Suena el teléfono de Liechtenstein ella contesta AL INSTANTE, un poco susurrante.

—Hallo?

—A-Alló —vacila el canadiense tímido.

La chica se levanta de su sitio en la sala en donde estaba zurciendo calcetines y mira a su hermano que está de espaldas a ella leyendo el periódico y que aún no se ha dado cuenta del teléfono.

—¿C-Cómo... estas? —pregunta Canadá suavemente.

—B-Bien, ¿tú?

—Bien... —toma aire profundamente, nervioso—. Vas a... you're brother... I mean... Austria... You know.

—¿El baile?

—Yes —agradece la ayuda. Suiza mueve las hojas del periódico y Liechtenstein palidece un poco sentándose otra vez.

—¿Vas a ir?

—Y-Yes... ¿y tú?

—Liechtenstein, bitte, puedes cerrar la ventana —pide Suiza a la vez. Canadá espera que le responda sin oir al helvético.

—J-Ja.

—¡Ah! —exclama contento el canadiense. Liechtenstein levanta las cejas sorprendida al escuchar a Canadá

—¿Quieres... vas a ir con tu brother...

—Oh... N-nein, bueno, ja —se levanta a abrir la ventana tratando de hablar lo más suave posible.

—Querrás... —vacila y se rasca la nuca.

Suiza frunce un poco el ceño, esta vez escuchándola y baja el periódico mirándola.

—Was? —pregunta suponiendo que habla con él.

—Bueno, bailar un... un baile conmigo —pide en un susurro—. Please.

La chica se sonroja y sonríe un poco, bajando la mirada ignorando a su hermano.

—J-ja, seguro —susurra. Canadá vuelve a respirar.

—¿Con quién hablas? —pregunta Suiza frunciendo el ceño y mirando a la chica, que está sonriendo bobamente, súper nerviosa, ignorándole.

—Danke —susurra ella sin dejar de sonreír.

—Bien, nos vemos allí —sonríe despidiéndose.

—Bien, nos vemos ahí —se despide ella también, separándose el teléfono del oído y colgando.

—¿Quién era? —pregunta Suiza escandalizado.

—Canada... —susurra mirándose los pies.

—Oh —frunce el ceño más y se incomoda—. ¿Y qué quería?

—...baile —susurra casi inaudible y sonríe sonrojadita.

—El baile, ¿eh? ¿¡Eh?! —se cruza de brazos indignado— ¿Al menos te lo pidió respetuosamente?

—J-ja, ja... —vacila asustada

—¿¡Y qué te ha dicho?!

—... con él —vuelve a sonreír y a sonrojarse un poco mirándose los pies.

—Waaaaaaaaaas?! —Suiza imaginando cualquier clase de guarrada, gracias Austria (porque la perversión en la cabeza de suiza SIEMPRE es culpa de Austria).

Liechtenstein le mira asustada.

—¿¡Qué clase de cosa te ha pedido que hagas con el ese sucio hijo de France!?

—B-b-b-b-b...

—BEBÉS?

Ella niega con la cabeza frenéticamente

—Entonces?!

—...—susurra algo inaudible y Suiza respira intentando calmarse.

—¡Esto es culpa de Österreich!

Ella parpadea sin entender.

—Tú eras una florecita inocente hasta que llegó el a... a... ¡pervertirte y a hacer estas cosas! ¡Me va a oír! —protesta frunciendo el ceño y buscando su teléfono para hablarle a Austria al celular (y todos nos reímos de Suiza).

—¡Pero bruder! —trata de detenerle ella con probablemente las mismas posibilidades de lograrlo e intensidad que una mariposa campestre.

—Pero nada, ¡PERO NADA! —marca el teléfono de Austria—. Él, empeñado siempre en que tu salgas y conozcas a más gente y todo lo demás, ¡Esto es una locura!

—Ciao!

—Österreich.

—¡Ah, Svizzera! No sé donde está el signiore.

—¡Búscalo!

—Un momentoooo —Italia canta y se va dando saltitos por la casa. Suiza mira a Liechtenstein y tamborilea los dedos en el sillón.

—Esto es inaudito, es su culpa... ¡Siempre es su culpa! Veladamente y sin que yo me de cuenta, ¡ve los desastres que está organizando!

Ella le mira desconsoladilla, aunque ya debería de tener un poco más de fé en Austria, que con tres palabras va a mandar a la mierda a Suiza.

Finalmente después de un bueeeeeeeeeen rato, Austria se pone al teléfono.

—Hallo?

—¡Esto es tu culpa!

—Probablemente —suelta con cinismo.

—¡Eres un cínico! —protesta frunciendo el ceño y apretando los puños

—Probablemente también.

—¡Verdammt! —escupe histérico —. ¡Esto es inaudito!

—¡Oh! ¡oh! —fige drama aunque de hecho suena como si no le hiciera ni caso

—¿Podrías al menos preguntarte de qué es de lo que te hablo en vez de ignorarme?

—Seguramente acabarás acusándome de ello tarde o temprano, así qué...

—Liechtenstein! Mi pequeña florecita del bosque... era tierna, dulce, delicada y COMPLETAMENTE PURA, hasta que tú la aventaste a los brazos de ese chico raro de France.

—¿Aventarla yo?

—¡Pues claro! Ahora mismo acaba de hablarle para pedirle que hagan toda clase de suciedades y perversiones... esto es ¡TU CULPA!

—Liebe, una cita no es una suciedad ni una perversión —responde intuyendo lo que podría ser.

—¡No es una cita, es algo peor! ¿Qué es lo que te pidió? —pregunta Suiza frunciendo el ceño y mirando a Liechtenstein.

—Bailar...—susurra ella.

—¡BAILAR! VES? VES? —histéricolocoperdido ni siquiera se está escuchando.

—Está bien, estaré en tú casa en unos... veinte minutos.

Suiza parpadea y vuelve a parpadear.

—Más te vale que estés a tiempo —frunce el ceño y cuelga, cruzándose de brazos y pensando, claro, que vendrá a arreglarlo...

Unos buenos tres cuartos de hora más tarde suena el timbre en Berna y Suiza, que lleva veinticinco minutos paseando como león enjaulado en su sala, abre la puerta casi instantáneamente.

Austria se despide de Hungría con la mano.

—Hallo.

Hungría toma un par de fotos y luego se despide de ellos con la mano, Suiza se quita de la puerta para dejarle pasar con el ceño fruncido. Austria entra tranquilamente quitándose la chaqueta.

Suiza le mira refunfuñando (específicamente sobre el tiempo que ha tardado) y cruzándose de brazos después de cerrar la puerta a sus espaldas, Austria le sonríe.

El helvético se sonroja un poco sin poder evitarlo, aun con los brazos cruzados.

—¿Qué vas a hacer para arreglarlo?

—Recordarle a Liechtenstein como bailar y, si te portas bien, enseñarte a ti luego algo que parece se te ha olvidado.

—¿¡E-Enseñarle cómo bailar?! —le mira con los ojos muy abiertos, porque en su cabeza, eso NO estaba dentro de los planes como posible solución.

—Ja.

—Pero... pero eso. Eso no estaba dentro de —se interrumpe a si mismo—. ¿¡DE QUÉ LADO ESTÁS, EH?! ¿DEL CANADIENSE ESE SUCIO QUE SE QUIERE LLEVAR A MI NIÑA?

—Ah, es cierto, eso me recuerda el asunto de las cosas que he venido a enseñarte a ti —le mira sonriendo tranquilamente.

Suiza le mira con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—Es decir, lo que son cosas realmente sucias y pervertidas —sentencia mirándole por encima de las gafas.

Suiza parpadea y se sonroja dando un paso hacia atrás.

—N-No es ese el asunto —murmura apretando los ojos. Austria se da la vuelta entrando a la sala yendo a por Liechtenstein, ignorándole.

—Pero es que Liechtenstein no va a ir a ningún lado.

—¿Cómo que no? —ambos le miran y el helvético traga saliva.

—Pues... pues no, nein, no vas a ir a hacer guarradas con nadie —mira a Liechtenstein con los brazos cruzados.

Ella le mira desolada y cuando planea responder Austria le corta.

—Bien Schweiz, ven aquí —se va hasta una zona bastante despejada y señala delante suyo.

Suiza se acerca hasta ahí con el ceño fruncido mirando a Austria.

—Liechtenstein, bitteschön, pon algo de Strauss —mira a Suiza y le toma de la cintura y de una mano en posición de baile—. ¿Serías, bitte, tan amable de indicarme exactamente qué parte es la guarra mientras bailamos?

Ella corre ha hacer lo que le ha pedido

Suiza se sonroja inmediatamente temblando un poco con la cercanía y con... Austria en general.

En cuanto suena la música la chica se sienta en el sillón mirándoles y Austria empieza a mover a Suiza.

—P-Pues... es... en... en general —murmura Suiza

—Nada de generalidades, quiero que nos digas en voz alta en que estás pensando para calificar esta actividad de guarrada —exige con voz de profesor de colegio. Suiza evidentemente hace lo que puede en el baile, que es prácticamente no mover los pies y pensar que...

—Estás muy cerca.

Austria se separa un poco.

Suiza da un pasito hacia él y levanta la cara mirándole el cuello, evidentemente no se mueve ni un poco, está con los dos pies plantados en el piso. Traga saliva pensando que Austria huele bien...

—¿Qué más? —pide tratando de que se mueva.

—E-Esta es... una actividad —se mueve un poco acercándosele otra vez, nervioso. Le vuelve a mirar a la cara —. Hueles bien.

—Danke —se sonroja un poco—. A mi me parece bastante inocente.

Suiza aprieta los ojos y niega con la cabeza, porque evidentemente el cumplido del olor no estaba entre sus planes.

—Concéntrate en mi pregunta.

—¿Cuál pregunta? —le mira frunciendo el ceño, aun con los ojos cerrados tratando de entender la matemática del baile, inconscientemente.

—Creo que podemos dejar a la niña hacer esto con quién quiera —susurra en su oído.

—Ja —responde con un escalofrío por el susurro, empezando a mover los pies dando exactamente los pasos que da Austria, pero frente a él, tratando de pensar en orden—. Pero... es que estás muy cerca...

Sonríe y le guiña un ojo a Liechtenstein.

—Y más que podría —le abraza de la cintura contra si. Suiza traga saliva.

—Y-Yo no se bailar —sentencia un poquito fastidiado con que Austria consiga hacer esto con el cada vez.

—Pero esas son las cosas que te enseñaré luego —susurra en su oído bajando un poco la mano que tiene en su espalda.

—Liecthensteinnopuedehacerloa si —susurra dando un saltito.

—Y para eso vas a estar tu vigilándola —le suelta riéndose.

Suiza aprieta los ojos y se le recarga encima, un poco, escondiéndose ligeramente en su pañuelo.

—Si Liechtenstein va a bailar así con Canadá, me niego —murmura sólo para que él le oiga.

—No lo hará, ella es lista.

El rubio se detiene y levanta la cara mirándole a los ojos con el ceño fruncido.

—¿Qué insinúas?

Austria sonríe y Suiza levanta las cejas.

—No soy idiota, esto es tu culpa... tú eres el idiota —protesta sonrojado.

—A mi no me parece ser idiota —responde el moreno tranquilamente.

—Pues tu me acabas de decir a mi idiota —da un pasito atrás, como hasta hace un segundo que estaban bailando.

—Nein, he dicho que ella es lista y no hara esto.

—Eso nos hace a ti y a mi, idiotas.

—Nein, simplemente nos pone en una situación diferente.

Suiza le mira a la cara y luego niega con la cabeza.

—No sé hacer esto.

—Calma —le pide a Liechtenstein que se acerque y les pone a bailar juntos.

—Nein, nein, no hablo de bailar —admite antes de que le pongan a Liechtesntein enfrente.

—¿Entonces? —pregunta Austria, el suizo suspira mirando a Liechtenstein y negando con la cabeza, tomándola a ella de la cintura y moviendo los pies exactamente como los movía con el austriaco, mecánicamente.

Austria les muestra las posturas y movimientos esperando que entre ellos dos el factor tensión sexual no exista y se concentren mejor. Dirigiéndoles hasta que es aceptable, ambos, riñéndoles por que no siguen la música y son demasiado secos.

Cosa que seguro pasa TODO el rato y seguro los dos terminan siendo capaces de bailar como Robotina

Suiza al menos lo hace lo mejor posible, de la manera más mecánica y poco vistosa que se puede bailar, pero al final del día consiguiendo hacer cada postura y movimiento que Austria le enseña. La única manera posible en la que se equivoque es que Austria espere que haga algo diferente a lo que le ha mostrado.

Al cabo de un rato les pide que paren para que cada uno baile con él y Suiza le deja bailar a ella primero, mirándoles ligeramente pensativo.

Austria le quita algunos vicios y le muestra como moverse si acaso Canadá se mueve de otra forma.

El helvético sigue mirándoles, mordiéndose el labio, ligeramente sensibilizado.

Lo mas sutilmente que puede Austria trata de enseñarle como moverse si Canada se acerca un poco más y Suiza no se entera en realidad, viendo a Liechtenstein repentinamente muy grande, no una niña sino una señorita.

Al final Austria la suelta y le sonríe, ella le sonríe de vuelta y se va corriendo arriba como le ha pedido.

Suiza suspira mirándole con cierto aire de preocupación, Austria le mira sin saber que ocurre.

—¿Qué piensas?

—Liechtenstein ha crecido mucho...

—Ja.

—Yo no sé hacer esto, se me sale de las manos —murmura mirando el reloj.

—Por eso estoy aquí para ayudarte.

—Cada vez más, realmente no se cómo hacerlo y cada vez te pido más ayuda... Y tú sabes cómo.

—Para mi es más fácil verla con la edad que tiene realmente y lo fuerte que es.

—Es fuerte... Más aún de lo que parece.

—Ja.

Suiza suspira y niega con la cabeza.

—El chico este al menos parece ser más o menos decente —se levanta dispuesto a bailar con Austria, porque así funciona su cuadrada cabeza.

—Ja, cuando Deutschland habla de los G8 suele hablar bien de él

—Bueno, espero que así sea, inicialmente pensé que lo que le había pedido era algo peor —se le acerca sonrojándose un poco esperando a que le ponga una mano en la cintura.

—En fin —Austria se pone en la posición que tenía Liechtenstein, es decir, con las manos en sus hombros.

Suiza le mira, vacilando un poco poniéndole una mano sobre el cinturón, sobre su cadera. Austria sonríe y se incomoda un poquito, esperando a que le guíe.

El helvético se sonroja un poco más, esperando unos instantes porque ha terminado la pieza anterior y empezará una nueva.

—Está pieza me gusta mucho.

—Vals... pfff —hace los ojos en blanco empezando a moverse tensamente—, las cosas idiotas que me haces hacer.

Al cabo de unos movimientos, Austria empieza a jugar con el pelo de la nuca de Suiza quien le mira sonrojándose y con los ojos abiertos, tensándose más y moviendo la mano un poco más hacia la espalda de Austria.

Cosa que Austria aprovecha como escusa para acercársele más.

—Estás muy cerca... —susurra otra vez, tensándose más y mirando hacia las paredes.

—Un poco —responde apoyando la mejilla en la suya, ignorando el baile preestablecido. Suiza cierra los ojos y traga saliva, empezando a sudar un poco.

—E-Esto vamos a hacerlo el sábado, no me ha-has dicho cómo se hace.

—Tienes que relajarte o todos notaran que estás sonrojado, eso para empezar —responde y restriega la mejilla un poco acariciándole.

Bien, manera absolutamente perfecta de conseguir que Suiza parezca la luz que indica "Stop" en un semáforo.

Austria no le ve, claro, respirando suavemente muy cerca de su oído, con los ojos cerrados.

—Re-relajarme —traga saliva lentamente, más tenso aún, con Austria taaaaaan cerca. Se humedece los labios, bajando el ritmo del baile —. Eso...

—Mm?

—Österreich... —murmura sin saber bien qué hacer, girándose un poquito hacia su cara y terminando por acariciarle él también, rozándole la mejilla con los labios.

Austria sonríe y se separa también un poco volviéndose a él.

—Si esto va a tener más pasos, deberías mostrármelos, porque... —se interrumpe y traga saliva al ver que está tan cerca que casi puede contarle las pestañas detrás de los lentes.

—Aja?

—Vamos a tener que hacer esto enfrente de todos —cae en la cuenta abriendo los ojos más de lo normal, pensando que va a tener que bailar, esto, frente a todos, con Austria... se le acelera incluso un poco el corazón—. C-Contigo a esta distancia.

—Ja. Pero no te preocupes es muy fácil —vuelve a acercársele y le da un beso suave bajo la oreja, en el cuello—. Solo tienes que calmarte.

Suiza inclina la cabeza sin poder evitarlo y cierra los ojos con el corazón desbocado.

—C-Calmarme, como... nein, no es fácil.

—Piensa en que tú también me gustas a mi —le susurra al oído.

Ya, claro... ese comentario hace el truco y Suiza se pone más sonrojado, erizándosele la piel y pensando que esto está empezando a sentirse como algo tremendamente íntimo como para hacerlo en privado, ya no digamos en público.

—O de hecho... piensa que... Ich liebe dich —sigue. Austria está dispuesto a que a Suiza le de un infarto hoy mismo, así que cierra los ojos y se esconde valientemente en el cuello de Austria, abrazándole quien le abraza más fuerte por los hombros.

Suiza está ahora moviéndose como barquito, cambiando de un pie al otro, de lado a lado, sin realmente ritmo ni pasos ni nada, pero sin dejar de moverse de lado a lado. Que es más o menos lo que está haciendo Austria también, así que bien.

—Ashishsi —susurra con la cara metida en el maravilloso pañuelo, que Suiza recomienda a Inglaterra que recomiende a Francia poner de moda de nuevo, puesto que esconde a alguien mejor que la camisa abierta hasta el tercer boton, yiiihaaa!

Austria sonríe y se acaba la pieza por que los valses no duran para siempre. Suiza sigue haciendo barquitos igual, ¿qué estaba sonando música?

Así que el moreno decide quedarse así un ratito más también.

Hasta que repentinamente, el rubio se da cuenta de que no hay música y el está haciendo el idiota, dejando de mover los pies y hundiendo más la nariz en el pañuelo.

—Te detesto —croa con la voz apagada por la tela vacilando en si soltarle o no del abrazo.

—¿Qué pasa? —pregunta soltándole un poco para volverse a él al notarlo

—Si Lichtenstein... —empieza y vacila en lo que iba a decir—, si Canadá, le hace a Liecthenstein...

—Aja?

—Si ella... si Canadá hace con... —aprieta los ojos poniéndose histérico el solito al no encontrar una manera adecuada para decirlo—, si hace con ella lo que tú... si ella tiene los mismos problemas que tú me causas...

—¿No eres feliz?

Suiza levanta la cara y le mira.

—Was?

—¿No eres feliz? —repite mirándole a los ojos.

—¿E-eso qué tiene que ver?

—¿No quieres que ella lo sea?

—Ja, claro que quiero que lo sea —frunce el ceño—. Es lo único que quiero.

—¿Entonces qué problema tienes en lo que haga Canadá? Si le hace algo malo, estoy absolutamente seguro que vas a ser el primero en saberlo.

Suiza parpadea y mira de lado sonrojándose un poco.

—Si Canadá hace con ella lo que tú haces conmigo.. —murmura.

—Ja?

—No importa todo lo lista que sea, hay que rezar porque de verdad Canadá sea buen chico —le separa de la cintura, apretando los ojos.

—Si Canadá hace con ella lo que yo contigo, es por que es un buen chico —sonríe.

—Tú no eres un buen chico —el suizo abre los ojos mirándole con una ceja levantada.

—¿Cómo que no? —sonríe más, el cínico.

—Claro que no, tú eres insufrible, egocéntrico, cínico e impuntual... entre otras múltiples cosas —establece frunciendo el ceño.

—Esas cosas no tienen nada que ver con la bondad intrínseca.

Suiza levanta una mano y le toma de la barbilla.

—¿Bondad intrínseca? ¿Te parece que eres realmente un buen muchacho?

Austria sonríe sosteniéndole la mirada y Suiza le pasa un dedo por encima de la peca de la barbilla, poniéndose nerviosito otra vez por la distancia a la que están.

—Tú lo que eres es un cabrón.

—¡Semejante atrevimiento!

—Pues claro. No tengo idea de qué es lo que... tengo YO en la cabeza.

Austria levanta una mano y se la hunde en el pelo y Suiza cierra los ojos siguiendo el movimiento.

—Te detesto —susurra en automático.

—Mmmmm... ¿qué pasa si no te creo?

—Serás además de todas las otras cosas... un necio —Suiza haciendo una broma... ¿habrase visto? Austria sonríe de lado.

Suiza se acerca un poco y le da un beso rápido en la mejilla

—Otra prueba de todo lo que me detestas.

—Cállate.

—¿Y si no quiero?

—Claro que no quieres, con lo incordio que eres.

—Tantas palabras cariñosas me abruman.

—No son palabras cariñosas.

—¿Y cómo hacemos que lo sean?

—¿Quieres que lo sean?

—Siempre es mejor.

—Was?

—Las palabras cariñosas son mejores

Suiza traga saliva.

—¿Y bien?

—Ehhhh...

—Bueno, supongo que tras esta lección de hoy no habrá problema con bailar frente a todos, ¿verdad? —cambia de tema.

—Sí soy feliz.

Austria parpadea tomado por sorpresa.

—Creí que solo estaba feliz... —sigue Suiza y el moreno inclina la cabeza escuchándole—.Luego... Luego vino Liechtenstein y las cosas, bueno... evidentemente un perro no es compañía suficiente por décadas y décadas.

—Suerte de Liechtenstein —sonríe y le acaricia la mejilla—. Ningún perro dura décadas y décadas.

—Eran varios perros —responde mirándole y sonriendo muuuuuuuy levemente.

—Aun así, Liechtenstein es una chica lista. La primera vez que te vio ya supo que eres bueno, en vez de asustarse como todos los demás.

El helvético frunce el ceño e inclina la cabeza.

—Pues más asustada de lo que ya estaba...

Austria se encoge de hombros.

—Estaba corriendo por las calles, aterrorizada con la guerra —le mira a los ojos y el de las gafas niega con la cabeza—. Tú no estabas —responde infantilmente.

—Fue en mi boda con Ungarn —responde.

Suiza le mira con expresión indescifrable, el ceño fruncido y un poco abiertos los labios.

—¿Cómo sabes eso? —susurra.

—Ella misma me lo contó.

Se separa un poquito de él.

—Tu me dijiste que no sabías que había ido a... eso.

—Yo no te ví allí, así que nunca supe si era cierto.

—El idiota de Preussen —niega con la cabeza— y yo quería odiarla, porque era... Se parecía tanto a ti de pequeño, llorando ridículamente desconsolada en una esquina de la iglesia.

—Ella ni siquiera me dijo que eras tú, dijo que... —sonríe de lado.

—Was? —frunce el ceño

—Que un ángel de cabellos rubios y ojos verdes había ido a salvarla

—¿U-Un ángel? ¡Te estás inventando eso! —"protesta" Austria se ríe y niega.

—Ella era muy pequeña y a veces le contábamos cuentos sobre los ángeles de la guarda, recuerda que todos éramos mucho más religiosos por entonces. Al parecer su ángel no quiso decirle su nombre para que ella no descubriera que lo era, pero que era evidente por que la había ayudado aunque estaba enfadado por haber tenido que mostrarse.

Suiza sonríe un poco sintiéndose, muchos años demasiado tarde, sorprendentemente bien por haber hecho sentir a alguien a quien quiere tanto, bien en un día tan absolutamente jodido para él.

—Pues valiente comparación... —vuelve a "protestar".

—Además al final ella tenía razón —se encoge de hombros—. Debe tener el ángel más gruñón del mundo, pero...

—Yo no soy un ángel —protesta—, al contrario.

—¿Eres un demonio? —sonríe y decide que va a sentarse al sofá

—Nein, pero... un ángel, esto va de mal en peor. Dulce, un ángel —protesta sentándose junto a él.

—No se puede hacer más Herr Cruz Roja.

Suiza le medio fulmina mirándole de reojo.

—Estaban tú y el idiota de France, embarrados en sangre cada dos horas en la puerta de mi casa... a punto de morirse. Sabes perfectamente bien que SÓLO porque me molestaba que se murieran aquí, fue que hice la cruz roja.

Austria se ríe.

—La cosa es que llegó Liechtenstein y las cosas fueron considerablemente mejor —sigue con su historia cruzando la pierna y mirándose las manos.

Austria le mira de reojo, dejándole hablar.

—Y aun así... —Niega con la cabeza, porque ni siquiera sabe por qué coño sigue hablando de ese tema si ya lo habían cambiado—. No garantizo que no vaya yo a hacer el ridículo absoluto el día de tu baile.

—¿Por?

—Si te pones a... —se lleva una mano al cuello y se sonroja—, o dices cosas... pues...

—¿Te parece que he bailado contigo igual que lo ha hecho Liechtenstein? —sonríe de lado, Suiza le fulmina un poco.

—Claro que no, idiota.

—¿Por qué crees que no fue igual?

—Pues porque tú eres tú, y Liechtenstein es mi hermanita.

—¿Y además de eso?

—Pues... ¿tú eres hombre? Tú eres mi... —carraspea.

—Estoy hablando de cosas más de forma y menos de emoción.

Frunce el ceño sonrojándose más y separándose de Austria, porque el que el que AUSTRIA, el ridículo, pomposo y sentimentalote de Austria le diga que habla de cosas de FORMA y no de EMOCION a ÉL le parece un DRAMA.

—Ser hombre también es una cosa de forma —protesta de manera increíblemente estúpida.

—Aún así puedes bailar conmigo como si fuera Liechtenstein.

—Eres más alto, al principio tú tenías la mano en mi cintura, tú te mueves más suavemente, te paras más cerca y me respiras al oído molestamente... eso no lo hace Liechtenstein.

—Por supuesto que no, eso no se hace en un vals. Justamente de eso hablo.

—¿De respirarme al oído? —se sonroja y le mira de reojo.

—Ja.

—Así que lo hacías por molestarme —le acusa.

—Ja, entre otras cosas.

—Y ese día no lo vas a hacer —le mira ignorando el asunto de las otras cosas que bien que sabe qué otras cosas son, pero ignora.

—Es posible que no.

—Es posible entonces que no hagamos el completo ridículo.

—Esa posibilidad siempre cabe.

xoOXOox

Estados Unidos sale de recoger su mochila en el aeropuerto, hacia donde están los taxis... Ligeramente acojonado, no vamos a negarlo y aun con todo Bielorusia está en el aeropuerto.

El americano se rasca la cabeza al verla sin saber que hacer, ella se le acerca con determinación y el ceño fruncido, a lo que él se pone un poco en guardia, mirándola.

—Sé a lo que has venido —suelta ella sin saludo ni nada.

—Hello —saluda él metiendo los pulgares en los sostenes de la mochila.

—Has venido a follar con mi brat —le acusa mencionando a su hermano. El de las gafas frunce el ceño y traga saliva.

—Fuck —suelta como taco, no como... Corrección.

—No me gustas y me da igual cuantos besos le diste —sigue.

—Yonolediningunbeso! —chilla histérico mirando a los lados pensando ahora que quizás alguien le oyó.

—¿Insinúas que me mintió? ¡Mi brat NO me miente!

—Fuck it, bitch. Deja de gritar —susurra sonrojado.

—Niama! —niega en un grito.

El chico frunce el ceño y se le acerca un poco, levantando las manos para hacerle algo apretando los puños. Se lo piensa a la mitad y frunce más el ceño, dándose la vuelta y alejándose de ella.

Bielorusia le mira fijamente y le sigue.

—No me gusta que hayas venido a esto, no me gustas tú, aléjate de mi brat —insiste ella.

—¿Y a mi que me importa si te gusta o no?, who the hell are you para que me importe? His mom?

—Soy su siastra y me quiere mucho más que a ti, sé que por eso le acariciaste y le besaste. Está muy impresionado, pero no le importas. Él también te odia como yo.

—Pfff.. What? I HATE him! A mi me da lo mismo y... ¿Sabes? —se detiene y la mira—. Ni siquiera es capaz de querer ese tipo, es un psycho, así que no te ilusiones.

—No es un psycho. No se lo llames. A mi me quiere mucho y tú estás celoso. Nunca va a quererte.

Estados Unidos suelta una risa fuerte y ella frunce más el ceño.

—¿Celoso? Gosh... You are funny —sonríe.

—Te crees muy listo, pero a mi me ha besado muchas más veces que a ti y le gusta más —se inventa. El americano parpadea y la mira.

—Pues no parecía que supiera besar a nadie.

—Va a ir conmigo al baile —replica.

—¿Y a mi eso qué? —cara de desagrado

—Va a ir conmigo y no contigo por que a mi me quiere más y a ti solo te utiliza por que le gusta darte por el culo.

—SHUT UP! —aprieta los ojos—. ¡YO voy a darle por culo esta vez!

—No lo creo. Y además a ti te gusta que lo haga por que a ti te gusta mi brat.

—¡¿Como que no lo crees?! —chilla—. ¡Claro que si!

—Niama, por que a ti te gusta al revés, por eso tu le invitaste a tu casa.

—A mi también me gusta así, y yo voy a cogerme a tu brother, ok? Deja de decir que a mi me gusta al revés —la señala con un dedo.

—No quiero que lo hagas, quiero que te vayas a tu casa. Él ya no quiere verte, por eso estoy aquí.

—Shut UP! —protesta sacando su teléfono y marcando el de Rusia —. ¡Deja de seguirme!

—Niama —sigue siguiéndole.

Estados Unidos se lleva el teléfono al oído buscando aún más los taxis, sonriendo cuando los encuentra.

—Privet?

—Dile a tu sister que deje de seguirme —frunce el ceño—. Estoy en el fucking Moscow.

—Ah, privet! —responde al reconocerle y sonríe.

—Tu sister me sigue —protesta—. ¿Dónde nos vamos a ver?

—En el acuario.

—Fucking acuario, ¡No quiero ver a la beluga!

—Anda, ¿por qué no?

—Porque se llama América! —protesta subiéndose a un taxi—. ¿Cómo se llama el lugar? ¿Así? ¿"Acuario"?

—Belarús sabe como se va —responde mientras ella se sube al taxi por la otra puerta.

—¡Pero no quiero ir con tu sister! ¡Dile que deje de seguirme!

—Dile privet de mi parte —sonríe.

—¿Pero es que va a venir todo el tiempo?

—No lo sé —responde el ruso sinceramente.

—No!

—Puedes preguntárselo, yo no estoy ahí —propone.

—Tú eres un ridículo que te cuida tu sister como si fuera tu mommy

—Tú me has pedido ayuda para que no te siga —se devuelve.

—Ashhh! Pues es tu sister, no la mía!

—Claro, por eso me cuida a mi.

—No sabía yo que necesitabas niñera —se queja—, y más una loca que habla de besos... En serio eres raro besando y tirándotela.

—Tú eres más raro.

—¡Claro que no!

—Da —se encoge de hombros

—Fuck, commie! ¡Tú eres el raro!

—Paka, Soyedinennyye Shtaty —se despide el ruso.

—No me digas paka, si no es agradable! —se queja y le cuelga, histérico al ver que ha colgado primero sin escucharle, mirando a la chica.

Bielorusia le está mirando fijamente como una acosadora, imitando a su hermano.

—What? Deja de verme así! —con un escalofrío recordando a Rusia con la mirada.
Ella frunce el ceño pero no deja de mirarle

—What?

—Eres raro —sentencia interpretando lo que han hablado.

—¡Los raros son ustedes!

Bielorusia niega con la cabeza sin dejar de mirarle fijamente de esa forma inquietante.

—¿Qué quieres? No voy a irme, ok? Así qué aprende a vivir con esto

Ella le fulmina y él se cruza de brazos.

—¿Te gusta tu brother?

—Dy —responde por que ella dice eso y no "Da" para decir "sí".

Estados Unidos la mira unos segundos más fijamente y luego se incomoda un poco. Ella sigue mirándole fijamente tooooodo el trayecto en taxi.

—¿Por qué te gusta?

—Es el más fuerte.

—Yo soy más fuerte que él.

—Niama.

—Claro que sí, tú no tienes idea —le mira con e ceño fruncido.

—Sí tengo, no lo eres.

—¿Cómo puedes suponer que no lo soy?

—Por que mi brat es más fuerte que tú y tú no puedes hacer lo que quieras por que si te pasas un pelo mi brat podría detenerte en todos tus estúpidos delirios de grandeza idiotas.

—Yo hago lo que quiero y le detengo a él todo el tiempo en sus ridiculeces... ¡Porque yo soy la mayor potencia del mundo!

—Él dice que tu eres un niño tonto y todo están riñéndote todo el tiempo.

—A mi todos me quieren, a él no le quiere nadie y no tiene amigos.

—Yo le quiero.

—Pues serás la única.

—Niama.

El taxi se detiene y Estados Unidos mira a la chica y sale del taxi pagando con dólares al taxista.

Ella se baja también, claro y el americano se cuelga la mochila otra vez.

—Tú también le quieres y por eso has venido a que te dé por culo —sentencia Bielorusia dándole la vuelta al taxi.

—ESONOESVERDAD! —chilla mirándola con los brazos levantados otra vez queriéndole golpear.

Ella le mira fijamente sin reaccionar, de esa forma de acosadora profesional

El chico se da la vuelta y camina hacia adentro mientras Bielorusia se queda en la puerta mirándole sin seguirle.

Estados Unidos la mira de reojo y sonríe al ver que no le sigue, sacando el teléfono otra vez y marcándole a Rusia.

—Privet?

—Where are you?

—En el acuario.

—Yo estoy aquí también.

—¡Ah, pues entra!

—Estoy en eso. ¡Tu sister se quedó afuera al fin!

—Bien por ti. Venga, desnúdate y ven, estamos en el tanque grande.

—¿Que... Que me desnude?

—Venga, voy a meterme, ahora te veo —cuelga tan feliz.

—¡¿Meterte a donde?! Russiaaaa! —histérico, le vuelve a marcar entrando, pero no contesta

Estados Unidos entra y pregunta en su precario ruso, por las belugas y tiene buena suerte, encontrándose a una chica canadiense estudiante de biología marina haciendo un post-grado, en la recepción.

El americano abraza a la chica, sonriendo y ella se incomoda un poco sin saber que ocurre. Finalmente la toma de los hombros.

—Vengo a buscar al fucking commie... Me ha dicho que está en las belugas —explica en inglés, encantado de que exista

—Ah! Se refiere a... oh! You are Mr. United States?

Él le sonríe feliz y encantado.

—Yes!

—Ah, yes... dijo que iría a las piscinas de aclimatación a ver a America. Venga conmigo, please —pide.

—Fucking commie, America es nombre de niño! —protesta yendo tras ella.

—Ah, es un ejemplar excelente, es un honor que le haya puesto su nombre —sonríe ella andando por el edificio.

—¿Un... Ho-honor? —le mira de reojo siguiéndola—. ¡Pero es hembra!

—Una hembra sana y muy bonita —responde ella asintiendo por que es una científica, de hecho esta acostumbrada a que se llamen cosas como B362-c

—¡Pero es hembra! —bufa —. ¿Qué más... Te ha dicho sobre mi?

—Si es hembra. Él dice que van a destinarla para la reproducción, pero creo que habría que destinarla para la investigación —explica—. ¿De usted? Me pidió que le ayudara.

—No le hagan caso, destínenla a investigación... Él no sabe nada —sentencia y la mira de reojo sonriéndole un poco—. ¿Nada más? God

—Dijo que tenía usted más o menos su talla, así que preparamos uno de sus trajes para usted —explica.

América sonríe un poco, sorprendido de que Rusia haya... Pensado tanto en esto.

—Good... Thanks —le sonríe y se pasa las manos por el pelo—. ¿Podría guardar mi mochila en tu locker?, no quiero que nadie la revise ni se la robe.

—Ah, encontrara unas taquillas en los vestuarios, le buscaré un candado —le sonríe y él la vuelve a abrazar.

—Thank you... Really —le sonríe encantadoramente. Ella se sonroja un poquito y le muestra la puerta en la que pone un cartel en ruso "Люди", es decir "Hombres".

—Cámbiese y ahora se lo traigo —pide ella.

—Okay... Thanks —sonríe entrando por la puerta y buscando el dichoso traje de neopreno que está sobre los bancos de madera dobladito y es todo de color rojo y tiene una bandera rusa cosida en la manga, pero tal como está doblado no se ve.

El americano frunce el ceño con el color y suspira frente a él, quitándose la chamarra y la camiseta, vacilando un poco antes de quitarse los pantalones y calzoncillos. Guarda su pistola en la mochila y se pone el traje con más o menos facilidad porque usa trajes parecidos para surfear

La chica regresa golpeando la puerta educadamente

—Pasaaa! —grita subiéndose la cremallera con el cordón largo, cada vez más nervioso.

—Le he traído el candado —se lo tiende entrando y se sonroja un poco más por que el traje se le ciñe al estadounidense y...

—Thanks —le sonríe sin enterarse, buscando una taquilla y metiendo sus cosas adentro a excepción de su camisa, pantalones y tenis que deja en una taquilla sin cantado—. Un favor... Si te preguntan ¿puedes no decirles de mi mochila y el candado? —pregunta metiendo estos en otra y cerrándolo con el candado, poniéndose la llave en la muñeca.

—Claro... ¿Puedo preguntarle que lleva en ella?

—Mis... Cosas, te juro que nada raro, es sólo que el commie me da desconfianza y prefiero que no se robe mi pasaporte.

—Ah, no se preocupe, es un poco raro, pero no creo que le hiciera daño a nadie —la chica canadiense no ha convivido mucho con él—. Si me acompaña...

Él le toma del brazo y le mira a los ojos con seriedad.

—Hey, Hey, girl. ¿Cómo te llamas?

—Sylvie.

—Silvia. Cuídate de él, ok? Está loco, es un psycho y puede matarte, ok?

Ella aparta la mirada no muy convencida y él le abraza de los hombros.

—Vamos.

—Solo estaré aquí tres meses más, luego vuelvo a casa.

—Good... Aléjate de él todo lo que puedas y si un día te hace aló me llamas y yo le mato.

La científica le mira de reojo y le parece un poco como de exagerado dramatismo.

—Ehm... OK —decide seguirle el juego señalándole un equipo de submarinismo.

—¿Eso también? Gosh, ¿el commie sabe bucear? —la mira sentándose para que le ayudé a ponérselo.

—Yes, claro que sabe —le ayuda y luego le guía de nuevo a los tanques de agua.

—¿Claro que sabe? ¿Con lo lento y torpe que es? —le sigue.

—No podría meterse en el tanque sin saber —responde mientras Rusia emerge junto con tres personas más de dentro del agua.

Estados Unidos mira a Rusia en su traje negro, para su crispación, nervioso.

—Hello.

—Privet! —saluda el ruso una vez se ha quitado la mascara y las gafas.

El americano paranoico levanta la mano para saludarle y de rasca la cabeza, pensando en los peligros de bucear con Rusia.. Y que le ahogue o algo, con lo que siempre le ha gustado el submarinismo al cabrón...

—¿Sabes cómo hacer esto? —pregunta Rusia que de hecho no tiene ni idea.

—¿Hacer qué? ¿Bucear? Yes —asiente porque sí lo ha hecho un par de veces, aunque no le gusta mucho, frunciendo el ceño aún con el traje—. Tu fucking traje es negro —comenta mientras se sienta en la orilla del tanque poniéndose las aletas que traía en la mano.

—Da —responde y vuelve a ponerse las gafas—. No te mees aquí dentro.

—What?! No me voy a mear en la alberca, commie, yo no se que suelas hacer tú —se mete el agua mojándose el pelo

Rusia sonríe y se pone en la boca el chisme de respirar, que debe tener un nombre, pero aun no se sumerge.

Estados Unidos da un par de brazadas alejándose un poco de él, tratando de tranquilizarse al ver que se mueve bastante libremente con el traje. Se pone el visor y la cosa en la boca mirándole.

Rusia levanta un pulgar para los otros tres y le hace un gesto al estadounidense con la mano para que le siga al sumergirse.

El americano traga saliva y le sigue, temiendo un poco por su vida, pero haciéndolo igual, sin vacilar.

El ruso esta en mitad de acuario donde hay dos belugas, una grande y otra más pequeña, está tentándolas con comida para que se acerquen a él.

América se acerca a el y la jodida beluga le parece muy mona. Rusia le mira y le señala la Beluga pequeña y luego a él.

Estados Unidos le muestra el dedo, protestando algo bajo el agua

Rusia sonríe de forma rara aun con el chisme en la boca y le pasa un biberón para que se lo dé y se acerque a él.

El americano lo toma mirando a la beluga y acariciándole la cabeza cuando se acerca a él, dándole el biberón.

Rusia hace un gesto hacia los otros tres buceadores quienes se alejan de ellos.

Estados Unidos le mira y frunce el ceño poniéndose en guardia, tomando más airé y pensando en una ruta de escape. Aún así, patalea mirando a la beluga y acariciándole.

El ruso le señala la beluga grande y le hace un gesto como si meciera a un niño y luego le señala a la espalda donde están dos de los buceadores y hay una compuerta.

El americano frunce el ceño sin entender pensando que se van a llevar a la grande. La compuerta se abre y la beluga pequeña se asusta y se va con la grande, que es su madre.

Estados Unidos frunce el ceño mirando a Rusia, tensándose y acercándosele hombro con hombro.

El ruso señala la compuerta y luego se señala a si mismo, mientras una beluga aun mayor, entra.

Estados Unidos frunce el ceño mirando a la belugota, teniendo temor, por que venga... Son belugas.

Rusia nada hacia el macho dándole comida también y jugando un poco con él. El americano odia al macho automáticamente, que recuerda, se llama Rusia. Se aleja un poco de ellos.

El ruso le da unos golpecitos en la cabeza al macho y se separa dejando que se acerque a las dos hembras.

Estados Unidos tiene un escalofrío otra vez, mirando a la familia feliz, teniendo un poco de náuseas.

Para su horror, la beluga bebé es bastante feliz con el macho después de los instantes de miedo, los tres buceadores les controlan y Rusia le sonríe al americano confirmando que ha ido bien.

El americano aprieta los ojos negando con la cabeza pensando en la pobre beluguita. Rusia saca una cámara y hace fotos.

Después de un rato, Estados Unidos se acerca a Rusia y le jala del brazo para que suban. Él se guarda la cámara y le sigue.

En cuanto emergen el americano se quita la máscara y le mira con cierto desagrado, Rusia se la quita también y sonríe.

—Fucking commie —murmura Estados Unidos.

—¡Ha ido muy bien! —exclama el ruso.

—¿Qué es lo que ha ido bien? —pregunta con desagrado.

—El reconocimiento —se quita las gafas y se sube a la orilla, sentándose—. Amerika estaba asustada al principio, pero no ha habido ningún problema

—Pobres belugas —murmura contrariado sentándose en la orilla—. Deja de llamarle America.

—Así se llama —responde quitándose los pies de pato—. ¿Pobres por qué?

—Solo quieres dejarla para sacar sus huevos... Dásela a la chica canadiense para investigación.

—¿Huevos? Sylvie solo quiere inyectarle una enfermedad y estudiar su evolución —responde sonriendo y poniéndose de pie—. Aun es muy pronto para decidirlo. ¿Tienes hambre? me muero de hambre.

—Inyectarle?! No! —se levanta—, si tengo hambre... No quiero comer beluguitas.

Se encoge de hombros sin saber de qué habla y empezando a andar de vuelta al vestuario.

—Noo, no, ¿en serio vamos a comer eso... Las beluguitas que son pelotitas negras? —le detiene del brazo.

—Caviar, no es beluga... —responde dejando la bombona, aletas y las gafas en su sitio.

Se quita las gafas y las aletas dándoselas y mirándole a la cara por primera vez después de aquella vez. Le mira de arriba a abajo tragando saliva mientras el ruso las pone en su sitio sin enterarse.

—Ehh... Vale, caviar —se quita los tanques y se baja el cierre nervioso.

Rusia le dirige hacia los vestuarios una vez ya han dejado las cosas en su sitio, sonriendo.

—Te gustará, es bueno.

El estadounidense le sigue, nervioso.

—Ven —el ruso se mete por una puerta que no es por la que ha salido antes.

—¿A dónde vamos? —le sigue igual.

—A las duchas.

—¿A-A las duchas? —traga saliva nervioso, siguiéndole.

—Da, mira ahí están las toallas y aquí el jabón —le señala y se mete a un recinto donde, para el horror del americano, están todas las duchas juntas sin compartimentos individuales, así en plan vestuarios del campo de futbol. Abre una de ellas regulando la temperatura del agua.

—Eh... Russia... —vacila el americano.

—¿Da? —pregunta metiéndose bajo el agua y quitándose el traje de neopreno tan tranquilo por que es así, no entiende la... controversia de la situación.

—Ehhh... —se sonroja Estados Unidos le mira de pies a cabeza teniendo muchas dificultades, mordiéndose un poquito el labio y abriendo una ducha con agua HELADA.

Rusia empieza a lavarse e inclina la cabeza mirándole cuando nota el sonrojo. El americano le mira de reojo y se mete a la ducha apretando los ojos temblando.

—Piensa e cosas tristes, piensa en la beluga asesinada... Piensa en Russ... Nonononono! —se repite a si mismo, por que el estadounidense suele pensar en Rusia cuando quiere distraerse)

—Estás incomodo —suelta Rusia en voz alta—. ¿Por qué?

—NOESTOYNADA! —chilla

—Da, estás incomodo —repite.

Estados Unidos sufre bajo la ducha tratado de no oírle.

—America, c'mon... You're awesome... C'mon —sigue rojo como tómate. Rusia sigue mirándole fijamente de esa manera en plan acosador profesional muy parecida a la de su hermana, pero con un talento natural inimitable mientras se lava la cabeza.

Lo cual para el americano no sirve de nada en absoluto, si no que, de hecho, empeora la situación. Se lava la cabeza tratando de cantar algo y luego le da la espalda pensando que tiene que quitarse el traje.

—¿Es por que estoy desnudo? —pregunta Rusia por que realmente no entiende el problema, pensando que a veces la gente se pone nerviosa alrededor de Francia cuando está desnudo.

Estados Unidos traga saliva otra vez tomando aire profundamente y bajándose el traje de neopreno, en problemas igual, pero de espaldas a Rusia, sin contestarle.

El ruso sigue todo el movimiento mirándole de forma descarada y deteniéndose hasta de lavarse.

El estadounidense le mira de reojo y cuando ve como está mirándole se sonroja aún más, llevándose una mano a las regiones vitales.

—Fuck... Fuckery fuck —susurra apretando los ojos.

Rusia está ligeramente colapsado por que se acaba de acordar a qué ha venido exactamente y qué pasó la última vez...

El americano se lava rápidamente, aún de espaldas a Rusia, mirándole de reojo de vez en cuando, con Florida bastante más animado de lo que hubiera querido y sigue mirándole insistentemente porque nunca suele darle la espalda a Rusia aunque America, cariño, no sé exactamente dónde quieres que lleve un arma... lo máximo que podría hacer sería arrancar un grifo de la ducha... ok, bien, vale.

El ruso le pone la mano en el culo en un impulso misterioso y absolutamente evidente.

Estados Unidos da un salto de tres metros sin esperárselo, girándose a él con los ojos muy abiertos y Rusia vuelve a mirarle de arriba abajo descaradamente, a lo que el americano se sonroja más con Florida cada vez más feliz.

—¡¿Qué haces?!

El ruso sigue mirándole con cara de depredador, acordándose aun más de lo que pasó con especial hincapié en el momento en que tenía a Florida entre sus manos y America no estaba gritando de horror.

El chico sigue mirándole con los ojos abiertos y la respiración agitada, pegado a la pared.

En cuanto habla/grita inclina la cabeza volviendo un poco en sí.

—Estás excitado —suelta por si alguien no se había enterado todavía, spasibo, Russia, una aportación muy inteligente y necesaria

El americano HISTERICOLOCOPERDIDO le mira a Kamchatka que no está del todo tranquila pero no... no, lo siento, no funciona este tipo de cosas con él. Es decir, le ha afectado el recuerdo un poco, pero... ya que le ha picado, aprovechando el estado de histerialocuraperdición, se acerca a él.

Estados Unidos se sonroja más aún al darse cuenta de que Rusia no esta tan excitado y entra en un poco más de pánico cuando se le acerca.

Rusia se le echa encima para besarle contra la pared del fondo, abriendo otra ducha al apoyarse sobre el grifo por que no entiende lo que pasa, por que hasta ahora él creía que lo que le excitaba eran los besos "esos raros".

Estados Unidos abre los ojos como platos y Florida es mucho más feliz esta vez, hace un sonido gutural ahogado y le mete la lengua en la boca a Rusia, peleando contra la de él, en pánico porque además le tensa mucho que Rusia no esté igual.

Bueno, cariño no tienes de que preocuparte, tu lengua le está mandando a su cerebro de psycho las ordenes adecuadas ahora al recordarle como funciona el asunto ese de los besos raros.

Y muy muy sorprendido, sin saber ni que hace, Estados Unidos vuelve a levantar una mano acariciándole el pecho y el abdomen hasta Kamchatka.

Lo que hace, evidentemente, que America pueda notar como ya no tiene nada de qué preocuparse al respecto de quien está excitado y quien no, aunque estamos echando de menos la sangre.

Es decir, lo siguiente es que Rusia le suelte la boca y le muerda en el cuello o en el hombro o algo parecido... Pero MORDER mientras, por supuesto, sigue aprisionándolo contra la pared de la ducha con todo su cuerpo.

Estados Unidos... En serio, no trae muchas neuronas en este momento que sean funcionales.


Disculpad, un poquito más de Austria y Suiza y ya volvemos con los protegonistas. Hay mucha gente interesada en el baile, yo te digo, espera a ver lo que pasa ahora en Moscú, creo que los siguientes capítulos son mis favoritos...