Reconstrucción

Por Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

Capitulo 10


Bulma daba una y otra vuelta alrededor de la mesa de la cocina. Había pasado mucho tiempo desde que Goku desapareció, y sin que nadie le dijera lo contrario, había asumido lo peor. Vegeta tenía que estar muerto o muriendo, y era parcialmente su culpa. Había habido miles de señales de advertencia de que algo estaba sumamente mal con él, unas que incluso con sus recuerdos perdidos había entendido bien. Pero había habido otros asuntos a los que ella le había dado prioridad en su lista, restándole importancia a sus necesidades y sin una real preocupación por las consecuencias. Si hubiese hablado diez minutos con él, sin hacer peticiones u obligar a otro cambio en su vida, quizá habría evitado que todo llegara tan lejos.

Pero había tenido miedo de hablar con él. Miedo de lo que él podría decirle. Tan egoísta como se oía, Bulma no quería saber nada más de su vida con él antes del accidente. Por supuesto que le hubiese gustado conocer más con el tiempo, pero entre sus problemas con Trunks y su empresa arrebatada, su asunto con el príncipe parecía casi insignificante. Si él finalmente, por lo que en su mente sería la primera vez, quería hablar sobre ellos, no estaba lista para lidiar con eso. Y era su deseo evitar semejante situación que la llevara a admitir que una muy necesitada conversación quedase sobreentendida.

El intercomunicador zumbó, y la heredera corrió tan rápido como pudo. —¿Sí?

—¡Hey Bulma! —dijo la voz alegre de Goku a través del sistema—. Escucha, ¿puedes hacerme un gran favor?

—Por supuesto —accedió en un segundo—. ¡Tú dime, lo que sea! —Bulma pudo oír las palabras: «¡Papá, apúrate!» mientras esperaba por la respuesta de Goku.

La voz del saiyajin se atenuó un poco mientras se daba la vuelta para decirle a Gohan que todo estaba bien antes de regresar a la conversación con su vieja amiga. —¿Puedes nombrar todos los sabores de helados que conoces?

—¿Eh? —Eso estaba a años luz de lo que Bulma había estado esperando—. Um, claro, ¿pero por qué…?

Un suave ruido se oyó antes de que Gohan fuese reemplazado por su padre. —Esto es lo que pasa —dijo sin rodeos—. Necesito estabilizar un poco más a Vegeta y luego podemos llevarlo con Dende. Ahora, para poder hacerlo, requiero transfundir algo de sangre en su sistema. Él y papá son compatibles, pero tú sabes como se pone mi papá con…

—¡No lo digas! —gritó Goku.

Gruñendo, Gohan continuó: —Puedo obtener lo que necesito si puedes distraerlo —finalizó.

—Oh, eso tiene sentido —respondió Bulma—. Okay. ¿Goku? ¿Puedes oírme?

—¡Síp!

—Qué bueno. Aquí vamos. Vainilla, chocolate, fresas, cookies n' cream, pralines n' cream, galletas, galletas con chispas de chocolates, chispas de chocolate, menta con chispas de chocolate, turrón, brownie con doble fudge, almendras con fudge de mocaccino, café, chicle, doble vainilla, vainilla francesa, Napolitano, crema de vainilla natural, vainilla con chocolate, crema de nuez, zarzamora con vainilla, mantequilla de maní, pralines con trozos de caramelos, fresa con bananas, frambuesa azul, piña colada, piña, torta suiza, pistacho, galletas de capuccino, chocolate con vainilla, pie de limón, melocotón, dulce de leche, italiano, sundae con triple fudge de chocolate…

Se oyó un corto chillido, seguido por un golpe seco y luego a Gohan gritando: —¡Listo!

Bulma frunció. —¿Qué fue ese sonido? —demandó.

—Nada —insistió Gohan—. Papá miró hacia abajo mientras sacaba la aguja de su brazo y se desmayó. Se despertará en un minuto y luego podremos irnos. —Y con eso cortó la llamada.

Bulma se alejó del intercomunicador, agradecida de que Gohan hubiese trabajado tan rápido. Se estaba quedando rápidamente sin ideas, y había estado a punto de comenzar a repetir todo otra vez y añadir algunas combinaciones de las palabras 'triple', 'fudge' y 'sundae' a todos ellos. Mientras se relajaba un poco, su mente le dio un aviso, recordándole por qué había estado listando todos esos sabores en primera instancia.

Con un resoplido resignado, se sentó a la mesa y apoyó la cabeza en ella. Sobrevivir al accidente automovilístico había sido un paseo al lado de lidiar con los efectos secundarios. Al ritmo que iban las cosas, solo el estrés sería suficiente para matarla.

—Haz que se vaya.

Píccoro tuvo que suprimir una sonrisa ante la petición de Dende. —Haré todo lo posible para animarlo a mantener la distancia —le dijo al joven Namek—. Aunque tú sabes tan bien como yo que no puedes obligar a Son Goku a hacer nada.

Dende gruñó. Veía a Goku como a un amigo, y por supuesto lo respetaba como guerrero, pero las últimas semanas le había demostrado que tenía una faceta demasiado irritante. —Muy bien —suspiró—. Hazlos entrar.

El guerrero asintió, sabiendo perfectamente bien que Goku y Gohan iban camino al palacio. No pasó tiempo antes de que Dende se arrodillara nuevamente frente al cuerpo inconsciente del príncipe saiyajin, regenerando el tejido roto.

—Parece haberse debilitado —señaló el joven guardián.

Los tres que estaban alrededor asintieron en silencio. No había nada nuevo que decir mientras veían al joven trabajar. Como todos habían esperado, las heridas de los tres días de combate sin parar cerraron, pero el príncipe no despertó.

—¿Cuánto tiempo crees que estará inconsciente esta vez? —preguntó Goku, observando a Dende ponerse de pie.

El pequeño guardián sacudió la cabeza. —Es demasiado pronto para dar ese detalle —le dijo a los demás—. Mi mejor respuesta en este punto es que le tomará un par de días recuperar sus fuerzas, y eso sólo si conseguimos una manera de inyectarle nutrientes en el sistema mientras descansa. Puedo sanar heridas. Pero no puedo compensar la malnutrición severa.

A su lado, Gohan asintió. —Yo sé en qué parte del ala médica del complejo guarda Bulma ese tipo de medicación —dijo en voz baja—. Traeré un par de bolsas para ponerle una vía intravenosa. —Se dio media vuelta para marcharse, pero se paró a mitad de camino—. ¿Debería reportarme con Bulma aprovechando que estaré abajo?

Píccoro negó con la cabeza. —Esperaremos toda la noche en caso de que algo cambie su estado. Si se mantiene estable, lo cual probablemente pasará, mandaremos a tu padre para que le informe lo que acontezca.

—¿Yo? —chilló Goku—. ¿Por qué yo?

—¿Eres o no su amigo? —argumentó Píccoro—. Simplemente le darás un reporte de lo que pasó en la noche y le brindarás tu apoyo. Es todo lo que tienes que hacer.

Frente a ellos, Gohan suspiró: —Si quieres, yo puedo decírselo.

Goku frunció mientras observaba a su primogénito. Todavía odiaba la idea de verse involucrado en la lucha emocional, pero sabía muy bien que Gohan había estado llevando sobre sus hombros más estrés de lo que un adolescente podía. —Nah, está bien —aseguró, con una sonrisa—. No se preocupen por eso. Sólo estoy algo de mal humor porque no cené. Te propongo algo, qué te parece si vas a buscar esas cosas de la Corporación Cápsula, yo pretendo no saber lo que estás usando mientras lo pones, y cuando termines, podemos tener una cena abundante y deliciosa con tu madre y los niños. ¿Te suena bien?

La sonrisa en el rostro de Gohan mostraba con claridad agradecimiento y agotamiento. —Se oye bien, papá —respondió—. Regresaré en unos diez minutos.

Cuando el muchacho desapareció, Píccoro se acercó a Goku. —Fuiste sensato al tomar la responsabilidad.

—¿Qué? —Goku había estado en medio de un trance autoimpuesto cuando la conversación comenzó—. Oh, sí. Bueno, tienes razón, Bulma es mi amiga. Y Gohan… no la ha estado pasando muy bien las últimas semanas. Ha estado más callado, y no ha estado durmiendo muy bien. Quiere arreglarlo todo él solo.

—Ja, me pregunto de dónde habrá sacado eso —murmuró Dende, chequeando el pulso de Vegeta.

A un lado de la habitación, Goku rió. —Sí, creo que tienes razón. Pero él quiere salvar a todos de todo siempre. Yo también quiero ayudar a la gente, pero supongo que soy un poco más inconsciente a los problemas que Gohan.

—Hn.

No se dijo nada más mientras esperaban a que el adolescente regresara.

Las horas pasaron, y pronto, la noche se convirtió en día. El sol salió. Las aves estaban cantando. El cielo estaba brillando, pregonando que sería un glorioso día.

Y al pequeño de nueve años le importaba un carajo.

—Cierren el pico —le susurró a las aves, halando las mantas para taparse la cabeza. Pero éstas continuaron silbando y cantando, reticentes a dejar que el mal humor del niño les tirara abajo su buen humor.

—Les dije que cerraran el maldito pico —gruñó, tirándose la almohada a la cara, intentando en vano bloquear el trinar.

Nuevamente, las aves trinaron, continuando con sus felices vidas.

Con un violento siseo, el niño echó las mantas y la almohada a un lado, caminó hasta la ventana, y la subió. Con cuatro descargas de energía bien colocadas, la familia de aves silvestres fue completamente evaporada, dejando poco más que el mero rastro de cenizas regadas por todo el suelo impoluto.

—Les dije que lo cerraran —rugió. Con una mano, clavó los dedos en el marco de madera de la ventana, rompiéndose bajo el poder de su agarre. Violentamente, bajó el marco, astillando el resto de la ventana mientras el vidrio se rompía en mil pedazos. Con rabia, regresó a pisotones a la cama, rajando el piso de madera con cada pisotón hasta que dejó caer su cuerpo cansado en la pequeña cama.

—Mi vida apesta bastante como para tener que lidiar con su mierda —refunfuñó, tapándose los ojos cerrados con un brazo. Le echó un breve vistazo a su amigo aún dormido—. ¿Es en serio? —gruñó—. ¿Aún puedes dormir después de eso? ¿De qué demonios estás hecho?

Por supuesto, no recibió respuesta, salvo el áspero ronquido del aún durmiente de ocho años. Furioso, Trunks le dio la espalda a su amigo y cruzó los brazos. Su mente seguía pensando incansablemente en lo mismo.

Cuatro días, pensó. Hace cuatro malditos días todo era perfecto. Todo lo que podíamos haber querido pasó. Todo parecía haber vuelto a la normalidad. ¿Entonces por qué demonios esos dos no podían verlo y proseguir con sus malditas vidas? ¿Qué eran, niños?

Trunks Briefs estaba enojado. Muy enojado.

Habían sido tan felices, tan increíblemente felices los últimos siete años. Todo había sido maravilloso, alegre y perfecto para los tres. Había sido tan perfecto, como si la última pieza de un rompecabezas hubiese sido encontrada y puesta en sus vidas. No era una vida tradicional, pero era una que los hacía felices a los tres.

Y el final había sido tranquilo y pacífico, pero al mismo tiempo hórrido y desagradable. No había habido gritos, ni maldiciones, tampoco locas acusaciones entre ellos. No hubo golpes, ni muebles volando, tampoco se dijeron malas palabras. Había sido tranquilo, casi completamente silencioso cuando terminó.

Y los tres habían estado sufriendo por tanto tiempo.

¿Por qué no pueden estar juntos? ¿Qué lo estaba evitando? No tenía sentido para él.

Así que siguió indagando y rogando por una explicación, pero nadie jamás podría dársela. Al menos no una que él pudiese aceptar. Sólo oír lo complicada que eran sus vidas no contaba como una excusa válida para él. En los últimos cuatro días, él había querido arreglar lo que estaba mal en sus vidas, pero parecía que nadie más estaba deseoso de luchar para conseguirlo.

Y eso le enfurecía.

Muchísimo.

Y no sabía por cuánto tiempo podía contener esa rabia.

Bulma gritó y se cayó de la silla cuando Goku se materializó frente a ella. —¡Maldita sea, Goku! —le gritó—. ¡No necesito eso en este momento!

—Lo siento —se disculpó Goku, rascándose la nuca—. Yo sólo quería que supieras cómo iba todo.

Poniéndose de pie, Bulma gritó: —¿Entonces por qué no me llamas por teléfono? ¿O no sabes cómo hacerlo?

Completamente impertérrito por su comentario, Goku le sonrió a su amiga. —No, sí sé cómo —respondió con honestidad—. Pero me toma la misma cantidad de tiempo marcar el número que aparecer aquí, y así podemos hablar frente a frente.

—¿Por qué hablar frente a frente hace alguna diferencia? —resopló.

Goku se encogió de hombros. —Así me distraigo menos. Cuando le hablo a alguien mirándolo a los ojos, pienso en ellos. Cuando hablo por teléfono, tengo el mal hábito de fijar mis ojos en algo que necesita reparaciones y me pierdo cuando la otra persona está en silencio.

Significativamente más calmada que hacía un momento, Bulma le brindó una sonrisa. —Sí, eso suena bien, viniendo de ti.

—Aparentemente Goten lo hace también —señaló el Saiyajin entre risas—. Te digo algo, Gohan debió haber heredado su habilidad para concentrarse de Chi-Chi, ¡porque definitivamente no lo hizo de mí!

Bulma le hizo un puchero fingido. —Te he visto concentrado —acusó.

—Sí, en algo que estoy mirando —dijo entre risas el hombre alto—. Veo un problema. Lo arreglo. Desafortunadamente, no me pierdo en nada más cuando estoy concentrado en algo. Si estoy entrenando, pienso en el entrenamiento. Cuando juego con Goten, pienso en jugar con Goten. Cuando estoy cuidando huevos, pienso en protegerlos. Cuando estoy comiendo, pienso en la comida.

—Tú siempre piensas en comida —se burló la heredera.

De nuevo, Goku rió. —¡Sólo si no tengo nada más en qué enfocarme! —insistió.

—¿Cómo decirme qué demonios está pasando?

El Saiyajin tragó. —Oh, sí. Eso. —Se acercó a la mujer y puso una de sus manos grandes en sus pequeños hombros—. Quiero que sepas que él va a estar bien, pero vamos a mantenerlo en el Templo por un par de días. La última vez lo trajimos inmediatamente después de que sanó y asumimos que estaría todo bien. Gohan y Píccoro me dijeron que todo estaría bien. Sólo quieren asegurarse de que tenga el descanso necesario. Tú sabes, que recupere la mayor parte de su fuerza antes de levantarse de nuevo.

Bulma desvió la mirada ligeramente. —Yo puedo hacerme cargo de él —insistió en voz baja.

—Lo sé —concordó su amigo—. Pero tú tienes otros asuntos que atender aquí, y él necesita que se le vigile de cerca. Si todo lo demás estuviese bien aquí, lo traeríamos de inmediato. Pero tienes que cuidar a Trunks, sin mencionar a ti misma. Así es como recuperarás a tu familia. Créeme.

Bulma sintió la culpa formándose en la boca del estómago, pero no por la insinuación de que ella no sería capaz de cuidar a su pareja. Algo más la estaba atormentando, algo con lo que no podía dar. Bajó la cabeza, y no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a caer por sus mejillas.

Goku frunció, notándolas inmediatamente. —¡Hey, hey, está bien! —insistió. Con ternura, la tomó entre sus brazos y la haló hacia su amplio pecho—. Todo estará bien. Y siempre voy a estar a tu lado. Te lo prometo.

Pero sus palabras no eran consuelo para ella. El sentimiento de culpa se hacía más y más grande, y mientras más tiernas eran las palabras, peor se sentía.


24/07/2014. 231 años del natalicio de Simón Bolívar. El Libertador. Tienen que ir al cine a ver la película, eh?