Interludio uno

Un debate antes de...

Lunae miraba nervioso el pozo de vista, le llamaba así porque podía ver a cualquiera sí el lo quería. Y justo ahora miraba a Pitch Black hacer de las suyas; no es que le tuviera miedo, el simplemente no le podía temer a Pitch, temía por los niños a los que causaba pesadillas, que se removían en sus camas aterrados y llorando, que sentían miedo. Mucho miedo. El suficiente como para hacer que Pitch se hiciera más fuerte.

Dejó de mirar el pozo para mirar a su nuevo acompañante. Cronos le devolvió la mirada cómo un anciano, estaba delgado, la piel le colgaba y la barba apenas era una cómo tal, pues aunque larga, parecía hecha de delcron viejo y gastado, su capa deja al descubierto sus pies descalzos y callosos gracias a la encorvatura de su espalda. Este tenía un aspecto tan nefasto que parecía que iba a morir en cualquier segundo.

–¿Porque me has llamado Lunae?– preguntó Cronos con su voz de anciano– Creí que tus dudas sobre el quinto guardián estaban resueltas.

– No, no ha sido por eso– negó el hombre de la luna– Te llame para preguntarte sobre el destino de la Reina de las Nieves. Se supone que murió hace tiempo ya, era cuando gobernaba Arendelle– recordó Lunae con gesto pensativo recodando a la joven.

– Te recuerdo que es sólo la reencarnación de una reencarnación– dijo el dios del tiempo con calma– Elsa es la reencarnación de Elizabeth.

–Y yo a ti que aún no se han reencontrado. Se lo prometí a Elizabeth, tiene que suceder. Ellos tienen que estar juntos– dijo Lunae, un poco frustrado– Murió en mis brazos, prácticamente, fue su último deseo, tengo que cumplir mi promesa.

– Era una mortal Lunae–dijo en tono razonable Cronos–¿Como has podido prometer que ella y Jack estarían juntos?

– No lo se, solo lo prometí– respondió el señor de la Luna– Tengo que cumplir mi promesa. Ellos tienen que casarse

– Es una época diferente. Es un poco más difícil. Medita las cosas, Lunae, hermano– dijo el anciano, con tono tranquilizador y poniendo su mano nudosa sobre los hombros de Lunae– No comentas el mismo error. No la mates antes de tiempo

Lunae suspiró. Todavía podía sentir el dolor de la pequeña Anna, el del todo Arendelle, del pequeño pueblo de Elizabeth y Jack cuando estos murieron, de Emm, la hermanita de Jack, de Anne, la hermana de Elizabeth... De todos.

Había cometido un error. Pero no se repetiría. El problema era que no podía solucionarlo.

– Lo solucionaras, yo se que sí– aseguró Cronos.– No he visto casi nada de ella desde hace días, todo lo veo horriblemente borroso. Eso nunca había pasado, Lunae, jamás. Es como si... Alguien hubiese robado mis frascos del futuro. Y el suyo de pura casualidad.

Se escuchó la voz amable de Solayra pidiendo paciencia para ver a su esposo, Lunae volteo a ver a esa persona y se encontró cara a cara con el rostro furioso de Natura.

–¿¡Se puede saber porque has permitido dejar nevar a Elizabeth en mi España en verano!?– preguntó la reina de la naturaleza furiosa, Lunae se piso un tanto nervioso. Poco a poco se fue calmando.

– Te recuerdo, querida hermana, que dejó de llamarse Elizabeth desde hace 310 años– dijo calmadamente el hombre de la Luna–Y que todo esto es parte del plan.

–¡Pero no le veo pies ni cabeza, Lunae!– replicó la Madre Naturaleza–¡Es la reina de España! ¡Mi Jack debió de haber hecho algo! ¡Enfrentala!

– Me parece que no estas entendiendo, Natura– respondió Lunae sin cambiar su semblante– Necesito que peleen juntos, no entre ellos, destruir a Pitch será más fácil y puedo devolverle las memorias completas a Jack. Y recordarle quien era y quien era Elizabeth.

– Entiendo, pero te estas metiendo con mi clima y...

– Me aseguraré que lo entiendan los humanos– aseguro Lunae. Natura asintió.

– ¿Será cómo una típica nevada en julio?– preguntó sarcásticamente Natura– ¿Esto en que nos va ayudar? Te recuerdo que eso paso hace...

– Doscientos años, Natura– interrumpió Cronos a la muy furiosa señora de la naturaleza. esta lo miró con una cara de furia inmensa y éste volvió a mirar a otro lado.

– ¡Sí pero no paso nada!– gritó.

–Pero esta vez es diferente–respondió Lunae, Natura le pidió que continuará– Un espíritu solo soporta tres reencarnaciones. Esta es la última de Elizabeth, sí esta vez no conseguimos que ella este con Jack...

– Llegará al descanso eterno... O como tenía asuntos pendientes...– Cronos se calló, hasta a el le daba un poco de respeto a ese lugar.

– Al inframundo– competo Lunae, aterrado por el destino de la bella Elizabeth, suspiró de nuevo. Mientras Natura se estremecía. Recordó el llanto que le taladraba los oídos de tristeza, los pasos tímidos por la nieve, su cabello castaño cubierto de nieve completamente, casi blanco, su tez, pálida, pero esta noche estaba más blanca que la nieve en sí. Y sus labios, siempre rojos, ahora estaban...

Azules. De un enfermizo color azul . Y de estos salía:

–¡Jack! ¡Jack, vuelve! ¡Te necesito! ¡Por favor! ¡Regresa conmigo...!

Se sintió culpable, muy culpable. Había sido tan egoísta...

–¡Jack! ¡Te amo!

Y lloraba mientras se aferraba al duro hielo del lago

(Adriana: Now I'm lyling in the cold hard ice!)

Suspiró de nuevo, no iba a llorar frente a los presentes. Ganas no faltaban, pero tenía que ser fuerte, después de aquello, le había prometido a la joven que...

–¿Que pretendes con esto, Lunae?– preguntó Natura.

– Derribar dos pájaros de un tiro...– respondió Lunae– Cumple mi promesa y destruiremos a Pitch Black de una vez por todas.

–¿Cual es esa promesa?– preguntó Natura

– Confía en mi Natura, todo saldrá bien, te lo prometo.– respondió Lunae, evasivo.

– Espero y tengas razón esta vez Lunae.

– Lo mismo digo, Natura, lo mismo digo