Y a la hora de las entrevistas, Dios nos ampare
Siempre ha sido la imagen del mánager profesional, pero por dentro está que se come las uñas y entra en un ataque de pánico, y eso es lo último que necesitan, con su representada les basta y les sobra, decide mirando a la bola de energía oscura y lloriqueante acurrucada en la esquina del camerino. No es como si nunca antes hubiese estado ante los medios, pero usualmente había sido con el resto del elenco de las producciones en las que había participado, estrictamente profesionales.
La de hoy, sin embargo, era para un reportaje completo sobre ella, Kyoko, la mujer detrás de la actriz, su vida, sus pasatiempos, sus logros, sus proyectos…, su vida amorosa. Era el artículo central para una revista altamente popular entre los más jóvenes. Se habían preparado juntos para esto por varias semanas, cómo responder, cómo evadir una pregunta no deseada hábilmente sin parecer renuente a contestarla, cuándo y cómo propiciar un cambio de tema, el lenguaje corporal... Y, aunque Yashiro confiaba plenamente en ella, el estado actual de Kyoko le hacía pensar que estaba enviando una foca bebé a aguas infestadas de tiburones.
—Estamos listos para empezar —llamó la voz detrás de la puerta.
—Gracias, Kyoko enseguida estará con ustedes.
—Kyoko-chan, ya es hora.
Vio el cambio frente a sus ojos. Nunca dejaba de sorprenderlo, Kyoko realmente era el diamante de su generación. Su persona pública no muy diferente de la auténtica Kyoko, solo vibraba con un poco más de confianza de la usual. La observó caminar con elegancia hacia la puerta.
Si se hubiese tratado de otra persona le habría dicho: "sé tú misma", pero por experiencia sabía que Kyoko siendo ella misma podía ser abrumadora y arrolladora a primera vista, no que fuera malo, pero tomaba su tiempo acostumbrarse a sus peculiares manías, así que era mejor dejárselo a su persona pública, que se traducía en: sé tú misma pero con filtro. Así que para darle ánimos le dijo lo primero que se le cruzó por la cabeza.
—Recuerda que los tiburones pueden oler la sangre desde la distancia.
Kyoko abrió los ojos como platos.
Sin duda no fue su frase más brillante, quizás a la próxima se apegaría al "sé tú misma".
