Aviso: Habrán algunas escenas de sexo explícito, pero NO vulgar, así como también algunas palabras altisonantes en momentos requeridos durante la trama, pero NO serán frecuentes, si entiendes que esto es un inconveniente para ti, tienes la libertad de abandonar la lectura cuando gustes.


Inocente

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 10


A Terry se le cayó el mundo en pedazos. Se había bajado el telón y tras tanto orgullo, tanto supuesto odio, estaba perdiendo lo que más amaba entonces. No podía hablar, no sabía qué decir y mucho menos mentir.

—Candy, lo siento, no sé cómo explicarte cómo pasó todo, pero déjame que por lo menos lo intente...

—Jack Smith...—Se rió con ironía.— Nada de esto fue casualidad, ¿verdad?

—Siéntate, por favor voy a decirte toda la verdad...

—¡Yo ya sé la verdad! ¡Sé quien eres y lo que te hicieron!

—¿Lo sabes?

—Conozco la historia, pero evidentemente no conocía al personaje principal... Terry... ¡Terrence Grandchester!

Las lágrimas caían al igual que el muro de su orgullo y su dignidad. Oche meses viviendo en una mentira, en una sátira.

—Tú supiste quien era yo desde el principio... todas las veces que nos cruzamos no... no fue casual. ¡Planificaste todo esto!

—No lo niego...—admitió.

—Sería el colmo del cinismo...

—Pero eso fue al principio, Candy. Al principio no te conocía, eras una Andrew más y mi único objetivo era destruirte...

—¿Destruirme? ¡Misión cumplida! Felicidades...— Aplaudió con sarcasmo.

—No hay nada de grato en esto, Candy. Yo te amo. En eso no te he mentido, ¡te lo juro!

—¡Cuánto debiste haberte reído! Se te hizo todo tan fácil... nunca sentiste nada, me hacías el amor sin sentir nada, yo me entregaba y tú te reías...

—No, no... eso jamás fue así...— se le acercó para abrazarla, recibiendo un empujón en respuesta.

—Terry... ¿ella es la hija de...?— Eleanor por fin se atrevió a hablar, comprendiéndolo todo.

—Mamá, déjanos solos.

—Pero... ¿cómo pudiste?

—¡Déjanos solos, mamá!

Eleanor dio un repingo y se retiró. A Candy le faltaba el aire. Quería salir de ahí cuanto antes, pero su cuerpo no respondía, le faltaban las energías, deseaba estar soñando.

—Mi sed de justicia me cegó, Candy.

—¿Justicia? Tienes un extraño concepto de esa palabra, Jack... Terrence. ¿Yo qué te hice?— Más que rabia, en sus ojos había un dolor grande y profundo. Una decepción enorme que le estaba rompiendo el corazón a Terry.

—Tú no me hiciste nada, yo estaba ciego y sólo deseaba verlos a todos caer, quería hacerlos pagar por lo que me hicieron a mí y a mi familia, pero me enamoré de ti, te lo juro por Dios, por favor, créeme.

Consiguió abrazarla, pero ella no correspondía. Él la había llenado de mentiras, ella había amado a un personaje ficticio, al hombre que tenía delante no lo conocía, sin embargo lo amaba, pero la había traicionado y el orgullo herido estaba pesando más que el amor.

—No estoy molesta porque te hayas vengado, no estoy molesta porque mis hermanos estén pagando por lo que te hicieron, ya Anthony me lo contó...

—Entonces... si ya lo sabes, ¿tengo una oportunidad de que me perdones a pesar de todo?— La soltó de su abrazo, pues no consiguió que ella correspondiera, su frío le estaba llegando hasta los huesos.

—Lo que me duele es lo que me hiciste a mí. Las mentiras, tus verdaderas intenciones... Albert te quitó a Susana y tú le devolviste el favor conmigo...

A esa conclusión llegó con tal amargura que quemaba. Susana y ella habían compartido el mismo hombre. Terry amaba a Susana, tal vez la amaba todavía... tal vez... mientras le hacía el amor pensaba en ella. Quería vomitar de sólo pensarlo.

—Todo eso fue antes de enamorarme, yo me arrepentí desde... desde que te besé, ¿recuerdas la primera vez que te besé?— Le acarició la cara un momento.

—No.— Le mintió y lo miró a los ojos, eso le dio coraje a él.

—¿Recuerdas lo que me prometiste?

—Yo a ti no te he prometido nada.— Su gesto era altivo y las lágrimas habían cesado, no estaba mostrando ninguna sensibilidad, tampoco compasión.

—Me prometiste que te quedarías conmigo sin importar lo que...

—Eso se lo prometí a Jack Smith y lamentablemente, él no existe, así que no hay promesa.— Se dirigió a la puerta.

Cuando Candy abrió la puerta, ya para salir, Terry se la cerró de un portazo y la retuvo.

—¡No te dejaré ir!

—¡Suéltame!— Lo empujó y lo arañó.

—Eres mía. Quieras o no.

La besó a la fuerza y por un momento, porque lo amaba desgraciadamente y sin remedio, se dejó llevar, era la última vez que lo vería y ese sería el último beso, sólo pero eso lo permitió, sentir su cuerpo caliente una vez más y sus labios destrozando los suyos.

—¡Yo no soy de nadie!— Lo empujó lejos de ella otra vez, pero en esa ocasión no pudo evitar las lágrimas, a pesar de su gesto altivo.

—Candy, ya no sé que más hacer o decirte para que me creas que te amo. Eres... eres lo único bueno que había en tu familia, eres lo único hermoso en mi vida, tú me cambiaste...

—¡No te creo! Fue fácil engañarme una vez y espero... que te hayas divertido mucho, porque nunca más, "Terry", nunca más...— Decía en pausa, su mirada endurecida y cada vez se alejaba más de él.

—¿Si te hubiera dicho la verdad antes, hubieras estado conmigo?— La enfrentó con esa perspectiva.

—Ni siquiera lo hubiera considerado. Pero eso sí, ahora mismo no te estaría odiando...— reconoció con dolor, con ese atasco doloroso en la garganta.

—Candy, puedo arreglarlo, puedo demostrarte...

—Es tarde para eso. Saborea tu venganza.

De nada valieron los intentos, ni siquiera la fuerza con la que intentó retenerla varias veces. Porque la defensa de ella no estaba en su fuerza física, estaba en esos ojos que lo miraban sin calor, llenos de rencor, sin duda, jamás lo mirarían como antes y ese fue el precio de su venganza. Ella salió de su vida.

...

Candy se encontró a un Albert que había envejecido en pocos días, la barba crecida, los ojos llorosos e hinchados, la sombra de un hombre y dolía. A pesar de todas las mentiras, de todo lo que se había enterado, simplemente no podía odiarlo, lejos de eso, lo abrazó.

—Candy...— Lloró como un niño en sus brazos.— Lo siento mucho.

—Albert, yo también lo siento, no te imaginas cuanto...

—Siéntate...— Le sacó una silla y juntos se sentaron en el área de visita.

—¿Y Neil?

—A él no le ha ido muy bien aquí, Candy... está en la enfermería.

—Sólo quiero preguntarte algo, Albert... ¿por qué?

—Por el dinero, Candy. El poder... el dinero no es amigo de nadie.

—¿Y valió la pena, Al? Mandaste a la cárcel a un hombre inocente...

—¿Cómo suspiste tú...?

—Lo sé todo, ya no tiene caso que me mientas. Nos quedamos sin nada... ¿te has preguntado qué pasará con tu hijo y tu esposa? Mientras hacías tus cosas, ¿pensaste en nosotros? ¿En tu familia?

—Candy, no me reproches más...

—¿Se te ocurrió alguna vez que Terrence querría vengarse?

—Lo subestimé... ¡maldito!

—Le quitaste a su esposa... le quitaste todo...

—¿Y a ti por qué te afecta tanto lo que pase con ese imbécil?

—Porque ese imbécil... hizo conmigo lo mismo que tú con Susana.— Dijo con rabia y gruesas lágrimas.

—¿De qué estás hablando, Candy?

Jack Smith... Así dijo que se llamaba. Me arrastró a su vida, a su sed de venganza y a su cama...

—¡Ese hijo de perra te...!

—Te devolvió el favor con creces...

...

—Señor, los Cornwell están aquí para...

—Te dije que no quiero recibir a nadie, George.

—Pero es la tercera vez que vienen y...

—¡Que no quiero ver a nadie! ¡Maldita sea!— Terry arrojó la botella de ron contra la pared, haciéndola pedazos.

Así llevaba dos semanas. Su mundo estaba a la deriva. Había ganado mucho, tenía mucho dinero, había recuperado la compañía y los desgraciados Andrew estaban pagando, pero había perdido lo más grande que había conocido. Descubrió que la victoria tenía un sabor amargo y que la venganza estaba sobrevalorada. No hallaba en ella contentamiento ni satisfacción.

Lo que él quería en ese momento era volver a verla, besarla, abrigarla en sus brazos y protegerla. Sabía que había quedado en la ruina. Sabía que esa pobre niña no iba a poder enfrartarse a un mundo que no conocía... el tenía en sus manos la forma de darle el mundo, pero ella lo odiaba.

—¡Aarrggg!— Dio un puñetazo al espejo en que se miraba, cortándose los nudillos con los cristales rotos.

La extrañaba. La veía en todas partes. Candy desafiándolo, peleando de vuelta siempre. Candy sentada en su regazo, contándole cómo estuvo su día. Candy cantando alguna canción pegajosa de la radio, Candy doblegándole la voluntad, haciéndolo complacerla en todos los caprichos...

—¡Ya está! Pásame el otro.— Él la había cargado sobre sus hombros y ella guardaba los vasos limpios en los gabinetes altos. Y cosas como esas, puros caprichos y tonterías habían sido su vida juntos.

—Quería verme sexy, pero... me sobra tela para los pechos...— Expresó frustrada la primera vez que quiso sorprenderlo con una babydoll.

Él se había enamorado de esa inocencia, de lo pura y dulcemente cruel que ella podía ser. Ella había traído luz a su vida, le había devuelto la juventud y la alegría. Tal vez debió haberla dejado fuera...

—¡Maldita la hora en que te conocí, Candy Andrew!

...

—Susana, soy yo, Candy...

—Adelante.— Respondió Susana con sequedad. Estaba en la cama, no salía de ahí. Ella misma había envejecido diez años en pocos meses, sus ojos no tenían luz y su pelo había perdido el brillo.

—Susana... ya nos llegó el aviso para embargar la casa, necesito saber... si tienes a algún familiar... ¿alguien a donde puedas irte y te cuiden...?

—¡Claro! ¿Quién quiere lidiar ahora con una lisiada?

—Lo lamento mucho, ya no tenemos nada...

—Sí... Se lo debemos a Terry Grandchester, ¡a tu Jack!— Le gritó.

Candy la miró con rencor y salió de la habitación. Se sentía enferma de todo. La mentira que había vivido con Terry, estaba en depresión. Se encerró por última vez en la que ya no sería más su habitación.

—¡Maldito Jack! Terry o como te llames... ¡Te odio!— Gritó.

Pero a la vez, iba recordando sus caricias, sus besos. Una película de todo lo vivido.

—Te llamé varias veces, pensé que te había pasado algo... ¿por qué no me contestaste?— Le preguntó Terry luego del beso cuando llegó a su apartamento. El diablillo de Candy se posó en su hombro.

—Lo siento, mi amor... ya sabes, Tom invitándome a comer helados a último momento...— Lo miró con malicia esperando la reacción que no tardó en llegar, la apartó de sus brazos.

—¿Llegaste tarde porque estabas con el idiota ese?— La enfrentó con sus ojos de fuego y su agarre violento.

—Sí... sólo fue un helado y un paseo...

—¡Y una mierda! Puedes decirle a ese imbécil que vaya a invitar a su maldita...

—Mmmm... enójate un poquito más, por favor...— le pidió mordiéndose los labios.

—Candy... ¿montaste todo esto a propósito?— Le tomó fuerte el mentón y sus ojitos morbosos sonreían.

—Sí...— Se relamió los labios.

—No tiene ni puta gracia.

—¿No? ¿Seguro?— Ya jadeaba. Porque así mismo, de pie, la tomó y la hizo suya como tantas veces.

Y el triste desenlace dolía. Era difícil, ya dos semanas cumplidas del engaño, vivir sin él. Porque él se había vuelto todo su mundo, su vida entera, no pensaba en otra cosa a cada hora y minuto del día.

Y sin duda, Terry la había arruinado para los "hombres buenos" y sobretodo para los jóvenes de su edad. A esos los trataba de lejos. Toda su vida había estado prácticamente entre adultos, entre hombres mayores, como sus hermanos y para colmo, el hombre que la marcó... doce años mayor. Experimentado, diestro, conocedor de los puntos exactos del delirio y el placer. Con la habilidad perfecta para hacerla subir y caer.

...

—Ya arreglé todo con la tía Elroy, Candy. Dijo que está encantada de recibirte.

—Pero Tony, yo quería irme contigo...

—Lo sé, linda, pero ella te puede ofrecer mejores cosas, estarás más cómoda ahí.— Le acarició la cara.

Ya tenían sus maletas hechas y le decían adiós a esa casa en la que habían vivido toda la vida, en la que habían tantos recuerdos dulces y amargos. En medio de todo, el inocente bebé reía en los brazos de Candy.

—¿Y qué va a pasar con William?

—Susana me cedió la custodia; Brenda y yo lo criaremos.

—Lo voy a extrañar tanto...

—Y él a ti.

—¿Y Susana... ella a dónde irá?

—No tengo idea, Susana... está en otro mundo...

Y esa misma noche, Candy llegó a Chicago. Fue recibida con un abrazo caluroso de una mujer mayor que ella ya no recordaba.

—¡Mi niña! Estás igual que siempre, la misma carita de pillina.

—Hola, tía Elroy...

—Cuando eras pequeña me llamabas "tía Roy Roy".

—Jajaja. No lo recuerdo.

—Pasa, linda.

Candy pasó a la casa, no era una mansión, pero era grande y amplia, muy linda, muy bien decorada y limpia. Elroy era la hermana de su madre, Rosemary. Habían fotos familiares por todas partes, Candy no pudo evitar detenerse a mirarlas.

—Mamá, ¿has visto mi camisa negra, la que tiene...?— Un hombre joven, de unos veinticinco años apareció de pronto en jeans, descalzo y sin camisa, mostrando en su abdomen uno kilos de más, nada sexy.

—Debe estar en el canasto de la ropa que recién lavé. John, ¿recuerdas a Candy?

—¡Claro! Sólo que la última vez que la vi no estaba así de... guapa.— Dijo mirándola de arriba abajo, ella sonrió incómoda.

—Cariño, ¿podrías subir las maletas de Candy y mostrarle su habitación?

—Por supuesto.

Candy lo siguió escaleras arriba. Le hacía gracia ver su grasa corporal moviéndose como gelatina mientras subía cada escalón.

—Es el cuarto más pequeño, pero es fresco.

—Se ve acogedor...— comentó ella mientras lo miraba de reojo, el pelo rubio y ondulado como el suyo, desaliñado y a pesar de la adultez, aún tenía rastros de acné, no era muy alto que se dijera.

—Y la cama es muy cómoda...— Sonrió con sus dientes torcidos y alguna presencia de sarro, sentándose en la cama con toda confianza, como si fuesen los primos del alma.

—John... no quiero ser grosera, pero... estoy un poco cansada del viaje y me gustaría...— señaló la cama.

—¡Claro!— Se puso de pie.— Si necesitas cualquier cosa, me avisas.

—Cuenta con ello...— Dijo Candy sarcástica y cerró la puerta cuando él se fue.

...

No había dormido nada bien. Había soñado muchas veces que dormía con Terry, hasta juró haberlo sentido en su cama, pero cuando despertaba, lo recordaba todo. Era un nuevo comienzo, una nueva vida... y algún día, un nuevo amor, porque iba a olvidarlo, iba a sacárselo del alma con las mismas fuerzas con que una vez lo dejó entrar.

—¡Candy!— Su tía la estaba despertando a las siete de la mañana, cuando a penas había retomado el sueño nuevamente.

—¿Eh?

—Ya es tarde. Necesito que me ayudes en la floristería.

—¿Floristería?— Preguntó aún con la modorra.

—¡Claro! De pequeña, cuando Rosy te traía te fascinaba ayudarme con las flores.

Y ahí estaba Candy una hora después. En la vida ordinaria que jamás imaginó.

—Cuidado con las espinas, linda.

Tenía ya todas las manos lastimadas por las espinas y a penas era el primer día. Sus zapatillas cubiertas de tierra y un delantal plástico, tenía que reirse para no llorar.

—Lo haces muy bien, eh.— John pasó cerca de ella, susurrándole aquello al oído y rozando su cuerpo a propósito. Dio un suspiro de hastío. Resignada a "su nueva vida".

Continuará...


¡Hola! Candy comienza una nueva vida y nosotras una nueva etapa de esta historia. Espero que estén bien. Chicas, la historia aún está en sus comienzos, es muy prematuro decir cuantos capítulos tendrá o si habrá epílogo, eso dependerá de la forma en que vaya fluyendo, se puede tener la idea, pero una vez se comienza a plasmar con el teclado es diferente... Y honestamente, no piensen en eso, terminará cuando tenga que terminar, sigan leyendo y disfrutando, que de torturarlas me encargo yo buajajajajajajaja. Nah, mentira, yo sería incapaz...

Comoaguaparachoc: Suena interesante esa idea, está en mis planes para historias futuras ;-)

Gracias por comentar:

Maride de Grand, Isabel, dany16, Becky7024, norma Rodriguez, jhaly baeza, Goshy, CONNY DE G, Zucastillo, comoaguaparachoc, Dylan Andry, maya, olgaliz, Jesby White, AngieArdley, Gina MC, Loca x Terry, luz rico, fran, thay, Azukrita, vianyv07, Maquig, Soadora, elisablue85, bettysuazo, LizCarter, Alheli, Dulce Lu, Dali, Yomar, Mako, myrslayer, Zafiro Azul Cielo 1313, Iris Adriana, ELI DIAZ, Claus mart, maria1972, Cassandra Andrew, Luisa, skarllet northman, Anieram, arely andley

Hasta pronto!

Wendy