Condujo su moto cerca de media hora, recorriendo oscilante por avenidas muy largas y calles sorprendentemente estrechas. Sakura permaneció callada sin intentar entablar conversación alguna. Se encontraba sumamente cómoda dentro de aquel silencio.
Y parecía que el tal Hidan opinaba lo mismo, pues después de tararear unas cuantas canciones más, sus labios se sellaron por completo. Más la atmosfera se percibía ligera, y eso la hacía sentir satisfecha.
Finalmente, frente al horizonte que se asomaba más delante, entre las enormes edificaciones urbanas modernistas, un espeso muro de árboles frondosos apareció contrastando con el panorama. Aquella área verde se extendía más allá de donde alcanzaba su vista, desde el ángulo en que se encontraba era enorme.
Rodearon una buena parte en el vehículo, antes de que Hidan diera vuelta en un retorno y se acercara aun más al sitio. Se estacionó frente a un portón forjado en metal y apagó la motocicleta.
Curiosa, Sakura bajó y observó como el hombre sacaba su celular del bolsillo de la chaqueta, marcando rápidamente un número de memoria. No tardaron mucho en responderle.
-¡Hey Taka! Soy yo.- Exclamó contento.- ¡Obviamente jodido idiota!- Tras sus palabras hubo una larga pausa, hasta que una risa satisfecha se hizo presente.- ¡Vale!-.
Colgó el teléfono y se quedó ahí, esperando junto a su moto. No la miraba ni le dirigía palabra alguna, pero tampoco la ignoraba. Tomaba en cuenta su presencia y la hacía sentir cómoda en aquella espera.
El semblante de aquel hombre le parecía intrigante y familiar a la vez.
Era extraño, Sakura tenía esa ansiedad de su infancia, cuando sabia que alguien (a menudo su padre), portaba una sorpresa para ella escondida bajo la manga. Pero, igual que cuando pequeña, decidió no preguntar nada y aguardar.
Tras unos minutos, una figura se acercó hasta las rejas de hierro forjado. La luz artificial de los faroles del portón dejó ver con claridad a un tipo a mitad de sus veintes, de barba cerrada y abundante cabello castaño. Usaba lentes de pasta gruesa negra, dándole un aire nerd. Sus ropas se notaban gastadas, por su camiseta de manga larga gris claramente deslavada y sus jeans rotos.
A pesar de la apariencia hippie, su rostro dejaba ver facciones finas y cálidos ojos café claros, brillantes en contraste a su piel bronceada. Al ver a los visitantes, su rostro se curvo en una sonrisa que dejo ver unos dientes perfectos de un blanco ligero y natural. Se veía como una persona agradable y sencilla.
No se necesitaba ser un genio para saber que era uno de esos chicos atractivos que aun no caían en cuenta de su físico. Por ende, la atmosfera que lo rodeaba era ligera y en absoluto pedante.
-Zup man!- Saludó feliz el hombre de lentes.- Hace tiempo que no te asomabas por aquí.-
Ambos intercambiaron un saludo de manos fuerte y sencillo, de esa manera masculina en que los hombres tratan de mostrar su afecto; añadiendo un toque viril como un golpe en el hombro, restando (según ellos) sentimentalismo al asunto. A ella siempre le daba risa aquello, era uno de esos aspectos del comportamiento humano que se le antojaban absurdos ¿Qué tenia de malo que dos hombres se abrazaran?
Aunque la idea de ello le parecía (a su pesar), aun más graciosa.
-Lo sé, he estado jodidamente ocupado con la banda. Estábamos de gira por el país hasta hace unos días.- Explico el rockero, separándose del contacto
-Enserio ¿Por cuánto tiempo?- Preguntó el tipo, sinceramente admirado.
-Solo llevábamos tres meses.- Su respuesta era simple, y la enfatizo moviendo los hombros con indiferencia.
-¡Bah! ¿Por qué tan pronto? No creo que les fueran tan mal…-
-Nunca.- Respondió fanfarronamente el cantante, esta vez descartando la idea sin deje de humildad.- Sucede que la jodida comadreja tenía un asunto pendiente, y volvimos antes.-
-Whateva…- Respondió su amigo en inglés, nuevamente marcando un fuerte acento californiano.- ¿Cómo se llama tu amiga?- Pregunto, lanzándole una sonrisa amable a la joven.
Sakura, quien los había estado estudiando absorta hasta ese momento, cayó en cuenta de que por fin la observaba, así que ella respondió con el mismo gesto gentil.
-Te lo diría con gusto.- Dijo Hidan.- Pero no tengo ni puta idea.-
En eso volteó a verla y su sonrisa socarrona de medio lado se le dibujo en los labios. El comentario la hizo reír divertida. Al parecer no se había tragado el cuento de que su nombre era "Coco" ¿Qué más habría notado en aquel lapso de tiempo en el bar?
Su amigo los observó con incredulidad y luego también comenzó a reír.
-¿Sabes Hidan? El secuestro es un delito…- comenzó a bromear su amigo.- Hey chica, si este tío te intenta hacer alguna proposición extraña, intenta golpearlo en el lado izquierdo del torso, es su punto más débil sin dejarlo estéril.-
El joven miro a su amigo de reojo y añadió:
-Aunque si lo hicieras, creo que las calles de Japón serian más seguras.
-¿Qué acaso tengo cara de jodido violador?- Preguntó con leve molestia el acusado, separando su mirada de la chica, para apuñalar con los ojos al moreno.
-No.- Respondió ella, adentrándose por primera vez en la conversación.- Pero considero injusto que solo me adviertan a mí. ¿Qué tal tu? No sabes quién soy realmente- La chica los miro alzando una ceja retadora.- ¿Quién sabe? Tal vez termines en una bañera llena de hielo, sin un riñón.- Su sonrisa se curvaba en un gesto similar al del músico.
Los ojos amatistas de él brillaron, y rio por lo bajo con su voz profunda, sinceramente divertido, mientras su amigo con menos sutileza se partía a carcajadas.
-Bastante lista la chica.- Afirmó como cumplido.
-No lo dudes ni un segundo.- Añadió ella, guiñándoles un ojo juguetonamente.
-¡Oy "Chica lista."!- Le llamó Hidan a manera de apodo.- Este jodido hipster que vez aquí es Depp.-
-¡Hipster tu culo!- Respondió el otro, ofendido.
El otro volteó los ojos en una manifestación de sarcasmo.
-¡Por favor! eres un hipster de mierda de pies a cabeza. No es que tenga un problema con ello, pero no puedes ocultarlo ni de coña.- Le respondió con una voz firme que no dejaba nada a discusión.
Ambos le parecieron hilarantes a la joven, peleaban como adolescentes, aun cuando hacía ya tiempo que había pasado esa etapa. Aun detrás de su carcajada, hubo algo que le llamó la atención.
-¿Depp como el actor americano? Pensé que tu nombre era Taka.- Preguntó curiosa.
-Sí, es un apodo. En realidad me llamo Takahiro, pero no me agrada ese nombre. Solo este idiota…- hizo un ademan con la cabeza señalando a Hidan.- me llama Taka.-
-¿Y por qué Depp?- Indagó la joven.
El sonrió y continúo con su explicación:
-Estudie en América durante cinco años en la universidad. Cuando regresé, mis amigos comenzaron a compararme con él por mi look y el hecho que viví en california. Imagino que sabes que la mayoría de las personas asocian Hollywood con este estado, aun cuando existen un centenar de pueblos y ciudades aparte de los vecindarios de L.A. Aunque aun con esta excusa considero la razón una estupidez realmente, porque tengo entendido que Johnny Depp es de Kentucky.- Depp solo se encogió de brazos.
-Sí, se a que te refieres.- Respondió la chica comprensiva.
En varias ocasiones le había tocado conocer a gente que asumía que por vivir en París era vecina de Jean Paul Gautier u otros diseñadores. Creían que vestía ropa estrafalaria de pasarela futurista en la calle, y desayunaba croissants en su ventanal con vista a la torre Eiffel.
La verdad es que ella vivía a una hora de la ciudad, vestía prendas sencillas y ¡Por el amor de Dios odiaba comer pan! Las personas suelen suponer bastante conociendo muy poco.
Perdida en sus cavilaciones, no notó como su comentario provocó que ambos hombres la miraran con interrogantes en sus rostros.
Hidan la observaba atento; entre más escuchaba aquella chica, más curiosidad le causaba. Desde sus gestos refinados aguzando esa aura sencilla pero flirteante que la rodeaba, hasta su aspecto sobre-arreglado (que se le antojaba desacorde con su personalidad), toda ella le resultaba fuera de lo común, y esto provocaba reacciones en él que aun no comprendía del todo.
"¿Quién carajo eres?" Con un demonio, ni siquiera conocía su verdadero nombre y ya había buscado un consuelo para ella.
En eso, Hidan recordó el motivo de su visita.
"¡Mierda! Tanta palabrería me hizo olvidarlo por un maldito segundo…"
Se llevo la mano a los labios y se aclaro la garganta con sutileza, llamando la atención de su amigo. Él lo miro unos segundos intrigado y de repente, su mirada se ilumino ante la comprensión de algo.
-¡¿Pero qué demonios estoy pensando?- Exclamo Depp de la nada, dándose una palmada teatral en la frente.- Pasen, hoy el guardia se ha ido temprano.
Abrió más la reja en la que se recargaba, y los invito a entrar en aquel sitio con un gesto de cabeza. Sakura contuvo el aliento por un instante, tras adentrarse más en aquel espacio abierto, cayó en cuenta que era uno de los jardines más grandes que había visto nunca.
Los chicos la miraron sonrientes, mientras la joven paseaba sus ojos, maravillada por cada una de las flores, arboles y construcciones japonesas, que se alzaban por el enorme y hermoso terreno. Claro está que había visto jardines así de ornamentados antes, pero era tan increíble el verlo en el corazón de una urbe, no en las afueras marginadas de la ciudad, ni adornando los límites de algún antiguo castillo o palacio.
-¿Disfrutando el paisaje?- Preguntó Depp en un tono divertido. Se había dado cuenta de su admiración, mientras caminaban hacia la caseta del guardia.
-¿Qué es este lugar?- Cuestionó ella a la vez, mirándolo ansiosa por una respuesta.
El joven frunció el ceño con incredulidad y volteo hacia su amigo buscando alguna explicación, pero el solo le sonrió con su habitual socarronería.
-¿Lo dices enserio?- Depp la miro algo curioso, pero al notar su asentimiento sincero, comenzó a explicar.- Este es el Jardín nacional Shinjuku Gyoen.
-Estos jardines existen desde la era Tokugawa y abarcan un poco menos de 60 hectáreas. Está abierto al público durante el día; posee invernaderos, tres clases diferentes de jardines, estanques, una galería de arte, una residencia de sus dueños originales y dos casas de té. Creo que es todo…- Dijo pensativamente mientras se rascaba la barbilla.
-Voilà superb!- murmuró Sakura aun asombrada tanto por lo del parque como por la memorización de Depp.
-Excuse me?- Preguntó Depp, reaccionando instintivamente ante un idioma extranjero.
-¡Ah Taka! Olvidé decirte que la señorita crème brûlée aquí presente, nos visita desde el lejano reino del jodido baguette.- aclaró el músico.
-Really? Awesome!- Exclamó el joven sonriendo.- Eso explica el porqué no conoces este lugar. Si eres de Francia te encantara el…-comenzó a aconsejar emocionado, pero de repente sus ojos brillaron tras alguna comprensión misteriosa para ella, y el chico sello sus labios al instante.
-Ok, NOW I really get it! You clever asshole…- Dijo Depp, mirando con cara socarrona a Hidan.
Sakura pudo apreciar la cara de complicidad de ambos. Tal vez no tenía idea de que estaban maquilando, pero su actitud misteriosa le parecía cómica.
Al llegar a la puerta de la caseta, el chico de lentes se adentro, dejándolos solos por unos momentos. Escucharon un tumulto de movimientos torpes provenientes del sitio, hasta que finalmente cesaron al salir de nuevo a su encuentro. Depp llevaba en las manos una botella de Jack Daniels.
-Cógela. No tengo abrigos extra, así que esta es para el frio.- Le indico a Hidan, entregándosela.- También es la que te debía de la última apuesta. Recuérdame no volver a jugar póker contigo y Kakuzu de nuevo.- suspiró con arrepentimiento ante el recuerdo de su brutal derrota.- Continúen ustedes, yo tengo que ir al invernadero a continuar con una investigación.-
-¿Al invernadero? ¿A esta hora?- La chica repitió incrédula sus palabras.
-Sí, la única razón por la que me permiten estar aquí de noche es porque llevo a cabo unas investigaciones para mis jefes. Es por ese motivo que me puedo encontrar sin supervisión oficial, y por lo cual, ustedes dos pueden entrar. Prácticamente mis influencias los están colando.- Añadió con tono de fingido egocentrismo, y le guiño un ojo a la chica.
-Eso es genial.- Celebró la "rubia" sonriendo.- A sido un placer conocerte Taka.-
El joven sonrió con gusto.
-Sabes, tú puedes llamarme así, suena bien en tus labios.-
- Merci pour vos mots doux.- Agradeció ella con un ligero asentimiento.
-Dude esta chica me agrada, es lista y tiene clase.- Dijo Taka mirando a Hidan.
Desde su ángulo, ella no podía ver el rostro del aludido, pero deseo haberlo hecho, pues sea lo que sea que dibujo su gesto, hizo que Taka lo mirara intrigado.
-Bien, no queremos robar más tiempo de tus jodidos experimentos maniacos.- Respondió Hidan, mientras se daba la vuelta para alejarse del lugar.
Sakura lo siguió, pero no pudo evitar voltear una última vez hacia el chico de lentes, quien había comenzado a reír como científico loco de una manera forzada. Este último le guiño un ojo, antes de alejarse en dirección contraria.
-Es un tipo bastante peculiar tu amigo.- Dijo Sakura mirando el camino que había seguido Taka.
Hidan manejo una sonrisa de medio lado que a ella le parecía cada vez más atractiva. El respiro hondo admirando el cielo estrellado que se alzaba sobre ellos mientras paseaban.
-Está más demente que la mayoría de las personas que conozco, pero supongo que solo estando jodidamente demente se puede llegar a ser tan genial. –Su vista se mantenía alzada, mirando algo más allá de las estrellas, refulgiendo en los recuerdos de su mente.
-Taka es de esos cerebros jóvenes con miles de títulos, trabajando para el Ministerio del Medio ambiente. Y aunque no le guste estar rodeado de esos cerdos burócratas creídos de coña, es bastante reconocido por ellos.- Su voz reflejaba el gusto que sentía por su amigo.
La chica comenzó a reír con fuerza contra su voluntad. Era cierto, las personas que generalmente trabajaban en los ministerios (al menos que ella haya conocido) resultaban extremadamente pedantes y demasiado satisfechos de sí mismos. Pero esto no era lo que le resultaba tan divertido: ¿Qué pensaría este hombre si supiera que su padre era el posible Primer Ministro de Japón?
La idea de su cara (o mejor aún), del rostro de su padre siendo confundido con el máximo exponente de los burócratas pedantes gubernamentales la partía de risa. Aunque debía admitir, que a ella le agradaban aun menos estos tipos ministeriales.
-¿Es que dije algo gracioso o qué carajo?- Pregunto él, deteniéndose un momento para observarla molesto ante la reacción obtenida tras su cumplido.
-Más de lo que te imaginas.- Respondió sinceramente Sakura.- Pero no creas que me burlo de tu amigo, realmente me parece una persona sorprendente.- Manejo añadir, tranquilizándose.
El cantante la observó un momento más, y al parecer le resultó honesta, pues su calma y actitud socarrona le regresaron al rostro.
Tal y como el trayecto en motocicleta, el silencio se acomodo placido entre ambos, una vez más esa falta de conversación se sentía cómoda y calidad. Sakura observaba maravillada los estanques y crisantemos que se alzaban conforme avanzaban una senda trazada por los pasos de su acompañante. La chica bailoteaba contenta; de vez en vez señalaba alguna que otra flor para indicar que se acercaría a verla. Él solo la observaba sereno y paciente, mientras ella disfrutaba de todo aquello.
Tras lo que se le antojaba más de una hora de andar por el parque, atravesaron un último tramo de jardín estilo ingles que se materializo ante ellos después de los hermosos paisajes tradicionales nipones.
La joven sentía que iban a un paso algo apresurado, pero aun así no se quejaba, sabía (gracias a Taka) que el lugar era demasiado grande para recorrerlo pausadamente.
Fue cuando ella cavilaba en esto, que él hombre volvió a pronunciar palabra.
-Bien, como sea. Ya casi llegamos al maldito jardín.- La voz de Hidan denotaba nuevamente esa anticipación que despertaba la curiosidad.
-Pero si estamos caminando por un jardín en este momento, a decir verdad por varios. ¿Por qué habríamos de buscar uno en especial?- La chica soltó una risilla coronando su lógica.
-Tú misma lo dijiste hace rato.- El hombre se detuvo en seco, y le señalo algo en el horizonte.- Extrañas oler de las jodidas rosas.-
Sakura siguió curiosa el rumbo que indicaba aquel brazo y sintió a su corazón dar un vuelco.
-Mon Dieu…- Fue lo único que logró pronunciar.
Ante ella se alzaba un jardín hermoso e inmenso, creado bajo un estilo francés tan purista que, por un instante, juraría que había vuelto a casa.
Los arboles enormes bordeaban un claro de césped verde aterciopelado. Adornando en su centro a lo lejos, unos matorrales formados con suavidad en líneas curvas. En las orillas, a los pies de los pinos, se encontraban arbustos tupidos de bellas flores blancas, rojas, rosadas: todas en colores primaverales. Por si fuera poco, la luz de la luna daba un brillo refrescante y místico a todo aquello, volviendo las tonalidades del paisaje tan vivas y refulgentes como el cristal.
Sin pensarlo dos veces, se echo a correr (como una loca tal vez, pero no le podía importar menos), y comenzó a reír eufórica al inhalar el dulce efluvio que las rosas impregnaban en el aire. Siguió corriendo derecho, ignoraba cuanto se había alejado del hombre, pero no paso mucho tiempo hasta que su camino se vio truncado por un lago.
Sakura observó el reflejo de la luna en las apacibles aguas envueltas en oscuridad, su belleza estática la absorbía con ansiosa suavidad, intentando poseer parte de su inmaculada luminancia.
Se dejó caer completamente en el pasto, con el rostro fijo en el manto nocturno que se alzaba imponente sobre ella. Contemplaba los astros, como su brillo tímido y albino seducía a su mirada, incapaz de apartarla de ellos. Reclamaban su atención con un fervor que a la chica le parecía romántico, la necesidad de un amante melancólico que partiría al amanecer.
Escuchó el rumor de pies moviéndose en la hierba más atrás. Hidan se sentó a su lado en silencio, sus ojos bajos buscando algo dentro de su chaqueta. Finalmente un chasquido metálico lleno sus oídos y el olor a tabaco se unió a la mezcla del perfume natural de la noche. Por el bordillo del ojo, Sakura observó como él imitaba su gesto, alzando la faz al cielo y se prendía de esa imagen.
Ahora sus ojos jades no observaban más el firmamento, su atención se vio prendada en una sensación infinitamente más interesante: quedó enganchada en él.
Su posición le otorgaba una imagen completa de su perfil, cincelado con una perfección casi artística. Sus facciones se le antojaban masculinas y perfectas. Su quijada fuerte y viril se alzó aun más, mientras exhalaba uniformemente el humo blanco fuera de sus pulmones.
La chica se quedó viendo las tersas formas retorcidas que nacían del humo de su cigarro, contemplándolas con atención hipnotizanté hasta que desaparecían danzantes en el aire. De repente sintió una punzada en el estomago y su corazón comenzó a latir acelerado. Sin saber la razón, giró su rostro de nuevo hacia el hombre.
Se quedó sin aliento al encontrarse bajo la mirada de aquellos ojos amatista.
El hombre la contemplaba, aun en silencio, con una atención tan fuerte que se sentía perforada. Sin embargo no era la clase de miradas insinuantes e incomodas que solieran darle otros hombres, esta observación emitía curiosidad, la misma con la que se examina una pintura cuyo significado no puedes comprender.
Sus ojos se clavaron en los de ella, y Sakura se vio envuelta dentro de un magnetismo tan grande que se le formó un nudo en la garganta. El brillo amatista refulgía con seducción e imponencia, un atractivo que estremecía a cualquiera sin piedad, pero aquello parecía ser algo que él mismo ignoraba. No deseaba cortar aquel contacto nunca, ahondando cada vez más dentro de su mirada. Casi exhala un lamento cuando por fin fue él quien corto la conexión visual.
Hidan dio otra larga bocanada a su cigarrillo y exhaló de nuevo antes de quitarse la chaqueta.
-Pescaras un jodido resfriado con esa ropa.- Dijo con voz algo apagada por mantener el cigarrillo entre sus labios.- Estas temblando.
Sakura hizo un gesto de sorpresa ante sus palabras, no pudo evitar el sonrojo al examinarse. Su cuerpo temblaba casi imperceptible, y su piel se encontraba visiblemente erizada en cualquiera de los rincones descubiertos por su atuendo. Sintió como un leve calor inundaba sus mejillas, no estaba segura cuanto de esa reacción era realmente por el frio y cuanto debido a él.
-Gracias.- Murmuro con calma, tomando la chaqueta de cuero negro que le extendían.
Él no dijo nada, tomó la botella que descansaba en el espacio de césped entre ambos, arrancó el plástico protector y retiró la tapa. La joven observó curiosa como de su pantalón sacaba y abría con un rápido movimiento una navaja de bolsillo con apariencia pulida y pesada, y comenzaba a retirar con su afilada punta la orilla de aluminio grueso envuelto en el cuello de vidrio. El reflejo de la luz no le permitió leer la inscripción tallada en la hoja. En un instante el aro negro cayó al suelo con facilidad y él simplemente pudo retirar el dosificador de plástico que venía dentro.
Hidan se guardó el cuchillo, cogió el cigarro nuevamente entre sus dedos, y dio un largo trago a la botella. Una exhalación rasposa silbo de sus labios tras beber.
-¡Joder!- dijo él, satisfecho.
-Ingenioso.- Le dijo ella sonriendo, mientras se colocaba la chaqueta.
-Simplemente es más jodidamente fácil beber así que con la maldita cosa esa ¿no lo crees?- Le respondió, ofreciéndole la botella.
-Seguro.- Afirmó ella, tomando la botella y dándole, al igual que él, un buen trago.
Hidan se quedó examinándola mientras bebía, nuevamente las mismas observaciones acudían a su mente. La chica se veía con la típica apariencia de todas las mujeres que rondaban a su alrededor: su ropa era escandalosamente reveladora, físicamente era sensual y bebía como jodido marinero. Pero a la vez era (no entendía porque) obviamente distinta al resto.
La joven no se veía cómoda en esas ropas, lo notó mientras caminaban: acomodaba su entallado pantalón continuamente y cubría su escote cruzándose de brazos inconsciente. Era atractiva y en el escenario la rodeaba un aura seductor y provocativo, pero tras la huida en ningún momento se le había insinuado. Ni estando solos, ni cuando conversaban con Taka.
También le llamó la atención lo bien que se llevó con su amigo, diciendo que la mayoría de las chicas que buscaban estar a solas con él parecían molestas por cualquier clase de pausa, o demasiado urgidas de un hombre (por lo que también hacían proposiciones absurdas a quien le presentaran). Ella se mostraba genuinamente interesada en lo que Taka le contara.
Pero sobretodo, no lograba sacar el eco de su voz cantando en el bar. Era una entonación pura y sincera, como el cantico de una sirena. Toda ella parecía una ninfa mitológica, emitiendo suaves melodías a través de sus carnosos y rojos labios, corriendo por los prados en completa libertad, con la gracia de una bailarina de ballet, y los absorbentes y demandantes ojos jade que refulgían ante la luz de la luna.
En más de una ocasión esa noche, la chica le había robado el aliento. Cuando escuchó su nostalgia en el camino, no pudo evitar sentir necesidad de animarla. Al instante pensó en aquel jardín francés, y se encamino a él sin dudar. Cuando vio la sonrisa de euforia en aquel rostro sonrosado, supo que había valido la pena. La había estado observando todo el tiempo, hasta que finalmente la siguió cuando se perdió de vista.
La miró mientras daba otro trago a la botella y miraba el horizonte pensativa. Bebía bastante para ser una chica de figura petite (se veía aun más pequeña vestida con su chaqueta de cuero varias tallas más grande), pero no parecía que se embriagara con facilidad.
¡Qué carajo! Solo podía sacar conclusiones que lo dejaban más confuso.
Sacó otro cigarrillo de la cajetilla y lo colocó entre sus labios, su mano derecha sosteniendo su encendedor. Finalmente fue ella quien lo desenganchó de sus cavilaciones.
-¿Qué significa?- Preguntó la joven con voz curiosa.
-¿Eh?- Exclamó poco grácil, sin entender a que se refería.
-El tatuaje.- Insistió sonriente señalando el antebrazo de él.- ¿Qué significa?-.
Hidan se miró la parte interna del antebrazo derecho por un instante, la tinta negra contrastando de manera notoria con su piel clara. En una escritura cursiva y sobria, la palabra "Valkoinen"estaba plasmada. Tenía tantos años con el que en ocasiones olvidaba su existencia.
Entornó su vista en ella, sus ojos verdes observándolo con atención, expectantes ante su respuesta. No deseaba mentirle, pero tampoco la conocía. Le sonrió de medio lado y cogió la botella de su mano.
-Te diré algo niñata.- Su voz era desenfada y provocadora.- Si algún día te vuelvo a ver, y vamos al jodido lugar donde me lo hice, te contare su historia ¿te parece?- Sin añadir más su sonrisa se amplió al ver el rostro de ella lleno de interrogantes, y dio un trago al whiskey.
Aquello le parecía imposible, dudaba incluso volver a verla; pero al menos no se negaba a lo que sucediera. Mientras sentía el cálido liquido resbalando por su garganta, su piel se le erizaba en la nuca. No entendía porque la reacción de su cuerpo, pero sabía que la idea de revelar a alguien su historia lo turbaba. Solo Itachi, Kakuzu y la banda conocían su pasado. Y aun dentro de ese círculo, los dos primeros eran quienes sabían un poco más de lo "necesario".
-De acuerdo.- Asintió finalmente ella.- Es una promesa.-
Hidan comenzó a reír divertido al ver cómo le extendía su tersa y fina mano para cerrar el pacto. Le siguió el juego y se dieron un apretón formal. Después de considerarlo, se dio cuenta de que nadie había logrado sacarlo de sus cavilaciones con esa facilidad, aquella chiquilla era divertida.
-Es un contrato verbal, así que cuando el momento llegue no podrás retractarte.- Estipuló la chica.
-¡Oy! No lo dudes ni un jodido instante, yo siempre cumplo mi palabra.- Alegó serio.
Ella lo miro un momento, su sonrisa y mirada se volvieron cálidas.
-Estoy segura de ello.- Añadió con un guiño travieso. Sus ojos refulgiendo con brillo seductor.
Él se quedo serio de repente y desvió su mirada al lago. Dio un trago aun más largo al whiskey y otra calada a su pitillo. Hidan estaba seguro, que si hubiera sido un colegial, muy posiblemente se hubiese sonrojado. Aun así no pudo evitar sentirse sorprendido al ver la expresión en ella de hacía un momento.
"¡Carajo tío te estás amariconando!" Se reprendió mentalmente.
-Aunque digas eso, no puedo confiar ni de coña en tu palabra.- Dijo él mirándola desafiante, intentando ocultar su reacción.- La experiencia me ha enseñado a no confiar en perras rubias envueltas en cuero.-
El sonrió con ironía de medio lado, esperando alguna clase de alegato ofensivo. Pero nuevamente la chica fue en contra de sus expectativas.
-Bien, entonces agradezco no ser rubia.- Le dijo ella con voz aterciopelada, quitándole la botella de la mano.
La chica dio otro trago y él la observo, ahora la sonrisa de él era la que se ensanchaba. Cerró los ojos y respiro hondo, absorbiendo la frialdad de la noche en sus pulmones. Se llevó el cigarro a los labios y las manos detrás de su cabeza, para recostarse en el césped.
La posición le daba un nuevo ángulo del perfil de la chica. Su piel suave y blanca resplandecía con brillo natural, la punta de su nariz fina se curvaba un poco tras beber algo tan concentrado, un gesto inconsciente. Ella lo miró por encima del hombro y curvo sus labios en una mueca sensual.
-¿Por qué me miras tanto?- Le cuestionó con un susurro suave.
-Podría preguntarte lo mismo.- Reviró al instante sin inmutarse.
-Porque eres diferente.-Contestó ella sin vacilar.- Hay algo detrás de tu mirada que no logro descifrar.- Dio otro trago a la botella y se hecho de espalda al césped.- Y tal vez porque estoy un poco ebria.-
Fue en ese momento cuando Hidan se dio cuenta del sonrojo rosado pintado con sutileza en sus pómulos. El verde de sus ojos se hacía más obvio ante el contraste, y sus labios húmedos y carnosos se movían en un gesto desganado.
-¿Y cómo demonios no querías estar ebria? Nos hemos acabado la jodida botella, y ve a saber que putas tomaste en el bar.- Le dijo recostándose en un costado para mirarla, sonriendo de medio lado mientras apartando la botella vacía de sus manos.
En ese momento, la chica se dejo venir junto con la botella, quedando sobre su costado, a menos de un palmo de distancia de él. La cercanía era tanta que Hidan podía sentir el cálido aliento de la chica chocarle en la barbilla. Su perfume dulzón y el aroma enmaderado del whiskey inundaron sus sentidos.
-Aun no me has respondido- Reclamó, mirándole directo a los ojos. Al parecer no estaba completamente consciente de su posición. El músico no podía entender como alguien se podía embriagar así, tan repentinamente sin ninguna señal preventiva. Debían ser los jodidos genes europeos.
El pensamiento le hizo reír, una broma personal le vino a la mente.
-¿Qué es tan gracioso?- Le pregunto ella, en una voz juguetona e infantil.
Él se limitó a mirarla sin cambiar su expresión, y le retiró el cabello del rostro. Sakura se sonrojó aun más ante el gesto.
-No lo entenderías.- Le dijo él en tono de burla.
La chica frunció el ceño ofendida, ¿Qué acaso la creía tonta?
-Pruébame.- Le retó.
-¿En verdad es eso lo que quieres?- Le dijo con voz seductora.
La chica sintió como su corazón desembocaba su ritmo en un compás casi demencial mientras el hombre le pasaba un brazo bajo el cuello, y con el otro acariciaba su mejilla con un pulgar en la comisura de la boca. Sus labios rozaron por su pómulo izquierdo al acercarse a su oreja, un susurro acariciante y rasposo inundo su tímpano:
-Yo no besó niñatas ebrias.- Fue lo que pronunció.
Sakura sintió como su sonrojo se convertía de signo de timidez a cabreo.
-¡Jodete!- Le gritó mientras lo apartaba de un empujón.
Hidan comenzó a reír enérgico, un sonido envolvente y profundo proveniente de su pecho. Su diversión era estridente y no podía parar.
-¡Joder! Deberías haber visto tu cara…- se partía de risa sin poder controlarse.
-Tais-toi!- Lo calló en vano- Casse-toi con!- Le dijo exasperada, aun golpeando su duro pecho con sus puños, no había forma de que le causara el menor daño.
-No sé qué coño estás diciendo, pero eso sonó bastante vulgar señorita Crème brûlée.- Sus labios curvados en su mueca satisfecha.
-Idiot!- Respondió ella, lanzándole una mirada asesina mientras se colocaba encima de su torso para seguirlo golpeando. Aunque al parecer sus golpes le provocaban lo mismo que simples cosquillas.
-¡Oy oy! Lo siento.- Dijo él intentando calmarla, aun divertido.
La tomó de las muñecas con una mano y con la otra le recostó la cabeza en su pecho. Sakura se quedó pasmada ante la acción. Podía escuchar el ronco sonido de su pecho mientras una risilla nacía de él.
El sonido de su risa le inundo los tímpanos, y no pudo evitar sentirse nuevamente relajada. Sakura cerró los ojos y se dejó absorber por el aroma de su pecho: una mezcla de colonia, tabaco y un sutil detergente en las ropas envolvía su olfato. Tal vez no sonara atractivo, pero era una mezcla que se le antojaba cruda y deliciosa.
Hidan dejo de reír y contempló como la chica descansaba su rostro plácidamente sobre él. Su cuerpo se movía conforme el subir y bajar de la respiración de su pecho y al instante la voz de la chica comenzó a surgir en un canto suave susurrante, un tarareó apaciguante y terso.
La entonación lo hizo pensar al instante en la luna. Al cerrar los ojos se dejó absorber por el dulce sonido de su voz; aun detrás de sus parpados el blanco brillo refulgía cautivante e inocente en su mente.
Sakura podía sentir su respiración pausada y el latir calmo de su pecho. No interrumpió su canto cuando la mano del hombre comenzó a cepillar sus cabellos, no creía que notara que fuera artificial, y no deseaba interrumpir el momento para aclarárselo.
El alcohol la hacía sentir ligera y cálida, pero nunca había estado lo suficientemente ebria para sentirse de aquella manera. Se encontraba plácidamente recostada en el pecho de un extraño del cual solo conocía el nombre (o al menos como lo llamaban), pero aun así pensaba que no existía lugar más familiar que aquél. La tranquilidad del momento la había hecho despertar un recuerdo inesperado que afloraba en ella cuando la luna bañaba su semblante en las noches parisinas.
Al terminar la entonación, hubo un momento de pausa. Hidan se encontraba envuelto en un trance placentero, la brisa fría de la noche acariciaba su cuerpo, y el perfume dulce de la chica lo hacía evocar una noche de primavera. No era consciente de su mano moviendo la cabellera de Sakura, pero en ese momento con dificultad podía recordar siquiera donde se encontraba.
De repente la voz de la chica irrumpió la calma, su volumen era de nuevo un susurro, pero ahora una melancolía envolvía su tono.
-"Clair de Lune" es tal vez el único recuerdo vivido que tengo de mi madre.- Hidan abrió los ojos pausadamente y permaneció observando la luna, mientras escuchaba en silencio las palabras de Sakura.
-Su cabello castaño flotando como cascadas rizadas por sus hombros, mientras con rostro tranquilo sus labios me sonreían reconfortantes. Esas cosas son los retazos menos borrosos de la imagen que han permanecido en mis recuerdos. Lo único que permanece fuerte a pesar de los años, son sus manos.-
Sakura contempló sus propias manos, mientras seguía con su narración.
-Sus manos blancas y tersas, poseedoras de unos dedos finos y largos, moviéndose adiestrados en las cuerdas de su cello, interpretando a Debussy como una nana para su hija.-La chica sintió que su voz se quebraba un poco.- Tras su muerte, se volvió tabú para mí. Nunca me he atrevido a interpretarla con mis propias manos. Siento que sería un sacrilegio.-
No sabía si era debido al whiskey, la mudanza o la luna, pero la chica sentía deseos de compartir aquello con él. Su mano se cerró en un puño y se lo llevo al rostro. No deseaba llorar, aquello no lo ameritaba. Un reconfortante calor recorrió su espina, al sentir como la sentaba de nuevo, y le retiraban la mano del rostro. Los dedos del hombre se cerraron alrededor de su muñeca con suavidad.
Alzó la vista, y no se sorprendió ya el encontrarse directamente con sus orbes amatista. La chica suspiró y sus labios se curvaron en una resignada sonrisa.
-¿Me besaras ahora?- Le pregunto con suavidad, aunque ya suponía la respuesta.
Los ojos de Hidan brillaron con un destello que nuevamente ella no pudo interpretar. El hombre sonrió ampliamente y con voz burlona y gentil le respondió:
-Ya te lo dije, no besó a niñatas ebrias.-
-Por supuesto.- Dijo ella con voz comprensiva, mientras se desasía de su agarre.-
-¿Y tú? ¿Me dirás tu maldito nombre? Porque estoy bastante seguro que "Coco" no es; no tienes cara de fruta.- Pregunto él, con su sonrisa de medio lado.
Sakura rió ante la comparación, no recordaba ya el hecho de que jamás se habían presentado apropiadamente. Abrió la boca para responderle, pero en ese preciso segundo una canción de sonido electrónico irrumpió en el ambiente.
-Mierda…- Susurró Hidan, mientras se sacaba el móvil del bolsillo.
Leyó el identificador de llamadas, y sus ojos se abrieron en señal de recordar algo. Al contestar su voz era sarcástica y cortante.
-¿Qué carajo quieres?- Se quedó escuchando un momento a su interlocutor antes de replicar.- Si, era ese jodido imbécil, lo vi antes de que el policía de mierda comenzara su espectáculo de chulo. No tengo idea de que putas hacía ahí, pero era muy obvio que el tío estaba más arriba que un zepelín.-
Una sonrisa irónica se había dibujado en sus labios al narrar todo aquello, pero en menos de un instante su semblante se tenso. Se puso en pie y miró a la chica de reojo. Su vista se había vuelto oscura y Sakura sintió un nudo en la garganta al ver como su mirar era ¿frio? ¿Iracundo? No podía descifrar con exactitud sus emociones.
-Sí, aquí esta.- Decía, dirigiendo su vista al lago.- ¿Cómo coño te has enterado?-Una pausa.- Por supuesto…-
Sin mirarla, extendió el móvil hasta la chica, y ella lo tomó dudosa. Miró rápido el nombre del contacto, pero no tenía la menor idea de quién demonios podía ser "comadreja". Para cuando se llevó el aparato a la oreja, el hombre ya se encontraba lejos, a orilla del lago.
-Allô?- Preguntó dudosa con su acento francés.
-¡Sakura! Llevó horas intentando localizarte ¿Estás bien?-La voz aliviada de Itachi irrumpió en sus oídos.
-Biensûr! ¿Con quién crees que hablas?- Una risilla salió de sus labios divertida, siempre la ponía de buen humor escuchar a Itachi en su modo protector.
El aroma distintivo del tabaco le llegó con sutileza impregnado en el viento, y sintió como una punzada en el pecho la embargaba. No sabía porque pero algo en el ambiente había cambiado, aquello le daba mala espina.
Se quedó contemplando a lo lejos, como el rockero era levemente iluminado por el reflejo de la luna en el lago, y como una pequeña mota de luz naranja se avivaba cada vez que le daba una bocanada a su cigarrillo. Desde ese ángulo solo podía ver su perfil, escondido entre el juego de sombras que creaban sus facciones.
-…¿Sakura?- La voz de Itachi la hizo volver a la realidad. Se había prendado de la imagen del músico el suficiente tiempo para que notara su distracción.
-Désolé, la señal del móvil debe estar fallando.- Una mentira piadosa nunca caía mal.
-No te preocupes. Te decía que Ino está aquí conmigo, se encuentra bien y tiene tu móvil. Hidan te traerá a mi departamento y yo las llevare a casa.- La voz del Uchiha era tranquila, pero dejaba en claro que esos eran los planes y no existía manera alguna de cambiarlos.
-De acuerdo.- Respondió simplemente sin cuestionar nada. Deseaba terminar esa conversación lo antes posible.
-Está bien, te veo en un rato, cuídate.- Una despedida de los más seria, debía haber percibido algo extraño en su voz.
Sakura cortó la llamada y dio un largo suspiro. Sabía que Itachi la reprendería por desaparecer de esa manera tras un evento tan intenso como lo fue la redada. Pero en realidad en ese momento el regaño o lo que pensara su amigo era lo que menos le interesaba.
Sakura se puso en pie y con un paso algo vacilante se acercó hasta el músico. Él no se movió ni un centímetro de su posición cuando la chica quedó a su lado, observándolo en silencio. Los ojos amatistas del hombre seguían clavados con decisión en el lago, pero al mirarlo la chica comprendía que su verdadera atención se encontraba en otro sitio lejos de ahí, en su mente.
-Toma.- Le dijo ella, extendiéndole el móvil.
Tras una pausa, Hidan finalmente entornó su mirada hacia el aparato, y lo cogió sin darle importancia.
-Vamos.- Le ordenó el hombre, mientras daba vuelta y avanzaba regresando sobre sus pasos.
Sakura lo observó en silencio, sintiendo como el nudo en su estomago se acrecentaba. ¿Qué demonios había sucedido? No tenía la menor idea de que era lo que Itachi le dijo, pero desde el momento en que recibió la llamada, el rostro despreocupado y altanero de Hidan se había transformado en una mueca de molestia, alguna especie de traición.
Y estaba segura de no era con su amigo, sino con ella, con quien se sentía de aquella manera.
El trayecto por los jardines, a diferencia de unas horas antes, fue silencioso e incomodo. Y cuando la joven tuvo que poner sus manos alrededor del torso del músico al montarse en la motocicleta, pudo sentir como sus fuertes músculos se tensaban ¿incordios? No lo sabía a ciencia cierta.
Esa tensión disminuyó considerablemente en el camino, pero siempre estuvo presente la sensación de hostilidad.
Tras una media hora, llegaron a una zona que se notaba habitada por personas económicamente favorecidas. No era un distrito de aristócratas como el que ella habitaba, pero si era notoria la burguesía en cada casa y edificio departamental por el que pasaban.
Finalmente, Hidan se detuvo frente a un edificio departamental, cuyas luces sobrias y brillantes daban un deje de elegancia a la construcción minimalista.
-Sígueme.- Le dijo Hidan con voz distante, al tiempo que bajaba de la moto.
La chica bajó, pero su alto tacón quedó atorado en un agujero sobre el pavimento y se rompió al instante. Cuando creía que colapsaría contra el suelo, el hombre ya la tenía en sus brazos.
-¡Oy! ¿Te encuentras bien?- En ese momento, su máscara de dureza se resquebrajo, y Sakura pudo ver sus preocupados orbes violáceos sondeando todo su cuerpo, comprobando que no se hubiera lastimado.
-Oui, Je suis bien…- La cercanía con su rostro tomo a Sakura desprevenida, y no pudo evitar desconectar su mente en ese lapso.
-Al parecer el susto te jodió el traductor francesilla.- Le dijo bromeando, dibujando por fin esa sonrisa de medio lado tan atractiva en sus labios.
-Disculpa, quise decir que estoy bien.- Dijo ella, riendo algo avergonzada.
La chica se puso en posición erguida y se quitó el zapato para ver el daño.
-Aunque no puedo asegurar que siga estándolo después de que mi histérica amiga materialista y psicótica vea lo que le hice a sus botas.- Prácticamente podía escuchar a Ino gritando histérica en su oído.
-Vamos.- Hidan le dio la espalda y colocó una rodilla en el suelo, ofreciendo su cuerpo para cargarla.- No puedo dejar que María Antonieta camine descalza ante la vista de los plebeyos.
Sakura comenzó a reír divertidísima, olvidando completamente la incomodidad de hacía unos momentos. Normalmente habría rechazado un trato como ese, ella se consideraba muy independiente y capaz, nunca había permitido que ningún hombre la tratara como figurilla de porcelana. Pero era algo en aquel rockero que hacía sus buenos tratos divertidos y mundanos. La verdad era que no pensaba mucho en las apariencias estando con aquel hombre.
-¿Sabes? Conoces muchos datos de Francia, hombre japonés.- Le dijo ella mientras rodeaba los hombros de Hidan con sus brazos para sujetarse.
-Conozco más cosas de las que te podrías siquiera imaginar señorita Crème brûlée.- Le provocó mientras se erguía y la alzaba sin dificultad sobre su espalda, agarrándola bien de los muslos.
El hombre la miró por encima de su hombro y le guiñó un ojo con complicidad. Ella sonrió con júbilo y colocó su mentón a un lado de su cuello con suavidad. Sakura pudo sentir la colonia varonil que impregnaba su piel y un escalofrió placentero la estremeció de pies a cabeza. Ahogó una risilla de colegiala en su pecho antes de que pudiera delatar sus emociones aniñadas.
Hidan comenzó a caminar hacia las escaleras, no sin antes saludar al portero risueño de la entrada, que contuvo su diversión al verlos. Sakura le dio una palmadita en el hombro y lo cuestionó intrigada:
-¿Estas consciente que hay un ascensor al final del vestíbulo claramente visible desde aquí?- Su ceja se alzo en señal de extrañeza.
-Esas cosas son para los jodidos obesos y para ancianos.- Le reviró él al instante mientras subía despreocupadamente por las escaleras, descartando su réplica.
-¡Pero Itachi vive en el último piso! No soy tan ligera …-
-¡Ligera como pluma a pesar de tus curvas de puta madre!- Dijo él alzándola en un brinco.
Sakura lanzó un gritito de quinceañera y se aferró más al cuello del hombre con los brazos mientras con sus piernas le rodeó el torso. El músico no paraba de reír divertido. Ella se sintió como un Koala aferrado y no pudo evitar sonrojarse, daba gracias a que no pudiera verla.
-Además…- dijo él entre carcajadas profundas.- lo que menos deseo es acelerar este momento.
Y mientras subían, el sonrojo de Sakura se acrecentó. ¿Qué era eso que estaba sintiendo? Mariposas se le agolpaban revoloteantés en el estomago y creía que las manos le sudarían de nervios. No creía haberse puesto así desde que era niña, cuando tenía un enamoramiento inocente con Sasuke.
Creía esas capacidades de nervios perdidas desde su adolescencia, cuando aprendió el arte de la coquetería, la seducción y el autocontrol de las verdaderas damas francesas, del cual su abuela era una experta. A veces pensaba que las dichosa Geishas niponas no le llegaban ni a los talones a las armas seductoras y la compañía tanto deleitable como exquisita, de la que Madame Bonheur era capaz de ofrecer.
Mientras Sakura trataba de calmar su pulso acelerado y dar un nuevo orden a sus ideas, Hidan enfrentaba una situación parecida.
El aroma del perfume fresco y primaveral de la piel de Sakura lo embelesaba desde el preciso instante en que sus brazos se le acercaron. Le costaba mucho trabajo el poder concentrar sus sentidos en caminar sin tropezar con algún escalón.
Luego, a diferencia de Sakura, el roce de su cuerpo tibio y curvilíneo tan pegado a él le causaba un alza en su temperatura corporal. Sentía una ansiedad arrebatadora por darle la vuelta y pegarla contra el muro para poder probar esos carnosos labios rojos que tanto lo habían tentado durante toda la noche.
Pero no era solo eso, no era como en otras ocasiones en las que quería poseer y hacer gemir a las mujeres en sus manos; era más bien un deseo de cercanía. Se conformaba solo con poder besarla en la oscuridad de un rincón, sin necesidad de tocar otra cosa que ese rostro color marfil, o sentir la tibieza de esa piel de cerezo rodeándolo como en aquel instante.
Más no podía. Y no solo por la excusa de la ebriedad, pues muy bien sabia él que esa chiquilla no estaba borracha; algo aligerada sí, pero no ebria. Era esa duda que le rondaba la cabeza, la cual confirmó con la llamada de la comadreja lo que lo frenaba. Después de todo, Hidan no era un traidor, menos con sus amigos, menos aun con el Uchiha.
Llegaron al último peldaño de la escalera y salieron al pasillo que lindaba a la izquierda. Solo había dos puertas en ese lugar de frente una con la otra. En la que les quedaba a la izquierda se leía: "Katayama K." grabado sobre una placa dorada en la puerta; el de la derecha decía "Uchiha I.".
En lugar de llamar al timbre, Hidan dio un par de patadas no enérgicas, pero bastante sonoras a la entrada.
-¡Oy comadreja!- Gritó y dio otro par de patadas.
Sakura rió con fuerza, nunca había visto que alguien tuviera esa clase de trato con Itachi. Normalmente una mirada hostil de él provocaba que tu espíritu temblara de miedo. Nunca lo había experimentado por cuenta propia, pero si le tocó presenciarlo varias veces con algunas pobres almas desafortunadas.
Pero Hidan se veía temerario, su actitud altanera y despreocupada parecía no intimidarse en ningún instante. No era una fachada actuada para la seducción, él en verdad era así. Era esa autenticidad lo que más lograba cautivar a la mestiza.
-¿¡Qué demonios pasó! ¿Te encuentras bi…- Empezó al instante un molestamente preocupado Itachi al ver a la chica siendo cargada.
-¡Muévete al carajo Comadreja! Cuando deje la carga puedes comenzar con tus mariconadas.- Interrumpió Hidan mientras lo pasaba de largo hasta dejar a la chica en el sillón.
-¿Te pasó algo en el pie?- Continuó el Uchiha, ignorando totalmente a Hidan.
-Solo se me rompió el tacón de la bota.- Respondió la pelirrosa.
-¿¡QUÉ! ¡Maldita seas Haruno! ¡ESA BOTA ERA UNA Dr. Martens modelo Gilda que me obsequiaron hace dos años en Londres! ¡La tenía en perfecto estado! Estas tan muerta…- Se escuchó la enardecida voz de Ino, entrando a la sala por el ventanal del balcón.
-¡Coño! Asumo que ella es tu amiga.- Dijo el músico llevándose las manos a los bolsillos despreocupadamente, guiñándole el ojo con complicidad.
-En vivo y a todo color para su entretenimiento Monsieur.- Le respondió Sakura de buen humor.
Soltó una risita divertida y el hombre lució su mueca socarrona, ambos viéndose e ignorando el gesto de sorpresa y desconcierto que dominó los rostros de Ino e Itachi.
-Como sea, lo importante es que te encuentres bien.- Dijo Itachi mientras se agachaba un poco para besar la frente de Sakura con alivio.- Te traeré unas pantuflas-. Añadió sonriéndole amable mientras se retiraba a su habitación.
Unos nervios comenzaron a devorar a la joven por dentro al sentir aquel gesto en su frente. Generalmente no le tomaba importancia a ese tipo de cosas, Itachi lo hacía de vez en vez, desde que ella era pequeña. Sin embargo en esta ocasión deseaba que se hubiera restringido. Una mirada punzante a su espalda la perforaba como un taladro en la nuca, era tan fuerte que podía sentirlo.
-¿Pero no es un jodido encanto?- Soltó con sarcasmo el músico viendo la escena enfurruñado.
Una vez más, el tono hostil tensó a Sakura. Su amiga seguramente notó la extrañeza del cambio, pues al instante intervino despreocupadamente.
-Pensaría eso si no hubiera visto su aura amenazante cuando corrió a la policía del bar. Todo rastro de su príncipe interior se fue al demonio. Aunque así se ve más viril, si entiendes lo que digo.- Respondió Ino curvando sus labios con satisfacción.
-Mucho gusto. Soy Ino, la perra amiga de esta frentona. Seguro ya tuvo tiempo de hablarte mal de mí.- Le dijo con sonrisa cínica la rubia, ofreciéndole su mano.
-Hidan.- Le dijo él estrechándola.- Ya tuvimos ocasión para eso, tus expectativas han sido satisfechas.- una risa baja y ronca salió de su pecho, aquello lo divertía a sobremanera.
-Estoy segura.- Le dijo ella guiñándole un ojo coqueta.
La Haruno vio la escena y un sentimiento extraño punzo en su pecho, se sentía algo molesta, pero intento disimularlo.
-¿Podrías dejar de prostituirte con mi nuevo conocido? Zorra.- Le dijo Sakura arrojándole su zapato en las piernas.
Bien, al menos pensó en intentar disimularlo.
-Auch, ¡Golfa!- Murmuró ella, resentida, hasta que vio bien el zapato.- En verdad, eres la única persona en la tierra que puede destruir un Dr. Martens totalmente nuevo. Se supone que esos zapatos son de uso rudo-.
-Ni de coña, unos zapatos que valen la renta de mi piso jamás podrán considerarse de uso rudo. – Agregó Hidan riendo.- Es una jodida marca más de ricos que se quieren ver pobres.-
-Tal vez tengas razón. Aunque jamás me he querido ver pobre.- Soltó suspirando la rubia, mientras arrojaba su zapato lejos y tomaba asiento junto a su amiga.
-Ni virgen…- Añadió Sakura riendo.
-Ni cuando era virgen quería verme como una.- Replicó indiferente Ino.
-¿Podrían volver a sus conversaciones recatadas de señoritas? Esos comentarios están comenzando a molestarme y darme curiosidad a la vez.- Añadió Itachi irrumpiendo de nuevo en la sala.
-¿Y precisamente cuando es que hemos tenido esas conversaciones de señoritas de las que hablas? Yo no recuerdo ninguna ¿Y tú?- Cuestionó Ino con sarcasmo, mirando a su amiga con fingida inocencia.
-Non, pas du tout. No se dé que habla.- Le siguió la corriente la Haruno.
-Como quieran, pero si van a decir sus verdades, al menos censúrenlas un poco.- Itachi se agachó y comenzó a ayudar a Sakura a quitarse la bota que aun tenia puesta.- En serio, no quiero saber los escabrosos detalles de tu vida sexual Ino.-
-No podrías soportar saberlo Itachi, se necesita temple de acero.- Le dijo Ino guiñándole un ojo.
-Y no tener un estomago delicado.- Añadió Sakura riendo.
-JA JA, tan cómica.- Refunfuñó la rubia, dándole un manotazo en el hombro a su compañera.- Pero tal vez tu amigo Hidan aquí presente demuestre ser un verdadero guerrero...-
Ino se giro en el sofá para poder ver al hombre que quedaba a sus espaldas, pero este ya no se encontraba dentro de la sala. O en algún lugar visible.
-¿Dónde demonios se metió? Sé que no lo aluciné, aun no estoy así de ebria.- Exclamó sorprendida.
-Debe de estar en el balcón fumando.- Le respondió Itachi tranquilamente mientras se ponía de pie.- No puede pasar más de diez minutos en una habitación encerrado con gente, a menos que este en una presentación.-
-Apuesto que puedo hacerlo encerrase en una habitación por mucho más tiempo que eso- Dijo Ino mordiéndose el labio inferior con ansia.
-En serio ¿Podrías parar ya con tus hormonas? Estas comenzando a ponerme incomoda.- Alegó Sakura bastante cabreada.
-Oye no estoy hablando enserio.- Respondió la rubia riendo.- Además, no habría razón para que te molestara su reacción…- Y entonces la chica se quedo callada de golpe, con un gesto de comprensión repentino inundando su rostro.
-Sakura, no me digas que…- Comenzó la joven sin frenarse a pensar.
-¿Decirle qué?- Preguntó Itachi rápidamente interesado en una conversación de la que había hecho oídos sordos todo ese tiempo.
Sakura comenzó a lanzarle puñales con los ojos a su amiga, amenazándola en ese idioma visual que solo ellas dos comprendía desde pequeñas. Ella lo sabía, maldita Yamanaka, comprendía lo que estaba sucediendo en ese momento en la cabeza de Sakura, tal vez incluso mejor que ella misma. Y también sabía que Itachi era la última persona que deseaba que se enterase.
-Este… nada, Sakura debe seguir pensando que me gusta "jugar rudo". Ya te dije que no lo hago más con extraños, además ya baje mi rango de edad en hombres de veinticinco como máximo desde que mi padre casi se entera de lo sucedido con su asistente…- Cambió rápidamente el tema con habilidad.
-¡Agh! ¿Asuma Sarutobi? ¡¿Enserio? ¿Qué no es casado?- Exclamó Itachi con la poca sorpresa que su rostro estaba dispuesto a mostrar usualmente.
-Aun no se comprometía en ese tiempo, fue hace como tres años. Además, las marcas de cigarro que dejaba en mi ropa resultaban demasiado frecuentes como para ocultarlas del todo.- Añadió indiferente la joven, haciéndole un gesto con la mano para restarle importancia al asunto.
-¿Marcas de cigarro? Pero si hace tres años tenias 15…- El Uchiha se llevó pasó una mano por su cabello negro y respiró hondo.- De acuerdo, esto va más allá de lo que me gustaría saber. Me hace temer acerca de que sea su conexión de amigas siendo ustedes tan distintas. Iré a realizar unas llamadas urgentes, así que ustedes pueden seguir con sus conversaciones "intimas" a solas.- Y sin esperar más, revolvió los cabellos de la peluca rubia de Sakura y se alejó a su oficina.
-¡Ino Yamanaka! Solo te faltó decirle escabrosos detalles de los látigos y cuero.- La reprendió su amiga entre molesta y divertida.
-Era la única manera en que nos libraríamos de él, siempre que alguien hace alusión al sexo frente a ti se pone molesto y sobreprotector. Siempre será el defensor inminente de "tu pureza". Vaya engaño…- Alegó cruzándose de brazos.
-Ahora ¿Qué demonios esperas? ¡Ve al balcón!- Le ordenó de pronto.
Sakura se petrificó ante la inesperada instrucción, pensaba que la joven deseaba estar a solas con ella para intentar sacarle toda la información posible acerca de lo sucedido en su ausencia. Se sentía desconcertada por aquella frase.
-¿Por qué habría de ir al balcón?- La Haruno podía sentir su rostro cálido, por la sangre que se agolpaba en sus mejillas al sonrojar.
-No tengo idea de que pasó esta noche entre tú y ese delicioso hombre, que se encuentra llenando sus pulmones de alquitrán afuera, pero es más que obvio que te "agrada".- Le dijo guiñándole un ojo.- Además, no te había visto tan relajada desde que llegaste hace dos días.-
-Si, respecto a eso…- la culpa vibraba en su cuerpo.- siento mucho mi actitud contigo y Hinata. Sé que he estado algo cerrada hacia ustedes.
-¡Que va! Si comprendo perfectamente, estas en una situación en la que es fácil actuar como perra con las personas que te quieren.- Dijo Ino sonriendo.- Créeme, yo soy una perra la mayor parte del tiempo sin tener un motivo tan grande como el tuyo.
-Si, pero en tu caso parece que entrenas para las olimpiadas.- Añadió Sakura por lo bajo.
-¡Frentona!- Le dijo Ino molesta dándole un manotazo.
Sakura lo detuvo y ambas comenzaron a reír divertidas, esas dos eran como hermanas desde pequeñas. Ni la distancia entre dos continentes había influido en la ruptura de ese lazo. Ahora se daba cuenta que la ventaja más grande de Japón era que estaba cerca de ella y sus otros amigos, pero aun así; no podía sentirse en paz.
La melancolía inundo su mirada por una fracción de segundo que Ino no notó. En realidad, Sakura deseaba dejarlos a todos, por irse al lado de una persona que no la quería en una forma sincera. Una completa idiotez, eso era lo que era su deseo.
Pero valía la pena, de cierta forma valía tanto la pena regresar.
Un nudo en la garganta le impidió respirar con normalidad, y las lágrimas se le agolpaban en los ojos. Ella con toda su fuerza de voluntad las retuvo tras sus parpados.
-Ahora vuelvo.- Dijo la Haruno con una fingida sonrisa, mientras se ponía en pie.
-¡Hey! ¿A dónde vas? El balcón está del otro lado.- Le dijo Ino algo extrañada.
-Si, primero tengo que pasar al baño. Este maquillaje tuyo es tan espeso que siento que me iré de frente al suelo. Voy a limpiarlo.- Le dijo aun con su máscara de indiferencia puesta.
-De nada, me tomó tres horas de mi vida aplicártelo.- Dijo la rubia sentida.- Pero está bien, entiendo lo que dice, yo también quiero desmaquillarme y dormir.-
La chica se estiro con pereza en el sofá y se recostó.
-No tardes.- Añadió mientras se acurrucaba en el enorme mueble de piel negro.
-Seguro.- Respondió Sakura mientras se adentraba a un pasillo en búsqueda del baño.
Le costó mucho trabajo no salir corriendo de la sala. Las lágrimas ya habían comenzado a fluir por sus mejillas, marcando trazos negros de maquillaje por encima de la piel marfil de su rostro.
El piso de Itachi era grande y solo había visto su distribución en fotografías y planos, nunca había entrado hasta esa noche. El pasillo por el que caminaba estaba oscuro, con la ligera luz de alguna ventana más adelante aclarando un poco el panorama. Sin embargo, no encontraba la puerta del tocador.
Al final, cerca de la ventana Sakura se rindió y se dejó caer de rodillas al suelo. Su mano cubriendo su boca para amortiguar el sonido del llanto. Posó el costado izquierdo de su cuerpo contra el muro y se entregó a su pesar.
Se sentía patética, una especie de masoquista sentimental. Pero ni la estupidez de sus acciones la hacían recapacitar en nada. Ella solo quería volver a Paris, nada fuera de eso la complacería nunca.
-Seb…- Murmuró entre sus suaves gemidos.
-No tengo ni puta idea de que signifique eso. Ni siquiera estoy seguro de que sea una jodida palabra o solo un gimoteo.-
Sakura abrió los ojos de golpe y su llanto paró al instante.
Miró con sorpresa el pasillo y el nudo en su garganta se deshizo. Itachi tenía razón, Hidan se había ido a fumar. Pero no había ido al balcón como las personas normales regularmente lo habrían hecho.
En la única ventana que dejaba pasar la luz de la luna por ese pasillo abiertas de par en par, descansando con en el borde con un pie sobre esté y el otro haciendo equilibrio fuera de la ventana. Ahí se encontraba el músico con su cigarrillo en la mano, mirándola con sus penetrantes ojos amatista aun más retadores ante el brillo de la noche.
-Lo siento, no te vi.- Se disculpó Sakura, limpiándose rápidamente el rostro con las manos.
La joven se puso en pie con velocidad y comenzó a caminar de regreso por donde había llegado.
-¡Oy Espera!- Le gritó Hidan. Ella se giró ligeramente para verlo.- Ven aquí.-
Hidan extendió su mano, invitándola a unírsele. Su sonrisa de medio lado dibujada, pero esta vez con un gesto más amistoso en ella.
Sakura sin pensarlo dos veces se acerco a él, quien se movió para darle espacio en el borde de la ventana. La joven se sentó a su lado, con sus piernas balanceándose con libertad en el aire a menos de dos metro de una escalera de incendios que daba a la calle junto al edificio.
-Pensé que estarías en el balcón.- Dijo Sakura.
-No, odio ese lugar. Tiene demasiadas luces.- Dijo el indiferente, mientras le daba otra calada a su cigarrillo.
-¿Demasiadas luces?- Preguntó la chica confundida.
-Si. Veras, yo soy algo así como un tipo más "natural" por más marica que se pueda escuchar. Fuera de las luces de los reflectores en los escenarios y las de algunas calles turísticas, odio los jodidos lugares muy endemoniadamente iluminados. Detesto esas luces artificiales de mierda que ponen en todos lados.- Le respondió tranquilo, aunque el desprecio en sus palabras era notorio.
-¿Y por qué las odias tanto?- Indagó más Sakura, sonriendo por fin. Aquello le parecía extraño, pero al mismo tiempo le agradaba.
Hidan la miró por un momento y luego sonrió también. Exhaló el humo de su pecho y señalo con un movimiento de cabeza hacia el horizonte.
-El cielo nocturno. Nunca puedes realmente observarlo desde sitios tan jodidamente iluminados.- La mirada de Hidan se volvió más serena mientras hablaba.- Por ejemplo, en el parque de hace rato y en esta ventana se puede ver un atisbo del brillo jade que crea la luna en tus ojos.-
Sakura sintió calidez ante sus palabras, pero no sonrojó. No sentía ni un atisbo de nervios, estaba completamente cautivada y cómoda. El siguió con su explicación:
-Pero es solo un ligero preámbulo. Nunca conoceré el verdadero color de tus ojos hasta que los vea bajo la luz desnuda del cielo estrellado.- Retiró su mirada para dedicarle sus ojos a la luna.- Alguien me dijo una vez, que la noche era el momento en que el mundo mostraba sus verdaderos colores. Cuando solo los hijos de la noche lo podían apreciar.-
-Déjame adivinar. Dijo que tú eras una de esos hijos de la noche.- Se adelantó Sakura con suavidad.
-Ni de coña. No necesitaba decirlo, yo ya estaba seguro de ello. Soy una criatura nocturna desde el momento en que pase mi primera noche entera fuera de cama, cuando era un jodido crío.-
El músico rio con su voz ronca y Sakura se unió a él.
-Es bueno ver que te sientes mejor, no está bien ver tus ojos llorando.- Soltó de repente, mientras encendía otro cigarrillo.
En esta ocasión, la chica sonrojó completamente avergonzada.
-Nunca lloro.- Respondió al instante a manera defensiva.
-Pues para ser una niñata que nunca llora, hoy lo has hecho dos veces frente a un jodido extraño.- Reviró él restándole importancia.
Ella no supo que responder, no deseaba hablar del asunto.
Ambos se quedaron en silencio un rato, disfrutando del cielo y de la compañía mutua, como habían hecho en los jardines horas antes. Entonces Sakura no pudo evitar sacar la duda que inquietaba su mente.
-Hidan ¿De dónde conoces a Itachi?-.
El hombre calló un instante con el pitillo sujeto entre sus labios, mientras miraba al horizonte. Su ceño se frunció ligeramente mientras recordaba.
-Kakuzu.- Dijo finalmente.- Es un amigo desde la infancia. Estudió con Itachi desde la secundaria. Eventualmente nos presentó y formamos la banda entre los tres.-
La sencillez de la respuesta tomó a Sakura por sorpresa. Esperaba una historia más larga o compleja. No sabía porque, pero sentía que ese hombre no era usual. Por lo que una respuesta tan sencilla le parecía poco convincente.
"¿Pero que estoy pensando? No era como que esperara una historia de espionaje ruso a la James Bond. A veces puedes ser muy niña Sakura."
-Es extraño. Para ser alguien que disfruta de tanta confianza, no hablaba mucho de ti, solo en el último año te mencionaba con cosas de la banda.- Respondió ella sin malicia.
-Bueno, supongo que no soy un tema muy interesante en el que gastar tus minutos de larga distancia.- Soltó el sin darle importancia.
-No creo que fuera eso. Pero qué más da, así es Itachi. No habla mucho, ni de él mismo. De hecho aun cuando es como un hermano para mi, muchas veces siento que me oculta cosas.-
Hidan volteó a verla intrigado, pero ella pareció no notarlo. Se encontraba demasiado ahondada en sus cavilaciones.
-¿Ocultar cosas?- Soltó extrañado el hombre.- ¿A qué carajo te refieres?-.
-Pues, no estoy segura la verdad.- Murmuro Sakura.- Por ejemplo, desde niños, él venía en cada ocasión posible a Francia a visitarnos. Estaba constantemente en contacto y a veces viajaba con nosotros en vacaciones si se lo permitía su agenda. Pero…- Sakura hizo una pausa, como intentando comprender algo.
-¿Pero?- Insistió con Hidan.
-Pero, hace dos años, todo ceso de golpe. De repente todas las llamadas y viajes pasaron de muchas a cero. Y sin ninguna explicación, solo sucedió. De repente me enviaba uno que otro correo ocasional, pero nunca decía demasiado. Era como si intentara ser cauteloso con lo que escribía.-
El músico se quedo en silencio observándola, hacía rato que sus cigarro se había consumido entre sus labios, pero el parecía no percatarse de ello.
-¿Y luego?- Volvió a alentarla en su narración.
-Luego nada.- Dijo ella frunciendo el ceño con molestia.- Volvió a marcarme tras casi dos años, y sus correos de nuevo eran archivos adjuntos por la pesadez de su contenido. Pero en ninguna llamada o mail, ni por error mencionó nada acerca de lo sucedido. Simplemente se disculpó por su ausencia y después actuó como si nada hubiera pasado.-
-¿Crees que le sucedió algo?- Preguntó Hidan.
-Estoy segura de ello. Después de eso, no era el mismo. – Entornó su mirada a él.- No digo que fuera un cambio malo o drástico. Solo era algo más centrado y tranquilo. Sin embargo algo ocurrió en ese tiempo que logró cambiarlo.-
Ambos quedaron en silencio por unos momentos reflexionando, hasta que Sakura habló de nuevo.
-Aunque debo admitir que yo también tengo mis secretos de esos años escondidos. Todos tenemos derecho a ocultar cosas, así que nunca indagué más allá. Si quiere tener algo oculto, respeto su deseo.-
-¿Nunca intentaste averiguar ni un poco? Carajo, si tanta curiosidad te daba, no creo ni un jodido instante que no reclamaras respuestas.-
-¿Por qué piensas eso?- Preguntó ahora Sakura.
-Porque así son todas ustedes mujeres. Siempre quieren saber más de lo necesario. Son unas perras en búsqueda de poder, por lo que siempre quieren tener información a su favor. Solo desean averiguar algo que puedan usar como chantaje-.
-Suena a que te han intentado sacar muchos secretos.- Dijo burlona la joven.
-"Intentado" Esa es la jodida palabra clave aquí.- Respondió él arrojando por fin la colilla de cigarro.- Pero nunca logran sacarme ni una mierda de secretos.-
-Bueno, a mi no me interesa averiguar cosas que no me incumben. Serán de mi incumbencia cuando deseen compartirlas conmigo. Hasta entonces, yo también apreciare mis secretos.- Dijo ella sonriéndole.
-Como se que no es un truco para parecer inocente. Ya he visto también esos antes.- Le dijo él tratando de provocarla.
-Pues, si realmente hubiera querido sacar información de Itachi, estaría tratando de averiguarlo contigo. Es más que obvio que tu sabes lo que sucedió en esos dos años.- Le dijo ahora con una mueca satisfecha.
-Muy astuta niñata. Pero si no trataras de sacarme información, no lo habrías mencionado en primer lugar ¿no lo crees?-Le dijo él revirando con socarronería.
-No, lo que traté de averiguar de ti es porque te molestaba tanto el hecho de creer que soy la chica de Itachi.- Le respondió ella con sencillez.
Hidan se quedó callado y su rostro mostraba ligeramente su sorpresa. Era un comentario que no se esperaba en lo mas mínimo.
-Ahora veo que eres muy cercano a Itachi, lo noté desde que te escuche hablar con él. Me atrevería decir que son mejores amigos, pero no estoy segura de lo que esa etiqueta signifique para ustedes. - Lanzó un suspiro.- Pero en fin, es más que obvio que nunca intentarías nada con la chica de Itachi Uchiha. No eres esa clase de hombre. Por lo que debió cabrearte bastante que esta chica te coqueteara este tiempo, pues te atraigo. Pero si realmente estuviera con Itachi, todo sería un vil juego en vano.-
El hombre siguió observándola con sorpresa, hasta que de repente comenzó a reír divertido.
-¡Mierda! Eres bastante astuta niñata. Debo admitir que es una cualidad jodidamente admirable.-
-Gracias.- respondió ella sonriente.
-Pero, ¿Cómo estas tan segura que soy esa clase de hombre?- Le preguntó él.
-Solo lo sé.-
-¿Estás segura?- Le dijo él con voz incitante.
La chica lo miró extrañada. Entonces en lo que ella sintió como un segundo, el músico rodeo su cintura con un brazo y con el otro colocó su mano en la nuca de la chica, acercando su rostro al de él.
El corazón de Sakura comenzó a revolotear con pulsaciones exorbitantes y sus mejillas se sonrojaron al ver aquellos perforantes ojos amatista a milímetros de ella. Se sentía succionada y devorada por la fuerza de gravedad que esos ojos causaban en ella.
-Eres jodidamente sexy, inteligente y atractiva ¿Por qué no habría de robarte de las manos de otro?- Soltó con voz profunda y seductora.
El aliento del hombre chocaba con el de ella, seduciéndola a sobremanera. En ese momento ella volvía a ser una simple colegiala, su máscara de mujer ruda se vio destruida en añicos. Su cuerpo no le respondía, estaba completa y totalmente a merced de la voluntad de ese hombre que la aprisionaba contra su cuerpo.
Hidan rozó sus labios con los de ella y un escalofrió recorrió por la espina de la chica. Con sus labios, continúo acariciando su mentón y su cuello a paso lento y tortuoso. La temperatura de Sakura se elevaba cada vez más a cada roce y un suspiro escapó de entre sus labios.
Estaba más excitada y más ansiosa de lo que jamás se había sentido en su vida.
-¿Lo eres?- Preguntó el hombre cerca de su oído.
-¿Qué?- Susurro ella sin saber realmente lo que decía.
-La chica del Uchiha. ¿Lo eres?- Insistió él aun con tono seductor.
Sakura podía sentir el aliento en su cuello, como su calidez erizaba la piel que lo acariciaba. Pero ni ante ese trance su mente retadora logró desactivarse.
-¿Qué si lo fuera?- Susurro ella, aun sin control sobre sus palabras.
Pero Hidan se tensó ante el comentario, la chica pudo sentirlo en su agarre. Retiró el brazo de su cintura y coloco ambas manos en el rostro de Sakura. Finalmente alejó su rostro del cuello de ella para verla directamente a los ojos.
El corazón de Sakura se paró en el instante que vio esos orbes amatistas. Su rostro describía un cierto pesar melancólico.
-Si lo fueras, me vería forzado a perder a uno de mis mejores amigos.- Le respondió serio.
Se acercó al rostro de ella nuevamente y le beso la comisura de sus labios. Ella perdió completamente el aliento.
-Cuídate señorita Créeme Brûlée.- Le dijo él sonriendo de nuevo con su gesto altanero.- Ya no salgas con tíos extraños en motocicletas.-
Y sin decir nada mas, la soltó y se dejo caer por la ventana. A Sakura por poco le da un infarto, no recordaba que ahí estaban las escaleras de emergencia.
El músico la miró una vez más, desde abajo. Sonrió de nuevo con satisfacción antes de bajar por las escalinatas de metal. Sakura lo observó con atención hasta que dio vuelta en la esquina, perdiéndose de su vista.
La chica se llevó la mano al punto donde la había besado. A pesar de ser un gesto ligero, la había hecho temblar como el más apasionante de los besos. En verdad, no tenía idea de quién era realmente Hidan.
"Pero quisiera poder saberlo algún día".
Con este pensamiento, se abrazo más de la chaqueta de cuero que traía puesta. Aun olía a la colonia y los cigarros de Hidan. Se dejo rodear por ese aroma, evocando la presencia del hombre junto a ella.
"Hidan…"
-Sakura. Con que aquí estabas.- Se escucho una voz acercándose a ella por el pasillo.
La chica volteo rápidamente, volviendo en sí. Itachi la miraba con su calidez usual y esa refrescante sonrisa de medio lado tan amable que siempre le obsequiaba.
-¿Me buscabas?- Preguntó Sakura sonriéndole.
-Si, de hecho.- Itachi se puso de pie junto a ella, apoyando sus manos en la ventana.- Ino se quedó dormida en el sofá.-
La joven comenzó a reír.
-Entonces no hay nada que se pueda hacer. Una vez que se duerme, es como si muriera.-
-En verdad me sorprende a que grado puede quedar inconsciente. La llevé a la habitación de huéspedes para que estuviera más cómoda, tras ver que nada lograría despertarla. Fue como cargar un cadáver que respira.-
-Ni hablar.- Suspiró Sakura.- Tendré que hablar con Kushina.-
-No te preocupes por eso.- Le dijo Itachi sonriente.- Ya hablé con ella. Dijo que no había problema con que se quedaran, con la condición de que las regresara a casa temprano.
-Bueno, eso depende enteramente de Ino. Por lo cual dudo que puedas mantener tu palabra.- Le respondió ella burlona.
-Pues habrá que esperar y ver.- Dijo Itachi cansado.- Dormirás en mi cuarto, yo puedo descansar en el sofá.-
-Itachi, no tienes que hacer eso. Yo puedo usar el sofá… ¡Kyya!-.
Sakura lanzo un gritillo cuando el Uchiha la tomó de la cintura y las piernas, cargándola.
-Ni te molestes en discutir Sakura Haruno. No ganaras esta batalla.- Le dijo el pelinegro muy satisfecho.
Así se la llevó hasta la habitación del final del pasillo, donde la enorme cama King size con sabanas negras la esperaba.
El joven la bajó con suavidad en la cama y se adentro al closet a buscar unas cosas.
La chica examinó el cuarto con atención. Era enorme, con tres de sus paredes negras y una color sangre. Los únicos muebles que había además de la cama, era una mesa de noche. En la mesa había una lámpara y una alarma despertador electrónico, de esos con entradas para iPod.
En cambio, una de las paredes de la habitación estaba tapizada con guitarras. Y en la esquina d ese muro estaba una silla junto a un amplificador Marshall 1923C. Una guitarra Ibanez negra FR1620 era la única posada en una base junto al amplificador. Las demás estaban empotradas en esa única pared tinta, como trofeos de un coleccionista.
Sakura bajó de la cama y se acercó hasta aquel sitio. Pasó la yema de sus dedos con cuidado por las cuerdas de esa guitarra y tocó una para escucharla. Una sonrisa sutil se dibujo en su rostro al oír, pero claro que estaba afinada.
-Mi primera guitarra.- Le dijo Itachi, quien había entrado de nuevo al cuarto.
-Y al parecer la única que tocas. Tienes de todo en ese muro: Fender, Gibson, Epiphone, Jackson, y otras que no tengo idea de cómo distinguirlas; pero tú sigues tocando con la misma que compraste cuando tenias 15 años.- Le reprendió ella burlona.
-Hey, la primera siempre será la primera. Aplica para guitarras, conciertos, mujeres y autos. Siempre la primera de todas esas tendrá un espacio especial en nuestro corazón.- Le respondió Itachi con sinceridad.
-Bueno querido amigo, no creo que como mujer me sienta muy alagada ante la comparación.- Sakura no podía dejar de reír.
-Deberías, tú eres una de esas primeras.- Le respondió con calidez.
-¿Eh?- No lograba entender el rumbo que había tomado la conversación.
-Solo cámbiate.- Le dijo Itachi, entregándole la una camisa que le quedaría enorme a ella.- No es algo que entenderías aunque te lo explicara.- Le guiño un ojo burlón.
-Como digas.- Dijo volteando los ojos la chica.- ¡Sal! No creas que me cambiare frente a ti.-
-Seria un panorama más digno de observar que estas guitarras.- La provocó el hombre.
-¡FUERA!- Gritó Sakura.
El Uchiha salió riendo a carcajadas de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
La joven suspiro cansada, no sabía si era su naturaleza, o solo cuando estaba al lado de esas guitarras se volvía a comportar como adolescente.
Se metió al baño a lavarse la cara, pero la capa de laca bajo la peluca y la base de su rostro eran tan densas que optó por tomar una ducha. Sentir su cabello suelto limpio y su cara fresca de nuevo fue un alivio maravilloso para su cuerpo. Detestaba el maquillaje, pero no le quedaba otra opción en ocasiones.
Después de todo era un tipo de regla social que para salir debes arreglarte. Lo desgastante del proceso de aplicación y limpieza siempre será un secreto que ningún hombre podrá comprender.
Se colocó la camiseta de Itachi, le llegaba a medio muslo de largo. Definitivamente esa camisa no era de su talla, a pesar de que ella le llegaba a la altura de su hombro, sabía que el pelinegro no era un hombre realmente alto.
"Debe ser algún regalo de talla errada" Concluyó.
-Sakura ¿Puedo pasar? Olvidé sacar mi ropa.- Se escuchó desde el otro lado de la puerta.
-Si, pasa.- Respondió la joven, mientras doblaba la ropa que había dejado en el baño.
-En verdad tardaste siglos en cambiarte, que tanto estabas hacie….- Comenzó a molestarla Itachi, pero de repente este se quedo callado.
-Quoi?- Pregunto la joven alzando una ceja.
El rostro de Itachi era totalmente neutral para cualquiera, pero para Sakura, que lo conocía tan bien, era más que obvia la sorpresa en sus ojos.
-Nada, no sucede nada.- Dijo Itachi, carraspeando para modular su tono de voz.- ¿Te duchaste?- Pregunto él.
-Creo que eso es más que obvio mon cher -. Respondió ella con ironía.
-Claro, si, es verdad.- El hombre se adentro con la velocidad de un rayo a su armario y salió en un santiamén.- Bueno esto es lo que necesitaba, buenas noches.-
Y sin más, cerró la puerta tras de sí.
La pelirrosa se quedo extrañada y confundida, observando la puerta por unos minutos.
"¿Y a este que le pasa?" Cuestionó en su mente.
-Whatever…- Susurro para sí.
Tensión, todo su cuerpo estaba tenso.
-Maldita sea Sakura.- Murmuró el pelinegro peinándose con la mano en un gesto de ansiedad.
La imagen mental de su amiga con su cabellera mojada, su rostro al natural y sus piernas torneadas tan descubiertas era más de lo que cualquiera podía soportar.
Algo estaba pasando, las palabras de Sasuke sobre la "comezón en la entrepierna" que había mencionado con malicia comenzaban a tener sentido en su cabeza ahora. Muy a su pesar, esa chiquilla que había cuidado tantos años se estaba convirtiendo en una mujer demasiado atractiva.
Pero su tensión debía ser por la imagen, solo eso. Si, estaba reaccionando como cualquier hombre lo haría ante una mujer semi-cubierta, solo debía recordar que se trataba de Sakura.
-Debes tomar una ducha Uchiha. Bastante helada.- Murmuró para sí.
"Pero Dios bendiga el ballet que torneo esas piernas… ¡BASTA! DUCHA ¡AHORA!"
Suspiró con cansancio, solo deseaba que la noche acabara de una buena vez.
Cuando terminó de doblar su ropa, vio la chaqueta de Hidan en el suelo. La recogió y sacudió. Con algo de duda, acercó su rostro a la piel negra; el aroma de antes aun seguía impregnado. Sin pensarlo dos veces, se colocó de nuevo la prenda y abrazada de esta, se acurrucó en la cama.
Con los ojos cerrados, tarareo esas canciones que canto junto a Hidan en el escenario. Las sensaciones y recuerdos de las horas pasadas la acompañaron reconfortantes, hasta quedarse dormida.
Esa noche Sakura no tuvo sueños, pero el aroma del cigarro se quedo con ella hasta el amanecer.
Espero hayan disfrutado este capitulo.
Ahora, normalmente no suelo dar explicaciones de mis atrasos tan largos en los avances de mis fanfics, pero después de recibir sus comentarios en forma de preguntas, quejas, preocupaciones y buenos deseos, creo que lo menos que puedo hacer es compartirles un poco de mi vida personal para intentar darles una razón.
Actualmente soy estudiante de universidad, y curso dos carreras en dos universidades distintas (en una por las mañanas y otra por las tardes), por lo cual durante el día apenas si tengo tiempo para hacer mis deberes. También publico para una revista local mensual historias, y actualmente me encuentro trabajando en la colaboración de un guion para unos amigos que realizan un corto (suena muy glamoroso, pero es lo más humilde del mundo). Para terminar, los fines de semana trabajo en una escuela de idiomas.
Cuando comencé a escribir estos fanfics estaba en preparatoria (high school, bachillerato, liceo o como lo conozcan en su país). Mi tiempo me pertenecía solo a mi, y aunque suene como una excusa típica, tengo que ordenar mis prioridades dentro de mi agenda.
No digo que ustedes y este fanfic no sean una prioridad, sin embargo, escribir para ustedes es una escape que me deja relajarme del ajetreo diario, y me niego a presionarme y renunciar a esta válvula de escape.
ESTE FANFIC SEGUIRÁ HASTA EL FINAL, NO PIENSO DEJARLO INCOMPLETO. Pero no puedo prometer un determinado tiempo para concluirlo.
Así como ustedes se distraen con esta historia al leerla, yo hago lo mismo al escribirla, y créanme que a veces me resulta frustrante saber el poco avance que he logrado mostrarles, cuando desde la concepción de esta historia ya tenia definida toda la trama. (Aunque va variando siempre en detalles conforme logro plasmarla en la PC).
En fin, espero que esta explicación logre excusarme un poco de las largas tardanzas, y pido su comprensión con humildad.
Nos leemos pronto!
