Hola mis queridas seguidoras, espero no me hayan extrañado mucho, mi musa por fin me dejó encontrar el medio para hacer este capi, así que: acá está ¡el nuevo capi!

Como dije, me costó un poco, porque aunque tenía el fondo, me faltaba la forma, en fin ¡tenemos un capi muy sentimental!

Gracias a: liluz de géminis y a tsukiimeprincess ¡que son las mas fieles a esta historia!¡muchas gracias!

¡Déjenme saber su parecer!¡con un especial REVIEW!

Saint seya, es propiedad de Masami Kurumada, yo solo, intento ampliar este universo que adoramos tanto.

La depresión de Camus.

Si bien, tras el regreso de los caballeros de las profundidades, había sido un tanto difícil, por la situación padecida por su compañero de armas, nada preparaba a los caballeros dorados para lidiar con lo que sería, un Camus muerto en vida –no lo soporto. Dijo Milo angustiado, haló sus cabellos, Shaka alzó una ceja y dejó su taza de te en la mesita.

-no veo que te extraña Milo, ha sido una situación demasiado horrible para Camus. Milo asintió.

-lo se Shaka, no ha dejado de llorar, ha dejado los alimentos, si sigue así, habrá que alimentarlo por intra venosa. Shaka asintió –debemos tener paciencia Milo. Milo bufó.

-la paciencia no es algo que aplique, Toin puede morir. Mu negó –Toin no morirá, su deber de proteger a su señor, lo mantendrá en pie, pase lo que pase. Aseguró.

-eso espero. Dijo Máscara de la Muerte, que había estado callado todo el tiempo, dio un suspiro de pesar.

-eso espero realmente. Aseguró a sus compañeros.

Afrodita había ido con Aldebarán, a asegurarse de que Camus se encontrara bien, encontró la casa de Acuario vacía, sin señales de su guardián por ningún lado, rastreó con su cosmos el santuario, Camus no se sentía por ninguna parte, Aldebarán bufó.

-se fue. Dijo, Afrodita asintió-sabrá Hades para donde. Dijo con rabia mientras se alejaba hacia su casa seguido de Aldebarán.

Camus, caminaba por las calles de Lyon, donde los recuerdos se le presentaban en la cabeza sin quererlo, recordaba a sus padres, tomados de la mano, caminando detrás de ellos, mientras corrían, las idas al mercado, tanto mensualmente para comprar el grueso como semanalmente para comprar ciertas cosas que necesitaran de repente, el señor Gustav que vendía helados en la esquina, junto a unas deliciosas malteadas, a la señora Marie, la de la panadería, siempre que los mandaban allí durante las vacaciones, ella les regalaba pedazos de queso, sus fantasmas caminaban, corrían y jugaban inquietos por esas viejas calles, llegó al parque, donde sus padres les dieron la noticia de ir al santuario griego por primera vez, se sentó en la misma banqueta, de tantos años atrás.-

Y pensar, que el temor en ese tiempo, fue que se divorciaran. Dijo mientras su mirada se cristalizaba, recordaba a su madre, corriendo como una chiquilla cuando iban a jugar en el parque, a comer helado…las lágrimas caían sin control, se colocó las manos en el rostro para amortiguar sus sollozos, pero nada podía amortiguar su dolor, las horas se fueron desgranando, entre llantos y palabras incoherentes, entre lamentos y juramentos insolentes, la noche lo saludó con sus dedos helados, pero a Camus de Acuario no le importó, alguien arrojó una frazada caliente sobre el, Camus alzó la vista, un poco hinchados los ojos ya, se miró a si mismo…a su hermano, Antoin lo ayudó a levantarse.

-mira nada mas, estás helado, si no llegaba antes, te da hipotermia, vamos a casa. Camus se dejó conducir como un chiquillo, Antoin abrió la puerta, la estancia caldeada lo saludó al igual que lo hacía la televisión y un olor a sopa, Milo se levantó del sofá.

-insensible pedazo de hielo, nevera descompuesta, hombre de nieve derretido, iceberg desquiciado ¡tienes una maldita idea de todo lo que me preocupaste!¡desapareciste de repente!¡sin decir nada!¡en tu estado!¡quien te crees que eres! Antoin lo miró seriamente.

-Milo, basta a la 1. Milo negó - ¡no Toin!¡porque el debió avisar!¡que hubiera pasado si te atropella un camión! Camus respondió:

-sería mejor para todos. Antoin frunció mas el ceño –Milo, basta a las 2. Previno nuevamente - ¡nada de basta!¡Camus Michel!¡eres un desquiciado!¡bruto e insensible! Antoin le dio un puñetazo a Milo que lo tumbó al suelo.

-Milo, basta a las 3. Dijo por fin, Milo se levantó ofendido - ¡solo me preocupo por ustedes!¡tanda de clones desagradecidos! Antoin asintió.

-te lo agradecemos de veras, pero esa no es la manera. Milo bufó, encendió el volumen de la televisión y se dedicó a esta, en un silencio, que el seguro consideraba digno, Antoin llevó a Camus al cuarto de baño, con cuidado lo ayudó a desvestrise y a sumergirse en el agua caliente.

-huele a limón, como ella la solía preparar. Antoin asintió con una débil sonrisa.

- ¿Cómo me encontraste? Preguntó Camus mientras su hermano lo comenzaba a bañar al literal –soy tu gemelo, siempre sabré donde encontrarte. Camus asintió.

- ¿Por qué fuiste? Después de todo lo horrible que he sido contigo, después de las cosas tan desagradecidas, frías, crueles y despiadadas que te he dicho, dime Toin ¿Por qué? Antoin rió.

-eres mi hermano, Camus eres mi único hermano, te quiero, así peleemos de vez en cuando, te quiero, ya se que eso suena muy sentimental, pero es la verdad. Camus lo miraba.

- ¿a pesar de todo lo que te dije?¿a pesar de que estuve a punto de matarte? Antoin asintió y sonrió –Camus idiota, yo también estuve a punto de matarte pero, no porque fueras mi hermano, era porque en ese momento, eras mi enemigo, pero siempre has sido mi mejor amigo, me has defendido, me has apoyado, me has dado lo mejor de ti, incluso me animas a ser mejor persona cada día. Una sonrisa se dibujó en las comisuras de la boca de Camus.

- ¿Quién te lo hizo entender? Preguntó –mi alumno, mi pequeño Sorrento. Dijo Antoin comenzando a rememorar en voz alta.

FLASH BACK.

Cuando el despertador sonó en el interior del pilar de Sirena, Antoin lo apagó y se dio la vuelta, se encerró en sus cobijas y decidió que ese día, no se levantaría, no tenía ganas, se sentía destrozado, de repente, escuchó una musiquita llegar, era el ciclo sin fin del rey león, el mayor se descubrió enseguida, al tiempo que su puerta se abría y un feliz Sorrento seguido por la música entraba.

¡hola maestro Toin!¡buenos días! Antoin abrió mucho los ojos, su discípulo tenía una bandeja en sus manitos, que contenía un desayuno, unas madalenas un poco quemadas, al igual que unos panqueques, tenían una carita hecha de chispas de chocolate y leche condensada, un jugo de naranja y una café, que parecía mas leche que café.

-Sorrento ¿Qué significa? El niño se acercó a el, y le colocó la bandeja en las piernas, se sentó a su lado mientras el mayor, comenzaba a tocar su desayuno con el tenedor.

-no me quedó mal, solo se me quemó un poco. Dijo el niño, Antoin asintió, cortó un trozo del panqueque y se lo llevó a la boca, a pesar del pequeño saborcito a quemado, se podía apreciar el inicio de la buena sazón de su alumno.

¿Quién te ayudó con el panqueque? Preguntó Toin tras haber tragado –la maestra Giselle, la convencí anoche. Antoin asintió –bien ¿Por qué la música? Si sabes que estamos de duelo. Sorrentito bajó la cabeza.

Es que usted me recuerda a Simba maestro Toin. Antoin abrió mucho los ojos - ¿Qué tiene que ver Simba conmigo? Preguntó –que Simba creyó que el había matado a Mufasa, y el no mató a Mufasa, fue Skar, y Simba se fue y casi se muere. Antoin asintió.

¿y? Sorrento lo miró con cara de sabiondo –que usted no fue el culpable de lo que le pasó a mamá Odi. Antoin lo siguió mirando.

Maestro Toin, yo se que si usted hubiera podido, lo hubiera hecho, pero no fue su culpa, y se que no es fácil cuando ella se ha ido ¿recuerda que yo no tengo mamá tampoco? Antoin asintió.

-es raro, cuando los santos o marinas son huérfanos, eso muy poco ocurre. Sorrento asintió - ¿recuerda lo que me dijo cuando mamá se fue y yo no quería comer? Antoin asintió.

-desde luego: te dije que estaba bien, sentir dolor…pero que…el dolor, no debía conducirte al sufrimiento…este a la apatía…esta a la muerte, que debías intentar curarte poco a poco…no encerrarte en ti…no morir en vida. Sorrento asintió.

-que el dolor podía ser muy grande…debías vivirlo…pero no dejarte arrastrar por el…que quien te ama…está en todos lados…como en la naturaleza, en todo…en las estrellas. Sorrento asintió a las palabras de su maestro.

Como le dijo Mufasa a Simba, los grandes reyes del pasado, nos observan desde las estrellas. Antoin asintió –y el también lo cuidaría, desde allí, como ella lo hará con nosotros. Sorrento asintió.

Maestro Toin, yo lo necesito, no me deje solito, si usted se pone triste, yo lloro y no me gusta llorar, maestro Toin, vuelva poco a poco a ser usted, seré mejor discípulo, me portaré mejor, ya no pintaré sus papeles y me comeré mis verduras. Antoin lo miró.

Gracias Sorrento. Dijo con cariño –de nada…¿Por qué me agradece? Preguntó el niño, Antoin sonrió.

Por devolverme un propósito para luchar, cuando quiera desahogarme, me encerraré en mi cuarto, pero no dejaré, que me consuma por entero, no puedo hacerlo, no por ahora, hay muchas personas que dependen de mi, Camus y tu, son los principales. Sorrento asintió.

¡me da mucho gusto maestro! Dijo feliz, Antoin tomó su desayuno, si bien, no se sentía alegre, ni tenía consuelo, gracias a Sorrento, había brotado un poco de paz y esperanza.

FIN FLASH BACK.

Camus abrió mucho los ojos –lo que puede hacer un niño. Dijo por fin, Antoin asintió –el me dio la fuerza, para encontrar un poco de esperanza, con el tiempo, el dolor irá desapareciendo, quedará la tristeza, de su partida, pero, podremos volver a sonreír, si la vemos en cada cosa bella que hay en el mundo. Camus le dio una triste sonrisa.

-perdóname hermano, por haber sido un idiota. La mirada de Toin se empañó de repente.

-quiero que volvamos a ser los de antes Toin, los de antes de la pelea. Dijo Camus, Antoin asintió –desde luego, hermano. Dijo, ayudó a Camus a terminar y a salir.

-lo demás, lo puedo hacer yo. Dijo Camus, Antoin asintió y salió del cuarto, Camus se vistió disfrutando de las pruebas del amor incondicional de su gemelo.

-mamá, te prometo que voy a ser tan unido con Antoin como lo fuimos antaño, nada podrá reemplazarte y aunque la tristeza por no tenerte estará conmigo, tendré la alegría de saberte en cada cosa hermosa que haya en el mundo, gracias mamá, por un hermano como Toin, lo cuidaré mucho mas, lo juro. Y con ese pensamiento, Camus se encaminó hacia el comedor donde lo esperaban Milo y Toin.