¡Hola! Sí, sé que me tomó todo un mes, pero este capítulo me tomó más de lo esperado, es sin temor a equivocarme, el capítulo más largo que he hecho, (por el momento), tuve que cambiar muchas cosas, porque ésta era una de las ideas principales para esta historia, es decir, ya la tenía en la cabeza antes de decidirme a escribirla y publicarla.

Bueno, espero que disfruten mucho leyendo y que puedan perdonarme por haber tomado tanto tiempo.

Disclaimer: Naruto no me pertenece, ni sus personajes, todos son obra de Masashi Kishimoto. Pero esta historia sí que salió de mi mentecilla.

¡Disfruten!

Capítulo 10. Cuando las memorias perduran


La música fluía y fluía, sus manos, aunque ya ancianas, firmes contra las teclas, ella mantenía la mirada fija en la expresión de su abuela, que parecía adormecida por la imagen tan pacífica que tenía ante sus ojos, con los párpados sellados, siguiendo sus dedos la melodía y la armonía que ya sabía de memoria, aquella que sale de lo más profundo del alma.

"Abuela" susurró mientras se acercaba un poco más al calor de la mujer a su lado.

"¿Sí, mi cielo?" le preguntó mientras disminuía la velocidad de sus manos, abriendo sus ojos aguamarina para dedicarle una sonrisa a su nieta.

"¿Qué piensas cuando tocas el piano?".

Probablemente la pregunta la había tomado desprevenida, dejó por un momento las teclas y le dedicó una mirada significativa, admirándose por aquellas preguntas de niña pequeña que daban ventana a un profundo pensamiento.

"Cuando toco canciones felices, pienso en cosas que me hagan feliz, como en ti y lo mucho que te quiero" le picó la nariz con un dedo cálido y la hizo sonreír. "Cuando estoy triste, dejo que mis manos sobre las teclas limpien mi alma de las penas".

La mirada que le dedicó su nieta fue tan especial, como queriendo grabar cada una de sus palabras para siempre. Era ese amor incondicional que siempre había existido entre ellas.

"Te quiero, baa-chan" dejó que su abuela desordenara sus cabellos antes de volver a crear más música.

_o_

Miró el teléfono empotrado en la pared, hacía unos pocos minutos había llamado a Kakashi, y sabía que no había pasado bastante tiempo, pero igual, cada segundo se prolongaba más que el anterior. La ansiedad era cada vez más creciente en su pecho.

A su derecha, ahí seguía ese sujeto, vigilándola con unos ojos oscuros y recelosos, como si en cualquier momento pensara en escaparse. Intentó no torcer el gesto, el pequeño individuo regordete estaba ahí para vigilarla, pero las miradas que le dedicaban eran extrañas e incómodas. Se hiso un ovillo sobre la silla en la que estaba, tenía bien sujetas sus piernas contra su pecho. No podía pasar ni un segundo más ahí. Se volvería loca. El pequeño reloj de pared frente a ella hacía un molesto 'Tic-Tac-Tic-Tac', le recordó un metrónomo, ¡Dios! ¡Cómo odiaba esas pequeñas cositas que marcaban el tiempo! Si le pedían su opinión, la música requería más expresión que dureza, si bien había cosas que no se podían considerar fuera de los parámetros de las reglas musicales, debería existir libre expresión al interpretarla, exagerando matices, haciendo ritardandos más lentos y haciendo los fortes fortsísimos. Casi se cacheteó, pero se reprimió, el sujeto frente a ella la timaría de loca de ser así. Estaba ahí, y aunque la música era una de sus pasiones, debía disponer su atención para lo que estaba por suceder. Conociendo a Kakashi, seguro tardaría en llegar un poco más de lo que le había prometido. Y aunque eso la exasperaba, le daba tiempo de pensar exactamente una explicación que justificara su estadía en ese lugar.

'Tic-Tac-Tic-Tac'.

La venita de su sien iba a compás, no sabía si lograría salir de ahí cuerda.

_o_

Su paso firme comenzó a volverse errático, no comprendía nada. No comprendía por qué su corazón se encontraba desbocado en un ritmo que detonaba ansiedad, no comprendía por qué solo podía pensar y repetirse 'ella va a estar bien', una tras otra vez en su mente. Pero sobre todo, no comprendía, por qué sus pasos y la dirección que le había dado Sakura coincidían con ese lugar. Repasó mentalmente la dirección, y no hubo error, era ese preciso lugar, sin duda alguna. ¿Pero cómo?

Leyó las letras grandes y potentes de metal en el edificio:

"Estación de Policía" su tono fue monótono y además se le antojó un poco lúgubre. Sus pies lo mantuvieron por el sendero hacia la entrada por la puerta de cristal, pero él no supo en qué momento exacto fue cuando atravesó el umbral, en su mente, a pesar de sus múltiples restricciones, comenzaban a dibujarse posibles escenarios que lo explicaban y ninguno lograba apaciguar su creciente ansiedad, si acaso lo ponían más y más tenso.

Vio una recepcionista uniformada de azul tras el puesto de información y comenzó a dirigirse hacia allá. La mujer le dedicó una mirada apreciativa y dibujó una sonrisa en sus labios de un carmesí artificial.

"¿Qué podemos hacer por usted, señor?" lo animó con una voz algo rasposa. Sus ojos azules bailoteaban por toda su faz, decidió ignorar su ahínco y le dedicó una mirada falta de interés, como mirando a través de ella.

"Estoy buscando a alguien".

"¿Alguien desaparecido?" ella torció el gesto pensativa "tenemos un protocolo de formas que debe llenar y posteriormente debe dirigirse a—"

"No, busco a alguien aquí" la corrigió sin paciencia.

Ella le sonrió con un deje coqueto, "Mi nombre es Mitsuki, ¿Qué es lo que busca?" la vio llevarse una mano hacia un mechón escarlata y retorcerlo entre sus dedos. Ignorando el flirteo de mal gusto y explícito que le ofrecía la recepcionista acarició su frente para despejar su tensión.

"Su nombre es Sakura, Haruno Sakura, tengo entendido que se encuentra aquí". Intentó que su voz no sacara la irritación que sentía, pero la molesta mujer pareció por fin captar la urgencia en su voz y asintió.

Revisó unos papeles sobre su escritorio y pareció detenerse en uno.

"Sí, se encuentra en la otra sala, se encuentra en custodia, al parecer hubo unos problemas y la trajeron para acá, ¿Es usted su tutor?" le preguntó mientras leía el expediente.

Él no supo exactamente que responder y simplemente insistió en verla. La mujer presa de una mirada muy persuasiva por parte del hombre frente a ella, no tardó en olvidarse de ese detalle y le indicó cómo llegar hasta la sala en la que se encontraba Sakura. No tardó en encaminarse, no sin antes agradecérselo encarecidamente, quizá un poco más exagerado de lo que le hubiera gustado.

Subió las escaleras de dos en dos, ¿Qué clase de problemas la tenían en custodia policiaca? Suspiró, no terminaba de conocerla aún. Y sabía que aún así, se encontraba dispuesto a ayudarla, sin importar las consecuencias, sorpresivamente, esta vez ese sentimiento no lo asustó.

Al llegar a la pequeña sala de espera, divisó su mata de cabello rosado, solo podía verla de espaldas, sentada en una de las sillas verdes de espera. Observó al sujeto uniformado y regordete que parecía hacer guardia de la joven. Él dejó de observarla por un momento y le dedicó una mirada de reconocimiento a Kakashi. Él observó cómo Sakura daba un respingo, pero no se volvía.

"¿En qué puedo ayudarlo?" la voz algo aguda del policía lo sacó de su estupor, había intentado ver si Sakura tenía algún magullón o herida, pero lo que solo podía ver era parte de su espalda y su cabello.

"Vengo a verla" asintió en su dirección. Y de nuevo, la observó respingar. "Me ha llamado, pidiendo que pasara por ella".

El policía asintió y observó a Sakura en espera de su reacción.

Se volvió más lento de lo usual, lo primero que detectó fueron sus ojos asustados, los podía ver algo rojos e hinchados, su rostro se veía algo descompuesto y sospechó lo peor. ¿Alguien se había atrevido a hacerle daño?

"Hola, Kakashi" lo saludó con la voz en un susurro.

Por más que intentó buscar alguna herida superficial no la encontró. Su cabello lucía algo desordenado y un poco más opaco, tenía uno que otro manchón de tierra en la ropa. Caminó hacia ella a la vista de que probablemente no se levantaría de su lugar. "Hola, ¿estás bien?" no pudo reprimir ese deseo de cerciorarse de que nada malo le había pasado.

Ella dudó por un momento pero asintió.

El oficial le hizo una seña y Kakashi tuvo que dirigirse hacia él. "¿Usted ha venido para recogerla?" le preguntó y asintió para él. "Bueno, necesito que firme unas cosas. No se encuentra en calidad de detenida, es solo una menor de edad, ella me ha dicho que sus padres están de viaje y que usted es una autoridad que puede tomar su custodia en lo que ellos vuelven. No solemos hacer este tipo de cosas, usualmente dejamos ir a las personas como ella" ambos le dedicaron un vistazo y volvieron a verse "pero" continuó "debido a las circunstancias que la envuelven, debemos asegurarnos de que alguien la tenga bien vigilada, al menos durante estas veinticuatro horas".

"¿Sucedió algo malo, oficial?" preguntó con un nudo en la garganta, era obvio que si se encontraban ahí no era por algo bueno, pero el trasfondo de su pregunta era más que solo eso. En ella iba implícito: '¿Le han hecho algo?' y '¿La están cuidando de alguien?'.

Él oficial se quedó en silencio por unos momentos y prosiguió con la voz en un volumen muy bajo "La tenemos aquí por obstrucción y disturbio social, nadie ha querido hacerle daño y nadie la ha atacado, no se preocupe por esa parte" le aseguró y Kakashi sintió que unas pesas que se amarraban a sus hombros descendían, cayendo al suelo en un estruendo que le trajo alivio "pero" ¡Diablos! ¿Aún había más? "la situación en la que se vio envuelta sugiere que pudo haber intenciones de suicidio, es por eso que le pedimos sea quien cuide de ella por lo menos hasta que recobre el sentido. ¿Entiende?"

¡¿Suicidio?! ¡¿Pero cómo?! ¡¿Cuándo?!

Se volvió hacia ella, pero ya no podía ver sus ojos verdes, estaba cabizbaja mirando algo en sus manos, invisible para el ángulo en el que se encontraban.

"Yo cuidaré de ella, gracias oficial" asintió para él y tras informarle dónde podía pasar a firmar los papeles, se encaminó de regreso a su alumna. La vio apretar rápidamente su mano derecha, en torno al objeto y guardárselo en el bolsillo. Sus ojos, en cuanto subieron la mirada para encararlo, se veían cristalinos, como si nuevas lágrimas amenazaran con trazar su rostro.

Llevó una mano hacia su mejilla, no pudo contenerse, no era un gesto con el trasfondo de los sentimientos que había estado albergando por ella, no había pasión contenida ni arrebato de nada, solamente buscaba limpiarla y confortarla, su mirada rota hacía un extraño eco de vacío en su interior.

"Es hora de irnos".

Sakura asintió para él y se colocó a un lado suyo, aún en silencio.

Caminaron uno al lado del otro por las escaleras hasta el puesto de información, donde Matsuri o como se llamase, los recibió con unas formas y una coqueta sonrisa. Kakashi firmó todo lo que le indicó, recibió unas notas y un papel con su número y… ¡Ah, Mitsuki!

"Gracias por todo" expresó sin ningún tipo de interés y se despidió sin dedicarle atención alguna. Solo escuchó un resoplido inconforme a sus espaldas, pero no le importó. "Iremos a tu casa, ¿de acuerdo?"

Ella lo miró un poco extrañada pero asintió. "Mis padres no están ahí, así que no tendré que pasar por la vergüenza de que me vean así" la sintió relajarse un poco más a su lado, una vez que habían abandonado la cuadra en la que estaba la estación de policía.

"Pararemos ahí para que te des una ducha y para que tomes unas cosas, esta noche cuidaré de ti" no estuvo consiente del efecto que tuvieron sus palabras y siguió explicando sin que nadie se lo hubiese pedido "son órdenes del oficial, no debo quitarte el ojo de encima, al menos por hoy".

"De acuerdo, lamento ser una carga, Kakashi-sensei" se disculpó, pero su tono tenía algo más que no pudo identificar "la verdad que no sabía a quién llamar".

"Bueno, tus padres están de viaje ¿no?" por primera vez sintió una punzada de decepción, tenía deseos de preguntarle ¿qué le había pasado para terminar ahí adentro? O peor ¿Qué la había llevado a cometer un suicidio? "te estuviste preguntando, ¿a quién puedo llamar que no me dé una buena reprimenda?"

Ella se dedicó a mirarlo por unos instantes y después negó, pudo ver sus ojos cristalizarse de nuevo antes de ocultarlos bajo su cabello. "Yo no tenía esas intenciones".

El nudo en su estómago se estiró un poco más, haciendo su paciencia cada vez más y más reducida. "¿Sobre qué? ¿Sobre el llamar a alguien que pasara por ti o sobre el suicidio?".

Entonces se dio cuenta de que ella ya no caminaba a su lado, se había detenido, tuvo que girarse para mirarla, estaban en una calle algo desolada, con un parque un poco descuidado. La estuvo observando, esperando por aquello que quería oírla decir.

"Yo no quise suicidarme, esa es una mentira" explicó, mordiendo cada una de las palabras, si ponía atención la podía escuchar sorber de su nariz aún en el espacio que había entre ellos. "Tampoco busqué entre la cartera de mis contactos a alguien que no fuera a regañarme, mis padres se fueron de viaje a un crucero, mi tía vive en Okinawa, mis abuelos están muertos…" un sollozo se escapó de su garganta y no estuvo seguro de si quería seguir escuchando "… mis amigos no podían pasar por mí, porque no son mayores de edad y, te llamé a ti, porque eres la persona en quien más confío, porque tenía la esperanza de—". Tuvo que detenerse ahí porque Kakashi ya había deshecho la distancia entre ellos y la había estrellado contra su pecho.

La observó dejarse llevar entre sus brazos, herida, depurando aquellos sentimientos que la afligían. Dejó que una mano se aventurara en sus cabellos, que aunque estaban desordenados y algo cubiertos por tierra, tenían una textura muy suave. En su pecho, sentirla así, tan indefensa, le hizo que el sentimiento de protegerla a costa de lo que sea se hinchara, quería hacerlo, sin importar nada ni nadie, tenía que estar cerca de ella, y…

'Ya basta, por ahora no pensaré en eso' se reprimió él mismo, no ahora, que ella se encontraba vulnerable, no ahora, que parecía más frágil que el cristal, estaba ahí para cuidarla, no para aprovechar ninguna oportunidad. Por primera vez, intentaría dejarse al último de sus prioridades. Ahora ella estaba en el número uno de su lista.

"¿Continuamos?" le preguntó.

Tras unos breves instantes la sintió asentir contra su pecho. Siguieron el camino hasta su casa. Cada vez que se acercaban más a la ciudad, se fueron separando un poco y otro poco más. Hasta quedar separados por unos centímetros, aún así. Él podía sentir su calor muy cerca y estaba segura de que ella pensaba lo mismo, porque la podía ver más calmada a su lado.

Llegaron hasta la puerta de su casa y a pesar de la insistencia de ella, él se negó a pasar mientras esperaba que tomara una ducha y que llenara una pequeña mochila con sus cosas. Aún así él no insistió en que se apurara en el proceso, al contrario, la alentó en tomarse su tiempo. La sonrisa de agradecimiento y felicidad que le dedicó le dijeron que valía la pena esperar por ella en su pórtico.

No estaba acostumbrado a esperar por los demás, pero en este caso, le parecía que podía empezar a tomarle cariño a esos minutos previos a verla de nuevo. Sí, podía esperar por ella. La pregunta era: ¿qué tanto?

_o_

A pesar de que Kakashi la había convencido de no tomar prisa, la ducha fue fugaz, claro que se había encargado de quitar cualquier rastro de tierra en su cabello y en su piel. Cuando salió se vio el rostro, aún lo tenía un poco enrojecido y los ojos algo hinchados, se sentía tonta por haber llorado tanto, pero cuando los sentimientos la consumían tanto como aquel día, lloraba de todo, de furia, de tristeza, de alegría, de miedo.

Vio sus mejillas adquirir un tono más rosado que su cabello al recordar qué era lo que la había reconfortado.

¡Kakashi!

Una sonrisa se dibujó en sus labios, el solo hecho de pensar que él estaba ahí, en su pórtico, esperando por ella, hizo que sus latidos se aceleraran. Y aunque las circunstancias que los había unido ese día no eran para nada buenas, no podía negar que se sentía dichosa de tenerlo para hacerla sentir humana de nuevo.

Se sintió infantil y tonta cuando se descubrió anotando su nombre en el espejo empañado y lo borró de un sopetón. ¡Ya estaba harta de las ensoñaciones de adolescente! ¡Ella era una mujer! Y se había esforzado por mostrárselo, no quería que el hecho de verla como solo una estudiante, tonta y enamoradiza, le arruinara las oportunidades, y aunque al principio se había convencido por un amor unilateral, ahí estaba de nuevo, esa ansiedad, diciéndole que quizá tenía una oportunidad real con él. Porque nadie mira a otra persona como él la había mirado si solo la ve como una chiquilla tonta, porque nadie abraza como él lo había hecho con ella si no hay algo más que aprecio y respeto a una alumna. Él tenía que sentir algo por ella, de eso comenzaba a sentirse segura, por ínfimo que fuera, él había demostrado algo. Y eso aunque la asustaba, la animaba al mismo tiempo.

Se dirigió a su alcoba aturdida por su mar de pensamientos. Ahí estaba de nuevo él, obstruyendo su mente, su raciocinio, sus sentidos, llenándolo todo. Y no es que se quejara, pero, tenía otras cosas en las que pensar por el momento. Se vistió con algo simple, consideró la idea de ponerse algo bonito para él, pero quizá sería una señal muy, muy obvia, optó por algo que aunque no era una camisa que precisamente resaltara sus rasgos, no le quedaba mal y la hacían lucir bien. No esperaba dar ningún paso con él, al menos no hoy, que aunque era una oportunidad perfecta porque él cuidaría de ella por esa noche, no quería que pensara que se estaba aprovechando de su dolor y de su consuelo. Tomó una camisa lila sin mangas, con un cuello en "v" que no daba a relucir nada más que los huesos de sus clavículas, y una falda color hueso, arriba de la rodilla, se acomodó unas balerinas del mismo color y buscó una mochila amplia y libre para meter sus cosas.

Empacó todo tan rápido como pudo. Fue a la cocina por algo de comer y lo empacó también. Cerró su mochila y se dirigió a la puerta de la entrada. Respiró hondo antes de abrir la puerta y ahí estaba él. Sentado en los escalones. Cerró la puerta y bajó unos escalones para encontrárselo.

"Bonitas piernas" apuntó con tono apreciativo. Y se ganó un fuerte golpe con la mochila llena de no solo cosas blandas. Lo vio acariciar su magullada cabeza y supo entonces que le estaba tomando el pelo. Aún así no se arrepintió, odiaba los comentarios pervertidos dirigidos a su persona, pero lejos de sentirse ofendida, se sintió con el ánimo renovado, no se había dado cuenta que estaba tensa hasta que liberó parte de esto con el golpe que le había propinado a su maestro.

Ya estaba haciéndose más tarde, el sol comenzaba a ponerse y a pesar de que Kakashi había sugerido pasar por algo de comer, ella no se sentía con ánimos de ir a picar algo. Caminaron en silencio, directo hacia el hogar de Kakashi. Sakura dejó que la guiara. Seguía cada uno de sus pasos, como una sombra, haciendo eco a sus pisadas.

Llegaron a un edificio color gris, y nada atractivo, eran cinco pisos de tristeza y poco mantenimiento. Se preguntó si de verdad podía vivir ahí. Conociendo lo tacaño que era su maestro, probablemente la respuesta era sí, además el hecho de que cada vez estaban más y más cerca de la entrada daba a entender que era cierto. Se detuvieron para saludar a la casera que barría el vestíbulo de la entrada, que a pesar de la horrible fachada gris de afuera, estaba condicionada de unos muebles muy acogedores. Subieron las escaleras y ¿Cómo no? llegaron hasta el quinto piso.

"¿Por qué vives tan arriba?" preguntó falta de aire tras cinco pisos de tanda de escaleras.

"El agua es más caliente aquí arriba" explicó mientras metía una llave en la cerradura. "Así al menos puedo decidir si quiero una ducha caliente o fría, abajo no, el agua es estilo ártico".

Asintió para él y observó el interior de su hogar una vez que abrió la puerta para ella. El lugar era modesto, pero decente, lo mantenía limpio y aunque era simple, era de esperarse siendo él alguien soltero. Los muebles estaban dispuestos en su lugar correspondiente, podía notarse la diferencia entre el extremo del living y de la cocina, probablemente el pasillo de en frente llevaba a su habitación y al baño, había una pequeña sala con un gran librero a su espalda. Había un televisor pequeño frente a ella, pero lo que más llamaba la atención era un piano de cola negro y brillante. ¿Tenía dos pianos?

"Era de mi padre" apuntó adivinando la pregunta que no había expresado.

"Es hermoso" caminó hacia el piano en medio de la estancia y se sintió intrigada. ¿Cómo habían logrado meterlo ahí por esa puerta y por esas escaleras? No pudo contenerse y le preguntó.

"La verdad es que construyeron este lugar en torno al piano, de otra forma no hubiera sido posible" le confesó con una sonrisa traviesa bailoteándole bajo la máscara. No supo si creerle o no. De igual manera no importaba, ya estaba ahí, majestuoso y brillante. "¿Quieres comer algo?" le preguntó, escuchando su voz desde la pequeña cocina-comedor a un lado. Para ser un espacio no muy grande, estaba bien distribuido y cómodo. Miró las paredes, y aunque eran grises, estaban cuidadas, sin humedad y sin raspones, era bastante pulcro. Lo siguió a la cocina y aunque no tenía una isla con banquillos como la suya, vio el pequeño cuarto dispuesto para cualquier aventura culinaria. Se sentó en una de las dos sillas del pequeño desayunador y le pidió un té.

"¿Algo en especial?" le preguntó mientras le daba la espalda y llenaba la tetera en el grifo.

"No, lo que sea estará bien" le aseguró.

_o_

Había esperado a que ella le contara los hechos, se habían tomado quizá ya dos tazas de té y ella había dispuesto un poco de comida que había tomado de su casa, francamente no recordaba qué habían comido, estaba más interesado en intentar desvelar qué le ofrecía su lenguaje corporal, parecía más relajada que hacía unas horas atrás, y eso lo sacaba de quicio, se había prometido el no presionarla, pero no podía seguir en la incertidumbre de lo sucedido. Se cuestionó varias veces el preguntarle directamente o no, pero no quería empujar más sobre los límites y aunque ahora se veía tranquila, sentada a su lado en el sofá –claro con una prudente distancia— viendo la televisión, no sabía a qué grado podía perturbarla hablar de lo sucedido.

Suspiró, que situación tan peliaguda y estresante. Se arrellanó en el sofá mientras despeinaba su cabello. Esperaría un poco más.

"No puedo creer que haya hecho eso" la voz incrédula de Sakura casi lo hace respingar, por un momento había comenzado a dormitar. Le dedicó una miradita por el rabillo del ojo, estaba hecha un ovillo en su sofá, con la falda acariciando la mitad de su muslo, dejando a la vista su piel blanca y tersa. Se preguntaba qué tanto podía acercarse sin que lo notara. Tan pronto lo consideró, lo desechó. El hecho de estar ahí solos había comenzado a hacer mella en su mente. ¡Tenía que concentrarse en lo que importaba! ¡Tenía que sacarle la verdad!

Carraspeó un poco para recobrar la concentración. "A veces hacemos cosas estúpidas por las que nos metemos en problemas" sabía que se refería al programa de televisión, del cual francamente había perdido el hilo desde que habían elegido ese canal.

La observó torcer el gesto sin devolverle la mirada. Sabía que había tocado una fibra sensible con su comentario, esperaba que surtiera efecto.

"La estupidez de los actos es muy subjetiva, para alguien puede ser estúpido y para otros no".

¡Bingo!

"Aún así, si haces algo que termina en consecuencias poco agradables, podemos deducir que se ha tomado una decisión basada en impulsos sentimentalistas, esas son las peores decisiones que deberías tomar en tu vida". Si escogía las palabras correctas estaría a punto de llegar a dónde quería. Esta vez la sintió dirigirle la mirada, cargada de algo más que contradicción.

"Hay cosas que son castigadas, porque se quieren oprimir los deseos de alguien". Continuó pero su voz era un poco quebradiza. ¡Vaya! El terreno seguía muy blando. Pero había llegado tan lejos que no podía echarse para atrás.

"Hablas de deseos, Sakura, los deseos son sentimientos, las decisiones deben tomarse con la cabeza fría" se volvió hacia ella lentamente "sino, simplemente no se toman".

Su mirada estaba herida, sabía de qué hablaba y no podía negarlo, si quería seguir defendiendo su postura tenía que hablar, confesar lo que había pasado. Si no, estaría dando por sentado que él tenía razón.

"Tú no puedes saber sobre eso" le recriminó. ¡Ah, estaba esa otra salida! Pero no era como si no lo hubiera considerado también.

"¿Y por qué no me cuentas?".

"No te incumbe".

Silencio, solo silencio. No supo exactamente qué sensación era esa que le oprimía el pecho, pero aún así continuó.

"Creí que habías dicho que confiabas en mí".

Y ahí supo que la había quebrado. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas y a pesar de que hizo el ademán de limpiarlas, no lo había conseguido, salían y salían sin control. Se volvió hacia el televisor, pero parecía mirar a través de él. Kakashi no dijo nada, solo esperó y dejó que su mano tocara la suya, no supo exactamente qué pensaría ella de eso, pero el apretón que le dio a su mano le dijo que no le molestaba.

"Salí a caminar, mis padres se habían marchado para tomar vacaciones, hacía mucho que no salían, lo único que los había retenido de salir era yo y les prometí que sabría cuidarme sola, prácticamente ya soy una mujer mayor" se rió de una manera irónica, como restándole poder a su argumento anterior "fui a dar a una calle tan conocida, mis pies me habían llevado casi por inercia, siempre iba a ese lugar cuando me sentía sola o afligida, esta vez había ido por el simple hecho de visitarlo, me sentía nostálgica."

Cuando la escuchó tragar con dificultad acarició con su pulgar el dorso de su mano, ella mantenía sus dedos aferrados muy fuertes contra los suyos. Tomando valor.

"Y los vi, con sus máquinas y sus obreros, primero pensé que era un error, pero cuando más me acercaba, me di cuenta de que no había duda, era la casa de mi abuela la que iban a demoler". Su voz tembló y se calló por un momento mientras buscaba su fuerza de nuevo. Kakashi se mantuvo callado, en un apoyo silencioso, podía sentir el pesar a través de sus manos unidas. "Creo que ya lo sabes, Kakashi, mi abuela era uno de mis seres más queridos, ella siempre estuvo para mí, era el amor incondicional que teníamos, lo que hacía que me entendiera a la perfección. Sentí un dolor tremendo cuando los vi arrancando las ventanas, esa casa guardaba todos mis recuerdos, mis memorias de mi abuela sentada en el salón de música, o preparándome algo delicioso en la cocina, mi abuela abriéndome sus brazos cuando me sentía sola. Mi abuelo había hipotecado la casa y tras la muerte de ambos, paso a manos del gobierno, todas las pertenencias de mis abuelos pasaron a ser su patrimonio, no pudimos recuperar sus posesiones, entre ellas su amado piano". Sorbió su nariz y se limpió las lágrimas con la otra mano "sus cosas fueron vendidas o destruidas, el piano fue subastado, y otras tantas se hicieron pedazos cuando demolieron la casa. Intenté detenerlos y fue algo estúpido, es cierto. Nadie me hacía caso, entonces, en un descuido de los obreros me escabullí en la casa, convencida de que no la derribarían mientras estuviera dentro" de nuevo soltó eso parecido a una risa.

"Pero no fue así" concluyó Kakashi.

"Se detuvieron un poco" le corrigió y le dedicó una mirada algo cansada pero con una sonrisa resignada "para llamar a la policía y fue ahí cuando me tuve que despedir de todo. De mi abuela, de mis recuerdos, de mi—" su voz se quebró de nuevo y esta vez no pudo continuar.

"Los recuerdos que tanto amas de tu abuela, nunca te abandonarán, Sakura" jaló de su mano y la atrajo a su pecho. "Estoy seguro de que tu abuela te enseñó más que eso, ella te enseñó a amar la música, no al instrumento, sí, adquieren un valor sentimental, pero puedes tocar las mismas canciones en otros pianos, no asocies algo tan hermoso como los sentimientos por tu abuela a una casa que ya no existe, es quitarle el valor a aquello que siempre ha estado contigo".

La oyó gemir contra su pecho, pero sabía que entendía el sentido de lo que le hablaba, después de todo, quién había dicho que solo podía enseñarle música. La separó un poco cuando dejó de hipar y su respiración era casi regular. Sonrió a su expresión, era un desastre, pero un desastre muy bello. Sus ojos brillaban, tan hermosos, que tuvo que morderse el interior de las mejillas para no sucumbir a sus deseos primarios.

"Gracias" apenas la escuchó murmurar. Y vio en sus ojos que era completamente sincera, eran como puertas a su alma.

"Tengo que…" sus rostros estaban tan cerca, podía sentir lo cálido de su respiración, los ojos verdes frente a él miraban sus labios de hito en hito, y él sabía qué estaba buscando, y ¡diablos! Como lo deseaba, se había prometido que iba a esperar por una oportunidad para acercarse a ella, pero no en ese momento no podía "… tengo que hacer una llamada".

Ella asintió pero no se apartó, si acaso se había acercado más aún, estaban a centímetros, casi podía sentir su nariz haciendo cosquillas a la suya, tragó pesado, muy pesado, apenas había pasado una hora o dos desde que habían llegado. ¿Cómo iba a sobrevivir una noche con ella ahí para él solo?

Intentó liberarse de su agarre, pero se dio cuenta de qué era él quien la tenía aferrada por los hombros, ¡malditos instintos traicioneros! Intentó carraspear para liberar la tensión, pero la garganta la tenía demasiado seca. ¡Kami, ten piedad!

Era una colisión inevitable. Ya no podía echarse para atrás, ya solo podía dejarse llevar y aunque no era una mala idea—y la verdad es que le gustaba en demasía—, temía a lo que vendría después.

Una vibración insistente en su bolsillo lo hizo respingar y despertar de su trance, se alejó de ella como si estuviera en llamas, se disculpó y cogió el celular de su bolsillo. Simuló sus pasos apresurados y ansiosos con unas zancadas muy amplias hasta llegar a la cocina.

"¿Diga?" 'Quienquiera que seas, gracias' agregó en su mente. El alivio haciéndole recargarse contra la mesa, sentía las rodillas débiles, el autocontrol no era su fuerte, y la molestia en su pantalón le confería mucha veracidad a esa creencia.

¡Maldito seas tú y toda la dinastía Hatake! ¡Bola de mentirosos, ineptos, traidores y mentirosos! Espera, ¿ya había dicho mentiroso? ¡Pues doble mentiroso! ¡Bastardo inútil!

"Nuriko, sé que estás enojada, pero tengo—"

No me interesan tus absurdas mentiras lo interrumpió brusca, estaba ebria y totalmente inconsciente de que estaba gritando. Pero se me va a olvidar que soy la dama que soy y te voy a poner la tunda de tu vida, maldito idiota traidor, yo creí en ti su voz se hizo débil y adoptó un dramatismo exagerado y dolido yo tanto que te quiero, no me mereces, maldito infeliz.

Suspiró mientras sobrellevaba la perorata ebria de su amiga, lo cual no era del todo malo, eso había servido para ahuyentarle los 'ánimos', nada mejor que tener a tu pepe grillo personal que te sobaje y te diga la poca calidad de humano que posees.

Bruto idiota, ¿no me vas a decir nada? Reclamó fúrica de nuevo.

"Gracias".

¿Eh?

"Lo siento, tengo que colgar, tengo visita". Sonrió al reconocer una rabieta nueva en la voz de su amiga.

Hijo de—

Colgó y respiró profundo. Se sentía mal por haber dejado a su amiga colgada, pero no había planeado las cosas, e intentar explicarlo era perder el tiempo, más cuando tienes a una amiga que siempre cree tener la razón y peor cuando está borracha.

Se enderezó antes de volver con un paso más calmado a la sala. Tenía que relajarse e ignorar todo lo que sus instintos primarios le ordenaban.

Tenía que estar enfocado.

"¿Qué haces?".

_o_

Cuando Kakashi salió despavorido, es decir, a atender la llamada en la cocina, se dio cuenta de lo que había pasado, no pudo evitar la sensación de rechazo, de decepción, habían estado a punto de besarse, lo había visto en sus ojos, en su expresión, en la presión que sus manos ejercían contra sus hombros. Y había estado precisamente a eso: 'a punto' porque no había ocurrido nada.

Tuvo que reprimirse y darse de topes con el cojín que estaba a su lado. 'Tonta, mil veces tonta'.

Una vez que pudo contener su furia interna, se puso de pie, la llamada de Kakashi se estaba prolongando y era algo ruidosa pero imposible de entender. Así que se dedicó a pasear por la estancia. Miró el piano, la tapa cubría las teclas, pudo imaginarse a Kakashi tocándolo y componiendo canciones sentado sobre el banquillo. Siguió con su recorrido y llegó hasta el librero, había libros de todo tema, y toda una sección tenía una puertecilla de cristal, protegiéndola con un cerrojo especial, como el de las vitrinas en las joyerías, era toda una sección de libros dedicados a—

"Icha Icha" leyó los títulos de los libros, su más preciada posesión, una colección de libros escritos por el autor más pervertido del mundo, Jiraiya o algo así. Exhaló con fuerza, intentando contener su furia, bien podía romper toda la colección en ese mismo instante.

"¿Qué haces?" escuchó la voz de Kakashi a su espalda.

"¿Cómo puedes tener una colección así de esos libros?".

"¿Cómo podría no tenerla?".

"Estás enfermo, ¿lo sabías?".

"Algunos lo llaman estar enfermo y otros lo llamamos apreciar el arte de la escritura". Estaba justo a su lado, pero aún seguía mirando con incredulidad la colección.

"Eso no es escritura" objetó con un tono despreciativo.

"Está en un libro, además, sé que no has leído aún algún libro de Jiraiya-sama, ¿Cómo juzgar algo que no has intentado?" su voz llevaba implícito algo de reproche. Y lejos de sentirse ofendida, lo pensó mejor.

Se dio la vuelta con lentitud y lo descubrió observándola. No pudo evitar la sonrisita traviesa que se apoderó de sus labios. La ceja inquisitiva de Kakashi solo le infundió más valor.

"¿Sí?" su voz salió en un hilo que esperaba fuera más enigmático, pero estaba tan ansiosa que le salió un poco ahogado, se aclaró un poco la garganta y continuó "¿Qué puede haber de malo en probar algo nuevo?".

El temblor de la ceja izquierda de su profesor le indicó que estaba captando su punto. Y lo descubrió negando. Pero no, esta vez no lo iba a dejar escapar. Subió las manos hasta la altura de su rostro y se detuvo, justo a milímetros de tocar su rostro cubierto por la máscara. Las manos de Kakashi la habían atrapado ipso facto por las muñecas. Supo que en su mente ya había una respuesta, lo podía ver en sus ojos: 'No, Sakura'.

Pero trató de fingir un poco más, aún tenía esa espinita en el pecho que le decía que había algo más oculto en el brillo gris de sus ojos. ¡Tenía que haber algo más a lo que aferrarse!

"No es nada, Sensei, yo solo…" se calló y le dedicó una sonrisa cándida. Negó para él, dándole a entender que no tenía ningún tipo de intención oculta. Y fue justo ese momento, ese en el que aprovechó la duda de su maestro, que a pesar de sus muñecas aprisionadas, logró aventurarse en la búsqueda. Había encontrado sus labios.

¡Carajo, se sentía tan bien!

Sí, era cierto que tenía la máscara, pero eso no quitaba lo húmedo de su respiración debajo, ni la forma de sus labios bajo la tela. Podía sentir cómo había contenido la respiración y descubrió que ella también lo había hecho, ahí, no solo había tela, había algo más, algo que se estaba rompiendo, pero no le importó, cerró los ojos con fuerza mientras movía un poco sus labios buscando una respuesta, electrizándose con la fricción del contraste de sus labios, de reconocer que era él, era Kakashi, su maestro, la persona que la estaba volviendo loca.

Pero no hubo respuesta, al contrario, su corazón martilleaba doloroso contra su pecho cuando él se alejó de ella. Aún no podía abrir los ojos. Él usó la fuerza sobre sus muñecas y la alejó completamente de sí.

"Sakura…" susurró, con su usual tono despreocupado hecho añicos. ¡Tenía que estar preocupado! ¡Su alumna lo había besado! "… no está bien".

Sintió que una sonrisa dolorida se dibujaba en sus labios, ahí aún podía sentir la fricción, pero dolía contrastarla con el frío de la ausencia.

'No digas nada, está bien' quiso decirle, pero no encontraba la voz, sabía que si hablaba rompería a llorar de nuevo. Y esta vez sería incómodo. ¡La había rechazado! La esperanza había sido un engaño, no de él, sino de ella misma, se había convencido de que tenía una oportunidad y lo había arruinado. ¡Maldición!

Negó para él, pidiéndole silenciosamente que lo olvidara todo, quería alejarse de él, salir de su casa, olvidar todo, irse a casa de Ino o de Hinata, mejor la segunda, Hinata no intentaría hacerle un interrogatorio cuando la viera destrozada, ella la acogería y no la juzgaría. Tenía que salir de ahí y deshacerse de esa escena tan burda. De ese momento en el que creyó, podría ser algo más íntimo de este hombre. Pero era solo una chiquilla tonta, con ilusiones tontas. Y quizá después, cuando todo se hubiera calmado, pudiera ser capaz de plantar la cara en sus clases de piano nuevamente.

"Sakura, escúchame" le pidió Kakashi aún frente a él, pero su voz venía como un eco muy distante, era como escucharlo bajo el agua.

Comenzó a negar un poco más fuerte y se dio cuenta que una lágrima bajó veloz por su mejilla, tenía que salir de ahí antes de que pudiera humillarse más. Sus pies se negaban a obedecerla y le mandaban sendas protestas, pero aún así logró moverlos. Apenas dio unos pasos y lo sintió de nuevo. Su mano sobre su muñeca.

"Dije que no estaba bien…" dio un tirón de su brazo y la colocó contra su pecho, el aire escapó de sus pulmones y no pudo evitar la mirada desorientada que le dedicó, sus ojos estaban llenos de decisión y en algún momento se había deshecho de su máscara, porque podía ver el resto de su bello rostro frente a ella, lo observó, confundida, acercarse milímetro a milímetro hacia ella. Contuvo la respiración "… no dije que no me gustara" y callando todo tipo de protesta, la besó.

Si antes se había sentido débil sintiendo sus labios a través de la tela, ahora creía que iba a desfallecer, le faltaba fuerza en las piernas para mantenerse de pie y le faltaba aire para respirar como se debe. Su corazón latía desbocado, sintiendo cada movimiento, cada caricia de sus labios contra los suyos, era un deleite electrizante y vigoroso, sentía una presión en su vientre, que necesitaba apaciguar. No pudo evitar un gemido de placer que nació en su garganta. Escurrió sus manos de su agarre y las enredó en su cabello plateado, que era demasiado suave a pesar de su apariencia desordenada. Sintió las manos de Kakashi en su espalda, trazando una línea lenta y excitante hacia su cadera.

Ella sabía besar, recordaba haberlo hecho antes, pero justo ahora se encontraba siguiendo a duras penas los labios de su maestro, eran tan suaves y húmedos, una vocecita en su mente le pedía por más y supo que no podía negárselo.

Cuando escuchó los libros caer al suelo a su alrededor se dio cuenta que en algún momento Kakashi la había empujado contra el librero, pero no podía sentir la espalda aporrada, los dedos de Kakashi sin embargo estaban clavándose a cada lado de su cadera, en un dolor tan sensual que no pudo evitar suspirar contra él. Y fue entonces cuando sintió la lengua de su maestro perfilar sus labios, dibujando una línea de fuego en cada milímetro que recorrían. ¡Ah, piedad!

Enredó más sus dedos entre sus hebras plateadas, buscando mitigar la ansiedad en su pecho, intentando deshacerse de aquella extraña sensación que se había anidado en su vientre y que le debilitaba las rodillas. Dejó que la lengua de Kakashi se aventurara entre sus labios y el choque caliente que hubo entre ambos, mezclando su aliento y la necesidad, provocó que se acercaran más uno del otro.

Tap-Tum Tap-Tum

Los libros caían y caían, creyó sentir que uno le rozaba el hombro pero lo olvidó cuando escuchó su respiración agitada y fue tan mágico saber que no era la única, que tuvo que soltar el cabello de Kakashi y aferrarse a sus hombros para no caer en ese mismo instante.

Lo sintió separarse de ella y lo acercó de nuevo, tomándolo de la nuca.

"No" pidió y lo besó de nuevo, tomando sus labios húmedos y suaves. ¡Dios! ya no resistía más, tenía que pasar algo ahora, tenía que calmar esa ansiedad, esa necesidad de él. Tenía que—

Tum

Un libro cayó justo en su cabeza. Provocando que cerrara la boca en torno al labio inferior de Kakashi, hundiendo los dientes por inercia. Fue cuando sintió el gusto metálico que se dio cuenta que le había hecho daño. Pero eso no le importaba de momento, la cabeza y la espalda le comenzaron a doler horrores, miró al suelo y miró la enciclopedia que le había caído encima. Lo miró como queriendo asesinar a su creador pero calmó su furia tan abruptamente como llegó. Llevó una mano a su cabeza y se atrevió a mirar a su maestro por primera vez después todo lo ocurrido.

Tragó saliva. Un hilillo de sangre corría por la comisura de sus labios, que se veían rojos y demasiado apetecibles, pero no, no fue eso lo que la hizo tragar tan pesado, era lo que veía en sus ojos, veía hambre, veía ansiedad, y se atrevería a decir '¿Lujuria?'. Su mano abandonó su cabeza para volar al rostro absurdamente atractivo de su maestro. Mordió su labio inferior cuando con las yemas de los dedos dibujó su fuerte quijada. Él seguía mirándola directo a los ojos, con esa fiereza que le erizaba el bello de la nuca. Con el pulgar acarició su labio y se manchó de sangre. Aún seguía fresca.

A pesar del peso de su mirada, se acercó a él, conteniendo la respiración por la anticipación, se inclinó un poco y otro poco más, observando cómo los ojos de Kakashi no descuidaban cada centímetro que iba desapareciendo entre ellos. Sus labios, seguramente rojos e hinchados por el atracón, chocaron contra su barbilla, sintiendo por primera vez el inicio de la barba que no había percibido antes, quizá por la euforia del momento, pero justo en ese momento la sentía, y aunque le picaba, era agradable. Subió poco a poco y fue dejando un camino de pequeños besos, cubriendo la línea roja en su rostro. Llegó hasta su labio lastimado y lo besó, lentamente, cerró los ojos, estaba caliente y casi podía sentir que latía bajo su boca. El aliento de Kakashi la estaba haciendo caer de nuevo en un trance, así que continuó intentando concentrarse en la tarea, besó su herida, la sentía como una línea rugosa entre la suavidad de su labio y con la punta de la lengua intentó borrarla.

No podía entender por qué no sentía vergüenza en ese instante, se sentía tan segura, tan plena. Como si siempre hubiera tenido que ser así. Se separó de él y conforme abría los ojos, sintió el sonrojo encenderse y el sentido común volver. ¡Había besado a su maestro de piano!

"Ah… yo…" comenzó con un tartamudeo sin sentido y básicamente era lo que podía expresar, su cabeza estaba hecha un enredo. Los ojos de Kakashi ventilaban algo parecido, la fiereza y el hambre habían desaparecido poco a poco, dejando en su lugar un gesto de inseguridad. Ella sabía que le gustaba, desde hacía ya un tiempo que se encontraba fantaseando con él, pero precisamente era eso ¡una fantasía! Nunca se había puesto a planear en una escena en la que él se encontrara aceptando sus sentimientos, o más aún, respondiéndolos con tanto ahínco.

"Quizá debas…" la voz de Kakashi no tenía su tono normal, estaba ronca y afectada. "Ve a sentarte" le ordenó, con un esfuerzo que ella notó, quería sonar fuerte, quizá despejarse, pero ella no se quedó para saberlo, lo rodeó en silencio y se dejó caer en el sillón. ¿Ahora qué seguía?

_o_

No sabía exactamente cómo reaccionar, si agradecer o maldecir por lo sucedido.

Sakura se había encaminado al sofá y no había abierto la boca de nuevo. Y quizá era bueno, pero también podía ser malo. ¡Había cruzado la línea! ¡Y la había jodido también!

Recogió del suelo la enorme enciclopedia que había caído en la cabeza de Sakura y se le antojó que la portada lo miraba con reprobación, lo cual era estúpido, porque solo eran unas letras exhibiendo el título, aún así, lo colocó con cuidado en su lugar. ¡¿Quién sabía que tan lejos hubieran llegado si no era por su intervención?!

Juntó el resto de los libros en silencio.

¿Cómo se le había ocurrido besarla? ¡¿Por qué justo hoy que estaban solos?! Y que, probablemente tendría más oportunidades para cumplir las escenas de sus fantas—

¡Espera! Se detuvo a punto de tomar el último libro.

¡Ella lo había besado!

Colocó el último libro casi automáticamente. La realización haciendo mella en él. ¡Ahí estaba! ¡Él no se había aprovechado de su situación emocional! Ella lo había buscado y posteriormente él la había buscado a ella, y sí, Sakura le había correspondido el beso y…

'Pero, espera un momento'. Pensó. '¿Qué pasa con Sasuke?' y aunque sonara completamente fuera de contexto, era una idea que no se había podido quitar de la cabeza. Él los había visto muy cercanos, y, a pesar de que ella se había desvivido en asegurarle que no eran nada. Aún existía un sentimiento en él que le pedía esclarecer todo ese asunto antes de que cualquier cosa pudiera pasar. Y aunque era tremendamente estúpido considerar la idea de que algo pudiera ocurrir después, Kakashi se negaba rotundamente a seguir con lo que fuera, teniendo esa duda presente.

Dirigió sus pasos lentos hasta el sofá, rascando su barbilla desnuda mientras pensaba la mejor manera de abordar el tema. Ella aún se encontraba sentada en el sofá. No levantó la vista hacia él, hasta que se sentó a un lado de ella. Respingó, y aunque tomó un poco de tiempo, se volvió lentamente hacia él, con algo de vergüenza y miedo escritos en sus ojos color jade.

"Tenemos que hablar" susurró por lo bajo y Kakashi no pudo evitar que una de sus comisuras se elevara en aprecio, era una chica valiente.

"Ahora que lo mencionas, sí" le concedió y la observó con mucho deleite morderse el labio.

"Yo… bueno… tú" tartamudeó.

"Me gustas" soltó Kakashi por ella. Y la vio abrir los ojos desmesuradamente. Tenía la mirada completamente atónita, su boca había formado una perfecta "o". Era como si internamente se pateara por haber perdido tanto tiempo con indecisiones, pero ahora comenzaba a verlo claro. Llevó su mano hasta su rostro y se apoderó de su tembloroso mentón. La observó mover sus labios en busca de una réplica pero la interrumpió con un beso rápido, no tenía la intención de encender las cosas de nuevo, pero sí de establecer el hecho. Cuando se separó de ella, capturó una imagen de sus ojos cerrados, no parecía asustada de su contacto, no, no era eso. Una vista de su lengua acariciando sus labios rosas, le aseguró que todo aquello lejos de asustarla le gustaba. Y no pudo evitar que su ego de hombre se inflara un poco. "Pero hay algo que quiero saber".

Sakura torció el gesto y abrió los ojos. ¡Ah, de nuevo volvía a ser ella!

"¿Qué cosa?" preguntó. Con la curiosidad escrita en sus ojos.

"Quiero que me expliques, ¿qué tipo de relación tienes con Sasuke Uchiha?".


Muchas, muchas gracias a todos aquellos que toman de su tiempo para leer esta historia y también para dejar un review. Sus retroalimentaciones acerca de ésta obra me ayudan mucho, así que, sigan así (¡por favor!).

Lamento la tardanza, ya ni Feliz Navidad ni Año Nuevo les deseé, pero bueno, lo hago ahora, aunque atrasadas.

Como siempre, seguiré respondiendo con un MP a las personas que dejen review. ¡Muchas gracias!

Kizuki00 no puedo enviarte un MP porque no eres usuario, pero ¡muchas gracias por externar tu opinión! Me parece que es justo que recibas una mención ya que no puedo darte la réplica como corresponde, así que espero que leas esto y sonrías, como yo lo hice leyendo tu review.

Claro, a todos los demás que dedican su tiempo escribiendo respecto a esta historia, o esta servidora, muchas gracias, a ustedes también los tengo muy presentes. Son ese motorcito que me insta a seguir escribiendo. ¡Los quiero a todos!

Bueno, terminando con este largo "saludo/despedida/explicación/agradecimiento", los dejo descansar por un rato.

Por cierto, no pondré posible fecha de publicación ni nada, porque no tengo una fecha exacta, mi mente sigue maquinando la continuación, pero lo que si es un hecho es que lo publicaré, puede que tarde o no, pero tendrán continuación. ¡Lo prometo!

Espero que les haya gustado lo que leyeron.

¡Nos leemos!