10-Misterios
Nowaki regresó muy tarde a su casa y su sorpresa fue mayúscula cuando fue recibido por una alterada Hana que saltó a sus brazos con la carita llena de lágrimas.
—Papiii ¿Dónde estabas? Hemos estado muy preocupados por ti.
Nowaki abrazó a su hija y la besó amorosamente para luego levantar la mirada y encontrar el rostro serio de su padre y su hermano. No le dio tiempo de preguntar pues Hana se adelantó a su incertidumbre abrazándolo apretadamente y escondiendo su carita afligida en el cuello de su padre.
—El tío Haru desapareció. Nadie sabe nada de él desde esta mañana.
Nowaki miró a su padre con asombro y avanzó acercándose a ellos con una muda pregunta en el rostro. Fuyuhiko se puso de pie y le ordeno a Shinobu con molestia.
—Llévatela a su cuarto.
Hana no quería despegarse de su padre, había estado muy asustada por que no lograban localizarlo.
—Pero yo quiero quedarme con mi papi y… quiero saber que le pasó al tío Haru.
Haruhiko, como Akihiko, eran unos tíos muy consentidores y la mimaban con ternura, ella los amaba y se preocupaba por ellos.
—Ese imbécil no es tu tío. —Gritó Fuyuhiko con molestia, ya estaba harto de lo que creía eran malcriadeces de una niña demasiado consentida. —Ya está tu padre en la casa, es hora de que vayas a dormir, no seas desobediente.
Nowaki besó el cabello de su hija y la puso en el suelo.
—Ve a tu cuarto mi princesa iré en un momento a arroparte.
Hana se fue con un mohín de tristeza en su rostro. Shinobu la abrazó y juntos subieron las escaleras. Cuando Nowaki se cercioró que no podía escucharlo, enfrentó a su padre con desdén.
—Le vuelves a gritar y haré mis maletas para regresar a Inglaterra con mi hija. No olvides por que estoy aquí.
Fuyuhiko pareció encogerse en sí mismo. Adoraba a Nowaki y hacia todo para no contrariarlo. Solo que con Hana la relación era diferente, la consideraba un estorbo, algo que nunca debió ocurrir.
—Comprende hijo, es una situación desesperada. —dijo con dificultad tratando de apaciguar el ánimo de Nowaki.
Akihiko suspiró con cansancio y decidió intervenir.
—Haruhiko fue a Hokaido a visitar uno de nuestros negocios. No sabemos nada de él desde las nueve de la mañana. Ni siquiera llegó al negocio.
Akihiko se puso de pie y caminó hasta su hermano.
—He tratado de hacer que papá entre en razón, hay que llamar a la policía y…
—Suficiente. —gritó Fuyuhiko. —Crie dos hijos inútiles. Déjanos solos Akihiko. Nowaki y yo nos encargaremos. Tú ocúpate de recuperar la empresa de tu madre. Demuestra que no eres un fracasado.
Nowaki iba a decir algo, pero Akihiko salió apresurado del salón sin dirigirle la mirada a nadie.
—Este es tu nuevo pasaporte y todos estos documentos son los que te acreditan como Takeru Iwa. El dinero está en la cuenta que acordamos y saldrás en un vuelo privado a las doce de la noche. —Misaki sonrió con sarcasmo. —Como cenicienta.
Haruhiko tomó los papeles y lo miró por un largo segundo. Admiraba a aquel joven frio y enigmático y también le temía.
—¿Qué…Que va a pasar con mis hermanos y con mi sobrina?
Misaki lo miró con desprecio, dirigió luego su mirada a uno de sus hombres.
—Preparen el auto, Takeru sama se marcha. —tomó su chaqueta que colgaba de la única silla que había en el enorme galpón donde había pasado todo el día Haruhiko escondido y revelando la información que Misaki necesitaba. —Pague muy bien toda la información que me suministraste. No tienes derecho a hacer peticiones o preguntas, porque así como te di una nueva vida, puedo quitártela solo con chasquear mis dedos.
Haruhiko fue arrastrado por unos de los hombres de Misaki y metido en el auto no sin cierta violencia. No se arrepintió por Fuyuhiko, aquel anciano miserable debía pagar. Le dolió si la pequeña Hana y también Akihiko y Nowaki, pero desechó los pensamientos. Había sido un esclavo por muchos años, era hora de ser libre.
—Vigílenlo. — ordenó Misaki. —No quiero que lo pierdan de vista ni un momento y que el hombre que lo espera en china lo vigile por unos meses, si intenta hacer cualquier intento de comunicarse con su familia, mátenlo.
Varios hombres asintieron obedientemente y Misaki se subió a su auto para volver a la mansión. En el transcurso recibió una llamada, cuando vio quien era sonrió con malicia.
— ¿No era que me habías dejado de lado? No me digas, cambiaste de opinión y me quieres en tu cama esta noche. Puedo estar allí en diez minutos.
Al otro lado de la línea un hombre suspiró con tristeza.
—Siempre te querré en mi cama, Misaki, pero no con tus condiciones. Te llamo para decirte que mañana saldrá en la prensa la noticia de mi compromiso con Shizuku Ishi.
Misaki dio un volantazo y el deportivo se salió de control. Le costó unos segundos recuperar el control del auto. Se detuvo en el arcén tratando de recobrar el aliento.
"¿Shizuku Ishi? ¿Ese desabrido y estúpido niñito?"
—Misaki. —le llamó Ijuuin extrañado por los segundos de silencio.
Misaki apretó el teléfono en sus manos y recobró el aplomo dejando salir su voz más indolente.
— ¿Y me llamas para, Ijuuin? ¿Quieres que te dé un regalo de bodas? —Misaki rio con crueldad. —Ah ya sé, necesitas tenerme en tu cama esta noche ¿es eso? Quieres saber lo que es tener sexo de verdad, antes de casarte con el niñito bueno, delicado e inocente de los Ishi.
Misaki escuchó un suspiro al otro lado de la línea, supo que sus venenosas palabras habían tenido éxito, pero no supo por que no se sintió satisfecho con eso.
—Yo…te llamaba porque tenía esperanza. — dijo finalmente Ijuuin. —Pensé…estúpidamente pensé que… Te amo Misaki, yo…
—Adiós Ijuuin, ojalá seas muy feliz. —musitó Misaki sin dejarlo terminar y colgó la llamada.
Apagó el teléfono y lo tiró a la parte trasera del auto. Con sus manos en puños aporreó el volante con fuertes golpes.
—Maldita sea… maldita sea… maldita sea. —gritó muchas veces, odiando a todo y a todos y sobre todo a sí mismo y a las lágrimas que corrían por sus mejillas.
Cuando recobró el equilibrio condujo hasta su casa. Ya había logrado dominar su frustración cuando entró a la mansión. Preguntó por Hiroki y le informaron que había salido con Shinoda. Se alegró por su hermano, al menos él sería feliz, se lo merecía.
Desayunó solo pues Hiroki no regresó a la mansión. Shinoda le llamó para decirle lo que había pasado la tarde anterior. Misaki se condolió por su hermano, sabía que no debió haber sido fácil pasar por aquello.
—Lo dejé dormir un rato más. Quiero que este descansado para enfrentar el día.
Misaki había sonreído ante las palabras de Shinoda, le parecía oír a Makoto. Ambos sobreprotegían mucho a Hiroki, pero él sabía, él conocía la naturaleza de Hiroki. Su hermano no era alguien fácil de vencer.
Cuando llegó a la empresa lo primero que vio fue un ramo de rosas que adornaba su escrito. Leyó la tarjeta con displicencia.
"Estoy contando los días"
—Yo también. —murmuró con ira.
—Me alegro. — dijo una voz tras él que lo hizo sobresaltarse ¿habría notado Akihiko su tono molesto?
Cuando este le sonrió y tomó sus manos besándolo dulcemente. Misaki intuyo que no se había dado cuenta del odio en su voz.
—Lo siento, no quería asustarte, solo vi la puerta abierta y pensé en entrar y darte la sorpresa.
Misaki le sonrió con total inocencia y entreabrió sus labios sensualmente para incitarlo. Akihiko recibió la invitación y lo beso dulcemente.
—Son… hermosas, las rosas. —Le dijo con un suspiro de emoción.
Akihiko lo miró extasiado por aquel rostro tan dulce y esos labios exquisitos húmedos por su beso.
—Tu, eres hermoso.
—Misaki ¿viste esto? —Gritó Ryu irrumpiendo en la oficina sin darse cuenta que su amigo no estaba solo. —Ah… lo siento, vendré luego.
—No, quédese Isaka sama. Yo ya me iba. —le pidió Akihiko, luego besó las manos de Misaki y le sonrió con picardía. — ¿Almuerzas conmigo?
Misaki asintió y Akihiko por fin se fue. El rostro de Misaki es volvió una máscara fría e inescrutable y cuando finalmente se sentó en su silla. Ryu lo imitó sentándose en la de invitados.
—¿Que ibas a mostrarme?
Ryu no dejó de percibir el tono cansado y molesto de su amigo. Sacó el periódico que había escondido tras su espalada y lo puso sobre la mesa. Misaki se había tomado un sedante nada más llegar a su habitación, eso le había permitido dormir sin pensar. Pero no podría escaparse por siempre, lamentablemente tendría que enfrentar aquello más temprano que tarde pues tanto Kyo como el joven con quien iba a casarse, eran miembros del Clan y ellos como representantes de la familia principal tendrían que asistir a aquel enlace.
Misaki tomó el periódico y miró la foto. Ijuuin se veía serio y sosegado, su prometido en cambio, lucia…encantador, feliz.
Misaki se permitió pensar un segundo en si fuera él quien estuviera ahora en esa foto. Quizas Ijuuin estaría sonriéndole, quizás él también sonreiría.
—Tendría que haber nacido siendo otro. —murmuró para sí.
Ryu le quitó el periódico de las manos y lo miró con preocupación. No pensó que la noticia iba a afectarlo tanto.
—Tu mereces ser feliz, Misaki. —Le dijo con cariño.
Misaki levantó la mirada y esbozó una suave sonrisa.
—Lo seré, el día que mi hermano tenga todo lo que ama en sus manos. El día que pueda ver su sonrisa genuinamente completa y feliz. Ese día mí vida cobrará sentido, ese día seré feliz.
Ryu suspiró y apretó su mano mirándolo con amor.
—Hoy estas un poco distraído.
Misaki, que tenía su mirada perdida en el hermoso paisaje que se vislumbraba desde el ventanal donde almorzaban, sintió la mano que había puesto Akihiko sobre la suya, como un yunque pesado y frio que lo lastimaba. Quizás no había sido buena idea ir a comer con el aquel día en que sus emociones estaban tan a flor de piel.
—Pensaba en…nuestro fin de semana juntos. —Le respondió con una dulce sonrisa, decidió que lo mejor era seguir con su plan y olvidarse de sentimentalismo que no le servían para nada. —Estoy ansioso porque llegue el sábado.
Akihiko sonrió complacido, aquellas palabras eran música para sus oídos.
—Yo también estoy ansioso. — murmuró besando la mano de Misaki con ternura.
Misaki apretó cálidamente la mano de Akihiko.
— ¿A dónde vas a llevarme? —pregunto solícito. — No quisiera que tuvieras muchos gastos yo podría ayudarte. Con todo esto de la pérdida de la empresa no deben estarla pasando muy bien y no quiero que gastes dinero en mí.
—Oh no, no te preocupes por eso, pequeño. —respondió Akihiko con una sonrisa relajada. —Yo tengo mi propio dinero, mis abuelos me dejaron una herencia y tenemos otros negocios pequeños de hecho con eso hemos estado contando para hacerle la oferta a tu hermano de comprarle de nuevo la empresa.
Misaki sonrió con malicia.
— ¿Otros negocios? ¿Dónde?
Hiroki estaba recogiendo unos papeles de su escritorio. Había pasado casi todo el día trabajando. Shinoda estaba ocupado siguiendo una pista que le había encargado Yashiro, así que no se habían visto desde la mañana donde se habían despedido con un largo y apasionado beso.
Hiroki se sonrojó al recordar todo lo que habían hecho la noche anterior y acarició sus labios sonriendo con ternura. Shinoda lo llenaba de una sensación de paz increíble, lo hacía sentirse capaz de lograrlo todo.
—Gracias Makoto, gracias por todo— murmuró sonriendo y acariciando la foto de su esposo que descansaba en un hermoso portarretrato sobre su escritorio.
Tocaron la puerta y un sirviente entró con la correspondencia. Hiroki le agradeció y comenzó a ojear las innumerables cartas y sobres. Uno de ellos llamó su atención.
Misaki llegó a la casa al finalizar la tarde, al preguntar por su hermano le informaron que lo esperaba en el estudio.
—Tengo información por montones, no te imaginas. —dijo nada más entrar.
Hiroki le sonrió y le llevó a sentarse a su lado en un sofá de la espaciosa habitación.
—Antes de que me digas todas esas buenas noticias, quiero preguntarte algo y por favor quiero que me digas la verdad.
Misaki lo miró suspicaz y antes de que protestara, Hiroki puso sobre sus piernas un sobre que Misaki tomó y abrió lentamente.
La invitación estaba bellamente elaborada y la fecha era tan cercana que Misaki sintió su estómago revolverse. El nombre de Ijuuin en ella y haber tenido que lidiar todo el día con esa sensación de desasosiego lo hicieron querer desaparecer.
— ¿Era Kyo Ijuuin la persona con quien estabas la noche en que llegaste tan alterado?
—Sí.
Hiroki suspiró y quitó la invitación de las manos de su hermano.
— ¿Te engañó? ¿Te hizo daño de alguna forma?
Misaki se carcajeó soezmente ante la preocupación de su hermano. Se puso de pie y caminó al bar para servirse una copa. Se paró frente a la ventana y se bebió el líquido de un solo trago, contento porque la quemada en su garganta lo distraía del malestar en su corazón.
—Yo podría acabar con ese matrimonio con solo chasquear mis dedos. — dijo con amargura. — ¿hacerme daño? No, yo soy el que lo ha lastimado a él.
Misaki se sirvió otro trago y se sentó frente a su hermano.
—No estaba alterado ese día porque él vaya a casarse y sí, estaba con él. —Le dijo a Hiroki con un gesto amargo y triste. —No sé cómo sucedió, solo sé que en una de las tantas fiestas a las que no llevó Makoto, nos conocimos. Al principio el me cortejó con demasiada educación.
Misaki rio con sorna y se bebió de un solo trago su bebida, arrugando el ceño y poniendo el vaso sobre la mesa de centro. Se recostó en el mueble y miró pensativo el techo.
—Llegué a pensar que nunca daría el primer paso, creo que esperó a que cumpliera veinte años, para insinuarse y esa noche también creo que fui yo el que le quitó la virginidad y no él a mí.
Hiroki lo miró sorprendido, pero no dijo nada, deseaba que Misaki se abriera a él.
—Le tomé gusto al sexo. —dijo Misaki con desparpajo. —Era divertido y ayudaba a drenar las energías. Una vez abierta la puerta no pude parar, pero siempre volvía a él y él siempre me recibía. No importa cuántas veces coqueteara con otro frente a él, no importa si sabía que dormía con alguien más. Él siempre me recibía, él siempre me dejaba volver.
Hiroki tomó su mano y la apretó con ternura.
—No estoy enamorado de él, si es eso lo que te preocupa. —Le dijo Misaki a su hermano con una asombrosa serenidad. —Es…es sólo que él era diferente a todos los hombres que habíamos conocido. Él es como… como Makoto. Tiene esos bonitos sentimientos, esa caballerosidad, esa bondad.
Misaki se puso de pie de nuevo y caminó hasta la ventana.
—Yo respeto eso Hiroki, respeto la dedicación, el amor, el respeto, la consideración que nos había dado Makoto, y eso era lo que me gustaba de Kyo. Él me hacía sentir… valioso, y eso era como una droga para mí, por eso siempre regresaba a él.
Misaki desvió su mirada hacia la invitación sobre la mesa.
—Siento… de alguna forma siento dolor por haberlo lastimado. Él es un gran hombre y no se merecía la forma en la que lo utilicé. —Misaki bajó la mirada y la llevó de nuevo hacia el hermoso jardín que comenzaba a llenarse con las luces de la noche. —Siento no haberle podido dar lo que quería, si hubiese sido otro, quizás…
Misaki sintió los brazos de su hermano rodearle.
—No es tu culpa que mi corazón este vacío. — le dijo Misaki acariciando sus hermosas manos. —Tú me diste todo lo que pudiste, así que no te sientas culpable.
Misaki se soltó del abrazo y acarició el rostro de su hermano.
—Iremos a esa boda y yo me sentiré bien por él, con el tiempo terminará amando a ese chico. Él se merece ser feliz.
Hiroki habría querido decirle que él también lo merecía, pero Misaki era muy duro, muy frio y en ese momento no quería escuchar aquellas palabras.
—Ahora ¿me dejas contarte todo lo que averigüe?
Hiroki asintió y se sentaron largo rato a conversar del único tema con el que Misaki cobraba vida. La venganza contra la familia Usami.
