10

Revelaciones

Bienvenido, Potter—susurró una voz por detrás suyo. Se sentía demasiado aturdido aun como para girar y ver quién era su captor, aunque la respuesta estaba más que clara, porque en ese momento su olfato captó aquella fragancia inconfundible; sudor, suciedad y sangre.

Greyback se encontraba detrás de él apuntándolo con la varita.

Harry giró, jadeando suavemente. El corazón le latía con fuerza contra los oídos, y las manos le sudaban. Alzó la vista, y por detrás de los anteojos rotos, los ojos verdes se encontraron con los del hombre lobo.

—¿Dónde estoy? —la pregunta brotó involuntariamente de sus labios, mientras Harry parpadeaba para deshacerse de la pesadez de sus ojos.

—En la mansión de Malfoy —el hombre lobo torció media sonrisa, y las cicatrices que cubrían su lado derecho cobraron vida—. El innombrable vendrá dentro de un día, y a nosotros nos ha encomendado la tarea de capturarte, Potter... —la voz de Greyback era un susurro helado y ronco, que parecía raspar la garganta y reverberar contra las paredes ocultas entre las sombras.

Harry tragó saliva temblorosamente, y se incorporó a medias, apoyándose contra la pared. Un terror que no tenía nombre lo sacudió completamente.

—¿¡Qué les hiciste! —dijo con voz peligrosamente suave. Su pecho subía y bajaba al compás de su agitada respiración. Él estaba en un encerrado, sin varita y a merecer de un hombre lobo, sin saber qué suerte estaban corriendo sus amigos…

—Tus amigos están bien... por ahora —replicó Greyback arrastrando las palabras, y escupiéndolas entre dientes—. Lástima que no se podrá decir lo mismo de ti... ¡Crucio! —Greyback actuó tan rápido, que Harry apenas tuvo tiempo de tensarse para recibir el hechizo.

El dolor rugió a través de todos sus sentidos, y un grito helado surgió de entre sus labios, desgarrando su garganta. Miles cuchillos candentes se incrustaron en cada centímetro de su piel, y el dolor lo ahogó. Su cuerpo se sacudió en el frio suelo de mármol, convulsionándose violentamente.

Tan pronto y tan repentinamente como había comenzado, el dolor desapareció. Harry quedó acurrucado en el suelo de mármol, respirando con dificultad, y con la remera negra pegada a su sudada piel.

Un golpe sordo le advirtió que Greyback había salido del oscuro sótano, y que la puerta se había cerrado bruscamente a sus espaldas.

Harry, sin poder evitarlo, se acurrucó sobre sí mismo, intentando controlar los incontrolables temblores de su cuerpo, y sintiendo como el pánico se apoderaba de sus pensamientos.

Luego de unos minutos de silencio, su respiración se calmó y su mente se aclaró un poco. Se intentó incorporar, y jadeó secamente llevándose una mano a un costado del abdomen. Recostó la cabeza contra la pared, y exploró con la mirada ávida la habitación en busca de una salida, pese a saber que era en vano. Sabía que no lograría salir de allí sin una varita; ni siquiera estaba seguro de poder ponerse en pie.

Pero, ¿por qué Voldemort no estaba allí en persona? Se estrujó el cerebro intentando entenderlo. Soltó un gemido de desesperación cuando un pinchazo en su cicatriz hizo que cerrara con fuerza los ojos.

Inhaló y exhaló profundamente unas cuantas veces, intentando concentrarse. Sabía que el Innombrable llegaría en menos de un día, y que acabaría con él antes de que pudiera defenderse.

Aún si consiguiera una varita antes de que Voldemort pudiera lanzar el primer hechizo, había muy pocas posibilidades de salir victorioso en un duelo con el innombrable. Después de todo, aún quedaban dos Horrocruxes; Algo que había pertenecido a Revenclaw y esa despreciable serpiente, Nagini. Y para empeorar la situación, aún si se encontrase con serpiente, tampoco podría matarla, ya que no llevaba consigo la espada de Gryffindor.

Frustrado, cerró los ojos intentando sumirse en la irrealidad de la inconsciencia, aun que fuera tan solo durante unos minutos.

En ese momento, oyó un chirrido agudo proveniente de la puerta. Abrió los ojos, forzándose a incorporarse, y vio aparecer por el umbral una cara pálida como luna, resaltada por un rubio cabello color platino y unos vivos ojos grises.

Draco Malfoy lo apuntaba con la varita.

—¡Tú! —Harry habló sin poder evitar el deje de sorpresa de su voz, mientras apoyaba las manos en la pared intentando ponerse de pie.

—Cállate, Potter, si no quieres que nos encuentren y maten a los dos —espetó Malfoy en un susurro arrogante. Pese a que conservaba los rasgos de anteaño, sus gestos altaneros no lograban esconder el miedo de su voz. Su blanca piel estaba más pálida que nunca y sus ojos estaban rodeados de unas profundas ojeras.

—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Harry con el rencor impreso en cada sílaba, pero bajando prudentemente la voz.

—Te estoy ayudando a salir de aquí —replicó Malfoy sin mirarlo, mientras se acercaba a Harry y le desataba los nudos de la soga firmemente atada al rededor de sus mano—. Mira, Potter —comenzó, mientras forcejeaba con las sogas—, a mí tampoco me agrada esto, pero si existe alguna posibilidad de que el Innombrable muera, esa eres tú.

—Pero... tú eres un Mortífago —susurró, como si intentara recordárselo. Sacudió la cabeza, intentando aclarar sus pensamientos. El dolor producido por el Cruciatus, el cansancio y el aturdimiento general que lo invadía, no ayudaba en absolutamente nada—. No entiendo nada —confesó al fin, mientras movía las muñecas para recuperar la sensibilidad.

—Potter —gruñó Malfoy, como si estuviera explicándole cómo sumar a un niño de un año—. La cuestión es que el Señor de las tinieblas te aplastará como a una cucaracha si te quedas aquí —se intentó explicar Malfoy, y Harry entornó los ojos y alzó una ceja—. No, no es que no me guste la idea, pero si tú mueres… —bajó la mirada y apuró las palabras—, nadie acabará con él y me matará a mí y a mis padres —tragó saliva—. Eres la única posibilidad de que el mundo mágico vuelva a la normalidad y…—parecía estar sacando las palabras de un pozo muy profundo de sentimientos y hablaba entrecortadamente. Al final, se mordió el labio y le espetó—: ¿Acaso crees que yo elegí esto? Por supuesto que no. Pero... si no puedes con el enemigo —cerró los ojos, como si le repugnara lo que estaba por decir—… entonces únete a él.

Si no lo hubieran acabado de torturar, se hallara secuestrado por el bando enemigo y a un día de que Voldemort llegara para matarlo, Harry se hubiera reído. Sin embargo, asintió con la cabeza suavemente. Hubiera jurado que Malfoy había suspirado de alivio.

—¿Puedes pararte?— preguntó Malfoy indeciso mirando el pálido semblante de Harry, que estaba recostado contra la pared.

—Claro que sí —replicó Harry sin dudar. Apoyó ambas manos contra la pared, y intentó pararse. Jadeando, quedó apoyado contra la pared. Le temblaban las piernas.

—¿Estás bien? —tenía los ojos cerrados, pero habría jurado que Malfoy había sonreído burlonamente. Respiró profundamente.

—Sí, solo… dame un momento —dejó, con suavidad, de sostenerse contra la pared, y caminó unos pasos vacilantes. Harry asintió con la cabeza y volvió a inhalar profundamente.

—Vamos —susurró.

—¡Draco! —la voz hizo que ambos se sobresaltaran. Provenía de algún piso más arriba—. ¡Draco! ¡Ven aquí en este instante!

Era la inconfundible voz de Bellatrix. De solo oírla a Harry se le pusieron los pelos de punta. Malfoy dudó.

—Vete, rápido —dijo Harry con un hilo de voz—. Si no vienes bajará. Ve y distráela.

—De acuerdo —aceptó, tembloroso, Malfoy—.Ve al segundo piso, la habitación de la izquierda. Ahí encontrarás tu varita.

Harry asintió con la cabeza, pero luego miró la larga escalera que se extendía delante de él.

—¿Seguro que puedes? —preguntó vacilante el rubio.

—Sí —afirmó Harry—. Vamos, vete.

Malfoy asintió secamente y se dispuso a salir.

—¿Drac…? ¿Malfoy? —el aludido se dio vuelta. Harry giró la cabeza, concentrándose en un cuadro horrible que había detrás de Malfoy para no tener que mirarlo—. Gracias.

Draco lo observó unos segundos, tal vez demasiado impresionado como para contestar. Luego sacudió la cabeza y salió apresuradamente de la habitación.

Harry se encaminó escaleras arriba, con mucho cuidado, lo más silencioso que podía e intentando atenuar el ruido de sus pasos. Llegó al rellano, y se detuvo, jadeante. El ruido de pasos lo sobresaltaron, y se apresuró a entrar en la primera habitación a la izquierda que se encontró.

Cerró la puerta con sumo cuidado, empujándola con suavidad. El rechinido fue apenas perceptible, pero Harry sintió que le temblaban las manos. Se giró, escudriñando la habitación en busca de su varita.

Una gran cama con dosel se encontraba en el centro de la habitación, y las paredes, pintadas de un verde botella, estaban adornadas con montones de cuadros. Los muebles eran de madera lustrada de la mejor calidad, y a la derecha de la cama se alzaba un imponente armario de madera. Sus ojos se detuvieron en la mesita de noche, donde se encontraba su varita mágica.

Harry la tomó entre sus manos, y soltó un suspiro de alivio. Un ruido a sus espaldas lo sobresaltó, y antes de que Harry pudiera darse vuelta para enfrentar la puerta, esta se abrió con un chirrido espeluznante. Se giró con tanta rapidez que la habitación dio vueltas ante sus ojos. Aún así, alzó la varita con firmeza y apuntó al intruso.

—¡Usted! —la voz le salió ahogada por el odio, y apretó tanto la varita que los nudillos se le pusieron blancos. Severus Snape lo miró sin inmutarse en absoluto.

Estaba prácticamente igual que como Harry lo recordaba; aquel rostro que tanto repugnaba lo observaba con la misma expresión de desprecio a la que estaba acostumbrado. El cabello negro caía como una cortina grasosa sobre la palidez casi enfermiza de su rostro, y los ojos negros lo fulminaban, clavados en los suyos.

—Cállate, Potter —dijo con voz suave y una mueca de desprecio deformó su rostro—, si no quieres que se den cuenta que estás aquí arriba.

—¡Como si no les fuera a decir! —la voz le salió atropellada. La mano de la varita le temblaba—. ¡Maldito, asesino y… repugnante Mortífago! —escupió.

Snape arqueó las cejas y se giró hacia la puerta. Agitó la varita, y Harry sintió la sangre hervirle en las venas cuando reconoció el hechizo Mulffilato

—Controla tus emociones, Potter —advirtió, jugueteando con la varita con sus largos dedos.

—¿Controlar mis emociones? —espetó Harry, y afirmó la varita—. Voy matarlo, asesino. ¡Usted mató a Dumblendore y yo voy a matarlo a usted!

—Te equivocas —la voz de Snape sonó tajante.

—Me equivoco, ¿eh? Entonces, según usted… ¿Dumblendore murió por accidente? ¿O acaso va a decirme que yo lo maté? ¡Pero yo lo vi! ¡Vi cuando él le suplicó que no lo matara! ¡Vi cuando caía después de haber recibido su hechizo! —espetó Harry intentando controlar su voz y la ira sorda que estaba creciendo en su interior a una velocidad alarmante.

—Potter, Potter… —Snape torció una sonrisa—. ¿Es que no se te ocurrió pensar que tal vez Dumblendore me estaba suplicando que lo matara y no por su vida?

—Está loco —sentenció Harry retrocediendo hasta poderse sujetar de la mesita de noche. Su varita seguía apuntando firmemente el rostro de su más odiado profesor.

—Dumblendore siempre tuvo en claro que algún día, el señor de las Tinieblas enfrentaría a su más grande temor. Así que mandó al joven Malfoy a matarlo, pero siempre tuvo muy en claro que no quería que él lo matara. Quería que yo me encargara del plan —Snape hablaba arrastrando las palabras, y, aunque la burla seguía dándole matiz a sus palabras, había mayor seriedad en su tono de voz—. Dumblendore quería que yo lo matara para no corromper el alma de Malfoy, si no había más remedio, claro. Tenía en claro que su sentencia estaba pronunciada —pareció perder el control de su voz, porque volvió a alzarla cuando espetó—: Soy un espía, Potter, pero de la Orden del Fénix, no del señor de las Tinieblas. ¿Acaso crees que habría soportado todos estos años cerca tuyo, incluso en las clases de oclumancia, cuando te tenia indefenso delante mío, si estuviera estado cumpliendo órdenes de Voldemort? ¿Acaso lo crees? ¿Realmente eres tan estúpido Potter? —se masajeó las sien tratando de tranquilizarse—. Nunca le he servido a Voldemort. Estuve… —se detuvo, como si pronunciar la palabra le repugnara—, enamorado de tu madre años y años. Sé, créeme que lo sé, que es culpa mía que tu madre esté muerta. Cometí un error y me he arrepentido de ello toda mi maldita vida— soltó al fin Snape. Parecía más pálido que nunca.

Por primera vez desde que la conversación había comenzado, Harry se quedó sin palabras. Miró fijamente como Snape respiraba agitadamente, dilatando y contrayendo las fosas nasales. Sacudió la cabeza, y espetó:

—Potter, ¿sabes con exactitud cuántos Horrocruxes quedan? ¿Llegó Dumblendore a decírtelo?

Si lo anterior lo había dejado sin habla, aquello le quitó el aire. Sintió una sensación de malestar en el vientre, y en las rodillas, y se vio obligado a sujetarse a la mesita de luz para no caer.

— ¿Pero...? —se le había secado la garganta—. ¿Cómo lo sabe? —su voz apenas era perceptible.

—Arrogante, inepto y ególatra —sentenció Snape con profundo desprecio—. Igual que tu padre. ¿Acaso crees que tú eras él único en el que Dumblendore depositaba su confianza, Potter?

Harry cerró los ojos y respiró hondo varias veces intentando asimilar lo que acababa de revelarle. ¿Snape sabía? ¿Era inocente o era todo una sucia jugarreta?

—Quedan… quedan dos —volvió a inhalar profundamente. Comenzaba a sentirse mareado—. Nagini y algún objeto de valor para Voldemort, de Revenclaw.

—No, te equivocas —desafió Snape, sin variar la expresión de su rostro—. La copa de Revenclaw la destruí yo. Solo queda Nagini —Severus agitó su varita por encima de la puerta, y murmuró algo en voz baja—. ¿Sabes hacer un Patronus, Potter?

—Sí —afirmó Harry débilmente.

—Entonces deja de quedarte ahí parado sin hacer nada, y ve y envíales un mensaje a los de la Orden del Fénix, para que te esperen alerta cuando regreses. Vamos a necesitar su ayuda para salir de aquí sin que se den cuenta.


Probando, probando... uno, dos, tres. ¡HOLA! ¿Cómo están, queridos míos? Espero que muy bien ^^ Bueno, aquí el capítulo 10 de esta historia, que tiene para rato. Más o menos unos treinta capítulos más :3 Espero que les esté gustando. A partir del capítulo siguiente a este, empezará bien a desarrollarse el conflicto principal de la trama :)

Ya saben, espero sus reviews para saber qué les pareció el capítulo. Vítores y tomatazos son bienvenidos, como siempre :D

¡Nos estamos leyendo!

Cam