X. Escape

"Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos."

—Fiodor Dostoievski.

Eren abrochó el colgante alrededor del cuello de Mikasa antes de volver al tema. Aunque el tema no era al que Eren quería llegar. Sólo estaba discutiendo temas comunes para matar el tiempo, porque Eren todavía no encontraba cómo partir con su historia, por lo que usaba cualquier tema para mantener a Mikasa distraída.

Mikasa miró el colgante y preguntó a Eren qué pensaba de él. Era un regalo que Carla le había dado hace años, cuando todavía tenía doce, pero hasta hace poco lo había vuelto a encontrar.

—Se ve bien —comentó.

Se quedaron en silencio. Era la hora de contar la verdad. Sabía que podía confiar en Mikasa, era una de las pocas personas que no lo traicionaría por dinero y honor. No lo traicionaría por nada. Para no tener que alargar más la espera, fue directo al tema. Le contó lo más resumido posible su relación con Levi, aunque evitando detalles que no eran necesarios. Se detuvo para mirar su reacción, pero ella seguía como al comienzo, serena, sentada recta en la adornada y cómoda silla, con un sus manos tomadas sobre su regazo. Eren no estaba muy confiado de su reacción, no sabía si Mikasa estaba realmente indiferente al tema o estaba matándolo en su interior.

—Siendo tú, —habló— era predecible.

Detectó un poco de amargura en su voz, pero la esperaba. Mikasa nunca estaría al cien por ciento contenta con actitudes y acciones que pondrían en peligro a Eren, pero si ella podía, lo apoyaría para que nada malo sucediera.

Eren siguió hablando, contando los detalle sobre lo ocurrido con Ymir que Mikasa desconocía. Cuando llegó a su último encuentro con la mujer, Mikasa reaccionó. Su semblante se oscureció.

—¿Cuánto tiempo te queda? —Mikasa mostró preocupación en su voz.

—Cerca de trece horas.

Ella se levantó apresurada.

—¿Adónde vas?

—No hay forma de que aceptes. Levi también debe saberlo, así que creo que debe estar planeando algo. Yo también quiero saber, así que iré con él.

Eren también se levantó para acompañarla. Si iban a planear un contraataque, sería mejor que todo fuera sincronizado para una mejor efectividad.


Llegar a un acuerdo no fue tan fácil como esperaba. Eren quería cambiar aquel detalle, Mikasa no estaba de acuerdo con tal cosa, Levi se negaba a cambiar algunos detalles. Pero, al final, encontraron la manera de crear un plan en el que los tres confiaban.

Eren creía que al llegar el momento, nada saldría como estaba planeado, porque la verdad para todos era que nunca nada salía como estaba planeado. Con esto solo lograban no encontrarse con la guardia baja cuando Ymir llegara.

Ella debía aparecer en cualquier momento. Habían pasado veintiséis horas. Eren prefería que Ymir apareciera justo a las veinticuatro, porque no quería seguir esperando un minuto más. Temía de que ella pudiera tener un gran ataque, uno que llevaba dos horas de retraso. Odiaba sentirse amenazado por alguien como Ymir. Estaba por detrás de ella, pero no mucho. Si el pudiera dar la orden a todo los hombres que debían responder a sus ordenes, ella no tendría escapatoria, pero no podía involucrarlos porque Ymir fácilmente podía cambiar la lealtad de esas personas.

Golpeó la pared con sus nudillos. Mikasa miró hacia él pero no dijo nada. Ella estaba mirando al amplio terreno frente a ella, fijándose si Ymir venía o en alguien sospechoso. Eren también estaba al pendiente, pero en minutos se paseaba por la habitación. La oscuridad del exterior complicaba la visión. Las antorchas que ardían no servían de mucho.

Eren miró a Mikasa, todavía encontrando extraño que no llevara sus elegantes vestidos ni peinados que tomaban horas. Estaba vestida como un niño y su cabello estaba liso, un poco desordenado donde Eren había pasado su mano cuando la vio vestida de esa forma. "Si cortarás más tu cabello, serías totalmente un niño", le dijo en broma. Ella se encogió de hombros y respondió que se sentía más cómoda sin el peso de toda la tela y adornos que debía llevar.

Ella se apartó de donde estaba y, apurada, abandonó la habitación. Eren miró hacia donde Mikasa estaba viendo hace segundos. Entonces también lo vio.

Antes de que pasara más tiempo, Eren también dejó la habitación. Ignoró a todos los que pasaban por los pasillos y escaleras, no había tiempo para ellos. Estaba concentrado en llegar donde Historia lo antes posible.

Frente a la puerta había un guardia. Su rostro imperturbable, una presencia imponente, como la mayoría, pero en Eren no sirvió. Exigió la espada al hombre, quien primero pareció insultado por tal petición, pero como no podía desobedecer lo que Eren decía, a regañadientes tuvo que entregarla. El hombre preguntó para qué la necesitaba, pero Eren, con un gesto, le ordenó irse.

Cuando llegó a ella, la encontró acostada sobre la cama, con sus ojos cerrados. Pero ella no estaba durmiendo, porque reaccionó de inmediato cuando Eren cerró la puerta. Al contrario de lo que Eren pensaba, Historia no se mostraba asustada por tener a Eren con una espada junto a ella. La rubia miró el afilado objeto y luego a Eren.

—¿Qué ocurre? —su voz tranquila, aunque sus ojos no decían lo mismo.

Estaba muy confiado de que Ymir llegaría hasta la habitación de Historia. Era fácil hacer hablar a una persona cuando están cerca de la muerte, por lo que Eren iba a adelantarse y esperaría a que ella llegara. Existía la posibilidad de que Ymir no apareciera sola, pero primero iba a luchar antes de entregar todo fácil a Ymir.

Empezó a oír el caos que se formaba en el interior del castillo. Aquello era la llegada de Ymir, así que no pasaría mucho tiempo antes de encontrarse. Eren deseaba que apareciera, nunca antes había deseado tanto su presencia.

La mujer llegó pasado los quince minutos, para entonces Eren ya tenía a Historia entre él y la espada. Ymir se detuvo al ver la escena. Sus ojos inspeccionaron todo frente a ella, buscando una desventaja que Eren no percibiera. Pero tuvo que admitir que era ella quien estaba en desventaja. Sabía que no debía subestimar a Eren. No era un chico inútil fácil de manipular.

—Tengo que admitir que estoy sorprendida —habló Ymir—. ¿Qué harás? Si la asesinas, ¿qué ganas? Puedo fácilmente derribarte. No está Levi para detenerme.

—Con ella muerta no tienes nada más. Has atacado a una familia que no debías, es traición. Tendrás que huir toda tu vida, toda una reputación te seguirá. No soy yo el que pierde, Ymir. Muerto o vivo, yo no pierdo nada.

—Podemos ganar ambos, si quieres. Entrégala, yo daré la orden de que dejen el castillo. No más muertes, no más enemistad. ¿Te parece?

—Al demonio, Ymir. No —Eren espetó las palabras—. Deberías abandonar la idea de que te entregue Historia, no lo haré. Puedes quemar todo si quieres, pero no cambiaré. Tenemos toda una vida y terreno.

Ymir rió y asintió.

—Entiendo —su mirada fue a Historia—. ¿Recuerdas lo que te enseñé?

Eren sintió un golpe e Historia se escapó de su agarre en esos segundos que su atención disminuyó. Historia no fue hasta Ymir, arrancó por la puerta, lejos de ambos. Eren frunció sus labios, su ceño se frunció hacia Ymir.

—Ahora esto es únicamente entre tú y yo —ella sonrió.

Lo siguiente que Eren recordó fue el sonido de metal contra metal, las palabras que intercambiaban entre ellos, el momento en que su espada tocó el suelo y, lo siguiente que pasó, él en el suelo, con Ymir sobre él. Ella soltó la espada, pero no quedó sin cómo defenderme, con la otra mano sacó una daga. Un arma más útil para distancias cortas.

—Los hombres deberían dejar de pensar que la mujer es débil —Ymir comentó—. Has caído por mí.

Ymir hizo un corte sobre la mejilla de Eren, quien apretó sus dientes, porque no iba a darle el gusto de quejarse por el dolor. Una vez que ella volvió a tomar un poco de distancia de su rostro, Eren atacó. Chocó su frente contra la de ella, causando que Ymir se echara hacia un lado, confundida. Eren no se sentía muy bien después del golpe, pero era la única oportunidad que tenía. Buscó la espada que Ymir soltó. La tomó en su mano y fue hasta Ymir.

—No eres débil, Ymir. Pero piensas mucho, sólo debes actuar. Si la próxima vez quieres matarme, intenta hacerlo de inmediato, no disfrutes tanto del momento.

A Ymir no le importó su orgullo, era lo que menos necesitaba cuando una frío filo se paseaba por su carne. La sangre comenzó a manchar su ropa. Si hubiera llevado protección, sería distinto su destino, pero no podía volver atrás.

—¡Eren! —era la voz de Levi—. Déjala, tienes que irte.

—Deberías oír lo que tu felino dice —Ymir dijo—. Lo peor está por venir, Eren. Toma mi advertencia como un regalo.

—¿Qué harás? —Eren inquirió—. Gente como tú no debería existir, ¿lo sabes?

—Lo sé —afirmó—. Pero merezco una segunda oportunidad, ¿lo sabes? No te diré mas.

Eren sintió una mano sobre su hombro. Luego una voz.

—Debes irte. No puedes hacer más, por ahora.

Eren antes de dejar la habitación miró sobre el hombro a Ymir, entre ellos intercambiaron una mirada que sólo ellos podían entender. No creía que Levi aceptara lo que realmente había hecho.


El camino para llegar a donde Mikasa esperaba no fue fácil, pero tampoco tan complicado. Al llegar, Mikasa se fijó en la herida que Eren llevaba. Se ofreció a buscar algo con que curarlo, pero Eren rechazó la idea de que Mikasa volviera a entrar. Un simple corte en la mejilla no iba a matarlo.

—¿Estás seguro que puedes confiar en ellos? —Mikasa preguntó a Levi.

—Auruo me debe su vida y está encantado de tener a su alteza en su otra casa. Su esposa no hará nada, no es de esa clase de persona. De todos modos, Mike, —Levi se volteó hacia él— no le quites los ojos de encima. Mikasa, una vez que Mike deba volver, tú te quedaras con Eren.

Eren miró de Mike a Mikasa, luego a Levi.

—¿No vienes conmigo?

—No, me quedaré. Historia no puede andar muy lejos, al igual que Ymir.

—¿Ymir está viva? —preguntó Mikasa.

—Sí, Eren sólo la hirió. Me gustaría saber por qué, pero no ahora, no hay tiempo.

Eren no quería que Levi volviera. Sentía que algo iba a pasar con él si es que entraba. Sin embargo, no podía detenerlo y sólo podía confiar en que todo saldría bien, o lo más cercano a bien que podían obtener.