Shingeki No Kyojin es propiedad de Isayama Hajime.


Advertencias:

Situaciones sexuales explícitas. Lenguaje soez. Mucho, demasiado fluff. Algo de angst.


Soundtrack Recomendado:

Turning Page. –Sleeping At Last.

Truly. –Cigarettes After Sex


Capítulo dedicado a;

Nejiko Ka.

¡Gracias por todo ese apoyo! Realmente te lo agradezco de todo corazón!


Mi cuerpo fue presa al expreso de lo que rebosaba de mi corazón. Habíamos pasado un día entero encerrados, sólo nosotros dos, explorando nuestros cuerpos, actuando, sintiendo cómo si el universo entero se hubiese reducido a aquella pequeña y acogedora habitación amarilla. Con el correr de las horas a su lado, yacer desnudo fue algo más que necesario, fue cómo si mi piel se muriese de ganas por sentirlo contra mí, fruncido, sin que nada tan burdo como la ropa nos privase del contrario. Tenía miedo, sí, aún era capaz de sentir en mi pecho las tenazas de la inseguridad, pero la manera en la que me miró tan pronto abrí los ojos, fue suficiente para hacerme entender que lo que los dos estábamos haciendo entre las sábanas, sin nada más que nuestros cuerpos no sólo era una simple necesidad guiada por instintos, sino era algo que seguía el rastro de nuestros corazones.

-Eres hermoso…-Susurró él, mientras sus dedos trazaban sobre mi piel un mundo de maravillosas caricias. Le sonreí cuándo sus manos llegaron a mi vientre hinchado, y él, él se llenó las palmas con nuestros niños con felicidad absoluta llenándole las facciones. Todo era tan…. Tan confuso, tan intenso. Sentía mi corazón latir desembocado, sentía que el amor me supuraba de los poros, pero también me estremecía de deseo cada vez que él me ponía sobre su cuerpo y me prodigaba de los placeres más intensos que jamás antes había sentido. Luego de aquella primera vez de fricción y humedad, todo siguió con una naturalidad sorprendente. Sabía exactamente dónde tocar, cómo si el cuerpo de Eren hubiese estado hecho especialmente para mí, y Eren parecía conocerse de memoria los recovecos de mi ser, pues cada vez que sus dedos se hundían en mi carne, una nueva reacción era descubierta, y una nueva llama, encendida entre nosotros.

Aquel día, ambos nos dedicamos a amarnos, cómo si el tiempo nos perteneciera, cómo si aquel primer encuentro hubiese estado predestinado…. Cuándo nuestras manos se encontraron, justo cuándo las luces del día se tornaron anaranjadas, sentí que ya era hora. Estaba yo reducido a un manojo de piel sonrosada y húmeda, estaba rebosante de trémula necesidad y desbordante del más verdadero de los amores. Las sábanas estaban tibias, evidencia de nuestra larga estadía en aquella pequeña cama, y mi cuerpo… mi cuerpo estaba listo.

Llenó de besos mi rostro, y cuándo me vi necesitado de su boca, él respondió a mi llamado por reflejo. Su sabor me embriagó, y me bebí de sus labios su aliento cómo si estuviese yo muriéndome de sed. Él me sonrió al apartarse ligeramente, y me susurró –Te amo, Levi. Te amo…

No me dejó responder. Sinuoso, lento, sin prisa alguna descendió, descendió a través de mí y acarició mi sexo con manos que ya hasta se sentían expertas. Gemí ante la sensación de su palma contra mi verga, y me estremecí cuándo una cálida y conocida humedad brotó de mi entrada. Él gimió de pura expectación, y el omega en mi interior se regocijó ante aquella reacción. Me sentí satisfecho, satisfecho por primera vez de lo que mi cuerpo era capaz de provocar en el cuerpo de un alfa. Mi alfa, pensé, emocionado, embriagado con su olor, con su calidez. Mi Eren, mi Eren, mi Eren... –N-No es neces-¡ah! ¡E-Eren!

Su boca envolvió mi sexo cómo un cálido y suave capullo, que me encendió hasta el último centímetro de piel y que me hizo retorcerme entre las sábanas sin poder evitarlo – ¡Ngh! –Jadeé al sentir la primera suave succión sobre mi miembro, y gimoteé desesperado, en busca de aliento cuándo su lengua serpenteó a través de toda mi longitud deseoso de más reacciones, de más sonidos, de más gemidos.

Mordí mi dedo cuándo el ritmo fue establecido, cuándo el placer fue tan intenso que me llené de pánico ante la idea de gritar por lo bien que aquello se estaba sintiendo. –No...—Dijo mi alfa con el rostro enrojecido, perlado en sudor, duro cómo una roca contra mi muslo, deseoso de más –No silencies tu voz, déjame escucharte, déjame escucharte, mi amor…

Su mirada estaba oscurecida y su voz enronquecida. Todo él en ese instante se volvió de fuego, y yo cómo una maleable pieza de metal no pude sino que obedecer a su voluntad. –Me da pena...—Susurré contra su boca, cuándo el regresó a mis labios, hambriento, hambriento de mí. Él sonrió, una mezcla perfecta en ternura y sensualidad y murmuró –Quiero correrme escuchándote decir qué tan bien te hago sentir, mi amor. Quiero venirme con el sonido de tu voz gritando mi nombre…

De pronto, una suave punzada me doblegó en un grito. –¡E-Eren! N-No, y-yo…

-No tengas miedo –Susurró, cubriéndome de besos, cubriéndome con su cuerpo moreno y hermoso –No me temas, mi amor, no me temas…

Me estremecí de placer cuándo su dígito se encarnó más en mi interior. Temblé sin control, sin pudor cuándo ése dígito encontró algo en mi ser que me hizo gritar sin poder evitarlo – ¡A-Ahí! –Gimoteé. –S-Se siente bi-bien ahí

Tan rico, tan rico…. Aquello se sentía tan bien, tan delicioso, tan correcto, que me hizo correrme por primera ocasión la sola idea de que muy pronto ese miembro oscuro, satinado y endurecido se abriría paso en mi interior. El omega que yacía dentro de mí suspiró de puro placer ante el pensamiento, y mi cuerpo, mi cuerpo fue incapaz de soportarlo más. Me corrí en un grito agudo, uno que tenía la forma del nombre de mi alfa, y en consecuencia a eso, Eren me sujetó con fuerzas y embistió contra mi muslo una, y otra, y otra vez hasta hacerse terminar. Los sonidos que él produjo, la expresión que surcó su rostro, pero sobre todo su mirada, preciosa y verde perdida en el placer bastaron para encenderme de nuevo, y deseoso de más, de mucho más, de todo lo que él tenía para brindarme, le besé, demandante.

Él gimió contra mi boca, y lejos de sobrecogerme por las sensaciones que ese sonido despertó en mí, sonreí contra sus labios y con manos delicadas acaricié la piel empapada de mis piernas. La ardiente sensación de su semilla sobre mi carne fue suficiente como para hacerme comprender que finalmente, finalmente todo el miedo que sentía había desaparecido. Que todos esos temores, esos prejuicios, esos estigmas absurdos causados por las razas y la posición social se habían esfumado. Yo estaba consciente de ello, y de que en ese instante, más que nunca antes en mi vida, estaba siendo uno con el instinto contra el que siempre luché por contener. Verle tener un orgasmo gracias a mí, gracias a lo que yo despertaba en él, fue suficiente para hacerme comprender que finalmente el miedo se había marchado para siempre, dejándole el espacio merecido a todo el amor y deseo que yo sentía por él, por mi alfa, por mi precioso Eren…

Le dejé debajo de mi cuerpo, y con delicadeza, me coloqué de nuevo sobre él y lo miré. La forma en la que él me contempló, me hizo sentirme feliz. Feliz porqué a través de esos ojos verdes, a través de la mirada gentil de ése tonto y enorme alfa pude sentir todo el amor que él me profesaba sin reservas, sin temores, sin restricciones. Y entonces comprendí, enamorado hasta la médula, que yo quería demostrarle con mi cuerpo, con todo, con cada centímetro de mí ser, hasta qué grado, todo aquel amor era correspondido.

-Te amo... –Dije en voz alta, haciendo que su mirada de esmeralda se volviese cristalina. Le sonreí, y con un tímido movimiento, empujé mis caderas hacia delante, haciéndole gemir sin control. Yo suspiré, suspiré de placer y repetí aquel movimiento hasta que el vaivén fue establecido – ¡M-Mgh! S-Se… ¿se si-siente bien, E-Eren?

Él asintió, y desesperado, empujó su pelvis hacia arriba, haciendo que nuestros sexos se encontrasen fundidos, unidos los dos en una poderosa y deliciosa fricción. Ya es tiempo, me dije, ardiendo, ardiendo y volviéndome de vapor sinuoso, ya es tiempo

Tomé aquella endurecida verga, que entre mis dedos parecía ser de fuego, y la guie a través de mi entrada. Estaba listo, pensé, estaba listo… Eren se incorporó de golpe, cómo impulsado por un resorte y con manos gentiles, con manos supurantes de delicadeza, sostuvo mi espalda contra él y frunció su pecho contra el mío –Mírame –Susurró con devoción, mientras su cadera hacía el trabajo –Mírame, mi amor, mírame… -Y yo lo hice. Yo fui incapaz de apartar mi mirada de la suya, mientras él se deslizaba en mi interior. Fue más de lo que yo hubiese podido imaginar. Temblé sin control, dolorido y maravillado a partes iguales, y gemí sin pudor cuándo terminó de hacerse un sitio entre mi carne apretada –M-Mi amor... –Susurró él con voz ahogada –M-mi amor, m-mi Levi…

Yo le sonreí, sonrojado y sobrecogido por las sensaciones, y acuné su rostro para apegarlo contra el mío –T-Te quiero, Eren…. T-te quiero…

Y entonces, empujé las caderas hacia delante, sin temor, ya sin reservas, con el simple y llano deseo de sentirlo todo, todo en medio de aquellos cálidos y poderosos brazos.

-¡Mgh! –Gemí. –M-Me… e-está muy… ¡m-muy grande! ¡E-Eren!

Cerré los ojos, incapaz de seguir soportando. Era demasiado, pensé. Era demasiado placer, era demasiado para mí… gimoteé, desesperado, sin aliento, cuándo su sexo golpeó ese punto dulce en mi interior, y me retorcí entre su abrazo, al tiempo que un espasmo recorría mi espina, y al parecer mi alma misma, y me hacía echar de nuevo las caderas hacia él, en busca de más… Él en ningún momento dejó de besarme, en ningún momento dejó de acariciarme, en ningún momento dejó de amarme. – ¡A-Ahí! –Grité, desesperado, cuándo una conocida presión volvió a formarse, a sentirse en la boca de mi vientre –A-Así… as-así, E-eren, a-así… ¡Ngh!

Sus embestidas se volvieron rudas, y yo solo pude sollozar de lo bien que aquello se sintió. Su aroma me sobrepasó, y antes de lo pensado, de lo siquiera imaginado, el instinto me hizo inclinar mi cuello y ofrecerlo a él… y no sólo fue mi instinto, no sólo fue un impulso natural, no… fue mi propia voluntad, fue mi propio deseo de entregarme el que me hizo ofrecer mi cuello a mi alfa, a mi Eren, y gemir su nombre cuándo el orgasmo comenzó a azotarme.

Entonces sucedió... –J-joder... –Gruñó, desesperado, sobrecogido por el instinto. Me sujetó con fuerzas, y me abrazó y luego susurró –Sujétate de mí, m-mi amor, su-sujétate de mí…

Lo sentí hincharse, crecer enormemente en mi interior, y con una poderosa embestida, él golpeó de lleno el bulto de nervios en mi interior, empujándome al orgasmo de una manera magistral. Y al final… al final lo hizo.

Un sonido primitivo surcó su pecho, fue entonces que lo sentí. Mordió mi cuello con fuerza sin igual, y cuándo sus colmillos rompieron mi piel, algo en mi interior cambió para siempre. Grité, sin poder evitarlo, y me aferré a él con las fuerzas de mi cuerpo, mientras él, sujetándose de mis costados, abrazándose a mi pecho, comenzaba a anudar en mi interior. Cubrí nuestros vientres de blanca simiente, y gimoteé, cuándo el dolor se hizo lugar a través de una poderosa punzada. –P-perdóname –Gimoteó con angustia, al ver mi rostro contrariado por el dolor. Y yo le sonreí, le sonreí con toda la ternura que esa frase engendró en mi corazón antes de besarlo con delicadeza –A-Ahora soy tuyo... –Susurré por reflejo, mientras mi cuerpo recibía otra descarga de dolor, endulzada gracias al placer de aún tenerle en mi interior. Lo sentí correrse dentro de mi cuerpo, y con ello, yo sólo pude terminar una última ocasión, mezclándonos los dos en un mar de fluidos y de sentimientos.

Él me recostó con toda delicadeza, aún en mi interior, y cuándo finalmente se vio liberado de su nudo, me cubrió de besos el rostro. Una poderosa sensación de protección me arrulló contra su pecho, y entonces, sólo entonces, pude notarlo –Te siento –Susurré con timidez, sin apartar mi mirada de la suya. Él se ruborizó –T-Te siento en mi interior. Aquí... –Guie su mano hasta mi pecho, a la altura de mi desbocado corazón y sonreí –Te siento.

-Yo también –Confesó, tras acariciar dulcemente la curvatura de mi vientre. –Yo también te siento, mi amor.

-¿C-Cómo es eso...?

Él me abrazó. –La marca, cariño.

Entonces fue mi turno de ruborizarme. Con cierta timidez palpé la piel de mi cuello. Ahí estaba, pensé. Era una sensación curiosa, única. La pertenencia era obvia, y sin embargo había algo más, algo que a pesar de todo, a pesar del poderoso instinto, seguía otorgándome una libertad ilimitada, una seguridad infinita –Es el amor –Confesó, avergonzado, cómo un niño pequeño –Es el amor que siento por ti, que se desborda. Que es capaz de ganarle al instinto. Ya no lucho contra él, simplemente lo dejo ser. Y él se hace un lado para que el amor te cubra. Te amo, Levi –Dijo con fiereza, contra mis labios –Yo ahora también soy tuyo.

Sus palabras me hicieron sollozar. Pero no había tristeza en mi interior ni en el suyo. Sólo pura y llana felicidad –¿Hasta el final?

Su boca se unió a la mía, sellando esa promesa—Hasta más allá del final, mi amor.


Improbable Probabilidad.

Capítulo X

"Yo soy Tuyo, Tú eres Mío"


Despertamos durante el transcurso de la madrugada, y fuimos capaces de resistir dos asaltos más, antes de finalmente volver a caer rendidos, los dos muy fruncidos sobre mi antigua cama. Aquel primera amanecer a su lado fue distinto a cualquier otro. Fui el primero en volver en sí, y antes de cualquier otra cosa, me bebí la imagen de su rostro siendo bañado tímidamente por un suave halo dorado.

El amanecer, pensé, cómo un idiota, mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro. El amanecer estaba llegando. El alba de mi vida estaba llegando a mí, por primera vez luego de toda una vida en las penumbras. Acaricié su rostro, y besé su mejilla, y le miré, y yo sólo fui capaz de mirarle, de admirarle.

Aún le sentía, pensé, maravillado, mientras mis manos acariciaban la curvatura de su vientre. Aún le sentía muy dentro de mí, palpitando. Mi corazón, susurré contra la piel de sus labios suaves. Ése hermoso, testarudo y malhablado omega era mi corazón –Hola –Susurró una voz que hizo que mi cuerpo de impacto, se llenase de pura felicidad. –Hola, Eren –Murmuró aquel dulce timbre. Su mirada azul fue lo siguiente que me encontré, y fue esa misma mirada azul lo que me dio las fuerzas de incorporarme, sólo por el simple y llano gusto de contemplarle mejor –Hola, hermoso.

Él se ruborizó.

-Qué gay –Espetó con una sonrisa ladina adornando sus rasgos. Yo reí, y me incliné sobre él para besarle, para darle el beso del amanecer –Eres hermoso –Susurré. Él enrojeció aún más y recorrió mis mejillas con esas suaves manitas suyas.

-Tú estás tan desnudo –Masculló. Yo reí de nuevo, y al final, él también lo hizo. Me envolvió entre sus delgados brazos y me estrechó contra su costado –Qué guapo alfa me quedé, por Dios. Eres muy guapo, ¿lo sabías?

Me sentí ridículamente orgulloso –Es lo que el espejo me dice todo el tiempo, primor.

-No más que yo.

-Oh, eso ni pensarlo, primor –Repliqué con rapidez, ganchandome contra su pecho. Bajo mi vientre era capaz de sentir a los bebés reposar y aquello me llenó de burda y absoluta ternura. –Eres tan guapo que sin duda, sino fuese marica, con solo verte me replantearía mi vida al cien por ciento.

Él se ruborizó, y luego se carcajeó y el sonido me hizo sentirme dichoso. De pronto, una tímida patadita se dejó sentir –Oh –Dije, maravillado –Al parecer la princesita cabezona y el pequeño titán están hambrientos. Menudos desconsiderados padres somos, ¿qué no?

Levi me miró largamente antes de bufar –Un poco. Los tienes demasiado mimados, Eren, les hará falta aprender disciplina.

-Exageraciones, los niños, mis pequeños príncipes merecen ser mimados. –Me levanté de un salto, y desnudo, le tendí los brazos para ayudarle a incorporarse –Venga guapo, vayamos a darnos un baño y luego, a alimentar a los niños.

Levi rodó los ojos, más acudió al llamado de mis brazos de inmediato – ¿Podemos bañarnos en la tina?

Su voz salió curiosamente cohibida –Pues claro, cielo.

Tenerlo sentado entre mis piernas, endeble y cubierto de espuma fue más de lo que mi corazón pudo soportar. Nada, nunca, competiría con la visión de un Levi sonrosado, con pelo alborotado y empapado, acariciando su vientre por debajo del agua tibia.

Nada.

Afuera, todo parecía más bonito. A su lado, el mundo entero era un lugar más bello, y luego de vestirnos entre risas y miradas cómplices, ambos salimos al jardín, dispuestos a anunciar la buena nueva a la familia.

Porqué sin planearlo, Han, Mob, Mika, Zeke y hasta mi destruido y temeroso amigo, Armin, se habían convertido en nuestra pequeña y alegre familia. Tan pronto Zeke nos vio, mientras se dirigía a casa de Levi con una bolsa de papel contra el pecho, éste exclamó, dramáticamente –¡Por todos los dioses! –Tiró la bolsa al suelo y zapateó –¡Vosotros habéis follado!

La respiración de Levi se detuvo de sopetón –¡Cierra la boca, idiota! –Exclamó mi omega con las mejillas ruborizadas.

-Y dime, Levi, querido –Picó Zeke, mientras los tres entrábamos a la casa –¿Eren si tiene el pito de galápago, cómo tú dijiste?

-Cállate, zorra trapeador.

-¿Eso significa que sí? Con razón te miro de tan buen humor, antes, sin dudarlo me hubieras atacado cómo el salvaje tapón de alberca que eres.

-¿Mob, tienes una rasuradora que me prestes?

Zeke siguió, y siguió – ¿Cómo? ¿No tienes una? No me sorprende, eres más lampiño que un garbanzo.

-Claro, Levi, ya te la traigo –Una mirada cómplice entre mi omega y Hanji, quién desde la cocineta sonreía con perversión, bastó para comprenderlo.

Acaricié el cabello plateado de mi hermano. Qué cabello tan bonito, pensé con cierta pena.

-¿Te haces tú sólo las trenzas, hermano? –Pregunté, mientras Levi lo observaba todo con pura maldad. Me ponía esa faceta suya de cabrón, debo admitir, me ponía mucho.

-No seas pesado, sólo es una, Eren – Rió Zeke, mientras Mikasa y Armin llevaban a la mesa una bandeja llena de fruta picada. –Pero sí, yo mismo la hago.

Levi bufó –Tremendo maricón.

-No fui yo al que le florecieron el culo anoche, ¿o sí, Levi, querido?

Levi, para mi sorpresa, sólo rio. Su mirada azul estaba cargada en intenciones. –Zeke, ¿quieres un poco de té? –Hanji era una solapadora. Ella me regaló una sonrisa que me supo a miel envenenada y yo sólo meneé la cabeza. Bien, que mi hermano se lo había buscado. Zeke, cómo era de esperarse, cayó en la trampa. Cuándo se quedó dormido en medio del almuerzo, hasta Armin, quién durante todo el desayuno guardó silencio, sonrió – ¿De veras lo harás, Levi? –Preguntó mi amigo desde su sitio, con timidez y cierta malicia adornándole las facciones, antes, permanentemente inundadas de melancolía –Un Ackerman siempre paga sus deudas –Masculló mi omega con solemnidad, intercalando la velocidad de la rasuradora.

Nota mental: impedir que Levi siguiese viendo Game Of Thrones.

-Pues se ve más masculino –Admití, mientras todos contemplábamos la obra de Levi.

-Su cabeza parece un huevo –Picó mi malvado omega, sobándola cómo quién soba un melón.

-Sí, está algo rara –Admití con la risa a punto de salirse de mi garganta.

- ¿Qué te parece, Armin? –Inquirió Levi, mirando a mi amigo con una sonrisa. Armin, para mi sorpresa, echó a reír. Fui incapaz de no imitarle, sin embargo, mi reacción fue más por el sonido de su felicidad que por la mera imagen de la cabeza de huevo de Zeke al descubierto. –Te quedó bastante bien, Levi –Concedió Arlert, asintiendo, ruborizado de la risa.

Mikasa lucía contrariada –Eres un maldito, enano del demonio. –Masculló ella, mientras se ponía de pie y se acercaba a Zeke. Fue ella quién le despertó, y cómo no, fue ella quién le sostuvo cuándo Zeke se tocó la cabeza y no sintió el sedoso tacto de su cabello platinado contra su mano.

Jamás había visto a un alfa de casi dos metros llorar de esa forma, jamás.

-¡Eres un enano cabrón! –Gritó Zeke, con las mejillas empapadas en lágrimas. Levi simplemente soltó un bufido –Cuida tu lengua muy bien a la próxima, trapeador… oh –Rió con malicia –Ya no. Ya no eres un trapeador.

Zeke chilló de nuevo, y yo, sin poder evitarlo, me eché a reír a carcajadas.

Mi hermano me acusó de traidor, Hanji me felicitó, alegando que la vena Ackerman estaba despertando en mí, y Levi… Levi simplemente, detrás de su máscara de malvado duende, me obsequió una de esas sonrisas cómplices que tanto derretían mi corazón.

Fui incapaz de no responderle con un sonoro beso en la mejilla. Mi nariz se hundió, después, en la curvatura de su cuello, y éste… éste se estremeció con delicadeza antes de que unos curiosos y tiernos ojos azules me mirasen.

Verme reflejado en aquella superficie fue suficiente para comprender que el vínculo estaba hecho. Lo sentí, lo sentí muy dentro en mi interior, y eso fue… sobrecogedor. Sus deditos pálidos buscaron mi mano, y yo, por instinto, las entrelacé.

Me gustaba como era que lucía mi mano bien unida a la suya.

Me gustaba mucho.

(…)

-Pues sí que supieron desquitarlo todo –Comentó la metida de mi hermana tan pronto mi torso desnudo quedó al descubierto. Me ruboricé al ver a lo que se refería. A través de toda mi piel, había marcas sutiles que evidenciaban la presencia de mi alfa tatuada por todo lo largo y ancho –bastante ancho, ya que estamos- de mi cuerpo. Mis dedos, tímidamente acariciaron la marca y fui incapaz de suprimir una sonrisa avergonzada. –Es una marca bastante bonita –Susurró mi amiga, mientras con manos expertas examinaba la mordida –Es preciosa –Halagó, antes de revolverme el cabello. –¿Qué tal estás?

Me encogí de hombros –Me siento… me siento diferente. Me siento bien, ¿sabes? Es… es algo cálido. Me cubre todo. A los bebés también –Dije, poniendo mis manos sobre mi hinchada barriga.

Ella sonrió nuevamente –Esa es una magnífica señal –Halagó Hanji, mientras sus dedos acariciaban mi cabello. –Todo está en su lugar entonces, Levi.

Asentí –Así lo siento.

-¿En verdad eres capaz de… ya sabes, sentirlo? –Los ojos castaños de Hanji brillaron con interés. Yo enrojecí un poco más y asentí. Sabía a lo que se refería –Sí. Lo siento –Mi mano entonces viajó a mi pecho, y con timidez murmuré –Aquí.

Mi amiga besó mi frente con ternura y susurró –Estoy tan feliz por ti, Levi –Confesó en voz baja contra mi oído. Yo suspiré y le dediqué una mirada agradecida.

-Puedo... –Una voz nos hizo girarnos en vilo. Mikasa se apartó para dejarle pasar – ¿Puedo tocar?

Armin parecía temeroso. Su semblante parecía volver a ser el mismo. Una poderosa sensación de ternura me invadió. Asentí –Por supuesto que sí –Dije, antes de echar una mano en su dirección. –Anda, ven. Tócalos, seguro que contigo se mueven un poco más. Han estado de holgazanes esta tarde.

Armin, paso a paso, se abrió camino hasta mi sitio sobre la taza del baño sobre la que reposaba vestido únicamente con mi inseparable pants gris, y alzó una manita, temblorosa. Yo la cogí, y con seguridad la coloqué sobre la hinchazón de mi gran barriga. Él soltó un suspiro involuntario, y luego de unos instantes, me miró –Anda, con confianza –Bromeé yo.

Él se hincó delante de mí y dijo – ¿Bebés? ¿Bebés, me escuchan?

Mis hijos respondieron de inmediato. Unas tímidas pataditas se dejaron sentir al instante, provocando que el rostro de aquel precioso y roto omega se iluminase con una sonrisa. Me miró, emocionado – ¡Son ellos! –Exclamó con voz ahogada – ¡Puedo… puedo sentirlos!

Yo asentí, conmovido –Eres su tío, obviamente tenían que responder. Deben ser niños educados.

Sus ojos celestes pronto se llenaron de lágrimas –Es hermoso –Susurró, temblando sin control. –Es tan hermoso…

Se alejó de mi luego de unos momentos más –Cuándo nazcan yo… ¿yo podría cuidarles alguna vez?

Le cogí de la mano y con dulzura susurré –¿Pero qué clase de pregunta es esa, hombre? ¡Por supuesto que sí!

Él me sonrió, y por primera vez, una sonrisa nacida de su boca me supo a pura felicidad, sin mancha alguna de tristeza ensuciando sus facciones divinas.

Mikasa, poco después, le ofreció un poco de té, y ambos se marcharon, dejándonos a Hanji y a mí a solas.

Ella me miró –Ese pobre chico…

-Lo sé –Corté, casi con brusquedad, mientras me colocaba de nuevo mi camisa de maternidad. No soporté la idea de que alguien hablase con lástima de Armin –Lo sé, Han.

- ¿Cuántas mordidas tiene? –Fue una pregunta, quizás muy hosca, y sin embargo, noté en sus ojos reflejada la aflicción –Seis.

Ella soltó un jadeo ahogado –Hijo de puta –Dijo, luego de un momento.

Yo asentí. En nuestra sociedad, era normal una mordida en un omega, más sin embargo dejar más de una marca en un omega, y más aún, en un omega tan devastado cómo lo era Armin era un estigma que pesaba como una cruz. Era una muestra de humillación brutalmente inhumana. A ojos de la sociedad, Armin era un paria, un omega marcado, destrozado que había sido usado como mero entretenimiento y desechado, y para colmo de males, estéril. –¿Sabes quién fue?

Asentí de nuevo. –Debemos denunciar –Replicó Hanji de inmediato.

-Lo sé. Pero Armin… Armin tiene miedo. Y no le culpo. El bastardo que lo destrozó era parte de su comunidad, en María. Según sé, el ataque ocurrió poco después de que Eren se marchase de su hogar y Zeke le siguiera.

-¿Quieres decir que…?

Yo asentí una tercera ocasión –El culpable es alguien muy cercano a los tres. Es el sobrino de Diana Fritz, la perra que hizo la vida de mi alfa un infierno sin final –El desprecio me quemó los labios al pronunciar aquel nombre inmundo.

Ella enrojeció de rabia – ¿Eren lo sabe?

Yo negué –Armin se niega a hablarlo con alguno de los dos.

-Eren debe saberlo – Declaró mi amiga con los ojos castaños oscurecidos en furia.

-Lo sé, pero... –Solté un suspiro. –No nos compete a nosotros contar lo que Armin me ha confiado. Él debe… debe decírselo a Eren. Tiene que sentirse listo para revelarle aquello. Por más duro que suene, él no tolera la cercanía de ningún alfa que no sea mi hermana, y eso porqué Mikasa carece de feromonas. La idea de permanecer en la misma habitación que Eren y Zeke sin compañía extra, le aterra. –Lo sabía. Había observado la expresión que puso Armin cuándo el desayuno concluyó y durante unos instantes se quedó a solas con Eren y Zeke. Su rostro fue de terror absoluto, y casi que corrió junto nuestro, que nos encontrábamos ya tras la barrita de mi cocina.

Mi amiga soltó una pesada exhalación. –Santo cielo…

Yo permanecí en silencio. De pronto, un escalofrío me recorrió. Llevé mi mano por instinto hasta mi marca y la palpé. Estaba sangrando… antes de que sonido alguno saliera de mis labios, Eren apareció de improvisto y me dedicó una mirada preocupada – ¿Qué es lo que…?

Me cogió de los brazos, y no sin delicadeza, me alzó delante suyo. Su lengua cubrió mi marca y con una lentitud casi tortuosa, la empapó de saliva. Yo enrojecí, y Hanji fue incapaz de no echar a reír –Menudo lazo –Halagó, mientras mi alfa se dedicaba a cubrir la mordida con su saliva. –Sintió el momento exacto en el que la marca te causó dolor y aquí está…

Eren se apartó, avergonzado. –L-Lo siento. Siento haber llegado y haberlo hecho nada más así, pero... –Su enorme mano acarició mi vientre con dulzura –No quería que algo te hiciera sufrir.

Yo sentí que mis mejillas se calentaban aún más, y no pude evitar regalarle una sonrisa –Gracias –Susurré con simpleza, antes de que él huyese, completamente abochornado del pequeño baño.

Unos instantes de silencio después, Hanji me miró y sonrió con perversión.

-Entonces… ¿siempre si tiene pito de galápago?

(…)

Luego de mi numerito de macho alfa sobre protector, y de que las visitas decidiesen ir a ver sino habían dejado abiertas las llaves del gas, Levi y yo nos quedamos a solas con Armin.

Mi amigo aun no era capaz ni de mirarme, pero por lo menos, en compañía de mi omega, mi pequeño amigo toleraba mi presencia sin comenzar a hiperventilar. No podía mentirme; verlo así, me dolía. Me dolía más que cualquier otra cosa que Diana Fritz me hubiese hecho. Armin se negaba a dirigirme la palabra, y trataba de mantenerse lo más alejado posible de mí, aún dentro de la habitación de la salita. Levi había insistido mucho en que permaneciese más días con nosotros, pero él declinó con inusitada firmeza la oferta. –Debo… debo volver. He dejado el apartamento tirado durante dos días y eso… eso no está bien.

-Pero… -Levi no quería dar su brazo a torcer con facilidad.

-Prometo llamar tan pronto llegue, Levi –Aseguró mi amigo, mientras se encaminaba rumbo a la salida. Mi omega mordió su labio inferior y tras unos segundos de lucha interna, finalmente cedió –Vale, pero no te olvides de hacerlo. ¿Vendrás la próxima semana?

Armin dudó –Anda, sólo de visita. Prometo no intentar retenerte en contra de tu voluntad.

El rubio omega echó a reír. Para Levi, Armin era capaz de reír con relativa facilidad –De acuerdo, lo prometo.

Dedicó un agradecimiento más a mi omega, acarició la barriga de mi Levi y finalmente, se marchó.

No me dedicó ni una sola mirada.

Aquello me afectó en demasía, cosa que Levi notó de inmediato. No, me dije, no notó. Sintió.

Él cogió mi mano y le dio un ligero y cariñoso apretón – ¿Vamos a la cama?

No había segundas intenciones en su voz, y bastó una sola mirada a aquel rostro precioso cómo para que cualquier tipo de pensamiento sucio desapareciera de mi cabeza. Asentí, emocionado, y ambos, tomados de la mano, nos dirigimos a la cama.

Ahí, mi omega –Dios, eso sonaba tan perfecto- me permitió juguetear un rato con nuestros niños. Mis pequeños pateadores estaban felices aquel atardecer, y pude hablar y hablar con ellos sin límite de tiempo. En determinado momento recosté mi cabeza sobre aquella hinchada y bonita barriga y unos deditos cálidos acariciaron mi cabello –Puedo sentirlos –Susurré con cierta timidez, luego de unos instantes en silencio.

Levi rio. Amaba ése bonito sonido –Sí, yo también. –Acordó él.—Me patean cómo si alguien les dijese "háganlo, Engendros, os daré leche extra si lo hacen".

Yo solté una carcajada, y elevé mi rostro solo por el capricho de contemplarlo. Cómo era costumbre, me maravillé –No, no tonto. A los niños, digo. Los siento. Casi me parece que puedo escucharlos.

Mi omega me regaló otra de sus sonrisas especiales marca "Para Eren Yaeger" y dijo –Querido, que solo son mis tripas tronando.

-Cielo, eso que dices tu hacen sonidos más guturales.

-No, no guturales. Sino… musicales –Repuso él con dignidad.

-¿Cómo de cetáceo?

-Como de beluga –Aclaró. –Son tan bonitas.

-Pues si pareces una –Reí, pellizcándole los mofletes –Blanca y gordita.

Levi enrojeció –No te molestó eso anoche.

Se me ruborizaron las mejillas –Golpe bajo, hombre de baja estatura.

Al final, ambos reímos. Luego de embriagarlo de besos, y de asegurarme que mi saliva siguiese haciendo su trabajo de calmar el escozor de mi marca sobre su bonita piel, él se quedó dormido entre mis brazos.

Llené mis palmas con la curvatura de su vientre hinchado y sonreí –Su mamá no me cree, pero yo los escucho, pequeños –Confíe a mis muchachos luego de llenar de besos las mejillas de un durmiente Levi. –Puedo sentirlos. ¿Saben algo? Les siento más cercanos que nunca. Crezcan grandes y fuertes, y no pateen tanto a mamá. Él es frágil aunque suela dárselas de duro. Los tres le protegeremos, ¿de acuerdo?

Unas tímidas pataditas me dejaron el corazón hinchado en dicha –Voy a estar con ustedes –Dije, tras un breve momento de silencio. –Voy a estar con ustedes para siempre. Se los prometí. No tarden tanto, tanto, nenes, que me muero de ganas por conocerles pronto.

Aquella primera noche, la primera en la que ambos fuimos a derecho, alfa y omega unidos, no tuve pesadillas. Las noches que siguieron tampoco. Mis pesadillas desaparecieron tan pronto la calidez de Levi invadió mi corazón de manera definitiva, y gracias a esa misma calidez que engendraba ternura y protección, en mi mente, las pesadillas se esfumaron, y llenaron el espacio que siempre había permanecido en penumbras, de sueños luminosos en los que dos niños incansablemente me llamaban papá.

Y así comenzó la que sería la época más dulce, más dichosa y a la vez, más triste de mi vida.


Continuará.

¿Siguen ahí? Espero con el corazón en la mano que sí.

¡Lamento profundamente la tardanza!

Sé que no tengo perdón, y que fue una pausa espantosamente larga, pero prometo que me esforcé al máximo para que este capítulo fuese suficiente y que lograse agradecer todo ese bello apoyo que siempre me dan.

Nejiko, si lees esto; gracias por todas esas hermosas palabras. Gracias de verdad por tanto apoyo y por tantos ánimos. ¡eres un hermoso ángel!

Espero que el lemon les haya agradado, les juro que puse mi corazón entero en esa primera noche.

Expliqué también que las marcas que lleva Armin en su cuello le estigmatizan debido a que en esa sociedad, una marca de pertenencia es aceptada pues simboliza la unión más sagrada de todas; la de un alfa y su omega. Sin embargo, cuándo más marcas son dejadas sobre un omega que ha sido abusado y posteriormente botado no es para otra cosa que no sea herir al omega de una manera colosal. Quién violó a Armin le dejó aquellas marcas por el mero placer de hacerle sufrir, de humillarle, de marcarle frente a los ojos de todos.

Ello, sumado a que nuestro pequeño rubio es estéril debido a un accidente hacen que Armin sea en consecuencia, más que un simple aplazado; le convierte en un indeseable en esa horrible sociedad regida por las castas.

Notita curiosa; lo que hace Eren con su saliva sobre la marca de Levi es para evitar que la herida de la mordida que es prácticamente nueva escosa demasiado a su malhablado omega.

Va a haber un poco de angst, pero bueno, juro solemnemente que habrá aquí un final feliz.

Por último, enserio, enserio, escuchen la canción que puse en recomendaciones; es bellísima a niveles épicos.

Gracias por tanta paciencia, cariño y apoyo.

Con todo el amor del mundo, les adora, Elisa.


Próximo Capítulo

"A la Sombra del Pasado"