Los personajes son propiedad de Rumiko T. y sin más preámbulos entramos en acción...
... ...
Capítulo 10: Sucumbiendo al vacío.
Con los ojos cerrados sintió el dolor de sus extremidades heladas por el frío que la envolvía y notaba el eco de su propia respiración, pero algo irrumpió en el silencio.
- Kagome…
Una voz masculina, familiar y seductora la llamaba, más que llamarla era un reclamo que la hizo ponerse en pie y abrir lentamente los ojos.
Estaba en un sitio extraño, vació y donde una fría niebla cubría su cuerpo hasta la cintura, avanzó con dificultad, buscando el origen de la voz, por un momento se detuvo y dudó, giró la cabeza mirando hacia atrás de reojo y lo que vio no pareció sorprenderla, era ella misma, estirada en la cama de su habitación, dormida y envuelta en penumbras, volvió su rostro y continuó siguiendo la misteriosa voz.
- Ven a mí…
Ahí estaba otra vez pero ahora mucho más cerca, pronto le vería y mientras se acercaba notaba como cada poro de su piel se erizaba, ¿Quién podría provocar en ella tales sensaciones?
Entonces la neblina comenzó a disiparse lentamente para revelar la silueta de una persona, era un hombre alto con una capa y una coleta recogiendo su largo cabello gris. No le conocía pero a pesar de esto continuaba pareciéndole familiar.
Estaba tan cerca que pudo ver claramente sus ojos de un rojo intenso y quiso detenerse pero su cuerpo no la obedeció, esta sensación la horrorizó, alzó la vista y vio como se acercaba hasta estar entre sus brazos que la sujetaron por la espalda y la cintura con firmeza. Quiso hablar pero de sus labios no salió ni una palabra, estaba asustada, no sabía dónde estaba ni quien era aquel hombre que ahora le hablaba con una hermosa voz.
- Tranquila hermosa… aun no lo sabe pero pronto me pertenecerá, hoy me presento ante usted de este modo para que ya no pueda olvidarme nunca. – Mientras hablaba la mano en la espalda ascendió hasta su nuca con delicadeza y con su nariz olisqueaba la garganta de la joven que respiraba agitada y sonoramente sin presentar resistencia.
- Este asqueroso olor se borrará poco a poco de su piel y algún día será casi imperceptible.
Kagome no entendía de lo que estaba hablando pero en lo más hondo de su alma supo que quería que parara, que no la manchara con su rastro pues ella no podía ser suya. Una lágrima se derramó sobre su blanca tez justo cuando el ser colocó su mano en su rostro obligándola a girarlo, intentó mirarlo de reojo y pudo ver como acercaba su boca a su cuello y de ella sobresalían dos enormes colmillos de un blanco impecable, cerró fuertemente sus ojos deseando despertar y que sólo fuera un sueño.
Notó como el filo rompía su piel y un dolor intenso seguido de la calidez de su sangre mezclada con la lengua del vampiro que cubría con su boca la zona y más dolor cuando comenzó a succionar tragando el preciado fluido que corría por sus venas.
Abrió los ojos que ya le ardían y volvió a fijar su vista en su cuerpo que dormitaba a lo lejos, como si fuera una puerta entre ese extraño lugar y su habitación, sintió como el hombre, si es que se podía llamar así, la estrechaba con más fuerza y profundizaba un poco más su mordida ansioso. Intentó evadirse de aquella horrible vivencia y se concentró en la imagen que se reflejaba ante ella y entonces lo vio.
Un chico de apariencia exótica vestido de rojo y con el cabello plateado cayendo en cascada sobre sus hombros, se acercó a su cuerpo extendido en la cama y sentándose a su lado acarició su rostro observándola tiernamente, entonces ladeó su vista y ahora la miraba fijamente a ella y por un momento sintió como si esos penetrantes ojos dorados la liberasen de su tortura hasta que se desvaneció inconsciente.
…..
Se sentó en la cama de golpe respirando nerviosa y tocándose desesperada el cuello justo allí donde la había mordido, nada, no había rastro de herida o sangre alguna pero tal y como él le dijo no lo olvidaría jamás, se puso de pie y se acercó al espejo, apartó su cabello para descubrir su cuello y analizó la zona. Heridas recientes no pero en cambio tenía dos pequeñas cicatrices, si esa noche no la habían mordido era evidente que alguien o algo lo había hecho antes, no lo recordaba y ni siquiera recordaba tener esas marcas.
Le estaban ocurriendo cosas muy extrañas y luego estaba aquella sensación de soledad que la invadía con frecuencia provocándole ataques de ansiedad y la hacía llorar durante largos ratos. Era más que evidente que no estaba nada bien pero lo peor es que no tenía ningún motivo para estar de esa manera, tal vez necesitaba ayuda de alguien que no la tomara por loca.
Miró el despertador, aun faltaban 2 horas para que sonase, lo apagó y decidió darse una ducha, lo necesitaba. Se tomó su tiempo para arreglarse mientras su mente daba vueltas al tema que la ocupaba y mientras bajaba las escaleras escuchó a su madre en la cocina preparando el desayuno como siempre. La observó trajinar los platos apoyada en el marco de la puerta como un alma en pena.
La mujer se giró y como quien ve a un fantasma dio un pequeño salto.
- Hija me has asustado. – Para su madre era evidente que la chica no estaba bien y aunque apenas habían hablado en los últimos días desde que el hanyou saltó a su tiempo, sabía que esos dos no se habían reconciliado.
- Kagome… no me quiero entrometer pero… ¿cómo van las cosas entre Inuyasha y tú?
Al oír el nombre su corazón dio un vuelco y se le oprimió el pecho como si la hubiesen atravesado y todo el sufrimiento de los días pasados tuvo un motivo de ser, supo claramente que se llamaba Inuyasha. Pero quién era y porque la hacía sentir de esa manera. Como si estuviera hipnotizada repitió el nombre que acababa de escuchar por primera vez en su vida aunque sabía que no era así y ahora, que su madre también lo sabía.
- Inuyasha… mamá por favor, debes decirme quién es, no puedo más. – Se apretó el pecho. – Me duele sólo escuchar su nombre.
Sus fuerzas flaquearon y corrió desconsolada a llorar en el regazo de su madre, la única que parecía entender su dolor incluso más que ella ya que la Sra. Higurashi recibió a su hija con cariño y a pesar de la sorpresa y el desconcierto quiso sosegar su dolor. La sostuvo un buen rato acariciando su sedoso cabello negro y escuchándola sollozar.
- Kagome ¿de verdad que no recuerdas a Inuyasha? – Dudo un momento.
- No mamá, no lo recuerdo, ni siquiera sé quien es… tampoco recuerdo cuando me hice esto. – Apartó su melena y mostró su cuello a su madre.
- Eso… lo hizo él y es tu pareja Kagome pero no entiendo que ha pasado, ¿desde cuándo no lo recuerdas?
- Pues lo cierto es que no lo sé pero creo que las pesadillas y la ansiedad comenzaron unos cuatro días atrás. – De sus ojos brotaban enormes lágrimas, sentía que había perdido lo más importante de su vida y sin embargo continuaba vacía, no habían sentimientos en su interior y ahora estaba más confundida que antes.
- Cuéntame cosas sobre él y que pasó entre nosotros porqué no está a mi lado, dónde está y… porque me mordió, no lo entiendo. – Su madre nunca creyó que un día tendría que explicar a alguien una historia tan difícil de creer y mucho menos a Kagome.
- Pues será mejor que te acomodes hija porque es una larga historia…
…..
Otra luna nueva, otra noche sin Kagome, qué más daba si estaba perdido sin ella. Había sido su culpa que la sacerdotisa perdiera sus poderes, ahora se veía incapaz de vencer a Naraku, no sin la fuerza y el apoyo de Kagome a su lado.
Se estaba alejando poco a poco de sus amigos, pasaba los días recluido en su árbol, siempre cerca del pozo, con la esperanza de que en algún momento llegase hasta él el fino aroma de su hembra, de su compañera. En cierto modo evitaba tener contacto con nadie por miedo a perder la paciencia, se temía a si mismo ya que no se veía en condiciones para mantener una conversación y menos si en ella aparecía la sacerdotisa o incluso él mismo.
Miró al cielo y lo que quedaba de luna apareció entre los tonos rojizos del cielo atardeciendo, los prados y sembrados aun estaban bañados por los rayos del sol que se ocultaba en el horizonte, pronto oscurecería, podía olerlo en la brisa de la tarde.
Estaba sentado en una pequeña colina donde solía ir con la chica del futuro, en verano le encantaba ir a ese sitio pues las flores creaban un manto que cubría toda la superficie y Kagome como si de una niña se tratase se veía preciosa entre ellas. Pero ahora no era verano y ella no estaba
Sin darle importancia sintió como su cuerpo comenzaba a cambiar, se puso en pié y buscó con la mirada un sitio donde resguardarse de la noche en su forma humana, no es que le preocupara mucho que le vieran así de hecho ni si quiera le importaba morir. Finalmente divisó una pequeña cueva y decidió pasar allí la noche solo, como siempre había hecho hace muchos años atrás, antes de quedar sellado en el Goshimboku.
Se apresuró en llegar para aprovechar sus últimos resquicios de fuerza demoniaca, entro caminando lentamente en el recinto, mirando los dedos desnudos de sus pies humanos, tan delicados ahora. Clavó con todas las fuerzas que su nuevo cuerpo le permitió, a Tessaiga en la abrupta pared de rocas y tierra, aunque apenas penetro, supo que estaría seguro.
Ni siquiera encendió un fuego, sólo se dejo caer abatido por el cansancio mental al que se había sometido los últimos días, apoyó su frente entre sus rodillas y su flequillo negro ocultó su rostro pero la tierra batida a sus pies delataba las gotas de las lágrimas que caían silenciosas.
Pensó que esa primera noche la pasaría con Kagome, deseaba darle placer en su forma humana, sin necesidad de herirla como lo hacía siempre que se apareaban pero eso ya no sucedería más, nunca la volvería a tener desnuda y ruborizada entre sus brazos, sintiendo su aliento fundirse en su boca, Kami como la deseada.
Apretó sus manos posadas sobre sus tobillos presa de la impotencia y el dolor, mientras el llanto ahogaba su voz.
- Kagome – Estaba tan sumido en sus pensamiento que no escuchó los pasos que se acercaban hacia él. Sango y Miroku se detuvieron a unos pasos de el chico sabían lo que estaba haciendo y no querían intimidarlo aunque lo harían.
Inuyasha alzó la vista lentamente pero sorprendido y al ver quiénes eran volvió a esconder su rostro disgustado.
- Qué queréis, largaros, no necesito a nadie… quiero estar solo.
- Inuyasha somos amigos recuerdas, no te abandonaremos y menos esta noche, si quieres sufrir hazlo pero tienes que saber que estamos contigo y que también sentimos tu pérdida, no olvides que también era nuestra amiga. – Miroku hablaba con una voz serena y melodiosa, su rostro se mostraba serio como si le fuera la vida en sus palabras.
Los observó allí inamovibles como estatuas esperando un respuesta, no quería hablar pero ellos eran tal vez lo único que le quedaba de ella, puede que se sintiera más vulnerable esa noche y su coraza flaqueaba como nunca, lo cierto es que estaba muy asustado y no quería cometer errores.
- Miroku, Sango… yo, lo siento, siento todo esto, ha sido por mi culpa… jamás debí marcharme y dejar a Kagome aunque supongo que en su época estará segura y no correrá ningún peligro. Si en el fondo es lo mejor. – No había materializado ese hecho, no había mejor sitio para ella que de dónde provenía, él sólo podía ofrecerle dolor y sufrimiento.
La pareja le sintió suspirar vencido, ese no era el Inuyasha que conocían aunque tratándose de Kagome, su punto débil estaba al descubierto. El monje se acercó y colocó una mano en el hombro del chico.
- Intentaremos encontrar la manera de que vuelva Inuyasha, no pierdas la esperanza, lo más seguro es que Kagome-sama tampoco lo estará pasando bien allí sin ti, sabemos lo mucho que significas para ella. – Sango le observaba afirmando.
- No creo que Kagome se de por vencida, conociéndola lo más seguro es que de con la forma de regresar, sólo debemos darle tiempo y estar atentos a cualquier señal que pueda enviarnos pero debemos estar unidos, ahora más que nunca.
Los ojos azules de Inuyasha parecieron palidecer, debía tomar una decisión y todo indicaba que lo más acertado sería aceptar la ayuda que le brindaban y que hasta ahora no había podido aceptar a causa de su orgullo.
- Está bien, lo haremos juntos. – Aunque no quería admitirlo se sentía reconfortado, Kagome era su mundo pero se percataba que no sólo ella se preocupaba por él, tal vez de esta manera podría controlar su instinto youkai de autodestrucción. No dijo una sola palabra más en toda la noche y tampoco pudo pegar ojo, se concentró en las brasas que encendieron sus amigos para resguardarse del frío nocturno mientras dormitaban.
Fuera de la cueva dos ancianos demonios en una vaca voladora respiraban tranquilos.
- Al menos hemos ganado algo de tiempo con el señorito Inuyasha. – El menor de los dos reposaba en el hombro del otro. Totosay le dirigió la palabra sin mirarlo.
- Cierto pero igualmente debemos buscar la forma de devolverle a su compañera, es sólo cuestión de tiempo que pierda la cordura que ella le proporciona, quién le detendrá si se convierte en youkai, no podemos arriesgarnos sabiendo que Naraku a estas alturas ya habrá notado la desaparición de la Miko.
- Entonces no perdamos más tiempo debemos hablar cuanto antes con el señorito Inuyasha. – Sentencio Mioga.
...
P.D.: Aquí estoy otra vez, últimamente escribo siempre que tengo la oportunidad, y como tengo varias historias activas a veces me pierdo y ya no se ni cual actualizo, puede que sea el agotamiento pero esto me relaja y si encuentro algún que otro review, me compensa... es como un premio.
Muchas gracias a todos los que me aguanten, se que a veces tardo mucho. Es curioso pero a pesar de la tardanza llevo el fic en mi mente todo el tiempo, es como un cargo de conciencia por no actualizar, no se si os pasa pero en mi caso es una extraña situación de "quiero y no puedo".
¡Gracias por leerme!
