Capitulo 10
Hacia la batalla
"El panda miraba con enormes ojos a Song, sin poder descifrar lo que su corazón le decía. La linda leoparda le sonreía y lo hacía sentirse de un modo extraño. Ella disimulaba que se acomodaba en su sitio, algo nerviosa. Trataba de quedar mas cerca de él. Cada tanto que ella se aproximaba era un poco inquietante para el panda, incluso sentía que comenzaba a sudar. El sagrado salón donde se hallaban le parecía demasiado pequeño al oso en aquellos momentos, ella estaba demasiado cerca. Po no resistiría mucho tanta tensión, tenía que decir algo, lo que fuera para ocultar su inseguridad.
-¡Song! - mirando que casi le había gritado, debido a lo agitado que había regresado de su trance mental, suavizó lo más que pudo su voz – me gustaría hablarte de algo.
Ella, riendo internamente al ver a Po tan nervioso, se tornó atenta.
-¿Qué pasa?
-Sé que tal vez no sea el mejor momento, pero en serio necesito aclarar mis dudas - decía un panda algo sofocado - ¿Puedo preguntarte algo? - preguntó él bastante sonrojado.
-Claro Po, te escucho – le respondió ella tratando de hacerlo sentir seguro.
-Bien, tal vez sea raro lo que te voy a decir pero... – tragó un poco de saliva - digamos que... tiene que ver con una chica.
La felina parecía ver algo curioso en todo aquello, sonreía discretamente viendo a Po juguetear con sus dedos.
-¿Una chica?, ¿Y cuál es el problema?
Al guerrero le daba mucha vergüenza explicar, no sabía que efecto tendrían sus palabras, debía de hallar el modo correcto de decir las cosas, algo que nunca se le había dado bien.
-De acuerdo, aquí voy.
-Bien.
-Mira Song, imagina que alguien como yo, que no digo que sea yo, jamás pensó que podría gustarle a una linda chica. Pero ahora parece que puede tener una pequeña posibilidad con ella, recuerda que no soy yo – el modo en que Po daba vueltas a sus palabras decía que su inseguridad lo comía vivo - y ahora está muy confundido por que no sabe lo que siente. Y ahora, eso podría traerle muchos problemas.
-¿Problemas? ¿Cómo cuáles? -preguntó Song algo confusa.
-Es qué, es difícil de explicar... mira, hay otra chica que es su amiga, pero ella... - el panda levantaba las manos y hacia gestos incomprensibles, sin poder terminar su frase - y él...
No podía decirlo así nada más.
-¿Qué Po?
-Bueno, él no quiere que ella salga lastimada – sentenció con tristeza.
Song sonreía, no sabía como, pero había comprendido lo que Po quería decir.
-Tal vez no sea la mejor respuesta Po, pero, ¿Que tan difícil le puede ser aclarar las cosas?
-Bueno. No es que me sea difícil, digo, le sea difícil – su torpeza al hablar lo traicionaba – Sabe que la quiere, pero, no sabe si ella siente lo mismo.
-Entonces dices que esa chica es tu amiga, digo, su amiga – al ver que era innecesario seguirle el juego quiso hablar claro – Basta ya, se que hablas de ti Po. Esa persona es tu amiga, ¿Cierto?
-Si – respondió apenado – pero creo que ya lo eché todo a perder y, antes de que cualquier otra cosa pase, necesito saber...- sin vacilar tomó los hombros de Song y se serenó lo mas que pudo - ¿Sientes algo por mí más que amistad Song? - preguntó con sutileza.
La leoparda ni siquiera se molestó en pensar en una respuesta a la pregunta del nervioso panda, sino que tan solo se lanzó sobre sus labios. Impulsivamente se colgó de su cuello, lo abrazaba con cariño. Aquel instante era lo que había estado esperando desde su llegada al palacio. Al pobre del oso casi le dio un infarto, esa no era la contestación que él esperaba, por un instante sus sentidos se perdieron en la agradable sensación que era estar tan íntimamente unido con ella. Pero luego de unos segundos después de que sus acciones estuvieran fuera de su control algo lo regresó a la realidad. Entre todo el desconcierto vagamente le pareció haber visto un brillo rojo en la parte mas oscura del salón. Sintiéndose observado y temiendo una emboscada o algo por el estilo soltó a la felina e intentó distinguir lo que fuera que hubiera entre aquella oscuridad, extrañamente no podía percibir nada. Seguro había sido su imaginación, en el salón no había nadie más. Intentando recobrar la atención del panda Song puso una mano en su mejilla y lo hizo mirarla a los ojos.
-Ahí esta tu respuesta.
El trataba de mostrarse feliz, pero realmente su animo se había ido.
-Song, yo... - no era capaz de decir cosa alguna, no se había preparado para eso – yo no...
-Es Tigresa quien te gusta, ¿Verdad?
-Yo... - aquello le tomó por sorpresa - Si pero, ¿Cómo supiste?
-No costaba mucho darse cuenta Po – le respondió como si ya supiera todo lo que iba a pasar.
-Entonces, ¿Por qué...?
-¿Qué? ¿Lo del beso? - el asintió – bueno, creo que tenía la ilusión de que todo eso entre tú y Tigresa fuera solo producto de mi imaginación y de las habladurías de tus amigos – explicó ella queriendo ocultar la decepción en su rostro.
-¡Ay no! - Po metía el rostro entre las manos – esto es malo, es exactamente lo que no quería que pasara. Lo siento Song – se disculpó sabiendo que ahora si lo había arruinado todo, ¿Acaso nada podía salirle bien aquél día?
-No tienes por que sentirlo – habló ella un poco apenada – tal vez fui yo la que se apresuró demasiado. Tu me gustas Po, creí que hablabas de mí cuando mencionaste a la chica – su semblante de repente se vio un poco decaído y Po lo notó.
-Quisiera poder sentir lo mismo, pero... – soltó un suspiro, recordando a la maestra Tigresa – yo ya estaba enamorado mucho antes de todo esto. Perdóname.
Su instinto se lo había dicho desde el principio, sin embargo había decidido arriesgarse con él, ahora debía dejarlo pasar y aceptar la realidad. Aunque las cosas fueran de ese modo, era seguro que jamás iba a dejar de querer al guerreo.
-Te perdono Po – dijo al mismo tiempo que entrelazaba sus manos con las del panda - pero con una condición - él se confundió un poco.
-¿Cuál? - le preguntó inseguro.
-Que sigas siendo mi amigo.
-Claro que si.
La sonrisa de su amiga se lo decía, no le tenía ningún rencor por haber vuelto tan confusas las cosas. Ya la angustia no atormentaba al Guerrero Dragón, por fin se sentía liberado y de nuevo le resultaba tranquilizante su compañía. Decidió cerrar el trato con un buen abrazo, que mejor forma de demostrarle que su amistad realmente era valiosa para él. La felina no se rehusó, sino que le correspondió igualmente. Al sentir el ambiente mas calmado que nunca, Po la soltó.
-Así que... - dudaba el panda - ¿Ahora qué?
-No entiendo Po.
-Quiero decir, ahora, ¿Como van a cambiar las cosas entre nosotros?
-No tienen por que cambiar en nada, te quiero, igual que siempre lo he hecho – contestó Song tranquilamente.
Sin agregar más y con alivio en el corazón, ambos se dirigieron hacia la salida. Al llegar al borde de las escaleras se detuvieron a contemplar la luna sobre ellos. Aunque la noche era hermosa unas cuantas nubes decían que una tormenta estaba próxima. Aprovechando que Song no le prestaba mucha atención, Po se adelantó unos cuantos pasos, dándole a entender que iba a tomar un camino distinto al de ella.
-¿A donde vas Guerrero Dragón?
-A buscar a Tigresa – contestó él con ánimo – con esto, creo que lo mejor sería decirle la verdad cuanto antes – se despidió de ella y con la ilusión reflejada en su rostro empezó a correr.
Él se perdía en la distancia, corriendo como nunca antes lo había visto correr. Le daba un poco de tristeza saberlo, no era ella la razón de la alegría en su andar. Pero en el fondo, sabía que era mejor así, sabía que estaba bien dejarlo ir. Po era su amigo, el mejor que tenía de hecho. ¿Como podía sentirse mal viéndolo tan feliz?
-Suerte – susurró Song observándolo dirigirse a las barracas."
Tigresa había escuchado el relato de la leoparda con suma atención, sin embargo, en ningún momento la había mirado de frente. Tan solo permanecía en la misma posición, sin aparentar reacción alguna. En su cara no se podía vislumbrar alivio, tristeza o enojo, que era lo que Song anticipaba. Cuando la felina concluyó un incomodo silencio se hizo presente, no tenía idea de que hacer ahora, ya se había disculpado con Tigresa, pero ella no pronunciaba palabra alguna.
-Lo siento, de verdad – no se le ocurrió decir otra cosa para romper el silencio – él es muy fuerte, se va a recuperar, ya lo verás.
Song se puso de pie, creía que lo mas prudente sería dejarla sola. Antes de comenzar a bajar las escaleras hacia la cocina se detuvo y puso la mirada sobre la maestra arrodillada a un lado de la cama. Ver todo lo que había causado con su llegada la hacia cuestionarse que tan útil realmente había sido su ayuda. Por alguna razón le infundía ternura ver a la maestra Tigresa, que era conocida por su rudeza y la intensidad de su presencia, tan preocupada por Po. Se daba cuenta de que había cometido un gran error, había complicado mucho mas las cosas para los dos guerreros del palacio de jade.
-Tigresa – habló Song con voz suave – si te sirve de algo, se podría decir que desde el principio Po me confesó lo que sentía por ti.
La dura maestra, por primera vez, miró sobre su hombro a la amiga de Po.
-Siempre que contábamos historias de nuestras aventuras – decía Song con gracia – él no paraba de hablar de cada misión o apuro en que se había metido contigo. Siempre habla de lo "barbara" que eres. Te quiere en verdad, mucho más que a mí – esto ultimo lo dijo casi para sí misma.
Sin ya nada que decir la leoparda de las nieves se retiró de ahí, dejando a Tigresa sola.
Sintiendo que sus brazos se quedaban sin fuerzas, Tigresa no pudo permanecer apoyada en la orilla de la cama, como si su cuerpo pesara una tonelada. La única razón por la que no se desplomó sobre el piso fue que para su suerte cerca había algunas repisas clavadas en la pared, donde Po colocaba todas su baratijas. Su espalda quedó recargada sobre los estantes de madera y de ahí ya no fue capaz de levantarse. En ese momento deseaba tener la misma falta de sentimientos que en su antigua vida, en ese tiempo antes de que fuera revelada la identidad del Guerrero Dragón, cuando todo lo que debía hacer era atrapar a los villanos del valle y entrenar. ¿Acaso hubiera sido mejor el no haber conocido a Po?, seguramente él pensara igual respecto a ella. Se sentía una tonta por no haber notado antes lo que el panda trataba de darle a entender, ¿Pero que debía hacer ahora? No existía una verdadera respuesta. De nuevo sus ojos la traicionaron y empezaron a lagrimear sin cesar. Jamás en su vida había llorado tanto, se preguntaba si alguna a vez recobraría el auto respeto que solía tener, por que en esos momentos, era su propia persona lo que mas odiaba.
Suficiente era con no poder retener las lágrimas, ahora un nudo en la garganta la asfixiaba y la orillaba de a poco a llegar a otro nivel de vulnerabilidad. Sabía que si se entregaba a los sollozos de nuevo ya no podría parar. Lo único que se le ocurrió para desahogarse fue estrellar su puño contra la madera en la que se apoyaba. El estante detrás suyo se cuarteó, pero sorprendentemente no se vino abajo. En lugar de eso una lluvia de muñequitos y cosas inservibles cayó sobre ella. Entre sus ojos húmedos logró ver algo que había aterrizado entre sus piernas. Tigresa luchaba por tranquilizarse para pensar claro, así que empezó a nivelar su respiración. Ya habiéndose relajado un poco levantó el juguete frente a ella, era nada más ni nada menos que la figura de Po. Ver una miniatura de su amigo entre sus manos y con su postura de combate típica le hacía sonreír, se olvidó por un momento de que se encontraba llorando. Pero algo más llamó su atención en el piso, un pequeño trozo de algo parecido al mármol. Algo tan insignificante le hubiera dado igual a cualquiera, incluso pudo haber supuesto que era un trozo de la pared dañada por el golpe que acababa de darle a la repisa. Pero en realidad no lo era y, de hecho, a Tigresa le parecía familiar. Lo había visto en otro lado. Examinando la pequeña piedra más de cerca lo supo, era una parte de la loza que cubría el patio del salón de entrenamiento. Una corazonada le decía que ese pedazo de basura pertenecía a la colección de Po. Recordaba la primera vez que él había entrenado con ella y los demás furiosos. Ella había hecho un split y destrozado dos losetas en pleno vuelo, por orden de su maestro. Todo con el propósito de hacer sentir menos al panda recién llegado. Pero en lugar de sentirse humillado se había impresionado de verdad. Tanto que había tratado de guardar esa misma astilla del piso como recuerdo, para su mala suerte el maestro Shifu no lo apreciaba precisamente en aquel momento. Asía que lo había obligado a tirarla.
-Después de todo sí la conservaste – susurró ella, recordando la cara de Po al verla elevarse en el aire.
Tigresa se perdió por varios momentos en recuerdos parecidos, donde Po inconscientemente le demostraba lo mucho que la admiraba. Un color rojo resplandeciente atrajo su mirada un poco después. A su lado había dos objetos que reconocía fácilmente. Uno de ellos era la flor que el panda había intentado regalarle apenas un rato antes, y que ella había despreciado. El otro era un obsequio un poco mas simbólico, uno que ella en un principio se había sentido alegre de recibir, era el rollo del dragón. Considerando la situación en la que se encontraba y lo perdida que estaba su mente, algo le decía que no era un coincidencia hallar el pergamino ahí. Lo que más necesitaba era un poco de iluminación del universo. Po le había dicho que si se volvía a sentir sola o confundida debía abrir el rollo. Pues jamás se había sentido tan rota como en ese momento, la respuesta parecía bastante lógica. Con las manos temblorosas y las piernas entumecidas intentaba retirar lentamente el tapón verde que resguardaba el secreto del poder ilimitado. Tigresa tenía el rollo extendido pero no se atrevía a mirarlo, por alguna razón le causaba un poco de miedo lo que vería. No comprendía lo que le pasaba, ella bien sabía que tan solo era un pedazo de papel en blanco. "Vamos Tigresa, tienes que controlarte" se daba alientos para mirar. Sin evitar entrecerrar los párpados un poco bajó la vista y el resplandor dorado del rollo iluminó su rostro.
-Esto... no esta en blanco.
Había esperado encontrarse tan solo con su propio reflejo y hallar la iluminación del universo, tal como Po le contó que le había pasado a él, pero no fue así. En el lienzo, que por tantos cientos de años había permanecido intacto, ahora había garabatos hechos con la misma tinta con la que se escribían los mensajes. Pero no era un mensaje lo que había ahí. Tigresa se sorprendió. A pesar de los muchos trazos sobre la reflectante superficie de la hoja se podía distinguir perfectamente su imagen. Pero por alguna razón la felina que veía sonreía de un modo que ella casi nunca hacía. De hecho, le parecía que esta se veía más bella que ella misma. La razón era que lo que veía no era un reflejo, sino un retrato. Alguien había plasmado con increíble detalle cada una de sus expresiones y los contornos de su rostro, incluso encajaban perfectamente con su verdadero reflejo. En la esquina inferior del dibujo se podía apreciar claramente la firma de Po. Hasta ahora ella había pensado que de entre sus compañeros Grulla era el único con verdadero talento para dibujar, pero se había equivocado. No le resultaba difícil creerlo, después de todo las figuras de acción que el mismo Po había hecho demostraban que tenia otros talentos además del kung fu y la cocina.
Por algún extraño motivo empezaba a recobrar la serenidad y su carácter. No podía dejar de ver la hoja dorada, en su mente y en su corazón pasaba algo mientras observaba el regalo de su amigo, le parecía que le pasaba algo similar a la revelación que Po había tenido. Unos momentos después guardó el rollo y lo dejó en la repisa. No se dio cuenta de cuando se había puesto de pie, de cuando las ganas de llorar se habían ido. El legendario objeto no le había dado una respuesta clara, jamás le había indicado precisamente lo que debía hacer. Pero eso no importaba, por que ella ya lo sabía. Aún con el pelaje de sus mejillas húmedo se plantó firme y con una leve sonrisa frente a la cama, ocultando su cara de la luz plateada que entraba por la ventana.
-No tengo excusas para rendirme.
Tigresa se inclinó y con cariño besó la frente del panda, sabía que ese gesto no ayudaría a Po, ni siquiera lo notaria. Más bien lo había hecho para darse fuerza ella misma. Aunque le costaba abandonar el cuarto y al herido solo en él, sabía que su deber era solucionarlo todo. Lo que le había sido revelado en esa habitación no era un conocimiento o una técnica secreta para derrotar a Su. Al haber visto aquel regalo, por primera vez en su vida la maestra había conocido la sensación de ser amada por alguien, era algo que de algún modo la volvía mas fuerte de lo que era. Después de saber que significaba tanto para otra persona, no podía ver el rendirse como una opción, ya no iba a decepcionar a quien la quería otra vez.
Song se encontraba en la cocina del Señor Ping, rebuscando entre los ingredientes que el ganso guardaba. Había conseguido dar con varias hierbas y especias con algunas propiedades medicinales que podrían ayudar a Po. Estaba comenzando a preparar un remedio cuando Tigresa bajó por las escaleras sin mirarla y pasó de largo. Se dirigía a la salida del restaurante.
-¡Tigresa, espera! ¡¿A dónde vas?! - preguntó alcanzándola.
-Voy a detenerla.
-Espera, ¿De qué estás hablando? ¡Vuelve! - pero Tigresa aparentaba no escucharla y seguía avanzando, así que Song le cerró el paso - ¿Qué se supone que piensas hacer? ¿Vas a enfrentar al ejercito que esta ahí afuera tú sola?
-No, sólo a Su – contestó ella mientras la evadía. Song se le puso en frente de nuevo.
-¡Sólo escucha lo que dices! ¡Tu sola no la vencerás! - la leoparda pretendía hacerla entrar en razón – ese guante vuelve a quien lo usa mas fuerte que cualquiera, ni siquiera Po pudo con ella. Ahora que tiene el martillo no tendrás ninguna oportunidad – Además Po está herido, ¿Piensas dejarlo?
La maestra se sentía mal al escuchar eso. Deseaba más que nada permanecer al lado de su amigo, esperar a que despertara y abrazarlo con fuerza. Pero su deber le dictaba otra cosa. Sentía que tenía una deuda con el valle entero y con el mismo Guerrero Dragón.
-Tengo que hacerlo.. - Tigresa cerró los ojos y preparó sus palabras – y necesito que me ayudes, necesito que cuides a Po. Me duele dejarlo, pero no tengo otra opción. Alguien debe detener a Su. Al menos tengo que intentarlo.
-No, no tiene caso que vallas, ¡Te matarán! - Tigresa sujetó con confianza el antebrazo de Song, como si ella se tratara de una amiga.
-Se que no dejarás que nada le pase. Créeme, sé lo que hago – al ver que la otra felina estaba a punto de reprochar se apartó del sitio y abandonó el restaurante.
Una confundida Song se quedó parada entre mesas y sillas, pensando por un lado que debía pararla, pero por otro que no debía dejar solo al panda. "¿Qué hago?"
Y bien, he aquí otro capitulo, bastante corto de nuevo. Me gustaría decir que es así por el poco tiempo para escribir, pero también tiene que ver con que se me hace un poco difícil ir aproximándome al final de la historia.
Espero que este capitulo halla gustado a todos. Creo que mientras para algunos era muy obvio que algo así iba a pasar, a otros los confundí bastante, sería mentira si dijera que en parte esa no era mi intención. Sólo espero que nadie halla tomado algo de rencor contra el buen Po, ni contra Song. Desde que se me ocurrió esta historia quise llegar a este punto, por eso no Puse la típica leyenda "PoxTi" en la descripción. Si logré engañar tan sólo a uno de ustedes, aunque halla sido por un momento, me doy por bien servido.
Les pido mes dejen sus comentarios, sus quejas, lo que sea. Quiero saber qué les ha parecido lo que ha pasado. No se cuándo publique la siguiente parte, aunque no creo que tarde mucho. Como sea, agradezco a los que siguen leyendo.
Gracias por leer - se despide nrobert921
