NDA: Perdón por la demora... ayer me extrayeron dos muelas del juicio y pasé una especie de agonía de dolor durante unas 8 horas :S Pero ya estoy mucho mejor! Para compensar les dejo el último capítulo "oficial" de esta fic, pero queda todavía un pequeño Epílogo que subiré más adelante.

Gracias por leer!


Capítulo 10: "El consejero"

Por la energía y empeño que estaba poniendo en ello el sargento, era muy probable que su lengua estuviera ya más allá de la garganta del recluta. Fuyuki y Kururu se quedaron paralizados a varios metros, esperando a que los dos keronenses, ocultos del mundo gracias a la antibarrera, decidieran que respirar de vez en cuando les haría bien a la salud.

Lo más prudente pareció retirarse hasta la entrada a la estación para no ponerlos en un apuro si se daban cuenta de que los habían descubierto en pleno acto. Cuando finalmente aparecieron Kururu actuó casual pero Fuyuki estaba hecho un atajo de nervios. No sabía si reír, sentir vergüenza, emocionarse o seguir confundido, pero Keroro sencillamente se acercó y le ofreció la mano.

"Fuyuki-dono! Cómo ha estado tu viaje? Te echamos de menos, gerogerorín!"

Kururu tendía a olvidarlo, pero Keroro ya era un adulto. De todas formas le sorprendió la manera calmada en que manejó las cosas. Después de saludar a Fuyuki y al alférez, Keroro les dijo que tenían una noticia, y tomándole la mano a Tamama, que hasta el momento había estado bastante callado, anunció que Tamama y él eran, desde ese día, oficialmente una pareja.

"F-F-Felicitaciones a ambos!" Fuyuki se sintió aliviado de poder dejar de disimular.

"Kuukuku! Bien hecho, los dos..." Kururu miró a Tamama que le devolvió una mirada de felicidad especial, mientras se abrazaba a su sargento, que ahora era además su novio. "Ya me contarás los detalles más tarde, eh recluta?... kuukukuku! Hacen una linda pareja!" Tanto dinero!

"Gracias, desuu! Gunso-san es el mejor..."

"Te dije que podías llamarme por mi nombre, Tama-chan~"

Tamama se ruborizó un poco, aún no estaba acostumbrado al nuevo trato. "Hai, Keroro-kun!"


"KYaaaAaaAAAaaAaaaAAaaaaaaaahhhhhh!" Kururu por las dudas se fue de la habitación. Sus gafas corrían un serio riesgo de rajarse con semejantes gritos! Y Giroro no había vuelto aún, qué lo estaba demorando? Aaah, le iba a doler la cabeza...

La recepción de la casa de los Hinata estaba ocupada por dos seres danzantes y aullantes, más precisamente Tamama y Momoka, que estaban saltando y girando abrazados, festejando sus victorias. En el salón Fuyuki y Keroro se reían de los gritos que, por supuesto, se escuchaban por toda la casa, mientas bebían algo de té que había quedado de antes.

Natsumi decidió preparar una cena para todos, había tanto para celebrar! Aunque lo de la ranucha y el renacuajo todavía le parecía extraño y no sabía si le hacía mucha gracia... Keroro se saltaría más deberes ahora que de seguro iba a pasar más tiempo con Tamama, y todos sabían que tener a Tamama en casa de visita implicaba tener que limpiar más después... pero qué importaba esa noche? Era momento de celebrar. El amor siempre debe celebrarse, o al menos eso pensaba Natsumi. Quizás si se portaba bien con ellos algo de su buena fortuna se le contagiaría?

Kururu se había refugiado en la cocina con su portátil. No le había dado tiempo de revisar la posición de Giroro cuando alguien le tocó el hombro.

"Kururu-souchou-san?"

Era Tamama. Keroro se había quedado muy distraído enseñando a Fuyuki y Momoka su nueva y flamante maqueta, que materializó del superespacio, así que el renacuajo venía a negociar con Kururu su pago. Ah, negocios son negocios!

"Kuukuku! Ven conmigo..."

Al parecer Momoka había realizado una transferencia de dinero durante su viaje, a una cuenta que ella había mandado a crear para Tamama. Por lo que pagarle a Kururu fue tan sencillo como realizar una operación desde el pequeño ordenador portátil del alférez.

"Sabes, caí tarde pero ví a través de tu plan. Debo decir que fue muy divertido formar parte, kuku! Aunque podría haberme llevado el dinero yo. Pero no importa, no es lo que más me interesa..."

Tamama se puso serio. "Sabes, al decir verdad... nada salió como yo esperaba."

"Nyo?"

"Bueno, yo pensaba usar el dinero para atraer a Keroro, el dinero me lo ganaría aconsejando a Momoka y logrando que saliera con Fuyuki pero... poco a poco me fui dando cuenta de que los consejos eran mucho más sensatos que mi idea de usar dinero como un anzuelo y... Kururu, ese dinero que te transferí es todo lo que me pagó Momoka. Ya no lo necesito."

"Esto es todo? Pero es lo que me habías prometido... acaso no pensabas quedarte una parte?"

"Momoka no me pagó todo lo que acordamos... me envió un mensaje diciendo que desde un principio había pensado que era desproporcionado y que jamás se lo habrían perdonado sus padres. Creo que estaba defendiendo a su familia. No la culpo... En definitiva todo lo hizo por amor, como yo... como sea, quédatelo. Ya no lo necesito." La sonrisa que adornó el rostro de Tamama al decir esas últimas palabras dejaron mudo al alférez. Le habían provocado algo que jamás se imaginó que sería capaz de sentir: envidia.

"Descuida, haré buen uso de él..."

"Bueno, tengo que regresar o Gun... o Keroro-kun se va a poner celoso -desuu!"


Cuando por fin Momoka y Tamama abandonaron la casa y los hermanos y Keroro estaban acostados, Kururu salió al jardín con su ordenador portátil. Aliviado de ver que finalmente Giroro parecía estar regresando, decidió encender el fuego para que la tienda estuviera a una temperatura agradable a su llegada. Después de luchar con las llamas unos minutos, se sentó frente al fuego a programar un poco para amenizar la espera.

Ya había tomado la decisión. Primero invitaría a Giroro a comer a un lugar de buen nivel, como si se tratara de una reunión más, y después le diría que su amigo había tenido éxito, y que a cambio le había dado el dinero que compartiría con él. De ese modo ya no tendría razones para sentirse culpable, y con algo de suerte Giroro se sentiría tan agradecido por compartir el premio que podría retener su atención por un tiempo más.

Después de eso... bueno, Kururu sabía que Giroro jamás se interesaría por alguien como él. Los consejos se lo habían demostrado. Él no tenía nada que ver con la imagen que tenía el otro de la persona ideal. Pero estaba resignado a eso desde hacía tiempo. Kururu no era un tipo mal agradecido, sabía que gracias a todo ésto había gozado de la reiterada atención de su capricho mucho más de lo que nunca antes, y además se llevaría algo de dinero de regalo. No tenía nada de qué quejarse.

A la una de la mañana decidió que aún con el fuego, el frío era insoportable. Sabiendo que irrumpía en su privacidad, Kururu se refugió en la tienda con su aparato. El brillante monitor era lo único que lo ayudaba a mantenerse despierto.

Serían las dos y media cuando escuchó el ruido de un platillo deteniéndose y unos pasos sobre la hierba. Se detuvieron un momento, probablemente contemplando el fuego y preguntándose quién lo había encendido.

Giroro, cubierto sólamente con un abrigo, notó que el cierre de su tienda no estaba del todo cerrado.

"Kururu?"

El cierre se abrió y allí estaba dentro estaba, efectivamente, el keronense amarillo, que se paró en la entrada de la tienda.

"Bienvenido, caporal, tuviste un buen viaje?"

El rubor fue instantáneo. Era como volver a casa y que tu esposa te recibiera con la comida en la mesa. Con el cambio de mentalidad que había sudrido Giroro, los gestos de Kururu ya no aparecían como burlas o amenazas. Giroro sintió que ahora había abierto los ojos: Podía ver al verdadero Kururu, sus verdaderas intenciones, y estaba listo para enfrentarlas.

"Ah- si... qué haces aquí?"

"Ven, pasa y siéntate, tengo algo que decirte y hace un frío espantoso afuera, no traje mi abrigo."

Algo que decirme...? Giroro tragó con dificultad. Esto era. Estaba seguro. Kururu se iba a declarar. Ya tomé mi decisión. Es ahora o nunca.

Giroro se sacó su abrigo y se acercó a Kururu. Sus brazos lo rodearon para poder colocarlo en los hombros del alférez, que se sonrojó irremediablemente ante el gesto.

Sin soltar el abrigo, Giroro lo usó para acercar más a Kururu hacia sí, y sin pensar, cerró los ojos y acabó con la distancia entre ellos con un beso en los labios.