Le parecía increíble la diferencia entre usar el transporte público a tomar un taxi. Le llevó casi el mismo tiempo que tardó en autobús desde la escuela a la casa de Ai y eso que su departamento estaba el doble de lejos. Es asombroso lo que se puede lograr con algo más de dinero.

Reiji estaba ya por llegar a su vecindario, lo supo, porque aún pese a la oscuridad de la noche, desde el interior del vehículo logró distinguir la calle que daba a la casa de su amigo Ren. Sin embargo, lo que vio lo dejó atónito, tanto que le pido a chofer que se detuviera dando por concluido su viaje tras pagar la tarifa y recibir el cambio. Tan rápido como la luz – o al menos así creía el chico–, se bajó del auto y corriendo se dirigió hacia donde se hallaban Ren y Ranran peleando a puño limpio, o más bien era Ren quien repartía golpes al peliplata, ya que el albino no parecía defenderse.

–¡DETÉNGANSE! – gritó tomando el suficiente impulso para saltar y lanzar una patada, que debería haber impactado en los costados de Ren y pese a ello no fue así, a lo único que le dio fue al aire antes de llegar a parar al suelo. Realmente fue una llegada triunfal y llena de estilo Kotobuki. –¡¿Qué están haciendo porque pelean?!– cuestionó levantándose y yendo a separar a sus amigos.

–¡No te entrometas Reiji! –Gritó Ren llenó de furia. Esto no intimidó al castaño que se interpuso entre los dos y bloqueó los golpes que iban dirigidos al albino. –No me hagas repetirlo. ¡Voy a destrozar a ese infeliz!

–Por favor cálmate, sea lo que sea que haya pasado no puede ser tan malo para que lo golpees así.

–Ese bastardo es el verdadero padre de Syo y lo abandonó conmigo ¡Me vio la cara todo este tiempo! –exclamó, dándole la información suficiente al ojigris para quedar boquiabierto con esa increíble verdad.

–Oh, vaya. Sí, sí es malo. –susurró, sin dejar su posición. – Es complicado lo sé, pero tampoco puedes golpearlo así.

–¡Que vas a saber tú! ¡Ni te imaginas como me siento! –nuevamente alzó la voz y empujó al castaño a un lado y lanzó un puñetazo al rostro de Ranmaru haciendo que este callera al suelo.

–Déjalo Reiji. No necesito que me protejas. –comunicó el albino llevando una de sus manos hasta su boca limpiando el líquido rojo que fluía de sus labios. – Además no estoy buscando el perdón de Ren, porque sé que no lo tendré. Sólo quiero hacerme responsable por lo que hice. Nada más.

–¿¡Responsable!? No me vengas con esa mierda. –exclamó Ren. – ¡¿Por qué no te hiciste cargo desde el comienzo?! No te hagas el noble ahora.

–¡No tenía otra opción! –Gritó el peliplata tan fuerte que por un momento logró sorprender al pelinaranja, el cual retomó su postura de inmediato. Esa expresión mortificada no ayudaría en nada a Ranmaru. Ren no pensaba perdonar su engaño– Estoy arrepentido por lo que hice. Solo quiero enmendarlo, hacer las cosas correctamente.

Nuevamente el de orbes celestes de lanzó a golpear al albino. No podía creer que este tuviera el descaro de decir todas esas cosas ¿Es que creía que le regresaría a Syo simplemente porque se siente arrepentido? ¡Pues no! ¡Ranmaru lo abandonó! Se deshizo de él como si nada, jamás dejaría a Syo en manos del peliplata que fue capaz de abandonarlo de esa forma.

Reiji volvió a interceder en aquel altercado, podía comprender a Ren muy bien, sin embargo continuar golpeando a Ranran no cambiaba las cosas en absoluto.

–Ren, por favor, deja de golpearlo. – suplicó el chico, sosteniendo los brazos de Ren, sin saber qué más hacer para terminar esa pelea.

–¿Vas a estar del lado de ese infeliz? –inquirió con recelo. Y con el desprecio marcado en sus pupilas se soltó del agarre del castaño – ¿Me vas a traicionar tú también?

El ojigris ante esas palabras se quedó callado ¿Es que defender a Ranran significaba traicionar a Ren? ¡Ambos eran sus amigos, joder! El pobre Kotobuki se hallaba contra la espada y la pared. Si así, se pondrían las cosas ya solo quedaba una opción. Dejando ahí a los chicos pelearse por un rato más, corrió a llamar a Masato. Seguro que Ren si le hacía juicio al peliazul. Una vez frente al gran portón, gritó tan fuerte como se lo permitieron sus cuerdas vocales.

–¡Masato, es una emergencia sal rápido! –exclamó por segunda vez, oyendo como la puerta de la casa se cerraba bruscamente. Seguro era Masato que bueno que lo escucho a la primera o Ren terminaría matando a golpes al pobre Ranran… Aunque si lo pensaba bien, no era tan "pobre Ranran" por lo que había hecho.

–¿Qué pasa Reiji? ¿Qué haces aquí? – preguntó el chico tras salir y estar frente a él. El castaño simplemente le tomó de la muñeca y se lo llevó consigo, sin siquiera darle tiempo al chico de cerrar la reja de su casa.

–¡No hay tiempo para explicar! Ren se está agarrando a golpes con Ranran y no me quiere escuchar.

Cuando llegaron, la situación entre el pelinaranja y el albino no era muy diferente. Aunque si, Ren parecía levemente más calmado. Masato, nada más al verlos fue corriendo a sujetar a Ren por los hombros y alejarlo Ranmaru. Y pidió a Reiji que hiciera lo mismo con Kurosaki.

–Reiji, llévatelo de aquí y trata sus heridas por favor. –pidió rápidamente Hijirikawa, al contemplar el estado del albino. Menos mal Ren permaneció tranquilo bajo su agarre. El castaño se felicitó internamente por su sabia decisión. Fue buena idea ir por Masato. – Yo me encargo de Ren.

–¡No quiero volver a verte, me oíste! ¡Olvídate de que existimos! –vociferó el mencionado.

–Ren, no grites. Cálmate. –rogó el peliazul que con lentitud soltó su agarre sobre este.

–¡Maldición! ¿Por qué te entrometes también? –dijo molesto, sin mirar al chico a los ojos.

–Reiji fue asustado a pedirme ayuda y te veo a ti golpeando a Kurosaki. ¿Qué esperabas que hiciera? – inquirió en respuesta. El peliazul no comprendía cómo las cosas habían llegado a ese punto con esos dos. No fue mucho el tiempo que estuvieron a solas, además que al parecer Ren y Ranmaru tendrían una agradable platica, como siempre hacían.

–¡No es tu problema! – gritó, sobresaltando al Masato. Este se sorprendió ante la agresividad que Ren le mostró, pues nunca le había hablado de ese modo. Y el ojiazul jamás hubiera imaginado que eso le dolería tanto. Aunque sabía que no era a propósito, que solo es por el enfado del momento, le dolió lo suficiente como para tragarse el nudo que se le había formado en la garganta y forzarse a aparentar que no le afectó.

–comprendo que no es mi problema y que no sé lo que pasó entre ustedes. Pero me preocupo por ti. – Aunque aparento muy bien cómo se sentía, al parecer el pelinaranja se dio cuenta de lo que sus palabras habían provocado en Masato.

–Lo siento, estoy alterado. Dame momento. – Pidió, concentrándose en respirar profundamente. Tenía que expulsar de alguna forma esa ira que se había acumulado en su interior. Tras unas largas bocanadas de aire y lo que fueron unos minutos, dijo más calmado– Siento haberte gritado así.

–No te preocupes, no es mi problema de todos modos. –no pudo evitar hablar con ironía, no porque Ren se disculpé se sentiría menos mal al respecto – Pero al menos deberías darte cuenta de que no es el lugar, ni mucho menos la ocasión para ponerte a pelear así.

–Lo siento, no pensé en nada.

–Me di cuenta– masculló, alejándose del chico. Por alguna razón las disculpas de Ren solo hacían sentir molesto. – Lo mejor será que te deje solo por ahora, llámame cuando estés más calmado.

–Espera Masato – el pelinaranja se apresuró a retener al chico del brazo– No quiero que te vayas. Actué mal lo sé, pero no me dejes solo ahora. –suplico, aferrándose al chico, si quedaba solo ahora temía de tomar decisiones erróneas. Masato le miró fijamente a los ojos y eso bastó para hacerlo cambiar de parecer, nuevamente la tristeza estaba marcada en los ojos de su novio.

–Entonces dime que paso. –cuestiono tomando la mano de Ren que le aferraba para asegurarse de que no se marchara. Lo que Ren no sabía que el peliazul jamás lo dejaría solo si lo veía sufriendo–¿Por qué golpeabas así a Kurosaki?

–Ranmaru… él… él me confesó que es el padre biológico de Syo.

–¿Eh? ¿Qué has dicho? –replicó, sin creer lo que oyó.

–Como oíste, ese bastardo lo dejo conmigo. Fue él quien se deshizo de Syo y ahora quiere hacerse cargo de él. –Explico lo más calmado que podía debido a la situación. Y tampoco quería volver a estallar contra Masato, pero realmente le era difícil contener toda la rabia que sentía – ¡Como no lo iba a moler a golpes por eso! Quiere quitármelo. Él perdió todo derecho en cuanto lo dejo conmigo. No se lo voy a regresar.

–Espera, espera. No puedo asimilar esto – pidió el ojiazul totalmente confundido– Mejor entremos a tu casa. Esto no es algo que podamos platicar aquí.

–Masato, no me importa que él sea su padre biológico –Continuo con su explicación, sentía la urgencia de decirle a ese chico los sentimientos que se hallaban en su corazón, porque si no lo hacía, caería en un infinito vacío. – Yo he cuidado de Syo todo este tiempo, es mi hijo… No lo quiero perder.

Masato podía apreciar la decisión en los ojos de Ren. Sabía muy bien que el pelinaranja aprendió a amar a ese niño, tal como también lo hacía él. Por eso comprendía el tipo de dolor que el chico sentía. ¿Por qué tenían que pasarle una tragedia tras otra a Ren? El ojiceleste no merecía tanto dolor.

–Ven, vamos dentro. – pronunció suavemente dedicándole una cálida sonrisa a la vez que entrelazaba sus dedos con los de Ren y hacían ingreso a la casa de este. –Platicaremos luego que te hayas calmado.

Ya una vez dentro de la casa el peliazul le pidió a Ren que vaya a la sala y se relajara un momento. Pues era algo muy delicado de lo que hablarían y ambos necesitaban tiempo para asimilar las cosas con calma. Masato por el momento comenzó a calentar las sobras de la cena anterior y poner agua a hervir para prepararle un té al pelinaranja. Primero que todo necesitaba reponer energías después del día tan agotador que ha tenido.

El silencio gobernó el lugar, solo se oía el sonido proveniente de la cocina. Transcurrió el tiempo suficiente para que el de cabellos naranja se haya calmado y que Masato asimilará la situación.

–¿Te sientes mejor? – cuestionó el de cabellera azulada, que llevaba una bandeja con la comida y las tazas de té. –Aunque no estés de humor come por favor, hoy no lo has hecho.

–Gracias. – dijo con apenas un atisbo de alegría en su voz– Perdóname por haberte gritado, solo estabas preocupado por mí y te trate así.

–Ya olvídalo, eso no importa ahora.

–Claro que importa, eres la persona que más amo. Jamás debería haberte hablado así.

–Gracias –dijo algo avergonzado, ante la abrumadora y directa forma en la que Ren expresaba sus sentimientos– Pero entiendo muy bien que no lo hiciste a propósito.

–En serio siento mucho lo que hice. También fui muy desconsiderado con Reiji, me siento mal por todo lo que dije. – Luego de haber pensado en todo lo ocurrido –sin su ira de por medio –se dio cuenta de que tan imbécil fue con el castaño incluso hasta le golpeó también.

–Tendrás que disculparte con él pronto. –Tras haber desocupado la bandeja el peliazul tomó lugar en el sofá junto al de cabellera caramelo, mientras bebía del té que preparo. –Reiji estaba muy preocupado …Él es de las personas quiere lo mejor para sus amigos y obviamente no quiere verlos pelear.

–Lo sé, pero no pude controlarme. Es que me dio tanta rabia...– explicaba lo que fue más que evidente para Masato– Solo deseo que sea mentira… Realmente deseo que lo sea, pero Ranmaru no me dejo dudas de ello.

Se hizo un pequeño silencio en el que Ren con muy pocas ganas comenzó a cenar, realmente el hambre se había esfumado, pero comprendía muy bien que su cuerpo necesitaba reponerse de toda la fatiga que el día le ha causado. Y tampoco es como si Masato le fuera a permitir estar más tiempo con el estómago vacío.

–Sabes... Yo también quiero que sea mentira, una broma de mal gusto. Pero sé que Kurosaki no haría bromas de ese tipo, y quiero creer que tampoco no haría tal cosa sin razón.

–¿A qué te refieres?

–¿En algún momento, te detuviste a pensar en por qué habrá hecho algo como eso? –inquirió Masato, dejando la taza sobre la mesa, girándose en su sitio para mirar de frente al pelinaranja.

–Era lo que menos me importaba en ese momento. – aseguró sin ninguna pizca de arrepentimiento, al menos no por el momento.

–Me dijiste que quiere hacerse cargo de Syo… ¿Pero que lo habrá llevado a dejarlo contigo y luego querer recuperarlo? ¿No lo pensante?

–No hay motivo que valga para que lo haya dejado abandonado.

–Supuse que dirías algo así. –suspiro el chico, conocía demasiado bien a su pareja para saber sus respuestas de antemano – Sin embargo si yo lo pensé… Él sólo debió estar desesperado.

–¿Desesperado? ¡Yo estaba desesperado! No sabía qué hacer cuando llego Syo.

–Se dio la mala circunstancia que tus hermanos te dejaron solo, pero él no lo sabía en ese entonces. –se apresuró en hablar, antes de que Ren diga algo más y vuelva a alterarse– Sus abuelos estaban hospitalizados y él trabajaba arduamente para pagar los gastos en el hospital. Y de la nada llega un niño del que debe hacerse cargo ¿Cómo iba a hacerlo solo?

–Si lo pones de ese modo lo puedo entender un poco–concordó, entendiendo lo mejor posible las hipótesis de Hijirikawa–, pero pudo pedirme ayuda. Esa no era la forma de hacer las cosas. ¿Por qué engañarme? ¿Por qué hacerme pasar por todo esto?

–No pienses que lo quiero justificar, sólo quiero entenderlo y no pensar lo peor de él. Tal vez lo dejo contigo porque confía en ti y tu familia tiene los medios para darle todo para vivir cómodamente… Tal vez Kurosaki no quería dejarlo en un orfanato donde cualquier desconocido atendería a su hijo…

–Aun así…

–Como te dije no lo estoy justificando, solo quiero pensar lo mejor de él. No sabremos la verdad hasta que lo escuchemos, sin que te pongas a pelear con él.

–Entonces… ¿Me acompañas a verlo luego de terminar de cenar? Si voy solo seguro lo vuelvo a golpear.

–A mí también me gustaría hablar con él.

–Espero que no te retractes luego. –dijo sonriendo de medio lado.

–¿Porque lo dices? –Aquella expresión en el rostro del chico solo hacía preocuparse a Masato y considerar tal vez retractarse.

–Porque iremos en la moto de mi hermano. – concluyó regresando su atención a su plato, comiendo rápidamente. Solucionaría todo, esa misma noche.

(…)

–Ranran, no puedo creer que te hayas dejado golpear así. Apenas te van a reconocer tus abuelos. –comentaba el castaño mientras sostenía firmemente en su costado a su amigo –Ya que se negó rotundamente a subir a la espalda de Reiji–, pues aunque este haya hecho algo horrible, aun lo consideraba un amigo y lo ayudaría como tal, hasta que el peliplata le diera explicaciones y le hiciera pensar lo contrario.

–No estoy de humor para bromas Reiji. –su voz reflejaba claramente lo adolorido que estaba– Solo déjame aquí, puedo ir a casa por mi cuenta.

–¿En ese estado? ¿No te das cuenta de lo miserable que te ves después de esa paliza? –Dijo sin ningún tipo de mala intención, pero obviamente el carácter del peliplata no permitía pasar por alto las palabras de Reiji. Estuvo a punto de mandarlo a callar. No necesitaba de su compasión, pero una punzada de dolor en su mandíbula no le permitió decir nada – No estoy de broma Ranran, estas muy mal, pero estoy seguro de que no quieres ir al hospital, así que por ahora solo te llevare a mi casa y veremos qué hacer con esas feas heridas.

–Soy un maldito traidor, no deberías ayudarme.

–Eso lo decidiré una vez que me cuentes tus motivos para haber dejado a ese niño con Ren, por ahora no eres ningún traidor para mí.

–Eres un tonto– el peliplata sonrió levemente para sí. Realmente Reiji era un buen amigo y estaba agradecido por tener aún su amistad. Aunque claro no era tan imbécil como para decírselo. O si quiera pronunciar esas palabras.

Gracias a que era de noche, – lo suficiente como para que algún taxi se pasara por su lado– y al mal estado en el que se hallaba Kurosaki, llegar a casa de Reiji fue toda una hazaña que les tomo casi 40 minutos, durante los cuales las pláticas se redujeron al mínimo. Pues el castaño noto claramente lo mucho que le costaba hablar a su amigo peliplata.

Una vez dentro de su departamento, acomodo al chico en una de las sillas de su pequeño comedor y fue por el botiquín que tenía guardado en el armario. Transcurrió un buen tiempo desde que no lo usaba, incluso pensó que ya no sería necesario, pues dejó sus días de peleas atrás. Al final de todo, nunca se puede asegurar nada.

–Bien, espero que te quedes quieto mientras limpio esas horribles heridas.

–¿Me veo como que voy a moverme? –inquirió irónico el de ojos bicolor. Sentía tanto dolor que aquello no era ni siquiera una posibilidad.

–La verdad es que no. Mejor intenta sobrevivir.

–Solo comienza, ya no quiero causar más problemas.

Reiji limpio lo más suave posible cada una de las heridas de Ranmaru, quien hacía muecas de dolor en más de alguna ocasión, sin embargo, el castaño no podía hacer mucho para disminuir ese dolor. Una vez que desinfecto y puso benditas en las heridas del chico, le ofreció unos medicamentos para calmar el dolor y que desinflamara su rostro.

–No me importa quedar de entrometido, pero ¿Podrías decirme porque hiciste esa tontería?

–Puedes decir que es una tontería, –respondió con la voz apaga, pues que esa sea la opinión del castaño es lo más lógico. Después de todo, sentía que debía decirlo todo de una buena vez, aunque sea al castaño, ya que Ren apenas le permitió explicarle las cosas– Pero para mí fue la decisión más acertada en ese momento.

–¿Qué quieres decir con eso?

–Reiji –inicio a hablar lento, cuidando no hacer un esfuerzo innecesario, pues aún faltaba para que la medicina hiciera su efecto– Si yo hubiera tenido los medios para poder criarlo jamás lo hubiera dejado. No soy tan afortunado. Apenas y puedo mantener con buena salud a mis abuelos. –para el peliplata que en ese entonces, solo tenía una cosa en mente: la salud de sus abuelos. La llegada del pequeño lo destruyo, pues a Syo no le esperaba nada bueno estando a su lado, jamás tendría el dinero para hacerse cargo de él sin correr el riesgo de que a sus abuelos le pasara lo peor – Por eso lo deje con Ren, sé que es un tonto y despreocupado, pero confiaba que él no lo dejaría solo, porque aunque no lo demuestre es una gran persona y un buen hombre. Y su familia si tiene los medios para cuidarlo, yo jamás le hubiera dado una buena vida a ese bebe conmigo solo le esperaba la miseria.

El castaño observaba como – con gran esfuerzo –el peliplata contenía sus lágrimas. El orgullo de este no le permite derramarlas. Sabía muy bien, que Ranmaru esperaría a estar solo para dejar salir su tristeza, y aunque eso hacía sentir mal a Reiji, comprendía que si presionaba más al chico a dejarlo salir todo, se sentiría tan humillado como para verlo a la cara.

–Nos podías haber pedido ayuda, Ranran...

–No es tan fácil, no puedo depender de ustedes para siempre.

–¿Es que eres capaz de olvidarte de él? ¿Te creías capaz de poder verlo en unos años y que te diga "Tío Ranmaru" sin sentir que se te hace pedazos el corazón? No tenías que llegar tan lejos. Si era por el dinero todos te hubiéramos ayudado.

–Ya vivo con el miedo de perder a mis abuelos en cualquier momento. A penas puedo reunir para sus gastos médicos. Si tengo que sacrificar mi corazón para que mi hijo tenga una buena vida lo haré.

–¿Entonces porque le has dicho a Ren la verdad?

–Porque me sentía culpable, qué más podía ser.

–¿Y después de eso que? Tu situación sigue siendo la misma.

–Encontré una buena familia que podría adoptarlo, sé que cometí un error al dejarlo con Ren, solo le hizo la vida más difícil a él. No quiero que sufra más por mi causa.

–Ranmaru, nunca pensé que te diría esto algún día. Pero no creí que seas tan imbécil. –el castaño dejó escapar un pesado suspiro, como dicen para todo hay una primera vez, y quien lo hizo fue muy asertivo. – Ren a aprendido a adorar a Syo. ¿No te quedo claro cuando te partió la cara?

–Ya no puedo seguir abusando de su buena fe. –refuto el chico de cabellos claros, aun si querer entender que ninguno de ellos lo ayudaba por obligación o compasión, sino porque realmente lo apreciaban. – Gracias a él pude mantener a mis abuelos en el hospital hasta que se estabilizaron lo suficiente para poder llevarlos a casa… Me he sentido como una basura desde que me prestó dinero para ello.

–Ranran, te entiendo totalmente y el único problema es que no quieres comprender que no eres una molestia para nadie… Si le dices esto mismo a Ren seguro te va a entender, solo hay que dejar que se le pase el enojo.

–¿Tú crees que me perdone?

–Lo que no te perdonaría que le arrebates a ese niño de las manos. Te odiaría para siempre.

–Maldición, que tú me des estos sermones es humillante.

El castaño contempló el semblante del peliplata, que solo se mostraba más culpable que al inicio de la conversación, sin embargo, esta vez comprendía en lo que había fallado y al parecer, Reiji logro hacerlo entender y cambiar de parecer.

(...)

Al día siguiente las cosas fueron muy diferentes para Jinguji que apenas logro pegar ojo, no solo porque tuvo la mejor y más tentadoras de las compañías bajo las sábanas de su cama, si no por todos los acontecimientos que ocurrieron en un abrir y cerrar de ojos. Primero –lo peor de todo– Syo fue hospitalizado; segundo: sus hermanos aparecieron; tercero: fue reincorporado a clases, o según así afirmaba Taiki; Y por último: Ranmaru le confiesa que es el verdadero padre de Syo. O sea con todas esas cosas en la cabeza fue un milagro que haya dormido unas cuantas horas.

–Me imagino que dormiste pésimo– comentó el peliazul, regresando el tazón al platillo. – pero aun así termina tu desayuno.

–Me encantaría tener tu carácter–respondió observando los ojos del peliazul, sabía que este mantenía lo mejor posible el control sobre sus emociones, pero no podía ocultar sus ojeras. Sin embargo, Ren no mencionó nada al respecto. Bastaba con que solo uno de los dos se atormentara con todo lo que estaba pasando– Masato, realmente no tengo apetito. No me obligues a comer.

–No te obligare, aunque seguiré preocupado. Solo quiero que estés lo mejor posible. – terminó su frase casi en un susurro, bajando la vista hasta el tazón con el que jugueteo entre tus manos– Tienes muchas cosas en las que pensar, lo sé. Yo no he podido dejar de pensar en las palabras de Kurosaki.

Masato, sabía que era un tema delicado que también le quitó el sueño, así que podía imaginar cómo estaba el pobre de Ren. Fue mucho lo que pasó en tan poco tiempo. Ambos oyeron parte de la plática que Reiji tuvo con Ranmaru, habían llegado en el momento justo para escuchar como el peliplata se sinceró con el castaño. Escuchar a escondidas nunca fue su intención, simplemente Ren no interrumpió en el departamento de Reiji aunque este dejó la puerta sin cerrojo. El peliazul se esperó lo peor por parte de su novio en cuanto Kurosaki mencionó que entregaría al pequeño a otra familia. Por un momento creyó que nuevamente la furia de adueñaría de los actos de Ren, pero este solo estrechó su mano con fuerza, si no lo hubiera acompañado lo más probable es que la escena fuera de la casa de Ren se pudo haber repetido. En su lugar, simplemente dio media vuelta y se marcharon a casa.

–No te atormentes con eso. –le pidió al de cabellos azules, dedicando su mejor sonrisa aunque por dentro lo que menos sentía era alegría, todo para no preocupar más al chico– Te prometo ser juicioso.

–Puedes contar conmigo para lo que sea. No importa que, si algo te atormenta solo dímelo. – apretó con fuerza la loza entre sus manos, sin disimular su ceño fruncido. Se sentía completamente impotente ante la situación. –Sé que no es mucho lo que yo pueda hacer, pero intenta no cargar con todo tu solo. – pidió mirado al de cabellos caramelos a los ojos, deseando que este comprendiera sus sentimientos y se diera cuenta, que tanto como la felicidad y las penas deseaba compartirlas con él.

–Masato –pronunció su nombre dulcemente. Ren se levantó de su asiento y rodeo la mesa para quedar frente al chico. Este le observo, esperando por sus próximas palabras, sin embargo, Jinguji se inclinó para abrazarlo antes de decir cualquier cosa y el peliazul correspondió el gesto. – Masato, has hecho tanto por mí que no sabría cómo pagarte. En gran parte has logrado que ponga los pies en la tierra, ni Sei logró tal cosa –añadió divertido– No quiero ni imaginar el gran desastre que se hubiera dado si tu no estuvieras conmigo ahora. Soy un inútil sin tu presencia a mi lado.

–Ren… yo– el peliazul calló al darse cuenta de su voz rota. Si no tuviera gran control de sí mismo ya se hubiera echado a llorar en esos cálidos brazos que le rodeaban, pero lo que menos quería era ser otra preocupación para Ren. Por más conmovido que se sienta por las palabras de este, no derramaría una lagrima más por lo que solo se limitó a decir. – Gracias.

–Vamos, soy yo el que debe dar las gracias. – dijo deshaciendo el abrazo para mirar el rostro de su chico. El cual tenía un adorable carmín acompañado de una dulce mirada cristalina, sabía muy bien que contenía las lágrimas. Pero no dijo nada sobre eso, solo le beso. Un beso suave y sin ninguna otra intención que transmitir lo feliz que estaba de tenerlo en su vida, como algo más que ese amigo de infancia que es su vecino. Cuando dejo sus labios depositó otro beso en la frente de este. – Gracias por todo lo que me estás dando.

Masato dejó ir esa sonrisa que tanto le encantaba y dejaba sin defensas a Ren. Esa sonrisa por la cual daría lo que sea para que nunca se borre de sus labios, y que protegería a cualquier precio. Ren se prometió a sí mismo que le haría tan feliz como él lo era a su lado. Nuevamente las ganas de besarlo de adueñaron de él, de saborear completamente su boca y estuvo a punto de hacerlo de no ser por un fuerte carraspeo que interrumpió en el lugar.

–Eemh eemh ¿Interrumpo algo? – se escuchó en la sala. Ren reconoció inmediatamente la esa voz. Era su estúpido hermano mayor primero. ¿Qué estaba haciendo ahí, si tenía que estar con Syo?

–¿Qué haces aquí? ¿Cómo está Syo? –inquirió inmediatamente, sin preocuparle la situación tan comprometedora en la que fueron encontrados.

–En vez de dar las gracias porque fui yo el que entro y no Sei. –dijo con la picardía expresada en sus ojos. Pero Ren no estaba para bromas en ese momento. Se supone que Taiki se había comprometido en permanecer junto a su hijo. ¡Que irresponsable!

–Eso es lo de menos. –respondió de prisa, poco le importaba si los había visto– Te pregunte por mi hijo.

–Okey, okey. Él es un bebe muy fuerte ¡Y es tan lindo! –decía eufórico el mayor. Olvidando bastante rápido la romántica escena que había encontrado –A mitad de la noche lo trasladaron a una habitación, pues el peligro ya pasó. Y esta mañana me dejaron verlo.

–¡Y porque no avisaste antes! –reprocho el menor, que recién era consciente que aún no se separaba lo suficiente de Masato, como para que la situación haya pasado desapercibida. Y no solo eso, Masato estaba tan avergonzado que su rostro estaba de un rojo alarmante. Al verlo así Ren rápidamente se apartó de su lado, dedicándole una mirada llena de reproche a su hermano.

–No me mires así, es tu culpa que Masato este avergonzado. –se defendió el mayor, al parecer algunas cosas no cambiaron en su hermanito.

–Tú eres el que entro así como así.

–Deberías aguantarte las ganas, sé que a tu edad es difícil. Pero Masato no es como tú, deberías considerar que le daría vergüenza que alguien los vea.

El susodicho solo quería que la tierra se lo tragara y no lo regresara nunca. Habían sido descubiertos por Taiki, el hermano mayor de Ren y Seiichirou. Y Masato sospechaba por sus palabras que este ya lo sabía, incluso puede que los haya visto besarse en el hospital. ¿¡Por qué tenía que ser tan débil y complaciente ante cada una de las atenciones de Ren!? Por eso ahora estaban en esa situación.

–Por lo que veo no te molesta. –comentó el menor ante la reacción tan relajada de Taiki, aunque él siempre ha sido así, quizás hasta ni le importaba lo que ocurría entre ellos. Pero no estaba de más dejar algunas cosas claras – Aunque si fuera el caso a mí no me importaría tu opinión al respecto.

–Si quisiera decir algo, lo hubiera dicho ayer. –dijo burlón, logrando que a Ren se le subieran los colores. ¡Ese maldito ya lo sabía! Y ahora solo disfrutaba burlándose de los dos. – En fin Sei te espera en el auto, te llevará a la escuela.

–¿A la escuela? Estás loco, iré a ver a mi hijo.

–Eso háblalo con él, porque de todas formas tienes que firmar unos papeles para que se oficialice tu reincorporación al semestre. – explicó ya más serio, recordando que se prometió a sí mismo ser el hermano mayor que siempre debió haber sido, y para comenzar con eso, sabía muy bien una de las cosas que debía hacer. –Bien, ve por tus cosas, yo hablare con Masato.

–¿Eh? No, no le dirás nada. No es de tu incumbencia nuestra relación. – negó sin titubeo alguno. No dejaría que su hermano le diga algo a Masato para que le haga sentir incomodo o algo por el estilo. Además, ¿Por qué ahora quería estar con el peliazul a solas?... Sospechoso

–Está bien, Ren. –intercedió Masato, aceptaría lo que sea. Al fin y al cabo una relación como la que tenían no podía ser mantenida en secreto para siempre.

–Okey, regresaré enseguida– accedió para marcharse a su habitación, no sin antes darle una amenazante mirada a su hermano.

Ya cuando estuvieron a solas Taiki y Masato, el mayor se acercó al chico que no se movía ningún centímetro, como si estuviera listo para recibir el peor de los castigos. Esa reacción solo hizo sonreír al pelinaranja mayor, entendía muy bien que tuviera miedo de lo que sea que le fuera a decir. Pero estaba seguro que con lo que le diría esa expresión cambiaria a una llena de felicidad ¿Quién era él para prohibirle a su hermano aquella relación?

–No es lo que piensas, así que no estés tan tenso– dijo poniéndose la altura del chico a la vez que daba un suave toque en su cabeza, tal como hacía con Ren cuando este era más joven y más dócil. – Que estén saliendo juntos no me molesta para nada, así que tranquilo.

Con esas palabras Masato miró incrédulo al mayor, pues realmente estaba preparado para recibir su rechazo. Pensó que sería apartado de Ren en ese mismo instante, incluso por unos segundos todo se vio negro ante sus ojos y al final no fue nada de lo esperado. Al pelinaranja la reacción del chico solo le causo ternura. ¡Qué lindo era su cuñado! Conocía el chico desde hace años. Pero era la primera vez que lo veía así, pues en carácter siempre se le hizo muy parecido a Masaomi.

–Pueden contar con mi apoyo. –aseguró dedicándole una sincera sonrisa, ese chico ya era parte de la familia, y estaba seguro de que lo sería por mucho tiempo, pues Ren con su postura lo dejó más que claro. – Es más si el tonto de mi hermano se llega a propasar de alguna forma. No dudes en acusarlo conmigo.

–Gracias, por su apoyo. – dijo masato aún algo incrédulo, pero sin embargo una sonrisa se extendió por sus labios. – Se que no puede ser un secreto por siempre, pero estaría muy agradecido de que no le diga a nadie más, mucho menos a mi padre. Yo debo ser quien le dé la noticia.

–Por supuesto, no hare nada fuera de lugar. Si necesitas de un respaldo aquí estaré. – prometió justo antes de que Ren regresara y le observando la escena suspicazmente. Le dejaría con la curiosidad por ahora.

–Espero que no hayas incomodado a Masato. – fue lo primero que dijo, dejando bien claro lo sobreprotector que era capaz de llegar a ser por el peliazul.

–Por supuesto que no, solo tuve una pequeña platica con mi lindo cuñado.

–Eso espero. – concluyó llegando junto a Masato al cual entregó su bolso. A lo que el chico agradeció. –Hasta luego Taiki. –y sin decir más se dirigió al a salida.

–Adiós y muchas gracias. –se despidió el de cabellos azules, siguiendo los pasos de Ren. ¿No podía estar celoso de su hermano o sí? Por alguna razón la idea le emocionaba, obviamente no diría nada, por ahora solo disfrutaría de la actitud celosa de su pareja. Ya cuando se diera la oportunidad le diría que al menos su hermano Taiki les apoyaba. Al fin ocurría algo bueno, luego de tantas desdichas para el joven padre.