Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente mía. Dile NO al plagio.
La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.
Nota: Son varios personajes, en total cinco, así que será una serie llamada: "Serie Bestias Genéticas".
Capítulo beteado por Manue Peralta, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction.
.
Burning Zeal
.
Capítulo 9
Habíamos regresado a nuestra cueva con el hermano de Edward siguiéndonos con una sonrisa en su rostro. No pensé que fuera tan chistoso y cómico, no dejaba de hacer bromas sobre nosotros; no me molestaba, todo lo contrario, y a Edward parecía agradarle su presencia.
En unas cestas hechas de ramas habían joyas y oro inimaginable para vivir por siglos si fuera necesario. ¡Sí, Bella, como si fueras inmortal! Pensar eso me entristecía. A veces pensaba qué sería de mí cuando envejeciera y Edward siguiera siendo joven como hasta ahora; no podría decir que no tuviera miedo alguno sobre nuestro futuro mientras yo envejeciera y él no.
Mi vida era como la de cualquier ser humano, vivía, daba frutos y luego perecería mientras el amor de mi vida no lo haría a mi lado para renacer nuevamente y encontrarnos; puedo sonar algo romántica, pero me gusta pensar que nos volveremos a reencontrar en algún tiempo no muy lejano.
Traté de enfocarme en mi presente con él, debía de estar feliz y radiante solo para él. Mi corazón lo amaba más que nada en este mundo, y pensamientos como aquellos no debían tener cabida en mí. Debía disfrutar el ahora y nada más.
Caminábamos tomados de las manos, al parecer Edward no pensaba soltarme en todo el trayecto. Sé que sentía miedo de que algo me pudiera suceder y lo amaba aún más por eso. No quería ni pensar si teníamos una hija, sería el padre más sobreprotector de todo el mundo y la complacería en todo sin chistar.
Edward hablaba con Jasper sobre cómo había llegado hasta aquí y lo había encontrado. No presté mucha atención, estaba algo cansada y solo quería dormir un rato. Le solté la mano a Edward para caminar un poco más lento, al parecer él comprendió y, sin dejarme protestar, me cargó con una sola mano mientras me acurrucaba en su pecho. Me sentía mal por permitirle hacer este tipo de cosas, pero también sabía que protestar no me serviría de nada si a la final terminaría haciendo lo que él quería.
.
Al despertar me encontraba en nuestro nido mientras la fogata mantenía la cueva caliente, había pescado cocinándose en abrazadoras llamas. Recorrí todo el lugar tratando de visualizar a Edward, pero no estaba por ningún lado, tampoco Jasper. Me levanté agarrando uno de los cocos y bebiéndome hasta la última gota, estaba sedienta y hambrienta, tomé varias frutas para saciar mi hambre, ya que los pescados aún no estaban listos, lo que indicaba que ellos no se hallaban muy lejos de la cueva.
—Bella, veo que despertaste, en unos diez minutos estarán listo los pescados —habló Edward entrando con Jasper, quien cargaba algunas ramas—. Tenemos que hablar después de la cena.
¿Hablar? ¿Qué tenemos que hablar? Quise preguntarle, sin embargo me limité a asentir.
—Mi nueva hermana es muy bonita. Dime, Bella, ¿cómo es la vida de la ciudad? —preguntó Jasper mientras se sentaba en frente de la fogata—. Edward no es bueno con los detalles.
—No es nada del otro mundo, solo que más ruido y gente por todos lados, pero si te gusta la tranquilidad el campo es lo mejor —conté con una sonrisa.
Por el rabillo del ojo visualicé a Edward que estaba muy pendiente de mi conversación con su hermano.
—¿A ti qué más te gusta, la ciudad o el campo? —preguntó.
—Me gusta la ciudad, aunque también el campo por la tranquilidad que ofrece. No obstante, si Edward prefiere el campo entonces renunciaré a todo eso por estar con él. —Jasper se mostró sorprendido por mi respuesta, aunque luego sonrió y miró a Edward con una expresión que no entendí.
Edward empezó una práctica con Jasper más animada, dejándome a mí de lado. No me molestaba, sé que él quería ponerse al día con su hermano de muchas cosas, estaba feliz y eso me hacía feliz a mí también. En estos momentos lo que quería era dormir un poco más, tantas emociones pasadas me tenían completamente agotada.
—¿Bella?
—¿Sí? —Miré a Edward.
—Siéntate a mi lado, tenemos que hablar de algo muy importante. —Cuando fui a sentarme, Edward me jaló sentándome entre sus piernas mientras me abrazaba y con un susurro sensual me dijo—: Hueles tan bien, quiero hacerte el amor como no te imaginas.
Me sonrojé sabiendo que Jasper podía oírnos. Lo miré, pero afortunadamente Edward se hizo el desentendido para no avergonzarme más de lo que ya estaba. Sus fuertes brazos me apretaban para que no me pudiera zafar de él, su cálido cuerpo me envolvía por completo, excitándome un poco, pero recordé que estábamos con una persona más junto con nosotros.
—¿Qué querías decirme? —inquirí aligerando la tensión sexual en el ambiente.
Jasper posó su mirada al fin en nosotros mirándonos de lo más normal, Edward tomó compostura aligerando un poco el aprisionamiento, suspiré aliviada, no fuera a querer tener sexo aquí con su hermano mirándonos.
—Isabella, Jasper y yo estuvimos hablando y hemos decidido vivir en la ciudad. No podemos estar ocultos del mundo por siempre, tu necesitas algo mejor que solo dormir en pieles y baños en un río helado —expuso seriamente—. Quiero abrir una empresa de software como te había comentado hace un tiempo y, si es posible, algunos hoteles de lujos con la mejor atención al cliente, comprar un gran terreno y vivir con todos mis hermanos cuando nos reencontremos algún día. Sé que te parecerá repentino todo eso que te digo…
—¡Iré! Quiero ir a donde tú vayas y, si esa es tu decisión, la acepto con mucho gusto. —Interrumpí abruptamente mientras lo abrazaba.
—¿Ves? Te lo dije, hermano, ella estará contigo a donde quieras. —Se rio Jasper—. Entonces está decidido, mañana mismo nos vamos para empezar una nueva vida. Quiero trabajar como un humano normal y saber lo que es vivir sin límite alguno.
Jasper parecía un adolecente emocionado por conocer el mundo, viajar, disfrutar y tener un amor pasajero o, en su caso, alguien con quien follar hasta que llegue su compañera. La verdad es que yo quisiera que él encontrara su amor verdadero y fuera feliz como lo somos nosotros, me imagino que su cautiverio debió ser igual de horrible, sin una pizca de luz en su celda y pensando que estaría encerrado toda su vida.
—Tendrás que trabajar duro, hermano, sé que eres bueno en los negocios, pero eso no significa que te encontraré en cada lugar follando con una mujer. Tienes que prometer que serás discreto y lo harás en la comodidad de tu departamento cuando lo compres. Recuerda que a los humanos no les gusta el exhibicionismo —comentó firme Edward.
—Hermano, te lo prometo. No haré nada de eso, te juro que daré todo mi esfuerzo en el trabajo para salir adelante. —Sonrió decidido Jasper.
—Edward, déjalo tranquilo, ya es hombre y creo que sabe lo que tiene que hacer para ganarse la vida —dije mirando a Edward, quien suspiró con cansancio.
—No lo entiendes, Bella. Él aún es como un adolecente de diecinueve años, no ha madurado en ese campo, es mi hermano menor, el último entre nosotros. No creas que por su apariencia es un hombre hecho y derecho, tiene que aprender a respectar las reglas de la sociedad humana y no meterse en problemas. Ya lo que haga fuera del trabajo es problema suyo, mientras no sea con la ley, ¿entendido? —Miró con el ceño fruncido a un Jasper que asentía firmemente con la cabeza—. Si ya todo quedó aclarado, vamos a dormir.
¿Cómo carajos podida tener el cuerpo de un hombre maduro y ser alguien de una mentalidad de un adolecente? ¡Dios mío! Ni en mis sueños más locos pensé encontrar a alguien así en la vida real, aunque no es que Edward es algo común en el mundo.
Jasper se acomodó en algunas pieles que Edward le había entregado para que descansara y se durmió de golpe. Edward se encontraba echándole más leña al fuego para que no se apagara en la noche mientras estábamos dormidos. Me acosté a un lado, mas tarde Edward me abrazó con sus fuertes brazos, acurrucándome entre su pecho cálido para recibir su calor.
La mañana llegó como un brote de primavera, cálido y agradable. Le comenté a los chicos que iría a bañarme en el río antes de irnos a la ciudad, no podía presentarme oliendo mal, aunque Edward dijera que olía a chocolate. Me despedí con un fogoso beso a mi amado sabiendo que solo serían unos minutos alejados mientras me aseaba, pero para él serían años. Me reí de su rabieta cuando le dije que no podría venir conmigo, ya que tenía que ayudar a Jasper sobre el trato hacia los humanos cuando llegáramos a la ciudad.
Conocía el camino a la perfección gracias a todas las veces que Edward me acompañaba a "asearnos", claro que terminábamos en una sesión de sexo salvaje en cuestiones de segundos, parecíamos animales en celo, nos deseábamos tanto que no podría imaginarme mi vida estando separada de él.
Me fui desvistiendo, coloqué mi ropa en una rama para que no se mojara y lo suficientemente cerca para que estuviera a mi vista. Gracias a los cielos tenía un poco de jabón para lavarme el cabello y mi cuerpo. Al cabo de unos diez minutos ya estaba lista para salir. Me vestí, aunque me faltaba un zapato. Decidí secarme el pelo primero.
—Ésta vez vendrás con nosotros, perra —dijo una voz horrible.
No podía distinguir a nadie, pues me habían tapado la cara con un trapo, forcejeé e intenté gritar pero no podía, me retorcí entre los brazos del atacante. Mi cuerpo se empezó a entumecer, mientras lo poco que atinaba a visualizar se iba tornando borroso. Mi último pensamiento fue Edward antes de que todo se fuera oscureciendo a mi alrededor.
.
POV EDWARD
¿Dónde esta? No la podía oler, su esencia estaba desapareciendo muy rápido. Si no me movía más rápido perdería su rastro.
—¡Edward! —Escuchaba llamar a mi hermano—. ¡Detente!
No escucharía nada de lo que él me dijera, estaba enfocado en encontrar a Bella. ¿Quién se la llevaría? ¿Por qué la querían? Estaba empezando a perder la cabeza cada vez que sentía su presencia más y más lejos de aquí. Suponía que estaban en un jet todo terreno para avanzar tan rápido.
—¡Edward! —Jasper me detuvo con una de sus manos.
—¿Qué? —le rugí.
—Cálmate, ¿quieres? —Tocó mi hombro con su mano, la cual rechacé abruptamente.
—¿Cómo mierda quieres que me calme si no sé dónde está? —Me pasé una mano por el cabello, no sabía qué hacer.
—Tienes que controlarte y pensar con la cabeza fría si quieres que la recatemos. —Olfateó el ambiente—. Percibo su leve aroma, Edward, está un poco lejos pero de seguro llegaremos; tranquilízate, y cuando estemos cerca del lugar planearemos algo para salvarla de esos hijos de puta.
—Eso espero, Jasper. Ella es mi vida, sin ella nada tiene sentido. Estoy asustado por primera vez en años, y tan furioso que podría destruir el mundo entero para encontrarla si es necesario. —Estaba cabreado, furioso y frustrado—. Cuando encuentre a esos malditos los haré polvo.
Mi expresión debió sorprender a Jasper, ya que solo la tenía cuando sentía deseo de matar, en estos momentos esos hijos de puta estaban sacando lo peor de mí, el animal que llevaba dentro estaba furioso y con deseos de venganza.
—Si no hay más nada qué decir, pongámonos en marcha, yo soy el mejor rastreador y lo sabes. —Olfateó una vez más para correr a toda velocidad mientras yo le seguía el paso—. Está a unos 70km de aquí por lo menos.
—Los eliminaré a todos —rugí desde mis adentros.
.
POV BELLA
Cuando desperté mi cabeza daba vueltas, aun cuando traté de abrir mis ojos, estaba en algo cómodo y suave. Al abrir mis ojos una vez más me encontré con que estaba en una habitación muy bien decorada con todo lo que una chica debería tener, me levanté para sentarme un poco en la enorme cama que yacía en el centro de la habitación con dos cómodas a cada lado. La sábana fina de seda rodó entre mis pechos, dejándome desnuda hasta la cintura, me cubrí inmediatamente. Había un armario entre abierto en el que se podían distinguir varias prendas, me levanté enrollando la sábana a mí alrededor. Abrí el armario completamente, habían muchos vestidos de diseñador, todos hechos para un niña de quince años. También había una nota escrita con letras recortadas de periódico en donde se me ordenaba que me vistiera lo que gustara, pero que debía tener unas coletas con lazos y un maquillaje natural.
¿Pero qué diablos? No sé qué se creía el idiota que me secuestró, pero que ni piense que haré lo que me pide.
Tomé el primer vestido que vi, el menos llamativo a mi parecer, ya que los demás cargaban colores muy llamativos y escotes muy pronunciados. Luego agarré un par de zapatillas rosas cómodas para luego registrar en los cajones de la peinadora unas bragas qué ponerme, elegí unas blancas de encaje, ya que eso era lo único que había.
Ya vestida intenté abrir la puerta, pero fue en vano, dejé de intentarlo unos minutos después cuando la perilla me produjo una descarga eléctrica.
Habían cortinas por toda la habitación, pero eran pura apariencia, ya que la habitación no tenía ventana alguna. Me senté frustrada esperando que un milagro me salvara. Esperaba que ese milagro fuera mi Edward.
Había estado encerrada dos días, apenas me quedaba dormida aparecía un plato de comida en una de las cómodas de al lado y una botella de agua. Al principio me negaba a comer, pero la necesidad pudo más que mi voluntad.
El tercer día fue lo mismo, nadie había venido a buscarme o siquiera dejar una nota. Al día siguiente, la puerta se abrió por sí sola, dejando entrar a un hombre con bata seguido de varios hombres encapuchados y armados. No mostré miedo alguno por más que lo tuviera, sentada en la cama lo miré fríamente, él sonrió.
—Sigues siendo tan orgullosa, Isabella —dijo mientras que con un gesto ordenó que nos dejaran solos.
—¿Quién eres tu? —pregunté.
—Quien sea yo carece de relevancia. Aquí solo importa que te conozco desde que eras un bebé —respondió, caminando hacia mí—. Pequeña, Bella, ¿dónde está la bestia?
Con esa última frase, como si fuera un flashback, todo volvió a mi mente. Él era el doctor que me enseñaba cuando mis padres no podían cuidarme, él era mi profesor.
—¿Por qué me has traído aquí? Yo no te sirvo para nada —expuse alejándome un poco—. Doctor William…
—Veo que has recordado, pequeña Bella. Sé que tienes conocimientos sobre la teoría genética de las bestias que manteníamos cautivas; y, aunque para ese entonces eras una niña, algo debes recordar para completar la fórmula que acabará con esos por completo.
—No sé de qué estás hablando, solo era una niña. Y, aunque lo supiera, a un infeliz como a usted jamás se lo diría, así tenga que morir por ello. —Lo enfrenté.
Él se acercó hasta donde me hallaba, quedando solo a unos centímetros de mí, estaba algo asustada.
—No solo te traje por eso, folladora de animales. Ahora resulta que la dulce Bella es una chica mala que le gusta lo zoofilia. —Me tomó de los brazos tirándome a la cama.
Le di una pata en la entrepierna.
—¡Perra! —gritó tratando de alcanzarme.
Me lancé hacia la puerta, pero el doctor me detuvo electrocutándome en el acto, con un paño en su nariz lanzó una bomba de gas que me entumeció el cuerpo, haciendo que cayera al suelo frío, el golpe que recibí en la cabeza no fue tan duro como el miedo que estaba empezando a sentir. Las ventanillas del oxígeno absorbieron el humo dejando la habitación limpia.
No podía mover mi cuerpo y él empezaba a acercarse.
—Siempre te he deseado, Isabella. Yo te amaba, y te cuidé por mucho tiempo; pero no, tenías que darle tu virginidad a ese monstro. —Su expresión era la de un psicópata—. Ahora sabrás lo que es el éxtasis, Isabella.
En ese momento sentí un ligero punchón y líquido extraño recorrer mis venas.
—Lamento que sea así, pero tú has sido una chica mala, has dejado que este coñito sea lamido por ese monstro. Ahora yo me encargaré de borrar todo rastro de él. —Me arrancó las bragas sin consentimiento alguno y me abrió los muslos dejándome expuesta—. Esto es todo mío.
Pasó un dedo por toda mi abertura, las lágrimas empezaron a fluir. Tenía miedo, el asco que estaba empezando a sentir no era normal, mi cuerpo se estaba sintiendo extraño, la temperatura estaba empezando a subir y sin poder evitarlo grité de asco e impotencia, por lo que recibí una bofetada de parte de él.
—Lameré este coñito como si no hubiera un mañana, haré que te olvides de ese monstro. Tú eres mía, ¿yo te cuidé y así es como me pagas, perra? ¿Acostándose con él? —bramó apretando mis muslos, estaba segura de que quedarían marcas después de esto—. Al menos el afrodisíaco que te inyecté para estimular tu deseo sexual está empezando a surtir efecto en ti.
Su risa me dejó pasmada, el ser violada era lo inevitable en estos momentos. Muy en el fondo de mi corazón tenía la esperanza de que Edward viniera a salvarme, no quería esto.
¿Por qué a mí? ¿He sido una mala persona?
Me sentía como una patética muñeca, sin voluntad y sin vida. William empezó a lamer mi vagina de arriba a bajo haciendo que gritara como loca, pero aun así no se detuvo, más bien parecía excitarse todavía mas.
—¡Ayuda! ¡Alguien que me ayude! —exclamaba sin parar.
—Grita todo lo que desees, pequeña Bella. Nadie vendrá a salvarte. —Se rio mientras introducía un dedo en mi interior haciéndome daño—. Esas lágrimas hacen que me ponga duro, llora todo lo que quieras, me pones a mil, perra.
Sus asquerosas manos comenzaron a viajar por todo mi cuerpo, dejo al descubierto mis pechos, los cuales tocó a su antojo, me acarició uno pasando su uña sucia por mi pezón.
—Tu cuerpo ya no es el mismo, ahora eres toda una mujer madura. —Apretó fuertemente mi pecho causándome dolor.
—¡Edward! —grité lo más alto posible—. ¡Edward, ven por mí! ¡Edward, ayúdame!
No quería esto, prefería mil veces morirme. Quería salir de aquí, quería estar con Edward.
El doctor mordisqueó mi pezón tan duro que pensé me había lacerado, el ardor era insoportable, me trataba como a una esclava.
—¡Ayuda! ¡Edward, sálvame! —Continuaba gritando desesperada, no quería que llegara lo peor de todo esto—. ¡AYÚDAME, EDWARD!
La puerta salió volando, tirando a William contra la pared. Era una suerte que yo estuviera acostada o me hubiera dado también. Entre todo el humo proveniente de afuera visualicé a Edward cubierto con algo de sangre, al verme en tal estado sus ojos se pusieron rojos de cólera, toda ella dirigida al doctor Williams.
—¡Maldito monstro! —El doctor extrajo una pistola y le disparó a Edward, solo logrando que las balas rebotaran en su cuerpo.
—Morirás, humano. Debes estar en el infierno junto a los de tu calaña. —Con sus enormes garras vi cómo Edward le arrancó el pene para luego dejarlo sin cabeza, la sangre salpicaba por toda la habitación—. ¿Estás bien?
Asentí aliviada al verlo, no me importaba que hubiera matado o que sus manos estuviesen sucias de sangre, estaba feliz de que mis plegarias al fin fueran escuchadas.
—Edward…no puedo moverme. Y-Yo… —Lloré recordando lo sucedido.
—Shhh… No tienes por que darme explicaciones, ya acabé con todos; están muertos y no volverán hacerte daño. —Me tomó con delicadeza en sus brazos sacándome de ese lugar.
En efecto todos estaban muertos, la sangre estaba por todos lados. Jasper apareció al lado de nosotros igualmente cubierto de sangre, me regaló una sonrisa reconfortante. Edward me cubrió el cuerpo con una manta, mi vestido estaba hasta la cintura dejando ver mis pechos y una que otra cortada en mi cuerpo, no llevaba bragas y lo único que deseaba era bañarme y quitarme esta suciedad que sentía en mí, tenía miedo que Edward me rechazara por eso, no quería alejarme de él.
Jasper se fue unos momentos dejándonos a solas. Estábamos alejados, en una especie de campo, cerca escuchaba un arroyo donde podría bañarme; afortunadamente Jasper me había dado con antelación unos productos de higiene que robó de donde me encontraba, lo que era mejor que nada.
Me fui metiendo poco a poco en el agua, el frío me golpeó como ola. Le di la espalda a Edward, no quería que me mirara en estos momentos. De pronto sentí unas fuertes manos en mi espalda, me exalté un poco.
—Edward, yo…
—Lo sé. Esta vez solo quiero mimarte —declaró quitándome el jabón de las manos y lavándome el cabello—. Además, tengo que bañarme y qué mejor manera de ahorrar agua. —Trató de bromear haciendo que una leve sonrisa se formara en mis labios. Realmente amaba a este hombre.
Los masajes en mi cabeza eran el mismo cielo, sus caricias por mi cuerpo eran tan eróticas que solo deseaba que él me tocara y borrara todo lo vivido hace un momento.
Una de sus manos se posó en mi mejilla magullada y frunció el ceño.
—¿Bella? ¿Dónde te tocó ese hombre? —Su tono cambió radicalmente.
—Edward… —Las lágrimas aparecieron en mis ojos en cuanto lo miré.
—Dime, quiero saberlo para borrar su esencia de ti, me vuelve loco saber que él te haya tocado. —Su enojo era palpable.
Le señalé todos los lugares donde me tocó y lo que me hizo, la furia se notaba en sus ojos los cuales se tornaron rojos. Edward besó dulcemente las lágrimas que resbalaban por mis mejillas, me tocó el pezón lastimado lamiéndolo con suavidad, su mano posesiva en mi cintura me apegaba a su polla dura.
—Te haré olvidar tu sufrimiento, amada mía —susurró eróticamente en mi oído.
Sus manos subían y bajaban por toda mi espalda, su boca se fundió con la mía de una manera tan salvaje que solo me hacía desear más de su sabor, una de sus manos bajó hasta mi coño estimulándolo poco a poco, me tenía hasta el borde.
—Edward…voy a…
—Acaba para mí, Bella. Regálame tu placer.
Su pulgar se centró en mi clítoris, sus movimientos aumentaron de intensidad, comencé a gemir más fuerte, su nombre era lo único que podía pronunciar en esos momentos, se me había olvidado dónde estábamos, solo existíamos él y yo. Su lengua rasposa y húmeda trazó un sendero desde mi clavícula hasta mi pezón, y con un grito acallado por su beso el orgasmo me golpeó tan fuerte que pensé que perdería la conciencia.
Edward se rió entre dientes, mirándome con lujuria. Me miró pidiéndome mi consentimiento cuando su polla fue entrándome en mi lentamente, demasiado lento para mi gusto, lo observé con desespero y él solo negó con la cabeza divertido. Cuando su polla tocó mi útero, una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo, haciendo que mis pezones se endurecieran como dagas.
Edward empezó a moverse dentro de mí con un vaivén suave, sacándome uno que otro gemido. Su ritmo aceleró en unos minutos después, los dos gemíamos como unos locos, su polla entraba y salía y cada embestida era larga y profunda, la sensación era tan alucinante que solo quería más de él. Nos besábamos todo el tiempo, solo nos separábamos para tomar el aire necesario, un rugido fiero de él hizo que mi excitación creciera, si es era posible. Me tomó fuertemente de las caderas acelerando sus estocadas, estaba por tener mi orgasmo, cuando él bajó una de sus manos hasta mi clítoris fue una clara indicación que él también estaba cerca. Su cálida semilla se vació en mi interior logrando que llegara a mi clímax.
Permanecimos abrazados tratando de recuperarnos, Edward me acarició la espalda, besó mi frente y me sonrió.
—Bienvenida a casa, Bella. —Me apretó más contra él—. Te amo.
—Me alegra estar devuelta, mi amado Edward.
.
Continuará…
N/a: chicas disculpen la tardanza ya que los estudios y mi trabajo de medio tiempo no me deja vida solo dos días libres para estudiar y dormir un poco por lo menos :/ espero no estén muy molestas y tratare de publicar pronto chicas, un beso y abrazo my ladys.
