Siento muchísimo el retraso, de verdad! Para compensar esta semana publicaré el siguiente capitulo también. Ah, muchas gracias por los reviews, pasados, presentes y futuros! ;)

Ya hace mucho que no lo decía, pero Avatar no me pertenece.

Capitulo 10: Flores de hielo

Zuko

Mis dientes mordisqueaban con voracidad e impaciencia mis uñas mientras mis pies, siendo incapaces de dejar de andar en círculos por mi habitación, delataban mi inquietud. Los latidos de mi corazón se confundían con el pitido que invadía mis oídos y el rumor que desbordaba de pensamientos mi cabeza. Pensamientos terribles.

Zuko, haz el favor de calmarte, por favor…- resopló Mai, sentada en la cama con los brazos fría y elegantemente cruzados sobre su pecho. Desbordaba calma e indiferencia por todos sus poros, cosa que no hacia más que sacarme de quicio.

¿Qué me calme? ¿Cómo quieres que me calme?

Calmándote- reposó mi esposa con simpleza. Solté un gruñido de exasperación.

¡Mai! ¡Mi padre se ha escapado! ¿Sabes acaso lo que significa eso?

Más o menos…

¡Le conoces! ¡Sabes como es! ¡No parará hasta conseguir lo que anda buscando!

¿Y que anda buscando?

¡Venganza!- vocalicé yo, histérico- Buscará la forma de vengarse de todos nosotros… ¡Ay, madre!- gemí llevándome una mano a la frente- ¡Esto es terrible! Como la gente se entere correrá el pánico por la población…Y los que aun le apoyan empezarán a revolucionarse… ¡Es un desastre! ¡Una hecatombe! Querrá usurparme el poder…Y matará a Aang ¡Ah!- solté un gritito como si me hubiese olvidado de él- ¡Aang! Maldita sea, ¿Dónde estará ese chico?

Volví a asomarme por la ventana, mirando frenéticamente hacia el cielo. No había rastro de ningún animal volador de más de 6 metros de diámetro.

Le envié esa carta hace casi 5 días ¿Por qué tardará tanto?- gruñí con impaciencia.

Zuko…

Maldita sea…A saber por donde anda Ozai a estas alturas…

Zuko…

Y como consiga reunir a un ejercito estamos perdidos…Las otras naciones volverán a desconfiar de nosotros y eso podría llevar a otra guerra y…

¡Zuko! – Mai, la cual había llegado a mi lado sin yo saber como, cogió mi cara entre sus manos, aplastando mis mejillas. Me miró a los ojos con determinación- Haz el favor de calmarte ¿Vale? Te estás preocupando por algo que ni aun ha pasado…Lo más probable es que tus guardias lo atrapen. De incógnito no puede haber llegado muy lejos…

Ya pero… ¿Y si…?

Si pasa todo lo que has dicho, estaremos preparados- me cortó ella con suavidad- Recuerda que tenemos a la Nación del Fuego de nuestro lado…

Eso de momento- suspiré yo.

Y al Avatar ¿De verdad crees que Ozai podrá hacerle algún daño?- abrí la boca para contestar, pero ella me cortó con despreocupación- ¡Por favor! Si no pudo matarlo cuando tenía plena capacidad de sus poderes… ¿Cómo va a poder ahora, siendo un proscrito sin ninguna habilidad de fuego control?

Pestañeé, procesando la información. Bueno, tenía lógica. Todo lo que decía Mai tenía lógica. Sonreí, momentáneamente aliviado.

Gracias Mai…Como siempre, eres el Ying que equilibra mi Yang- la abracé afectuosamente, apretándola contra mi pecho- ¿Qué haría yo sin ti?

No mucha cosa, la verdad- se burló ella.

Sonreí y, justo cuando mis labios buscaron a los suyos, alguien irrumpió en mi cuarto groseramente.

¡Señor! – era uno de mis centinelas. Solté un profundo suspiro, exasperado.

Por tu propio bien, espero que se esté muriendo alguien- gruñí yo amenazadoramente, molesto por la interrupción. El hombre tragó saliva.

Es que…El Avatar ya está aquí, señor.

Pegué un respingo. Aquello era notablemente más importante que una muerte.

¿Qué? ¿Por qué no he sido informado antes? – pregunté apresuradamente, ya soltando a Mai para ir disparado hacia la puerta.

Emm…Bueno, acaba de aterrizar yo…

¡No hay tiempo de cháchara!- gruñí corriendo pasillo abajo con determinación. Pude oír un suspiro de Mai antes de doblar la esquina.

Ojalá algún día pueda llegar a quererme la mitad de lo que le quiere a él- espetó mi esposa sarcásticamente.

Bajé las escaleras al trote y, ignorando a todo el mundo y empujando a quien se cruzaba en mi camino, llegué hasta el patio posterior, aquel tan ostentosamente decorado con plantas exóticas, metros y más metros de caminos de piedra y césped envolviéndolos con flores y fuentes. Al lado de una de ellas, estaba Appa, del cual empezaron a bajar todos mis amigos.

El primero en acercárseme fue Sokka, con su imborrable sonrisa. Justo cuando me iba a abrazar le di un empujón para echarlo a un lado, sin dejar de andar a un ritmo acelerado hacia Aang. Pasé también por delante de los demás, ignorándolos completamente, solo interesado en hablar con el Avatar.

Él estaba de espaldas a mí, cogiendo de las manos a Katara para ayudarla a bajar de su bisonte volador.

¡Aang!- le cogí un brazo, obligándole a que se girara 360 grados, cosa que provocó que Katara perdiera su punto de equilibrio y cayese de morros al suelo.

¡Katara!- gritó Aang alarmado, intentando agacharse para recoger a su novia. Se lo impedí agarrándolo con más firmeza del brazo. No había tiempo para tonterías y, a pesar de saberlo mejor que yo, mi amigo me dedico una mirada de malas pulgas- ¿Pero bueno, que te pasa? Solo intentaba ayudarla a bajar de Appa…

Pues ya ha bajado- me encogí de hombros señalándola con un golpe de cabeza. Katara levantó la cara del suelo y me dedicó una mirada matadora.- Ya, ya…Échame bronca después ¿Quieres? Ahora tengo que hablar con tu novio…

Cogí a Aang de nuevo y lo alejé del grupo unos cuantos metros.

Recibiste la carta ¿Verdad?- murmuré, haciendo imposibles para que el nerviosismo no golpeara con demasiada fuerza mi voz. Aang asintió seriamente.

Por eso estoy aquí, ¿No?

Sí, claro…- tragué aire profundamente. Tenía demasiada tensión sobre mis hombros. Seguro que en breve me reventaría una vena del cuello- Es un desastre, Aang…Es el fin…

No, Zuko, tranquilo, seguro que…

¡Es culpa tuya!- rugí finalmente. Desde que el antiguo señor del fuego escapó de su prisión, tenía unas ganas locas de gritarle eso al Avatar. Parpadeó, desprevenido.

¿Mía?

¡Sí! ¿Porque no lo mataste cuando tuviste oportunidad?

¡Zuko!- se escandalizó- ¡Es tu padre!

¡Es un monstruo y tú lo sabes! ¡Maldición!- llevé mis manos hasta la raíz del pelo, exasperado.

Hasta los monstruos merecen respirar- opinó el Avatar.

¿Y que pasa cuando el monstruo se nos escapa, Aang?

Yo estoy con Zuko, piesligeros… ¿Por qué no le diste finiquito ese día? Nadie le habría echado especialmente de menos…- pegué un respingo al oír la voz de Toph a mi lado.

Desconcertado, pude comprobar que todos nuestros amigos se habían apiñado alrededor para no perderse detalle de la conversación, en teoría, privada.

Lo más importante ahora es que no cunda el pánico- opinó Sokka, pensativo. Agarró a su hermana por los hombros y, zarandeándola, gritó histérico- ¡Que no cunda el pánico! ¿Me oís? ¡Que no cunda el pánico!

¡Sokka!- le regañamos todos a la vez.

Perdón…

A ver, vamos a centrarnos…Calma ante todo ¿Hmm?- opinó Aang.

¿Calma? ¿De donde sacas tú la puñetera calma?

Zuko, por Dios, tranquilo…Respira.

¡Ya sé respirar!- me molesté yo- ¿Por qué crees que sigo vivo si no?

Coge aire por la nariz y déjalo ir por la boca- me recomendó Aang poniendo su mano sobre mi hombro.

Deseando librarme de la presión que me acompañaba durante esos últimos días, le hice caso, con tanta prisa que me salió al revés: Aspiraba por la boca y expiraba por la nariz.

Eres lo más parecido a un pez que he visto en toda mi vida- opinó el Avatar entre dientes.

Fenomenal- resoplé inquieto- Y ahora, si no es mucha molestia, señor Avatar- hice un gesto de invitación con mi brazo- Creo que tenemos asuntos que discutir si no le importa…

Media hora después, todos estábamos reunidos alrededor de una ovalada mesa de madera de fresno, colocada señorialmente en aquella sala en la que mi padre discutía estrategias militares. ¿Por qué no usarla yo para algo parecido?

La tensión en el aire era irrespirable. Después de explicarles la situación, parecía haber logrado erradicar cualquier rastro de buen humor en mis amigos. Todos se mantenían serios, meditabundos, con las tazas de te que les habían ofrecido los criados intacta entre sus manos.

Así que…Se escapó así, ¿Sin más?- murmuró Aang con voz apagada. Asentí.

De la noche a la mañana.

No lo entiendo… ¿No había guardias en la entrada?- preguntó Suki mordiéndose la uña del índice.

Por supuesto…Siempre los hay.

Y sin embargo, no se había escapado hasta ahora- intervino Katara.- ¿Cómo es posible? ¡Ni siquiera tiene poderes!

Eso me gustaría saber a mí: Como narices lo ha hecho…Según los centinelas que estaban vigilando, lo primero que sintieron fue- tragué saliva y paseé mí vista sobre todos ellos, parándola finalmente sobre el Avatar- …frío.

La sala se consumió en un jadeo ahogado. Sokka deslizó su mano hasta agarrar la de Suki, Toph se pellizcó el puente de la nariz, exasperada; Katara se mordió el labio inferior en un signo de preocupación y miró a Aang de reojo, el cual convirtió las manos que estaban sobre la mesa en dos puños.

Ella…- susurró quedamente. Asentí.

Sí…Es…Lo primero que pensé ¿Pero acaso es eso posible?

Sí, desde luego que lo es…- para aumentar más mi ansiedad, solo me hizo falta ver el miedo perfectamente dibujado en los ojos grises de mi amigo- Está claro que la amenaza de Zhoe no iba en balde.

¿Amenaza?

Es un larga historia…Hay espíritus y casi un muerto por ahogamiento- Sokka se encogió de hombros, restándole importancia- Pero vamos al grano…

Me amenazó- intervino Aang, claramente preocupado- Dice que no parará hasta destruir todo lo que me importa…

Desencajé la mandíbula, asombrado.

¿En serio?

Casi consigue matar a Sokka- apuntó él. Atónito, mi vista fue rápidamente hacia el guerrero de la tribu del agua.

Ya te dije que era una historia larga- reposó calmadamente.

Bueno, ¿Qué pasó después?- preguntó Toph, animándome a seguir con el relato.

Ah, bueno…Después los guardas aseguran no recordar mucho…Perdieron la conciencia y cuando se despertaron la celda ya estaba vacía y la puerta abierta de par en par… - expliqué con frustración.

¿Y has hecho algo de utilidad aparte de llamarnos?- me desafió la maestra tierra.

Hice una mueca.

Para tu información, he puesto a todos mis hombres de confianza a patrullar en su busca, eso sí, pidiéndoles discreción absoluta.

He dicho algo útil- gruñó ella.

¿Lo sabe alguien más? Digo…Aparte de nosotros y tus hombres- musitó Aang, pensativo. Negué. – Bien…Por el momento será mejor que eso siga así…

Estoy totalmente de acuerdo. Que se entere la gente es lo último que quiero…

Bueno y…Odio ser yo la que pregunte esto, pero… ¿Qué haremos ahora?- cuestionó Katara, mirándonos a todos.

En esa ocasión, nadie se atrevía a contestar. Un bucle de preocupación e inquietud amenazaba con tragársenos a todos.

A ver…Para dar el siguiente paso, tenemos que intentar pensar como él…- opinó Aang, abstraído.

Oh, vale, está chupado…A ver:- Sokka cerró los ojos, fingiendo concentración- Soy un maníaco que quiere controlar al mundo entero y asesinar a cualquiera que se ponga por delante…Oye, pues no es tan fácil.

Aang puso los ojos en blanco.

Zuko…Es tu padre. A la fuerza tienes que conocerlo mejor que nosotros…- susurró tranquilamente- Dinos tú que se propone.

Bueno, creo que es bastante evidente: Si yo fuese él, buscaría venganza y una forma de reconstruir mi imperio caído.

Oh, el lado oscuro de la ambición…- canturreó Sokka.

¿Y por donde empezarías?- preguntó Katara con curiosidad.

Torcí el gesto.

Creo que…Buscaría a alguien de confianza. Alguien que me ayudara y me obedeciera ciegamente…- en cuanto acabé esa frase, las piezas encajaron en mi cerebro. Algo hizo remover mis entrañas, dándome una desagradable sensación de inquietud en el estomago. Miré a Aang y, por su expresión, supe que había pensado lo mismo que yo.

Azula…- susurramos los dos a la vez.

Santo Dios… ¿Azula? ¿Estamos hablando de la loca esa?- preguntó Sokka descolocado.

De la misma- asintió Aang.

Esa tía da escalofríos- gruñó Toph.

Pero es la que puede tener la respuesta a todo- musitó el Avatar con seriedad. Clavó la vista en mi- Zuko…Sintiéndolo mucho, tendremos que hacer una visita familiar al manicomio.

Guai. Me encantan las excursiones- gruñí fastidiado.

A pesar de la poca gracia que me hacia visitar a mi hermana, no hubo más discusión. Justo a la mañana siguiente, dispusimos un barco para que Aang y yo viajáramos hasta el manicomio donde vivía mi hermana. Habríamos llegado mucho antes con Appa, claro, pero la cuestión era que nadie se enterara de que el Avatar y el Señor del Fuego iban a visitar a la ex princesa Azula. Ante todo, discreción. Era una misión de incógnito.

Ya nos habíamos despedido de todos nuestros amigos, y ahora tocaba decir adiós a nuestras parejas.

Los dedos de Mai se deslizaron a través de mi camisa, arreglando elegantemente unos pliegues que habían quedado arrugados.

Serán solo 3 días…- musité yo.

Lo sé- respondió concentrada en mi ropa. Levantó la mirada y sonrió suavemente- No soy tan melosa como esos dos…

Señaló con la cabeza hacia la izquierda, donde a varios metros separados estaban Aang y Katara, hablando a solas mientras paseaban sobre las tablas de madera del puerto. Solté una risita.

Solo…Ten cuidado ¿Vale?

Vale…- carraspeé, de repente algo incómodo. Cuando se trataba de mi esposa, nunca sabía como iba a reaccionar, así que no tenía muy claro si decir la siguiente frase o no- Oye Mai…

¿Sí?- ella alzó una ceja, curiosa.

No, simplemente me preguntaba si…Bueno…- tomé aire- Azula fue tu mejor amiga… ¿Querrías que le dijese algo de tu parte?

Sí…Que se pudra a gusto en su manicomio- declaró con frialdad- Y que me encantan esos zapatos que me prestó.

Apreté los labios, aguantándome la risa.

Mejor que no diga nada…

Mai se llevó una mano tras la oreja, retirándose un par de mechones que se habían escapado de su perfecto peinado.

¿De verdad creéis que ella sabe algo? Recuerda que ya no discurre tan bien como antes…

Quizás…Pero ella es lo único que nos puede orientar en este momento…

Ya…Viajes, visitas a los manicomios…Desde luego, mi marido es un personaje ocupado…

Me reí suavemente y la atraí hacia mi, poniéndole las manos a cada lado de la cintura.

No te preocupes…Te juro que cuando vuelva todo mi tiempo lo dedicaré a ti…

¿A mi?

Y solo a ti…

Zuko- posó su mirada fijamente en mis ojos. Había algo en sus orbes negros inusualmente brillante, deslumbrante y… ¿Temeroso? Fruncí el ceño, confuso- Yo…No creo que puedas dedicar todo tu tiempo exclusivamente a mi…

Pues claro que sí…Es una promesa.

Mai negó lentamente.

Es que yo…Yo…- pestañeé. No era algo normal que Mai se atragantara a mitad de una frase- Tengo que hablar contigo.

Justo en ese momento oí el repiqueteo de unas botas contra la madera.

Majestad, ya está todo a punto- me anunció el capitán del barco. Sonreí cordialmente.

De acuerdo- volví a girarme hacia Mai y le robé un suave pero firme beso en los labios- Hablaremos cuando vuelva ¿Vale?

Pero…

Yo ya había dejado de prestarle atención. Tenía prisa. Caminé a paso ligero hacia Aang, el cual seguía hablando con su novia. Ya estaba dispuesto a presenciar y soportar una sentimental despedida por parte de la pareja, pero me sorprendí muchísimo cuando me acerqué lo suficiente para comprobar que estaban discutiendo.

Katara ¡NO! – vociferó Aang con el ceño fruncido

¡Tu a mi no me das ordenes!- se enfadó ella.

¡Antes era solo una petición! Y lo seguiría siendo si no fueras tan terca…

¿Yo terca?- se ofendió ella- ¡Y tu cabeza hueca!

Emm… ¿Ocurre algo?- me atreví a preguntar con extrema timidez.

Aang soltó un gruñido y se giró hacia mi, furibundo.

¡Sí! ¡Por todos los espíritus, dile que no puede venir con nosotros!

Alcé las cejas por la sorpresa.

¿Quieres venir con nosotros, Katara?

Voy a venir con vosotros- remarcó ella con contundencia.

De eso nada- gruñó Aang. Me miró de nuevo- Es una misión de incógnito, no puede venir.

Oh, por Dios, Aang…Una persona más no llamará la atención de nadie.

Ahí tiene razón- asentí yo. El Avatar rechinó los dientes, mirándome con los ojos entrecerrados.

Zuko, así no me ayudas…

Solo digo que si quiere venir…

¡Que no!- centró de nuevo la vista en su chica- Es peligroso, Katara.

¿Te has dado cuenta? Siempre usas la misma excusa para no verme- siseó ella con rabia.

¡No es una excusa! ¡Y claro que quiero verte, pero no dentro de un manicomio con una lunática sádica que te quiso matar!

¡Te recuerdo que fui yo la que capturé a esa lunática! – rugió la maestra agua con las manos en las caderas.- ¡Y que a ti también te quiso matar! ¡Estuvo muy cerca de conseguirlo, ¿recuerdas?

¿Y?

Y que no puedo permitir que vuelva a pasar.

Aang soltó una risita incrédula.

A ver si lo entiendo ¿Quieres venir para protegerme?

Sí…Y también porque- Katara hizo una brusca pausa y bajó fugazmente la mirada hacia sus pies. Sus mejillas adoptaron un rubor carmesí- Y porque no quiero separarme de ti…

Katara…Solo serán 3 días- susurró Aang, esta vez con ternura.

Pues para mi van a ser como 3 siglos…Acabamos de reencontrarnos apenas hace unas semanas…No pienso dejarte ir tan fácilmente.

¿Crees que me voy a escapar?- preguntó el Avatar burlonamente.

Creo que te ataré corto para mayor seguridad…

Carraspeé exageradamente con tal de llamar la atención de ambos.

Perdonad, pero…El barco esta a punto de zarpar…Y ¿Entonces que? ¿Te vienes?- pregunté mirando a mi amiga.

Sí.

No.

Aang y ella habían respondido a la vez y de nuevo volvieron a enfrontarse con el ceño fruncido y miradas fulminantes clavadas en los ojos del otro. Suspiré, perdiendo la paciencia.

Si no estoy en ese barco cuando salga de puerto, pienso hundirlo de una oleada…Y vais a tener que volver a nado- nos amenazó la maestra agua. Pegué un respingo.

Aang alzó una ceja, debatiéndose entre el enfado y la diversión. Me pasé una mano por el pelo, esperando alguna contestación por su parte y como eso no pasó, decidí intervenir yo:

Mirad…No es que me quiera meter en vuestra relación, pero…Está más que claro para todo el mundo que separaros no os sienta a ninguno de los dos. Quizás lo que más os convenga es estar juntos para poder protegeros el uno al otro.

Ambos se me quedaron mirando y después se miraron entre si. Tras un par de segundos, Aang suspiró, al parecer rendido. Se hizo a un lado, dejando libre la pasarela que iba hacia el barco.

Las damas primero…

Katara mostró una deslumbrante sonrisa, se abalanzó sobre su chico y aplastó un beso contra sus labios antes de salir corriendo alegremente pasarela arriba. La cara de idiota enamorado en Aang era para enmarcar. Sonreí.

Lo de hundir el barco ¿Era broma, no?- pregunté curioso. Aang mostró una sonrisa traviesa.

Créeme cuando te digo que es muy capaz- respondió con simpleza, dejándome pasmado.

Oh…Vaya…

Ambos subimos al barco, para reunirnos con Katara en la proa. De inmediato, el enorme armatoste de metal se pudo en marcha, alejándonos del puerto y de la gente que ahí había. Nos despedimos con la mano de Suki, Sokka, Toph y Mai, los cuales nos observaban desde el puerto. Me sorprendí cuando mi esposa, de repente, avanzó unos pasos por delante de los otros.

Zuko… ¡Zuko tengo que decirte algo!

Alcé las cejas, sorprendido. Aquellos gestos de impetuosidad eran impropios de ella.

Y… ¿Tiene que ser ahora?- grité para hacerme oír sobre el rumor de las olas al alejarse de la costa.

¡Sí! ¡Es importarte!

Miré hacia la entrada a mar abierto, cada vez ocupando más espacio en mi campo de visión.

Bueno…Y espero que también sea corto porque estamos apunto de…

¡Estoy embarazada!- gritó con todas sus fuerzas, casi provocando que cayese por la borda de la impresión.

Mi mente se quedó momentáneamente en blanco. El mundo se desdibujó delante de mis ojos y se me olvidó como respirar. Algo dentro de mí hizo que el pulso se me acelerara hasta dejarme mareado. El retumbo de las palpitaciones contra mis orejas era lo único que me impedía desmayarme.

Todo se sentía en cámara lenta. Yo estaba demasiado colapsado hasta para sentirme sorprendido, atónito, pasmado…

Podía sentir, lejano como el eco, unos gritos de alegría por parte de Aang.

¡Voy a ser tío! ¡Voy a ser tío!- chillaba dando rebotes de ilusión.

¡Felicidades Zuko!- casi no pude sentir los brazos de Katara rodeándome en un abrazo. Y desde luego, no pude coordinarme para devolvérselo.

La idea empezó a formarse en mi mente, empezó a cobrar sentido…y tuve que aferrarme con más fuerza a la barra metálica del barco para no caerme al agua o tirarme directamente. ¿Yo? ¿Yo padre? ¿Yo con un hijo? De repente un terror irracional me golpeó en el pecho y tuve unas ganas horribles de vomitar.

Zuko…Cierra la boca…A partir de los cinco minutos empezarás a parecer idiota- me recomendó Aang, llevando los dedos a mi mentón para hacer chocar mis dientes superiores con los inferiores. Ni siquiera me había dado cuenta de que había despegado los labios.

Yo…Yo…- no lograba decir nada con sentido.

¿Te encuentras bien? Te has puesto muy pálido- se preocupó Katara. Parpadeé con fuerza y miré de nuevo hacia el puerto. Ya nada se podía distinguir desde ahí. La figura de mi esposa había quedado perdida en la nada. ¿Cuánto rato había estado yo en trance?

Creo que necesito sentarme… - susurré con voz ahogada.

De inmediato, Aang se marchó corriendo para volver con una silla que no sé de donde sacó. Francamente me daba igual. Atolondrado, tomé asiento torpemente, desplomándome como un muñeco de trapo.

Santo Dios…Voy a ser padre…- titubeé pasmado, intentando aun digerir la noticia. Katara sonrió.

¿No es maravilloso?

Enterré la cara entre mis manos, tomando aliento ahí donde no había. No…No lo era. Busqué en mi interior algún rastro de alegría, ilusión, felicidad…Pero lo único que encontré fue angustia, incertidumbre y… unas ganas locas de vomitar.

¿Zuko?- Aang parecía empezar a preocuparse. Y con razón. Levanté la mirada.

Sí es…Fantástico. Estupendo. Espléndido. Colosal- susurré con un hilo de voz.

Katara y él intercambiaron una mirada perpleja.

Oh…Ya veo…

¿Seguro que estás bien?- volvió a cuestionar la chica del polo sur.

Uy…Mejor que bien- mentí descaradamente, esbozando una falsa sonrisa. Aquello era lo que me faltaba, si señor- Solo dadme unos minutos…

Al final aquellos pocos minutos se convirtieron en casi media hora para poder volver a levantarme. Cuando lo logré, decidí evitar el tema bomba a toda costa y acompañé a Aang y a Katara a sus camarotes.

No pienses en el bebé, no pienses en el bebé, no pienses en el bebé…

Bueno, ya hemos llegado- declaré con la voz quizás demasiado alta con tal de ahogar mis pensamientos. – Este camarote puede para ti, Katara y en cuanto a Aang puede quedarse el de…

Ahórratelo- me interrumpió el Avatar amablemente. Pasó un brazo alrededor los hombros de su novia- Hemos decidido…Probar un pequeño experimento.

¿Un experimento?

Vamos a…dormir juntos.

Pestañeé, perplejo. Vaya forma más descarada de decirlo.

Ah…Pues vale. Pero llevad cuidado, puede que vuestro pequeño "experimento"- hice comillas con los dedos.- Acabe como el mío…Y entonces puede que su hermano se moleste un tanto…

Ambos enrojecieron violentamente y me miraron con los ojos salidos de las cuencas.

¡Eh! No es… ¡No seas mal pensado! No es lo que crees- se justificó Katara, apurada.

Ya, ya…Y yo me chupo el dedo- espeté con sarcasmo.

¡He dicho dormir! ¡Dormir! – se excusó Aang, muerto de vergüenza.

Sí…Mejor haré como si no hubiese oído nada.

Me di la vuelta y los dejé plantados en el pasillo, quejándose de lo mal pensado que era…

Pero mis propios problemas eran demasiados como para preocuparme de lo que hiciesen o dejaran de hacer. Tenía la sensación de que se me acumulaba todo de golpe y pronto, quedaría aplastado bajo el peso de mis responsabilidades.

Me costaba hasta respirar. Con cada minuto que pasaba, más difícil resultaba. La bola de mi estomago crecía hasta limites vertiginosos.

Primero, mi padre se escapa y deja patas arriba todo mi mundo. Toda mi vida. La vida ideal que había conseguido después de luchar tanto…

Y luego, para colmo de males, resulta que nunca podré recuperar la vida de antes…Porque tendré un hijo. La sola mención de esa frase me hacía estremecer… ¿Cómo iba a ser yo buen padre si el mío había sido horrible?

Suspiré, apoyando las manos sobre la barra y perdiendo mi vista hacia la línea azul que se dibujaba en el infinito.

Y había aun una cosa más que me revolvía las entrañas…

Aquel sueño que tuve.

¿Disfrutando del variado paisaje?- preguntó una voz burlona tras de mi. No me molesté en girarme. Sabía bien quien era.

¿No estabas probando experimentos con tu novia?

Calla- gruñó molesto.

Aang se apoyó a mi lado, mirándome de reojo. Había algo en su expresión aparentemente amable que no me daba buenas vibraciones.

¿Necesitas…hablarlo?

Fruncí el ceño, fastidiado.

¿Hablar el que? – gruñí entrecerrando los ojos. Decidido, si pronunciaba la palabra hijo con el antecesor "tu" me tiraría por la borda. Lo juro.

Aang se encogió de hombros con gran tranquilidad.

Hay tantas cosas de las que hablar que…Dejaré el tema a tu elección.

Aang…Ahora mismo no me apetece.

¿Y que te apetece?

Ahorcarme un rato.

Él rió suavemente.

Exagerado.

¡No soy exagerado!- me molesté yo apretando la barra de metal que bordeaba el barco- ¡Créeme, si tu estuvieses en mi situación estarías igual que yo!

Tu situación…- repitió Aang un tanto perplejo.- ¿Qué situación?

¡Pues con un padre maníaco fugado y un hijo en el vientre de tu esposa!

Oh… Hablas como si lo segundo fuese tan malo como lo primero…

Pues casi sí- afirmé yo al borde del desespero.

Zuko…Un hijo no te va a destrozar la vida.

No es…No es mi vida la que más me preocupa…Es la del bebé- confesé mirando de nuevo a la línea azul del horizonte. Quizás sí que necesitara hablarlo. – Yo seré el que destroce su vida…

¿Que? ¿Por qué dices eso?

Hice una mueca y miré al maestro aire como si la respuesta fuese obvia.

Bueno, solo tienes que poner a relucir mis antecedentes familiares para darte cuenta…- Aang se quedó momentáneamente pensativo- ¿Hola? Padre sádico y hermana lunática ¿Recuerdas?

Oh, Zuko…Tú no eres como ellos…Nunca lo has sido.

Ya pero…Bueno, ya sabes lo que dicen. De tal palo tal astilla…Si yo he tenido un progenitor horrible del que solo he recibido desprecio… ¿Cómo voy a ser yo buen padre?

Tampoco tienes que tomar ejemplo de Ozai…Yo nunca conocí a mi padre, pero si pienso en una figura paterna enseguida me viene a la mente el recuerdo del monje Gyatso…Él fue el que me crió, me cuidó y me enseñó todo lo que sé de aire control- Aang sonrió melancólicamente mirando hacia la nada.

Parece un tipo estupendo- musité yo suavemente. Mi amigo asintió.

Lo era… ¿Y sabes que? Me enseñó como enfrontarme a lo de ser el Avatar…Me dio fuerza y que yo recuerde, fue el único que quiso comprenderme cuando nadie más lo hacia. Me ayudó a crecer y a ser mejor persona…- Aang me miró y volvió a sonreírme- En un tipo de persona así es en el que tienes que pensar como tu padre…

Cerré los ojos. La verdad, no me hizo falta buscar mucho. Enseguida supe quien era el que siempre me había apoyado, el que me hizo ser mejor persona…La bonachona figura de mi tío se perfiló tras mis párpados, con su barba blanca y su sonrisa amable. Sonreí.

Iroh…- abrí los ojos- Mi tío Iroh.

Pues ahí lo tienes…Sigue el ejemplo de tu tío con tu hijo y todo saldrá bien.

Suspiré repiqueteando los dedos contra el metal. Quizás…Aunque no acababa de tenerlo claro. Solté una risita exasperada.

No quiero ni pensar en la fiesta que montará cuando se entere de que voy a ser padre…

Aang dejó ir una carcajada.

Da miedo imaginárselo.

¡Chicos!- Katara asomó la cabeza en cubierta y nos mostró una encantadora sonrisa.- La comida está lista…

Aquella misma noche, tuve una pesadilla. La misma pesadilla, en realidad.

Yo caminando lentamente a través de las escaleras…Esa suave y dulce voz susurrándome palabras de aliento a mi oído, arrullándome y guiándome hacia mi destino. Mis pies se movían solos, sin que yo tuviese que hacer nada…De repente me encontraba enfrente de los calabozos de palacio…Y de mi boca, surgió una nube blanca, congelada, que pronto dejó inconscientes a los guardias de la entrada. Lo ultimo que acerté a recordar, fue como mi mano hacia encajar la llave en la cerradura de una jaula…

Me desperté de nuevo justo en ese instante, con un jadeo ahogado y el sudor frío recorriendo mi nuca. Con la respiración descoordinada, palpé la cama en busca de la figura de Mai, pero me recordé a mi mismo que seguía en ese barco…

Conmocionado, me pasé las manos por la cara, intentando disipar el temblor que se había arraigado a mis piernas. Cada vez lo tenía más claro…Aquel sueño, repetido desde la noche que se escapó mi padre no era una simple pesadilla…Era más bien un recuerdo.

La aterradora verdad golpeó mi pecho, dejándome sin aire. Había sido yo…Yo había liberado a Ozai…

Era delirante. Desesperante. Increíble… Y ¿Imposible, no? Sacudí la cabeza, intentando dispersar las ideas.

Una luz se colaba a través de la escotilla me dio a entender que era de día. Y muy posiblemente, ya hubiésemos casi llegado a nuestro destino. Me levanté de un ágil salto y después de vestirme, me dirigí como un relámpago hacia el camarote de Aang y Katara.

Sin ni siquiera pensar en darles un mínimo de intimidad, empujé la puerta a toda prisa, dispuesto a despertarles si seguían dormidos, pero la imagen que vi me hizo dudar momentáneamente.

Ambos seguían dormidos, sí, recostados bajo un nudo de mantas. El Avatar abrazaba inconscientemente a su novia por la espalda, y esta apoyaba ambas manos sobre las que Aang tenía en su abdomen, además de mostrar una sonrisa idílica en sueños.

Pestañeé. Y si, eso me detuvo. Pero solo momentáneamente.

¡A levantarse! ¡Se hunde el barco!- grité a todo pulmón. Ambos pegaron un bote y saltaron de la cama, alarmados, atolondrados y aun medio dormidos, mirando con los ojos desorbitados en todas direcciones posibles.

No pude aguantarme la risa.

¡Zuko!- rugió Aang, molesto.

Di media vuelta y empecé a correr en dirección contraria, sabiendo que pronto el Avatar saldría a perseguirme…

Como yo creía, no pasó demasiado tiempo antes de que el barco atracara en el puerto que daba paso a los imponentes muros de piedra que encerraban las cuatro paredes del manicomio. El olor a salitre, a agua marina y, en el interior, a medicinas y hierbas aromáticas provocaba un olor nauseabundo. Las paredes de piedra eran mohosas, las puertas de madera estaban prácticamente podridas y los techos se adornaban con telarañas y goteras…

El lugar más feliz de la tierra- canturreó Aang entre dientes, avaluando el paisaje con una mueca de desagrado.

Madre mía…Es horrible- murmuró Katara frotándose los brazos para entrar en calor.

Sí…Es el sitio ideal para ella- gruñí yo. Pronto, el guarda que nos acompañaba se detuvo ante una puerta en específico.

Es aquí.

Gracias. Puedes retirarte…Y recuerda, nosotros no hemos estado aquí- le mandé con dureza. El hombre asintió, perdiéndose por la negrura del pasillo.

Entonces, los tres nos quedamos observando la puerta, precavidos.

Creo que no estoy preparado- gemí yo con angustia.

Yo no creo que lo esté nunca…- añadió Aang.

Katara rodó los ojos.

Ya abro yo…

Hizo girar el pomo, el cual se quejó con un chasquido y un gruñido cuando dejó a la vista una deprimente sala sin ningún mueble. Cerramos tras nosotros, helados ante la imagen que había a unos metros de distancia.

Estaba desaliñada, ojerosa, sentada en el mugriento suelo y abrazada a sus rodillas, mientras se balanceaba muy lentamente hacia delante y hacia atrás. Tragué saliva. Mi hermana siempre me había parecido escalofriante…Pero especialmente ese día.

Azula…- susurré yo. Ella levantó la mirada, perdida, para finalmente posarla en mí. Esbozó una sonrisa demacrada.

Zuzu… ¿Vienes a verme?- su vista viajó de Katara a Aang, los cuales la observaban con dureza- ¡Y traes contigo a tu gran amigo, el Avatar! ¡Que honor!

Supongo que te sorprende recibir visita- reposé calmosamente. Ella siguió balanceándose, con sus ojos dorados desenfocados, excesivamente abiertos.

Oh, no…Sabía que vendríais…Ella me lo dijo ¿Verdad que sí?

¿Ella?- Aang dio un paso hacia delante- ¿Quién es ella?

Azula soltó una aguda risita enfermiza.

También me dijo…También me dijo que papá había logrado escapar ¿Es eso cierto?

Pegué un rebote, a la vez que Katara intercambiaba una mirada desconcertada conmigo. Mi hermana volvió a reír.

Sí que lo es…Sí que lo es…- empezó a tararear.

Azula… ¿Quién te dijo eso?- insistió Aang.

Mi hermana sin dejar de sonreír clavó sus ojos en los del Avatar.

Me dijo que ibas a sufrir…Que ibas a pagar por todo lo que has hecho- Azula repasó su labio inferior con la lengua- Y no sabes como me alegro…Quien sabe, quizás hubiese sido mejor para ti que realmente hubiese conseguido matarte en Ba Sing Sé…

¡Te voy a…!- proclamó Katara, furiosa, asustándome y sorprendiéndome a la vez. Parecía que se iba a abalanzar sobre mi hermana, pero Aang la detuvo agarrando su muñeca con fuerza.

Katara…Tranquila…

Ella apretó los labios, con su fulminante mirada azul clavada en Azula. Finalmente dejó ir el aire retenido e hizo caer su brazo a un lado.

Maldita zorra lunática…

Azula, escúchame: Es importante que me digas el nombre de la persona que te ha contado todo esto- repitió Aang.

¿Por qué te tendría que decirte nada? Pronto vas a caer…Igual que tú, Zuzu…- fruncí el ceño.

¿A que te refieres?

Papá anda suelto…Suelto, libre como un pájaro…Sí…Está suelto y pronto empezará todo.

¿El que?

Todo- río ella con voz aguda. Tomé aire.

Azula…

Ella liberó a papá…Y pronto vendrá a sacarme a mí, lo sé…- soltó otra risita- Me lo dijo también…

Azula, nadie te vendrá a sacar de aquí- repliqué con firmeza- Y a papá le atraparemos enseguida…Ni siquiera tiene poderes.

No los tiene…Aun.

Aang, Katara y yo abrimos la boca simétricamente.

¿Qué…Que quieres decir?- preguntó Aang con voz ahogada.

Oh… ¿Crees que tu espíritu control es la única forma de quitar los poderes a la gente? Hay más formas de arrebatarlos…Y de recuperarlos.

¿Eso también te lo ha contado ella?

Asintió varias veces, como una niña pequeña.

Ay…Dios…- gemí yo.

¿Sabes como lo hará?- preguntó Aang.

La ex princesa volvió a reír excesivamente alto y de repente se puso a cantar una canción con voz muy dulce. Se puso a cantar lo que parecía ser una nana…

He aquí el alma, el flujo infinito,

Encerrada en cuerpo humano,

He aquí espíritu de oro y estaño.

El poder surge de sus venas,

Hierve incandescente, destruye barreras,

Purifica en la oscuridad,

Ilumina la penumbra,

Oro y estaño,

El alma más pura…

Su gran poder esconde la fragilidad,

Agua, tierra, fuego y aire forman tempestad,

La sangre del elegido burbujea en esplendor,

Alma hecha carne de su antecesor.

Y cuando el ángel caído no se pueda levantar,

Cuando el viento deje de soplar,

Cuando las olas dejen de remar,

Cuando el fuego deje de quemar,

Cuando en la tierra ya no se pueda andar,

Cuando se salpique a la luz de dos lunas la sangre de la sangre del Avatar,

Quien beba de ella su poder podrá adoptar.

El silencio que vino a continuación solo fue roto por el rumor del mar al otro lado de las paredes. Me estremecí y conseguí girar la cabeza hacia mi amigo para encontrarlo con una lividez acentuada en su piel. Estaba tan pálido que casi se podía tras él.

¿Quién te ha enseñado esa canción?- preguntó después de 10 segundos de enmudecimiento.

Ha sido ella…

¡¿Quién es ella?- gritó Aang histérico. Azula, disfrutando de su ansiedad, se demoró en contestar.

Zhoe dice que te echa de menos…Y que pronto volveréis a veros…

Durante un momento, tuve miedo de que me fallaran las piernas. Fácilmente me podría haber caído y posiblemente, Aang y Katara irían al suelo después de mí. El terror me apretó sin compasión alrededor de mi esófago y me hubiese puesto a gritar si tuviese fuerzas. Pero no las tenía.

Muchas otras preguntas le hicimos a mi hermana, pero ella simplemente se limitó a contestar tarareando la canción una y otra vez…Un caso absolutamente perdido.

Lo mejor y en realidad, lo único que se podía hacer, era volver a casa…Donde me esperaban otros muchos temas sin resolver.

Doblad la seguridad…Triplicadla si hace falta- le siseé al guardia de la entrada- Mi hermana no saldrá de aquí…

Sí, señor…

Le di la espalda y empecé a caminar hacia Aang y Katara, los cuales me esperaban mientras jugaban, cabizbajos, con el agua que golpeaba contra la arena…

Pude asombrarme contemplando como la maestra agua contorsionaba sus manos hasta lograr fabricar una figura semejante a una flor de loto que dejó momentáneamente congelada para mostrar un brillante resplandor a la luz del sol. Flores de hielo…

Sonreí suavemente. Gestos como esos, me devolvían la fe. La esperanza. La pureza, la más pura inocencia del agua, su claridad…Simplemente me hacía creer que aun existían cosas buenas en este mundo.

Suspiré alfo confortado y al poco, me uní a ellos.

Será mejor que nos vayamos ya…Con suerte, llegaremos mañana para la hora de cenar- declaré yo. Katara me dedicó una sonrisa vacía y asintió, dirigiéndose hacia la plataforma que conducía al barco en total silencio.

Aang, en cambio, seguía mirando los muros del manicomio, como si fuese capaz de ver a través de ellos.

¿Estás bien?

No…- me miró e intentó sonreír- ¿Por qué te llevaste todos los genes buenos de tu familia?

Solté una risa un tanto amarga.

Eh, no tienes de que preocuparte…Todo saldrá bien. He ordenado que mejoren las medidas de seguridad.

Él asintió sin prestar aparente atención y se giró, caminando de nuevo hacia el barco. Antes de eso, pero, me pareció oír un murmuro parecido a:

A veces, encontramos nuestro propio destino en el camino que elegimos para evitarlo…