cubierto de sangre—no protegiste a Rukia—.
Y finalmente Hisana cerró los ojos…
Byakuya despertó despacio.
Y con dolor.
« ¿Aún no estoy muerto? ¿Dónde estoy? Debo estar herido », pensó. Era la única explicación que se le ocurría: notaba el cuerpo pesado y dolorido, sentía punzadas en la cabeza y su nariz estaba totalmente tapada.
Respiraba por la boca, que estaba tan reseca y pegajosa que la lengua se le pegaba al paladar.
Estaba en su dormitorio. Aún no empezaba el amanecer pero la luz era blanquecina.
Con un agudo dolor en la sien, recordó los últimos eventos ocurridos: el escándalo en la fiesta de compromiso, el ataque al seireitei y su envenenamiento.
Se incorporó de golpe sintiendo una descarga de adrenalina.
No estaba solo, la princesa se encontraba con él en la habitación.
«¿Qué hacía ella ahí?», pensó Byakuya.
Asami estaba hincada en un cojín dándole la espalda, en el lado extremo de la recamara, cerca de la puerta shoji que estaba abierta de par en par. Vestía un extraño kimono blanco, demasiado ligero y transparente para usar en la calle, más bien cómodo para dormir.
Sus largos y relucientes cabellos estaban sueltos y en esa posición casi tocaban el piso.
Frente a ella se encontraba una fina tela que colgaba extendida, sobre la que ella misma bordaba un grandioso tejido oscuro con hilos de laca y plata.
Era un kimono que podría estar colgado en un museo: Las figuras bordadas eran unos pájaros plateados volando en un cielo nocturno, con un misterioso paisaje de oscuros árboles y rocas elevándose desde el borde inferior.
—¿Pesadillas capitán? —le cuestiono ella con burla, sin voltear a mirarlo— ¿Sabe usted que sufre el síndrome del sueño inquieto? Es como dormir con un tornado. Pero ya que despertó, debería saber que estamos bajo sitio.
«¿Bajo sitio? ¿Qué significaba eso?», pensó
Asami espero a que él reaccionara o dijera algo, pero como siempre, Byakuya permaneció impasible, así que continúo.
—Te acusan del ataque al seireitei, de conspirar un golpe de estado contra la Sociedad de Almas y de propagar un virus que ya ha matado a cientos de miles de shinigami. Dicen que tú tienes la cura y han sitiado este lugar para obtenerla. Tranquilo, mientras dormías Renji organizo la defensa, puse una impenetrable barrera de energía que cubre los territorios de la mansión. Nadie entra ni sale— dijo la princesa con displicencia a la vez que continuaba con su labor de bordado.
Y de pronto, al verla, sus pensamientos se cristalizaron y lo vio todo claro.
Miro con dureza a Asami, y en aquel mismo instante lo supo con certeza: Esa princesa había causado todo.
En ese momento, viéndola bordar en ese delicado kimono con hilos de plata, supo que estaba atrapado en la telaraña que ella le había tejido.
«Tengo un problema», pensó. Pero todavía no estaba seguro de lo grave que era.
Byakuya dedicó unos segundos a intentar sosegar sus rápidos latidos y esperó con paciencia hasta notar que recuperaba su temple frio habitual. Era muy consciente de su condición en ese momento, debilitado por los efectos del veneno y aturdido por algún extraño medicamento, además de su apariencia descuidada, pues solo tenía puesto su hakama.
No sabía exactamente porqué, pero se sintió vulnerable de esta forma y detestó la vulnerabilidad que esa facha le provocaba.
Byakuya la observaba mientras ella se levantaba con suma delicadeza e iba por una bandeja con té y unos bocadillos. Se sentó junto a él en el futon.
—Lleva días dormido. Debe tener hambre. He pensado que podíamos tomar el té juntos.
Byakuya permaneció sentado sobre el futon, estudiándola detenidamente.
Asami le sirvió el té con el estilo refinado y la gracia de movimientos propios de una fina dama.
—¿Por qué me has hecho esto?— le preguntó Byakuya por fin mostrándose molesto.
Asami se quedó desconcertada, pero no dudo al responder.
— Así que es aquí donde se desvela el misterio… vine a este lugar decidida a destruirle, al igual que los Kuchiki me destruyeron a mí. Pero resulto ser una decepción monumental, realmente no dio ninguna batalla Capitan, esperaba más de Usted—dijo Asami tranquilamente y bebió de su té.
Byakuya inspiro hondo ante esta revelación, estaba acostumbrado a lidiar con enemigos que proferían amenazas que rara vez llegaban a más de eso, pero aquellas palabras sonaban muy distintas.
En ellas no había rastro de furia o alguna otra emoción y no eran solo una amenaza, eran un hecho.
Él recordó aquella primera vez cuando de niño encontró una habu en los jardines de la mansión. Asami tenía el aspecto de una frágil y aristócrata dama, pero aun así, la siguió mirando como a una serpiente venenosa y al igual que aquella vez supo que fue correcto matar a la habu para proteger a los habitantes de la mansión de una mordida fatal, supo que ahora lo correcto era acabar con Asami para proteger a toda la sociedad de almas.
—Tú… manipulaste a Rukia en la fiesta de compromiso. Ella no sería capaz de una escena como esa— le acusó Byakuya.
—No lo voy a negar— afirmo Asami— pero le estaba haciendo un favor, quería evitar a toda costa esa boda. Pero no funciono. Esa madrugada los ancianos de su clan organizaron una ceremonia apresurada.
Al escuchar que el matrimonio ya se había efectuado Byakuya se sintió decepcionado. Había perdido a Rukia para siempre.
—¿Por qué impedirla? — preguntó él fingiendo interés, mientras meditaba en la situación.
Byakuya, siendo ser de naturaleza fría y razonamientos calculadores, se dispuso a examinar a su enemigo: ¿Quién es? y ¿Porque le odia tanto? pero, a pesar de los múltiples hechos evidentes como su comportamiento, posibles mentiras, un solo detalle saltaba a la vista más que los otros. Ella siempre le llamaba Capitán, de la misma forma en que Ichigo Kurosaki insistia en llamarle Byakuya, Asami evitaba a toda costa llamarlo así. Imagino que, ahora ya casados, ella lo llamaría Señor esposo como debía serlo. Pero no, ella insistía en llamarle siempre Capitán, Byakuya se dio cuenta de que ella no lo veía como nada más que el Capitán del sexto escuadrón, al que el Clan Kuchiki siempre estuvo ligado desde su fundación.
—Como hija del rey espiritual, debo casarme con un miembro de la familia real o si no perderé mi título como princesa. Pero no importa que se haya hecho, aún está el recurso de la anulación.
—No eres la única frustrada con este matrimonio—espetó él mostrando un atisbo de furia para sorpresa de Asami.
No es que Byakuya de verdad estuviera molesto, solo estaba tanteando el terreno en el que estaba parado. Intentaba provocar a la princesa mostrando emociones, que si bien sentía de verdad, jamás mostraría ante nadie, a menos que fuera necesario hacerlo, como ahora. Pero no debía exagerar o ella se daría cuenta.
Como cita Sun Tzu "El arte de la guerra es el arte del engaño… si eres frío muéstrate colérico, ofrécele un señuelo a tu enemigo para hacerle caer en una trampa. Hacerle creer que estas desorganizado y que eres incapaz de atacar, cuando en realidad no lo estas. Confundirlo para que caiga en el caos y atacar al enemigo cuando esta desordenado."
—También manipulaste a Rukia esa noche en la biblioteca ¿no es así? — le acuso otra vez.
Byakuya siempre sospecho del reciente comportamiento de Rukia.
La había visto en toda clase de situaciones críticas pero ella siempre había sabido controlarse, incluso cuando lo de Kaien Shiba o en su ejecución. En parte por eso la admiró siempre, por su temple de hierro. Pero desde que apareció esa princesa, Rukia estaba fuera de control.
Él nunca espero que ella se le ofreciera de esa forma. Esa noche, esa no era Rukia. Además se le hizo muy sospechoso que la princesa también estuviera ahí esa noche. ¿A que estaba jugando?
— ¡Vaya! Por fin te das cuenta, ya decía yo que no podías ser tan inocente. ¡Qué alivio! Ya empezaba a creer que no serías un digno contrincante. Pero el eterno amor que le juraste a Rukia resulto no ser tan eterno después de todo. ¡Pobrecilla!. Ya que estamos siendo sinceros el uno con el otro, dime la verdad: No la amas ¿cierto? — preguntó la princesa muy interesada.
Rukia, siempre Rukia. Al parecer era el tema preferido de la princesa. Intentaba provocarle recordándole su más sucio crimen. Lo mencionaba siempre que podía, al principio creyó que solo lo hacía por molestar, sabiendo que Rukia era un tema delicado para él. Pero parecía como si a ella también le molestase lo sucedido con Rukia. Debía confirmarlo.
—Tienes razón—mintió Byakuya— Yo nunca sentí nada por ella, jamás pensé hacerla mi esposa. Solo jugué con ella.
Asami se levantó de golpe, como indignada por el comentario y le arrojo el té a la cara furiosa.
— ¡Cobarde, ¿Cómo te atreves a hablar así de la hermanita de Hisana?! — grito llena de ira.
« ¿Hermanita de Hisana? eso hasta sonó cariñoso », medito Byakuya. Sin duda alguna la princesa apreciaba a Rukia a su retorcida manera, ¿Por qué? ¿De dónde la conocía?
—Lo mejor para ella será morir. La matare para salvarla de ti, si es necesario—amenazo la princesa.
«¿Matarla? ¡Eso jamás!», pensó decidido Byakuya.
Aprovechando su repentina furia, sin darle aviso, ni advertencia y a la velocidad de un rayo, se precipito hacia ella con senbonzakura.
La tomo completamente por sorpresa, embistiéndola con tal fuerza que destrozo varios muros de la mansión y finalmente su zanpakuto logro atravesar el vientre de Asami, clavándola en una de las paredes de madera.
Byakuya sintió que ella no ofreció mucha resistencia, se dejó llevar como muñeca de trapo.
El aún sostenía su zanpakuto con ambas manos y vio correr la sangre azul de la princesa que hizo un gran charco en el piso madera.
Byakuya no actuó por irritación o furia debido a la provocación exasperante de la princesa, ni ningún otro tipo de emoción. Más bien reacciono, llevado por los instintos de un shinigami. La misma clase de instinto que experimento la primera vez que enfrento a un menos grande.
Vio como la temblorosa mano de la princesa se posaba sobre las suyas, quizás en un intento por retirar el sable de su cuerpo.
—¿Puede clavar eso más profundo Capitán Kuchiki? Aun no duele lo suficiente— dijo la princesa presionando más la zanpakuto hacía sí y mirando a Byakuya con una sonrisa burlona.
Byakuya retrocedió apresurado, sin ningún tipo de delicadeza al retirar su zanpakuto del vientre de Asami y cuando lo hizo más sangre azul brotó de su cuerpo, pero ella no se inmuto. Parecía no sentir dolor.
Pocas cosas pueden sorprender a Byakuya Kuchiki, él ya sospechaba que su ataque no surtiría efecto.
Lo que si lo sorprendió, fue cuando de la herida de la princesa broto un fuego misterioso de un extraño purpura intenso. Era como si surgiera de ella y restauro su herida sanándola completamente en segundos.
—Esto era de lino fino, ¿Sabe? muy mal capitán— comentó Asami cuando el fuego se hubo extinguido, refiriéndose a su ropa, parte de la cual se quemó sin remedio. —Tengo que admitir que ese ataque me tomo por sorpresa. Pero no se precipite, en un futuro cercano Usted y yo tendremos una batalla a muerte épica. Se lo prometo, pero aún no. He decidido postergar mi venganza, tenemos cosas más urgentes que atender ahora. Debemos pactar una tregua.
—No me interesa tu venganza, ni tu guerra—Exclamo Byakuya con despreció. —Solo no te acerques a Rukia. Si lo haces, te matare.
Asami por fin vio un fuego en los ojos de Byakuya, Rukia le importaba sin duda alguna. El corazón le latía con fuerza y excitación. Se alegró de que Byakuya por fin mostrara su fuerza ante ella. Sin duda alguna esa batalla a muerte sería muy emocionante. Y sonrió de oreja a oreja llena de alegría.
—Disculpe, solo estaba siendo cortes. Tal vez no le interese mi venganza, pero Usted le interesa mucho a ella. — dijo Asami extendiéndole un papel.
—¿Qué es esto? —
—La prueba de que el sexto escuadrón es responsable de todo. Este documento lo halle en tu oficina del sexto escuadrón. Confieso que soy responsable de cosas horribles; de manipular a Rukia y muchas otras cosas peores. Pero este plan fue idea de mi protector, el organizo todo: el orquesto que nos casáramos, no sé para qué. Diseño un virus letal y uso al sexto escuadrón para propagarlo e inculparle. Claro que yo sabía todo esto, pero solo me limitaba a escuchar sus planes. Fue el quien lo enveneno y eso me hizo dudar, porque él nunca dijo que lo haría, actuó a mis espaldas. Fui al sexto escuadrón a indagar y encontré esto. En ese documento se hallan las instrucciones del ataque, pensé que usted trabajaba con él y que me habían engañado juntos. Esperaba encontrar su firma en ese documento, pero esa no es su firma.
—Es la firma de mi abuelo Ginrei— confirmo Byakuya lleno de sorpresa, ante el descubrimiento de que aún muerto su abuelo es quien gobierna el sexto escuadrón ¿Cómo es posible?.
—Eso no es lo peor, el guardia real es quien gobierna ahora a los capitanes, tienen a Rukia y quieren intercambiarla por la cura del virus— declaro Asami.
Byakuya se estremeció al escuchar que Rukia estaba en peligro, la situación era más grave de lo que creyó.
—Los capitanes nunca le harían nada a Rukia, además no tenemos la cura—.
— Yo soy la cura, mi sangre puede curar los efectos del virus, al igual que lo salvo a usted del veneno que le dio el guardia real. Los capitanes quizás no atenten contra Rukia, sé que la aprecian pero no está segura mientras la tenga el guardia real. No puedes contar con los capitanes, muchos de ellos agonizan y te creen un traidor. Usted, capitán me intercambiara por Rukia.
—¿Por qué me ayudas?.
—¿Ayudarle? No me haga reír. Yo solo quiero saber que rayos está pasando y si lo salve fue porque quiero ser yo quien acabe contigo. Vamos, debe cambiarme por Rukia. —insistió Asami.
—De ninguna manera permitiré eso.
—¿Qué? ¿Por qué? Creí que quería salvar a Rukia.
—¿Qué harás después de que te lleven?
—No sé, lo pensare en el momento.
—Ese es un pésimo plan. No te dejare ir.
—Disculpe Capitán, no necesito su permiso. Solo espere a que despertara por cortesía. Además la barrera que puse no es un obstáculo para el guardia real. Aun no sé qué quiere o que lo motivo a traicionarme, si él me crío como su hija. Además un solo escuadrón no podrá contra los otros doce, sin contar que seguramente la mitad de sus hombres le traicionaran. Debemos actuar rápido.
—No seas ingenua, la única razón por la que no han atacado es porque él teme que tú huyas.
Byakuya quedo desconcertado ante las acciones precipitadas de la princesa, no entendía como había sido posible que se haya dejado engañar por alguien así. Sin duda alguna estaba inestable y eso no la deja pensar con claridad, seguramente por las acciones inesperadas de su protector. Tampoco le pasaba desapercibido que ella estaba preocupada por Rukia, aunque no podía entender el motivo. Se tranquilizó al saber que a Asami le importaba Rukia, al punto de sacrificarse por ella.
Pero no podía dejarla ir así como así. Era consciente del peligro que corría Rukia, pero ahora tener a la princesa como aliada era su única opción. Debía usar ese recurso con cautela si quería salvar a Rukia y salir bien librado de aquella situación. Si la entregaba estaba perdido. Además de que tenía muchas preguntas que hacerle, pues presentía que no le dijo todo lo que sabía.
—Tengo un plan. El guardia real no le hará daño a Rukia, si lo hace perderá su ventaja. Al igual que yo la perderé si te entregas—declaro él.
—¿Qué propone entonces? — le cuestiono ella.
—Trabajar juntos. Usar al enemigo para derrotar al enemigo—.
—Bien— acepto ella resignada— pero cuando termine esto y Rukia este a salvo… entonces le destruiré y Usted mismo deseara la muerte.
Él no dijo nada, solo cierra los ojos tomando su postura de indiferencia y da media vuelta para alejarse de ahí.
Byakuya, no se tomaba a juego esas amenzas. Esa "princesita", había logrado en menos de un mes destruir su reputación como lider del clan Kuchiki y Capitán, lo ridiculizo ante la sociedad noble, y ahora lo tenía acorralado en su mansión con una guerra civil a punto de estallarle en las narices y lo peor Rukia en peligro.
Era consiente de que su frágil alianza era como la fabula de la rana y el escorpión que se unen para cruzar juntos el arroyo. Haciendo una absurda promesa de no dañarse. Al final, el escorpión no pudo dominar sus instintos de no picar, la rana murió por el veneno y él ahogado. Así de fragil era esta alianza pero no tenía otra opción. Estaba entre la espada y la pared, entre el honor y la venganza.
"El amanecer llego al Seireitei, dos banderas blancas ondean ¿Qué será? ¿Tregua o manipulación?
Todos sabemos que la mansión Kuchiki no puede tener dos señores.
En esta guerra fría entre nobleza y realeza habrá luchas encarnecidas, alianzas inesperadas, intrigas y traiciones.
¿Quién sobrevivirá? ¿Y quién caerá?
Solo el tiempo lo dirá."
"¡Bonitas horas para llegar!" suele decir mi mamá cuando llego tarde a casa, no sé porque me los imagino así.
No quisiera aburrirlos con una interminable explicación del porque no había actualizado. Pero siento que se los debo: Salí de la universidad, tuve que mudarme a otro estado y la inspiración no estaba de mi parte, a pesar de que escribía y escribía, nada me hacía feliz. Finalmente decidí que ya debía dejar de darle tantas vueltas a la trama y que ya era justo actualizar.
Sé que quizás este no sea mi mejor capitulo, no quede muy satisfecha con la narración pero si con el solo hecho de lograr escribirlo. Perdón si encuentran mis usuales errores de ortografía o si sienten que la historia no avanza. Ahora que mi vida medio se estabilizo, espero poder actualizar más seguido. Pero mejor no hago promesas vanas.
Antes de irme… Byakuya me sale fatal, lo reconozco. Pero si no hacía algo, mi historia no podrá avanzar. Espero que el hecho de solo hacia una actuación, fuera una buena justificación para su comportamiento y perdón si no me di a entender. Esto es un Byaruki (bueno triángulo amoroso), Byakuya ama a Rukia y dijo esas cosas de ella solo para medir a la princesa.
Perdón de nuevo porque siento que cada día los confundo más.
Quiero agradecer a:
Hylla, mariam 23, tziokuchiki, Goliath, tavouchiha, Kuchiki Isabel, PAMILA DE CASTRO, Maria Solis, Bella Rukia, Daisasuke, FrancisThirteen y a Reila Schiffer.
Mil gracias por sus bellas palabras de ánimo y por esperar pacientemente.
