Sorry! No tenia internet, aki esta el nuevo capitulo, espero lo disfruten ;)
Sirius se preguntaba si todo había sido un sueño… Pero sabía que había sido real, tenía que ser real… No había soñado ni una sola vez desde que llego a Azcaban, todo eran pesadillas, y lo que había pasado la noche anterior no podía ser producto de su imaginación, pues ni en los mejores sueños que tuvo antes de ser encerrado injustamente, se llego a imaginar que algo así pasaría…
Sirius cerró los ojos, y por ese breve instante lo vio todo de nuevo…
Flash back.
-…te lo digo Sirius, no me da buena espina –Un dos hombres iban caminando a lo largo de una vieja calle Muggle.
-Te preocupas demasiado, Remus, es completamente se… guro… -Sirius se detuvo de golpe al ver su casa, las ventanas estaban rotas y la puerta colgaba de sus gonzones. –No… -Fue apenas un susurro, ambos magos sacaron sus varitas y entraron a la casa sin pensarlo.
Dentro, todo era un desastre, cuadros rotos, el sofá estaba dado vuelta y las cenizas de la chimenea esparcidas por el suelo, Sirius corrió escaleras arriba.
-¡Angelique! –Grito, abrió la puerta de su habitación pero no había nadie adentro, había marcas en las paredes donde algo había impactado y quemado, corrió entonces a la habitación al final del pasillo. -¡Angelique! –Gritó de nuevo. Intento abrir la puerta, pero algo estaba recargado contra ella, empujo con más fuerza. Una bella mujer estaba en el suelo, era lo que bloqueaba la puerta, de entre su largo cabello negro azulado salían finos hilos de sangre que manchaban su blanco rostro.
Sirius se hinco junto a ella.
-Angelique… -La llamo, la mujer apenas alcanzo a abrir los ojos y Sirius suspiro aliviado.
-Yo… n-no… -Y dejo caer la cabeza. Sirius se levanto lentamente y dio media vuelta.
-¿Sirius? –Remus entro a la habitación. -¿Qué paso? –Se hinco junto a la bruja y miro a su amigo. Sirius se acerco lentamente al fondo de la habitación.
Había una cuna grande, solía ser de madera blanca, pero estaba manchada de negro… Sirius se acerco lentamente y con los ojos cerrados, no los abrió hasta que estuvo frente a la cuna.
-¿Sirius? –Remus se levanto con lentitud. Sirius se dejo caer de rodillas, temblaba. –Sirius… -Remus comprendió, se acerco a su amigo y miro la cuna… Dentro, los pequeños cuerpos de dos niños de apenas un año, los ojos abiertos. Los que un día fueron alegres y brillantes orbes grises, se veían opacos, sin vida.
Fin del Flash back.
Sirius abrió los ojos de golpe. El horrible recuerdo lo atormentaba cada día, cada vez que cerraba los ojos, ahí estaban los ojos de sus hijos… Sin vida, vacios, perdidos…
Al día siguiente, después de su tragedia, los titulares del profeta anunciaban la derrota de Lord Voldemort y el asesinato de los Potter, ni siquiera le prestaron atención a los dos pequeños Black que habían muerto la misma noche. Parecía que las cosas iban de mal en peor.
Flash Back.
-¡Sirius, NO! –Angelique Black se aferraba a Sirius, estaban rodeados de magos con sus varitas apuntando hacia ellos, dos magos tenían a Sirius con los brazos detrás de su espalda y otro intentaba alejar a Angelique.
-Shh… Tranquila –Le decía Sirius. –Todo estará bien, todo estará bien, soy inocente –Le decía él.
-Pero… -La mujer poso sus intensos ojos negros en los grises de Sirius. –No me dejes sola…
-No te dejare –Lograron apartarla de él y se lo llevaron arrastrando, dementores siguiéndolo naturalmente por todo el dolor que llevaba dentro. -¡Estaremos juntos pronto, te lo juro! –Alcanzó a gritar antes de que lo metieran en una celda de cuatro por cuatro, hecha completamente de metal.
Fin del Flash Back.
Lo último que Sirius vio de la mujer que amaba, de la madre de sus hijos, fueron sus ojos negros, tan hermosos e intensos entre los mechones del largo cabello negro azulado que caía lacio sobre su pálido rostro.
Había sido el recuerdo de esos ojos lo que lo había mantenido vivo durante cinco años, y habían sido las visitas de Axel lo que lo había mantenido cuerdo. Cada semana, siempre con noticias del mundo, por pequeñas o grandes que fueran. A veces traía cartas de Angelique y se las leía, cuando se sentía lo suficientemente fuerte como para soportarlo.
-Sirius Black –Una voz solemne y formal llamo su nombre. Sirius miro hacia la voz, vio varios hombres parados frente a su celda. Se levanto y camino con toda la firmeza de la que fue capaz.
-¿A qué debo el placer? –Preguntó.
No le respondieron, simplemente abrieron la reja, grilletes aparecieron mágicamente alrededor de sus muñecas y sus tobillos, una cadena llego a las manos del hombre que había llamado su nombre. Comenzaron a caminar por un largo pasillo. Sirius ya se había acostumbrado a los gritos provenientes de cada rincón de la prisión. Los dementores se movían inquietos, pero no se atrevían a acercarse, llevaban un patronus.
La luz encegueció a Sirius cuando una enorme puerta se abrió y salió a la luz del día por primera vez en años. No podía ver pero escuchaba el sonido de los flashes. Cuando logro abrir los ojos, vio a decenas de reporteros con sus cámaras.
-Por orden del ministerio de magia, el día de hoy Sirius Black es liberado de todos los cargos por los que fue encerrado en la prisión de Azcaban –El mismo ministro de magia fue quien hablo. –Se le ofrece al señor Black nuestra más sincera disculpa –Se dio media vuelta y miro a Sirius a los ojos. Hacía años que los únicos ojos humanos que veía, eran los de Axel. El ministro le tendió la mano. –Y por su valentía se le honra con El Corazón del Dragón, el máximo premio a la valentía y el coraje de nuestro mundo. –Miro a las cámaras cuando Sirius acepto su mano y los grilletes desaparecieron. –Este hombre fue encarcelado injustamente hace cinco años, privado de su libertad y su familia, y por eso el ministerio se avergüenza. Sirius Black no traicionó a los Potter, Sirius Black no asesinó a Peter Petigrew, Sirius Black fue solo a enfrentar al verdadero traidor y asesino. –El ministro apunto con un dedo a una celda a su derecha. La puerta de la celda se abrió y un celador halo de una cadena y de la celda de metal, salió un hombre prácticamente fuera de sí. –Axel Preston –Sentenció. –Por el asesinato de Peter Petigrew y la traición a los Potter, se te sentencia a una eternidad en la prisión de Azcaban.
Por un segundo los ojos de Sirius y los de Axel se encontraron. Justo en ese segundo Sirius hizo un pacto… Algún día, le regresaría el favor.
Los aplausos casi lo ensordecieron, pero aun así escucho una voz que pensó jamás volvería a escuchar.
-¡Sirius! –Miro entre los flashes de las cámaras, y ahí estaban… Un par de hermosos e intensos ojos negros, en un bello y pálido rostro entre mechones de cabello negro azulado. Sirius sonrió, sonrió como hacía años no lo hacía. Abrió los brazos y dio dos pasos al frente, Angelique corrió a sus brazos.
Los flashes aumentaron y los reporteros se arremolinaban por captar la mejor imagen. Sirius abrazo a su mujer con fuerza, con amor, con pasión.
-¿Acaso no te lo dije? –Susurro a su oído.
-No lo dude ni por un segundo –Respondió ella.
