Sine Sole Sileo
Por Chaed
Traducción de .-SnipingWolf
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Capítulo X
Birkin alumbró el camino, caminando con dificultad y a un paso monótono. Por lo que notaba, el corredor era bastante recto y el techo era de altitud suficiente. No habían encontrado más marcas por ningún otro lado de momento.
Detrás de él, Wesker le seguía a cierta distancia, aparentemente aún cegado por la luz. Irónicamente, había perdido las gafas de sol. Aunque Birkin pensara que eran prescindibles la mayoría del tiempo, ahora mismo le hubieran sido útiles.
Siguieron el viaje en silencio. Ninguno tenía ganas de conversar y, en cierto modo, el silencio era su aliado. Nada podría aproximarse sin delatarse con algún ruido.
A Birkin no le importó mucho la falta de comunicación. Le dejó pensar en el diario de su bolsillo y todos los secretos que podía contener. Quienquiera que se había aventurado ahí abajo tenía una gran cantidad de conocimientos sobre aquel demoníaco lugar. Y no había que olvidar que el cuerpo que Wesker había encontrado era prueba irrefutable de que tenía que haber una manera de salir. Tenía que haberla simplemente, porque Birkin dudaba que vendieran libros de cuero en esas asquerosas y desérticas cavernas.
Incluso eso explicaría la 'X' al principio del túnel. El explorador debió haber marcado el camino correcto para poder luego salir a la superficie. La idea reconfortó a Birkin; sólo tenían que seguir las marcas y saldrían de ahí en un abrir y cerrar de ojos.
Así de fácil.
A pesar de la situación tan frustrante en la que estaban, encontró que sus ánimos se levantaron de aquel abismo al que habían caído y que la única cosa que aún lo preocupaba era la última página del diario. ¿Por qué no quedaba humanidad allí? ¿Había habido en primer lugar? ¿Fueron estas cuevas habitadas por personas alguna vez? Birkin lo dudaba mucho. ¿Quién demonios viviría aquí por placer cuando tenían la opción de estar en la superficie?
De repente, la linterna parpadeó. Birkin la agitó y alumbró correctamente. El corazón volvió a latirle normalmente, también; Dios, podría haber jurado que se le había parado durante una fracción de segundo.
"¿Qué ha sido eso?" Wesker preguntó desde detrás.
"Nada," respondió y examinó la linterna otra vez. A lo mejor algún contacto… "Ningún problema."
Continuó andando, pero no pudo deshacerse de la idea de que no sólo era un contacto. ¿Y si eran las pilas? Inconscientemente, Birkin apretó la mano alrededor del cetro de energía. ¿Y si la energía era transitoria? Si no era un contacto, tendrían que ser las pilas entonces, y si eran las pilas, esto sólo se había convertido en un juego contra el tiempo.
Decidió no expresarle su preocupación a Wesker. Si en efecto ahí no quedaba humanidad, entonces por lo menos que hubiera la luz artificial de una linterna barata.
El camino siguió recto, pero el cambio en el aire fue algo que Birkin poco a poco advirtió. Se estaba cargando. Todo este tiempo el aire parecía viciado, como una tumba que no ha sido abierta durante cientos de años. Ahora, cambiaba gradualmente. Hacía más frío, había más humedad y también una fina capa de niebla en las paredes. ¿Significaba eso que estaban ascendiendo? No se había dado cuenta de que el camino torciera hacia arriba, pero eso no importaba mucho. En ese laberinto de oscuridad, tiempo hacía que perdió la orientación.
A cierto punto, Birkin paró y agudizó el oído. Con el sonido de su corazón en oídos era una maravilla que pudiera oír algo más que su propio cuerpo. Pero lo hizo, y se encendió otra pequeña llama de esperanza.
"¿Oyes eso?" le preguntó a Wesker.
"Es agua."
Oh, sí. Plit, plit, plit, plit. Tenía que serlo. Birkin aligeró el paso, casi echándose a correr. Había un largo recodo adelante y cuando lo giraron, paró con una sacudida. La boca se le torció hacia abajo, hizo una mueca y segundos después, por muy poco no acertó en los zapatos de Wesker cuando vació su estómago sin ningún miramiento.
Birkin había visto mucho en su vida. Siempre se hablaba de pruebas fallidas y de la crueldad de la experimentación en humanos. Todo eso traía imágenes consigo, escenarios que una persona normal no podría imaginarse. Había visto más sangre en su vida que todo el Departamento de Policía de Raccoon, todos juntos. Pero no fue la sangre lo que le hizo vomitar.
Fue la tan repentina pérdida de esperanza.
Ante ellos, desplomado junto a otra pared, estaba otro de los empleados. La luz de la linterna revelaba cortes profundos en la cara del cadáver. Los ojos aún estaban abiertos, no llenos de blanco sino de rojo, con sangre.
Plit, plit, plit.
El ruido continuaba mientras miraban al cuerpo inmóvil y cómo la vida lo abandonaba, fluyendo hacia fuera.
"Sangre… no era agua," Wesker dijo junto a él.
"¿Quién demonios le ha hecho esto?"
"No creo que alguien lo haya hecho," Wesker opinó. "No quién… sino ¿qué?"
Birkin se mordió el labio. En ese mismo momento supo la respuesta correcta a su propia pregunta.
Wesker le arrebató la linterna y se aproximó al trabajador, agazapándose junto a él. Conforme palpaba el cuerpo del hombre, Birkin frunció el ceño.
"¿Qué haces?"
"Sobrevivir," vino la tajante respuesta. "Lo que podamos encontrar nos servirá más a nosotros que a él."
Obtuvo una tarjeta de identificación que identificaba al cuerpo como el de Kato Dubako. Tras desechar aquello, Wesker encontró la única propiedad del hombre: un destornillador. Aparentemente satisfecho, lo metió en uno de sus bolsillos y le dio la linterna a Birkin.
"Deberíamos continuar, aprisa."
"¿Y qué hay del tipo este?" inquirió Birkin.
"¿Qué pasa?"
"¿Lo dejamos aquí?"
Wesker le palmeó el hombro de pasada. "Si lo quieres llevar tú, adelante, William."
"¿Y qué hay de lo que le ha matado?"
"Sólo espera que no nos alcance. Venga, vámonos."
Así que continuaron, pero Birkin no pudo ignorar la sacudida en su estómago. Wesker sólo había obtenido un destornillador de aquel cuerpo. ¿Cómo les iba a servir como un método de defensa?
Sacar ojos, perforar tráqueas, hígados, riñones
Se estremeció, eliminando todos esos pensamientos de su mente. Había mucho que podía hacerse con un destornillador, argumento captado. La verdad es que no quería pensar en ello, y menos tener que hacer algo como eso.
Pero al tomar lugar muchas cosas, muchos de los deseos de William Birkin no fueron cumplidos aquel día. Porque fuera lo que fuera aquello que se había cargado a Kato Dubako no tenía ninguna intención de dejarlos solos - vivos.
Siguieron en ignorancia momentánea, la mente de Birkin aún demasiado llena de imágenes de Dubako y Sembe y del horror en los ojos de Smidt cuando lo abandonaron a su suerte. Todo eso lo hizo temblar y se olvidó del aquí y el ahora hasta que volvió a centrarse en Wesker, quien había parado de repente.
"¿Qué ocurre?" preguntó Birkin.
Wesker no respondió inmediatamente, examinando el área vacía alumbrada por la linterna. "No lo sé. Es una corazonada."
Birkin miró a su alrededor pero no encontró nada más sospechoso que roca. Al final, se encogió de hombros. "Debe de ser el golpe que sufriste. Aquí no hay nada."
Pero, ¡ay!, sí que lo había. Birkin lo sintió un segundo después cuando descendió del techo con un chillido gutural. Abrió la boca para gritar, pero no pudo hacerlo. Algo la cubrió y comprendió con terror que no era la mano de Wesker en gesto de advertencia. Era algo frío y viscoso y, al dar un traspié, notó que la angustia lo invadió.
Oh, Dios
Las manos se le dispararon hacia la cara instintivamente y Birkin sintió el impulso de gritar otra vez. Sólo fue un grito amortiguado lo que escapó de sus labios. Podía sentir piel húmeda que no era la suya, resbaladizas estructuras de hueso que sólo podían ser piernas-
¿Cuántas-?
Pero no pudo terminar de pensar, ya que tropezó con una piedra y perdió el equilibrio, agarrando aquello en su cara -hundió los dedos en su piel gelatinosa y lo hizo tanto que se le puso la carne de gallina- en un intento desesperado de mantenerse de pie. Su nuca colisionó repentinamente con algo duro y, por un momento, Birkin vio las estrellas.
Aquella cosa en su cabeza emitió un sonido visceral y él continuó tirando de su cuerpo, gritando por dentro. Fuera lo que fuera, tenía más de cuatro piernas y todas ellas rodeaban su cara y su cuello como dedos anormalmente largos que más se hundían en su carne cuanto más intentaba quitárselos.
"¡Estate quieto!" La voz de Wesker sonaba en algún lugar en la distancia.
¿Quieto? ¡¿Quieto?! ¡Apenas podía respirar! Una de sus manos alcanzó la de Wesker y la agarró, apretando con todas sus fuerzas.
"¡Suelta!" exigió Wesker y retiró la mano, reanudando aquello que estuviera haciendo.
Dios, ¡no lo entiende! ¡Voy a morir! ¡Voy a morir!
Y muy de repente recordó que había preferido -y con gusto- una muerte por asfixia antes que nada. Había sido un pensamiento fugaz y breve en aquel momento. Ahora, sentía ganas de llorar, de suplicarle a cualquier deidad que le importara escucharle que aún no podía morir, que era un destino demasiado cruel al que sucumbir.
"¡Estate quieto ya!" Wesker le espetó. Birkin podía sentir las manos de su amigo inspeccionando aquello acoplado a su cara. La cosa se había quedado completamente quieta aparte de unos latidos elementales los cuales sospechaba que serían de la respiración y de su pulso. No fue un consuelo para Birkin de todas maneras. Iba a sucumbir al pánico, y con una buena razón. Su corazón intentaba compensar la falta de oxígeno con un aumento en la velocidad del latido.
"Voy a intentar quitártelo ahora. No te muevas."
Birkin no se movió. Estaba paralizado como si alguien le hubiera inyectado la droga causante de aquel efecto. Inconscientemente, aquel impulso para respirar contra la viscosa superficie se desvaneció. Ahora, se las apañaría con el poco oxígeno que tenía.
Una de las manos de Wesker se movió detrás de su oreja izquierda, por donde una de las garras de la cosa se había fijado a su cabeza. Pudo sentir su mano agarrando la extremidad. La sacudió y en ese momento, la mano de Birkin se disparó hacia arriba para detenerlo. Cuanto más intentaban quitarlo, más apretaba. Y cuanto más apretaba, más le impedía respirar.
Intentó decir un 'no' amortiguado y Wesker pareció entender al menos lo básico del mensaje.
"Aguanta un poco más. Buscaré la linterna."
¿Buscar? ¿La había perdido? Intentó recordar dónde la había dejado caer y por qué Wesker tenía que buscarla en primer lugar. ¿No brillaba la luz? ¿La había roto por accidente?
¡No, no! ¡No dejes que eso pase!
"Mierda…"
Mierda, ¿qué? ¿Estaba rota? Oh, Dios. No podía abrir los ojos, y mucho menos ver luz. ¿Estaban rodeados por oscuridad otra vez? ¡Quizá Wesker no podía ver el desastroso estado en el que se encontraba! Gimió, intentando llamar la atención.
"Aguanta, aguanta un segundo más… vamos, vamos…"
¿Vamos, Will? ¿Vamos, linterna? Empezó a palpar de nuevo aquella cosa en su cabeza, intentando imaginarse qué cojones se agarraba a su cara. Definitivamente estaba frío, algún reptil quizá, ¿o algún insecto, con todas esas patas?
"Will, voy a intentar otra cosa ahora. Voy a quemarlo con el mechero, ¿entiendes? Es crucial que no te muevas. Probablemente se apretará, pero en algún momento u otro tendrá que soltarte."
¡¿'En algún momento u otro'?! Birkin quiso protestar, pero antes de que pudiera hacer algo factible, oyó el clic del mechero y pronto sintió el calor bajo su oreja, junto a una de las piernas.
Por favor, que funcione…
Pero las garras sólo se clavaron más en su piel y Birkin de repente vio una imagen del Sr. Sembe y el empleado que habían encontrado antes, con todos esos cortes en la cara y aquellos ojos nublados saliéndose de sus cuencas. ¿Habría muerto intentando liberarse?
Con una sacudida, hizo caer el mechero de la mano de Wesker, poniéndole tregua al asalto de aquella cosa.
No podía arriesgarse. Eso era como la espada de Damocles, colgando sobre su cabeza. Un largo y afilado palo del mejor metal en el mundo. Aguantada por una única crin, ésta podría partirse en cualquier momento, alojándose brutalmente en su cráneo y arrebatándole la vida.
No podía permitir que Wesker quemara su única y metafórica crin.
