Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
Aviso: Este fic participa en el reto especial "Romance en navidad" del foro Sol de Medianoche.
-Capítulo 10-
En el hospital me dijeron lo que ya había supuesto: que tenía un pequeño esguince en el tobillo y que me tocaría hacer reposo absoluto como mínimo durante cuatro días, a pesar de que a partir del cuarto día el reposo podía ser relativo. No me apetecía tener que quedarme en casa encerrada y menos con todo el trabajo que tenía en la tienda, pero no me quedaba otra opción. Jasper se quedó conmigo todo el tiempo hasta que salimos del hospital y después me llevó a mi casa. Cuando se aseguró de que había llamado a mi madre para que viniera a hacerme compañía, se marchó como si no acabara de pasar nada.
Para mi desgracia, esos cuatro días fueron una tortura. Mi madre se empeñó en que me fuera a pasar esos días de reposo a casa con ellos, y yo por no escucharla lo hice. Incluso se le pasó por la cabeza la idea de suspender el crucero, idea que mi hermana apoyó en todo momento, solo para cuidarme, hasta que al final tuve que ponerme seria y discutir con ella largo y tendido para que cambiara de opinión. Maggie, mi jefa, tuvo que cambiar de planes y quedarse en la tienda de Forks durante esos días porque yo no podía moverme demasiado, y a pesar de que me supo fatal, ella le quitó hierro al asunto.
Al segundo día de mi reposo vinieron mis amigas Bella y Rosalie a visitarme a casa de mis padres, alegrándome sobremanera y trayendo con ellas una caja de bombones y un pequeño ramo de flores.
—Agradezco los regalos, pero no me estoy muriendo; solo tengo un esguince en el tobillo —les expliqué entre risas tras abrazarlas y agradecerles el gesto. Ambas se sentaron en los sillones que quedaban libres y se echaron a reír.
—Si no quieres los bombones me los comeré yo, tranquila —me respondió Rosalie guiñándome un ojo.
—Ni hablar, lo que se da no se quita.
—También son de parte de Edward y de Emmett, que han dicho que ya vendrán a verte.
—Se lo agradezco.
—Bueno, ¿cómo va ese tobillo? —preguntó Bella mirando mi pie vendado.
—Dándome guerra. Es una pesadilla no poder hacer apenas nada en todo el día.
—Pero, ¿cómo te hiciste el esguince?
—Me resbalé pisando una piedra cubierta de nieve.
— ¿Al salir de trabajar?
Carraspeé e intenté pensar alguna excusa para no tener que explicar que fue en casa de Jasper, quien por cierto no se había preocupado más por mi estado aunque me dije que tampoco tenía por qué hacerlo. Hizo más que suficiente, en realidad.
—No… En el porche de Jasper —respondí al fin mirando detenidamente las flores que me habían regalado.
Mis amigas se miraron de reojo con los ojos muy abiertos.
— ¿Y qué hacías tú en el porche de Jasper?
—No empecéis a malpensar, ¿vale? —Advertí con un dedo acusador—. Pero por la mañana Cynthia y sus amigas habían ido a su casa para venderle una papeleta para un baile de Navidad que van a hacer en el instituto. El caso es que las trató muy mal, y cuando mi hermana me lo explicó me dio tanta rabia que no se me ocurrió nada más que ir a hablar con él para ponerle los puntos sobre las íes. Discutimos y… estaba muy nerviosa, así que salí de su casa casi corriendo. Pisé una piedra, me resbalé y me hice el esguince. Fin de la historia.
Tanto Rosalie como Bella me observaron, estupefactas.
—Es impresionante —musitó la primera.
Bella iba a hablar, pero Cynthia hizo acto de presencia y nos preguntó si podía quedarse un rato con nosotras porque se aburría. Como para ella mis amigas eran como dos hermanas más, no nos importó que lo hiciera, aunque no me apetecía hablar de Jasper en su presencia.
— ¿Habláis del ermitaño? —preguntó ella, y yo asentí tras dedicarle una mirada fulminante—. Genial, Alice apenas me ha contado lo que le dijo.
—Me dijo que te pidiera perdón a ti y a tus amigas por haber sido tan brusco.
—A buenas horas.
Puse los ojos en blanco, y Bella retomó lo que iba a decir antes:
— ¿Qué hizo él cuando te caíste?
—Pues… me metió en su casa, me puso pomada en el pie y me lo vendó. Aparte de eso me dio de comer y me llevó al hospital. No es tan ermitaño como crees, Cynthia.
—Estoy flipando —dijo Rosalie—. Después de todo por lo que habéis pasado…
—No es tan extraño. Yo creo que trató a Alice tan bien precisamente por todo lo que han pasado juntos —intervino Bella—. Además, a pesar de que en estos últimos años no ha querido saber nada de nadie, Jasper nunca ha sido una mala persona; al contrario.
—Eso mismo —dije yo—. A mí también me sorprendió su actitud, pero en el fondo sigue siendo la misma persona que hace diez años, solo que más… distante.
—Y malcarado —comentó mi hermana.
—Cynthia, a tu edad Jasper estaba a punto de vivir un infierno. Su madre lo abandonó, su padre se suicidó y con dieciocho años se quedó solo —le recordé, harta de su actitud hacia él.
—No estaba solo… Te tenía a ti.
—Pero no me quiso a su lado, y aunque eso fue culpa suya, yo también hice muchas cosas mal que le afectaron muchísimo y que nos hicieron infelices a ambos —intenté serenarme cuando empezó a temblarme la voz.
Mi hermana se miró las manos y asintió en silencio.
—Lo siento. No quería hacértelo recordar.
—No importa. Dejemos el tema —les pedí con una sonrisa—. Chicas, habladme de vosotras y contadme cotilleos, que últimamente me aburro demasiado.
Bella y Rosalie me dieron una tregua y empezaron a explicarme anécdotas de sus trabajos y de sus parejas. A pesar de que me habría gustado poder enfrascarme en la conversación, aquellos amargos recuerdos volvieron a hacer acto de presencia en mi mente.
¡Hola! Aquí os dejo otro capítulo (más o menos de transición) que espero que os haya gustado mucho. Si no voy errada, el que viene vuelve a ser un flashback, espero que no os moleste.
¡Nos leemos mañana! Xo
