Últimamente consumo grandes cantidades de té que luego transformo en capítulos.
Espero que no sea malo para la salud.
Hablando de otras cosas más relevantes para la humanidad que mi salud, me enorgullezco de poder agradecer a un mayor número de personas sus comentarios esta vez, y estas personas a las que digo '¡Gracias!' son:
Lyddel, me alegra muchísimo saber que alguien más ve a Yamato como yo xD Ya me empezaba a sentir un tanto extraña por escribir sobre alguien que tal vez no interesaba a los lectores.
SatoruMikoto, que, como Lyddel, ha sabido apreciar la sutil maldad de Yamato xD
Hibary, que fue tan amable de señalarme algunos errores que me habían pasado inadvertidos y que ya he editado y, además, me ha ayudado mucho en algunos detalles de este capítulo. A tí más que a nadie, ¡gracias!
Mxi, mucho más no puedo decir, ¡gracias por el apoyo!
Y Vicky, a la que siempre me dejo para el final porque es mi lectora especial (autoras con favoritismos, qué negligente...)
Y eso es todo, no tengo mucho más que decir, ¡Vamos con el disclaimer y a leer!
Disc: Eyeshield 21 no me pertenece, y me lamento a diario por ello.
La canción es 'This Heart of Ice' de Nomy.
Capítulo 10
"As I pray for what I am
To my God that made me damned
I see myself in front of me
A man I never choosed to be
I turn my face against the sun
And I wish my heart could burn
I force my eyes to open wide
God you made me cold inside"
Taka respiraba agitado, las sábanas se le pegaban a la espalda por el sudor y Yamato cayó exhausto sobre él con una última exhalación de aire. Podía notar la mejilla húmeda del runningback apoyada contra su estómago, el pelo de Yamato le hacía cosquillas.
"Eso... eso ha sido increíble", Yamato se rió, cansado, un momento antes de levantar la cabeza y gatear sobre el cuerpo de Taka para quedar a su altura. El receptor tenía los ojos cerrados e intentaba normalizar su respiración.
Había abierto la caja de Pandora.
Para qué negarlo, había estado enamorado de Yamato desde que jugaban juntos, hacía ya dos años de eso. Y por alguna extraña razón aunque él sabía que Yamato era un cerdo, un cabrón narcisista, un pervertido sin cura y un egocéntrico con el amor propio del tamaño de una catedral gótica del siglo XVI su corazón no había querido entender que aquello era definitivamente malo.
Eso era lo que más le molestaba. Habría dado un brazo por desenamorarse de aquél chico egoísta y sarcástico. Pero, por alguna razón que Taka Hounjou no acababa de comprender, se veía inevitablemente atraído hacia él incluso con todos sus defectos y el desprecio que a menudo creía (engañándose a sí mismo) sentir por él.
Taka había estado presente en las incontables relaciones de Yamato como el amigo y compañero de equipo que siempre está ahí, las chicas y los chicos venían e iban, la mayoría de las veces desencantados al ver que Yamato no era lo que parecía, pero él, Taka, siempre estaba ahí.
Siempre.
Y a veces había querido gritar y sacudir a Yamato para decirle: '¡Eh, estoy aquí! ¿Y sabes qué? Te conozco mejor que nadie en el Mundo, y, ¿sabes qué más? No me importan tus defectos, te quiero!"
Pero Taka, mejor que nadie, sabía que su compañero se reiría de él en el mejor de los casos y, en el peor, jugaría con él hasta aburrirse.
Y él, introvertido, desinteresado y habitualmente incapaz de expresar adecuadamente sus sentimientos, se tragaría el desmedido amor que sentía por alguien que no lo merecía.
Taka se autolamentó con un suspiro cargado cuando Yamato, que estaba especialmente cariñoso, se dedicó a besar su cuello con tranquilidad. Acababan de hacer el amor y decir que Taka había tocado el Cielo era quedarse corto.
Los remordimientos, como siempre ocurre, vienen después.
El receptor se dedicó a acariciar la nuca de Yamato mientras éste le besaba el cuello y la barbilla, con la mirada seria y fija en el techo blanco.
Con que esa era la vista que tenía todos los días Yamato al despertar.
El pensamiento se diluyó rápidamente en su subsconsciente cuando una mano bajó por su costado y le agarró fuertemente de las piernas. Taka bajó la vista, con los ojos algo abiertos.
Yamato levantó ligeramente la vista, atravesándolo con su mirada ambarina, la sonrisa de lobo había vuelto y levantando una de las piernas de Taka y poniéndola sobre su hombro besó el interior de los muslos, haciendo que el receptor perdiese el hilo de cualquier pensamiento que se hubiese asomado a su cabeza. Taka se mordió el labio. Su voz sonó grave y frustrada.
"Te odio, Takeru"
Yamato rió contra su piel, causándole escalofríos con sus labios temblorosos por la risa. Paseó su lengua por el interior de sus piernas de la forma más obscena posible.
Seguía sonriendo. Taka gimió cuando Yamato llegó más arriba.
"¿Sigues odiándome, Taka?"
El receptor apretó la mandíbula.
"Más que nunca."
"Siéntete libre de gritarlo", comentó Yamato, con una sonrisa, justo antes de levantar las dos piernas del receptor sobre sus hombros y entrar en él sin avisar. Taka se tomó las palabras de Yamato al pie de la letra.
Shin y Sena comían en una de las mesas de madera del parque, habían estado hablando del futuro, sobre cuáles eran sus respectivos sueños e intenciones. De forma no inesperada ambos querían continuar en el fútbol americano, pero, lo que sorprendió a Sena es que el chico no tuviese un plan B.
No es que quisiera o esperase dedicarse al Fútbol, es que iba a dedicarse al Fútbol.
Sena, mucho menos confiado en su posible carrera futbolística, comentó que su plan de emergencia era estudiar letras. Las matemáticas no eran lo suyo. Había necesitado la ayuda de Mamori para aprobar por los pelos en el Instituto. No caería en eso. Shin lo escuchaba en silencio, asintiendo mientras comían.
Todo parecía ir perfectamente normal hasta que un niña pequeña de unos, tal vez, ¿12 años?, de pelo larguísimo, negro y liso se lanzó sobre Shin con un placaje gritando "¡niii-saaaan!"
Un momento, ¿qué?
Shin frunció el ceño mientras se incorporaba en el banco de madera y se quitaba a la niña de encima. Su voz siguió siendo neutral.
"Shinju, ¿qué ocurre?", la niña negó con la cabeza efusivamente mientras movía su pelo liso de un lado a otro, tal vez queriendo decir 'nada' y señaló un coche negro, aparcado cerca. Parecía caro. Sena lo miraba todo con una expresión a caballo entre la sorpresa y la confusión.
Shin levantó la vista hacia Sena con el ceño fruncido.
"Creo que debería irme", comentó, lentamente. La niña pequeña pareció advertir a Sena, se quedó mirándolo con sus grandes ojos azules y oscuros.
Se parecía muchísimo a Shin, pero sus ojos eran grandes y sus rasgos delicados.
"¿Quién eres tú?", su tono parecía acusador. Parecía una muñeca de porcelana, su vestido era azul cielo y su piel blanquísima.
"Me lla-llamo Kobayakawa Sena", la niña formó una gran O con los labios, parecía excitada de repente.
"¡Tú eres Eyeshield 21!", le señaló con un dedo antes de subirse encima de la mesa y tirarse a su cuello, derribándolo.
La familia Shin parecía tener una fijación especial por hacerle placajes.
"¡He visto todos tus partidos, soy tu fan número uno!"
Sena se incorporó con cara rara, la niña le cogió de un brazo y frotó la mejilla contra él.
"¡Me encanta verte jugar! ¡Fue genial cuando pasaste a nii-baka!", la niña le sacó la lengua a su hermano mayor y se volvió inmediatamente hacia Sena con ojos brillantes, "¿puedo ir a verte en tu próximo partido? Seijuurou nunca me deja...", la niña volvió a mirar a su hermano con cierto rencor infantil. Shin la miraba con seriedad.
"Shinju, sabes que no te puedes comportar así".
La niña frunció el ceño en un gesto muy auténtico e igual de determinado que el de su hermano mayor. Se apretó más contra el brazo del runningback.
"¡No puedes separarme de Sena-kun!", Sena miraba de la niña a Shin y de Shin a la niña con cara de estar perdido. Un hombre salió del coche, cruzó el césped y se acercó hasta la mesa, donde hizo una pequeña reverencia, primero en dirección a Shin y luego en dirección a Sena.
"Señorita Shinju, no debe usted molestar a su hermano, vuelva conmigo al coche", la niña miró al hombre con enfado y se abrazó al cuello de Sena.
"¡No!"
Sena se rió nervioso mientras cogía de la cintura a la chica para levantarla, que se soltó con facilidad.
"Shin-Shinju-san, debes hacer caso de lo que te dicen tus mayores..."
La niña le miró con grandes ojos de cachorro abandonado.
"¡Pero he esperado mucho para conocerte!", la niña miró a su hermano, que la fulminaba con sus ojos severos. Aquello sólo provocó que volviera a placar a Sena, "¡TE QUIERO, SENA-KUN!"
Shin se levantó del asiento y se acercó hasta la niña, levantándola fácilmente por las axilas. Sena a penas podía respirar por el fuerte agarre de la niña, que era demasiado fuerte para ser tan delgada.
"Ya te has divertido suficiente, Shinju. Vuelve con madre", le lanzó una mirada inquisitiva al hombre, que se acercó de inmediato para coger a la niña y, dejándola en el suelo, la cogió de la mano para llevarla de nuevo al coche. Shinju cruzó el césped con gesto de resignación, mirando de cuando en cuando hacia atrás, viendo como se alejaba cada vez más de su ídolo y amor platónico.
Cuando estuvieron solos Sena se rascó la nuca y rió nerviosamente.
"Va-vaya... No sabía que tuvieses una hermana".
"Sí...", fue la única contestación del chico, que se limitó a fruncir el ceño y recoger su cosas, "debo marcharme."
Sena asintió y tuvo el presentimiento de que despedirse con un beso llamaría la atención de las personas que esperaban en el coche así que simplemente se limitó a hacer un gesto con la mano de despedida.
"¿Quieres verme mañana?", Sena asintió con una sonrisa, "iré a tu casa a las nueve", decidió, y Sena sólo volvió a asentir. Observador mudo de cómo Shin recorría el camino que había seguido su hermana pequeña para marcharse y se subía al coche.
Una hermana.
Sena se rió, ya solo, mientras recogía sus cosas para volver a casa. Tenía el presentimiento de que aquello iba a causarle más de un problema.
Comenzó a andar y sacó el móvil de su bolsa. Ninguna llamada perdida, ¿le habría pasado algo a Yamato? Sena dudó un momento antes de coger el móvil y marcar el número del chico.
Un toque, dos toques, tres toques. Nadie lo cogía. Sena se encogió de hombros, iba a colgar cuando una voz agitada sonó de repente por el auriculador.
"¡Sena-kun!"
"Eh, hola, Yamato-kun", Sena sonrió, como si el chico pudiese verle mientras andaba, "¡tengo cosas que contarte, ¿querrías quedar o algo?, ayer me dijiste de quedar y bueno... al final me he decidido a llamar yo."
"Eh...", entonces Sena escuchó un golpe fuerte al otro lado del teléfono, ¿un portazo?, la sonrisa de Sena se desvaneció poco a poco mientras se preguntaba qué estaba pasando.
"¿Yamato-kun?"
"Sí, sí... Está bien, veámonos esta tarde, ¿me paso por tu casa a las siete?"
"¡Está bien!", Sena volvió a sonreír, sin querer meterse donde no lo llamaban. Podía oír que Yamato sonreía.
"Está bien, nos vemos luego, Sena-kun".
"¡Hasta luego!"
Colgó y continuó andando, sonriendo con el recuerdo de la pequeña Shinju en mente.
Taka se estaba vistiendo junto a Yamato, en la cama, que aún sonreía como el pervertido que era. Tragó saliva al recordar lo que acababa de pasar allí.
¿Por qué había sido tan débil? Aquello le traería consecuencias nefastas, lo sabía. No había que ser un genio para verlo.
"Taka...", Yamato había apoyado la espalda desnuda en la pared contra la que estaba su cama, por suerte llevaba pantalones. Y por suerte, Taka también, "... Somos amigos", continuó, casi temeroso.
La primera en la boca, como se suele decir. El receptor ya se sentía herido y ni siquiera había salido aún de la cama, ¿no iban a dejarle vivir la ilusión ni cinco minutos?
Se volvió seriamente para mirar a Yamato, estaba sentado en el borde de la cama.
"Lo somos."
"Bien, porque, bueno, tú y yo..."
"No hace falta que lo digas. Lo sé."
"Bien."
Entonces se hizo el silencio, Taka se sentía miserable, utilizado, amargado. Otro que, como el runningback, no escuchaba a la voz de la razón. Yamato se quedó mirando el techo, algo serio. Parecía meditar. Taka se giró de nuevo para mirarle, había algo intenso en su mirada.
"¿Qué tengo de malo?"
"¿Qué?"
"Es decir, ¿por qué te parece una idea tan absurda que estemos juntos?"
Yamato compuso lo que parecía una sonrisa nerviosa.
"Pero, Taka... Tú y yo somos compañeros de equipo."
"Si, ¿y?"
"..."
"¿Tan ridículo es?", su voz comenzaba a sonar algo más aguda y entonces supo que debía parar. Yamato desvió la mirada, no sonreía, pero tampoco parecía triste. Taka suspiró.
El teléfono móvil de Yamato comenzó a sonar y el chico alargó el brazo para cogerlo de su mesilla de noche.
"Sena."
"... Genial", sarcasmo, ironía. Derivados. Yamato miró a su compañero un momento, que le dedicó una mirada extraña, "¡Por Dios, Yamato, ese chico NO te conoce!"
El chico, ignorando las palabras de su receptor, cogió el móvil. Una sonrisa falsa cubrió su rostro automáticamente.
"¡Sena-kun!"
Taka se levantó con violencia de la cama, cegado por la amargura. ¿Por qué a él? Demonios, no había hecho nada malo.
Además de escoger a la peor persona del Mundo para enamorarse, no había hecho nada. Cogió su chaqueta blanca, que colgaba de una silla y se dirigió a la puerta de la habitación de Yamato y la cerró de un golpe, bajó las escaleras a trote y se dirigió a la salida sin esperar un segundo. Estar en esa casa lo hacía sentir enfermo, angustiado, infeliz. Cerró la puerta tras de sí, dando un segundo portazo, y comenzó a andar calle abajo.
Sena-kun, Sena-kun.
Taka no tenía nada en contra de Eyeshield, era un magnífico jugador y parecía buena persona pero, ¿a qué demonios venía todo esto? Este repentino y desmedido interés por el chico, nunca había visto a Yamato tan obsesionado con nadie. Aquello lo enfadaba, lo nublaba de celos.
Maldición.
Kobayakawa Sena podía ser muchas cosas, pero no era una persona que pudiese comprender la verdadera forma de ser de Yamato, ni mucho menos soportarla. Kobayakawa Sena era una damisela que vivía constantemente en un estado premenstrual de drama e inestabilidad hormonal.
Era demasiado frágil para un hombre tan duro como Yamato, sólo un caballero y un adalid del bien podría soportar a Kobayakawa Sena, por Dios.
¿Qué tenía el runningback para Yamato que no tuviese él mismo?
¡Él le entendía y aceptaba tal cual era!
Conforme andaba calle abajo dobló la esquina y se encontró cara a cara con el Rey de Roma.
"¡Oh, Hounjou-san!", Sena compuso una sonrisa automática y el receptor crispó el gesto y frunció el ceño.
"Hola, Sena-kun", y pasó de largó, así tal cual, sin pararse un segundo. No se sentía con las fuerzas necesarias para mantener una conversación cordial con la causa de su desgracia. Y que sí, que Sena no había hecho nada, que la culpa era de Yamato. Toda de Yamato.
El Amor no tiene demasiada lógica, de todas formas.
Sena se quedó mirando asombrado como el chico pasaba de largo, con gesto enfadado, un momento antes de encogerse de hombros y cruzar la puertecita de su jardín para entrar en casa.
Bieeen. Me he inventado un montón de cosas, pero claro, como en el manga no salen pueesss... Una es libre de imaginar para crear su propia trama, ¿no?
Me he sacado a Shinju de la manga y va a ser un personaje clave xD Mi idea inicial es que fuese un chico pero Hybari me ha recomendado que sea una niña y la verdad es que me gusta más así. A ella también le debéis la idea de un Sena premenstrual y hormonalmente inestable xD
¿Qué opináis?
