Bueno, bienvenidos al capítulo diez de esta historia!
Para aquellos que siguen este fanfic, y estuvieron esperando mucho tiempo, les pido disculpas ya que me había enfocado plenamente en otras historias.
Los motivos?
Una falta de ideas. Falta de motivación anímica. Falta de comentarios para saber si les gusta o no la historia. En fin…muchos motivos.
Pero ahora estoy aquí!
Lamentablemente no soy propietario de ningún personaje, eso es el trabajo de sus respectivos dueños.
Capítulo 10: Escudo y lanza
La verde mirada del longevo intimidaba al hombre de pelo cano, haciéndole preguntar tácitamente cómo era posible que alguien que parecía tener no más de treinta años luciese como si tuviese más de mil.
La habitación había sucumbido a un irregular silencio que ahogaba a todos los presentes, impidiéndoles mover siquiera un simple dedo para llamar la atención. Todos podían ver claramente como el pelinegro caminaba alrededor del cuarto de hotel que había alquilado junto a la Senju y su aprendiz, movilizándose como un fantasma que no tocaba el suelo.
-Hallas satisfacción al fracasar en todo? – fue la pregunta que rompió el silencio, proviniendo del Poteru.
-Qué? – fue lo único que pudo balbucear el Sabio de los Sapos, oyendo el batir de un par de alas blancas que se posaban en el hombro derecho del ojiverde.
-He preguntado si te pone feliz el saber que fallas en todo aquello que te dan a proteger…- escuetamente, repitió su sentencia Hari, tamborileando sus dedos en el marco de la ventana tras apoyarse allí.
Un súbito arranque de ira invadió a Jiraiya, quien se puso de pie y consecuentemente pateó la pequeña mesa que decoraba el centro de la sala. Sus dientes rechinaban al mismo tiempo que los nudillos de sus puños se ponían blancos, algo que divirtió en demasía a cierto zorro de nueve colas que miraba todo desde el interior de su nuevo compañero.
-Por qué haces esa cara? No fue de tu agrado la verdad? – pronunció el inglés, balanceándose desde la ventana hasta quedar frente al Sannin, mirándolo fijamente.
-Tú no sabes nada, Uchiha- espetó arduamente el pelicano, sorprendiendo a todos por la actitud hastiada que estaba teniendo.
-En serio lo crees? Una pareja te nombra padrino de un pequeño ser inocente para que te hagas cargo en el momento de más necesidad, qué haces tú? Desapareces por más de una década. Vuelves a aparecer en su vida proponiéndole entrenamiento, qué haces tú? No das instrucciones coherentes y lo arrojas al vacío con la suposición de que se salvará. Lo llevas a una misión de búsqueda, qué haces tú? Lo abandonas por ir a un burdel y lo dejas a merced de dos ninjas que fácilmente lo podrían matar diez veces antes de que regresases- con una suave sonrisa en su cara y una mirada gélida enumeró cada suceso el mago errante.
Una vez más el silencio se hizo presente en la habitación, donde Hari se volteó y caminó nuevamente hacia la ventana, observando el paisaje con detenimiento en compañía de su familiar níveo, tamborileando sus dedos en el marco de la ventana, soltando un leve silbido entre dientes, como si invocase a los vientos y meciesen las hojas.
-Cómo es posible que pierdas de vista a Tsunade-chan y termines drogado? – cuestionó solemnemente, sin molestarse en mirar por encima de su hombro.
-Me dio sake…y de alguna forma me drogó- fue la excusa que dio Jiraiya, recibiendo miradas curiosas de los dos más jóvenes presente.
-Y ella que bebió? – el Poteru interrogó nuevamente.
-…Té- luego de pensarlo varios segundos, respondió el pervertido.
El ojiverde solo dejó de mirar el paisaje, encarando hacia la puerta de salida mientras daba una orden tácita a Shizune y Naruto para que lo siguiesen, solo para detenerse en el pasillo y mirar nuevamente al pelicano con un semblante serio.
-Eres un idiota. Ahora ven, tenemos que sacar de un apuro a Tsunade-chan- fue todo lo que dijo el hombre del viejo continente, asustando por un instante a Jiraiya con el brillo peligroso que sus orbes verdes tomaron.
Tsunade Senju esquivaba magistralmente los ataques que el asistente de su antiguo compañero de equipo estaba efectuando, observando como las manos de Kabuto expelían un aura celeste e intentaba dañar sus órganos internos con sus escalpelos de chakra.
Ella utilizaba todo el paisaje a su favor, pisando sobre ramas y piedras escarpadas con el fin de agotar a su contrincante luego de su fallido intento de envenenar a Orochimaru con su supuesto remedio para el percance que estaba sufriendo en sus brazos.
-Me sorprende que puedas aguantar todo este tiempo esquivando los ataques de mi subordinado, Tsunade- con una mezcla de burla y admiración, sentenció el Sannin de las serpientes.
La rubia no respondía a las palabras de la serpiente humana, dedicándose exclusivamente a evadir las reyertas de su enemigo para posteriormente utilizar su mano izquierda y en silencio hacer aparecer dos clones sombra tal como le había enseñado Hari.
-No me digas…seguro pensabas que me emborrachaba y perdía mi dinero en apuestas, no? – sardónicamente le cuestionó la Senju, ordenando tácitamente a sus copias a que enfrenten al subordinado canoso.
-Interesante, incluso tu actitud ha dado un vuelco de ciento ochenta grados. Ahora estoy más que ansioso de marcar a ese Uchiha…aunque sea como repuesto de mi querido Sasuke- en un tono anhelante y perturbador, se expresó Orochimaru.
El ceño de la dama se frunció con esas palabras, suprimiendo en su interior la rabia que quería salir a flote y vaporizar cada hueso del shinobi herido, pero conformándose por ahora con patear desde distintos ángulos a su ayudante, desestabilizándolo y obligándolo a tragar píldoras de soldado con el fin de reponer su energía.
Incluso con toda la recuperación de chakra Kabuto no pudo esquivar el barrido de piernas y el puñetazo en el plexo solar por parte de los clones, mandándolo a volar varios metros hasta estrellarse contra unos árboles, arrancándolos de raíz. La rubia original no perdió tiempo e intentó asestarle una patada a su ex compañero, quien de un salto se bajó del árbol que utilizaba como apoyo y fue a pararse a la derecha de su asistente.
-Más rápida, más flexible, más atenta…parece que definitivamente has vuelto a ser una kunoichi, Tsunade. Pero me pregunto una simple cosa, sigues temiéndole a la sangre? – reflexivamente, dijo el sujeto con disfuncionalidad en sus extremos superiores, dándole un vistazo a Kabuto para que porte un kunai.
Un vendaval de hojas verdes detuvo toda intención de ataque enemigo, revelando un grupo de cuatro personas y dos animales que se posicionaron delante de la rubia a modo de escudo, siendo el Poteru quien cubría con su espalda la femenina figura de la Senju.
La cabeza de inglés se giró levemente sobre su hombro derecho, dejando entrever su orbe esmeralda oculto entre mechones azabaches, cuestionando con la mirada si ella se hallaba bien, recibiendo una suave afirmación con la cabeza, para posteriormente volver a mirar al frente donde los dos ninjas de Oto aguardaban.
-Tsunade-chan…- susurró por lo bajo el ojiverde, sin mover sus labios.
-Hari-kun? – replicó dicha dama.
-Ellos no saben que superaste tu temor…utiliza eso a tu favor- dijo el habitante del viejo continente.
Una vez más, la ojimiel asintió imperceptiblemente con su cabeza, meciendo sus cabellos rubios mientras procedía a pararse a su lado, empujando a Jiraiya quien quiso quejarse pero terminó recibiendo un puñetazo en el estómago por parte de la médica.
-Orochimaru, el Sannin de las Serpientes. El último integrante que me faltaba por conocer en persona, una lástima que no sea un verdadero gusto- dijo Hari, tras ver las memorias previas a su llegada, sintiéndose asqueado con la idea de tener un chupetón en el cuello.
-Miren que tenemos aquí, a Jiraiya y Tsunade junto a sus dos aprendices, y a un Uchiha con ojos verdes…de seguro que es una mutación por parte de un gen paterno- analíticamente se dedicó a deducir la serpiente humana.
-Corrección, es un gen materno el que me dio ojos verdes. Aunque agradecería que no intentes morderme como al niño que conocí hace unos días peleando contra su hermano mayor- corrigió el longevo natural, dando un poco más de información con respecto a que conocía a dos personas que Orochimaru había estado persiguiendo anteriormente.
-Umh…eso es aún más interesante para mi investigación. Si Sasuke no llega a ser de utilidad, estoy muy seguro de que tu cuerpo será el anfitrión perfecto para mi alma. Kabuto! Mis sellos de invocación! – exclamó el villano, mandando a su subordinado a que genere un corte en su mano y deslice un poco de sangre en el antebrazo maltrecho, seguido de una secuencia de sellos manuales que dibujaron un sistema en el suelo para liberar una gran nube de humo.
Cada uno de los Sannin se hallaba encima de las cabezas de sus respectivas invocaciones, siendo una enorme serpiente púrpura con negro, un sapo con marcas rojas en su cuerpo, y una enorme babosa blanca con el lomo azul. Cada uno de ellos se miraba fijamente a los ojos del otro, oyendo de fondo como Shizune y Naruto batallaban prolijamente contra un avasallado Kabuto que utilizaba todo su repertorio para esquivar cientos de senbon arrojados por un paraguas, así como también decenas de Rasengan provenientes de los clones del Uzumaki/Namikaze.
El intento del villano peligris de querer sucumbir a Tsunade con su hemofobia fue infructuoso luego de que ella le permitiese adentrarse en su rango de alcance, sujetándolo por su hombro derecho y golpeándolo repetidamente en sus distintos puntos de chakra, deshabilitando su cuerpo por un minuto hasta que pudo recomponerse y empezar su enfrentamiento con sus pares aprendices de Sannin.
Hari, por su parte, aguardaba en silencio con su familiar apostada en el hombro derecho en medio de las tres enormes invocaciones, alzando una ceja al ver al reptil para luego suspirar de cansancio, así como también sonreír de costado al ver a la babosa.
-Orochimaru! Quiero al menos mil sacrificios por esta estúpida llamada! – exclamó Manda, sin fijarse en el hombre que tenía delante.
-Está bien, pero primero quiero que atrapes al Uchiha que está delante de ti y luego acabes con Gamabunta y Katsuyu! – respondió el hombre pálido, regurgitando la espada Kusanagi y sosteniéndola con sus dientes.
-Uchiha? Dónde está esa pequeña bolsa de car…- sin palabras se quedó la morada serpiente, recibiendo una mirada curiosa del sapo y una risa de la babosa, algo que compartieron sus invocadores.
-§ Sabes, estoy arrepintiéndome de haberte perdonado la vida con Riddle…de hecho, estoy arrepintiéndome de haberte liberado de aquel zoológico hace ya mucho tiempo §- en un siseo inentendible para todos los demás, se expresó el pelinegro inmortal.
-§ Po…Potter, yo…yo… §- balbuceó el actual renombrado Manda.
-§ Solo cállate, sí? Hoy tengo poca paciencia con el idiota de pelo blanco y cara de batracio como para andar aguantándote a ti y a la mala copia de tu antiguo amo §- fastidiado, volvió a hablar en Parsel el mago.
Hedwig se apiadó de su compañero, acariciando su cabeza con su ala y mordiendo su oreja. Katsuyu tampoco se quedó quieta, inclinándose poco a poco hasta quedar frente al pelinegro, recibiendo luego de unos segundos de quietud una caricia y una media sonrisa.
-Es bueno verte de nuevo, Katherine…o mejor dicho, Katsuyu. Veo que las rubias son un factor común en tus elecciones como maestras, no? – en antiguo inglés que solo tres seres entendían en el momento, saludó Hari.
-Trevor y Hedwig me dijeron que habías despertado! Es grandioso poder ver una vez más tu presencia en esta tierra, Harry. En cuanto a lo de Tsunade…pues la verdad es que se parece un poco a Gabrielle, ninguna de las dos siente desagrado por tenerme! – contestó la babosa, irguiéndose nuevamente para ver a los demás.
La Senju intentaba comprender lo que decían, pero solo captaba palabras aisladas incluso luego de recibir lecciones de su compañero de viaje, proponiéndose mentalmente en esforzarse más otro día. A decir verdad, ella tampoco quería estar aquí, pero la actitud del Sannin de las Serpientes tocó una fibra sensible en su interior, así como también podía ver si el pequeño Uzumaki había sido capaz de llevar a cabo la tarea de aprender sin equivocación alguna el Rasengan. Ese niño se había comprometido a una meta y lo había logrado, ahora ella debía cumplir su parte del trato.
Jiraiya estaba en la ignorancia total, no solo podía ver al Poteru platicar con dos seres que podrían comerlo de un bocado, según su pensamiento, sino que también ignoraba por completo el ataque que había empezado a realizar el asesino de su mentor. No importaba lo que hiciese o dijese, nunca podría alcanzar al pelinegro, resignándose a ver cómo iba a terminar siendo atravesado con la espada.
Orochimaru nunca pudo concretar su ataque, ya que se vio obligado a replegarse cuando un silbido de estática llegó a sus oídos, salvándose de ser decapitado por Tsunade quien portaba la Raijin no Ken.
-Quería esa espada- secamente le dijo el ojiverde a la ojimiel.
-Tienes que hacer lo mismo siempre que ves una? – alzando una ceja le cuestionó la Senju mientras no perdía de vista a Orochimaru.
-Al menos no estoy subiéndome a paredes de baños públicos como otros- girándose sobre su eje, puso su mano sobre la de la rubia y tomó prestada su arma.
-Punto a tu favor, Hari- con una leve mueca feliz que ocultaba esa sensación en su interior, le entregó su espada.
En un parpadeo que sorprendió a los dos Sannin masculinos, Hari se había aparecido detrás de Kabuto, atravesando su pecho mientras que el único sonido que se oía era el chispeo de la katana, lo que les hizo recordar la similitud que tenía con cierta técnica del Cuarto Hokage. Por ello mismo, el pálido shinobi de Oto no perdió la oportunidad que se le presentó al verlo concentrado en su subordinado, volviendo a estirar su cuello e intentar morderlo para dejarle su sello maldito.
Pero una vez más su propósito fue truncado por una patada proveniente de su ex compañera, quien, desde su punto de vista, estaba peleando de tal manera que siempre estaba atenta a la espalda del Uchiha y viceversa.
-Jiraiya, sé de utilidad y haz algo! – le reclamó la rubia al pervertido.
Sincronizado con su invocación, convirtieron el suelo que pisaba Orochimaru en un pantano, el cual incendiaron con la esperanza de inmolarlo, pero fallando cuando Kabuto, quien cojeaba y escupía sangre al mismo tiempo que curaba su herida, tomó a su maestro por los hombros y lo sacó de allí.
-§ Vete de aquí. Lidiaré contigo luego cuando tenga tiempo libre, me entiendes? §- siseó el longevo a Manda, quien se retorció bajo la mirada del mago y terminó por desaparecerse a sí mismo sin quedarse a oír las quejas de su invocador.
-Qué fue lo que hiciste, Uchiha!? Yo soy el titular del contrato de las Serpientes! Cómo es posible que te obedezca a ti prioritariamente!? – farfulló enojado el líder de la Aldea del Sonido, enterrando a Kusanagi en el suelo para poder hablar sin incomodidades.
El electrificante ruido producto de un corte lateral a la cintura del Sannin fue lo que se oyó en el claro, asombrando a todos por la fría actitud y velocidad sobrenatural que el Poteru había empleado a la hora de aparecerse delante del villano.
-Hablas mucho y con poca significancia. Al menos el antiguo cara de serpiente que conocí imponía miedo, tú ni eso. Por cierto, gracias por la espada- escupió entre dientes de manera venenosa sus pensamientos el inglés, asiéndose a la empuñadura del arma y retirándose en dirección a los dos rubios que miraban su accionar.
Era innecesario para el ojiverde tener que voltear y averiguar la procedencia del ruido símil a una regurgitación, pues luego de haber sondeado la retorcida mente del científico con avaricia por el conocimiento, ya sabía lo que estaba pasando.
Una última vez intentó morderlo el Sannin al inglés, solo para que su mandíbula fuese sujetada firmemente por un impasible Hari, observándolo cansinamente a los ojos mientras esbozaba con parsimonia una mueca alegre.
-Sería tan fácil para mí el obliterar tu existencia…- dijo el pelinegro, aumentando su aura y asustando a todos los presentes, principalmente a Jiraiya quien había estado antagonizándolo desde que se conocieron.
Tres adultos, dos aprendices y dos animales se hallaban nuevamente en el cuarto de hotel luego de ver como Kabuto Yakushi escapaba sin mirar atrás mientras cargaba a su amo, el cual estaba sufriendo de espasmos luego de que el Poteru torturase su sistema nervioso con un rayo rojo que salió silenciosamente y sin movimiento alguno de sus dedos.
Naruto se reía a todo pulmón, haciendo repiquetear en su pecho un colgante, cuando vio a la mujer que el Concejo le ordenó buscar, en un rincón mirando a la pared y de rodillas mientras sostenía dos gruesos libros que el habitante del viejo continente había hecho aparecer por arte de magia.
Shizune solo bufaba con exasperación junto al pelinegro en el instante que divisaron al Sannin de los Sapos empezar a escribir de manera frenética en un bloc de hojas durante más de media hora, donde ellos utilizaron ese tiempo para preparar una ronda de té que lentamente fueron posicionando sobre la mesa.
-Puedo levantarme ya? Aprendí mi castigo…- la Senju le rogó a Hari, solo para ser respondida con la silenciosa acción de sentir alivio en sus brazos.
-La próxima vez que vayas a hacer algo estúpido como eso, te corto tu dosis de sake por un año entero- con una sonrisa que prometía dolor, le dijo el Poteru, tomando su mano izquierda y su cintura para ayudarla a ponerse de pie.
-Hari-san! Me puede enseñar todo lo que le hizo a esa serpiente pedófila? Y usted también, Obaa-chan? – emocionado, rebotaba sobre su lugar Naruto, lanzando preguntas a los dos mayores.
-A QUIÉN ESTÁS LLAMANDO OBAA-CHAN, MALDITO MOCOSO! – iracunda, trató de arrojarle uno de los libros que estaba sosteniendo previamente, pero siendo detenida por su compañero de travesías.
-Ya basta, Tsunade-chan. Y tú también, Naruto-chan. Dejen de discutir o no seguiré entrenando a ninguno de los dos y me enfocaré únicamente en Shizune-chan- advirtió el hombre inmortal, recibiendo un asentimiento de cabeza y una afirmación mascullada por parte de la rubia.
-NOOOO! NO QUIERO VOLVER CON ERO-SENNIN! ÉL SE IRÁ A ESPIAR MUJERES CON MI DINERO Y ME DEJARÁ SOLO! – el Uzumaki gritó y abrazó a la ojimiel para poner más dramatismo a su acto, sabiendo ahora que ella se enojaba fácilmente con el hombre de pelo blanco.
-Jiraiya-sama…- negando tristemente con la cabeza, habló la joven aprendiz de médico.
-Le quitaste el dinero a un niño…- continuó Tsunade, fulminándolo con la mirada.
-Para irte a un prostíbulo…Eres un degenerado de primero sin límites- finalizó Hari, divirtiéndose internamente por hacer enojar al jefe de la Red de Espías de Konoha.
-Solo fue para buscar información que me ayudarían en mis libros! – intentó declarar su postura inocente Jiraiya, pero fallando cuando los animales inclusive le miraban acusatoriamente.
-Los mismos libros que me hiciste leer ayer? Parecían haber sido escritos por un adolescente hormonado y analfabeto…cómo es que te dejan publicarlos? – curioso indagó el ojiverde, tratando de ignorar la mirada de enojo proveniente de una ojimiel, quien aplastó la mano que aún mantenía aferrada de manera inconsciente.
-El espíritu es lo que importa en mis libros! Y si tanto tienes para quejarte, por qué no escribes tú un libro, Uchiha?! – protestó el super pervertido, dándose cuenta tarde que el rostro del pelinegro se había convertido a una que se asimilaba a la de un zorro como Naruto.
-Qué tal esto…si mi publicación es exitosa en el público, yo me haré cargo por completo de la tutoría del pequeño torbellino- propuso el británico, bebiendo un sorbo de su té.
-Y si no lo logras, me darás todo el dinero que llevas encima para poder utilizarlo en mis investigaciones! …Y dejarás de manipular la mente de Tsunade-hime, sus pechos son una bendición para la humanidad! – señalándole con su dedo índice, aclamó Jiraiya.
-Geez…hecho- fingiendo fatiga le replicó, pero con sus orbes emitiendo un brillo lúdico que divirtió a sus nuevos compañeros de viaje excepto dicho contrincante.
Hedwig ululó desde su lugar al lado de Ton Ton, abanicando sus alas como si estuviese riéndose de un chiste interno.
-No escribirás nada, cierto? – cuestionó el ave nívea.
-No- dijo simplemente.
-Y utilizarás un libro de la biblioteca de ella, no? – una vez más quiso saber el pájaro.
-Si- contestó el mago.
-Orgullo y Prejuicio? – trató de ocultar su diversión mientras interrogaba, Hedwig.
Tsunade y Shizune alzaron una ceja de forma curiosa, pero el Poteru solo las tranquilizó con una sonrisa y revolvió cariñosamente el cabello rubio del joven Jinchūriki, para finalmente ponerse de pie y empezar a empacar para su nuevo viaje en dirección a Konoha.
Finalizó el décimo episodio.
Les gustó?
Qué les pareció la relación que tienen Hari y Jiraiya?
Y la charla con Manda o Katsuyu?
Les molesta que no me dedique expresamente a poner los nombres de las técnicas?
Qué piensan de las pequeñas muestras de afecto que se tienen la Senju y el Poteru?
Tienen alguna crítica? La que sea? Por favor, lo digo de verdad, me gustaría que todos pudiesen dejarme un comentario, ya que es la única forma que tengo para saber si a ustedes les gusta la historia o si necesita que cambie algo.
En fin, saludos y hasta la próxima!
