¿Sólo amigos?

Cap. 10: Desilución.

-Andrew... este anillo... debió costarte una fortuna.- Dijo Makoto, evadiendo a la propuesta de matrimonio de su novio.- ¿Por qué gastaste en ésto?

Andrew llevó una de sus manos al rostro de Makoto, acariciándola tiernamente; en verdad que aquel anillo le había costado una fortuna, pero no había encontrado alguno que le gustara más que ése para su adorable novia. Desde hacía un mes, se la había pasado visitando joyerías en búsqueda del anillo ideal para Makoto; innumerables catálogos habían pasado por sus manos, sin obtener éxito alguno, hasta que entonces, charlando por Facebook con Cosette, una de sus primas inglesas por parte de madre, y que ahora radicaba en Paris, le informó sobre una renombrada joyería en la capital de la moda. Tras pasarle los links, Andrew estuvo por horas mirando uno y otro diseño, no quería la típica argolla con el diamante incrustado que la mayoría de los novios suelen regalar a sus futuras esposas, ni tampoco un diseño exagerado; quería por el contrario, algo único, hermoso, que encajara perfecto con la sencillez y personalidad de su novia; así, mirando un diseño y otro, pidió que fuera una argolla de oro, el cual tuviera un pequeño diamante y que en su centro tuviera un zafiro rosado en forma de rosa; tal joya, había sido algo costosa, pues aunque sus ingresos eran muy buenos, aún le faltaba pagar la mitad de dicha compra para el siguiente mes en su tarjeta de crédito; pero por Mako, bien valía la pena.

-Quería algo especial para mi futura esposa.- Respondió Andrew.

-Pero... no debiste Andrew... honestamente mereces que te golpeé... el dinero que invertiste en comprar ésto bien pudiste utilizarlo en ese proyecto de abrir una nueva sucursal de la cafetería.- Dijo Makoto.- ¿Se puede devolver?

Andrew tomó sus manos, besándole el dorso.

-Por favor, acéptalo y no me pidas devolverlo o me harás sentir muy mal... me harás creer que no te gusta.

-¡No es así!- Exclamó Makoto.- Me encanta... es precioso, pero no me gusta que gastes tanto.

Makoto llevó sus manos al rostro masculino, atrapando los labios de Andrew en un beso, le encantaba el sabor de los labios de Andrew entremezclando con el alcohol que había tomado, y eso, aunado a la sensación que le provocaban sus brazos estrechándola era simplemente erótico y perfecto.

-¡Hagámonos ahora!- Pidió Makoto.

Entre beso y beso comenzaron a desnudarse, hasta que la ropa dejó de ser un estorbo para satisfacer su necesidad de sentir el roce de piel contra piel. Entre los brazos de Andrew, Makoto se relajó, olvidándose de sus preocupaciones, mientras que él, como siempre, la dejó agotada y satisfecha, arrastrándolos al orgasmo hasta que entonces ella se desplomó sobre su cuerpo y él la recibió entre sus brazos.

Al pasar de los minutos, y tras recuperar el aliento, Makoto se tumbó a un lado de Andrew, apoyando su cabeza en el torso desnudo de él, mientras con sus dedos delineaba el húmedo y perfecto abdomen de su novio; le encantaba el ambiente a su alrededor después de hacer el amor, el olor del perfume de Andrew entremezclándose con su olor natural que le parecía tan erótico, el roce de piel contra piel y que él la abrazara hasta que uno de los dos se quedara dormido; sin embargo, esa noche, aunque los dos habían quedado agotados, no tenían sueño, entonces se estremeció al sentir la mirada de él recorriéndola, provocando que sus mejillas se ruborizaran.

-Ojalá nunca dejes de ruborizarte cuando te miro.- Dijo Andrew tomando un mechón del cabello de ella y llevándolo a su nariz para aspirar su olor. Le encantaba enredar sus dedos en el ondulado y largo cabello de Makoto y aquel shampoo con olor a rosas que siempre usaba.- ¿Sabes?... Siempre has sido bonita... pero creo que últimamente te encuentro más bella.

Makoto sonrió ante el comentario de Andrew.

-Mentiroso... estoy igual.

-Es en serio.- Dijo Andrew.- Tienes un brillo especial en los ojos... mejor dímelo tú... ¿Te hiciste algo?... Porque de verdad te encuentro más hermosa.

Makoto arqueó una de sus cejas. En realidad no se había hecho algo nuevo.

-Creo que estás teniendo problemas de vista porque en verdad soy la misma.

Andrew la rodeó en un abrazo hasta que entonces ambos se quedaron dormidos.

-0-0-0-

Makoto despertó dándose cuenta de que estaba en la cama de Andrew y no sobre los cojines en la sala, que era donde la noche anterior se había quedado dormida. Suponía que en algún momento él la había llevado hasta ahí, aunque no lo recordaba. El estómago le gruñó exigiendo comida, así que se puso de pie y caminó hasta el guardarropa, sacando un camisón de seda en color rosado que Andrew le había regalado hace un par de semanas y se vistió con dicha prenda; estaba por abandonar la recamara para ir a darle los buenos días a Andrew y prepararle algo de desayunar, pero entonces, la puerta se abrió y lo miró entrando, vestido con el pantalón negro que usaba por pijama, el torso desnudo, y por supuesto, cargando una charola plateada en la cual estaban dos tazas de algo que debía ser café y un exquisito pie de queso con cereza.

-Mako, no pensé que estuvieras despierta.- Sonrió Andrew.

-¡Qué delicioso!- Exclamó Makoto al ver el suculento pie.

Andrew esbozó una sonrisa.

-Ya lo sé, yo siempre.- Dijo Motoki, con su mirada chispeante de travesura.

-Me refería a la tarta.- Esbozó Makoto una risita burlona.- Tú eres violable.

-No tienes remedio.- Dijo Andrew.- Comamos, anda, últimamente casi no comes y te he visto muy decaída.

Ambos se sentaron en la cama, comenzando a disfrutar del exquisito sabor del café de olla con crema de vainilla francesa y el delicioso pie; sin embargo, Makoto no había comido gran cosa cuando de nuevo uno de los malestares matutinos le echó a perder la mañana, así que rápidamente se puso de pie y salió corriendo de la habitación. Andrew dejó la cucharilla sobre el plato y se puso de pie, salió de la habitación y entonces llegó al baño que estaba cerrado.

-Mako... ¿Estás bien?

-Sí.- Respondió Makoto desde adentro.

-0-0-0-

Después de lavarse la cara y los dientes, Makoto salió del baño, encontrándose con Andrew que estaba recargado en la pared, con una expresión de seriedad y mirándola preocupado.

-¿Te sientes mejor?

-Sí.- Contestó ella.

-No lo creo.- Respondió Andrew.- Estás muy pálida... ¿No debías haber tenido ya tu período?

-No.- Mintió Makoto.- Bueno... en estos días debe de llegarme... y ya sabes, en esos días tengo nauseas, dolor de cabeza... de hecho estoy sintiendo cólicos.- Volvió a mentir.

Andrew esbozó una sonrisa, se acercó a ella y le acarició tiernamente una mejilla.

-Entonces acuéstate y descansa.- Dijo Andrew.- No sé porqué pero estaba seguro de que ya se te había pasado la fecha... creo que por un momento me emocioné pensando que tal vez pudiéramos tener una hermosa mini Mako.

Makoto esbozó una sonrisa. De pronto, al recordar su retraso menstrual volvió aquella preocupación, la incertidumbre por no saber que ocurría, la cabeza comenzó a dolerle.

-Pero bueno, eso podremos solucionarlo después de que nos casemos, o antes.- Volvió a hablar Andrew, pegando su cuerpo contra el de Makoto, que quedó recargada a la fría pared.- Ayer no me lo dijiste preciosa... ¿Cuándo nos casamos?... Tú escoge la fecha.

Makoto rió nerviosamente ante el comentario de Andrew.

-Mi amor, pero si ya lo hemos hablado y hemos coincidido en que ni a ti ni a mí nos gustan los eventos con muchos invitados.- Dijo Makoto.- Además... no quiero tener que lidiar con mis padres... ¿Te imaginas eso?... Mi madre me condicionaría a que no vayan mi padre ni su esposa; y mi padre nunca quiere estar en el mismo lugar que mi madre para evitar problemas con Chiharu... y...

-Eso es cierto.- La interrumpió Andrew.- Pero puede ser como tú quieras... puede ser una ceremonia shinto o en cualquier ritual que quieras, la boda civil por supuesto será necesaria, podemos celebrarlo a solas o con nuestros íntimos amigos; y la luna de miel... o si quieres, simplemente podemos firmar el contrato matrimonial, yo sólo quiero que ya vivas conmigo, despertar cada día de mi vida a tu lado y tener muchos hijos.

-¿Y cuál es el motivo por el que me quieres viviendo contigo?- Preguntó Makoto.- La verdad que... me la paso prácticamente en tú departamento y... todo el día nos vemos en la cafetería... no hay mucha diferencia.

-Bueno... no veo porque habríamos de esperar más tiempo.- Dijo Andrew.- Tú me amas, yo te amo, hemos hablados de que queremos pasar nuestra vida juntos y formar una familia... ¿Por qué habríamos de esperar más?... Cierto que tenemos sólo cuatro meses de novios, pero nos conocemos de mucho tiempo atrás, sabemos cuales son nuestras virtudes, nuestros defectos, esta relación es mucho más que físico, el sexo es genial y económicamente no nos hará falta nada... tengo un buen trabajo, un negocio exitoso, así que no les haría falta ni a ti ni a nuestros hijos... Me encantaría tener una mini Mako pronto... aunque si es un niño tampoco me quejaría.

Cierto era que cualquier mujer debería estar pegando de gritos de felicidad ante la propuesta de Andrew, era atractivo, exótico por tener rasgos europeos, de buen porte, bueno en la cama y con estabilidad económica... ¿Qué más podría desear una mujer?... Makoto por supuesto lo adoraba, lo quería para siempre en su vida... pero... ¿Y sus proyectos personales?... Una vez estando casada y teniendo hijos tendría que decirle adiós a la disponibilidad que tenía de su tiempo, no podría disfrutar de aquella etapa de single lady sin hijos si se embarazaba pronto... ¡Tenía tan poco de haber egresado de la universidad!

-Andrew... te amo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida y no tengo dudas de lo que siento por ti.- Dijo Makoto.- Si te soy sincera... no creo que ocupemos un papel firmado para amarnos, la idea de vivir juntos me encanta... aunque tampoco quiero invadir tu privacidad.. digo, a veces te gusta verte con tus amigos y por mí no hay problema... pero lo que sí pienso es que... lo de los hijos tal vez podría esperar.. aún somos jóvenes.

Andrew arqueó una de sus cejas. No esperaba que Makoto quisiera posponer la maternidad, hablaban mucho de hijos y siempre coincidían en que querían tener 3 o 4.

-Bueno... No tiene que ser mañana mismo que quedes embarazada... puede ser en un año.

Makoto sintió como que no estuvieran hablando el mismo idioma. Sí, tenían los mismos planes a futuro, pero al parecer él lo miraba como un proyecto a muy corto plazo.

-Andrew... yo también quiero bebés... pero tenemos todo el tiempo del mundo para procrear... ¿No crees?... Tenemos tan poco de novios, a mí me encantaría que cuando contraigamos matrimonio esperemos un tiempo para tener hijos.. podemos hacer tantas cosas divertidas... como hacerlo en la sala, en la ducha, ir a donde nos plazca.

Andrew se le quedó mirando.

-¿Qué tanto tiempo te gustaría esperar?- Preguntó un poco decepcionado.

-Tres años... o cuatro.- Dijo Makoto; aunque en realidad deseaba esperar unos seis o siete.

Andrew tomó una bocanada de aire.

-¿Quieres que sea padre acercándome a los 40 años?

Makoto comenzó a reír nerviosamente. No esperaba que estuvieran en desacuerdo con algo tan serio.

-No seas exagerado, en 4 años estarás apenas por cumplir 34 años... incluso a esa edad todavía serás joven... los hombres no tienen porque preocuparse por el reloj biológico... incluso a los 36 o 37 años no estaría mal.

-No estarás hablando en serio.- Dijo Andrew con preocupación.

-Pero... ¿Por qué tienes tanta prisa?- Preguntó Makoto.- Hasta hace unos meses incluso te sentías muy bien con tu vida de chico soltero sin novia... y ahora me dices que ya quieres ser padre.

Andrew la tomó de las manos y le pidió que fueran a sentarse a uno de los sofá de la sala para charlarlo con calma.

-Veras... no te voy a negar que antes de comenzar una relación contigo no estaba seguro de querer entablar una relación formal con mujer alguna... después de Yuriko creí que no valía la pena involucrarse en una relación para terminar sufriendo...pero entonces tú llegaste a mí vida, acababa de salir de una relación tóxica igual que yo... comenzamos a salir juntos como amigos y no sé en que momento me enamoré de ti... después de Yuriko salí con algunas chicas sólo porque me atraían sexualmente... pero tú eres la mujer que quiero en mi vida, me encantas en todos los sentidos, la verdad muero de ganas por tener hijos, pero no con cualquier mujer, quiero que sea contigo... ¿No quieres tener hijos?

-Claro que quiero.- Respondió con total honestidad Makoto.- Y quiero que tú seas el padre, pero... ahora mismo quiero esperar... ¿Sabes?... Acabas de mencionar que tú te sientes satisfecho con tus éxitos profesionales y con tu negocio... y yo la verdad te admiro mucho por tus logros... sé que de eso podríamos vivir muy bien... pero también quiero tener mis propios éxitos... no quiero ser solamente la señora Furuhata... ¿Entiendes?

Andrew esbozó una sonrisa, comprendía que de alguna manera estaba siendo un poco egoísta, y por primera vez sintió que casi 7 años si marcaban una notoria diferencia entre ambos. Makoto tenía 23 años cumplidos hace 5 meses, acababa de terminar su carrera universitaria, y al hacer memoria, recordaba que a esa edad, él no pensaba en casarse, primero quería lograr crecer profesionalmente antes de dar el paso con Yuriko, y efectivamente, había tenido mucho éxito como docente y con aquella pequeña empresa que no hace mucho había fundado; por ese lado, podía bien comprender a Makoto, pero los planes de ella chocaban con los suyos, él, desde que estaba con Yuriko siempre había planeado que quería ser padre por primera vez entre los 28 y 30 años; no le faltaba más de una semana para completar tres décadas de vida, era el momento propicio tanto económica como emocionalmente, y Makoto era justo lo que quería y siempre quiso en la mujer que sería su esposa y la madre de sus hijos, ni siquiera Yuriko le había llenado tan plenamente, pero por desgracia, parecía ser que los planes de ella no iban a la par de los suyos.

-Te amo.- Susurró Makoto, acariciando su mejilla sobre la que pudo sentir la barba que como cada tercer día iba saliendo.- No quiero que esto cause problemas entre nosotros.

-Te comprendo.- Respondió Andrew.- Quizá no ahora... pero por favor... esperar tres o cuatro años para tener hijos me parece demasiado... ¿Qué tal en uno o dos?... Al menos prométeme que lo pensaras.

-Lo prometo.- Dijo Makoto entrelazando sus manos con las de él.

Dos semanas después…

Aquella mañana, Makoto se encontraba a solas en la cafetería con Jedite, pues regularmente a esas horas eran pocos clientes los que concurrían a la cafetería; y los que entraban, en su mayoría sólo pedían un café para ir bebiendo en el transcurso a su trabajo. En vista de que no había clientes, Makoto se sentó a un lado de Jedite frente a una mesa que estaba en medio de la cocina, escuchando sobre el nuevo interés amoroso de su amigo.

-¿Pero te gusta para pareja?- Preguntó Makoto.

-¡No!- Exclamó Jedite, sintiéndose casi ofendido.- ¡Es tan afeminado!... No sé porque me dejé besar, pero te juro que no se vuelve a repetir.

Makoto comenzó a reír ante las ocurrencias de su adorable amigo; bien podía notar en el sonrojo en las mejillas de Jedite, que aquel joven del que le hablaba, en efecto le hacía sentir algo; aunque fuera solamente un placer culposo.

-Dejemos de hablar de mí.- Dijo Jedite.- Mejor tú dime, querida...¿ sigue sin llegarte la menstruación?

De un momento a otro, la sonrisa desapareció del rostro de Makoto... ¿Por qué tenía que ser Jedite tan inoportuno como para recordarle sus preocupaciones?... ¿Por qué tenía que hacerle recordar lo que tanto le quitaba el sueño?

-No.- Contestó Makoto con pesar.- Y eso no es lo peor.

-No me parece que esperar un bebé del hombre que amas sea algo tan trágico.- Dijo Jedite.- Yo tengo muchas ganas de algún día ser padre… aunque supongo que tendré que adoptar o alquilar un vientre… porque no me imagino acostándome con una chica.

Makoto rió al ver la expresión de horror en el rostro de su amigo. Al menos, platicar con Jedite siempre le garantizaba una sonrisa, no importaba que estuviera volviéndose loca de preocupación o tristeza.

-Pero vamos, dime qué es eso que según tú es lo más triste.

Makoto tomó una bocanada de aire y prosiguió.

-Ayer cuando llegué a casa después de cerrar la cafetería, Okka-san me entregó un sobre cerrado.- Dijo Makoto.- Me pareció raro tener paquetería para mí porque ya tiene varios meses que no hago compras por internet… pero entonces me di cuenta de que el paquete procedía de París… ¿Adivinas de donde exactamente?

Jedite abrió la boca en forma de "o", y los ojos se le abrieron aún más al imaginarse que el anhelado sueño de Makoto, ese en el que se había empeñado por alcanzar hace varios meses, al fin se hiciera realidad. Parecía que al iniciar su noviazgo con Andrew, Makoto lo hubiera olvidado, incluso a ella le parecía algo inalcanzable; más no tanto a Jedite que sabía que cuando su amiga se empeñaba en algo, lo lograba.

-No me digas que de La Sorbonne de Paris.

-¡Sí!.- Contestó Makoto con una mezcla de emoción y tristeza.- ¿Te das cuenta?... Cuando solicité la beca no me pasó por la mente que me la darían, es el sueño de muchos y no todos lo alcanzan… ahora está aquí en mis manos pero… pero un bebé lo cambia todo.

-Bueno, Mako… pero no es el fin del mundo… además amas a Andrew, seguro terminarás amando a ese hermoso bebé que es del hombre que amas... siempre puedes estudiar aquí en Japón… TODAI es una excelente universidad.

-Pero no es lo mismo... es más que el simple hecho de querer estudiar una maestría.

-0-0-0-

Tras estacionar su auto, Andrew bajó y se dirigió a la cafetería, que pudo ver estaba sola, pero sabía estaba abierta desde temprano. Hacía tres días había partido rumbo a Osaka con el propósito de acudir a un congreso de docencia universitaria, pero el día de ayer, al enterarse de que ya los congresos habían terminado, decidió regresar a casa en vez de quedarse en dicha ciudad, como hicieron la mayoría de sus compañeros de trabajo que lo aprovecharían para turistear por la ciudad. Él bien habría podido darse también ese lujo, pero a diferencia de sus compañeros docentes, tenía también un negocio que atender y no le parecía justo cargarle la mano a Makoto. Entró, pues en la cafetería, percatándose de que la campanilla que colgaba de la puerta y avisaba cuando un cliente llegaba no servía, pues no timbró y nadie salió a recibirlo; siguió caminando, pero entonces al estar cerca de la puerta de la cocina que estaba entreabierta escuchó algo que lo dejó sorprendido.

-¿Y qué harás?- Era la voz de Jedite dirigiéndose a Makoto.- No creo que a Andrew le agrade la idea de que te hagas un aborto.

¿Un aborto?... ¡Un momento!... ¿Makoto esperaba un hijo suyo?... Sabía que tener un bebé no estaba en los planes de ella, pero si ya lo estaba, por supuesto que él no le permitiría hacerse un legrado.

-¡Nadie está hablando de abortar!- Exclamó Makoto.- Pero este hijo viene a tirar mis planes por la borda... no estoy emocionada, tú más que nadie sabes que no quiere tener hijos, no al menos hasta que tenga 30 años, tengo muchos planes antes de salir embarazada y un bebé será un impedimento para tenerlos.

-¿Quieres ser madre hasta que Andrew sea casi un cuarentón?

-Tampoco es como que esté tan viejo.- Dijo Makoto.- No sé que hacer si la prueba da positivo... entonces me volveré loca... El otro día, hablando con Andrew me planteó la idea de que nos casáramos y tuviéramos hijos pronto... tuve que decirle que me gustaría esperar uno o dos años para ser madre... pero tres años más aún me parece poco para seguir disfrutando de mi soltería... Nunca había valorado tanto como hoy ser una single lady.

Las palabras de Makoto fueron como una filosa daga encajándose una y otra vez en el corazón de Andrew: podía comprender que quizá sus planes no fueran a la par con los suyos, que tal vez ella tuviera sueños que cumplir en los que él estorbaba; y sí, le dolería mucho perderla por eso, seguiría ansiando hijos y una vida a su lado, pero bien podía comprender que quizá para ella no era aún su tiempo; sin embargo, lo que le molestaba y le causaba dolor era darse cuenta de que al parecer no le tenía la suficiente confianza como para decírselo así como se lo estaba diciendo a Jedite, que estuviera mintiéndole y dándole falsas esperanzas como una manera de no romperle el corazón o de retenerlo; y lo peor, que se hubiera callado que tal vez estuviera embarazada. Entonces decidió enfrentarla, abrió la puerta, provocando que se escuchara el insoportable ruido de las bisagras, y pudo ver como ambos se espantaban al verlo, como si frente a ellos estuviera un fantasma.

-¿Podrías quedarte a solas en la cafetería, Jedite?- Preguntó Andrew sin dejar de ver a Makoto.- Me parece que yo y mi novia tenemos algunas cosas de que hablar.

-Andrew.- Balbuceó Makoto, sintiéndose nerviosa.

-Vamos.- Le ordenó Andrew.

Makoto salió de la cafetería junto con Andrew, subieron al auto de él que estaba afuera, él entonces lo puso en marcha, hasta que llegaron a un laboratorio que se encontraba a 20 minutos.

-¿Estás embarazada?- Preguntó Andrew, rompiendo el incomodo silencio en que ambos habían estado durante el trayecto al laboratorio.

-No lo sé.- Contestó Makoto.- Tengo dos semanas de retraso.

Al ver el ceño fruncido en el rostro de Andrew, supo que estaba molesto.

-Éso se resuelve fácil.

Tan pronto como entraron en el laboratorio, Makoto pasó a la habitación seguida de un enfermero donde le harían la extracción de sangre. Andrew esperó afuera, pero no pasó mucho tiempo cuando escuchó que un enfermero le llamaba, diciéndole que su esposa (no pensaba aclararle que no lo era) se había desmayado, por lo que rápidamente pasó dentro del área restringida a pacientes y personal del lugar, donde Makoto se encontraba acostada en una camilla, totalmente pálida.

-¿Se siente mejor señora?- Preguntó el enfermero.- Aquí está su marido.

Makoto tenía la vista nublada, de manera no muy clara miraba al enfermero y a Andrew que estaba a su lado, sus voces las escuchaba como si estuvieran muy lejanas y el calor recorría su cuerpo; odiaba aquella sensación de vértigo, pero para ella ya era algo normal el hecho de desmayarse cada que le tomaban una muestra de sangre.

-Mi amor, aquí estoy contigo.- Dijo Andrew estrechando su mano.

Poco a poco, Makoto recuperó el color, se comenzó a sentir mejor y bebió de un bote de coca cola que la secretaria le trajo y que Andrew abrió para que tomara.

-Esto te ayudara.

-Gracias.

Cuando ya se sentía mejor, Andrew le ayudó a ponerse de pie, después salieron del laboratorio para ir a desayunar a un restaurante cercano, donde estuvieron por dos horas charlando. La expresión de molestia que Andrew tenía en su rostro cuando recién había llegado a la cafetería desapareció, y ahora no hacía más que planear la llegada de aquel bebé que le tenía tan emocionado, tratando de persuadiría de que no era tan malo que estuviera embarazada, y de que no sería ni la primera ni la última mujer que puede labrarse una vida exitosa aún siendo madre.

-Mako... sé que no es lo que esperabas... pero... no iras a abortar... ¿Verdad?

-Claro que no.- Contestó Makoto.- Jamás haría eso... pero tengo sueños, muchos Andrew... quiero seguir estudiando, tener una agencia exitosa, viajar contigo, poder salir también con mis amigas.

-Y eso no tiene porque cambiar.- Dijo Andrew.

Al pagar la cuenta, dos horas después, se dirigieron de nuevo al laboratorio, recibiendo los resultados. Makoto los abrió con manos temblorosas, Andrew ya no sabía si estar feliz o contento por cualquiera que fueran los resultados, y entonces, cuando la hoja estuvo frente a sus ojos mostrando los resultados, vieron resaltado en negritas la palabra "NEGATIVO".

Makoto quiso gritar de felicidad, pero miró por el rabillo de su ojo, que lo que para ella era digno de celebrarse, a Andrew le había desilusionado.

Ella se sentía viva y feliz de nuevo, sin un hijo de por medio, podía largarse en ese mismo momento a París o al fin del mundo. Nada la detendría, era su sueño e iría tras el. Andrew, por el contrario, pese a que trataba de no demostrarlo, estaba con mal estado ánimo. No se dijeron mucho, las palabras parecían ser incomodas entonces para ambos.

-¿Podemos ir al parque?

-Sí.- Contestó Andrew.

Al llegar al parque y bajar del auto, caminaron en silencio uno al lado del otro, sin tomarse de la mano, sin decirse nada; finalmente, se sentaron en una banca que se encontraba bajo el grueso tronco de un árbol y que estaba desocupada.

-Andrew, no te preocupes.- Dijo Makoto poniendo una de sus manos sobre una de las de él.- Verás que algún día tendremos muchos hijos... a mí me encantaría tener dos niños y una niña.

Andrew levantó su rostro encontrándose con los orbes esmeraldas de ella que tanto amaba.

-Mako... No quiero ser padre hasta que tenga casi 40 años.

-Andrew.- Susurró Makoto.- No será así... mira, es cierto que yo no contemplaba la maternidad como un plan a corto plazo hasta que tú me lo planteaste... no te voy a mentir, pero creo que en una relación de pareja también ambas partes deben de ceder un poco a veces... no quiero tener un bebé ahora mismo, pero tampoco te haré espera años para tener un hijo... ¿Qué te parece si fijamos la fecha para la boda?... Podemos casarnos en dos año y entonces comenzamos a buscar a nuestro pequeño Andrew... ¿Sí?... Me encantaría tener un lindo bebé con el color de tus ojos y tu cabello... ¿Apoco no será divino?

Andrew esbozó una sonrisa forzada; sonaba hermoso la manera en que Makoto decía las cosas, pero aún tenía presente lo que había escuchado cuando llegó a la cafetería, Makoto sólo le estaba dando largas; no quería tener hijos hasta dentro de uno años y por supuesto no parecía tenerle la suficiente confianza como para decírselo.

-Si al menos fueras sincera estaría encantado con tu propuesta.

Makoto se quedó sin habla al escuchar las palabras de Andrew; le dolieron, la hicieron sentir culpable y una mala novia; abrió la boca para responder algo, pero nada inteligente se le ocurrió.

-Pensé que tras mucho tiempo de conocernos y un noviazgo de cuatro meses ya me tenías la suficiente confianza como para decirme cuando te parece algo o cuando no es así.- Dijo Andrew.- Me desilusiona saber que confías mas en Jedite o en cualquier otra persona antes que en mí... y lo que es peor... saber que no sólo callas, sino que también me mientes como ahora, haciéndome creer que podríamos casarnos en dos años y tener hijos, cuando en realidad tu quieres tener tu vida de single lady de aquí a unos 7 años más.

-Perdon, Andrew... no quería hacerte sentir mal.- Dijo Makoto.- Pero ahora mismo estoy siendo honesta contigo... Mira, si me preguntas cuando quiero ser madre o cuando me parece el momento ideal, te contestaré que en uno años, si yo te lo pregunto a ti... me contestarás que ahora mismo... pero como te digo podemos llegar a un acuerdo... nos casamos en dos años cuando yo vuelva de Paris y...

-¿Qué tú qué?- La interrumpió Andrew.

Makoto se llevó la mano a la boca, pero ya era demasiado tarde, no podía retractarse de lo que había dicho. Por supuesto iba a decirle a Andrew sobre su próxima partida a París, sobre su beca para estudiar una maestría en La sorbonne, pero eso era hasta que no estuviera tan molesto; no antes.

Dándose cuenta, pues, de que no tenía caso ocultarle más sobre su beca, decidió tocar el tema de una vez.

-Hace poco más de cuatro meses, antes de que tú me pidieras ser tu novia, solicité una beca para ir a estudiar a La Sorbonnne de Paris.- Dijo Makoto.- El día de hoy por la mañana me llegó una carta de aceptación y me piden que esté en tres semanas allá.

En ese momento, para Andrew fue como si su relación con Makoto hubiera terminado. Si ella pensaba irse no iba a detenerla, ni a hacerle un berrinche para persuadirla; pero él no estaba dispuesto a tener una relación a distancia ni a esperarla.

-¿Te quieres ir?- Preguntó temiendo escuchar la respuesta.

-Sólo será por dos años.

-Pero Makoto... no es necesario que te vayas... puedes estudiar la maestría aquí En Tokio. TODAI es muy buena universidad.

-Lo sé.- Contestó Makoto.- Pero oportunidades como éstas no se presentan todos los días... ¿Sabes la cantidad de aspirantes a una beca que son rechazados?... Además, cuando aún no eramos novios yo te había dicho que uno de mis sueños era estudiar en el extranjero.

-Pero... ¿Y nuestra relación?- Preguntó Andrew.

Parecía que Andrew quisiera complicarle las cosas; así que ella tenía que ser optimista por los dos. No quería terminar con Andrew, pero tampoco quería renunciar a sus sueños.

-La distancia no tiene que ser un impedimento.- Sonrió Makoto, tratando de contagiarle su manera positiva de ver siempre la vida.- Confío en ti, tú confías en mí... Podemos platicar por Facebook, tener videoconferencias por Skype, hablarnos por teléfono... además... ¿Qué te hace pensar que en dos años no voy a regresar a Tokio?... En las periodos vacacionales o en días festivos continuos puedo venir a verte... al menos dos veces al año... y tú podrías ir a visitarme en la Golden week de los próximos dos años.

¡Qué hermoso podía sonar la manera en que Makoto decía las cosas!... Largarse de su vida como si nada, después de que había dejado la vida de soltero empedernido que tanto le gustaba y en la que había estado tan cómodo desde que cortó con su última ex novia, sucumbir ante el amor de una mujer una vez más en su vida, darle su confianza, su corazón, planear una vida a su lado... ¿Y todo para qué?... ¿Para qué cuando ella quisiera largarse como si nada?

¡Por supuesto que no iba a aceptarlo!... Estaba demasiado grandecito como para creer que las relaciones a distancia funcionaban, por mucho que pudiera verla y escucharla a través de una web cam, nada podría sustituir su presencia física, poder besarla, hacerle el amor, caminar tomados de la mano o simplemente contemplarla cuando dormía, cuando cocinaba o incluso cuando estaba haciendo nada.

-No tiene sentido.- Dijo Andrew.- Las relaciones a distancia no funcionan... puedo aceptar que aún no te quieras casar conmigo, ni tener hijos... entiendo que eres mucho más joven que yo y que quieres hacer muchas cosas, puedo ceder un poco si tú quieres y esperar a que te sientas preparada para ser madre y esposa... pero si te vas prefiero que cada quien siga su camino.

Las palabras de Andrew le golpearon dolorosamente. Suponía que quizá se entristecería al comentarle sus deseos de querer estudiar fuera del país, pero había esperado que al final la entendiera y le diría que iba a esperarla, no que insinuara ponerle fin a la relación

-Andrew... yo no quiero cortar contigo.- Se apresuró a decir Makoto.- Te amo... pero tampoco quiero renunciar a mis sueños.

-¿Y luego que sigue, Makoto?- Preguntó Andrew con tono de reproche en su voz.- Seguro querrás hacer el doctorado, luego un postdoctorado, conocerás a más hombres... ¿Y yo qué?... ¿Debo estar como un tonto esperando a tu regreso por dos años?... No lo voy a hacer, Makoto... te amo, pero si te vas, por mi salud mental prefiero terminar lo nuestro, una relación a distancia es demasiado desgastante para mi gusto... eso no funciona... además... ¿Cómo podría confiar en ti, si por lo visto confías más en Jedite o en cualquier otra persona antes que en mí?

Andrew se quedó en silencio, y de nuevo volvió a hablar.

-Tengo un compromiso, te llevaré a casa para que descanses.

-Llévame a la cafetería, te recuerdo que mi turno no ha terminado.

-0-0-0-

Al terminar su turno en la cafetería, tres horas antes del cierre, Makoto se quedó a esperar a que Andrew volviera, pero nunca llegó. Sólo hizo una llamada a Jedite para pedirle que se encargara de cerrar y colgó. Makoto pensó en llamarle, pero suponía debía estar molesto con ella por hacer planes en los que él sentía no estaba incluido. Al salir, pensó en buscarlo en su departamento, y así lo hizo, pero no estaba. Finalmente, recibió una llamada de Rei diciéndole que Ami, Minako y ella se reunirían en su casa para tener una noche de chicas en la que habría pizza, vino, juegos de mesa y mucha platica; por lo que decidió acudir... ¿Quién mejor que las marginadas para escucharla?

En casa de Minako, estuvieron charlando sobre una y otra cosa; Ami fue la primera en hablar, quejándose de uno de sus compañeros de residencia en el hospital donde hacía prácticas; después le tocó el turno a Minako, que ya estando bastante borracha, comenzó a llorar comentándoles que Kaitou tenía una amante con quién se estaba viendo sin informarle, y que Kunzite la había cortado.

-Si quieres que te sea honesta, Aino, tú te lo ganaste.- Dijo Rei, que se caracterizaba por decir siempre la verdad a sus amigas; en eso, Mako se parecía mucho a Rei, aunque a diferencia de su amiga, que siempre decía las cosas sin tacto, Makoto siempre buscaba no lastimar con palabras hirientes.- Y bien merecido que te lo tienes.

-¡No seas tan cruel!- Chilló Minako.-¿Te da gusto verme sufriendo?

Rei iba a decir algo, pero Makoto, compadeciéndose por su amiga, intervino antes de que Rei terminara por encajar aún más profundamente su daga en el sensible corazón de Minako.

-No es que a Rei le de gusto.- Dijo Makoto.- Pero, linda... debes asumir las consecuencias de tus actos... Los dos son chicos encantadores, te adoraban, dieron todo por ti y tú estuviste jugando.

-Pero siempre fui sincera... además la monogamia es antinatural

-Entonces, si es antinatural... ¿Cómo te enojas porque ahora Kaitou tenga otra amante?... Es lo mismo que tú le hiciste.

Minako abrió la boca para decir algo, pero al final, sabiendo que Makoto tenía razón sólo hizo un puchero y estalló en llanto nuevamente.

-Minako...-Titubeó Ami.- ¿Por qué no te decides por uno?

-Porque Kuni también se enteró de que ahora él es mi única opción... dice que nunca voy a cambiar y que está harto de esperarme

La rubia se puso a relatarles con pelos y señales la discusión que había tenido con Kunzite, teniendo accesos de llanto que hacían inentendible lo que decía y teniéndolo que repetir; de vez en cuando se sonaba la nariz con pañuelos que sacaba de una caja de Klenex que tenía a un lado suyo, le daba un trago a su copa de vino, sirviéndose una y otra vez, y volvía a la hablar y llorar.

-Pero ya no quiero hablar de mí.- Dijo Minako.- Cuéntenme que hay... Quiero escuchar algo lindo... no más tragedias.

Ami volteó a ver a Rei y esbozó una sonrisa.

-Amiga... ¿Por qué no nos platicas de ese guapo joven de Kioto que te deja mensajes en tu muro de Facebook?

Rei Hino se puso tan roja como la grana ante la pregunta de Ami.

-¡Ami!... ¿De cuando acá eres tan chismosa?

-¡Chico!- Exclamó Minako.- ¿Novio a la vista?... ¡Oh por el gran Kami!... Ahora resulta que mis tres marginadas tendrán novio y yo moriré soltera, sola, llegaré al final de mis días convertida en una horrible pasa dentro de un asilo, añorando el amor que nunca tuve.

Rei no pudo evitar reír ante el drama de Minako, que como siempre exageraba todo.

-No digas tonterías.- Dijo Rei.- No es mi novio ni me interesa para una relación... Sólo es un chico que toca el violín, estudia relaciones internacionales, nos gustan los mismos grupos de música, tiene una cuenta en YouTube donde sube sus vídeos y eso es todo... así que, por favor, Minako, deja de estar imaginando romances donde no los hay.

Makoto esbozó una sonrisa. Conocía tan bien a su amiga, que por la expresión de su rostro, supo que se sentía atraída por ese desconocido.

-¡Uyy!... Charla interesante.- Dijo Makoto con tono de burla.- Cuando dices que un chico tiene charla interesante es porque ya te gustó o te va a gustar.

¡Claro que no!- Se defendió Rei, haciendo un esfuerzo por que no se le notara.- Sólo es un chico agradable... a mí no me gustan las relaciones de lejos, es tan desgastante... por ahí hay un sabio dicho que dice... "Amor de lejos, felices los cuatro", así que paso, prefiero un chico que tenga cerca.

Y si Makoto quería olvidar por un momento sus problemas con Andrew; al escuchar aquel "sabio dicho", de nuevo volvió a torturarse al debatirse entre irse o quedarse; entre seguir su sueño y renunciar al amor de su vida o hacer lo contrario. Sentía dentro de sí, que si renunciaba a Andrew y lo perdía, jamás encontraría a alguien como él; no porque sintiera que otro hombre no pudiera fijarse en ella, sino porque no creía poder corresponderle a alguien con el mismo fervor y con quien se sintiera tan compenetrada. Andrew no era posesivo y celoso como su ex, cuando discutían nunca le faltaba al respeto y el sexo era delicioso, la llevaba al exquisito placer una y otra vez, contrario a su ex novio que muchas veces la dejaba sin alcanzar su satisfacción; pero ir a estudiar fuera de Japón era una experiencia única... ¿Por qué quería Andrew que renunciara a su sueño?... Él estaba siendo demasiado egoísta, hasta hace poco, ella no quería tener hijos antes de sus 29 o 30, pero por amor era capaz de ceder y tener a su primer hijo a los 25 o 26 años... ¿Por qué él no podía también ceder un poco?... ¿Por qué no podía entender que si no le había hablado de sus planes de vida no era por no confiar en él, sino más bien para no desilucionarlo?

-¡Makoto!- Escuchó la voz de Rei y sintió como ésta le picaba las costillas.- Parece que estás ida.

-Déjala, está feliz.- Dijo Minako.- ¿Qué no te das cuenta que está en Andrewlandia donde no hace más que coger y coger bien rico?

Minako de pronto abrió la boca sorprendida, al ver el hermoso anillo de Makoto en el dedo anular.

-¡Oh por el Kami!... ¿Estás embarazada y te vas a casar?... ¿Por qué no nos has presumido tu anillo?... ¡Zorra, maldita!

Minako se soltó gritando y brincando de emoción, celebrando que al fin la primer marginada se iba a casar e iba a convertir al resto del club en tías; pero entonces, pese a que Makoto hizo un esfuerzo por contener sus emociones, las lágrimas comenzaron a salir de sus bellos ojos.

-¿Qué tienes Mako?- Preguntó Ami.

Rei entonces le pidió a la escandalosa Minako que guardara silencio y se comportara, después le pidió a Makoto que hablara; y así, Makoto comenzó a contarles de la cena romántica, el hermoso anillo que le había regalado Andrew, sus temores de estar embarazada, los resultados negativos que le habían alegrado y la dichosa carta de aceptación para estudiar en París, terminando, por último al contarles sobre lo que Andrew pensaba al respecto y los planes que él había hecho de casarse pronto y ser padre.

-¡Se atrevió a terminarte!- Exclamó Minako.

-No.- Contestó al tiempo que se limpiaba las lágrimas con el dorso de una de sus manos.- Pero me dijo que si me me voy de Tokio prefiere que terminemos la relación... Hoy después de que habláramos me dejó en la cafetería, lo esperé y no regresó... le llamé y no contestó... fui a buscarlo a su departamento y no estaba... lo sé porque su auto no estaba en el estacionamiento.

Makoto hizo una pausa y continuó hablando.

-Lo amo... no lo quiero perder... pero tampoco quiero renunciar a mis sueños.

Rei puso una mano sobre el hombro de Makoto, queriendo con ello decirle que estaba a su lado para escucharla y apoyarla.

-Mako, puedo entender tus deseos de querer aprovechar esa beca, yo estaría encantada y no dejaría ir esa oportunidad.- Dijo Rei.- Pero también me pongo en sus zapatos y honestamente las relaciones a distancia son desgastantes... siempre más para quien se queda que para quien se va... ¿Te imaginas todo lo que puede pasar en dos años?... Tú puedes conocer a otro chico lejos... o él a otra chica... una relación así no funciona... y sabes que lo digo por experiencia... además fue un punto menos a tu favor que él haya escuchado lo que conversabas con Jedite y que supiera que al parecer sólo le das largas.

Y Makoto sabía que en verdad las relaciones a distancia tenían pocas probabilidades de perdurar por largo tiempo o terminar en matrimonio; sabía de más de una persona que había mantenido una relación a distancia y ninguna había salido victoriosa. Uno de esos casos era Rei, que durante el último año de preparatoria se había hecho novia de un ex compañero de ellas que se fue a vivir a Osaka... la relación de Rei con aquel joven había durado casi dos años, pero al final, él le había sido infiel.

-Pero yo no engañaría a Andrew... yo... en verdad lo amo... no pienso ir en búsqueda de otro chico que no sea él.

Makoto siguió llorando en silencio, sintiéndose reconfortada por el hecho de que sus amigas la escucharan, hasta que Minako como siempre, puso la sal y la pimienta a aquel amargo momento.

-¡Abrazo lésbico para Mako-chan!- Exclamó Minako abrazándola por la espalda.- Vamos Rei, Ami... el abrazo de oso para nuestra chica ruda y cursi del grupo.

Ami y Rei se unieron a las locuras de Aino, rodeando las tres en un abrazo a Makoto, lo cual al final le sacó una sonrisa. Las cosquillas no se hicieron esperar, seguido de los almohadazos y al menos por un momento, Makoto se olvidó de sus penas.

Notas Finales: Bueno... el fin de semana ha llegado a su fin y yo quiero llorar T.T... De verdad, tengo ganas de que se atraviese un puente festivo... últimamente me da pereza ir a la oficina... pero bueno.

Espero les guste el capítulo, les comento que ésta historia ya está llegando a su fin, pero mi mente sigue trabajando y nunca se detiene... tan hermoso que sería escribir y tener dos secretarios para que editen... o mejor aún, no consigo un novio que invente un aparato que se conecte a mi cerebro y transcriba todas mis ideas... sería tan hermoso.

En fin, por lo pronto les mando saluditos: Adileyne, Lucely, Anny, Sol, Aynat Dream, Bonny83, Yukitza-Ciel, Sandy, Yannin, Jahyra... y si se me pasó alguien más entonces pido disculpas... a veces soy algo distraída pero de corazón siempre agradezco su tiempo y sus reviews... Las adoro.

Atte:

Mademoiselle Rousseau.