219 a.C.

Envolvimos el cadáver de mi esposo en unas telas. El condenado pesaba demasiado y estaba apunto de amanecer así que lo arrastramos hasta llegar a mis aposentos donde lo metimos dentro de un arca.

Limpiamos toda la sangre con unos harapos, los cuales prendimos en llamas para eliminar cualquier sospecha.

Me bañé junto a Lexa, acomodada en la seguridad de su cuerpo. El agua se había teñido de rojo como la primera vez que la metí en la tina, sin embargo ninguna sangraba, ya no, en ese momento no había dolor que nos afligiera.

-¿Confías en mí mi domina?-Preguntó acariciando mi cuerpo con la esponja. Apoye mi cabeza en su hombro y miré sus profundos ojos verdes.-Deja que vaya en busca del magistrado...

-No.-La interrumpí.-No te vas a sacrificar más por mí.

-Clarke.-Tomó mi rostro en su mano.-El poder y la lujuria mueve el mundo. Tu esposo era un hombre muy rico, deja que me gane el favor del magistrado y de su esposa.

-Lexa no puedo pedirte eso.-Cerré lo ojos apoyando mi frente contra la suya.

-No lo estas haciendo.-Beso mi mejilla.

Salió de la tina y seco su cuerpo, salí yo también dejando que el agua recorriera mi piel.

Me quite el anillo de lapislázuli y le até un cordón para colgárselo a Lexa en el cuello, escondiéndolo bajo sus ropas.

Había hecho demasiado por mí, se había ganado la libertad que nunca le daría. Acaricié sus hombros a modo de despedida, podía huir si lo deseaba yo no la retendría.

-Es una joya valiosa.-Sonreí con tristeza.

-Volveré mi dominus.

En la actualidad.

-¿Clarke?-La abrace por la espalda.-Tal vez quiero tu caos en mi vida pero me da miedo.-Susurré en su oído mientras ella recostaba la cabeza sobre mi hombro buscando mi mirada.

-No tienes que temer nada.-Se dio la vuelta colocando sus manos en mis hombros, acariciándolos.-No es mi intención hacerte daño.-Me dio un ligero apretón en ellos haciéndome sonreír.-Veo tanta pureza en ti que... que la quiero en mi vida de la forma que sea. No quiero que desaparezcas.

-No lo haré.-Me perdí en la sinceridad de su ojos cristalinos.-Quiero conocerte Clarke, de verdad y conocerme a mí contigo.

-¿Quieres intentar...

-Hazlo o no lo hagas pero no lo intentes.-La interrumpí haciéndola sonreír con una frase del maestro Yoda.

Lincoln y yo llegamos al final del túnel, enfocamos nuestras linternas y pudimos ver sobre nuestras cabezas la salida. Pero estaba sellada y empecé a tener una sensación descontrolada de querer abrirla, de cruzar a través de ella y descubrir que me aguardaba al otro lado.

Mi compañero se inclinó ofreciéndome sus manos como peldaño. Coloque uno de mis pies sobre ellas, me sostuve de sus hombros y me levanto. Empujé con todas mis fuerzas, dejando escapar pequeños gruñidos sin lograr mi objetivo. Cuando empecé a golpear con mi puño Lincoln me bajo de inmediato.

-¿Qué haces? Te vas hacer daño.-Echo un vistazo a mis nudillos algo pelados y negó con la cabeza.

-Necesito saber a donde sale.-Murmuré sacando algunas herramientas de mi mochila.

-¿Qué pretendes?-Frunció su ceño.

-Reventarla.

-Lex.-Rodeó mi cuerpo con sus fuertes brazos sin dejar que me moviera.-No sabes donde puedes aparecer, imagina que sales en medio del comedor de una familia, en mitad de una calle transitada o simplemente hay toneladas de hormigón tras esa trampilla.-Su voz profunda me tranquilizaba y la ultima opción era la más segura de todas.-Usaremos un localizador GPS y luego seguiremos las coordenadas en el exterior. ¿Vale?-Asentí.-Pero otro día, hoy es demasiado tarde ya.

Caminamos de vuelta.

Jaha había tenido que cambia los planos de construcción para que su obra no afectara al túnel, aunque la obra seguía paralizada.

-He invitado a Clarke a mi cumpleaños. ¿No te importa no?

-No.-Una pequeña sonrisa se formó en mis labios.-De hecho estamos empezando algo.-Murmuré sonrojándome.

-Que calladito lo tenias.-Sonrió dándome un codazo.

-Lo estamos tomando con calma y siento que me van a explotar los ovarios.-Grité esas ultimas palabras y mi voz resonó por todo el túnel haciéndonos reír.

Al salir la luz el sol me cegó como la realidad en el mito de la caverna de Platón. Entrecerré los ojos adaptándome, bajando la mirada en busca de sombra, sombras como las del mundo subterráneo del cual acababa de emerger y que sentía más verdadero que todo lo que ahora me rodeaba.

Detuve mi Montesa Impala delante de la puerta de Clarke y golpeé la puerta para que saliera.

-¡Oh no!-Dijo nada más verme.-No me pienso montar en esa chatarra.

-¿Ni con esto?-Le ofrecí un casco que había comprado especialmente para ella.

-¿Le has puesto el emblema de la resistencia rebelde de Star Wars?-Soltó una risotada.-¡Me encanta!-Dejo un beso en mis labios y se puso el casco.-Aunque prefiero el reverso tenebroso de la fuerza.-Bromeó.

Sonreí subiéndome en la moto, Clarke subió detrás y me abrazo.

-Tengo la sensación que ya has montado conmigo alguna vez.-Me giré en su búsqueda.

-Nop.-Negó.-Será nuestra primera vez.-Me dedico un guiño sonriendo.

Nos pusimos en marcha, teníamos que comprarle un regalo a Lincoln, era tan raro como yo así que sabia perfectamente donde encontrarlo. En el almacén de Jaha.

Antes de derribar una vieja casa abandonada primero la despojaba de sus recuerdos, de los objetos que la decoraron antaño y los almacenaba en una enorme nave donde todo estaba a la venta.

-Habríamos llegado antes andando.-Bromeó Clarke bajando de la moto.-¿Es aquí?-Observo el lugar con curiosidad.

-Sí.-Rodeé sus hombros con mi brazo invitándola a caminar.-Los recuerdos de quien sabe cuantas personas yacen aquí olvidados y hoy nosotras vamos a rescatar alguno.

-Parece todo tan misterioso cuando hablas.-Rodeó mi cintura.-¿Así que hoy voy a ser una caza tesoros como tú?-Sonreí asintiendo.

Alie me saludo con un ligero movimiento de cabeza cuando entramos. Era la encargada de custodiar todos esos objetos y de venderlos.

Clarke se perdió entre los pasillos maravillándose con todo.

-¿A Lincoln le gustan las armas?-Gritó desde otro pasillo y fui en su búsqueda.

Me encontré a Clarke apuntándome con una pistola de avancarga de principios del siglo XIX y una sonrisa demasiado provocativa.

Mi respiración se agitó contemplándola, no sé porque me sentía excitada por tener un cañón delante de mi cara.

De un manotazo bajé el arma, mi otra mano fue directa al cuello de Clarke, la bese con profundidad estampándola contra una estantería de la cual cayó una caja a la que no le di ni la más mínima importancia.

Mis manos recorrían su cuerpo desesperadamente por debajo de su camiseta, mis labios descendieron a su cuello, ella echo la cabeza hacia atrás dejando que lo devorara con intensidad.

-Lexa.-Jadeo en mi oído.-¡Ey!-Detuvo mis manos que empezaban a desabrochar sus pantalones.-Las manos quietas Lexa o...

-¿Me cortaras las manos?-Murmuré sobre sus labios besándolos de nuevo.

-¿Como sabes lo que...-Me miro confusa.-¡Que desastre!-Se agacho recogiendo unas fotos que se habían esparcido por el suelo al caer la caja que las guardaba.

Me acuclille a su lado algo aturdida sin mirarla a los ojos. No sabia que se me había cruzado por la cabeza para comportarme así, para sentirme tan llena de lujuria. Era una faceta nueva que estaba descubriendo con ella o quizás siempre había estado ahí y nadie la había sabido despertarla como lo hacia Clarke.

Empecé a recoger aquellas fotos y a guardarlas no sin antes echarles una ojeada.

-Charlotte, 1925.-Le enseñe a Clarke la foto de comunión de una niña.

-¡Da miedo!-Entrecerró los ojos y me quito la foto guardándola en la caja.

-Estas son de la guerra civil.-Dije emocionada mientras el corazón me golpeaba el pecho con fuerza.-¡Uf!-Sentí un escalofrío recorriéndome, me había quedado sin palabras y estaba a punto de llorar.

Deje las fotos en la caja, las manos me temblaban al hacerlo. Me aparté para tratar de recomponerme mientras Clarke terminaba de guardarlas.

Finalmente escogimos un viejo cuadro que representaba El rapto de las sabinas.

-¿Y se las llevaron?-Preguntó Clarke entrando en su casa e invitándome a pasar. Sonreí y asentí.-¿Y no hicieron nada sus familiares?

-Años más tarde los sabinos atacaron a los romanos pero las sabinas se interpusieron entre ellos, deteniéndolos porque no querían ver morir ni a sus padres y hermanos ni a sus esposos e hijos.-Levante el cuadro sin saber que hacer.

-Déjalo donde puedas, ya lo envolveré.-Dijo entrando a la cocina.

Dejé el cuadro apoyado en la mesa y salí al patio a esperarla. Me estremecí al notar algo helado en mi nuca.

-Eres mala Clarke.-La rubia sonreía sujetando el botellín de cerveza en mi nuca.

-¡Toma! Esperó que este lo suficientemente fría.-Me dio la cerveza divertida.

-Te aseguro que lo esta.-Reímos.

-Tengo otra cosa para ti.-Dijo sorprendiéndome.-He visto que te han gustado las fotografías así que me he llevado una.-Susurró cubriendo su delito y me tendió la foto.

Le eche un vistazo al dorso, había una fecha escrita con una bonita caligrafía 1938, le di la vuelta y observe a unos milicianos junto a una civil en el monte. Entrecerré los ojos intentando apreciar sus rostros.

-Deberías ponerte las gafas.-Clarke estaba al otro lado de la mesa con su copa de vino.-Estas preciosa con ellas.-No pude evitar sonreír algo avergonzada.

-Has robado la foto.

-Por lo que costaba.-Añadió quitándole importancia.-Además te aseguro que el verdadero propietario preferirá que este con alguien que la valore de verdad que cogiendo polvo en un almacén.

Sonreí, razón no le faltaba si fuera mía también escogería esa opción.

Me puse las gafas, Clarke me dedico una gran sonrisa. Examine la foto y se me descompuso la cara al ver que la civil que había en esa foto era exactamente igual que la mujer que tenia enfrente. Miré con disimulo por encima de las gafas a Clarke, comparando el razonable parecido que había entre ellas.

-¿Clarke?-Me miro despreocupada.

-¿Qué?-Se levantó acercándose, rodeó mis hombros por detrás y apoyó su mejilla contra la mía.-La chica de las muletas es clavada a ti.-Tomo distancia para observarme.-Ahora si que voy a empezar a creer que tienes un pacto con tus dioses.-Bromeó.

1938

El dolor era insoportable, me quemaba. Había recibido un disparo en el muslo hacia unos días y sin atención médica en medio del bosque estaba segura que no iba a contarlo.

-¿Estas despierta Woods?-Kane entró en la tienda.

-No podría dormirme con este dolor insufrible.-Gruñí.

Tras Kane entro una mujer rubia, sus ojos eran el mismo cielo, seguramente ya había muerto debido a una infección.

-¿Nos deja?-Su pregunta hizo que Kane saliera de la tienda.-Tendré que quitarte los pantalones.-Dijo sonriendo tristemente.-Eres muy valiente.-Desabrocho mi pantalón y empezó a quitármelo con sumo cuidado.-Sé que estáis escasos de... de todo, no voy a dejarte sin ropa.

-¿Qué hacéis aquí? Puede ser peligroso.-Tenia curiosidad por saber porqué nos ayudaba.

-Tú te alistaste a las milicias yo soy voluntaria en el hospital que han improvisado en el colegio. Cada cual ayuda como bien sabe o puede.

-¿Y tu esposo?-Pregunte fijándome en su anillo de la mano izquierda.

-Bellamy mi esposo huyo nada más inició la guerra.

-Bonito cobarde. ¡Ah!-Me queje mirándola con el ceño fruncido, me había hecho daño a propósito.

-Deberías bajar al pueblo.-Empezó a vendar la herida con suaves caricias.-Tampoco es que tengamos demasiados recursos pero podría hacer mucho más por ti.

-No puedo hacer eso.-Murmuré mientras ella empezaba a ponerme los pantalones nuevamente, con la misma delicadeza con la que me los había quitado.-Estoy empezando a creer que eres un ángel.

Coloco su labios en mi frente y sonrió.

-Tienes algo de fiebre. Cuando vuelva a venir intentaré traerte medicinas y unas muletas para que puedas andar.-Acarició mi rostro.-¿Te conozco de algo?

-Lo dudo, te recordaría seguro.-Mis palabra provocaron que sus pálidas mejillas se sonrosaran.

-Bueno ahora necesito que luches hasta la próxima visita.-Sonrió algo nerviosa.

-Nos volveremos a ver...-Levante mi ceja a modo de interrogación.

-Clarke.-Asentí.

-Bueno Clarke yo soy Lexa y no me doy por vencida fácilmente así que estaré esperando por esas muletas.

1807

Bajé al río a llenar las cantimploras y no pude evitar reír al ver a la morena de la taberna resbalar y caer en el agua.

Era pleno diciembre, no debería ser una sensación agradable sentir el agua clavándose como mil alfileres en el cuerpo.

Silbe imitando el canto de las aves llamando su atención y acercándome a ella.

-¿Estáis bien?-Pregunté entre risas, me empujo y empezó a caminar.-¡Espera muchacha!

-¿Te has olvidado de mi nombre bandida?-Parecía molesta.

-Tal vez lo haya olvidado pero no me he olvidado que me ayudaste.-Nos miramos con desconfianza.-Mi campamento esta aquí cerca, podrías calentarte con el fuego mientras se seca tu ropa.

Raven, ella misma me recordó su nombre, aceptó la propuesta y me acompañó al campamento.

Tendí su ropa cerca de la hoguera ante la que estábamos sentadas, ella cubierta con una manta bebiendo una taza caliente de sopa hecha con... bueno eso no importaba, al menos reconfortaría su tiritante cuerpo.

-Al final me robaras el corazón bandida.-Me sonrió.

-Ya poseo uno.-Observe el crepitar del fuego.-Sé que los franceses van a celebrar el año nuevo en tu taberna.-Murmuré antes de mirarla.-¿Podrías colarme?

-¿Por qué haría yo eso? Tus ojos aceituna son difíciles de olvidar, te estaría mandando a la cueva del lobo.

-No es preciso que sepas los detalles, solo tendrías que preocuparte por dejarme entrar antes de que inicie la celebración.

-¡Dame tu mano!-Ordenó cogiéndola y tendiéndola sobre la suya, acaricio mi palma con sus yemas.-Tu corazón...

-Ya tiene propietaria.-Murmuré.-Raven no creo en estas cosas solo quiero saber si me ayudarías.

-Sin duda tu corazón no es tuyo, nunca lo ha sido. Veo su anillo con la piedra lapislázuli igual que el color de sus ojos.-Susurró.

-Ella no tiene ningún anillo así, deja ya la chanza. Conozco perfectamente sus joyas porque yo las robe todas.-Comenté divertida.

-Veo muerte.-Se aterrorizó.-Tu, tus...-Cerró mi mano y la alejo de ella.-¿Quien sois?-Balbuceó asustada.-¿Qué hicisteis? Tenéis que encontrarlo para terminar con el sufrimiento.

-¿De qué hablas?-Pregunté confusa.

-El lapislázili atrae el amor espiritual, es un amuleto de fidelidad y fortalece los vínculos entre los amantes.-Había dejado de mirarme y se calentaba las manos ante la hoguera, aunque más bien parecía buscar algo entre las llamas con ellas.-También puede despejar la mente de su portador, te hará ver la verdad. Te conseguiré una,-Me miró profundamente.-debes afrontar quien eres.