Disclaimer: Los personajes de Card Captor Sakura no me pertenecen, son autoría del grupo CLAMP y esta historia se realiza sin fines de lucro.
-Comentarios entre guiones-
"Pensamientos en cursivas y entre comillas"
CAPÍTULO 8
"DESICIONES"
Shaoran tomó la carta y quedó sorprendido al reconocer su nombre escrito con la inconfundible y elegante caligrafía de Meiling.
Despidió al criado con un gesto.
- Llamaré cuando tenga lista mi contestación.
En el instante en que se cerró la puerta el ambarino rompió el sello. Le temblaban las manos de miedo cuando desplegó la gruesa pancarta ¿Habría vuelto a hacerle daño aquel bastardo?-"En ese caso, ya puede darse por muerto".
Con el corazón desbocado, leyó rápidamente la carta.
Mi queridísimo Shaoran:
Te escribo para informarte de que mi esposo ha muerto. Falleció el miércoles pasado, con ocasión de un duelo. Su hermano menor Hyosuke se trasladará a la Mansión Terada tan pronto se lo permitan sus asuntos.
Me ha indicado que puedo continuar viviendo aquí, pero yo desearía partir lo antes posible. Abrigo la esperanza de que la oferta que me hiciste siga aún en pie y que pueda quedarme en tu mansión, al menos hasta encontrar otro alojamiento.
Quedo ansiosa a la espera de tu respuesta, tuya
Meiling.
La tensión fue abandonando lentamente los hombros del conde, que dejó escapar un largo suspiro. A continuación, fue hasta el escritorio, extrajo papel con el membrete de Li y escribió con todo cuidado tres palabras a su hermana:
-"Ven a casa".
Sakura estaba sentada en su roca plana favorita, con la barbilla apoyada en las rodillas levantadas y asomando los pies por debajo de su viejo y cómo vestido verde oscuro. Contempló las tranquilas aguas del lago y después lanzó un puñado de piedras a la superficie espejada.
Surgieron decenas de anillos que comenzaron a dispersarse, a unirse con aquella quietud a entrecruzarse unos con otros a modo de eco de la infinidad de emociones que la inundaban.
Por su mente pasaron de nuevo las vívidas imágenes de la noche anterior, que le provocaban una mezcla contradictoria de alegría, desilusión y vergüenza, ingredientes emocionales que se combinaban para dar lugar a una dolorosa confusión.
Cerró los ojos con fuerza e intentó borrar al conde de su memoria... borrar el momento en que la tocó, la miró, la besó, la hizo sentirse más viva de lo que se había sentido nunca, mientras en su interior bullían sensaciones desconocidas que enardecían su cuerpo de una manera tan maravillosa que la dejaba sin respiración. Que la dejaba dolorida, nerviosa, perturbada. Con ganas de más.
Y entonces le sobrevino la decepción.
Lanzó un gemido y volvió la cabeza para apoyar la mejilla contra el lado que iluminaba el sol. -"Tal vez fuera mejor utilizar palabras con e. Yo estaba pensando en "exquisita"... y "encantadora"- Recordó las palabras del Conde.
La había halagado, de forma muy parecida a los falsos admiradores que últimamente no cesaban de reclamar su compañía con uno u otro pretexto, con tal de interrogarla acerca del Ladrón de Novias.
Casi todos la habían atiborrado de cumplidos, desde adorable hasta maravillosa, y ella los había soportado arreglándoselas de algún modo para no poner los ojos en blanco.
-"Encantadora". Dios, ¿por qué le habría dicho el conde que era encantadora? Era una descarada falsedad. ¿Acaso pensaba que ella no sabía que era más insignificante que una pared?
Por alguna razón, el oírle pronunciar aquella palabra había surtido el efecto de un cubo de agua que le hubiera caído encima y la hubiera devuelto violenta y cruelmente a sus cabales.
-"Encantadora". Sí, el conde Li había escogido la misma palabra que había empleado uno de sus nuevos admiradores, un tal señor Young, justo al comienzo de su reciente popularidad.
Por un momento de locura, sorpresa y placer, creyó a aquel joven... hasta que lo oyó una hora más tarde riendo con otro caballero junto a las ventanas francesas, por las que había salido ella para tomar un poco de ansiado aire fresco.
- Es más fea que un saco de papas, esa señorita Kinomoto -comentó el señor Young.
- Pero si le he oído a usted llamarla "encantadora" -replicó su compañero con una risita.
- Jamás han pronunciado mis labios una mentira más evidente -repuso el señor Young- Casi me ahogué al decirla.
Y ahora resulta que el conde también la había llamado encantadora.
Una lágrima resbaló por su mejilla y se la limpió con un gesto de impaciencia. No había esperado semejante falsedad en él..., en el hombre que había hecho latir su tonto corazón casi desde el principio.
Había creído que él era diferente, pero estaba claro que de su boca fluían palabras huecas tan fácilmente como de la de los demás.
Por primera vez en mucho tiempo, intentó el inútil ejercicio de desear ser encantadora de veras, una de aquellas mujeres que atraían la atención de un hombre como él. Hacía años que había enterrado sin miramientos sueños tan triviales, no era lógico perder el tiempo queriendo un imposible.
El ceño le arrugó la frente ante una repentina idea. Si bien cuestionaba la sinceridad de aquel cumplido, no cabía duda de que el conde había sentido deseo hacia ella.
Estaba científicamente al tanto de cómo funcionaba el cuerpo humano, y no se podía dudar de las pruebas físicas de su excitación. Encantadora o no, él la había deseado. Y el cielo sabía que ella lo había deseado a él.
Se levantó y procedió a aplicar la lógica a los hechos, apretando los labios. Sí, él había musitado afirmaciones falsas en relación con su aspecto, pero ¿debía censurarlo por ser amable? ¿Por ser educado? Cielos ¿qué quería que dijera el pobre? ¿Que ella le recordaba a un sapo?
Hasta la noche anterior, ningún hombre había dado muestras de desearla, de querer besarla y tocarla. Pero él sí. Y, que Dios la ayudase, ella quería que la deseara de nuevo.
Jamás se había atrevido a abrigar esperanzas de ser destinataria de la pasión de un hombre; era muy posible que aquélla fuera su única oportunidad de vivir una aventura que su corazón anhelaba: conocer a un hombre. En todos los sentidos en que podía conocerlo una mujer.
¿Podría pensar de verdad en la posibilidad de convertirse en la amante del Conde Li? El corazón le dio un vuelco y sintió un intenso ardor en el rostro.
-"Sí, ésta es mi oportunidad de experimentar algo con lo que siempre he soñado: pasión. Con un hombre capaz de hacer que corra fuego por mis venas". -Pensaba con furor Sakura.
Por supuesto, el matrimonio quedaba descartado. Lord Shaoran Li jamás se plantearía casarse con alguien como ella. Él desposaría a un diamante de primera, una dama joven, fresca y manejable de la aristocracia, que poseyera una cara bonita y una dote a su altura. Pero su reacción física de la noche anterior indicaba claramente que no rechazaba la idea de hacer el amor con ella.
-"Hacer el amor. La aventura de toda una vida."- Se repetía, mientras cerraba lentamente los ojos y dejaba escapar un largo suspiro. Siempre había soñado vivir aventuras, pero desde su fallido secuestro era como si se hubieran abierto todas las compuertas.
Sus antiguos y vagos anhelos se habían transformado en un deseo profundo y dolorido. Sí, el trabajo que realizaba en el laboratorio la llenaba, pero a medida que iba haciéndose mayor reconocía que, aunque su mente se encontraba satisfecha, algo dentro de ella quería más. Y sabía perfectamente qué era.
-El Conde Shaoran Li.
Se sujetó el estómago para calmar los nervios que lo agitaban. La amante de lord Li. -Santo Dios ¿me atrevería? -Todos sus antiguos deseos reprimidos le contestaron a gritos: -¡Sí!- Decisión tomada
Pero había varias cosas a tener en cuenta. Desde luego, haría falta mucha discreción para evitar que cayera un escándalo tanto sobre ella como sobre su familia. ¿Y qué pasaría si se quedaba encinta? Aun cuando su aventura pudiera permanecer en secreto, no iba a poder ocultar un bebé.
Por supuesto, había maneras de evitar el embarazo, y aunque ella no sabía cuáles eran, seguro que sus hermanas sí. Pero lo mejor sería preguntar sólo a una de ellas; cuantas menos personas estuvieran al corriente de su plan, mejor.
Quizá la más adecuada fuese Tomoyo, pues siempre estaba al corriente de los chismorreos de Londres y parecían fascinarla de modo particular las aventuras ilícitas. -Diré que deseo saberlo meramente a efectos de investigación científica. Seguro que a Tommy no se le ocurrirá sospechar que tengo la intención de tener un amante". Pensaba Sakura
Sintió una punzada de emoción ante la perspectiva de vivir semejante aventura. Quería descubrir cómo era la pasión, y de primera mano. Cielos, aquel beso había estado a punto de derretirle las rodillas. -¿Cómo sería compartir otras intimidades con el conde, acariciarnos mutuamente... unir nuestros cuerpos? –Dios no lo sabía, pero estaba desesperada por averiguarlo.
La sobresaltó el chasquido de una ramita al quebrarse. Volvió la cabeza y el corazón le dio un vuelco.
A su espalda se erguía el Conde Li.
Shaoran la miró y se quedó inmóvil al ver su expresión. Venía con la esperanza de que ella no lo mirase con el mismo gesto de desilusión que la noche anterior. Y no lo miró. Pero no estaba preparado para el espectáculo que encontró.
-Diablos, parece estar... excitada?. Las mejillas carmesí, la respiración agitada, un brillo inconfundible de deseo detrás de las gafas. ¿Qué demonios estará pensando?
Ella cogió sus gastados zapatos y se los ajustó. Shaoran acertó a ver brevemente un tobillo esbelto, que afectó a su pulso mucho más de lo que debería.
Tendió una mano para ayudarla a levantarse y le dijo:
- Buenas tardes, señorita Kinomoto.
- Conde Li.
Aceptó la mano del conde, y en el instante en que se juntaron sus palmas él experimentó un calor que le ascendió por el brazo.
La ayudó a incorporarse. La tenía a no más de treinta centímetros de sí, sus rizos castaños mostraban un encantador desaliño, su aroma a miel lo envolvía igual que una fragante red.
El deseo de besarla, de sentirla, lo golpeó con la violencia de un puñetazo. Aunque su cerebro le decía que le soltase la mano, movió los dedos de modo que las palmas de ambos tuviesen un contacto más íntimo.
- Pensé que tal vez la encontraría aquí -dijo con suavidad
- ¿Deseaba hablar conmigo?
-"No. Deseo arrancar ese vestido de tu exuberante cuerpo y recorrerte entera con la lengua. Y cuando haya terminado de saborearte, quiero..." Shaoran sacudió la cabeza para despejarse.- ¿Hablar con usted? Eh... sí – "Diablos Shaoran tranquilízate" – Se dijo a sí mismo para tranquilizarse.
- ¿Sobre lo de anoche?
- Pues sí.
Demonios, estaba hablando como un imbécil, pero no esperaba un tono tan directo. Con todo, debería haberlo esperando de ella.
La señorita Kinomoto asintió rápidamente.
- Estupendo, porque yo también deseo hablarle de eso. No debería haberme marchado de una manera tan brusca. Usted fue sumamente generoso con Touya y conmigo, y le pido disculpas.
- No es necesario que...
- He reflexionado mucho sobre este asunto, y entiendo perfectamente por qué dijo lo que dijo.
- ¿Ah, si?
- Sí. Al fin y al cabo, no podía decirme la verdad. No obstante, agradezco su esfuerzo por...
- ¿A qué se refiere con "la verdad"? ¿Está sugiriendo que le he mentido?
Ella frunció el entrecejo y los labios, sopesando la pregunta.
- Considero que la palabra "mentir" resulta demasiado fuerte. Tal vez sea mejor decir que "disfrazó" las cosas. Comprendo que sólo intentaba ser cortés, pero en el futuro preferiría que no dijera esa clase de bobadas.
Shaoran comprendió a qué se refería. ¿Cómo era posible que aquella singular e increíble mujer no tuviera idea de su propio atractivo?
- No le mentí. Ni disfracé nada. -Se llevó la mano a los labios y depositó un beso en los dedos. A continuación, la rodeó con el otro brazo y la acercó hasta que los senos de ella le rozaron la camisa- Es cierto que es encantadora -dijo con suavidad al tiempo que la miraba fijamente para que ella viera la sinceridad que había en su mirada.
Los ojos de ella reflejaban desconcierto, como si quisiera creerlo pero no pudiera y Shaoran deseo demostrárselo, decírselo, hacérselo saber- No lo digo por cortesía, sino porque es verdad.
Se llevó al pecho las dos manos de la ojiverde y le apretó las palmas contra su corazón, que latía acelerado. Después, deslizó muy despacho un dedo por su mejilla, mientras murmuraba:
- Fíjese en su piel, por ejemplo. Es muy suave, sin un solo defecto. Como la seda más fina.
- Tengo pecas en la nariz
Una sonrisa afloró a los labios del conde
- Ya lo sé. Y son de lo más seductoras -Tomó un mechón de pelo suelto entre los dedos- Y su cabello es...
- Rebelde
- Brillante, suave -Se acercó el mechón a la cara y aspiró.- Fragante -Acto seguido, procedió a quitarle las gafas despacio y se las guardó en el bolsillo de la chaqueta- Y luego están sus ojos. Son extraordinarios. Grandes y expresivos, cálidos e inteligentes. ¿Sabía que cuando sonríe brillan como esmeraldas? ¿Sabía que su sonrisa sería capaz de alumbrar una habitación a oscuras?
Ella lo miraba fijamente. Parpadeó dos veces y luego se limitó a negar con la cabeza.
La mirada de Shaoran se posó en su boca y el pulso le dio un brinco. Recorrió lentamente el contorno de los labios con la yema del dedo y susurró:
- Su boca es... fascinante. Exuberante. Para ser besada.
Se inclinó y le rozó los labios con los suyos una vez, dos, para continuar después a lo largo del mentón. Cuando llegó a la oreja, atrapó el lóbulo entre los dientes con suavidad y disfrutó del estremecimiento que la sacudió. Inhaló profundamente para llenarse de su fragancia, como si fuera un elixir.
- Su olor -susurró junto a su suave cuello- es mucho más que encantador. Aunque viva cien años, jamás volveré a oler la miel sin que usted me venga a la memoria. Resulta torturante, tentador -Le tocó la piel con la lengua y se le escapó un gemido- Un tormento. Hay muchas palabras con "t" para describir a una mujer.
Un gemido tembloroso subió a la garganta de ella y el ambarino retrocedió para contemplar su rostro sonrojado.
- Encantadora -reiteró firmemente- En todos los sentidos. Por dentro y por fuera. Nunca permita que nadie le diga lo contrario. Y no se lo crea jamás.
Ella lo contemplaba sin pestañear, con los ojos como platos. Tenía las manos apoyadas en su camisa, irradiando calor sobre su pecho, un calor que se le extendía por el abdomen y le llegaba a la ingle.
Teniendo su blando cuerpo presionado contra el suyo desde el pecho hasta las rodillas, sabía que Sakura notaba su erección, y quería que así fuera; quería que ella apreciara la evidencia innegable de su deseo, la prueba física de la sinceridad de sus palabras.
En ese momento la castaña se humedeció los labios con la lengua.
- Nadie me ha dicho nunca cosas como ésas
- Eso me resulta imposible de creer. Pero recuerdo que anoche coincidíamos en que la mayoría de las personas son necias.
Sakura tardó varios segundos en reaccionar, mientras una lenta sonrisa se le extendía por toda la cara. Para Shaoran fue como si el sol lo inundase con su dorado resplandor.
- Yo también creo que usted es encantador -susurró ella al fin.
Aquel sencillo cumplido lo conmovió como ninguna otra frase pronunciada jamás por mujer alguna. Sintió la corriente del deseo vibrando en sus venas, anulando su sentido común, apartando a un lado su raciocinio. En su mente comenzó a sonar una única palabra, un mantra que manifestaba su deseo.
-"Mía. Mía. Mía".
Incapaz de detenerse, hundió los dedos en el cabello de ella, tirando horquillas al suelo, hasta que su melena castaña se derramó suelta sobre sus hombros. Lo envolvió su aroma, inundó sus sentidos, ahogó su razón.
Inclinó la cabeza y la besó muy despacho, muy hondo, deslizando la lengua en su boca para retirarla a continuación, en una sensual danza que su cuerpo ansiaba practicar con ella.
La ojiverde respondió a cada uno de sus movimientos moviendo su lengua contra la de él, hundiendo los dedos en su cabello, apretándose contra su cuerpo.
-"Mía. Mía. Mía"
Sin interrumpir el beso, fue retrocediendo hasta que se apoyó contra el grueso tronco de un árbol. Atrajo a Sakura hacia él para deslizar las manos hasta sus redondos glúteos.
Luego la alzó contra su tensa erección y empezó a frotarse lentamente contra ella, un movimiento que le provocó una llamarada que le incendió todo el cuerpo.
Con un gruñido grave y gutural, fue subiendo las manos hasta la cintura de la castaña y después hasta sus pechos. Las manos se le llenaron de la tela que los recubría y sus pezones endurecidos se le hincaron en las palmas.
Apartó sus labios de los de ella y comenzó a recorrerle el cuello con besos húmedos y ansiosos. Sakura dejó escapar largos y femeninos gemidos de placer al tiempo que se arqueaba contra él, enardeciéndolo.
Shaoran deslizó los dedos dentro de su sujetador y le acarició los pezones. Su gemido se confundió con el de ella y entonces levantó la cabeza para devorarle la boca en otro beso ardoroso.
Sakura se agitó contra su cuerpo y su erección reaccionó con una sacudida. Que Dios lo ayudase: la deseaba, la necesitaba.
-"Mía. Mía. Mía"
Bajó una mano para buscar el borde del vestido y comenzó a levantarlo muy despacio. Introdujo la mano por debajo de la tela y pasó los dedos por el muslo desnudo, suave como la seda. Ella contuvo una exclamación y el castaño se irguió ligeramente para mirarla con ojos nublados por el deseo.
Santo cielo, era una mujer increíble. Ruborizada, excitada, los labios hinchados por sus ardientes besos, los pezones duros bajo el delgado vestido, el pecho subiendo y bajando por la excitación. Era todo lo que podía desear un hombre y la tenía allí, lista para él.
Si movía la mano sólo unos centímetros podría acariciar su parte más íntima... aquellos pliegues inflamados que él sabía que estaban suaves y húmedos. Preparados para él. Y luego...
-"Y luego ¿qué?" -le gritó la voz de la conciencia rompiendo la niebla de sensualidad que lo envolvía- "¿Piensas tomarla así, contra el árbol? ¿A una virgen? Y si lo haces ¿qué harás después con ella? ¿Desposarla?" Y a continuación de la voz irritada de su conciencia le llegaron las palabras de Wei: "Es inocente, justo la clase de mujer que podría ver en sus intenciones más de lo que usted pretende".
Entonces se abatió sobre él la realidad, como un manto frío y húmedo. Sacó la mano de debajo del vestido, sujetó a la castaña por la muñecas y la apartó de él.
Ella respiró hondo para llenarse los pulmones. Sentía un vívido deseo en todo el cuerpo, sobre todo en la ingle. Notaba su feminidad húmeda y tensa, dolorida de un modo que no había experimentado jamás; un dolor maravilloso, del que aún no estaba satisfecha.
Pero como ya no sentía la excitante presión de la entrepierna de Shaoran, hizo un esfuerzo de abrir los ojos. Lo vio reclinado contra el árbol, sujetándola a un brazo de distancia por la cintura. Entrecerró los ojos para mirarlo, y aunque estaba borroso, distinguió con facilidad su respiración trabajosa y su expresión intensa.
Gracias a Dios todavía la sujetaba, pues de lo contrario se habría derrumbado en el suelo flácidamente. Aspiró aire varias veces e intentó calmar su frenético pulso y recuperar el dominio de sí misma.
Cuando por fin encontró la voz, preguntó:
- ¿Por qué no continúa?
Las manos de él, le apretaron la cintura aún más.
- Porque no habría podido parar -Soltó una risita carente de humor- Créame, este esfuerzo ha estado a punto de matarme. ¿Tiene idea de lo cerca que ha estado de hacerle el amor?
Sakura sintió un profundo júbilo. Hizo acopio de todo su valor para decir:
- ¿Y tiene usted idea de lo mucho que yo deseaba que me lo hiciera?
Shaoran se quedó sorprendido. (°.°)
- No podemos hacerlo - chilló cuando consiguió recuperarse.
Ella alzó apenas la barbilla y pronunció las palabras que esperaba de todo corazón que le hicieran emprender la mayor aventura de su vida.
- ¿Por qué no?
- ¿Que por qué no? –Shaoran clavó los ojos en ella, perplejo.
Sakura lo miraba a su vez con la cabeza ladeada, aguardando una explicación. Tras lo que le pareció una eternidad, él se aclaró la garganta por fin y dijo-:
-Estoy seguro de que comprende la razón por la que no podemos seguir adelante con esto. Podría haber repercusiones... y no me encuentro en situación de poder ofrecerle matrimonio.
La ojiverde levantó las cejas.
- Y no espero ninguna propuesta matrimonial.
- Entonces ¿qué es lo que espera exactamente?
- Que compartamos una aventura maravillosa
Al castaño se le disparó el corazón. Trató de coger aire; pero parecía tener los pulmones comprimidos, como si se hallaran bajo el peso de una roca enorme.
Aquella respuesta le había dejado atónito. Desde luego, se alegró inmensamente y anheló compartir una aventura con aquella mujer, pero ¿cómo iba a hacer tal cosa?
Su conciencia le asediaría sin piedad. Entre ellos iba alargándose el silencio y comprendió que tenía que decir algo.
- Por mucho que me halague la disposición que usted muestra, me temo que debemos dejarlo así.
Ella frunció el entrecejo, desconcertada.
- Oh, vaya ¿Es que ya tiene una amante?
Shaoran sintió un intenso calor que le ascendía por la nunca.
- No, en este momento no.
La expresión de la castaña fue de alivio. Bajó la mirada hacia su virilidad, aún prominente, y volvió a mirarlo a la cara.
- No puede negar que me desea.
- Es evidente. Pero hay en juego mucho más que el mero hecho de satisfacer mis deseos -Sus dedos se tensaron levemente sobre la cintura. La soltó y se pasó las manos por la cara-. Está claro que usted no ha recapacitado sobre esto...
- Todo lo contrario, sí lo he hecho.
- ¿De verdad? Pues no ha tenido en cuenta su reputación, que resultaría completamente arruinada.
- Sólo si se enterase alguien. Yo no pienso contárselo a nadie. ¿Y usted?
- Por supuesto que no. Pero por más discretos que fuésemos, alguien sospecharía y haría correr el rumor: un criado, un vecino, alguien de su familia.
Resulta imposible esconder una aventura en un pueblo tan cerrado como este.
- No estoy de acuerdo -Sakura respiró hondo y entrelazó las manos- En este pueblo se me considera rara, excéntrica, insignificante, una solterona y un ratón de biblioteca.
Nadie, ni por un instante, daría crédito a la idea de que un hombre, y mucho menos un hombre como usted, me concediera más que una mirada fugaz. A mí misma me resulta casi imposible de creer. De hecho, me atrevería incluso a decir que si los dos estuviéramos en una sala atestada de gente y anunciáramos que nos habíamos convertido en amantes, nadie nos creería.
Muy probablemente la joven tenía razón y eso le provocó una oleada de rabia contra cada uno de los estúpidos que le habían negado su atención.
-"Despreciables idiotas"
- Me estoy acercando rápidamente a los veintiséis -prosiguió ella-. Hace tiempo que acepté las limitaciones que me imponen mi físico y mis inusuales aficiones, pero eso nunca me ha impedido anhelar una aventura en mi vida. Y pasión.
En sus ojos centellearon una frágil esperanza y un profundo anhelo, que a Shaoran le encogieron el corazón. Maldición, tenía que convencerla de que era una mala idea tomarlo a él como amante, pero debía hacerlo sin humillarla. No obstante, le estaba resultando muy difícil: le dolían las ingles de deseo y al parecer había perdido el habla.
Le cogió la mano y enlazó sus dedos en los de ella. Su contacto le provocó un agradable calor a lo largo del brazo, y tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no estrecharla con ardor y mandar al diablo su maldita conciencia.
- Desde mi encuentro con el Ladrón de Novias -dijo ella suavemente-, no he podido reprimir mi necesidad de aventuras. Es como si él hubiera abierto una compuerta en mi interior.
Shaoran se quedó petrificado.
- ¿El Ladrón de Novias? ¿Qué tiene él que ver con esto?
- Me hizo sentir... viva. Me hizo darme cuenta de lo mucho que deseaba... ciertas cosas.
El conde apretó la mandíbula y entrecerró los ojos.
- ¿Cosas como un amante?
Ella le sostuvo la mirada sin mover un solo músculo
- Sí
Él sintió una irracional punzada de celos, y le soltó la mano con brusquedad.
- En ese caso, quizá deba acudir con su oferta al Ladrón de Novias.
Ella se sonrojó y a Shaoran le rechinaron los dientes. No había tenido en cuenta la posibilidad de que Sakura pudiera albergar sentimientos de... amante hacia su otra personalidad.
- Es improbable que vuelva a verlo
- "Sí, de lo más improbable"- ¿Y si lo viera?
- No me hizo insinuación alguna de que me... deseara.
-"Diablos ¿qué quería decir con eso? ¿Que deseaba experimentar la pasión con el Ladrón de Novias?" La idea de que ella deseara a otro hombre, con independencia de que aquel otro hombre en realidad fuera él, le nubló la vista con un velo rojo.
Pero se tragó su creciente cólera y dijo con frialdad:
- ¿Se ha parado a pensar que su aventura podría dar como resultado un embarazo?
- Sí, pero tengo entendido que existen medios para evitar esa clase de contratiempo.
- ¿Y sabe cuáles son?
- No, aún no.
- ¿Aún? -Se pasó la mano por el pelo- ¿Y cómo piensa averiguarlo?
Ella alzó las cejas
- ¿Los conoce usted?
- Naturalmente. No tengo el menor deseo de ser el padre de un bastardo.
Los labios de la ojiverde se curvaron en una sonrisa de alivio.
- Perfecto. Entonces podrá decirme todo lo que necesito saber.
- No pienso hacer nada de eso. No necesita esa información, porque yo no voy a ser su amante. -Se pasó la mano por la cara y sacudió la cabeza- ¿Y si en el futuro decide casarse?
En el momento en que lo dijo, pasó por su mente otra imagen de ella, rodeada por los brazos de un hombre sin rostro, una imagen que a punto estuvo de ahogarlo.
- No tengo el menor deseo de casarme. Me siento realizada con mis trabajos científicos, y espero poder viajar algún día. Si quisiera ser una esposa, podría haber accedido a una boda que recientemente arreglaron mis padres. Le doy mi palabra de que no intentaré sacarle una propuesta de matrimonio.
- Eso es muy sensato, ya que yo tampoco tengo intención de casarme nunca. Y no me gustaría nada que me obligasen a ello.
- Entiendo. Pero ¿qué pasará con su título aristocrático?
- Morirá conmigo -contestó el ambarino con tono rígido y decidido.
- Ya -Sakura lanzó un suspiro y dijo-Bien, pues ya que hemos hablado del tema y superado todos los obstáculos...
El cielo sabía cuánto ansiaba él hacerle el amor. Pero con aquella maldita voz de la conciencia que no dejaba de martillearle el cerebro, se sentía empujado a salvarla de sí mismo, porque, pese a sus protestar, se veía a las claras que aquella joven no se daba cuenta de lo mucho que tenía que perder.
Contuvo el intenso deseo que amenazaba con pulverizar sus buenas intenciones, la tomó por los brazos y la miró a los ojos. Rogando que ella viera cuán profundo era su pesar, le dijo:
- No puedo ser su amante. Y no es porque no la desee, porque sí la deseo -dejó escapar una risita seca- y con desesperación. Pero no puedo, no quiero ser el responsable de su deshonra.
Ella alzó la barbilla un poco más.
- Ya le he dicho que nadie le pediría cuentas de cualquier efecto adverso que pudiera acarrear nuestra asociación.
- Entiendo. Pero no soy un hombre capaz de marcharse sencillamente o volver la espalda a las responsabilidades.
En los ojos de ella brilló la confusión.
- Pero ¿qué sucedió con sus anteriores amantes? ¿Acaso no les preocupaba la reputación de ellas?
Shaoran experimentó una oleada de ternura. Tomó su rostro en forma de corazón entre las manos y le rozó las mejillas con los pulgares.
- Ninguna de mis anteriores amantes era tan inocente. Su relación conmigo, o con cualquier otro hombre, no ponía en peligro su estatus social. Pero el de usted resultaría arruinado. Y yo no puedo desentenderme de eso.
Aquellas palabras robaron toda expresión a sus ojos.
- Entiendo -Se apartó de él con un movimiento brusco- En tal caso, supongo que lo mejor será que regrese a mi casa. ¿Me da mis gafas, por favor?
- Por supuesto.
El ojiverde sacó las gafas del bolsillo de su chaqueta y se las entregó. Observó cómo se las ponía, sintiendo una aguda punzada de pérdida.
Tras ajustarse las gafas, la castaña le dedicó un gesto formal con la cabeza.
- Me despido de usted, Conde Li -Y, girando sobre los talones, emprendió el regreso.
Una despedida. No había forma de confundir el significado de aquellas palabras ni el tono de su voz. Estaba claro que era la última vez que esperaba verlo. Mejor así. Debería estar contento.
Pero, maldita sea, sentía un profundo dolor en el pecho ante la idea de no verla nunca más. De no ver su sonrisa, ni oírla reír, ni tocarla, besarla, hacerle el amor...
Apretó los labios para no gritar su nombre, plantó los pies el suelo firmemente para no echar a correr tras ella, apretó los puños para no abrazarla. Y finalmente cerró los ojos con fuerza, para no tener que ver cómo se alejaba de él.
Había obrado correctamente. Con nobleza. Por ella. Aunque jamás abría dónde había encontrado fuerzas para resistirse a su oferta.
Jamás lo sabría. En efecto, ya nunca sabría cómo era tener a Sakura Kinomoto debajo de él. Encima de él. Enredada en él. Pronunciando su nombre en un gemido. Despertar en ella la pasión que tanto ansiaba conocer... y que deseaba compartir con él.
Entonces abrió los ojos. El sendero por el que se había marchado se veía ahora desierto. Se obligó a moverse y dio media vuelta con intención de irse, pero sus pies se pararon en seco al fijarse en la jarra de miel. La había dejado junto a unos matorrales antes de acercarse a ella.
Al instante le asaltó un tropel de imágenes: el placer que experimentó ella al ver el regalo, sus ojos brillantes de deseo cuando él la besó, su expresión seria y dolorosamente esperanzada mientras le preguntaba si quería ser su amante.
Se maldijo a sí mismo por la decisión que había tomado.
Sí, ciertamente era un tipo noble.
Un noble idiota con un pesar en el corazón que no desaparecería jamás
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Vaya parece que nuestro querido Shaoran tomo una decisión muy difícil, decisión que no le agrado nada a nuestra castaña.
