¡Hola una vez más! Siento no haber subido el capítulo la semana pasada, pero aquí vengo sin falta a dejarlo. Desde ya, mis más sinceros agradecimientos por leerme.
Un sueño… ¿Hecho realidad?
Aquella mañana me encontraba en el instituto y después de una larga charla con la directora acerca de las reglas de la institución, salí de la sala de profesores rumbo a la planta alta llevando el peso de algunos libros que el señor Farrés me pidió que dejara en un aula especial.
Abrí la puerta con la ayuda de una chica que pasaba por allí y al entrar observé una habitación con cómodos sofás, un escritorio antiguo y un montón de estantes muy parecidos a los que habitaban la biblioteca. Lucía muy amena, y el color de las paredes, los muebles y las alfombras, combinaban perfectamente regalándole un aspecto muy confortable.
Dejé los libros sobre el escritorio, y guardé la llave en el bolsillo de mis banqueros evitando así perderlas. Caminé por la habitación y aproveché la oportunidad para inspeccionar un poco. Los libros eran en su mayoría sobre historia y literatura, por lo que imaginaba que allí el señor Farrés se sentiría bastante a gusto. Leí los títulos de varios ejemplares en voz alta, y luego sonreí al encontrar un autor muy reconocido por sus fábulas: Esopo. Tomé el libro entre mis manos y millones de recuerdos sobre mi padre se hicieron presentes en mi memoria.
Él solía leerme una historia cada noche antes de dormir, así que busqué en el ejemplar la página que contenía la fabula que a papá más le gustaba: "el pastorcito mentiroso". Permanecí leyendo hasta que la puerta del aula se abrió. Me sobresalté y dirigí mi mirada hacia el autor de aquella acción encontrándome directamente con el radiante rubio que tanto me gustaba.
—Oh, hola, Kim, no esperaba encontrarte aquí—saludó cordialmente —, ¿cómo te fue con la directora?
—Mantuvo peinado su alto moño así que puedo decir que bien—contesté sin perder la calma.
—Me da mucho gusto—extrajo de los estantes un libro y se sentó cerca de mí—. ¿Qué hacías?
¿Cómo era posible que su simple presencia me pusiera de esa forma? ¿Cómo es que tenía que pensar tanto la respuesta que daría a cada cosa que preguntaba? ¿Por qué con él todo era tan meditado? Cada paso, cada palabra, cada mirada... Todo era auténtico, pero notaba esa sensación de nerviosismo consumiéndome a cada segundo. Era como si tuviera que acertar con la respuesta, o buscar la que más le agradara.
—Yo... Leía—respondí medio minuto después.
— ¿Esopo, eh? ¿Te gustan sus fabulas? Recuerdo que a Ámber le gustaba mucho "la gallina de los huevos de oro".
Era toda una odisea estar a su lado fingiendo que tenía el control de mí misma, cuando en realidad todo mi interior se moría porque él me notara, porque viera en mí a alguien lo suficientemente capaz para estar a su lado, pero sobre todo, me moría por abrazarlo, por sentir ese calor que desprendía su cuerpo y sentir sus labios danzando con avidez sobre los míos. Quería verlo sonreír, quería ser yo la que estuviera junto a él, y sin embargo estaba allí a la deriva, arriesgándome a un rechazo seguro porque él no era un hombre libre y no era de aquellos que aprovechaban la oportunidad cuando se encontraban a solas con una chica.
—Sí, papá me leía una cada noche, y creo que esa fabula es lo único que tengo en común con tu hermana.
—No creo que sea lo único, Ámber es un poco difícil pero dentro de todo es buena chica—comentó sonriendo.
—Si... Desde luego, tú la conoces mejor que nadie—repliqué haciendo un recorrido por su tan hermoso rostro. Ni siquiera me interesaba la conversación, y menos si era relacionada con Ámber, todo era mejor cuando lo tenía frente a mí y lograba apaciguar lo malo que sentía.
El libro se resbaló de mis manos y cuando me incliné a recogerlo me encontré el rostro del rubio tan cerca que olvidé mi nombre, la hora, el lugar, la gente y la cordura. Ambos nos sorprendimos, causando que nos separáramos apenas unos centímetros. Nuestras miradas estaban perdidas la una en la otra y pude notar un color carmesí en sus mejillas, aumentando el nivel de encanto en ese rostro perfecto. Su respiración tan serena sólo acrecentaba mi nerviosismo y el estupor que estaba viviendo. Permanecí inmóvil, deseando que terminara o que continuara, y fue allí cuando Nathaniel pareció dar el paso que necesitaba para saber lo que sucedería un segundo después; me aproximé a él dejándome guiar por lo que sentía y cuando nuestros labios casi se rozaban, me detuve un momento y cerré mis ojos, permitiéndome disfrutar de ese cálido aliento que tanto había deseado y que ahora tenía a mí disposición. Estábamos a centímetros de fundirnos en un beso, y cuando casi ese sueño se hacía realidad, todo desapareció, llevándose los sentimientos aún vívidos arremolinados en mi interior, dejándome simplemente con una sensación de notable desconcierto.
Desperté en el suelo con una de mis manos sobre el brazo que al caer me había golpeado. Me senté como pude y observé mi asiento en el suelo. Permanecí allí un momento sintiendo aún los nervios que el sueño había dejado en mí, y entonces la cruda realidad se hizo cada vez más palpable; estaba en el hospital, Castiel estaba herido, nada había sucedido y, por supuesto, Nathaniel no me había besado.
—¿Oye, estás bien?
La voz de Castiel resonó en la habitación sacándome de inmediato de la estupefacción en la que me encontraba inmersa. Miré hacia arriba y sus ojos plomizos me contemplaban con un aire de incredulidad y preocupación bastante tangibles.
—Estoy bien...—respondí francamente mientras me levantaba del suelo y dejaba la silla en su lugar —. Lamento haberte despertado.
Él pareció analizarme con la mirada antes de decir algo más.
— ¿No te hiciste daño, verdad?—cuestionó ladeando su rostro evitando hacer contacto visual.
—No, estoy bien, vuelve a dormir.
La alarma de mi teléfono celular acalló cualquier respuesta que el pelirrojo fuera a darme y me apresuró a prepararme para el encuentro con la directora. Tomé mi móvil, desactivé el molesto sonido y caminé hacia la salida de la habitación.
— ¿Y? ¿Ya te vas? ¿Así nada más?—inquirió el guitarrista deteniendo mi caminata.
—Iré al baño, me arreglaré un poco—giré para encararlo —, no puedo irme así.
—Y ese abrigo es de tu madre ¿verdad? Lo digo porque no tienes con qué rellenar la parte de enfrente y se te ve algo grande.
— ¡Pero qué fijación con mis pechos tienes, deja de mirar ahí, pervertido!
Él sonrió de medio lado y por alguna razón me pareció increíblemente adorable, a pesar de que en aquel gesto hubiera un toque de ese tan característico egocentrismo y de esa tan arraigada autoconfianza.
—No te desagrada del todo, tienes que aceptarlo.
—Eres incorregible, Castiel.
—Tomaré eso como un cumplido—su sonrisa aumentó en cuanto pronunció esas palabras y después de observarlo durante un momento su rostro se tornó serio —. ¿Y ahora qué miras?
—Estaba pensando en que... Tal vez tú tampoco llenes las expectativas, ya sabes... Ahí en medio de tus piernas.
— ¿¡Qué!? ¡Repite eso, chiquilla idiota y lo vas a lamentar!
— ¡Ohhh, mira qué susto, qué susto!—me fui sonriendo victoriosa y al cerrar la puerta tras de mí escuché los gritos de Castiel y el sonido de un objeto que golpeó la entrada.
— ¡Regresa aquí cobarde, no huyas así!—fue lo último que oí del pelirrojo y me dirigí hacia el baño mientras buscaba el número de Lysandro para ponerlo al tanto.
Cuando llegué al servicio, abrí lentamente el grifo del agua y dejé que mis manos tomaran un poco del cristalino líquido para luego mojar mi rostro con ella. Me veía seriamente cansada, las ojeras que surcaban mis ojos eran desastrosamente visibles y mi ropa no ayudaba mucho a mi aspecto. Examiné mis manos bajo el agua y noté como se tornaba carmesí, me sobresalté un momento pero luego las enjuagué bien para quitar el exceso de la sangre que las teñía. Era escalofriante recordar la herida de Castiel de esa forma.
El abrigo de mamá estaba bastante desgastado y era muy grande para mí, así que eso me hacía lucir desprolija. Pensé en ir a casa a recoger algo de ropa, pero al mirar el reloj me di cuenta que contaba con el tiempo justo para llegar a la escuela y no podía darme el lujo de hacerlo o la directora me haría lamentarlo.
Lavé mi cara, me peiné con los dedos lo mejor que pude y rogué por tener algún atuendo dentro de mi casillero para poder cambiarme después.
El teléfono sonó nuevamente y la voz de Lysandro emergió de pronto tan pasiva que no pude evitar lamentarme por inquietarlo con semejante noticia y a esa hora de la mañana.
—Hola, Lysandro... Lamento llamar a esta hora, pero tengo algo muy importante que decirte.
— ¿De qué se trata?—contestó tranquilamente.
—Anoche... Alanis estuvo en mi casa, tenía un arma en las manos y con ella pretendía hacerme daño...—me detuve un segundo para escuchar su reacción pero en la línea sólo reinaba el silencio.
— ¿Estás bien?—cuestionó un minuto después.
—Sí, yo estoy perfecta, pero... Castiel... Resultó herido, ella accionó el arma y la bala impactó en su muslo...—me resultaba muy difícil tener que dar esas primicias, pero sabía que si no le avisaba a Lysandro, Castiel se quedaría solo, y eso no era muy buena idea con tanto médico dándole órdenes alrededor.
—Dame la dirección de donde estás—su tono ahora era intranquilo y plagado de una genuina preocupación.
—Sí, pero Lys, por favor, no vayas a perderla—imploré dándole la dirección del lugar, el número de la habitación y varias indicaciones para que se ubicara más rápido.
—Iré ahora mismo, ¿pero él está bien?
—Sí, te sorprenderá escuchar que ha estado molestándome toda la noche, y tiene energía de sobra para seguirlo haciendo aún ahora.
—Bien, nos vemos allí—concluyó el albino.
—Debo ir a la escuela, hoy es mi reingreso, por favor ven pronto, no quiero que se quede solo, ya lo conoces.
—Descuida.
Escuché el tono del teléfono al colgar y salí del baño hacia la habitación del pelirrojo una vez más. Abrí la puerta y me quedé viendo la ventana; temía salir sola después de lo ocurrido.
— ¡Regresaste al fin, muy bien, ahora acércate para que te dé una lección y no te queden ganas de decir más tonterías!—exclamó el guitarrista aún molesto por el inocente comentario que había hecho.
—Castiel... —Me acerqué pero no demasiado mirándolo con la seriedad viva en mis pupilas. —Tengo que irme pero apenas pueda venir lo haré—comencé a explicar—Lysandro ya está en camino.
—No tienes que venir—se cruzó de brazos mirando hacía el costado—, pero sé que no puedes vivir sin mí, por lo que te facilitaré las cosas.
—Siempre tan piadoso...—ironicé divertida acercándome a su camilla —. Tengo que irme, pórtate bien, ¿podrás?
—No me hables como a un crío, no soy tu cachorro.
Reí con su comentario porque me encantaba ver su reacción cuando se enojaba, y un momento después deposité un beso sobre su frente.
— ¡Nos vemos!—me despedí en tono jovial y me encaminé al Sweet Amoris.
—...idiota...—musitó con un leve sonrojo tiñendo sus mejillas.
*~*~*~*~*~*~*~*
Al llegar al Instituto las miradas de inmediato se dirigieron a mí, me sentía como la atracción principal de un circo, o peor aún, como si proviniera de una nueva raza de alienígenas. Escuché cuchicheos que sólo acrecentaban mi temor por regresar, y que, al mismo tiempo, destruían y derrumbaban mi tan frágil confianza.
Arribé a la dirección y al golpear la puerta noté las inconfundibles risotadas de Ámber y sus acompañantes. Giré mi cabeza por pura inercia y las vi allí, señalándome por mi atuendo. Realmente era irritante.
—Pase—la voz de la directora dándome la indicación para ingresar me llenó de pánico, el mismo que se extendió por todo mi cuerpo a una velocidad vertiginosa.
Abrí la puerta, y me encontré de frente con la anciana de alto moño que, a juzgar por su expresión, no parecía muy contenta. Del otro lado, el profesor Farrés que lucía nervioso, me brindaba un silencioso saludo con la mirada.
—Tome asiento, señorita Evans—me indicó la mujer.
Hice lo que me decía y el discurso sobre lo terrible que había sido mi hazaña inició de inmediato y pareció prolongarse por varias horas.
—Así pues... El docente aquí presente, será el encargado de poner sus trabajos suplementarios, y de seguir su proceso en el Sweet Amoris muy de cerca. La estaremos vigilando, señorita, y sinceramente esperamos su mejor respuesta, ya que el ingresar de nuevo a la institución después de semejante epopeya, nos obliga a mantener un riguroso control en usted. ¿Queda claro?
—Por supuesto, y muchas gracias por la oportunidad, de verdad se lo agradezco mucho y les prometo que daré lo mejor de mí para no defraudarlos.
—Eso espero, señorita Evans, eso espero—expresó la directora con firmeza —. Puede retirarse ahora.
Asentí en señal de un 'gracias' y salí del aula directo a mi casillero, deseaba cambiarme lo más pronto posible, darme una ducha e intentar disfrutar la estancia en la escuela.
~mientras tanto en el hospital...
Logré llegar en poco tiempo a la dirección que Kim me había dado, caminé a la recepción y pregunté por Castiel, me indicaron el número de la habitación en la que se encontraba, y tuve que repetirla constantemente en mi memoria para no olvidarlo.
Subí por las escaleras a paso rápido y al llegar, abrí la puerta del cuarto encontrándome de frente con el rostro molesto de Castiel. No se veía nada a gusto y estaba seguro de que no tardaría en pedirme que regresáramos a casa.
—Llegaste al fin—pareció sentirse más a gusto.
— ¿Cómo te sientes?—pregunté observando su pierna y desprendiendo los botones de mi blazer para ponerme más cómodo.
—Molesto, no quiero quedarme un día más en este lugar—gruñó fastidiado.
—Entiendo, pero creo que habrá que ser sensatos por esta vez y permanecer aquí hasta que mejore tu pierna, o al menos hasta que los médicos indiquen que está lo suficientemente bien como para cuidarla en casa.
—No pasó nada, no tocó ninguna parte importante, sólo está inflamada y duele pero algo deben estar haciendo para que no sea muy notorio. Si se trata sólo de mantener limpia la herida y tomar algún desinflamatorio, no hay razón para quedarme aquí.
—Tuviste mucha suerte entonces, pero no acabo de comprender como esa chica pudo hacer algo tan desmedido—comenté con incredulidad.
— ¡Es una maniática! Creí que se trataba de un juguete para asustar a Kim pero cuando la sujeté accionó el arma... Después de eso la vi huir, y no sé nada de esa chica desde entonces, espero que no regrese más.
—Me preocupa que la tengamos tan cerca siendo tan peligrosa...—pensé en voz alta ganándome de inmediato una mirada colmada de interés por parte de mi interlocutor.
—Kim es quien más corre peligro, estoy seguro que el accidente que tuvo no fue casualidad, Alanis está detrás de todo esto—se atrevió a conjeturar.
—Esa es una acusación muy grave, Castiel.
—La primera noche que sentí que alguien nos seguía, besé a Kim porque si mis ojos no me engañan me pareció ver a una chica... Después de eso a Kim empezaron a sucederle cosas, ¿de verdad crees que es casualidad?
—Me habías comentado ya, sin embargo, sigo creyendo conveniente que llamen a la policía, sobre todo Kim que es a quien le suceden estas cosas.
—Para esa chica es una hazaña ir al baño sola, mucho más hablar con la policía. Seguramente no ha notado que la siguen.
—No te veía tan afectado por alguien desde que tu ex novia rompió contigo—lo observé con atención.
—Ilusiones tuyas—respondió tajantemente.
—Bueno, tal vez sea mi impresión y crea que te gusta Kim... Pero, la manera en la que la haces enojar, la cuidas y te preocupas no me hace pensar esto en vano.
—Mejor cállate y ayúdame a salir de aquí. Demonio está solo en casa y seguramente no ha comido.
—Hablaré con el médico, si es que estás seguro de querer irte— me ofrecí a ayudarlo ya que lo conocía. Si no se iba pronto terminaría aburriendo a los internistas y le darían el alta en no muy buenos términos.
—Estoy seguro—afirmó con ímpetu y al verlo de ese modo, me levanté y me dirigí a ver al especialista.
~*~*~*~*~*~*~*~*
Salí de las duchas de los camerinos mucho más relajada y cómoda, era maravillosa la sensación de sentirme limpia otra vez. Envolví mi cuerpo en una toalla y salí para buscar mi ropa. Como no habían chicos en el gimnasio tan temprano aproveché para secarme el cabello y peinarme frente al espejo. Estuve realizando esa acción por los siguientes cinco minutos y cuando culminé, el cepillo se resbaló de mis manos cayendo cerca de una de las duchas. Me encaminé hasta allí y me incliné para levantarlo. Al girar e intentar volver a los lavabos me encontré en la entrada con un chico que me miraba entre atónito y avergonzado.
—O-Oye, ¿¡qué haces aquí!?—pregunté escondiéndome tras la puerta de uno de los cubículos, contemplándolo con exasperación.
Sentí sus ojos examinarme de pies a cabeza en un movimiento rápido antes de esconderme y su sonrojo aumentó considerablemente cuando me dirigí a él.
—Lo- Lo siento yo… yo… siempre vengo aquí a esta hora… No esperaba encontrarte justo en este lugar… Kim—balbuceó nervioso girando un poco su cuerpo evitando verme.
— ¿Cómo es que sabes mi nombre?
Dejó descansar su espalda sobre la entrada de los vestidores y una sonrisa que me resultó familiar se hizo presente en sus labios.
— ¿Entonces ya no me recuerdas de verdad?—cuestionó —Porque yo nunca olvidaría tu rostro aún si no te viese en años.
— ¿Quién eres?
—Solíamos estar juntos en el jardín de niños… Luego tuve que irme ¿lo recuerdas?
Hice memoria e intenté recordar lo que él decía y sin esfuerzo alguno rememoré su nombre.
—Ken… ¿eres… Tú de verdad?
—Kentin—me corrigió inclinando su rostro hacia mí y sonriéndome con tanta simpatía que sentí necesario el devolverle el gesto—. Sé que he cambiado, pero sigo siendo el mismo.
—Sí, has cambiado demasiado ¿qué te hiciste? Pareces otra persona… además, estás tan alto y…—mi mirada recorrió su torso y sus brazos, realmente lucía completamente diferente a como lo recordaba, tanto que por más que me esforzara no encontraba en él rastro alguno del antiguo Ken.
— ¿Y?— se acercó sin premeditación tal vez notando que mis ojos recorrían su ahora perfecta anatomía sin restricción alguna—, ¿es malo eso?—se situó frente a mí y su mirada esmeralda parecía querer hipnotizarme, acto que logró de inmediato y sin esfuerzo aparente.
—No lo es… de hecho estoy muy… sorprendida.
Kentin dejó su mano descansar sobre la pared a la altura de mi rostro, pero al contrario que Castiel, esa expresión de autoridad y sensualidad no estaba implícita en su mirada, en su lugar, había un cariño tan real, tan palpable, que resultaba imposible no perderse en él. Su mirada era cálida, tan genuina y expresiva que podías saber a ciencia cierta lo que sentía.
—Yo… estoy tan feliz de verte… llegué a creer que ya no nos encontraríamos…—el pulgar de su otra mano danzaba suavemente por mi mejilla en una caricia casi mágica. Sus pómulos adornados con ese color rubí le daban una apariencia tan absolutamente adorable que ciertamente me recordaba al Kentin que había conocido años atrás.
— ¿Cómo diste conmigo?
—Hace unos días tu madre se comunicó con la mía, y yo había vuelto de mi entrenamiento en la escuela militar, así que le pedí que me inscribiera aquí sabiendo que estudiabas en este lugar—explicó con algo de nostalgia.
— ¿Escuela militar?—inquirí curiosa.
—Vaya, pero mírate, ahora eres muy guapo y seguro muchas chicas van a querer estar contigo.
— ¿T-tu… crees? Porque a mí… en realidad sólo me… interesas tú…
A pesar de su sonrojo y de sus notables nervios, se acercó despacio reduciendo el espacio entre los dos y dejando que su cuerpo se aproximara al mío. Sentí sus labios tan vacilantes intentando hacer cobrar vida a los míos que permanecían inmóviles ante el contacto y fue entonces cuando cedí ante el incesante movimiento que buscaba suplicante una respuesta por mi parte.
¿Qué estaba haciendo? No lo sabía; tampoco entendía el por qué a pesar de tener su cuerpo tan cerca del mío, deseaba tanto sentirlo mucho más próximo.
¿Por qué de repente sentía este cúmulo de sentimientos por alguien a quien había casi olvidado? No lo sabía, no sabía nada, en ese momento todo pareció lejano, excepto el recuerdo de… ¿Castiel?
Apreté mis párpados y coloqué mi mano sobre su pecho alejándolo de mí. No encontraba las respuestas del por qué el pelirrojo había aparecido en mis recuerdos, pero al hacerlo noté como los labios de Kentin me quemaban, casi como si se encontraran en una zona prohibida, o en un lugar al que él no pertenecía.
— ¿Qué… sucede?—consultó el castaño aún con sus mejillas bañadas en color escarlata.
No respondí, aún continuaba demasiado abrumada como para poner en orden mis ideas.
—Kim, lo lamento… yo no quise… obligarte, soy un tonto… yo…yo… no… lo siento… fue la alegría de… verte otra vez… no yo… perdóname—su cabeza se agachó en señal de arrepentimiento y le confirió un aspecto tan frágil que no pude evitar abrazarlo.
—También yo estoy feliz de verte, te había extrañado mucho…
Él respondió el abrazo y pareció alegrarse por mis palabras.
—Aún así, no debí hacerlo… pero ahora que tu madre me pidió que te cuidara, no me separaré de ti.
— ¿¡Qué mi madre qué!?—exclamé incrédula.
Él sonrió un momento y luego sus labios volvieron a enmudecerme. Sus manos que reposaban tranquilamente en mi cintura se movían con tortuosa lentitud acariciando por encima de la toalla cada centímetro de mi piel. A ese punto ya no podía pensar, estaba realmente a merced de las emociones que me consumían.
—Sí… Seré tu guardaespaldas—susurró entre besos dejándome aún más confundida que antes pero con una sensación extraña abarrotándome de pies a cabeza.
Continuará…
Notas finales:
Como siempre muchas gracias por todo su apoyo, por su paciencia y sobre todo por continuar aquí capítulo a capítulo, me hacen muy feliz.
Mademoiselle le Chat: Menos mal que te ahorras a la loca desquiciada de Alanis, porque sinceramente, tener a alguien con tal desorden mental, debe ser fatal. Ya ves en los líos que ha metido a Kim, así que me alegra que nada que ver con eso. XD
Gracias por el apoyo, linda, me da mucha alegría verte por aquí siempre, y también me da gusto que tus profesores reciban todos tus trabajos, más les vale o si no… *sacando arma al más puro estilo Alanis* jajaja. ¡Un besote!
Anónimo:Si, Nath está con Melody. ¿Te gusta más Castiel? Es increíble el grado de aceptación que tiene el pelirrojo, y no las culpo, porque bueno, yo también caí ante su "arrogante encanto" ya veremos en qué termina Kim. Gracias por comentarme y leerme. ¡Un besote enorme!
Suno Andrew: ¡Hola, re bienvenida! Lo bueno es que encontraste lectura para un rato, así que esa es la ventaja de dejar por un rato una historia, jajaja. Me hace mucha ilusión que te esté gustando la historia, y más volverte a tener por aquí.
Concuerdo contigo, la pobre Kim ha tenido que soportar ver a Nath besarse y mantener una relación con Melody y encima, ver a Castiel con Alanis, claro que este último aunque se haya dejado llevar no iba del todo con esa intención.
Alanis está completamente de mente, pero debo admitir que es un personaje que me agrada mucho. (Llámame sádica o malvada jajaja) Gracias por volver y por comentarme, linda. ¡Un abrazo de oso!
AkaneSa : Oh, por Dios, una de mis lectoras de Ranma, ya las extraño. *w* ¡Hola, bienvenidas seas a esta loca historia! Es una dicha que te esté gustando el relato y que lo comentaras.
Sobre "Te puedo escuchar" por supuesto que lo continuaré, de hecho en estos días no he estado haciendo otra cosa (bueno, es una expresión porque si he estado ocupada) que pensar en cómo voy a continuarlo y en que es una locura que después de tanto tiempo alguien llegue a leerme, pero aún así, con todo y mis traumas de escritora, seguiré mi fanfic, porque jamás, por más que tarde, abandono una historia. Soy de acabar lo que hago cueste lo que cueste. Además, ya extraño a mi precioso oji-azul, así que me pondré las pilas con mi fic. ^^ Gracias por estar al pendiente de mi Ranfic, me da mucha ilusión saber que no me han olvidado. ¡Un besote gigante!
Muchas gracias a todos por leerme, a los lectores fantasmas, a los que me agregan día a día a sus alertas, tanto este fic como los de Ranma y agradezco de todo corazón a las chicas que vienen acompañándome en este proceso desde el inicio.
¡Hasta la próxima!
